01
La hogareña casa de los Han se encontraba en rotundo silencio, Jisung permanecía en su habitación escuchando música a todo volumen por sus audífonos mientras esperaba a que su madre le llamará para comer.
Cuando la puerta principal fue azotada con fuerza y luego escuchó los bajos sollozos de su pequeña hermana, Jisung supo de inmediato que algo no andaba bien.
Salió de su habitación para tocar justamente la puerta que estaba frente a la suya. —Ryujin, ¿qué pasa?, ¿quieres contarme?
No hay respuesta, sólo puede escuchar aún más sollozos detrás de la puerta.
—No me gusta verte triste.
Y era la verdad, Jisung odiaba ver a Ryujin llorar porque eso sólo significaba que alguien la había lastimado mucho. Ella nunca ha sido demasiado sentimental o sensible, eran tan diferentes en ese aspecto... Mientras que Ryujin era el vivo retrato de su padre, Jisung era la perfecta copia de su madre.
Normalmente era Jisung quien lloraba y Ryujin quien salía a patear traseros, aún cuando Jisung era el mayor parecía un niño pequeño a lado de Ryujin y su imponente personalidad.
La puerta se abrió sólo un poco y Jisung logró ver los ojos hinchados de Ryujin. —Dime nombres e iré a patear culos —. Escuchó la risa de su pequeña hermana mezclada con algunos mocos.
—Yo pateo culos, tú eres un bebé llorón. Minho te dejaría en el piso solo con la mirada —. La rubia abrió la puerta para dejar pasar a Jisung mientras este soltaba bajos insultos.
—¡También puedo patear culos, en especial el de ese tal Minho! —. Ryujin comenzó a reírse de nuevo e inevitablemente terminó contagiando a Jisung.
—¿Qué fue lo que te hizo ese idiota? Nadie logra hacerte llorar tan fácil.
La chica se acomoda en su cama, abrazando sus piernas.
—Me gusta Minho, desde hace meses quería invitarlo a salir, pero el simplemente se rio y dijo que lo lamentaba mucho, pero que no le gustaba.
Jisung se puso de pie abruptamente, ahora con su cara tornándose roja por la cólera. —¡Ese idiota!, ¿cómo se le ocurre reírse de ti? ¡Le voy a partir la cara! —. Antes de que lograra salir de la habitación, Ryujin le había interceptado y en menos de dos segundos estaba sentado en la cama de nuevo.
—¿Ves a lo que me refiero? Ni de broma voy a dejar que te acerques a Minho, no quiero que te lastime.
—¿Dudas de mis capacidades de autodefensa?
—Sí.
—Bien, yo también, pero no planeo dejar las cosas así.
Ryujin se sienta a su lado y toma una de sus manos. —Olvidemos esto, ¿sí Sung? Vayamos a comer y después veamos películas comiendo helado —. Jisung observa detenidamente el rostro de su hermana, sus ojos aún tienen ese bonito brillo, pero siguen hinchados y rojos.
Su hermana acaricia su cabello grisáceo y Jisung suspira al sentir las caricias. —Está bien, pero si Minho vuelve a hacerte algo vas a decírmelo e iremos a patearlo juntos, ¿de acuerdo? —. La chica suelta una risita y asiente, Jisung la abraza una última vez antes de ir junto a su madre.
Esa tarde tuvieron una bonita comida con su madre y una buena noche de hermanos, vieron películas hasta la madrugada y durmieron en el sofá.
Ya habían transcurrido dos días desde que Ryujin llegó llorando a casa, pero Jisung simplemente se negaba a superarlo sin hacer nada.
En estos momentos estaba fuera del instituto de Ryujin, era un lugar bastante exclusivo y su hermanita había logrado conseguir una beca, Jisung aún recuerda lo orgulloso que se sintió, no pudo parar de decirle a todo el mundo que su hermana era la mujer más inteligente del mundo, sí, algo exagerado, pero no se arrepentía.
Llevaba alrededor de media hora reuniendo valor, tenía que ser rápido y preciso, Ryujin por ningún motivo tenía que enterarse de esto. Entraría, le dejaría claro a ese idiota que nadie podía meterse con su hermanita y luego huiría antes de que alguien pudiera verlo. El plan perfecto, ¿o no?
Peinó sus cabellos grisáceos con nerviosismo y entró al lugar, algunos estudiantes le veían raro, tal vez porque no lo reconocían.
Se acercó a una chica con anteojos y pregunto por Minho, la chica tartamudeo algo de un campo de fútbol y Jisung rodó los ojos, ¿en serio?, ¿un asqueroso deportista con aires de grandeza había enamorado a su hermana?
Le sonrió una última vez a la chica y comenzó a caminar, siguiendo los gritos que resonaban por todo el instituto, en donde había deportistas, había estudiantes hormonales.
Los rayos del sol golpearon sus ojos, cubrió su cara con uno de sus antebrazos y respiro el asqueroso olor a sudor, tierra y miles de perfumes con distintos aromas. Sí, definitivamente había llegado al lugar correcto.
El gran campo verde y las gradas llenas de personas estaban frente a él. Visualizó a todos los jugadores, observó con detenimiento todas las camisetas y nombres en su espalda hasta que se topó con el indicado.
El número tres. Lee Minho.
Sonrió con perversidad, acercándose a las gradas para tomar asiento y esperar a que acabe el partido.
Por suerte el último tiempo estaba a unos segundos de terminar y cuando la pelota golpeó la red de la portería y el silbato del árbitro hizo su típico ruido molesto, Jisung vió a Minho correr en dirección al resto de sus compañeros, quitándose la camisa para festejar con los incesantes gritos chillones de fondo.
Puso los ojos en blanco y se levantó de su asiento para caminar detrás de los chicos que entraban al instituto por la puerta en la que había estado anteriormente, apresuró el paso y logró interponerse en el camino del jugador.
Minho detuvo sus pasos, viéndole fijamente, parecía... ¿Sorprendido? Como si el fuera un amigo lejano que había venido a visitarle de sorpresa.
Que lástima que Jisung no había venido para eso, sino para todo lo contrario.
—¿Eres el idiota de Minho? —. El nombrado hizo una mueca.
—El insulto estaba demás, pero sí, soy yo. ¿Puedo ayudarte en algo? —. Jisung parece olvidarse de todo en ese momento, de su baja estatura, sus músculos flácidos y su débil cuerpo.
—De hecho, si que puedes ayudarme con algo —. Minho le indica con la mirada que continúe y Jisung no lo duda. —Quiero que te mantengas alejado de mi hermana, si vuelvo a enterarme de que la hiciste llorar vendré a patearte el culo.
Ambos chicos están lo suficientemente cerca como para oír sus voces claramente a pesar de todo el ruido a su alrededor, Minho suelta una baja risita repleta de soberbia y se acerca aún más al chico de cabellos grisáceos, cuando sus narices están a punto de tocarse, Minho se detiene, creyendo que es suficiente cercanía aún sin quitar su media sonrisa.
—No me gusta tu hermana, me gustas tú.
—¡No soy gay! —. Y a pesar de su negación increíblemente sus mejillas comenzaban a tornarse de color rosado.
El chico de hebras moradas se acercó a su oído, importándole muy poco el espacio personal. —Entonces lo serás pronto, porque no planeo dejarte ir, niño bonito.
Jisung se aleja con torpeza y grita un par de insultos antes de alejarse a pasos apresurados.
Sí, definitivamente Minho no dejaría escapar a Jisung por ningún motivo.








