Aquello que nunca te conté

Summary

Después de la fatídica última pelea entre Izaya y Shizuo, donde el informante fue vencido, poco se supo del mismo, salvo que había quedado en silla de ruedas y al poco tiempo desapareció durante más de un año sin que nadie ni siquiera su familia supiera de su paradero. Al poco tiempo de volver después de ese año de ausencia, un terrible incendio en su apartamento acabó con su vida. Años después de su muerte, Shizuo quien no creía del todo que el antiguo informante estuviera muerto, comenzó a sufrir alucinaciones con Izaya que lo hicieron dudar de su cordura. Sobre todo porque estas se dieron cuando el hombre más fuerte de Ikebukuro decidió emprender un viaje al otro lado del mundo.. ¿Izaya... Está vivo o está muerto? ¿Porque después de tantos años su recuerdo viene tras Shizuo? Hay verdades que se niegan a morir... Hay secretos que es mejor no develar...

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

La tregua

Los personajes no me pertenecen son creación del gran Ryōgo Narita. La trama e historia si son idea original mía.


Estoy loco rebosando de ideas, mil maneras de cortejar a un amante tan sincero. Amor y odio que hermosa combinación, enviando escalofríos arriba y abajo de mi columna vertebral... — Love to hate you, Erasure


Había sido un día bastante tranquilo, el rubio había llegado hacía poco a su pequeño departamento que al menos gozaba de un balcón que le permitía contemplar el atardecer.



Se recargó en la barandilla de la pequeña terraza mientras daba una nueva calada a su cigarrillo y revisaba sin mucho interés los mensajes en su celular; era el quinto cigarro del día y la tarde aún no acababa.


Las tardes de Ikebukuro comenzaban a tornarse más frías, atrás había quedado la calidez del verano, mientras las hojas se coloreaban de un naranja y un increíble amarillo, dándole así la bienvenida al otoño.


«Otro día más y todo está tranquilo...»


Ese era el pensamiento que cruzaba por la mente de Shizuo. Bien lo sabía, que desde la última pelea con Izaya, hacía más de cuatro años atrás las cosas se habían calmado bastante; sintiéndose irritado por acordarse de "ese sujeto" dio otra calada en su cigarro.


El ex barman, ahora guardaespaldas de Tom se sentía molesto y cuando la irritación llegaba a él, solía hablar en voz alta aunque solo fuera para lograr calmarse — Las cosas mejoraron como debía de ser después de que desaparecieras de nuestras vidas maldita pulga— en voz baja decía a la nada, como tratándose de convencer que esa pasiva tranquilidad era lo que en realidad siempre había deseado.


Últimamente había adquirido la manía de hablar consigo mismo. No pudo terminar su cigarrillo cuando lo apagó en el cenicero que tenía sobre el alféizar del balcón, no pudo soportar la silente soledad que amenazaba con ahogarlo y salió rápidamente de su apartamento y avanzó en silencio sin entender el porqué de sus acciones, con rumbo desconocido o eso pensó, hasta que ese ir aleatorio de sus pies lo llevó a un lugar al que en forma consciente no hubiera elegido visitar.


Llegó al cementerio, mismo donde entró y sus pasos lo arrastraron hasta ahí, a la lápida conmemorativa que la familia Orihara había mandado a poner en ese sitio y que con ironía le saludaba; la tumba lucía tan solitaria y alejada de las demás:


"Izaya Orihara, amado hijo, irreverente hermano. Que vivió bajo sus propias reglas hasta el último instante de su vida... siempre en nuestros corazones, Familia Orihara "



Era la inscripción que se leía en la lápida. Ni una flor adornaba el lugar, y a pesar de no contener gran cosa de los huesos de su enemigo pues no habían hallado más que un puñado de cenizas de lo que fuera el cuerpo del pelinegro, parecía como si esa lápida conmemorativa se burlara de él, tal como lo haría el verdadero Izaya.


— Espero que estés pagando tus fechorías en el infierno. — Enfadado dijo mientras apretaba el puño con fuerza.


La última información que había existido de él provenía de su familia. Sabía por sus hermanas quienes le habían dicho a Shinra que tras aquella última pelea con Shizuo, su hermano había quedado en silla de ruedas y que se había retirado a vivir alejado de todo, sin pretensión de buscar rehabilitación para poder recuperar la movilidad.



Información que después fue confirmada por su propio amigo, quien había podido verlo solo una vez antes de que misteriosamente saliera del radar de la mayoría.



Shinra había escuchado de las hermanas del ex informante de su preocupación por éste, debido a que Izaya había "desaparecido" un tiempo sin dejar rastro alguno ni avisar nada, aunque después de eso no tuvo más información hasta que se enteró por Celty que Shinra había sido notificado de su inesperado regreso.


La Dullahan le contó que cuando al fin apareció nuevamente, el médico clandestino habló con el ex informante y éste simplemente se rió de su preocupación diciéndole que para no tener interés en la humanidad se notaba demasiado "preocupado" por él, jactándose que tal vez él, Izaya Orihara era la excepción de Shinra.



Shizuo había bufado cuando Celty le había platicado por medio de su PAD lo ocurrido entre esos dos, aún así nadie ni siquiera sus hermanas supieron que había hecho en ese año que se había mantenido desaparecido.


— Siempre fuiste una pulga engreída... — reprochó molesto a la infame lápida.



Aún recordaba el día en que Shinra recibió la llamada de la madre de Izaya, todo había sido tan extraño, Celty no había sido muy feliz en tener que ir pero respetaba la amistad de su adorado con Izaya y solo por eso había accedido a acompañarlo.




"— ¿Entonces es hoy eh? — Serio comentaba Shizuo mientras aceptaba el refresco que Celty llevaba para él, mientras el amable doctor lo saludó efusivamente — ¡Sí! Esperaba que nos pudieras acompañar, no se cuanta gente acudirá pero dada la situación sería bueno que estemos presentes— Amable comentó.




El rubio se removió incómodo en su lugar — Bueno, no creo que sea buena idea que yo acuda, hablamos que soy el responsable de que esa pulga apestosa se hallara en esa silla de ruedas...— Comentó serio.


Shinra suspiró resignado — Pensé que te podría convencer de acompañarnos— Comentaba mientras terminaba de ponerse un saco negro, manejando el luto debido para la ocasión.


{Shinra tenía esperanza de convencerte en acompañarnos, yo aposté a que no lo lograría, he ganado una cena} — Emocionada escribía Celty. Mientras el médico le daba una mirada de reproche a ambos.


— En verdad no sé porque nunca se pudieron llevar bien, siempre creí que ambos congeniarían tan pronto se conocieran, no se que falló en mis cálculos— Decía lamentándose el médico clandestino.



{¿A veces Shinra es demasiado ingenuo no crees Shizuo?} — escribió la Dullahan mientras su adorada pareja entrecerraba lo ojos.


— Simplemente no toleré todo lo que Izaya representaba, él era todo lo que estaba mal y podrido en la sociedad— Comentaba serio Shizuo. — No me alegro de su muerte a pesar de lo mucho que me hacía enojar pero su partida de este mundo asegura que las cosas se mantendrán mejor — fue su simple respuesta.



A pesar de que el rubio decía las cosas con convicción en el fondo algo en su pecho se removió, percatándose que esas palabras se las dirigía mas a él mismo que al buen doctor, como si tuviera que convencerse de que lo sucedido era lo mejor para todos.



— Lo que nunca me expliqué Shinra es cómo alguien tan amable como tú terminó siendo amigo de la pulga— decía el ex barman mientras cruzaba los brazos y comenzaba a prender un cigarro el cual fue rápidamente arrancado de su boca antes siquiera de terminar de encenderse.


{Nada de fumar dentro de casa} —escribió en su Pad Celty amonestándolo así.


— Izaya podía engañar a todos cuando así lo quería, pero en el fondo podía llegar a ser uno de los mejores tipos si así se lo proponía— Comentó con un aire de melancolía el médico.


