Sociedad de la justicia de america: godzilla (universo 616)

Summary

¿Y si la sociedad de la justicia intervenía en los eventos de godzilla 1954?

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n/a
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18+

Capítulo 1

2 de noviembre de 1954, Opal City. 1:30 am

«En verdad no falto mucho desde que vi las secuelas que dejaron las bombas, fue tan espantoso lo que yo terminé provocando sin estar consciente de ello. Si me hubiera dado cuenta antes, habría podido evitarlo, pero para ese punto ya fue demasiado tarde para poder hacer algo. Aun así, eso no quita la culpa que siento por haber creado algo tan destructivo, las millones de muertes que se perdieron en Hiroshima y Nagasaki jamás podrán volver a recuperarse… y eso me sigue atormentando debes entonces, aun si pasaron 9 años desde que la segunda guerra mundial término».

—¿ted? ¿ted? —hablo preocupada una voz femenina que se escuchaba como un eco a través de la fría oscuridad.

El hombre conocido como ted knight procedió a abrir lentamente los parpados de sus ojos estando recostado en su cama todavía. Cuando su vista se pudo aclarar y adaptar a la carencia de luz debido a que era de noche, observo a su esposa con la mirada de preocupación que seguía manteniéndose junto a su voz.

—¿adele? —pregunto curioso el hombre antes de levantar la parte superior de su cuerpo, sin mover sus piernas de la cama que compartía con su esposa—. ¿Qué sucede?

—haz estado hablando dormido de nuevo, tu voz sonaba algo alterada. Me preocupe y pase a despertarte ¿te ocurre algo malo?

—No es nada cariño solo… un mal sueño nada mas —respondió de forma tranquilizadora para su esposa aun si eso se mantenía como una mentira—. Vuelve a dormir, mañana estaremos ocupados y no quiero el perjudicarte con mis problemas.

La mujer solo asintió y se hecho de nuevo a recostarse junto a su esposo.

«Tengo que impedir que esto me siga afectando, no puedo vivir con la culpa el resto de mis días. Tal vez opal city no fuera la misma ciudad desde que abandone el manto de starman. Ya habían transcurrido periódicamente 3 años desde que el gobierno hizo que la sociedad de la justicia de américa se separase debido a la fuerte insistencia que ejercían en querer conocer nuestras identidades secretas. Al igual que mis amigos opte por retirarme de la vida heroica, pero la verdad había otros motivos en los cuales me incitaron a retirarme, además de la presión del gobierno». —pensó para sí mismo en tercera persona.


3 de noviembre de 1954, Ciudad Gótica 2:20 pm

Ubicados en unas vías subterráneas que interconectaban con toda la ciudad que daba aspecto lúgubre incluso estando a la luz de la mañana. Un grupo de trabajadores se mantenía activo en su hora laboral en donde era común que estos se les viera transportando materiales de construcción, junto al mantenimiento que le hacían a las nuevas vías ferroviarias que estaban en plena elaboración.

—¡Vamos, recuerden que les daré el doble de su sueldo si es que logramos terminar para finales de diciembre! —les recordó de tal forma positiva como un empuje para que sus trabajadores siguieran laborando tan proactivamente como lo hacían en ese momento—. Por cierto, ¿Quién anuncio que el alcalde me espera afuera del túnel?

El que lideraba la administración y animaba a sus trabajadores no fue más que un hombre rubio de apariencia medianamente joven a la mediana edad para casi sus 30: vistiendo una playera de tono blanco con unos pantalones que contrastaban, pues eran de color negro.

—Fui yo, señor Scott —levanto el brazo uno de los trabajadores que se ocupaba de cargar una viga del tren que lo sostenía de un extremo, y un compañero que le ayudaba con el otro extremo—. Fue uno de sus representantes mas bien. Dijo que desea verlo por el asunto de la vía ferroviaria que estamos haciendo a su petición.

—Bien, veré que se le ofrece al alcalde hill —hablo para asentir en señal que los trabajadores podían continuar con su labor mientras que él se retiraba caminando hacia al principio del túnel que conectaba con la salida directa al exterior.

Sus ojos tardaron segundos en acostumbrarse a la luz natural del día pues la mayor fuente de luz que recibían abajo era por medio de linternas sobre todo si se estaba demasiado tiempo adentro era normal que se segara por unos instantes. Cuando pudo aclarar mejor su vista, frente a el se encontraba parado el alcalde Hamilton Hill acompañado de un par de guarda espaldas y un par de representantes que hacían de compañía extra.

