Interés
Manjirou Sano, líder de la Tokyo Manji; organización criminal más reconocida y temida en todo Japón. Es un hombre de carácter y semblante serio, pero también amenazador. No es sociable con nadie, a excepción de dos personas de confianza: Izana Kurokawa y Kakucho Hitto.
El pelinegro de cabellos largos, de ojos color negros como la noche, sin ningún brillo, que viste unos pantalones y chaleco formal de color negro, una camisa blanca, y calza unos zapatos formales, se aproximaba a la oficina de su mano derecha y medio hermano: Izana.
No toco la puerta, simplemente agarro la manija de la cerradura, la abrió y entro a la oficina, sin imaginarse que encontraría al peliblanco de ojos violeta y tez morena, sobre el regazo del azabache de ojos bicolor, de cicatriz en la parte izquierda de su frente. Ambos tenían los primeros botones de sus camisas desabrochados.
— Izana- — llamó. Ya no dijo nada al percatarse en dónde estaba sentado el ya nombrado, mientras este y el azabache se besaba con deseo
Los dos hombres al oír la voz de Manjirou, detuvieron su beso y miraron hacia donde está parado el recién llegado.
Rápido Kakucho se sonrojó bastante, tanto que parecía un tomate. Mientras que Izana, se notaba normal, sin importarle que los hayan visto.
De los labios de Manjirou, salió un suspiro pesado, colocó su mano sobre su frente y cerró los ojos.
— Para eso existen las habitaciones. — dijo en tono de disgusto. Bajó su mano y abrió sus ojos para ver a los presentes — Si tanto les urge tener sexo, háganlo en otra parte que no sea la oficina. Cualquier persona puede entrar y los puede ver. — opinió
— Como si te importara lo que digan los demás de nosotros, Mikey. — uso el subnombre del ojinegro para nombrarlo — Sabes que no me gusta que esparzas tu amargura por dónde vayas, porque amargas a otros. — le dió una sugerencia al conocer muy bien al hombre de ojos oscuros — ¿A qué venías?. — Izana se levantó del regazo de Kakucho, y se sentó a un lado de este
— A nada importante. — respondió Mikey. Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón
— ¿Por qué no vas a distraerte un poco?. — opinó el peliblanco
— ¿Y a dónde puedo ir?. Que aburrido pasear por la ciudad, la conozco a la perfección.
— Yo no iba a decir que fueras a la ciudad. Te he notado estresado desde hace tiempo ¿Por no vas al burdel de Kisaki? allá te atenderán muy bien. — lo dijo con una sonrisa traviesa
— ¿Me veo con la cara de urgido por sexo?. — aseñaló su rostro con su dedo índice, mostrando fastidio
— Por tus comportamientos me hacen pensar eso. El estrés a veces se debe a que necesitas de sexo. ¿Acaso no has tenido esa necesidad de estar con alguien?. — preguntó el peliblanco, pero no recibió respuesta — Oh, vamos Mikey, que no te de vergüenza compartir tus deseos sexuales, estamos en confianza. Para eso está la familia, para escuchar y apoyar.
— Iré a ese lugar, aunque no encontraré nada interesante. — dijo Manjirou, para no tener que responder la pregunta de Izana. Se dió la media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta — Sigan haciendo sus cosas. Kakucho, solo procura no hacer gritar tanto a Izana, que los pueden escuchar.
El primer mencionado se sonrojó hasta las orejas y miró hacia otra parte, evitando ver al pelinegro, por la vergüenza que estaba sintiendo.
— Oye, incómodas a Kakucho con tus comentarios. — reclamó Izana
Mikey ignoró las palabras y salió de la oficina, sin despedirse, solo se fue y ya.
— Tu hermano cada día se ve más amargado. — opinó Kakucho, relajándose después de la incomodidad que sintió — En su adolescencia era un chico alegre y de caprichos de niño pequeño; Sin embargo, cambio mucho.
— Ambos sabemos porque lo hizo, por sus seres queridos. — dijo Izana, recargandose en el respaldo del sillón, y miró hacia el techo — Sabes, no me importa la actitud que tenga Mikey, mientras me sirva para manejar a la ToMan, me vale muy poco lo que estuvo apunto de perder en el pasado. — el peliblanco soltó un suspiro ligero y dejó de recargarse — Ya no hablemos de eso. Es el pasado, uno que no se puede regresar y cambiar. — opinó
Kakucho asintió.
