Unlucky.

Summary

JiMin se consideraba una persona desafortunada, al menos hasta el día de aquel incidente donde conoció a su amuleto de la suerte. KookMin Os

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Parte Única.

JiMin cerró los ojos contando hasta diez de manera lenta y pausada esperando con ello que, lo que estaba frente a él fuera una completa alucinación. Sus manos sudaban en exceso con su cuerpo sintiéndose entumido por la terrible tensión que lo rodeaba; él lo sabía, lo reconocía. No era tan idiota para no ser consciente de que sus veinte años de vida eran una enredadera de infortunios y experiencias pésimas debido a su mala suerte.

Esto, sin embargo, era un nuevo nivel desbloqueado de infortunios.

—Aunque hagas eso, sigo aquí. ¿Sabes? —aquella voz profunda le hizo suspirar con desgano negándose a aceptarlo, aferrándose a la nula posibilidad de que todo sea simplemente su imaginación —. No, no estás alucinando. Tus amigos están aquí durmiendo, criatura inferior.

JiMin se rindió. Parpadeando un par de veces, abrió los ojos dándole una larga y apesadumbrada mirada al ser que estaba frente a él; el ser le regresó la mirada sonriendo ampliamente de una manera cínica y espeluznante que hizo que los vellos de sus brazos se erizaran de puro terror.

Era grande, con músculos bien marcados que resaltaban debido a sus brazos cruzados sobre su pecho; tenía el cabello ligeramente largo de un tono tan negro que le parecía impresionante con reflejos rojos que se reflejaban gracias a la luz de las velas a su alrededor. Sus ojos oscuros eran siniestros, con la cuenca completamente negra y la pupila dorada rodeada de un anillo color rojo; sus cejas igual de negras permanecían fruncidas en un gesto impasible, su quijada se veía fuerte y marcada. Tenía un tipo de atractivo salvaje que no había visto antes y que, al tiempo, le hacía sentir en su instinto más primitivo que estaba en peligro.

La viva imagen de un demonio, con piel tostada y apariencia etérea.

—¿Por qué estás tan asustado? Fuiste tú quién me trajo aquí.

Correcto.

Pero todo eso no había sido en sí su plan, lo único que había querido era pasar un rato fuera de casa con sus amigos bebiendo y charlando como normalmente lo hacían.

¿Por qué carajos habían decidido jugar a la tabla ouija[1]?

No, la pregunta real era:

¿Por qué carajos aceptó jugar a esa estupidez?

JiMin gimoteó peinando sus cabellos castaños hacía atrás, su frente sudaba a mares gracias a la ansiedad que se acumulaba con creces en su cuerpo por lo que, quería airearse un poco sintiendo que pronto sucumbiría al pánico, hiperventilaría y se desmayaría. Alguien en sus cabales no haría eso ante tal ser frente a él.

El ser miró el espacio de la habitación con ojo laxo viéndose completamente aburrido y desinteresado. Podría ser que, de pronto, el mundo humano le pareciera una miseria completamente insignificante; entonces, esperaba que con ello decidiera irse ignorando el llamado que ellos habían hecho.

—¿Vas a quedarte callado todo el rato? Mi paciencia tiene un límite —dijo, regresando su mirada oscura sobre él. JiMin se estremeció —. ¿Sabes si quiera cómo funciona esto, criatura?

—No —carraspeó, el demonio arqueó una ceja inclinándose hacia adelante —. Quiero decir, sólo hice lo que me dijeron.

—Sólo hiciste lo que te dijeron —repitió en tono incrédulo, JiMin asintió con convicción haciendo que el ser resoplara irritado —. Maldita sea, otro idiota que no tiene ni puta idea en qué se ha metido.

—Uhm bueno... —JiMin se removió en su sitio secando el sudor de sus palmas sobre su jean —. Ser impresionante, ¿podrías simplemente regresar a.… tu mundo y olvidar esta terrible experiencia?

El demonio exhaló bruscamente manteniendo su oscura mirada sobre su lánguido cuerpo, JiMin contuvo la respiración intentando vanamente no sobre reaccionar por la intensa mirada que lo intimidaba.

—Creo que debo aclarar algo aquí y ahora —su tono era duro y conciso, JiMin saltó soltando un pequeño gemido ahogado lleno de terror. El ser volvió a exhalar, se notaba a lenguas su gran irritación —. Criatura olvidada del creador, esto que acaban de hacer es un contrato permanente. Tu alma ahora es mía, a cambio de ello estoy atado a ti hasta el día en que mueras.

—¿Qué? —JiMin abrió ampliamente los ojos, aunque se estaba esforzando mucho por no caer en la desesperación del terror, las palabras de aquel ser no le estaban ayudando en lo absoluto —. ¿Por qué yo? Es decir, ¿cómo es posible eso? ¿acaso no tienes nada mejor qué hacer que estar atado a un humano insignificante cómo yo? —chilló completamente histérico.

El demonio ladeó la cabeza ignorando su creciente pavor mirando con aburrimiento los cuerpos dormidos de sus cuatro amigos.

—Voy a explicar esto una sola vez antes de que decidas llevarme al límite y quiera arrancarte el alma justo ahora —JiMin retrocedió en su lugar manteniéndose en silencio de manera abrupta —. Así que presta mucha atención, criatura inferior.

—Si —susurró casi sin aliento, el ser estrechó los ojos sobre su cuerpo —. ¡Si!

Él asintió. —Bien, ¿en dónde estoy sentado ahora?

—Uh... —JiMin miró el sitio fijamente unos segundos, confundido por la pregunta —. ¿En una mesa?

El ser le miró fijamente, parecía analizar si su estupidez era una broma de mal gusto o parte de su persona. Lamentablemente, JiMin estaba tan nervioso que no podía pensar con claridad; aunque a lo largo de su vida le habían pasado cientos de situaciones que nadie creería podrían pasarle a una sola persona, esto que estaba ocurriéndole en ese preciso instante era definitivamente otro nivel.

O sea, estaba en la misma habitación que un demonio.

Nadie podría culparlo al ver que su raciocinio decidió escapar por la ventana en el momento justo en que aquel ser imponente apareció frente a ellos.

—El círculo que hicieron tú y tus amigos. ¿Enserio no sabes absolutamente nada de esto? —su voz parecía una queja infantil, JiMin inevitablemente sonrió —. ¿Te parece gracioso?

—No —negó con la cabeza borrando inmediatamente su sonrisa, el momento no era el adecuado para sentirse de cualquier modo —. No, en lo absoluto.

El demonio resopló. —Han pintado un pentagrama invertido[2] esperando con ello atraer algo. ¿No era eso en principio lo que buscaban con la tabla?

JiMin volvió a fijarse en la mesa notando recién la figura dibujada, parpadeó completamente consternado volviendo a removerse en su sitio con incomodidad. Esto estaba tan fuera de sus límites que, sinceramente, no sabía cómo seguía respirando y hablando con tranquilidad.

—Tú estás en la punta principal, criatura inferior, es por eso por lo que eres el contratista —aclaró mordazmente, JiMin hizo una mueca —. Debiste saber qué es lo que tus amigos buscaban con esto antes de aceptar estar aquí.

JiMin lo sabía, no le hacía sentir mejor estar siendo regañado por un ser maligno como lo era él. Tomó una profunda respiración revolviendo nuevamente sus cabellos castaños, sus ojos se sentían húmedos y pesados, por supuesto quería llorar. La situación era tan antinatural que su corazón se sentía latir de una manera anormal sobre su pecho causándole un tremendo dolor en la zona.

—Entonces, ¿estamos atados de por vida? —susurró levantando la mirada al ser, éste había mantenido su oscuro mirar sobre él —. ¿No hay nada que podamos hacer?

—No —el demonio sonrió de aquella manera cínica y espeluznante —. Y si hubiese algún modo de hacer algo, no lo tomaría.

—¿Por qué? —se atrevió a preguntar.

El ser se echó hacía atrás levantando la mirada al techo de la habitación como si estuviese meditando lo que estaba a punto de decir.

—Porque no me da la gana de ser benevolente con una raza inferior —declaró finalmente de forma vaga, JiMin mordió su labio inferior lleno de ansiedad e incertidumbre —. Ahora, si no quieres que esto se vuelva una tremenda masacre debes darme de tu sangre.

—Perdón, ¿qué?

—Tu sangre, criatura inferior.

—Yo... —su estómago se revolvió —. ¿Cómo?

El demonio arqueó una ceja. —Corta tu piel y dame de tu sangre. No es difícil, maldición.

JiMin se removió, correcto.

Miró hacia sus manos notando el temblor en ellas, era imposible ocultar lo asustado que estaba. El ser esperaba aun sentado sobre la mesa con evidente impaciencia a que cumpliera con su petición, JiMin tosió cuando su garganta se sintió en extremo reseca como para tragar saliva con normalidad.