—Señor Alan Scott, es un placer verle de nuevo en persona —extendió su mano en señal de saludo.

La apariencia del alcalde portaba consigo: una camiseta sencilla de color blanco cubriéndose con una chaqueta formal de color rojizo; teniendo una corbata de color negra y unos pantalones formales del mismo color de su chaqueta. Su pelo era castaño al igual del bigote que portaba, lo cual, lo hacía ver como un hombre formal a sus 30 años.

—Igualmente alcalde Hill —estrecho cortésmente la mano del alcalde—. ¿Que se le puede ofrecer? aparte de la labor que mi compañía hace por usted en esta maravillosa ciudad.

—Me temo que algo malo señor Scott. Pero si gusta caminar conmigo en privado para no poner incomodo a un trabajador que nos escuche por accidente.

—Bueno, no hay problema.

Ambos hombres caminaron el uno junto al otro mientras los guarda espaldas del alcalde lo seguían detrás y los representantes se quedaban fuera de la conversación estando parados en medio de la entrada del túnel que conectaba apenas unos 6 metros sobre la calle aguardando el vehículo lujoso que portaba el alcalde de ciudad gótica.

—Señor Scott, recientemente el crimen en esta ciudad ha incrementado considerablemente. Muchas mafias han ganado poder y casi se vuelve un suicidio el salir por las noches con los vándalos callejeros. Me temo que tendré que posponer la construcción ferroviaria en el subterráneo de manera indefinida.

—Entiendo su preocupación señor alcalde, sin embargo, mi compañía lleva trabajando en esto desde junio. Tendríamos que reabastecer todo de nuevo para cuando usted vea conveniente reanudar todas las construcciones que hiciéramos, eso ocasionaría que con lo que cuesta transportar todos los materiales de construcción y las piezas sale más costoso del presupuesto que nos ofreció.

El alcalde procedió a mirarlo de reojo esta vez con una mirada dura que le era clavada hacia el jefe ferroviario.

—Señor Scott no pienso ser duro con usted, pero le seré franco, ¿Qué cree que diría la prensa si uno de sus empleados resultara muerto por un miembro de las mafias o de los vándalos que le mencione antes? Una polémica como esa dañaría mi reputación como alcalde, Prácticamente esta ciudad ha ido decayendo de poco a poco en estos últimos años y ni me quiero imaginar cómo sea en el futuro si esto continúa. Como la persona que le pidió y le dio los fondos suficientes para dar con su labor, le ordeno que cese toda actividad laboral hasta que las cosas puedan relajarse.

La cara que dejo Alan Scott reflejo que su rostro exponía toda su incertidumbre y sorpresa por tal orden del quien lo estaba financiando.

—Pero alcalde Hill, si hago eso, ocasionara que gran parte de mi personal se quede sin sueldo en un periodo corto de tiempo. Mi compañía ferroviaria no ha sido la misma durante estos últimos tiempos desde que se fundó hace 14 años, ha estado decayendo en sus acciones financieras y hacer eso dejaría varios hombres sin empleo y con pocos recursos financieros suficientes para que sus familias pasen hambre en el invierno en un lapso corto. No creo que el suspender este y otros trabajos pendientes representen una buena…

La voz de alan fue pausada abruptamente cuando miro directo la expresión del alcalde Hamilton, tan áspera que sabría que por más que protestara de buen amanera, ese hombre estaría decidido a suspenderlo costara lo que costara en otros.

—No lo volveré a repetir señor Scott, suspenda todo su trabajo y dígaselo a sus empleados. Para desgracia mía y la de usted yo también escaseo en recursos económicos, literalmente estoy pagando millones de dólares por incrementar la seguridad en la ciudad que cualquier otra área.

—¿Qué hay de los vigilantes? De seguro que si aparece uno estará complacido de ayudar con las autoridades para que la ciudad sea más segura.

—¿Enserio usted cree eso? porque para mí no es mejor que cualquier comunista disfrazado mantenga sus narices fuera de mi país. Desde que el capitán américa desapareció durante la guerra, la actividad super heroica se vio envuelta en una disminución. Para colmo desde que el gobierno comenzó a pensar que la sociedad de la justicia era posibles simpatizantes comunistas prácticamente desaparecieron sin dejar rastro, ¿y sabe que? Yo creo eso, pues a diferencia de Steve Rogers ‘que dios aguarde a ese compatriota en su reino’ los miembros de la sociedad y otros grupos no se atrevieron a dar la cara al público sobre quienes eran realmente ¿Cómo no se atreverían a dar la cara si realmente eran capitalistas como nosotros? Eso jamás hace de fiar. Ahora si me disculpas tengo otros asuntos que… atender con urgencia —dijo para darle la espalda.

