Phoenix’s embrace

Summary

Penelope Featherington, herida por la traición y el desprecio en la alta sociedad londinense, busca refugio en las serenas tierras de Noruega. Allí, entre los majestuosos paisajes, encuentra la fuerza para transformarse en una mujer segura y empoderada. Al regresar a Londres, su renovada confianza atrae la atención del apasionado Anthony Bridgerton. Sin embargo, su obsesión amenaza con consumirlos. Entre duelos de ingenio y secretos revelados, Penelope y Anthony enfrentan los demonios de su pasado y luchan contra las expectativas de la sociedad. En este cautivador relato de amor y autodescubrimiento, Penelope y Anthony emprenden un viaje desde las sombras hasta la luz, donde los corazones rotos pueden sanar y los sueños rotos pueden florecer una vez más.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


El salón de baile estaba resplandeciente con la luz de cientos de candelabros, reflejada en los espejos y los adornos dorados. La música llenaba el aire, y las risas y conversaciones de la alta sociedad londinense resonaban en cada rincón. Sin embargo, para Penélope Featherington, la opulencia de la noche se desvanecía detrás de un velo de humillación y dolor.

–¿Penelope Featherington? ¿Estás loco? Jamás aspiraría a cortejar a Penelope Featherington. Ni en tus sueños, Fife. – Dijo Colin a los hombres a su alrededor, antes de seguir riendo y tomando champaña, sin siquiera notar que a escasos metros de ahí, estaba ella, escuchando como el que creyó era el "Amor de su vida" la apuñalaba por

la espalda como un desalmado sin corazón.

Largas y espesas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, pero antes de siquiera lograr escapar una cara bastante extraña apareció frente a ella en medio del gran salón.

–¡Penelope! Cuánto tiempo, mi querida prima, había estado añorando este momento durante tanto... Penélope, estas bien cielo? – Pregunto mostrando una evidente preocupación, pero ella honestamente creía ya no poder más, ni con su alma, ni con su cuerpo. Antes de ponerse a llorar ahí, delante de toda la alta clase de Londres. Eunice Pembroke, su prima. No se veían desde que ambas tenían quince años. Eunice, de piel clara, delgada y con ojos verdes como el pasto, la miraba con preocupación. Llevaba un vestido rosado pálido que resaltaba su delicadeza. –Salgamos de aquí, ¿es la misma de siempre?

Solo pudo asentir, tomó con fuerza la mano de su prima y subió las escaleras rápidamente, por como era de costumbre, ni una simple persona se volteo a verla... o al menos eso creía ella. Tomando una copa junto a su hermano Benedict, estaba Anthony, cuya mirada se dirigió hacia el vestido amarillento que se desvanecía en las escaleras, perdiéndose para él; honestamente, quedó un poco extrañado al notar la ausencia de la querida amiga de su hermana, sin embargo, no le dio importancia en ese momento, seguro ella pudo sentirse mal.

Dentro de la habitación de la menor de los Featherington, se encontraba ella tirada en su cama, soltando sollozos altos que gracias a la música, nadie podía escuchar. Su prima tocaba su cabello y soltaba pequeñas palabras reconfortantes, pero su corazón estaba roto, su alma se somete en una oscuridad tan profunda que ni el brillo de 100.000 velas podría sacarla de las penumbras en ese momento.

– Querida, todo estará bien. Esto solo es un peñasco en el camino, el no merece lo que sientes por él mi querida Pen... – Abrió sus ojos como pudo y miró a su prima, quería darle la razón, pero el eco de las palabras hirientes resonaba en su mente, un recordatorio constante de su dolor. Aun así, el consuelo de Eunice le ofrecía un rayo de esperanza en medio de la oscuridad que la envolvía.

–Solo, pensé que él sería diferente – Susurro bajito, tapando su rostro con sus manos debido a la vergüenza que sentía en ese momento. –Pensé que lo conocía, que entendía quién era en realidad. Pero ahora veo... veo que me engañé a mí misma, que creí en una ilusión de amor que nunca existió. Me siento traicionada, no solo por él, sino por mis propias ilusiones, por mis sueños rotos y mis esperanzas destrozadas, todo fue una sucia mentira, todo esto es una mentira, no se por que creí que yo podría ser suficiente para acercarme a Colin de esa forma, él solo...

Las palabras se trabaron en su garganta debido a los sollozos, mientras el velo de la noche caía sobre el bullicio del baile, y las risas y conversaciones se desvanecían con el último destello de los candelabros, Penélope se encontraba en medio de la desolación. Entre las sombras que envolvían la estancia vacía, solo podía sentirse miserable, como si cada paso de los que se alejaban marcara el compás de su corazón destrozado.


A la mañana siguiente, con el sol apenas asomando en el horizonte, Penélope se acercó a su madre en la elegante sala de la mansión Featherington. El brillo de las lágrimas aún en sus ojos contrastaba con la determinación en su mirada.

— Madre — comenzó Penélope con voz temblorosa —, he tomado una decisión. Voy a aceptar la invitación de mi prima en Noruega. Necesito este cambio, necesito alejarme de todo esto.

Lady Portia Featherington frunció el ceño, preocupada por el bienestar de su hija.

— Penélope, ¿estás segura de esto? Noruega está lejos, y quién sabe qué peligros podrías encontrar allí.

Penélope asintió con firmeza.

— Estoy segura, madre. Necesito este tiempo para encontrarme a mí misma, para sanar. No puedo quedarme aquí y fingir que todo está bien.

A pesar de sus reticencias, Lady Featherington finalmente accedió a los deseos de su hija.

La despedida fue fría y distante. Penélope apenas recibió una mirada preocupada de su madre, quien, con los ojos llenos de lágrimas, le dio un beso en la frente antes de que se marchara. Sus hermanas, ensimismadas en sus propios asuntos, apenas notaron su partida. Solo Colin, parado en la entrada de su hogar con una expresión desesperada en el rostro, lo había escuchado por boca de su hermana, ella se iba; atrajo la atención de Penélope.

Sus ojos se encontraron por un breve instante, y en ese breve instante, toda una historia de amor y decepción pareció pasar entre ellos. Penélope miró a Colin con desprecio y tristeza, una mezcla de dolor y resentimiento palpable en su mirada. Sin una palabra más, se dirigió hacia el carruaje que la llevaría lejos de todo lo que una vez había conocido.

Colin observó impotente mientras el carruaje se alejaba, llevándose consigo a la mujer que había perdido por su propia arrogancia y ceguera.