—Si no puedes hacerlo de ese modo, lo haremos al mío —musitó después de algunos minutos en silencio en el que ninguno se movió. JiMin le miró horrorizado —. Tú decides.

Brincó sobre su sitio poniéndose de pie de forma tambaleante, no importaba cómo había llegado a esa situación y lo que ahora eso significaba; lo importante era mantenerse entero y en perfecto estado el mayor tiempo posible. Tal vez si obedecía al demonio no sería herido de gravedad, no trataría de comérselo o llevarse inmediatamente su alma para acabar con él.

—Contrario al pensamiento popular, los humanos no son el platillo favorito de los demonios —dijo manteniéndose inquietamente inmóvil sobre su sitio, JiMin le miró de reojo buscando la navaja de bolsillo que Taehyung solía cargar siempre con él —. Aunque no negaré que hay algunos que lo disfrutan.

—¿Tú eres uno de ellos? —preguntó impulsivamente. En el mismo instante en que la duda salió de sus labios se arrepintió de ella —. Olvídalo.

—No —respondió lacónicamente.

JiMin se iba a aferrar a esa respuesta, no importaba si era un engaño o una mentira blanca para mantenerlo tranquilo y que bajara la guardia. Necesitaba aferrarse a ella por el bien de su propia cordura.

—Tengo preguntas, ser impresionante.

El ser bostezó. —Ugh, es un poco irritante que me llames de ese modo, criatura inferior.

—Si bueno, a mí tampoco me atrae mucho el término criatura y menos inferior —exclamó en voz baja encontrando la navaja, el demonio le hizo una seña con su dedo indicándole que se acercara —. Era broma, me gusta demasiado, puedo cambiarme el nombre incluso.

El ser arqueó una ceja. —Acércate, idiota.

JiMin lo hizo en contra de su voluntad.

—Extiende la mano —dijo cuando estuvo cerca quitándole de las manos la navaja, JiMin lo hizo presa del pánico —. Relájate, maldita sea, me pones de peor humor con tu inquietante nerviosismo.

—Si estuvieras en mi lugar, estarías igual —acusó en un susurró.

—No sé, no soy humano —declaró toscamente —. ¿Cuál dedo?

—¿Qué?

El demonio le miró. —Elige un dedo, para cortarlo.

JiMin se paniqueó.

—Dios, por favor no... —su cuello fue rodeado con rudeza por la mano del ser, sus ojos oscuros se sintieron terriblemente siniestros sobre su piel. Parecía enojado —. Lo siento —trató de decir bajo el cruel agarre.

El demonio lo soltó en un muy brusco movimiento, el dolor de su piel era increíblemente desconcertante, pero no haría ningún otro movimiento que alterara el estado anímico del demonio.

—No menciones nombres tan despreciables frente a mí —gruñó cerca de su rostro, JiMin era incapaz de mirarlo manteniendo sus ojos sobre la madera bajo el cuerpo del ser —. ¿Entendido?

—Si —respondió inmediatamente.

—Bien, un dedo.

JiMin extendió el dedo anular de su mano izquierda, el ser le hizo un pequeño corte haciéndole sisear con malestar. Su sonrisa espeluznante regresó haciendo que el cuerpo de JiMin se encogiera lleno de temor, la mano —que permanecía caliente de aquel demonio— apretó el corte obligando a la sangre a salir en un pequeño chorro.

—Tienes una buena sangre —murmuró roncamente, JiMin se estremeció —. Con esto, sellaremos nuestro contrato.

Sin más dilatación el ser llevó el dedo herido del humano hacia sus labios succionando un par de veces para beber de aquel delicioso brebaje, JiMin soltó un gemido de sorpresa al sentir las puntas filudas de los colmillos pellizcar su sensible piel, su cabeza se nubló dando vueltas mientras algo parecía grabarse en su mente y piel con intensidad.

—Llámame de ahora en más Jungkook, Park JiMin —dijo en cuanto soltó su dedo sosteniéndolo para que no se derrumbara, las piernas de JiMin se sentían inestables —. Ahora me perteneces.

JiMin parpadeó incómodamente tratando de mantenerse despierto. Aun así, sin quererlo terminó sucumbiendo a la oscuridad en los brazos de tal demonio.

Jungkook sonrió divertido viendo a su pequeña criatura inferior dormir plácidamente sobre su pecho, lo levantó en brazos dejándolo acurrucado en la silla donde había estado sentado con anterioridad ignorando sus silenciosos murmullos.

Lo admiró por otro par de segundos antes de dirigir la mirada al resto de la habitación. Aquellos chicos habían preparado muy bien la habitación para llamar a alguien poderoso, le parecía absurdo que su contratista hubiese sido tan ingenuo como para participar en algo que desconocía, aun así, no le molestaba.

Era una criatura interesante, sin importar que fuera inferior.

—Espero que me diviertas, JiMin —susurró acuclillándose cerca de la silla estudiando el rostro del humano —. He estado mucho tiempo aburrido, serás un buen entretenimiento.

Su mano acarició con cuidado el rechoncho labio inferior del castaño, la codicia de consumirlo picó en la punta de sus dedos haciéndole suspirar. No lo tomaría todavía, quería que el humano quisiera entregarse a él, de ese modo sabría mejor cuando bebiera nuevamente de su sangre mientras lo cogía con intensidad.

Sonrió.

Por ahora lo dejaría descansar. El contrato debía acoplarse a su cuerpo humano, por lo que, le tomaría unos días adaptarse al cambio y a su presencia. Por supuesto, si JiMin hubiese sabido cómo se manejaban los llamados y contratos, sabría que, Jungkook le había mentido descaradamente al decirle que era imposible deshacerse de él. Claro, ahora que estaban atados sí que lo era, pero antes de eso JiMin pudo haber despedido a Jungkook y él hubiese tenido que regresar a su mundo sin ninguna recompensa.

Eso no hubiese sido divertido.

Él era un demonio, ¿quién en su sano juicio confiaría en la palabra de un demonio?

Efectivamente, JiMin.

Sacudió la cabeza, decidido a recoger el desorden. Haría que los amigos de su criatura creyeran que todo había sido un sueño, por el contrario, el único que tendría permitido recordarlo sería JiMin.

Su sonrisa se amplió.

Le tenía un gran regalo al humano, atormentaría tanto su alma al punto de hacerle sentir que no podría vivir sin él. Necesitaba desesperadamente que el humano lo quisiera solo a él, dependiera de él y le deseara únicamente a él. Su contratista debía ser suyo, de nadie más.

—Dulces sueños, JiMin.





JiMin bostezó escuchando las voces de fondo que parloteaban animadamente en medio de su sueño obligándolo a despertar, su cuerpo se sentía pesado y doloroso como si hubiese ido al gimnasio para entrenar por horas o hubiese hecho algún tipo de deporte hasta desmayarse.

Él era un estudiante de baile, y aun así nunca había sentido su cuerpo tan mal después de horas de ensayo como en ese momento.

—Te digo que no está, Hobs, ya la busqué por todos lados —la profunda voz de Taehyung resonó en su mente adormilada —. Probablemente ni siquiera la trajiste.

—No, hablo enserio, recuerdo haberla empacado. ¿Me estás diciendo que no la usamos en lo absoluto? —Hoseok sonaba desconcertado —. Esa tabla ni siquiera es mía. Mamá me va a matar.

—Deja que Min despierte y le preguntamos a él —dijo una tercera voz, sonaba completamente aburrida —. Él no quería jugar, así que, puede ser que la haya escondido.

—Hey Min, despierta antes de que Hobs te mate mientras duermes —se burló la cuarta voz —. Parece estar a punto de cagarse en los pantalones —siguió burlándose.

—Eso no es gracioso, imbécil.

JiMin parpadeó, restregando sus ojos con una mano tomó asiento lentamente quejándose por el dolor intenso de sus músculos. No estaba del todo seguro, pero sentía como si hubiese pasado horas lleno de tensión.

¿Podría ser por haber dormido incómodamente en aquel sillón?

—¿Y qué demonios le pasó al pentagrama? —JiMin finalmente abrió los ojos por completo fijándose en el panorama.

—Debimos limpiarlo anoche —respondió Yoongi a la pregunta de Hoseok.

Sus amigos estaban desparramados por la sala charlando entre ellos. Taehyung estaba acostado en el suelo al lado de Yoongi quien parecía estar viendo alguna serie en su teléfono; Hoseok rebuscaba en todos los cajones que encontraba de la habitación viéndose histérico.

¿Había perdido algo? JiMin lo ignoró soltando otro bostezo.

Por último, Jackson estaba a sus pies con los brazos cruzados tras su cabeza y los ojos cerrados tarareando una canción que no reconocía. Suspirando tronó su cuello y espalda intentando recomponerse del abrumador dolor.

Nunca más volvería a dormirse en el sillón.

—¿Qué pasa? —preguntó peinando sus cabellos castaños —. ¿Por qué Hobs se ve tan histérico?