— Lástima que nunca se lo propuso...— Comentó hosco el rubio, mientras Celty asentía con la cabeza confirmando el punto de Shizuo.




Dejó que la Dullahan acompañara a su amigo al sepelio conmemorativo del que antaño fuera su némesis. Había dicho que no los acompañaría y cumplió su palabra, hubiera sido demasiado extraño, casi morboso que quien casi acabó con la vida del otrora informante se presentase ahora compungido por el trágico final del pelinegro.



Eso no significaba que no fuese de alguna manera a ver el último adiós, simplemente lo hacía a su manera; alejado de todos, después de todo ellos jamás habían sido considerados amigos.


Shizuo miró la escena desde su lugar entre los árboles, alejado del funeral.


«En algún momento y por idiota, pensé que eras diferente, pero siempre me enseñaste que eras peor de lo que consideraba ¿Eh pulga?»


Vio desde lejos la tristeza que la familia de Izaya sentía y así como la pena que se veía reflejada en algunos pocos, el resto de la gente había ido solo por cumplir, aún así le sorprendió ver más gente de la que esperaba.


«No cabe duda que el miedo siempre fue un aliciente para la gente.»


No se explicaba otro motivo por el cuál muchos de los presentes estuvieran aquí.


A lo lejos se escuchaba el suave llanto de la madre Izaya, mientras Shizuo pensaba en el hecho de que esa mujer era de las pocas personas que guardaba un dolor genuino y verdadero por la muerte de su primogénito..."



Salió de sus recuerdos y miró sin ver realmente la lápida que burlona se mostraba frente a él, el acto final del gran Izaya, vivió y murió a su particular forma y hasta en la muerte supo mantener la intriga, la mirada del rubio estaba más allá de aquel gris sombrío de la tumba falsa que no contenía un solo resto del pelinegro, su vista se hallaba perdido en una serie de recuerdos ahora lejanos:


"...Todo Ikebukuro había sido informado de la última gran batalla entre esos dos, lo feroz y salvaje que fue para ambos; misma batalla épica donde Izaya quedó sumamente lastimado; donde a pesar de la forma tan salvaje y cruel en que sus huesos fueron quebrados, no lloró ni suplicó, por el contrario a pesar de estar ensangrentado sonrió burlón mientras se hallaba tirado en el suelo después de la golpiza recibida.


— Que pasa monstruo, ¿Acaso tienes miedo de acabar la pelea? ¡Mátame ahora y demuestra la bestia que siempre ha sido!— Decía riéndose Izaya mientras sus ojos carmesí mostraban el destello burlón que tanto irritaba al rubio.


— ¡Argh cállate pulga apestosa! — Lanzó un golpe al suelo justo al lado de donde descansaba la cabeza de Izaya, el pelinegro ni se inmutó. Sus ojos seguían mirándolo con cierta burla y placer mientras con mucha debilidad intentaba sin éxito levantarse del suelo, los huesos del informante habían sido golpeados agresivamente hasta hacerlo casi pulpa.


— Shizuo-chan—. Lo llamaba con falsa voz de cariño burlón —acaba con lo que comenzaste. Demuestra a todos que no eres más que una simple bestia, que eres ese monstruo tonto que siempre he creído que eres...— sus ojos carmesí refulgían, provocándolo, con la intención de llevar al rubio a la furia total.


El enojo seguía embargándolo, todo el coraje por las múltiples veces que había sido puesto en situaciones difíciles, todas habían sido culpa de ese sujeto que ahora se hallaba en el suelo. Izaya era el causante de todos sus males, era hora de acabar con eso de una vez por todas. Teniendo su objetivo claro comenzó a levantar la mano que sostenía un poste con el cual pensaba aplastar la sonrisa irritante de esa pulga miserable.


Fue Vorona quien detuvo al rubio al haber lanzado un cuchillo que dio en el brazo del pelinegro para después acercarse al ex barman. Y tomándolo del brazo lo detuvo — No lo hagas Shizuo... TU NO ERES UN MONSTRUO, no dejes que él te convenza de lo contrario, puedo matarlo pero no pierdas tu humanidad, él no lo vale—


Shizuo la miró sorprendido sintiendo de golpe el peso de lo que estuvo a punto de hacer, asintió a Vorona mientras volteaba a ver con odio a quien hasta ese momento había sido su más odiado rival — Nunca vuelvas aparecerte en Ikebukuro pulga, o será tu fin—



La risa de Izaya desde el suelo pues su cuerpo había cedido ante el ataque de Vorona detuvo lo que sea que Shizuo estuviera por agregar — ¡Vaya debo admitir que me equivoqué! — La risa era siniestra, odiosa para muchos, pero justo en ese momento Shizuo no pudo sentir todo el odio que él quería, algo en esa sonrisa le parecía demasiado falso, se dio cuenta que era la primera vez que podía ver a través de las mil máscaras de Izaya. Pero no pudo pensar más ni decir nada pues el pelinegro continuó —Una pena, pero al final resultaste ser tan humano como los demás, así que de alguna forma también mi amor por ellos te incluirá...


La mirada burlona del pelinegro quien había sido su némesis durante tantos años, y que ahora se hallaba en el suelo lastimado gravemente y muy ensangrentado, ese fue el recuerdo final que Shizuo obtuvo de Izaya... Y por motivos que sólo el rubio conocía y que prefirió no ahondar, verlo de esa forma no le había dado la paz que creyó alcanzaría una vez que su némesis hubiera desaparecido..."


Para todo el mundo esa batalla definió el vencedor de esa rivalidad casi enfermiza que había entre ellos y que había flagelado con destrucción durante años a Ikebukuro. Para quien los llegaba a conocer no cabían dudas que los dos se odiaban a muerte, además todos coincidían que habían sido solo el buen corazón de Shizuo el motivo por el cual Izaya seguía vivo tras esa final pelea.


Lo que nadie sabía es que detrás de esa eterna enemistad había una negación feroz de Shizuo a sentimientos ajenos al odio que habitan en él y que él no sabía cómo definir, todo porque hubo un momento de necesidad antes de la batalla definitiva entre ellos, donde habían hecho una tregua, misma que casi le hizo cambiar su forma de pensar con respecto al pelinegro, "casi" porque Izaya se encargó derrumbar sus dudas, cuando hizo algo deleznable y que encima se burló del rubio cuando éste expresó sus dudas, el rubio jamás olvidaría el sentimiento de odio que lo embargó cuando Izaya se burló de él por en verdad haber creído que podían ser amigos.


Detestó cada instante de risa, de burla del pelinegro, sobre todo porque muy en el fondo Shizuo había creído que todas esas veces que el informante habló de que fueran amigos lo decía en serio. Descubriendo amargamente después que solo había sido engañado vilmente por Izaya.


Aquella fue la última vez que hablaron, y fue el motivo de que su "tregua" de la que nadie sabía se terminara.


Lo único que todos vieron había sido la pelea final y el resultado: Izaya malherido había terminado en silla de ruedas, quién poco tiempo después desapareció sin dejar rastro.



Su puño apretó con fuerza las flores amarillas maltrechas que no supo porqué decidió llevar a la lápida de quien alguna vez fue su peor enemigo.


Dejó caer las pobres flores muy maltratadas sobre la tumba. — La ciudad está mejor sin ti pulga, espero que el infierno te esté tratando como mereces— espetó casi como en un gruñido.


Una llamada a su celular interrumpió su soliloquio, era Vorona quien le preguntaba dónde estaba pues se les haría tarde.


—En un lugar sin importancia, voy para allá— esa fue la escueta respuesta del rubio mientras daba la media vuelta alejándose de ese desolado sitio.



Llegó a donde lo esperaban los otros justo a tiempo, Tom se notaba nervioso — ¡Ah a Shizuo! ¡Ahí estás! Pensé que perderíamos el vuelo. —Tranquilizándose en el acto mientras una gran sonrisa de alivio se extendía por el rostro del buen Tom.



