I. Introducción.
Narración omnisciente:
Con un suspiro se sentó en la silla de su esposo, en su oficina mejor dicho. Este andaba resolviendo un problema con el padre de uno de los alumnos. Estaba aburrido, desde que decidió ayudar a su esposo en Hogwarts como una especie de director suplente, sus días fueron en una decaída de adrenalina que de vez en cuando iba a su tope más alto a causa de algún chisme entre los cuadros parlantes o profesores.
Pronto su lugar en el medio de aquel “feo” escritorio y con aquella ave bulliciosa de por medio se volvió algo poco agradable. Se fue a la habitación que compartía con su esposo y mediante una palanca oculta en una antorcha artificial colgada en el muro dio con su propia oficina. Un lugar pequeño y oscuro donde guardaba todo lo que su esposo y varios profesores le quitaron a alumnos por tacharlos de inadecuados.
Nada realmente que le llamara la atención, unas cuantas plumas que se escribían solas, pergaminos de bromas, y cosas varias. A veces se divertía cambiando algunas de esas cosas con la de alumnos para ver sus reacciones. Pero mientras estaba en eso, un cofre algo extraño le llamo su atención. Tenía los colores de todas las casas de Hogwarts y era de madera. Estaban los escudos grabados en cada cara. Había un pequeño toque de magia en el cofre haciendo que su interés crezca aún más.
Lo tomo en sus manos y lo sacudió escuchando que se movía una especie de papel en su interior junto a algo de cristal. Salió del pequeño lugar con el objeto en su mano y lo dejo en su colchón abriéndolo sin mucha complicación. En su interior había un pequeño vial lleno de un líquido azul junto con un gran conjunto de sobres atados con una especie de lazo, todos excepto uno, el cual tomo e inspeccionó.
‘G. Grindelwald’ Decía en un lado del sobre, escrito en una prolija letra cursiva que reconocía a la perfección por ser suya. Sin muchos tapujos y con su curiosidad dominándolo abrió el sobre encontrándose con un pergamino doblado perfectamente en cuatro y una fotografía en su interior. Desdobló el pergamino antes de mirar la imagen.
Grindelwald:
Nunca creí que haría algo como esto. Sinceramente, me sigue sorprendiendo que me deje llevar por las habladurías de los niños que escribieron el resto de las cartas.
Solo debes de entregarlas, si tienes dudas solo bebe la poción.
Firma, tú, G. Grindelwald.
Hizo una mueca cínica a lo leído. Sí que se sorprendía en ocasiones. Quiso preguntarse muchas más cosas, pero solo tomo la poción que había sin siquiera pensar en que aquello se podría tratar de una broma de algunos de los alumnos que sabía cómo escribía y firmaba las cartas. Pero la foto a su lado le hacía comprender todo. Era una suya de joven junto a su esposo cargando a un niño pequeño que no sonreía, solo tenía una mueca. Si no hubiera sido por aquello, no hubiera tomado nada.
En fin. Iniciemos con esto y dejemos de lado a nuestro extraño director Grindelwald.