—No me veo, Min, estoy histérico —aclaró entre dientes deteniendo su ferviente búsqueda —. ¿Dónde la escondiste?

JiMin frunció el ceño. —¿Qué cosa?

—Hobs, deberías preguntarle si siquiera la cogió, no acusarlo de ese modo —intervino Yoongi manteniendo su nota aburrida en el tono de su voz, JiMin pronunció su ceño completamente confundido —. ¿Recuerdas que Hobs trajo una tabla ouija? Ahora dice no encontrarla. Se supone que íbamos a jugar anoche con ella.

JiMin suspiró. —Sí, les dije que no quería jugar a esa cosa del demonio.

—Esa cosa no es real —se burló Jackson abriendo uno de sus ojos, su sonrisa era amplia y juguetona —. Podrías haberte acurrucado en mis brazos si tanto miedo te daba.

JiMin lo pateó en el costado sacándole una gran queja.

—No, gracias. Prefiero dormir con el demonio.

—Eres cruel, Min.

JiMin rodó los ojos. —Entonces, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

—No encuentro la tabla y debo dársela a mi mamá —aclaró Hoseok cruzándose de brazos, se notaba la irritación que lo rodeaba —. Devuélvemela Min.

JiMin negó con la cabeza. —No la tomé.

—Tú eras el único en contra de jugar a pesar de que Tae preparó todo, anda no es gracioso, sólo dámela —siguió pullando el mayor.

—Te digo que no la he tomado, ni siquiera vi que la sacaras —señaló comenzando a irritarse.

¿Por qué carajos la cogía contra él? Pudieron haberla escondido Jackson y Taehyung quiénes eran profesionales en las jugarretas pesadas y molestas. Sobre todo, molestas.

—Joder —Hoseok despeinó sus cabellos cada vez más irritado —. Mamá debe prepararla para el museo, esto no es divertido chicos.

—Hobs, te juro que no la hemos tomado —dijo Jackson tomando asiento, Hoseok suspiró —. Hermano, hablando de eso, Min tiene razón. Tampoco recuerdo haber visto la tabla anoche.

Yoongi detuvo lo que sea que estuviera viendo en el teléfono para prestar atención a la situación, seguramente no podía concentrarse con los gritos histéricos de su amigo.

—Yo tampoco la vi —dijo el peligris encogiéndose de hombros —. Dijiste que la habías traído, es todo.

Hoseok parpadeó, se veía confundido. Tomando asiento en la esquina del comedor pareció sumirse en sus pensamientos como si intentara recordar sobre sus pasos verificando si había o no traído la dichosa tabla.

JiMin resopló, estiró los brazos queriendo sacarse la pereza del cuerpo. Entrelazando sus dedos soltó un par de soniditos sintiendo como el sueño lo abandonaba. Suspiró mirando sus dedos entrelazados notando algo extraño en su dedo anular izquierdo.

Acercando su mano hacia su rostro, detalló el pequeño grabado de color rojo que le rodeaba el dedo. Parecía un anillo en forma de enredaderas espinosas tatuado en la zona, la acarició con cuidado siseando ante el intenso dolor hormigueante que lo recorrió por el simple toque.

—¿Qué demonios? —susurró para sí mismo mirando fijamente el dibujo —. Jack, ¿trajiste la máquina de tatuar de tu estudio?

Jackson se giró a verlo. —Uh, no. Nam no me deja sacarla desde aquella vez en que rompimos la otra.

—¿Estás de joda?

—Es cierto —se encogió de hombros mirándole inquisitivo —. ¿Por qué?

—Tengo un maldito tatuaje en el dedo —declaró enseñándoselo.

Jackson parpadeó inclinándose hacia él para detallar la zona, su silenció se alargó por varios minutos lo cual comenzó a molestar a JiMin.

—Lo hiciste tú, ¿no es así?

Jackson le miró. —Uhm, Min, ahí no hay nada.

—¿De qué demonios estás hablando? Yo lo veo claramente —acariciándolo nuevamente otro siseo escapó de sus labios —. Y duele imbécil, prometiste no volver a tatuarnos mientras dormíamos.

—No lo hice, puedes llamarle a Nam y asegurarte de que no traje la máquina. Él ya debe estar en el estudio —dijo Jackson desconcertado, JiMin le miró fijamente con desconfianza —. Min, te lo repito, no tienes nada en el dedo.

—Tae, Yoon, vengan un momento —gritó hacia ellos, la pareja le miró con curiosidad —. Te patearé en el culo donde esto sea una de tus bromas.

Jackson suspiró.

—¿Qué pasa?

—Vean esto —estiró su mano mostrándola a los dos chicos frente a él. Taehyung y Yoongi le observaron por varios segundos en silencio antes de compartir una mirada dubitativa entre ellos —. ¿Lo ven?

—Uh, es tu dedo. ¿Qué tiene? —preguntó Yoongi.

JiMin parpadeó. —¿No ven el tatuaje que me hizo Jack en el dedo?

Taehyung se acercó un poco más mientras Yoongi fruncía el ceño cruzándose de brazos.

—¿Qué tanto tomaste anoche?

—Anoche no tomamos —recordó JiMin, Yoongi hizo una mueca —. ¿Ustedes también son parte de la broma de Jack?

—JiMin, no tienes nada en el dedo —Taehyung le tomó de la mano dándole una caricia en la zona, JiMin se quejó —. ¿Qué?

—Me has acariciado el puto tatuaje idiota, está sensible —Taehyung le soltó inmediatamente, el castaño acarició adolorido la zona —. No es gracioso.

—Tú no eres gracioso, ¿qué demonios? No tienes nada, Min —volvió a rectificar Jackson.

JiMin observó a sus tres amigos, los chicos parecían confundidos mirándole con cierto grado de preocupación en sus ojos. ¿De verdad no podían ver el tatuaje que tenía en el dedo?

—Esto...

—¿Qué se supone que tienes tatuado? —interrumpió Yoongi extendiendo su mano hacía él, JiMin lo miró desconfiado —. Déjame ver de nuevo.

—Es como un anillo. Está pintado de rojo y tiene forma de enredadera con espinas —aclaró enseñándole la mano a Yoongi —. Aquí, por esta zona rodea todo mi dedo. ¿No me están jodiendo?

Yoongi negó con la cabeza. —Te lo aseguro, Min, no veo nada.

JiMin mordió su labio inferior mirando fijamente el tatuaje, los tres amigos compartieron una mirada preocupada. El castaño frente a ellos parecía encogido en su lugar con un aura peculiarmente incómoda rodeando su cuerpo.

—Min...

—Me tengo que ir —levantándose de su sitio tomó su maleta importándole poco estar en camisón y pantaloneta —. Nos vemos después. Avísanos si encuentras la tabla, Hobs.

Hoseok levantó la mirada hacia él sonriendo de forma agotadora, se veía asustado por ello. Seguramente la señora Jung se la había prestado después de mucha insistencia de parte del peliblanco, volver sin ella a casa era para un castigo fijo.

—¡Min! —le llamó Taehyung en la entrada de su apartamento.

JiMin lo ignoró saliendo de allí corriendo por las escaleras a toda velocidad en dirección a su propio hogar. Su hermano debía estar esperándolo en casa.

—JiMin está actuando raro desde anoche —musitó Jackson de pie a un lado de la entrada, Taehyung mantenía su mueca preocupada —. Déjalo estar un rato, Tae, puedes llamarle más tarde.

—Jack tiene razón, Tae —Yoongi lo tomó de la mano adentrándolo nuevamente en el apartamento —. Aunque no es el único que se siente extraño; ahora que lo pienso, yo no recuerdo gran cosa de anoche.

Hoseok estaba hablando por teléfono con su mamá en la cocina. Jackson le miró de reojo dejándose caer en el sillón donde anteriormente JiMin había estado durmiendo, echó su cabeza hacia atrás admirando el techo del apartamento de Taehyung y Yoongi.

Él tampoco recordaba nada de la noche anterior.

—¿A qué hora nos quedamos dormidos? —preguntó, Taehyung estaba recogiendo las mantas mientras Yoongi reorganizaba el comedor —. No recuerdo haberme quedado dormido.

—Seguramente fue después de no jugar a la ouija, la mesa está limpia sin el pentagrama dibujado —dijo el peligris acariciando con la yema de sus dedos la madera —. Tampoco están las velas.

Los dos chicos se dieron cuenta de ese detalle mirando la habitación, habían puesto varias de ellas por toda la zona para iluminarla de manera uniforme y no había rastro de ni una sola.

—Oye Jack —Hoseok apareció en la sala, se veía resignado —. ¿Me dejas en casa? Si vas hacia el estudio de tatuajes.

—Claro que si cuñado, ¿qué dijo tu madre? —preguntó levantándose de su sitio olvidando de momento la situación —. ¿Está enojada?

—No —sacudió la cabeza, parecía pensativo y extrañado —. Mamá dice que no recuerda ninguna tabla ouija.

