AMAPOLAS
Cada vez que despertaba en la mañana solo tardaba unos segundos en sentir el dolor. Una masa en su pecho que crecía hacia afuera con la fuerza suficiente para arrancar un suspiro que siempre terminaba en tos. Le dolía, y dolía como el infierno, pero no era un dolor que quisiera que desapareciera solo así. Tenía dos posibles opciones, curarse o... “Curarse”. Y ninguna de las dos le convencía lo suficiente como para dejar que el dolor desapareciera.
Sonaba como un idiota cada vez que iba al medico para sacar grandes tallos de amapola y estos le planteaban sus opciones una y otra vez. Seokmin ya no encontraba mas palabras para decirles que aunque su deseo era curarse, no podía hacerlo. Ver la cara de las enfermeras cuando lo veían toser sangre se había convertido en su pasatiempo favorito.
Esa mañana, había comenzado a toser después de que la primera hora comenzara y este tuviera que correr al baño para evitar interrumpir a la profesora.
—Amigo, eso parece doloroso —dijo Hansol tocando su espalda. Lo había seguido al baño cuando lo vio correr así. Ya sabía a que iba y nuevamente haría un intento por convencerlo —Deberías solo ir y decirle lo que sientes. Odio ver que sufres por amor.
Seokmin negó tomando un poco de agua del lavabo para enjuagar su boca, y justo después hizo una seña para que este se fuera a clases. Seokmin se sentía muy avergonzado como para verlo a la cara, pero cuando lo intentó soltó un pétalo que hizo a Hansol presionar sus labios y mirar hacía otro lado. Parecía molesto.
—No pierdes nada. Eres una buena persona, solo hazte notar.
¿Decirle a Soonyoung que lo amaba? Podría si no estuviera siempre rodeado de sus amigos. Podría si tan solo pudiera hablar con él sin tartamudear. Podría si no fuera el mayor cobarde que había pisado la tierra.
La sensación asfixiante en su garganta lo hizo tratar de tomar una bocanada de aire, pero apenas abrió su boca comenzó a toser sin parar hasta que, cansado, terminó en el suelo con un fuerte dolor en el pecho. ¿Valía la pena sufrir tanto por amor?
Estiró su mano para alcanzar su mochila y sacar su teléfono. Tenía que llamar a alguien para que lo llevara a casa. No podía seguir en la escuela si tosía como perro viejo y despedía pétalos de amapola como si sus pulmones las fabricaran a propósito. “Amapolas” soltó una risita al pensarlo. “¿Te gustan tanto las amapolas? ¿Que pensarías de ellas si las vieras salir de mi garganta acompañadas de sangre? ¿Te gustarían igual?”
Los pensamientos irónicos le ayudaban a sobrellevar el dolor. Se sentó apoyado en la pared para tratar de calmarse antes de marcar cualquier número, tenía que parecer de lo mas normal hasta que saliera de la escuela o alguien mas se enteraría de su situación. Lo menos que necesitaba ahora era que la gente comentara rumores sobre su condición y su amor imposible.
Las risas en la entrada del baño, seguido de una voz característica lo hicieron alarmarse. Trató de levantarse pero al estar finalmente de pie tuvo un mareo que lo hizo tambalearse.
—¡Wow! Oye, cuidado... ¿Estás bien? —dijo Soonyoung quien había llegado y justo lo había visto tambalearse.
Seokmin lo miró a los ojos y luego vio sus manos tocándolo para ayudar a que no perdiera el equilibrio. Eso no era bueno, sentía que una gran saga de tos se aproximaba a toda velocidad por su garganta y si despedía un pétalo descubriría su condición. Se soltó de su agarre con fuerza y tratando de huir terminó golpeándose contra la pared al sentir el dolor en su pecho que lo hizo caer al suelo de nuevo.
Soonyoung fue en su búsqueda y asustado gritó con fuerza que alguien viniera o que llamara a una ambulancia.