— Lo siento tenía cosas que hacer— decía apenado pues sabía que era importante para Tom que Shizuo lo acompañara esta vez.



Era la primera vez que saldría fuera de Japón, y sería un viaje muy lejano, irían a Nueva York. Tom tenía algunos asuntos con gente que vivía en ese lado del mundo.


Usualmente era solo Vorona quien lo acompañaba cuando tenía que ausentarse fuera, Tom hablaba japonés y medianamente decente el inglés. Vorona además de Japonés, hablaba un perfecto inglés, sabía otro idiomas como su natal Ruso. Además de ser muy eficiente en su trabajo, así que era la candidata perfecta para acompañar a Tom a los viajes fuera del Japón.



Era por eso que Shizuo quien solo hablaba japonés y muy mal el inglés miró con confusión a Tom cuando éste le había pedido que por esta ocasión los acompañara.



Se sentó en el avión del lado de la ventanilla, Vorona le había dicho que era mejor y más seguro para todos que él tomara ese asiento pues así no tendría contacto con demasiada gente. El rubio tendía a ser muy impulsivo y la impulsividad tendía a ser peligrosa si ocurría mientras iban en pleno vuelo.



El rubio cobrador miraba por la ventana, — ¿Vas cómodo?— Preguntó con si habitual seriedad Vorona, él solo asintió distraído mientras miraba por la ventanilla.



Sería un largo vuelo, y ahora su mente divagaba nuevamente en su archienemigo mientras molesto cerraba los ojos sin poder dormir.



En las últimas fechas, ya nadie sacaba el tema a colación, nadie hablaba de él, como si la mayoría de las personas se hubiera olvidado del informante.


Y ahora, cuando la ciudad entera parecía haberse olvidado del pelinegro, era cuando los recuerdos asolaban al rubio, como si el fantasma de Izaya Orihara encontrara placer en torturarlo a él.



Resopló molesto mientras veía por la ventanilla el vuelo,— ¿No puedes dormir?— Preguntó Vorona mientras rebuscaba algo entre sus bolsillos, — toma, son las pastillas que Tom-San se ha tomado por eso él ya está dormido,— Dijo mientras señalaba al prestamista quien ya se hallaba en un profundo sueño.



Shizuo se hallaba bastante cansado así que sin pensarlo se las tragó, esperando que estas hicieran efecto lo más pronto posible. La rubia le tomó la mano, —Descansa Shizuo— fue lo que dijo mientras se acercaba a su mejilla y depositaba un suave beso que lo sorprendió.



Ese inocente roce de labios por parte de la rubia, solo le recordó otro beso recibido tiempo atrás, y que aún seguía atormentándolo, pronto las pastillas hicieron efecto y se rindió al sueño, mientras lo último que veía para sí mismo era esa mirada carmesí en el fondo de su mente.



Quisiera o no aún había días que esa mirada lo atormentaba. En el fondo de su ser reprimía todas las preguntas "de lo que hubiera pasado si ambos hubieran hecho frente que habían dejado de ser enemigos, que se toleraban más allá de lo que era catalogado como buenos amigos..."


Corrección, de lo que hubiera pasado si el propio Shizuo hubiese aceptado que el maldito informante le

importaba. Cómo hubiera sido todo si el pelinegro no lo hubiese traicionado... Sus párpados comenzaron a sentirse pesados y el sueño lo arrastró al mundo onírico, haciéndolo ser un simple expectador de lo que allí acontecía:


"Abrió los ojos y observó alrededor, miró lo escena donde se hallaba ahora: Otra vez ese callejón, ya lo conocía de antes, vio la silueta de las nubes y las formas de la luna que se ocultaba tras estas.



Por alguna razón esta situación se sentía como un deja vú. De Pronto se vio así mismo, es decir a otra versión suya, avanzando por la calle junto a Vorona. Shizuo se asombró, era un recuerdo.



Escuchaba la conversación que él y la chica tenían. La conocía de memoria, sabía que en breve se despedirían, ella subiría a su apartamento y él seguiría su camino.




Hubiera querido gritarse así mismo que se abstuviera de ir por esos callejones. Se observó detenerse al escuchar algo, un ruido.


— No vayas, déjalo ahí... si vas te vas a arrepentir— se decía así mismo — fue como todo comenzó, por favor ¡No vayas! — Decía impotente y con los puños cerrados. Odiaba ver todos los eventos sin poder hacer nada por poder cambiarlos.



Se vio así mismo tararear una canción, feliz, mientras avanzaba por los callejones.



Se vio detenerse al escuchar un pequeño maullido, y correr a buscar el origen de tan lastimero lamento.



Vio la escena con tristeza, un pequeño gatito negro con motes blancos intentaba despertar desesperado a su madre, quien se hallaba muerta a su lado.




Shizuo lo sabía, si no intentaba ayudarlo el pequeño gatito moriría. De pronto, escuchó otros dos maullidos. Un gatito café y otro amarillo salieron desde las sombras.




Las tres peludas bestias se acercaron al rubio quien no tenía nada que ofrecerles. Se notaba que la madre había muerto días atrás y que los gatitos habían pasado todos esos días con mucha hambre. Si no los ayudaba pronto, morirían, pues eran demasiado pequeños para valerse por sí mismos y pudo ver entre las sombras otros dos cuerpecitos de sus hermanitos muertos, seguramente se habían dado por vencidos por la falta de alimento.



El rubio no tuvo corazón para dejarlos ahí, eso significaría condenarlos a muerte.



Como pudo tomó a los tres gatitos en su regazo y avanzó con ellos rumbo a su casa. Miró hacia las calles vacías de Ikebukuro, a esa hora solo las pandillas y alguno que otro despistado andaban por esos lares; aún decidiendo la mejor forma de llegar a su casa sopesó sus alternativas.



Sabía que el camino normal le tomaría más de una hora, decidió acortar por los callejones, así sería más rápido llegar a su destino: Su casa.


— No vayas por ahí, vete por el camino normal— se gritaba a sí mismo, pero sabía que no importaba cuán alto se exigiera las cosas, los hechos no cambiarían, sucedería lo que en su momento aconteció, suspiró resignado para ver en primera fila todo lo que acontecería sin poder cambiar absolutamente nada de lo que pasaría.


Shizuo avanzó haciendo malabares con los pequeños gatitos, temeroso de aplastarlos con su gran fuerza mientras ellos se subían sobre sus hombros.


— Tengan cuidado, no quiero hacerles daño— decía el rubio. No se había percatado de otra presencia que veía todo desde un cómodo lugar.



Izaya había ido esa noche a Ikebukuro para ver desde las alturas a sus "amados humanos".



«¡Vaya! ¡Pero que buena suerte he tenido hoy! El monstruo anda por aquí y ni siquiera me ha visto, vamos a sorprenderlo...»


Con una sonrisa maliciosa pensaba el informante, quién ya había sacado sus afilados cuchillos para comenzar a jugar con el rubio. Sin embargo antes de poner hacer algo se percató de algo que llamó poderosamente su atención.


«¿Qué demonios hace ese bruto con unos gatitos?»


Los pequeños seguían llorando por hambre mientras mientras la voz desesperada de Shizuo intentaba calmarlos.


— Ya, ya, ya casi estamos llegando a casa, pronto les daré de comer—




El informante realmente estaba tan intrigado con lo que veía, que olvidó la mesura y el hecho de que hacía pocos segundos atrás estaba por atacar al monstruo de Ikebukuro.



— ¿Se puede saber que intentas hacer ahora Shizuo-chan? Sabía que eras un monstruo pero llevarte esos indefensos animales para cenartelos es algo horrible incluso para una bestia como tú...— Decía el informante quien a muy particular estilo, estaba realmente intrigado y necesitaba detalles, y sabía que la mejor forma de conseguirlo era presionar algunos cuantos botones del rubio.