—¿Qué? —preguntaron al unísono los tres amigos.

—Eso —Hoseok se encogió de hombros —. Dijo que iba a revisar su colección, pero está segura de no haber traído nada parecido para la exhibición del museo. Tengo que regresar y verificar por mí mismo, ¿pueden creerlo? Me siento como si estuviera loco.

Taehyung bufó. —Pero nosotros vimos las fotos, tú nos la enseñaste antes de pedírsela prestada a tu mamá.

Yoongi y Jackson asintieron a las palabras del pelirrojo. Hoseok hizo una mueca.

—He buscado las fotos en mi teléfono, pero no las he encontrado. Ni en los chats, ni en la papelera, nada —el silencio que le vino después de sus palabras fue tenso —. En fin, debo irme. ¿Vamos Jack?

—Si —Jackson sonrió —. Después hablamos de esta mierda, debo irme al estudio antes de que Nam me patee el culo por irresponsable.

—De acuerdo, nos vemos luego.

Los dos chicos tomaron sus cosas saliendo del apartamento de la pareja, Yoongi de repente estaba comenzando a sentir algo extraño arremolinarse de manera ansiosa en su pecho. Un sentimiento intenso de temor e incertidumbre.

—¿Yoon? —Yoongi brincó en su sitio mirando hacia su novio, Taehyung se veía preocupado —. ¿Qué sucede?

—¿No te parece raro?

—¿Lo que pasó anoche y la ouija? —Yoongi asintió, Taehyung suspiró —. Si, sobre todo con la actitud de Min.

Yoongi no dijo nada al respecto, sacudió la cabeza tratando de ignorar de momento la peculiar situación decidido a continuar con la limpieza.

—Que efecto Mandela[3] tan increíble.

Taehyung se rio entre dientes, definitivamente lo era.


[...]


—¡Sunwoo, ya llegué! —sacándose sus zapatillas en la entrada ingresó hacia la sala notándola vacía —. ¿Sunoo? —llamó de nuevo, su mirada cayó sobre la barra de la cocina viendo un plato cubierto de aluminio y una nota pegado a el.


“Te dejé el desayuno, estaré en la biblioteca con mis amigos. Te veo más noche.

Sunoo”


JiMin suspiró lleno de agobio, tomando el plato de la barra se dirigió a su habitación cerrando la puerta tras él. Dejó la maleta en el suelo caminando hacia las cortinas para abrirlas de par en par, abrió la ventana permitiendo que algo de aire fresco entrara en el espacio dejando el plato en el escritorio.

Se dejó caer sobre su cama cerrando los ojos con cansancio, sentía que no había dormido nada completamente drenado de energía. No sólo eso, emocionalmente hablando se sentía desgastado, no entendía la razón de ello.

Sacando su teléfono del bolsillo notó un par de mensajes de Hoseok pidiéndole disculpas por haberlo acusado tan injustamente en aquel momento; tenía otro par del grupo en donde estaban los cinco, Taehyung preguntaba si todos habían llegado bien a sus hogares.

Ignorando ello, se dijo que respondería más tarde. Quería tomar una ducha y dormir el resto de la mañana-tarde.

Con sus ánimos relativamente renovados, se empujó fuera de cama en dirección a su baño, tomó el tapón de la tina poniéndolo en su lugar antes de abrir la llave para llenarla. Esperando a que la tina tuviera el nivel de agua que él disfrutaba, cepilló sus dientes dándose cuenta de lo pálido que se veía y las terribles ojeras que cargaba como si, efectivamente, no hubiese dormido nada la noche anterior. Hizo una mueca por ello enjuagándose bien la boca, dejó su cepillo en su lugar procediendo a quitarse la ropa entrando a la tina cuando el agua y la pompa de jabón ya estaban listas.

—Joder... —masculló recostando su espalda poco a poco en la pared con los ojos cerrados sintiendo sus músculos adoloridos relajarse gracias al agua caliente —. Me hacía falta un baño.

—Ni que lo digas.

JiMin se sentó bruscamente abriendo los ojos de golpe ante la voz, un hombre estaba del otro lado de la tina hundido en el agua con sólo sus ojos oscuros y su cabello negro visibles. Contuvo la respiración ante la bizarra imagen manteniendo los ojos abiertos de par en par negándose a apartar la mirada de aquella figura.

—¿Qué...? —su garganta se sintió reseca cortando su pregunta, incluso cuando no tenía idea de qué preguntar.

—Veo que estás confundido, JiMin.

—¿Cómo...? —la voz del ente resonaba en la habitación, a pesar de que no se había movido de su posición —. ¿Cómo es que...?

—¿Cómo es que escuchas mi voz, aunque esté bajo el agua? —preguntó lleno de sorna y burla, JiMin tragó saliva. Empezaba a sentirse inquieto —. Claramente se debe al contrato, JiMin.

—¿Contrato?

Los ojos del ente se estrecharon, JiMin soltó un grito ahogado cuando el ser se movió saliendo poco a poco del agua; saltó sobre su sitio al sentir las piernas del tipo rozarle, su torso amplio y marcado resaltó a la vista peinando sus cabellos con reflejos rojizos hacia atrás.

Guapo. Pensó.

—Lo sé —el ser sonrió socarronamente, JiMin se sonrojó —. ¿No me recuerdas, JiMin? Me voy a poner triste si es así —se estaba burlando con tanta malicia de él.

JiMin parpadeó consternado, a su mente vinieron como una cachetada los recuerdos de la noche anterior. Sus ojos se veían desorbitados causándole una sonora carcajada al demonio que hizo que sus vellos se erizaran con pavor.

—¿Ya me recuerdas? —su amplia sonrisa cínica y espeluznante era suficiente para hacerlo temblar de miedo —. ¿Por qué tan asustado, JiMin?

—Yo... —JiMin carraspeó, su garganta dolía por la resequedad —. Creí que había sido una pesadilla.

—Oh —la mano del demonio se dirigió a su pecho haciendo un falso gesto de dolor —. ¿Me estás llamando pesadilla?

JiMin se abstuvo de responder, el demonio resopló.

—El contrato estipula que a donde tú vayas, yo estaré allí contigo. Sin importar donde sea —plantó una sonrisa ladina inclinando la cabeza en una expresión bastante sensual —. Tienes que acostumbrarte a mi existencia JiMin, de ahora en más estaré a tu lado.

—¿Eso es...? —JiMin sacudió la cabeza bajando la mirada a sus manos por unos segundos. Al levantarla, el demonio estaba tan cerca de él que sus respiraciones se mezclaban intensamente —. Tú...

—¿Recuerdas cómo debes llamarme? —JiMin parpadeó consternado, el demonio levantó la mano deslizando la yema de sus dedos por la sensible piel del castaño. Un gemido brotó de sus rechonchos labios abriendo los ojos con sorpresa por el inesperado gesto —. Mi nombre, JiMin.

—Jungkook... —susurró viendo al demonio inclinarse más cerca de él —. Me dijiste que te llamara Jungkook.

La mano de Jungkook continuó su recorrido subiendo hacia su nuca tomando sus cabellos húmedos con rudeza, otro gemido inesperado escapó de sus labios por la acción.

Jungkook sonrió. —Termina tu baño, hablaremos cuando salgas. No tardes.

Desapareció frente a él dejándole una increíble sensación de vacío en el estómago. Su baño fue más rápido de lo que hubiese deseado, no obstante, no tenía ninguna intención de irritar al demonio con el que aparentemente y, de ahora en más, estaba atado.

Cuando salió del baño, vio a Jungkook que se encontraba acostado en su cama de forma cómoda, con un pantalón negro en sus piernas largas y nada sobre su torso. Incluso sus cabellos que, hasta hace unos minutos atrás habían estado húmedos, se encontraba completamente secos y brillantes.

—¿Has terminado? Eso fue rápido —su manera de hablar era tan burlona que podría irritar a cualquiera, JiMin decidió que tendría que ignorar aquello si quería mantener su alma intacta en su cuerpo al menos hasta que fuera su hora de morir —. No voy a arrancarte el alma, JiMin.

—¿Cómo puedo estar seguro de ello? —se quejó caminando con paso desganado hasta su escritorio —. Déjame comer primero, podemos hablar después de ello o se me irá el apetito y si Sunoo llega y ve que no he desayunado me asesinará.

Jungkook parpadeó. —No hay problema.

JiMin suspiró dejándose caer sobre la silla, quitó el aluminio del plato observando el desayuno que Sunoo había preparado. Bolas de arroz de kimchi con fruta, sonrió.

Comenzó a comer en silencio ignorando de momento la presencia del demonio que se mantenía inmóvil en su cama. No parecía tener la intención de molestarlo justo como él había pedido, al menos, era capaz de cumplir su simple palabra.

—Soy alguien de honor, aunque las criaturas inferiores crean que no —dijo, como si hubiese estado leyendo sus pensamientos.

JiMin tragó. —¿No tienes hambre?