“No, por favor...” pensó Seokmin rogándole al cielo, pero era tarde. En el suelo la primera tos le hizo sacar el pedazo de un pétalo rojo acompañado de un hilo de sangre que asustó a Soonyoung. La segunda tos, mas fuerte que la anterior, apareció sacando de su pecho un pétalo completo y bastante característico.
Soonyoung lo tomó y lo observó unos segundos, luego pasó su mirada sobre Seokmin frunciendo los labios.
—Tranquilo, alguien vendrá enseguida... ¡AYUDA! —gritó con mas fuerza. Seokmin sintió su mundo derrumbarse al haberse visto expuesto de esa forma.
“Odio las amapolas... ” pensó mientras sus lágrimas caían de sus ojos. No sabía si por la vergüenza o por la fuerza de su tos pero sentía la cara ardiendo. “Quizas si te gustara una flor con un pétalo mas pequeño no estaría sufriendo así, Soonyoung... Pero a quien engaño, tu no eres así, tu eres una persona extraordinaria con gustos extraordinarios. Simplemente eres perfecto”.
Después de una charla menor consigo mismo en su cabeza y los múltiples autorreproches a su nula capacidad para poder expresarse. Su vista se nublo haciendo que en pocos segundos sus ojos se perdieran en la oscuridad y así lo último que viera antes de desmayarse fuera la preciosa cara preocupada de la persona que amaba. ¿Era afortunado o desafortunado?
Siete horas después el sonido de un goteo y algunas máquinas lo despertaron. Abrió los ojos y lo primero que vio fue a su madre hablando con su doctor y su psiquiatra.
“Eso no puede ser bueno”. meditó al ver el suspiro que pasó por su pecho y luego sintió como si algo le impidiera abrir la boca para llamar su atención. Probablemente ambos doctores ya le habrían dicho sobre su condición y sus padres lo obligarían a tomar una decisión.
—Trata de no moverte —escuchó a su izquierda la voz de Hansol quien le tomó la mano cuando este giró su cabeza —Los doctores te pusieron un sedante y estás conectado a una máquina para poder respirar.
Seokmin cerró los ojos al escuchar la preocupación en su voz.
No quería preocuparlo, por eso jamás le había dicho en que nivel estaba su enfermedad. Sentía que podía seguir con la rutina de sacar los tallos sin extraer sus emociones, pero al ver la enorme máquina gris subiendo y bajando en la esquina sintió que eso había llegado muy lejos.
—Tres años, Seokmin, tres años viviendo con esto —le reprochó —, tres años vomitando tu amor por una persona con la que jamás has hablado, cortando tallos de tus pulmones cuando sabes perfectamente que cortarlos solo los multiplica. Tres años soportando el peso de un amor que no sabes que será o no correspondido. Tres años ocultando lo que sientes incluso de mi, ¿no se supone que soy tu mejor amigo?
Seokmin dejó caer una lágrima que le recorrió toda la mejilla derecha hasta perderse al final de su cuello. Lo lamentaba con el corazón.
Si no tuviera un tubo en su garganta le diría que lo sentía, que era su mejor amigo, que sí confiaba en él y que necesitaba su ayuda. Aunque para ser honestos, las oportunidades se le habían acabado.
—Tu madre va a firmar un formulario donde te declararán temporalmente... —Hansol se detuvo y giró su vista hacía el otro lado. Seokmin terminó su oración en su cabeza “¿Incapacitado?” eso era lo mejor que podían hacer si querían operarlo de una vez y evitar que muriera —. Te declararán una persona incapaz de tomar sus propias decisiones y así extraer los tallos de tus pulmones.
Seokmin levantó su mano en su dirección para alcanzar la de él y Hansol rápidamente correspondió el gesto. Sus ojos quedaron fijos en los del otro e inevitablemente ambos comenzaron a llorar.
Sería la última vez que Seokmin podría entender sus sentimientos. Después de la operación no podrían volver a divertirse, no podrían abrazarse con el mismo amor que se tenían, Seokmin no sentiría la competitividad de Hansol al quererlo superar en la universidad y Hansol ya no podría hacer mas que acompañarlo.
Hansol acarició su mano y susurró algo que quebró completamente al mayor.