Pero siendo como era Shizuo, hacer eso con él era un movimiento arriesgado porque al ser tan impredecible la reacción del cobrador podría ser diferente a la que el pelinegro esperaba.


— Izayaaaa— gritó enojado Shizuo al escuchar esa odiosa voz, pero antes de agarrar cualquier cosa y aventársela unos maullidos asustados lo detuvieron y vio a los tres pequeños peludos que lo miraban con grandes ojos.



Volteó a ver enojado a su archirrival, mientras rechinaba los dientes y apretaba sus puños furioso.



— Tienes suerte pulga, hoy no pelearé contigo.— Fue todo lo que dijo mientras intentaba alejarse de ahí.


Pero la voz de Izaya cortó el tenso silencio. — Shizuo-chan no quiere jugar conmigo... ¡Que interesante!—



Izaya cuál si fuera un gato saltó desde donde estaba y comenzó a caminar sigilosamente, cuando Shizuo se percató el pelinegro ya estaba al lado suyo.



— ¡Pero que adorables gatitos! Es muy cruel que quieras cenártelos, te lo digo Shizu-chan eso es un acto muy malvado, incluso hasta para una bestia como tú— siguió intentando molestar al rubio.


El pelinegro no tenía intenciones de dañar en forma directa a las pequeñas y peludas criaturas, de hecho amaba a los gatos, pero su curiosidad por conocer, de qué impredecible manera reaccionaría el rubio al ser llevado a su límite era mayor que su amor por los felinos; así que si los pequeños terminaban siendo aplastados producto del enojo de Shizuo, sería un triste precio que Izaya estaba dispuesto a pagar con tal de ver lo que haría a continuación el cobrador de deudas.



Shizuo estaba realmente furioso, de todas las situaciones impredecibles en las que podía meterse, no esperaba que fuera una donde se involucrara Izaya, ¿Qué hacía esa pulga tan noche en Ikebukuro?



Realmente estaba furioso, aún así se las arregló para no ir tras él y golpearlo; sopesó sus posibilidades, suspiró resignadamente y volteó a ver a su rival.


— La madre de estos gatitos murió, si no los alimento seguramente morirán pronto también, así que estás de suerte, porque hoy no te perseguiré pulga, estoy por llevarlos a casa, aprovecha y disfruta en Ikebukuro, pero sólo por hoy y mientras se mantenga esta frágil tregua y no me ataques a traición y dañes a los gatitos.—


El pelinegro abrió los ojos asombrado.



«Nunca me decepcionas monstruo... Siempre siendo tan impredecible...»



— ¿Así que una tregua eh? ¡Interesante!— Saltó emocionado el informante.



— Sí, eso he dicho, ahora ¡Ya puedes largarte pulga!— El rubio trataba de controlarse por el bien de los mininos, incluso le había extendido una maldita tregua a su rival y éste parecía que lejos de tomarla y huir quería quedarse ahí y torturarlo.


— Pero Shizuo-chan, vas a necesitar ayuda o esos pobres animales se van a morir...— Decía el pelinegro con esa voz de fingida amabilidad que tanto hacía enfurecer al rubio. Quién lo miró de soslayo lanzándole una dura mirada que prometía furia si no lo dejaba en paz.



— ¡Que te largues Pulga! No necesito de tu ayuda.— la paciencia del rubio se estaba agotando rápidamente.



Pero Izaya estaba encantado con la situación, si bien Shizuo era el único ser impredecible a quien no podía leer y que actuara como él quería, eso no le quitaba el atractivo como espécimen raro que era, quería saber que haría en ciertas situaciones así que decidió empujar más su suerte.


Nuevamente con voz de fingida inocencia se acercó mas al rubio y sin que éste lo esperara tomó con agilidad a uno de los pequeños mínimos que se aferraban al pecho del ex barman. — Pero bestia... ¿Qué sabes tú de gatitos? Si no te brindo ayuda seguramente terminarás aplastándolos o se te morirán de hambre, ¿Sabes los cuidados iniciales que debes tener para ellos?—


Su voz amable y dulce irritó de sobremanera al rubio quien no pudo soportar más y terminó gritándole a viva voz.


— ¡No los toques pulga asquerosa! —estaba por alzar su puño pero Izaya puso como escudo al gatito que había tomado además los otros mininos comenzaron a maullar muy asustados por el tono tan alto y enojado que había usado Shizuo.



El rubio detuvo su puño en el aire y respiró profundamente intentando controlarse.


«Esa estúpida pulga solo quiere sacarme de mis casillas, pues no lo va a lograr»



— Muy bien si tanto deseas ayudarme aceptaré tu ayuda— Comentó tranquilamente el rubio, sorprendiendo una vez más pelinegro, quien realmente no se esperó una respuesta de ese tipo del rubio.



— ¡Entonces seremos amigos!— Comentó Izaya mientras sonreía en forma maquiavélica y feliz.



Shizuo arrepintiéndose ya de su impulsividad y conociendo lo retorcida que podía ser la mente de su rival decidió dejar en claro sus condiciones para dicha tregua.


— Nada de amigos pulga— resopló molesto — No nos atacaremos mientras dure la tregua, tampoco puedes usarlo para dañar a la gente cercana mía ni puedes hacer cosas malas frente a mí o la tregua se termina.—



Izaya miró aún más impresionado al rubio, dándose cuenta que no era tan tonto como a veces el creía. — Shizuo-chan rompes mi corazón al decir que no quieres ser mi amigo, pero puedo vivir con eso...— Decía mientras hacía un gesto que daba a entender que le había roto el corazón




Dos segundo después lo miró de nueva cuenta emocionado —¿Entonces mientras seamos amigos podré entrar a Ikebukuro cuando yo quiera? —Decía con ojos emocionados el pelinegro.



El rubio ya estaba realmente arrepintiéndose de lo que había ofrecido al ver la reacción emocionada del pelinegro, tanta felicidad le decía que lo que el informante estaba maquinando no sería nada bueno.




Además casi sintió un tic en el ojo cuando el otro volvió a decir que estaban siendo amigos, —Nunca dije que podrías venir cuando quieras pulga, y NO SOMOS AMIGOS—



Pero el informante no lo estaba escuchando y siguió revoloteando alrededor del rubio.


—¿Pero Shizuo-chan como voy a ayudarte si no puedo venir? Acepto tus términos, no haré nada contra tu familia, Tom, Shinra, Vorona ni Celty... mientras seamos amigos... ¿Olvidé a alguien más?— preguntaba Izaya tratando de recordar alguien más.




El rubio molesto lo miró — Hablo de todos nuestros conocidos Izaya—




El pelinegro miró al rubio con mala cara, — Shizuo-chan yo no te estoy limitando así, es muy injusto todas las condiciones que me pones, pero por el bien de nuestra nueva amistad acepto que frente a ti no atacaré a nadie, bueno Vorona siempre que ella no me ataque no responderé, si ella lo hace entonces deberé defenderme, creo que eso hasta un bruto como tú lo entiende— decía el informante mientras miraba alegre al rubio, para después con los ojos muy brillantes de la alegría casi gritar— ¡Me encanta esto de nuestra nueva amistad monstruo!—


Emocionado decía el pelinegro mientras el tic en el ojo de Shizuo se acrecentaba. — Pulga odiosa es una tregua por el bien de los gatitos en cuanto estén mejor se acabará, no significa que puedas venir a hacer tus tonterías a Ikebukuro, ni tampoco que seamos amigos, ¡Deja de gritar eso a los 4 vientos!—


Furioso decía el rubio mientras una vena ya se remarcaba en su frente, y un dolor de cabeza amenazaba con comenzar.