¿Un pasado que ya no se puede cambiar?. ¿Qué habrá sucedido para que Manjirou cambiara?. Varias personas lo saben, pero no quieren tocar ese tema, ya se ha porque les incómoda, los pone mal emocionalmente o simplemente no les interesa.
Manjirou entró al ascensor y oprimio el último de los botones para ir al estacionamiento subterráneo, donde dejo su automóvil negro y lujoso, estacionado.
Al llegar hacia donde quiso, salió de la cabina y fue hacia su vehículo. Lo abordo y lo puso en marcha, saliendo del edificio.
...
En algun otro edificio de la ciudad de Shibuya, llegó Mikey en su automóvil, lo dejo estacionado enfrente del lugar. Abrió la puerta y bajó.
Sin tener prisa, caminó hasta entra al edificio. Volvió a meter sus manos en los bolsillos de su pantalón.
En la recepción se encontraba una mujer, secretaria del burdel. Observó que llegó el líder de la ToMan, y de forma amable se le acercó.
— Sea usted bienvenido, Sano-sama. — inclinó el cuerpo en señal de respeto — ¿Le puedo ayudar en algo?.
— Vine a ver a Kisaki. — dijo Mikey
— Ya veo. Pero, parece que está algo ocupado. Hemos tenido mucho trabajo este último mes y se está encargado de revisar la documentación para entregársela. — aviso la mujer, que se comportaba servicial. Sin embargo, se llevó una mirada fria del pelinegro, eso le hizo estremecer — B-Bueno... pero tratándose de usted, lo recibirá. — los nervios lo sentía de punta
Manjirou no dijo nada y se fue hacia la oficina de Kisaki, dejando a la recepcionista temblando de miedo. Sintió alivio cuando se alejó el ojinegro.
Kisaki Tetta, jefe de la agencia, burbel y bar más reconocido por los mafiosos y criminales de la ciudad de Shibuya, se encontraba sentado enfrente del escritorio, revisando y firmado la documentación que le llego desde la mañana.
Sin ser tocada la puerta, entró Manjirou a la oficina.
El pelicastaño de lentes, ojos color morado y tez morena, fijo su mirada hacia la persona que acabó de entrar.
— Te dije que nadie me interrum– — no formar la oración al ver la presencia del pelinegro. El hombre de lentes se sorprendió — Eres tú, Mikey. — se levantó de la silla y se acomodó un botón de su saco — Bienvenido. Toma asiento, por favor. — indicó con cortesía
El recién llegado se sentó en un sillón individual de tela color gris, frente al escritorio y de Kisaki. Ya después este tomó asiento.
— ¿Qué te trae por aquí?. — preguntó el pelicastaño
Manjirou recargo su espalda en el respaldo del sillón y suspiro.
— No vine por gusto, solo seguí la sugerencia que me dió Izana. — bajo sus hombros
— Pero eso indica que vienes por distracción, ¿No?. Hay muchas chicas hermosas disponibles para esta noche. — informó Kisaki, mientras acomodaba los papeles — Son buenas haciendo su trabajo. — Mikey escuchaba lo que decía el contrario, pero no parecía tener interés por estar con una mujer y más si son las de ese burbel, ya que todas han perdido su virginidad y se han acostado con muchos hombres
El pelinegro quiere algo nuevo y que se ha solo para él. Aunque se ha por un rato.
Manjirou le iba a preguntar a Kisaki si tenía a una mujer que aún no perdiera su virginidad. Pero en ese instante, la puerta fue abierta con mucha brusquedad, azotandola contra la pared, llamando la atención de los presentes en la oficina.
Kisaki miro al llegado y puso una expresión seria en su rostro.
Mikey giro su cabeza hacia atrás y pudo ver a la persona que entró con agresividad al lugar. Es un chico de cabellos negros desordenados, de ojos color azules tan hermosos como el mar.
El ojinegro se preguntaba quién era ese chico.
El pelinegro mostrando enojo en su rostro, se acercó hasta donde está Kisaki sentado, sin darse cuenta de la presencia del contrario. Apretaba los puños y dientes intentando controlar esa emoción, pero no era capaz de hacerlo por completo.