—Seré tu mejor amigo por siempre, Seokmin, aunque tú ya no sientas lo mismo.
Después de esto, el rubio salió por la puerta y se despidió de la madre de Seokmin con un abrazo. Los dos voltearon a verlo y le hicieron un gesto para decirle que volvería pronto, solo acompañaría al menor a tomar un taxi para que regresara a casa y ella estaría ahí de nuevo.
Seokmin sintió un dolor muy fuerte en su pecho al verse y sentirse solo. Quizá si le hubiera dicho lo que sentía a Soonyoung hace dos años cuando aún estaban en la misma aula no estaría sufriendo ahora. ¿O sí?
Mientras navegaba en su mente entre el dolor y las náuseas, la puerta de su habitación se abrió y unos pasos livianos se acercaron a él. Seokmin no miró, imaginó que se trataba de su madre y no quería verla sufrir por él. Así que esperó a que esta comenzara a regañarle o siquiera le dedicara una mirada de decepción.
—¿Por qué jamás me dijiste que me amabas? —la voz de Soonyoung lo asustó y lo hizo voltear casi al instante.
Se quedó parado a su lado. Vestía una camisa rosa y un pantalón negro que se veía perfecto en él. Seokmin sintió su corazón latir con fuerza, casi con la fuerza suficiente como para que tuviera la oportunidad de salir de su cuerpo.
Ambos intercambiaron una mirada profunda hasta que Soonyoung recorrió la habitación y vio una silla a su lado del otro lado de la cama donde podía acomodarse. Dejó la bolsa que traía consigo y tomó su mano cuando se sentó.
—Hansol me llamó hace unas horas y me contó todo —dijo este mientras lo acariciaba —. No quise creerlo cuando vi los pétalos de amapola salir de tu boca, iba a decírtelo, pero luego pensé que quizás habría otra persona que gustara de las amapolas.
Seokmin lo vio con ternura. Él era así, ingenuo, pero aunque tuviera las respuestas en su cara todavía prefería cerciorarse de la respuesta.
—Sabes, en segundo año yo estaba enamorado de ti... —Soonyoung sonrió y miró al suelo —. Comencé a toser orquídeas moradas. Sentía cosquilleo en la garganta y pensaba ¿cosquilleo, así es como se siente amar a Lee Seokmin? Luego vino el dolor y mi primera operación para cortar los tallos fue una semana después. Sé que no se deben cortar porque los multiplica, pero... En ese momento me pareció lo mejor.
Seokmin comenzó a llorar de nuevo. Había desperdiciado su oportunidad y la forma en la que se presentaba hoy era su karma.
—Tuve seis operaciones para cortar los tallos y hace unos días se me presentó la opción de cortarlos de raíz pero me negué, y ahora esto... Lo cambia todo —Soonyoung levantó la vista y miró a Seokmin con una sonrisa y los ojos llorosos —¿Orquídeas, en serio? Te gusta una flor muy fea.
Una risita provocó que los dos entrelazaran sus manos y se vieran por primera vez con un potente amor recíproco.
—Si aún no es muy tarde para decidir, yo quiero amarte. Si me dejas hacerlo prometo cuidar de ti por el resto de mi vida para sacar los tallos que nos queden en los pulmones y curar las cicatrices que nos queden después —Soonyoung se acercó a su rostro lo suficiente para chocar su frente contra la suya pero con el cuidado necesario para evitar golpear el tubo.
“Y yo prometo cuidar de ti por el resto de mi vida para curar las heridas que esas operaciones dejaron en ti, prometo hacer de ti alguien feliz que viva con el amor que merece. Prometo proteger tu sonrisa y vivir solamente dedicado al amor que veremos florecer”.
Como si se trataran de votos matrimoniales, los dos cerraron los ojos y esperaron a que llegara la madre de Seokmin para decirles que ya no necesitaba la operación. Los dos estaban conscientes de que las heridas de Seokmin eran profundas, que no se curaría solo con su amor por el tiempo que habían dejado pasar, pero estaban dispuestos a luchar contra ello y seguir adelante.
🌸 FIN 🌸