Izaya miró al rubio — Vaya a veces dices cosas muy brillante bestia... tienes razón nuestra amistad debe ser secreta, sería muy sospechoso que de la noche a la mañana seamos amigos frente a todos, muy bien ¡ACEPTO LA TREGUA! ¡Ahhh! Y con respecto a la última condición que diste de tener una amistad secreta, también lo acepto.—



El rubio golpeó su frente contra la pared, Izaya era imposible. — Pero yo nunca dije... ¡Argh! Olvídalo... — Sabía que la pulga ya había decidido ayudarle o más bien molestarlo en sus asuntos y mientras no le clavara un cuchillo en la espalda o dañara a sus seres queridos se daba por bien servido, además así al menos podría vigilarlo de cerca.


— Entonces ¿que es lo que debo hacer?— decía mirando al pelinegro.


Éste lo miró como quien habla con un niño de tres años, —debemos llevarlos a la veterinaria, para que los revisen, los vacunen y te digan que comida comprar y cada cuanto se les debe de dar...—


—¿Veterinaria? — Dudoso comentó el rubio, su paga como cobrador no era mala pero debido a los mil incidentes en lo que luego se veía involucrado no tenía la solvencia económica tan acomodada que desearía tener. Y lo que Izaya sugería se escuchaba costoso.


—Pensé que con llevarlos a la casa, despulgarlos y darles un poco de leche y pescado era suficiente...— Decía afligido el rubio mientras se rascaba la cabeza.



El pelinegro se masajeó las sienes mientras negaba y avanzaban, — ¿Ya ves que si necesitas de mi ayuda monstruo? Sin mí ya hubieras matado a esos indefensos gatitos— Llegaron al hospital de mascotas que se hallaba abierto las 24 hrs.


Izaya no era tonto y sabía que un lugar así era demasiado costoso para alguien como Shizuo, así que tomó los gatitos que faltaban del regazo del rubio.


— Espera aquí Shizuo-chan, iré a llevarlos yo...— pero el rubio lo miró desconfiado, — Te acompañaré — dijo en forma hosca pero el pelinegro negó con la cabeza.



— A veces me sorprende lo bruto que puedes ser bestia.... Si me acompañas el veterinario verá extraño que tú y yo seamos amigos y empezará a regar el rumor por todo Ikebukuro... habíamos quedado de que fuera un secreto ¿No?


El rubio de verdad quería estrangular al pelinegro — Nunca acepté que seamos amigos...— Lo miró de mala manera pero el informante inmediatamente rebatió — Excelente así debe de ser siempre, nadie debe saberlo— Guiñó el ojo y se metió al hospital veterinario.


Mientras el rubio se palmeaba la frente — En qué me metí...—



Ver todo lo que había acontecido sin tener el poder de cambiar nada era desesperante para Shizuo quien veía los hechos como si de una película se tratara...



Miró a Izaya ingresar al lugar y a él mismo esperar afuera sin hacer otra cosa más que fumar.


—Si tan solo hubiera rechazado a ese idiota desde el principio...—



El sueño comenzó a cambiar de sitio, parecía que lejos de ser algo onírico eran simplemente sus memorias pero... ¿Qué no se suponía que los sueños debían ser cosas aleatorias e incongruentes? ¿Porque él estaba ahí sabiendo que eso era un sueño y que estaba viendo lo que de verdad pasó?



El nuevo sitio lo reconoció como su propia casa... más bien su antigua casa la que cambió por un apartamento después de todo lo sucedido, porque a pesar de todo no pudo seguir viviendo en ese lugar o los recuerdos lo acosarían día y noche hasta volverlo loco.


— ¡Como se te ocurre querer bañarlos con agua fría! No cabe duda que eres un protozoario — decía el pelinegro mientras veía a las pobres criaturas correr despavoridas para refugiarse detrás de Izaya quien se reía al ver a Shizuo todo mojado y lleno de arañazos.



— Cállate pulga o te aventaré las cosas— Molesto decía mientras Izaya aún riéndose dejaba las bolsas que había llevado sobre la mesa.


— Calientas agua primero y pones una toalla en el piso para hacer menos traumático el asunto, son gatos Shizuo-chan, son enemigos del agua por naturaleza.—



Para ser un ser tan antisocial y un sociopata, el rubio comenzaba a pensar que Izaya sabía bastante de los gatos, de hecho entre más comenzaba a tratar al pelinegro veía demasiados parecidos entre esos inteligentes animales y su rival.



—Además les das de comer antes de bañarlos, para bajar el grado de estrés, ¿Acaso no escuchaste nada de lo que te dije antes de irme ayer?— Lo amonestaba entre risas el informante, mientras Shizuo comenzaba a sentirse como un chiquillo regañado y por tanto sus mejillas se sonrojaron al darse cuenta que la tonta pulga estaba regañándolo y con justa razón, eso lo avergonzó bastante.


—¿Que traes en las bolsas? — Desconfiado y escéptico preguntó.


— ¿Mmm?— volteó a verlo con confusión el informante mientras revisaba que el agua ya estuviera en la temperatura adecuada para retirarla del fuego.



La primera vez que Izaya había entrado a la casa de Shizuo le gustó lo que vio, minimalista con pocas cosas y ordenadas, con algunas fotos de su familia, típico del monstruo.



Miró al rubio quien seguía esperando su respuesta —la cena y algunas cosas para los gatitos, que más va a ser— decía mientras encogía los hombros con indiferencia.


Aún le desconcertaba al rubio la actitud de Izaya, actuaba como si realmente fueran amigos de toda la vida y no los acérrimos rivales que se perseguían por toda la ciudad destrozando todo a su paso para matarse uno al otro.


Sentía que en cualquier momento el moreno le lanzaría algún cuchillo a traición.


—¿Vienes? ¿O pretendes que sea yo quien bañe a esas pequeñas bestias?— Decía mientras Shizuo lo seguía cuál cachorrito para ayudarlo con todo.



El verdadero Shizuo que veía todo como un vil espectador cerró los ojos y apretó los puños, aún sabiendo que todo eso había sido mentira que ellos no habían sido realmente amigos, la pérdida de esa complicidad le dolió y aún le dolía, en el poco tiempo tratando a Izaya, él se volvió parte de su vida y le importó ¡Realmente a Shizuo le importó!



Pero claro hablábamos de Izaya Orihara, como el buen sociopata que era, torcería las cosas y dejaría todo arder, todo con tal de ver las reacciones y acciones de los demás.



Por hacerlo importarle, por hacer que Shizuo realmente considerase a Izaya como alguien a quien estimaba, era por eso que el rubio jamás iba a perdonar al pelinegro. Porque lo hizo preocuparse por él, hacerle creer que eran amigos, que entre ellos podían ser las cosas diferentes para después clavarle un puñal por la espalda.



Abrió los ojos para seguir viendo la escena que frente a él se desarrollaba.


— ¡No les eches el agua tan fuerte, eres un bruto! ¡Ahhhh! ¡Deja de echarme a mí el agua! ¡Protozoario, debes de bañar a los gatos no a mí!— Se quejaba Izaya mientras sentía el agua empaparlo y veía de mala manera al Rubio.



— ¡Los gatitos se mueven demasiado, no era mi intención pulga!—Decía divertido el rubio mientras veía la mirada envenenada que le lanzaba el pelinegro.


—¡Eres una bestia tonta Shizuo-chan!—replicaba, mientras sufría dramáticamente y el rubio le echaba el agua directamente a la cara y se reía a carcajadas del informante...


El ex barman miraba como transcurría la escena y sentía que muchos sentimientos se revolvían en su pecho, tragó fuertemente, mientras el escenario de disolvía entre humo y cambiaba a otro instante entre ellos.


Otra escena más, ellos jugando con los gatos — ¡Basta! ¡sácalos de encima de mí pulga!— Aterrado decía mientras los gatitos atacaban sus piernas persiguiendo los puntos de luz que Izaya proyectaba sobre el rubio con un láser, mientras el cobrador aterrado temía hacer un movimiento brusco y lastimarlos pero sus pequeñas uñas aún no habían sido limadas y eran dolorosas cuando las clavaban en sus piernas al intentar escalar su pantalón siguiendo ese esquivo punto rojo.