—¿De comida mundana? No exactamente —su cabeza se había levantado para encontrarse con la mirada del castaño. Para JiMin, las palabras del demonio se sentían como si tuvieran un segundo significado. Jungkook sonrió —. Es justo lo que piensas, criatura inferior.

JiMin se sonrojó regresando su mirada a la comida decidido a no responder la insinuación. Se centró en terminar de desayunar para proseguir con la conversación que debían tener sobre cómo iba a ser de ahora en adelante su relación.

Una vez el plato estuvo limpio, lo empujó a un lado girando en la silla del escritorio en dirección a la cama encontrándose con la fija mirada del demonio sobre él.

JiMin se removió. —¿De qué querías hablar?

Jungkook bostezó tomando asiento en la cama cruzándose de brazos, se veía tan cómodo y relajado que, si no fuera por sus ojos, parecería un chico humano normal.

—Estabas teniendo dudas con respecto a la marca —JiMin frunció el ceño —. La que tienes en el dedo anular izquierdo.

JiMin lo había olvidado hasta ese momento, su mirada se dirigió inmediatamente a la zona mencionada notando que el tatuaje se veía ligeramente deslavado.

—Esta mañana se veía mucho más potente el color rojo —musitó acariciando con suavidad sintiendo aun dolor —. Duele.

—Seguirá doliendo hasta que tu cuerpo me acepté por completo —aclaró en tono monótono, JiMin le miró —. No es un tatuaje como tal, pero puedes llamarlo de ese modo debido a que no puedes borrarlo de tu cuerpo. Es una marca, representa tu contrato conmigo y cualquier demonio que se encuentre en tu camino sabrá que me perteneces; incluso los estirados de arriba lo sabrán —la sonrisa de Jungkook estaba llena de diversión cuando señaló hacia el techo.

JiMin entendía a qué se refería.

—¿Solamente ustedes y yo podemos ver la marca? —Jungkook asintió —. Bueno, vaya. Debo haber parecido un loco.

—Eventualmente lo olvidarán, mientras tú no lo menciones ellos no lo traerán al foco —el demonio le restó importancia —. Eso sí, cuando yo esté contigo la marca será visible, porque yo también tengo una.

Levantando su mano izquierda le mostró la misma marca pintada de un tono morado oscuro, JiMin abrió la boca con sorpresa.

—Como representa nuestro contrato nadie más podrá llamarme para algún otro ritual —explicó volviendo a cruzarse de brazos —. ¿Tienes alguna otra duda?

—Uhm, si —JiMin jugó con sus dedos mirando su propia marca —. ¿Alguien más puede verte o pareceré un loco hablando contigo cuando estés visible por ahí? Porque, honestamente, no deseo que me encierren en un centro psiquiátrico pensando que alucino o que tengo problemas de esquizofrenia. Es algo que definitivamente podría pasarme a mí —declaró apesadumbrado.

Jungkook sonrió. —Puedo hacerme visible para los humanos, normalmente preferiría estar oculto. Llamaré la atención a donde sea que vaya por mi gran físico.

JiMin blanqueó los ojos, aunque, no tuvo la audacia de discutir ese hecho. Era algo innegable, un demonio muy atractivo. Pero, no iba a admitirlo en voz alta al ser.

—No lo necesito, tus pensamientos me lo hacen saber —dijo divertido, JiMin chasqueó la lengua.

—¿Acaso siempre andas leyendo mis pensamientos?

—No leo los pensamientos, tu imagen sobre mí resonará en mi mente —aclaró, JiMin resopló —. Aun así, es muy fácil saber lo que estás pensando, eres un libro abierto JiMin.

JiMin hizo una mueca. —Entonces, creo que deberías ser visible para la gente de mi alrededor, definitivamente no quiero parecer un loco.

—Está bien, puedo hacerlo —se encogió de hombros —. Pero no quiero que me interroguen, tú invéntate alguna historia. ¿De acuerdo?

—Si, por supuesto —asintió, Jungkook parecía satisfecho —. Uh, entonces, ¿no regresas a tu... mundo?

—No.

JiMin suspiró. —Genial.

—No interferiré demasiado en tu vida diaria, no me veas como algo malo criatura inferior, sólo mírame como la alegría que te hacía falta —Jungkook sonrió ampliamente, un escalofrío le recorrió la espalda por la siniestra atmósfera que rodeó al demonio —. Mientras nadie se meta contigo o conmigo, seré tu sombra.

—Bien —JiMin sacudió la cabeza recordando lo del baño —. ¿Puedo ducharme solo?

—Claro... —JiMin soltó un suspiro de alivio —. Que no. ¿Perderme el espectáculo? Ni hablar.

JiMin volvió a sonrojarse soltando un gimoteo nervioso.

—Dios eres... —su oración fue cortada cuando de repente el demonio lo tomó de las mejillas con rudeza, una queja salió de su garganta por el repentino acto —. Jungkook...

—Te advertiré una vez más y espero no tener que volver a decirlo una tercera vez, JiMin —musitó entre dientes completamente enojado, el castaño tembló —. No menciones a ese ser frente a mí, olvídate de que siquiera existe porque tu alma es mía. No tienes salvación, una vez que mueras irás conmigo, no arriba. ¿Entiendes?

—Si...

Jungkook lo soltó, JiMin se abstuvo de acariciar sus mejillas adoloridas mirando al demonio regresar a su cómoda posición sobre la cama. Aunque sintió ganas de llorar por aquel terrible momento, supo que, por más cómodo que intentara ponerse con el demonio no podía olvidar su origen. Jungkook era peligroso, lo viera por donde lo viera.

—Puedo hibernar de vez en cuando, la marca también sirve para eso —cambió el tema, cerrando los ojos ignorando la lamentable imagen del humano —. Hasta que tu cuerpo no se adapte al contrato, te sentirás enfermo y agotado. Por ende, estaré yendo y viniendo; de allí la marca. Una vez que hayamos pasado esa etapa, pasaré todo el tiempo visible para ti.

—De acuerdo.

—Entonces, me iré. Volveré más tarde.

Jungkook desapareció, JiMin sintió una incómoda sensación de vigilancia en su espalda. Se estremeció tratando inútilmente de escapar de aquella sensación llevando su mirada hasta la marca viendo el anillo de un rojo vivo potente nuevamente.

—Bien hecho, Park JiMin —susurró resignado, caminó hasta la cama dejándose caer sobre ella.

Intentaría dormir hasta que Jungkook regresara.





—¿Es necesario hacernos en pleno rayo de sol? —JiMin suspiró levantando la mirada hacia Jungkook, el demonio traía unos lentes de sol protegiendo sus extravagantes ojos con sus cabellos negros revoloteando libres gracias a la suave brisa. Parecía aburrido mirando con desinterés el alrededor —. Sería mejor hacernos en la biblioteca o en una sala de estudio.

—Estamos esperando a Jack, Jungkook —el demonio resopló alejando su mirada de él —. Ya sé que no te agrada Jack, pero tenemos un proyecto que hacer juntos.

—Cómo sea —Jungkook chasqueó la lengua —. Recuerda mi advertencia, si lo veo si quiera inclinarse mínimamente cerca de ti, lo asesinaré.

—Si —JiMin sonrió de medio lado —. Jack ya está lo suficientemente asustado por tu última advertencia, Nam dijo que eras muy cruel.

—Hay cientos de cosas en este planeta de mierda que son crueles, yo no entro en ellas —dijo echando su cuerpo hacia atrás cruzándose de brazos —. Tú eres mío, JiMin, todos deben entender eso, incluyéndote.

JiMin se removió en su asiento bajando la mirada hacia su libro, carraspeó tratando de controlar el evidente sonrojo que lo atacó de repente por las palabras burdas y posesivas del demonio.

Las semanas habían pasado velozmente con la ahora presencia de Jungkook acompañándolo en su día a día. JiMin no podía mentirse, curiosamente habían sido los mejores días desde entonces; aunque su relación con Jungkook ahora era un poco más estrecha, él había intentado —de una forma demasiado vana e inútil— mantener cierta línea que no podía cruzar con el ser. Jungkook no era un demonio fácil de tratar, su temperamento podía ser explosivo y grotesco.

Lo había experimentado cientos de veces estando solos y acompañados, sin embargo, una vez que Jungkook había dado sus advertencias nadie parecía tener intención alguna de meterse en el tema para contradecirlo, como si su palabra fuera absoluta. Ni siquiera Sunoo que había sido con quién más había discutido el demonio desde la primera vez que lo conoció.