— ¡Eres un maldito, Kisaki!. — exclamó el ojiazul
— ¿Qué mierdas te pasa a ti, mocoso?. — gruñó el pelicastaño — ¡Cuida el como me hablas!. — se levantó de su lugar y azoto sus manos contra la mesa
— ¿"Qué me pasa"?. ¡Que estuve apunto de ser violado por ese asqueroso hombre que me contrato!. — explicó el porque tiene ese comportamiento — Quedamos en un acuerdo, yo solo sería la compañía de quién me contratará, pero ese hombre me dijo que podía hacer conmigo lo que quisiera porque tú se lo indicaste. — Kisaki solo dejaba que hablar el ojiazul — ¿A qué diablos estamos jugando, Kisaki?. Ya estoy harto de todo esto.
El chico ojiazul tenía las intenciones de ir contra el pelicastaño y golpearlo. Pero sus intentos fueron frustrados por un hombre más alto que él, de cabellos negros con mechones rubios, de ojos miel y tatuado dos kanji en el dorso de ambas manos.
— Oi, oi, tranquilízate, Takemichi. No te comportes de esa manera con Kisaki. — habló de manera incrédula el hombre que lo tenía agarrado por la espalda
— ¡Eres una basura!. — seguía insultando al hombre de lentes. Aunque, tenía sus motivos para hacerlo
— ¡Suficiente!. — exclamó Kisaki, controlando su enojo — Hanma, llévate a Takemichi y ya sabes dónde encerrarlo. — ordenó. El primer nombrado asintió y se llevó al ojiazul, quien pataleaba y se removia para soltarse. Pero le era difícil zafarse del agarré del hombre alto
Hanma sacó de la oficina a Takemichi, aún sin que esté se diera por vencido para liberarse.
Al ya no estar presentes, Kisaki suspiro profundo y se sentó de nuevo en su silla.
— ¿Y ese chico? ¿Quién es?. — preguntó Mikey con una sonrisa de diversión, al presenciar la escena
— Su nombre es Takemichi Hanagaki. Lleva dos años trabajando en la agencia, solo como acompañante de quien lo contrate. — respondió Kisaki — Pero últimamente he tenido problemas con ese chico. Una vez ataco a un millonario porque lo toco en su trasero. Y ahora este último cliente me llamo para reclamarme que Takemichi estuvo apunto de sacarle un ojo con un cuchillo. — se pasó una mano sobre su cabello, para intentar calmarse después del enojo que pasó
— Solo es un simple acompañante, ¿Eh?. — se dijo así mismo Manjirou — Ese chico es interesante. — sus palabras fueron escuchadas por el contrario
— ¿"Interesante"?. ¿Te parece eso?. — preguntó con sorpresa
— Por supuesto. Nunca había visto un sujeto que tenga el valor de enfrentarse con personas peligrosas. — admiró el acto del ojiazul — Sería muy entretenedor tenerlo a mi lado. — opinió. Teniendo ese gusto por divertirse con personas aguerridas, pero lamentablemente ya no se encuentran con vida, ya que las ha matado
— No te conviene un chico así. Lo pasaré como mesero al burdel, así podré tenerlo más vigilado. — dijo Kisaki — Si quieres compañía te puedo presentar a los que están disponibles en estos momentos.
— No. Yo quiero a ese chico. — declaró el pelinegro — En la noche vendré a verlo. Si llegará a interesarme más, yo vengo enseguida a tu oficina para hacer trato por él. — informó. Eso sorprendió aún más a Kisaki. Lo pudo notar Mikey, y sonrío ligero — Me encanta ese tipo de personas. Te daré más de lo último que te han ofrecido por él, ¿Estás de acuerdo?. Claro, si me llegará a convencer. — propuso — No porque tengas conexiones con la ToMan quiera decir que no te pagaré.
Con eso, Kisaki sonrió con felicidad. Esa es una gran oferta que no piensa desaprovechar.
— Si eso es lo que quieres, yo con gusto acepto el trato. — dijo con emoción
— Está bien. — se levantó del sillón — Nos veremos en la noche. — Mikey se dirigió a la puerta y salió de la oficina, dejando con una gran sonrisa al pelicastaño
— No dejaré pasar esto. — se dijo asi mismo. Sin embargo, su sonrisa se borró al recordar que debe ir hacia donde está encerrado Takemichi, para hablar muy seriamente con él. Sin más, salió de la oficina