La risa de Izaya que anteriormente le parecía insidiosa y repulsiva, se percató con asombro ya no le generaba ganas de matarlo como antes, hasta comenzaba a disfrutar oírla.



Tal vez su odio contra el pelinegro había disminuido, a pesar de que sabía que éste seguía realizando actos clandestinos, se mantenía muy fuera del radar de Shizuo y completamente alejado de la gente que a él le importaba. Aún así esperaba que en cualquier momento el informante revelara su plan.



La escena volvió a cambiar mostrando varios otros grandes y buenos momentos que sin querer aceptarlo en ese momento hicieron que poco a poco Shizuo bajara la guardia hasta comenzar a considerar a su gran archienemigo como un amigo más.


Una nueva escena llegó, una que debió alarmarlo y recordarle quién era en verdad la pulga, pero como el tonto que Izaya decía que era, no vio las señales.


Jamás le había dado una llave ni nada pero el pelinegro no la necesitaba para poder abrir esa sencilla puerta sin dañar la cerradura y entrar como si fuera su propia casa.


— Llegas tarde comentaba serio el rubio mientras fumaba tranquilamente su cigarro— En parte lo hacía para fastidiar al informante, con quien estaba molesto.



Habían quedado de llevar al veterinario a los gatos para una revisión de rutina, hacía tres meses que los había salvado el rubio y ahora ya se veían más saludables, tal vez podría darlos en adopción y conseguirles familias que los cuidaran mejor que ellos dos. A pesar de tener una relación más cordial, Shizuo dudaba cuanto más podrían mantenerse en buenos términos, antes de que Izaya hiciera de la suyas, aún así comenzaba a albergar la esperanza de que el moreno realmente cumpliera su palabra.



— Tenía otros asuntos que atender Shizu-chan— dijo en tono alegre como si el tono de censura en la voz del rubio no fuera nada.



Puso sobre la mesa una bolsa con algunos platillos que había pedido, — Traje la cena...— De pronto se detuvo, — Argh, ¡Estúpido Protozoario! Si quieres matarte hazlo cuando yo no esté, deja de fumar esas porquerías— molesto decía el pelinegro, pues odiaba el olor de esos cigarros que tanto le gustaban al rubio.




Shizuo sonrió y dio una calada aún mayor soltando todo el humo casi sobre la cara del moreno.




— ¿Para que veniste si ya fui a ver al veterinario?— fue la escueta pregunta del Shizuo.




Izaya se dejó caer en el asiento teatralmente — Intenté terminar mis ocupaciones antes monstruo, verás no todos como tú tenemos un trabajo con un horario laboral definido—




El cobrador de deudas estaba molesto y ni sabía el porqué, últimamente la ansiedad había comenzado a atacarlo, pues Izaya estaba siendo mas esquivó nuevamente, y comenzaba a echar de menos esa rutina extraña que en los meses anteriores habían creado: Cuidar de los gatitos y cenar juntos al menos 4 veces por semana.




— Veo que estás de malas Shizu-Chan y la verdad estoy cansando para pelear con una bestia malhumorada, será mejor que me retire— Comentó mientras se levantaba, hasta ese momento el rubio no se había percatado de una cosa: Izaya estaba herido.




Cuando el pelinegro se levantó, lo hizo demasiado rápido, tanto que la pérdida de sangre que había sufrido le había jugado en contra, se tambaleó sin poder evitarlo.




— ¿¡Pulga!? — Preguntó extrañado por el comportamiento errático del otro, mientras se acercaba al mismo.




— Estoy bien, —comentó tranquilo mientras su sonrisa de autosuficiencia intentaba dar la apariencia de que todo estaba bajo control.




Pero el vértigo golpeó con fuerza al informante, quien se sostuvo de la mesa. — Es todo me retiro— Comentó tranquilo dirigiéndose hacia la puerta pero la voz del rubio lo detuvo.




— Pero acabas de llegar, al menos cenemos— Decía mostrando las bolsas con la cena que el otro había llevado. Si el amable y confiado Shizuo se detuviera a observarlo un poco más en detalle podría darse cuenta de lo tensa que era esa sonrisa que intentaba pasar por casual, que el sudor comenzaba a perlar esa pálida frente y que leves escalofríos recorrían el cuerpo del infame informante.



— Puedes quedarte con todo— fue la lacónica respuesta de Izaya, intentando avanzar rumbo a la puerta, sin darse cuenta que el rubio se había acercado a él y lo tomó el brazo, soltándolo al instante.



—¡Estás ardiendo en fiebre!— comentó preocupado Shizuo, no escuchando más sus reclamos lo llevó al sofá donde lo recostó.




— Sólo es una reacción debido a una pequeña herida que no me atendí a tiempo, ya estoy tomando antibióticos— Comentó indiferente pero el rubio no era ningún tonto, y rápidamente se percató de la herida que estaba oculta bajo su chamarra.




Más escenas de esa misma noche pasaron frente al rubio, él limpiando la herida del otro, él bajandole la fiebre, él dormido en el sofá mientras Izaya se hallaba descansando en su cama.




Sin que se lo hubieran propuesto realmente, empezaban a ser amigos... No, Izaya logró que Shizuo creyera en esa farsa de amistad que el moreno creó para engañarlo...



Aún recordaba la cara de asombro e incredulidad del informante al despertarse en la cama de Shizuo y ver que el cobrador de deudas estaba ahí en vigilia bajándole la fiebre.



—¿Por qué lo hiciste? — Dudoso preguntó mientras se levantaba de esa cama confortable.



El rubio solo encogió los hombros, como si el pasar la noche en vela fuera nada, — Eso es lo que hacen los amigos...— Comentó, mientras Izaya lo miraba fijamente, solo ladeó la cabeza y se quedó perdido en sus pensamientos un momento, antes de decir —¿Amigos eh?— Una sonrisa más franca se extendió por su cara, mientras Shizuo se trataba de justificar ante lo dicho — Eso es lo que te la vives diciéndome —



El pelinegro simplemente se levantó y estiró como si fuera un gato —Bien Shizu-chan, con que amigos, no olvidaré esto, y yo Izaya Orihara siempre pago mis deudas y más a los amigos—


Y antes de poder retirarse como era su intención, Shizuo no pudo evitar preguntar algo que lo había estado preocupando toda la noche.



—No se en que estés metido pulga, pero ese corte era muy feo y profundo... deberías tener más cuidado.— Fue lo que un poco incómodo dijo el rubio.



Izaya no podía dejar de ser quién era y más ahora que tenía que dar su mejor actuación.


— ¡Ohh que conmovedor! ¡Una bestia preocupada! Mi amigo el monstruo, ¿No suena encantador?— La sonrisa brillante tenía toda la clara intención de fastidiar al rubio quien se sonrojo violentamente al sentir la burla del pelinegro.


— Yo no soy al que le dieron una paliza ni el que va recibir otra más si sigue comportándose como un idiota...— Lanzó advertencia mientras miraba al pelinegro.



— Como sea es hora de retirarme — Fue todo lo que dijo antes de huir rápidamente de ahí.



La mente de Shizuo siempre le reprochaba no haberlo obligado a quedarse, tal vez si él lo hubiese hecho, Izaya pudo contarle algo y las cosas hubieran sido diferentes.


— Oh hubieran pasado de todas formas exactamente igual porque esa pulga es un maldito sociopata desgraciado...— Fue todo lo que pudo decirse así mismo antes de que lo que estaba viendo se disolviera y una bruma pesada embotara sus sentidos.



Lo siguiente que Shizuo supo es que estaba pardadeando mientras aturdido intentaba recordar en donde se hallaba en esos momentos. Su mente regresó más a la realidad, ubicándolo por fin en el presente, se hallaban en el vuelo trasatlántico que los llevaba de Japón a Estados Unidos. Habían tomado el vuelo nocturno así que a esa hora todas las luces se hallaban apagadas, excepto las pequeñas líneas que mostraban el camino de los pasillos que conectaban a los baños al final del mismo.