Por supuesto, cuando todos conocieron por primera vez a Jungkook se sorprendieron de sobremanera. No esperaban que, de un día para el otro, JiMin apareciera con un atractivo chico que absorbía por completo todo su tiempo; aunque la identidad de Jungkook como demonio era un secreto, cuando JiMin intentó explicar cómo es que se habían conocido o por qué Jungkook aparecía recién, lo único que se le ocurrió decir fue:


“—Quise presentarlo ahora que es oficialmente mi novio”


Jungkook no respondió a ninguna pregunta acerca de su vida personal o su paradero antes de estar con JiMin, todos implícitamente entendieron el mensaje y no preguntaron aun cuando tenían cientos de dudas. Lo que no podían negar era que, JiMin se veía radiante al lado del demonio, sonreía y reía más, parecía incluso más atrevido y sus desgracias diarias habían disminuido considerablemente.

Todavía tenía periodos de mala suerte, pero al menos eran menores comparados a antes de que Jungkook apareciera en la vida del castaño; los chicos solían decirles que el pelinegro se había convertido en el talismán de buena suerte de JiMin sin saber si quiera lo que Jungkook representaba en verdad.

A ninguno de los dos le importaba eso, aun así, el único problema que parecían tener era el hecho de que desde que JiMin lo había presentado como su pareja —con la vaga excusa de que de ese modo había menos preguntas al respecto—, Jungkook había adoptado una actitud bastante territorial y posesiva para con él. JiMin lo atribuía a que disfrutaba de molestarlo, pero había momentos en los cuáles sus palabras parecían tener un trasfondo muy problemático para el corazón del castaño.

No quería caer en la trampa de Jungkook, después de todo era un demonio.La ilusión de que alguien como Jungkook estuviera interesado en él llegaba a colarse entre sus pensamientos haciéndole voluble y sensible a las acciones del demonio.

—Ya hemos hablado de eso, Jungkook —murmuró después de un extraño silencio —. No me gustan tus bromas.

Jungkook resopló. —Y en cada una de esas ocasiones te he aclarado que no es una broma. Eres mío.

Antes de poder decir algo más al respecto, el grito de Jackson llamó la atención de ambos. A lo lejos, el rubio venía corriendo en su dirección con una mano levantada al aire saludando y una enorme sonrisa en su rostro. JiMin sonrió divertido levantando la mano devolviendo el gesto.

Jungkook gruñó. —Baja la mano, carajo.

—Sólo lo estoy saludando, deja de ser tan gruñón con Jack.

Jungkook lo ignoró moviéndose de asiento para sentarse a su lado dejando disponibles los asientos frente a ellos, JiMin otra vez no pudo ocultar su sonrisa del demonio.

—Qué celoso —se mofó.

Jungkook se bajó los lentes para que sus miradas se encontraran por unos segundos.

—Cómo no tienes una idea, humano.

JiMin carraspeó alejando su mirada de la oscura, Jungkook sonrió subiéndose los lentes por el puente de la nariz recostándose en la madera de la mesa esperando a que el amigo de su humano terminara de acercarse.

—Min, ¿te hice esperar mucho? —Jackson dejó caer su maleta sobre la mesa antes de tomar asiento, le dedicó una sutil mirada al pelinegro —. Hola Jungkook.

—Rubio —respondió toscamente sin dignarse a mirarlo —. Llegas tarde.

—Ignóralo —JiMin peinó con cuidado algunas hebras de Jungkook que se veían desordenadas —. Está algo malhumorado porque no le gusta mucho el sol.

—Oh, podemos movernos si él gusta —Jackson sonrió lleno de tensión —. No tengo problema.

—No, eso alargará más este tiempo. Sólo empiecen a trabajar, quiero que JiMin termine pronto —el rubio asintió comenzando a rebuscar en su maleta los materiales que necesitaría —. ¿Es largo lo que tienen que hacer?

—No, no realmente —JiMin apartó el libro a un lado donde tenía algunas líneas resaltadas —. Es un ensayo que tendremos que sustentar en un par de clases, no será tardado.

—Bien, dormiré un rato. Despiértame si necesitas ayuda —dijo acomodándose mejor sobre la mesa, JiMin asintió.

En cuanto Jackson estuvo listo con sus propios materiales comenzaron a trabajar en la composición del ensayo, compartiendo ideas e información que cada uno había traído. De vez en cuando JiMin le dedicaba una mirada de reojo a Jungkook cerciorándose de que estuviese plácidamente dormido. Jackson trabajaba diligentemente escribiendo lo que JiMin le dictaba en su laptop mientras apuntaban ciertas ideas importantes en una hoja para tener en cuenta durante la sustentación; normalmente, Jackson solía distraerse mientras trabajaban, pero con Jungkook cerca parecía querer terminar el ensayo lo más pronto posible no queriendo molestar al pelinegro.

—Creo que con eso tenemos la mayor parte para la corrección de la próxima clase —murmuró JiMin comenzando a reorganizar sus apuntes, Jackson seguía tecleando en la laptop —. ¿De cuántas páginas quedó?

—Vamos en veinticinco —respondió entre dientes estirándose en su asiento —. Ugh, me dolieron los dedos.

—No estás acostumbrado a trabajar tan diligentemente —se burló guardando sus lapiceros, recogiendo su libro y agenda —. Envíame una copia del documento, así lo repaso para explicarle al profesor. Te enviaré una foto de estos apuntes a considerar.

—Bien —Jackson hizo lo pedido de inmediato —. Oye Min, ¿puedo hacerte una pregunta? —dijo tras varios segundos en silencio donde solo organizaron sus cosas, Jungkook seguía durmiendo—. No tienes que responder si es demasiado.

JiMin parpadeó. —Sí, dime.

—Bueno... —Jackson le dio una mirada llena de temor a Jungkook —. No es nada, sólo que hace unos días los vi en uno de los salones vacíos del cuarto piso.

—¿Nos viste? —JiMin frunció el ceño, Jackson asintió.

—Sí, tú y Jungkook estaban allí, pero te veías extraño y el ambiente se sentía diferente —aclaró encogiéndose un poco sobre su sitio, JiMin supo de inmediato a qué se refería. Carraspeó dándole una rápida mirada a Jungkook —. No los saludé porque quedé algo sorprendido después de lo que vi, es más... —Jackson resopló con incredulidad peinando sus cabellos rubios hacia un lado —. No sé si vi bien.

—¿Quieres decirme qué viste con exactitud? —susurró sintiendo la garganta apretada.

Jackson le miró por largos segundos sacudiendo la cabeza soltando una brusca exhalación por la boca.

—Jungkook parecía estar... ¿bebiendo de tu sangre? No lo sé, Min, fue demasiado turbio. Dime que vi mal, por favor —los ojos de Jackson se veían suplicantes en su dirección, JiMin hizo una mueca mordiendo el interior de su mejilla con incomodidad.

—Ah mierda, ¿qué deberíamos hacer ahora contigo, Jack? —la voz ronca de Jungkook sobresaltó a ambos humanos.

—Jungkook... —el pelinegro se removió demostrando con ello que estaba prestando atención a su conversación —. Creí que dormías.

—Sabes que no duermo, JiMin —respondió divertido Jungkook enderezándose —. Pero eso es lo de menos —restándole importancia con un ademán de manos se quitó los lentes de sol mirando fijamente hacia Jackson, el rubio se sobresaltó por la oscura mirada.

Desde que conocían a Jungkook el hombre siempre utilizaba lentes de sol protegiendo sus ojos, JiMin en alguna ocasión había explicado que era por una condición especial que afectaba al pelinegro obligándolo a usar siempre lentes sin importar si estaba o no en el exterior. Jungkook se había negado a cambiar sus ojos, por lo que, JiMin lo había casi que obligado a utilizar los lentes; si no se viera guapo con ellos, Jungkook no le habría hecho caso al castaño.

—Oh, Di... —antes de que pudiera terminar su oración, JiMin saltó a través de la mesa cubriéndole la boca. Jackson tenía los ojos abiertos de par en par fijos en el pelinegro.

—No lo digas —susurró temeroso, Jackson le miró —. Si terminas esa frase, no podré hacer nada para protegerte de Jungkook.

La mirada de Jackson parecía entrar cada vez más en pánico. JiMin fue jalado con rudeza hacia atrás terminando sentado sobre las piernas de Jungkook, sus brazos lo aprisionaron obligándolo a mantenerse quieto sintiendo la nariz del demonio acariciar la piel expuesta de su nuca y hombro.

—Jungkook...

—Shh, criatura —mordisqueándole de manera juguetona la oreja, JiMin soltó un pequeño gemido de sorpresa por la inesperada acción —. ¿Qué te dije de acercarte a Jackson?

JiMin trató de removerse. —No quería que dijera ya sabes qué, sólo me acerqué por eso.

—No me gusta —gruñó molesto dándole un mordisco en el hombro sobre la camiseta, JiMin se quejó adolorido —. Mío, JiMin, jodidamente mío.

—Jungkook...

—Repítelo después de mi —otra mordida llegó, JiMin mordió su labio inferior soportando el dolor de los dientes de Jungkook clavándose con dureza en su hombro —. No te escucho.

—Tuyo —susurró avergonzado bajando la mirada. Jackson parecía congelado sobre su sitio con la mirada clavada en ellos —. Jungkook, por favor.