Volteó a su derecha, la ventanilla del avión le mostraba que era de noche y la negrura del cielo era todo lo que alcanzaba a divisar, — Mmm argh— un quejido suave salió de él mientras sentía el dolor de su cuello por estar tanto tiempo dormido con la cabeza colgando e intentaba levantar su muñeca para consultar la hora en el reloj de mano.




Debido a la oscuridad que envolvía todo, no se había percatado que alguien del asiento de frente no estaba sentado correctamente, más bien estaba sobre el asiento, de rodillas sobre saliendo así y viendo directamente hacia Shizuo.



El rubio aún sentía el sueño adormecedor que tiraba de él para volver a sumirlo en su bruma, aún así hizo un intento y volteó a ver el perfil de la persona que lo miraba desde el asiento de enfrente en forma fija.


Aún cuando le sueño casi lo vencía pudo ver una capucha que cubría todo el pelo de la persona y casi toda la cara, pero algo lo congeló, el brillo de esos ojos, ojos color rojo... ojos color carmín, como los de él... su antiguo rival...


Eso puso solo un poco más alerta a Shizuo, quien en un susurro suave, como con miedo que el otro desapareciera con tan solo nombrarlo lo llamó — Izaya...



La persona siguió viéndolo, esos ojos refulgieron, y en un susurro tan suave con el que el mismo Shizuo lo llamó, el extraño contestó:


— Shizu-chan, no sabía que por fin te habías atrevido a dejar Japón...—


El rubio solo lo miró asombrado, aún no podía ver nada de la cara del extraño, las sombras cubrían casi todo el rostro al estar todas las luces del avión apagadas pues era la noche y todos descansaban, ese juego de luz y sombras no lo dejaban ver más que ciertas partes, casi nada, pero la voz... Esa voz cantarina, que a pesar de no decírselo a nadie soñaba con volverla a oír, hizo que toda su piel se erizara y sin poder detenerse susurró:


— Estás vivo...


La suave risa de Izaya se escuchó. — ¡Oh monstruo! Es una pena que eso no sea cierto, pero... Me encantó volverte a ver aunque solo sea en un sueño... Una pena que ya no podamos jugar más... Dime Shizuo-chan ¿Extrañas perseguirme por todo Ikebukuro?—



— Para nada... jamás Ikebukuro ha sido más pacífico que ahora Izaya... nadie... nadie te extraña y menos yo...—


Intentó poner en orden sus pensamientos, pero la sonrisita de Izaya se escuchó en forma baja — Que mal mentiroso eres Shizuo-chan... ¿O más bien debo llamarte monstruo de Ikebukuro? Ahora que ya no estoy y necesitan un culpable tienden a hacerte responsable de todas las desgracias... ¿Lo sabías?



El rubio era consciente de eso, había escuchado rumores desagradables que lo incluían en situaciones donde él jamás estuvo, pero todo le daba igual, simplemente ante la pregunta de Izaya encogió los hombros, mostrando su indiferencia.


De pronto el estómago del rubio rugió, por haberse quedado dormido tan pronto como se subió al avión, no había alcanzado cena.


La suave risa de Izaya llegó a los aún adormilados oídos del rubio cobrador de deudas.




— ¡Que voy a ser contigo Shizu-chan! Tan bruto como siempre— dijo en voz muy suave mientras negaba con la cabeza, mientras su risa cantarina se filtraba por el lugar, metía una mano dentro de su chaqueta y tomaba un sobre de algo que parecía comida, y lo puso sobre la mesita plegable de desayuno que estaba frente al asiento del rubio, eso y una bebida de chocolate.



—Será de ayuda para cuando despiertes y tengas hambre...— fue todo lo que dijo y un poco de su sonrisa encantadora pudo verse, además del brillo carmín de esos ojos, pues aún se mantenía semi oculto a través de la capucha que le cubría la cara, mientras volteaba a ver el pasillo, como si pensara levantarse de ese asiento en cualquier momento.


— ¡Espera no te vayas!— Dijo tono un poco más alto Shizuo, intentando levantarse pero aún tenía puesto el cinturón de seguridad, además Izaya de inmediato lo tomó de los hombros y lo empujó a su asiento.



—Shhhhhh— lo calló mientras ponía su dedo sobre los labios de Shizuo, el rubio abrió un poco más los ojos, a pesar de todavía hallarse embotado por la medicina que había tomado, conocía el aroma de Izaya, que en otras épocas llegó a decir que era asqueroso, siempre olía como si fuera la primavera en oriente: El sándalo y la lavanda de alguna forma se desprendía de su piel, odiaba ese aroma, porque desde que lo inhaló la primera vez le gustó demasiado y el shock de saber que ese delicioso aroma le pertenecía a su enemigo acérrimo lo hizo lamentarse, le hizo revolverle el estómago... odiarlo.


Los dedos de la mano derecha de Izaya seguían sobre los labios del otro, callándolo así, mientras la otra mano comenzó a acariciar con delicadeza la mejilla del rubio.


—No hagas tanto ruido Shizuo-chan, harás que Vorona se despierte, y dejará de ser divertido. — lo reprendió en forma amable, mientras volteaba a ver a la rubia quien dormía al lado.


Izaya la siguió viendo, admirando la cara de la durmiente mujer — Ella es hermosa— decía mientras seguía admirando a la mujer rusa que se hallaba profundamente dormida al lado del rubio, su cabeza descansando ligeramente sobre el hombro del ex barman.


Sin poderlo evitar el rubio quien aún sentía los finos dedos de su rival sobre sus labios, inhaló fuertemente esa esencia que tanto tiempo había deseado volver a disfrutar: el aroma de su enemigo. Quiso preguntar muchas cosas pero de alguna manera la bruma de somnolencia, que la pastilla para dormir que se había tomado al despegar, comenzaba a jalarlo nuevamente, lo quería llevar de nueva cuenta al fondo del mar de los sueños...


— Vorona es hermosa, una novia perfecta para ti monstruo, y una asesina como tú, la apruebo como tu compañera, haces bien en tenerla a tu lado...—



Shizuo abrió los ojos nuevamente sorprendido al escuchar a Izaya, pero antes de poder decir algo fue el pelinegro quien habló nuevamente.


— ¿Qué como sé que estás con ella? ¡Ahhh bestia me decepcionas!— Decía mientras negaba con la cabeza.



Se inclinó más desde el asiento donde estaba sentado el otro, acercándose más a la cabeza del rubio — Yo solo estoy en tu cabeza Shizuo-chan... Conozco más que nunca todos tus secretos... como aquello que nunca quisiste aceptar...— decía mientras se inclinaba sobre el asiento acercándose más y más.



Shizuo solo lo miraba sin creerlo realmente, — Izaya...— Fue todo lo que pudo decir mientras el pelinegro se acercaba cada vez más a su cara, quedando los labios del moreno a milímetros de los suyos, sintiendo la respiración uno del otro, mientras la mano que lo había callado ahora acariciaba su nuca y la otra seguía gentilmente acariciando su mejilla, y esos ojos rojos lo miraban profundamente.



Un ruido al final del pasillo donde estaban los baños, cercano a la cola del avión hizo que el pelinegro desviara su vista unos segundos para después volver a verlo.




— Vive una buena vida Shizuo-chan— Fue todo lo que dijo mientras le daba un beso suave que robó el aliento del rubio, un beso tan ligero que apenas fue un leve roce de labios, —duerme ahora...—



El rubio había estado luchando tanto tiempo contra los efectos de la pastilla que simplemente ya no pudo rechazarlo más, como si la voz de Izaya fuera el comando que activara el mundo de los sueños, cayó en una espiral, un descanso sin más recuerdos...



Cuando abrió los ojos nuevamente fue porque las luces del avión se habían encendido... La azafata a lo lejos comenzaba a servir el desayuno a los de primera clase.