—No te escuché, JiMin —el tono de voz del demonio cambió drásticamente sonando peligroso, JiMin se estremeció encogiéndose entre los brazos del pelinegro —. Dilo fuerte y claro si no quieres recibir un castigo doloroso.

—Soy tuyo —murmuró en un tono de voz más claro, Jungkook sonrió dándole una última mordida —. Me estás lastimando, Jungkook.

—Te seguiré lastimando donde olvides a quién perteneces, JiMin —respondió tomándolo de las mejillas para que sus miradas se encontraran. Los ojos de JiMin estaban ligeramente húmedos, sus mejillas sonrojadas se sentían calientes bajo su cálido tacto —. Y a mí no me puedes mentir, si no quieres que Jackson piense que eres un pervertido no deberías demostrar que estás excitado por mi brusco trato. ¿No es así, adorable criatura inferior?

JiMin se sentía ligeramente humillado, no obstante, era incapaz de negar lo que Jungkook decía. Desde el principio de su extraña convivencia, Jungkook lo denigraba de ese modo, aunque las primeras veces se sintió demasiado cosificado y menospreciado, no pudo evitar el sentimiento excitante y ardiente que se instalaba en su pecho por cada acción del demonio.

Era un bizarro juego que se había vuelto una dinámica para ellos. Jungkook no escatimaba en el momento, podía tomarlo desprevenido actuando en cualquier lugar y JiMin reaccionaría como si estuviese programado para ello.

—Jungkook, Jackson todavía está aquí —musitó tratando inútilmente de conservar un poco de su dignidad, Jungkook resopló —. Por favor, aceptaré cualquier castigo.

—Esa es una promesa muy amplia, JiMin —susurró sobre su oreja regalándole otro mordisco en la zona, la piel de gallina explotó en su nuca. Jungkook sonrió —. ¿Podrás manejarlo?

—Puedo —dijo con voz rota —. Puedo manejarlo, sabes que sí. Así que, por favor, déjalo ser.

—Mmm... —Jungkook lamió la zona de su oreja bajando lentamente hasta succionar con fuerza la piel ajena, JiMin gimió cerrando los ojos, avergonzado por su reaccionar —. Lo arreglaremos en casa.

Se alejó un poco del cuello ajeno observando con fascinación la marca morada que comenzaba a formarse junto a las marcas de sus mordidas resaltando en los alrededores. Sonrió ampliamente dejando un suave beso allí reposando su cabeza en el hombro del castaño dirigiendo su oscura mirada hacia el rubio.

Jackson se veía completamente desconcertado e incómodo en su asiento, Jungkook se burló de su gesto con los ojos todavía abiertos de par en par y su boca entreabierta en una pequeña “O”.

—Lo que viste ese día fue real, de vez en cuando tengo que beber de la sangre de JiMin para fortalecer mi presencia en la tierra y mantener alimentado mi vínculo con él —aclaró en una voz bastante cantarina que nada tenía que ver con lo que hablaba —. No has imaginado nada raro, Jack —la sonrisa de Jungkook se amplió de aquella manera siniestra que les incomodaba a todos.

—Min... —Jackson pasó su mirada del pelinegro al castaño en repetidas ocasiones, se veía confundido sin saber cómo reaccionar —. Yo... joder —Jackson despeinó sus cabellos rubios, sus manos temblorosas hicieron reír al demonio —. ¿Qué eres?

—¿Yo? ¿No es obvio? —siguió burlándose, acariciando con sus manos la cintura del castaño dentro de su camiseta —. Vamos, adivina. Si lo dices correctamente, entonces, dejaré pasar este hecho y no te asesinaré.

Jackson se sacudió sobre su asiento. El pavor expedía de él como una esencia única reconocible para el demonio quién estaba completamente extasiado por la situación.

—Eres... —Jackson carraspeó, su voz se escuchaba trémula debido al miedo. La sonrisa amplia del pelinegro era cada vez más inquietante para el rubio —. ¿Un demonio?

—¡Muy bien! —su exclamación animada sobresaltó a los dos humanos, Jungkook echó la cabeza hacia atrás riendo por ello —. ¿Por qué están tan asustados? Ya dije que no te voy a asesinar, Jack.

Jackson cerró los ojos, su cuerpo no respondía a las órdenes que su cerebro enviaba. Quería levantarse y huir lejos de allí, pero no podía. El miedo le estaba haciendo malas jugadas a su cuerpo impidiéndole moverse como quería.

La presencia de Jungkook era tan densa en ese momento que se sentía ahogado, como si las manos del pelinegro estuvieran apretando alrededor de su cuello con insistencia.

—Juro que no le diré a nadie, no diré nada de lo que vi ese día. Es más —relamió sus labios resecos moviendo sus manos tratando de enfatizarse en lo próximo que diría —. Ya ni recuerdo qué vi. ¿Vi algo? En lo absoluto, déjame ir. Prometo no volver a acercarme a Min, le advertiré a cualquiera que quiera acercarse a Min y yo sólo... por favor...

Jungkook lo observó en silencio durante un largo rato analizando al rubio que temblaba bajo su pesado escrutinio. JiMin se removió sobre sus piernas llamando su atención, cuando sus miradas se encontraron el castaño tenía una mueca de preocupación rogándole con ello que lo dejara pasar.

El demonio suspiró. —Bien, cómo sea. Si el resto de los amigos de JiMin llegan a enterarse de esto, lo lamentarás rubio.

—Si, prometo que no lo diré —murmuró nervioso —. ¿Puedo irme ahora, por favor?

—Si, mierda. Lárgate antes de que me arrepienta —gruñó disgustado haciendo un gesto con su mano para que se fuera.

Jackson tomó sus cosas rápidamente levantándose de la mesa en un brinco corriendo lejos de ellos. JiMin observó a su amigo irse como si estuviese huyendo del peligro, no podía culparlo; Jungkook era por mucho alguien a quién no debías tomar a la ligera.

—¿Estás triste por tu amiguito? —preguntó Jungkook con tono burlón, JiMin sacudió la cabeza encontrándose con la oscura mirada —. ¿Quieres ir tras él, JiMin?

—No —Jungkook arqueó una ceja —. Es mejor así, Jack parecía molestarte. ¿No estás contento por ello?

Jungkook lo estudió por unos segundos esperando encontrar cualquier respuesta en su rostro que determinara si sus palabras eran honestas o no. JiMin tomó los lentes de sol abandonados para ponerlos de regreso en el rostro ajeno protegiendo los oscuros ojos del demonio.

—Si —fue lo único que dijo ladeando la cabeza —. Pero estoy hablando de ti, criatura.

—Está bien, si Jack se aleja o no, será decisión de él. Para cualquiera puede ser chocante entender nuestra relación. ¿No crees?

—Por fin estás admitiendo que tenemos una relación —JiMin miró en otra dirección tímidamente —. Pensé que nunca lo admitirías y tendría que obligarte a hacerlo.

—Sabes de lo que estoy hablando, Jungkook.

—Y tú sabes lo que yo quiero, no entiendo por qué te niegas tanto. Mi paciencia se está agotando —se quejó apretando la cintura del castaño, JiMin suspiró —. Tu cuerpo no miente, JiMin. ¿Por qué te niegas tanto a mí?

—Porque para ti soy sólo tu juguete de diversión. No quiero eso —susurró evitando su mirada, Jungkook frunció el ceño —. Si te doy lo que quieres, entonces dejarás de prestarme atención.

—¿De dónde sacaste eso? —JiMin hizo una mueca —. JiMin, ¿con quién crees que estás tratando? Soy tu demonio, así como tú eres mi humano yo soy tuyo. ¿No pensaste en ello alguna vez?

JiMin negó con la cabeza bajando la mirada hacia los brazos del demonio, sus manos se movían suavemente bajo su camiseta acariciando con delicadeza la piel de la zona. La marca que representaba su unión brillaba intensamente en el dedo anular del demonio, de aquel tono morado oscuro que le recordaba Jungkook estaba atado a él.

A JiMin le gustaba verla sabiendo que compartían algo tan importante.

—Los contratos no son unilaterales, JiMin —aclaró con cansancio reacomodando al castaño sobre sus piernas, JiMin hizo un puchero —. Mi vida también depende de ti.

—Es que no quiero que sea una obligación —exclamó levantando la mirada, Jungkook arqueó una ceja —. Siempre hablas del contrato, lo dices como si fuera una obligación. No siento que sea una obligación, me alegra tenerte Jungkook, pero no sé si tú puedas sentirte del mismo modo y por eso me mantengo al margen a pesar de notar lo que quieres de mí.

Jungkook se quedó callado después de aquello. JiMin cerró los ojos soltando un agobiante suspiro lleno de tristeza, su corazón se apretujó dentro de su pecho con la exasperante sensación de que la había jodido con Jungkook al hablar de sus sentimientos.