—¿Dormiste bien?— en tono serio pero amable preguntó Vorona. Shizuo aún confundido volteó a ver a su alrededor...


«¡Izaya! Él...de verdad ¿Era él? ¿O era mi imaginación?»


Sin contestar aún a la rubia mujer comenzó a ver para todos lados, se quitó el cinturón de seguridad que aún lo retenía al asiento y que no quería romper jalándolo demasiado fuerte para no meterse en problemas. Y se levantó en su lugar para poder ver a las personas que estaban en la fila frente a él, una mujer rolliza de cabellos cobrizos estaba dormida en el asiento pegado al pasillo, en medio no había nadie, ahí descansaba la bolsa de la mujer y pegado a la ventanilla estaba un hombre con una capucha que le cubría la cara dormido.


Sin pensar en lo que hacía le quitó la capucha al hombre haciendo que despertara asustado, pero se apenó con su misma acción al ver que la persona distaba de ser Izaya.


— ¡Qué diablos haces! — Enfadado dijo el tipo.


Shizuo confundido solo alcanzó a decir — Lo siento lo confundí con alguien más y sentándose de nuevo en su sitio.


— ¿Qué estás haciendo Shizuo? ¿Estás bien? ¿Tuviste una pesadilla?— Preguntó en forma amable Vorona.



El rubio se recargó en su asiento.



«¿Que qué estoy haciendo?¡Ni siquiera yo lo sé!» Fue lo que con frustración pensó.


Cerró lo ojos un momento para reorganizar sus ideas... Comenzaba a asimilar que todo había sido un sueño. Aunque aún podía sentir la delicada caricia del informante sobre su piel, aún hormigueaba los finos trazos que hizo el pelinegro con cada toque que le dio.


«¿En verdad fue todo un simple sueño? ¡Maldita sea se sintió tan real!»


Apretó fuertemente sus puños, mientras cerraba con más fuerza sus ojos, a su mente venía el instante en que Izaya selló sus labios sobre los de él.


Aún podía saborear esa tierna caricia.


— Shizuo... ¿Estás bien?— Volvió a preguntar Vorona, con un dejo de preocupación en su voz.


El rubio solo asintió sin aún abrir los ojos — Solo me siento un poco adolorido por estar tanto tiempo sentado, además que no comimos nada ayer...— comentó con voz cansada.


La voz de la rubia, y lo que dijo a continuación, lo hizo abrir los ojos.


—Si tienes hambre puedes comerte lo que dejaste en la mesita frente a ti... —


Tom quien también ya se había despertado miró curioso lo que había en la mesita de Shizuo, —¿Pasó en la noche la azafata? ¿O fue ahora y tampoco alcancé desayuno?—


Shizuo abrió los ojos sorprendido y vio el paquete de comida que habían dejado en su mesita, y la cajita de leche de chocolate y sus ojos se agradaron.


«Entonces... E-entonces... lo que pasó en la noche... fue... ¿Fue real?» El rubio estaba en shock, no sabía qué pensar.


«Eso quiere decir que Izaya está... que él está...»


Pero no pudo ni decir la frase pues sería algo demasiado difícil de creer.


—Debo ir al baño— fue todo lo que dijo levantándose, y mientras avanzaba por el pasillo pues el sanitario se localizaba en la parte de atrás del avión, caminaba lentamente con el propósito de ir estudiando todas las caras que veía, intentando hallar entre ellos al pelinegro.



Llegó al pequeño cubículo que era el sanitario y se lavó la cara mientras se veía en el espejo...


«¿Fue real lo de anoche? ¿O solo lo imaginé?»


Desesperado, tomó más agua entre sus manos y se enjuagó con más fuerza la cara.


«Esa comida no estaba ahí cuando me dormí, debió de ser real...» Sus pensamientos era un caos.



La necesidad por descubrir la verdad lo hizo salir de ese pequeño cubículo y caminar por todo el pasillo, incluso pasando de largo su propio asiento, llegó hasta la parte que dividía la clase turista donde ellos iban sentados de la ejecutiva y más adelante estaba la zona de primera clase.


Desde donde estaba podía ver la mayoría de las caras de la mitad de la clase ejecutiva pero no a todos, así que avanzó toda esa zona mirando todos los rostros pero nada, hasta que llegó a la zona que lo dividía de la clase premier, fue en ese momento que una azafata sonriente se paró frente a él en el pasillo, deteniéndolo.


— Señor, ¿Necesita ayuda con algo? — en forma amable preguntó la aeromoza, pero sin moverse del pasillo de entrada a la clase premier.


— Ammm yo... Yo estoy buscando a un amigo, el tomó su asiento en una clase arriba de la turista, supongo que está en esa sala, iré a ver...— Comentó en forma amable, rascándose la cabeza.


Pero la azafata no se movió del lugar, aún con la sonrisa en la cara en forma amable pero firme dijo — Denme el nombre del pasajero que busca y yo con gusto me encargaré de revisar en qué clase se encuentra viajando.



Shizuo se dio cuenta que no solo era esa azafata sino varias más que lo veían con desconfianza, además de la gente de la clase ejecutiva que le daba la misma mirada. No quiso hacer un escándalo mayor a pesar de las ganas que tenía de mover a la mujer e ir a revisar por sí mismo.



— Su nombre es Izaya, Izaya Orihara...— comentó en voz baja, el solo hecho de decir su nombre en voz alta le generó un repentino escalofrío, y un placentero burbujear en su boca y en todo su cuerpo por el simple hecho de haberlo nombrado, como si ese nombre por sí solo llevara alguna clase de sortilegio oculto.



— Espere un momento por favor, ¿Señor...?—decía amable mientras hablaba con otra de sus compañeras y esta se alejaba rápidamente.


— Heiwajima, Shizuo Heiwajima.— se presentó.



Shizuo comenzaba a sentirse realmente incómodo considerando que tal vez a veces sus actos impulsivos lo metían en situaciones complicadas, aún así él realmente deseaba saberlo.



La otra azafata regresó y habló en voz baja con la que estaba atendiéndolo y de cierta forma impidiéndole pasar a la primera clase.


— Los siento señor Heiwajima, no hallamos a nadie con el nombre Izaya Orihara que venga en este vuelo, llegando a Nueva York podemos preguntar a atención a clientes para saber en qué vuelo viajó su amigo— amable comentó.



La sonrisa dulce e indulgente seguía adornando los labios de la señorita.


— Ya veo... Gracias...— fue todo lo que dijo volviendo a su asiento donde Tom y Vorona lo miraron con curiosidad pero sin saber lo que había preguntado a la azafata pues todo se había hablado con voz demasiado suave para ser escuchada por ellos.



Se sentó de nueva cuenta en su asiento mirando el paquete de comida y la cajita con leche de chocolate, sin entender quién había sido la persona que se lo dejó en su lugar.




«Tal vez dormido llamé a una azafata...» Terminó de saborear la comida que estaba frente a él y cerró los ojos.



«Sólo fue un sueño... Este viaje a Nueva York me ayudará a dejarlo atrás...»




Cerró los ojos, ya había visto que aún faltaban algunas horas de vuelo y no tenía ganas de hablar con nadie, ni siquiera con Vorona y Tom.




«Nueva York... suena aún sitio interesante»



Abrió ligeramente los ojos, la cara de Vorona lo miraba y sonreía ligeramente, él también le sonrió... No eran novios oficiales pero, como el "Izaya imaginario" sugirió, harían linda pareja y por eso había aceptado lo propuesto por la rubia algunas semanas atrás, tomó suavemente la mano de la chica y la apretó ligeramente mientras ella se sonrojaba ...



Pasara lo que pasara al aterrizar, Shizuo confiaba en que olvidaría todo lo concerniente a que alguna vez conoció a alguien llamado Izaya Orihara...


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Continuará 🤗🤗

No sé si alguien aparte de mi amig le interese este shipp pero bueno aquí está el primer cap.