—Soy un demonio —murmuró después de varios segundos en los que permanecieron en un tenso silencio, JiMin asintió más que consciente de ese hecho —. Puede que a veces no sepa cómo tratarte, no sé cómo considerar tus sentimientos humanos, no sé cómo darte lo que quieres o necesitas de mí, JiMin —el castaño soltó otro suspiro dejando caer sus hombros con resignación, probablemente ese era Jungkook rechazándolo de manera amable —. Pero... —JiMin levantó la mirada, Jungkook se bajó un poco los lentes para que sus ojos estuvieran a la vista —. Eso no quiere decir que te empujaré a otro humano, me niego. Eres mío, entonces, si estás dispuesto a enseñarme lo que quieres de mí puedo hacer el esfuerzo de aprenderlo.

—Jungkook... —JiMin sonrió ampliamente inclinándose más cerca del demonio —. ¿Hablas enserio?

Jungkook resopló. —No estaría diciendo toda esta mierda cursi porque sí, JiMin.

JiMin rio dulcemente, abrazándose al demonio escondió su rostro en el cuello ajeno. Jungkook rodeó al humano con sus brazos apretándolo más cerca de sí, casi como si quisiera fundirlos juntos.

—¿Estás satisfecho sólo conmigo? —preguntó en un susurro olisqueando el cuello del demonio —. Puede que no sea lo que estás esperando.

Jungkook soltó otro resoplido. —Yo juzgaré eso, pero definitivamente no hay modo de que no me sienta satisfecho contigo, JiMin. Recuerda que estamos unidos de por vida.

JiMin sonrió, alejándose del cuello ajeno paseó su mirada por el rostro del demonio sintiendo los latidos de su corazón acelerarse ante la simple imagen. Jungkook sonrió divertido acercando el rostro del castaño al suyo plantándole un beso suave e intenso en los labios. JiMin jadeó cuando la lengua del demonio acaricio sensualmente su labio inferior pidiéndole con ello que abriera la boca, el juego de sus lenguas hizo que JiMin gimiera comenzando a sentirse excitado por el solo beso.

Jungkook se alejó lentamente dejando caer besos castos y lametones juguetones tanto en los labios rechonchos del humano como en su cuello y mentón. JiMin suspiró lleno de placer y cosquillas.

—Mío —gruñó Jungkook en su oreja rozándolo con su creciente erección —. Siempre mío.

—Siempre tuyo —afirmó esta vez con convicción —. Jungkook, me estás excitando.

Jungkook rio entre dientes. —Podemos irnos a casa, estoy seguro de que Sunoo no ha llegado.

—El apartamento está lejos de la universidad, ¿no podemos ir a un sitio más cercano? —Jungkook apretó los dientes cuando JiMin se movió encima de su erección, el castaño gimió —. ¿Tienes la paciencia para ir hasta casa?

—No, podría cogerte aquí mismo ya que te estás moviendo de ese modo encima de mí —JiMin se quejó, Jungkook lo tomó de la cintura apretando con fuerza obligándolo a moverse a su ritmo —. Es posible que alguna mesa cercana se dé cuenta, JiMin. ¿Eso es lo que quieres?

—No... —abrió sus ojos que no se había dado cuenta había cerrado dándole una rápida mirada a la zona, nadie en particular parecía prestarles atención por ahora —. No me gusta el exhibicionismo.

Jungkook sonrió. —Es una pena, a mí tampoco. No deseo que nadie te vea, les arrancaría los ojos.

JiMin echó la cabeza hacia atrás dándole espacio al demonio para besarle el cuello, sus mordiscos eran cada vez más bruscos queriendo dejar marcas por todas partes.

—Sunoo se va a enojar contigo si sigues dejando marcas así —gimoteó volviendo a mover la cadera —. Dice que la gente pensará que me maltratas.

—Qué importa, te gusta que te maltrate —JiMin rio negando con la cabeza, su mirada se dirigió al demonio notando sus labios rojos e hinchados. Relamió los propios, lleno de deseo —. Parece que ahora que hemos llegado a un acuerdo quieres hacerme explotar de excitación hasta que decida cogerte.

—Llevas semanas rogándome por esto y ahora pareces tener mucha paciencia —se quejó JiMin cuando las manos de Jungkook detuvieron su movimiento de cadera —. ¿Ya no quieres?

—Joder, claro que sí, criatura —Jungkook lo tomó del cuello manteniendo sus miradas unidas. JiMin respiraba de manera superficial, sus pupilas dilatadas indicaban su gran estado de excitación —. Pero quiero tomarme mi tiempo, quiero que me ruegues tanto como yo te he rogado hasta ahora. ¿Estarás bien con eso?

—Si... —JiMin asintió como pudo —. Entonces, ¿qué haremos?

—Definitivamente iremos a casa, perderás el resto de las clases —Jungkook se levantó de su asiento con JiMin en brazos —. ¿Podrás caminar?

—Tengo una erección, Jungkook. A menos que quieras que la exhiba a todos los estudiantes, claramente no puedo —se quejó apretando sus brazos alrededor del cuello ajeno.

Jungkook gruñó reacomodándolo en sus brazos tomándose el tiempo de guardar las cosas de JiMin en su maleta. Se alejó de la zona ignorando las miradas de curiosidad dirigidas a ellos, JiMin acariciaba cariñosamente con la punta de su nariz la zona de su cuello soltando pequeños gorgoteos de satisfacción.

—No sabía que te gustaba tanto mi aroma —Jungkook acarició con su mejilla la de JiMin.

—No sé exactamente qué aroma es, pero me siento como en casa cuando lo huelo —la nariz de botón del castaño volvió a acariciar la zona, Jungkook lo apretó más cerca —. Es adictivo.

—Bien —JiMin se alejó para observar el rostro del demonio, Jungkook tenía una sonrisa amplia y burlona —. Tienes que ser adicto a mí JiMin, o las cosas no resultarán.

—Puedo serlo.

Jungkook tarareó. —Sé que sí, obedéceme y te recompensaré bien. Si te obsesionas tanto como yo, entonces entenderás que, no hay modo de que no esté satisfecho contigo.

JiMin asintió volviendo a esconder su rostro en el cuello del demonio, aspiró hondo dejándose llevar por la sensación de salvaguardia que el ser le daba. Al principio, había pensado que verse envuelto con Jungkook había sido obra de su mala suerte, pensando en retrospectiva nunca se le ocurrió que podría ser algo positivo.

Desde que Jungkook apareció, su vida dio un cambio drástico. La mala suerte parecía temerle al demonio, por ello a pesar de su procedencia era como una bendición; su amuleto de la suerte como le llamaban sus amigos.

Sin importar cómo resultaron las cosas, JiMin estaba satisfecho de que su vida estuviera en manos del demonio. Jungkook protegía tan bien su alma que sabía nada malo le sucedería; en algún punto dejó de preocuparse por el después, qué carajos importaba que al morir ya no pudiera irse junto al creador, si allí no estaría Jungkook para él no tendría sentido.

Quería estar donde el demonio estuviera.

Siempre.

—¿Cuánto tiempo nos tomará llegar a casa? —preguntó cerrando los ojos, dejándose envolver en el aroma del demonio.

—Un parpadeo, tendrás que darme de tu sangre después.

—Puedes beber siempre que quieras, Jungkook —dijo en voz baja acurrucándose un poco más en los brazos cálidos del demonio —. Para eso soy tuyo.

—Veo que ya lo aceptas con normalidad —la voz de Jungkook se escuchaba burlona, JiMin se encogió de hombros —. Tendrás que beber de la mía para mantener el ritmo. Podrás manejarlo, ¿verdad?

—Puedo.

Ya no más días de desdicha en donde se sentía desafortunado, ahora todo giraba alrededor de un demonio de nombre Jungkook.




[1] La güija u ouija es un tablero de madera que tiene alfabeto y números con el que se puede establecer un supuesto contacto con espíritus que no pertenecen al plano terrenal.

[2] El pentáculo invertido es asociado comúnmente con el satanismo, la brujería y la magia negra.

[3] El efecto Mandela es el nombre con que se conoce popularmente el fenómeno de confabulación compartida por varias personas, es decir, un recuerdo falso compartido por un grupo o colectivo.




Hola!

¿Cómo están?


He vuelto de visita para no dejarlos tan abandonados con un pequeño OS en el que estuve trabajando durante días. Es una historia que había imaginado hace bastante tiempo y que, considero, como otros de mis OS puede explayarse en un libro corto; podría salir algo divertido de esto si es que llega a gustarles.

Quería agradecerles a todos por sus mensajes de apoyo, ahora que he estado tan enferma escribir se ha vuelto algo complicado, pero intentaremos mantenernos bien para volver con toda.

Espero que este OS sea de su agrado y les guste, creo que es un poco diferente a lo usual. Díganme si les interesa que lo tendré entre mis ideas para cuando termine las dos sagas que hay en proceso.


En fin, eso es todo. ¡Gracias por leerme!

Hee