—¿Pero alcalde, yo todavía…?

—Lo lamento, señor Scott —dijo uno de los 2 guarda espaldas que se puso en medio del camino de Alan—. Pero el alcalde Hill le ha dado una orden, mas vale acatarla si no quiere dar problemas innecesarios.

Alan Scott solo miraba con impotencia hacia quien se habia despreocupado por su compañía o empleados, sino que también lo habia desprestigiado a el y a su antiguo grupo indirectamente.

«¿Cómo llegamos a esto? —cuestiono—. Tantos años que luchamos contra el crimen y por nuestro país para que al final nuestro propio gobierno nos tachara de posibles comunistas y nos obligara a retirarnos a todos. Tanto esfuerzo y empello que le puse a mi compañía solo para que gradualmente se cayera a pedazos con el pasar del tiempo, en verdad no veo como esto me puede estar pasando».

Alan suspiro y exhalo el aire que habia reunido en sus pulmones, ya un poco más relajado y menos tenso giro el picaposte de su casa que ya se encontraba abierta. Alan miro a su alrededor, el interior se encontraba ordenado y una voz femenina hizo que levemente sus ánimos se animaran tan solo de escucharla.

—Cómo fue tu día, Alan? —respondió interesada la mujer de pelo oscuro hacia su respectivo marido parado delante de la puerta recién cerrada por él.

—Un día… un tanto difícil, Alyx. El alcalde Hamilton me ordeno que interrumpiera la construcción ferroviaria que estábamos haciendo en el subterráneo. No se cómo les diré a mis empleados que el doble de sueldo que les daría no se podrá concretar después de todo.

La mujer solo puso sus manos sobre la cara de su marido mientras le daba una mirada de reconforte hacia él.

—Todo saldrá bien, Alan. Veras que todo sale bien al final. Ven, un café está listo para que lo puedas tomar.

—Gracias, Alyx. Tu sí que me ayudas a animarme cuando las cosas se ponen mal.

Siguiendo a su esposa por la cocina la cual quedaba solo un par de metros a la entrada de la casa por la derecha, pero detuvo su paso cuando escucho el teléfono de su casa timbrar de forma repentina.

—Ahora vuelvo, Alyx. El teléfono está sonando, iré a contestar.

—Tan solo no tardes —respondió la mujer de forma amable.

Entonces alan se acercó al estante donde yacía el teléfono vibrando, tomo de el y espero a que le contestaran.

—¿hola?

—Alan soy yo, Jay Garrick.

Entonces una vasta sorpresa lo volvió a inundar, pues hacía tiempo que uno o más bien su mejor amigo hablaba con él por desde hace bastante tiempo, un año aproximadamente desde que se tomaron la molestia de verse mutuamente.

—¿Jay en verdad eres tú? Hace tiempo que no te veo ¿Cómo sigues con ‘Garrick Laboratories’? y ¿Cómo está tu esposa Joan? De seguro deben de pasársela bien en keystone.

—Bastante bien mi querido amigo espero que tú también la estás pasando bien con Alyx. Tristemente ojala solo te llamarte por platicar un poco contigo, pero lastimosamente no es así.

Las palabras que expreso Jay mostraron claramente que un asunto más urgente estaba más que presente.

—¿Surgió algo grave, no es así? —hablo Alan para su pesar.

—Bastante malo me temo, lo vi en el periódico esta mañana, sucedió en Japón; y en estos mismos instantes lo están pasando por el noticiero.

—¿Y de qué es?

—Será mejor que lo mires por ti mismo, Alan. —contesto un poco preocupado, cosa que no pasó desapercibido para su amigo quien procedió a dejar el teléfono a un lado sin haber colgado todavía.

Cruzo más allá de la cocina pasando de largo de su esposa que lo esperaba, llevándose la impresión de que su marido no se sentó en la mesa redonda con ella.

—¿Ocurre algo, Alan?

—Nada serio…creo. Un viejo amigo me acaba de llamar por el teléfono, pero todavía no le colgué. Menciono que tendría que ver el noticiero ahora mismo.

—¿Y eso por qué? —pregunto desconcertada la mujer.

—No lo se con certeza, Alyx. Pero pienso averiguarlo viendo el noticiero.

Luego de explicarle a su esposa, este se dirigió a la pequeña sala de la casa donde se fijó en los limitados botones y ruedas que estaban integrados al televisor: prendiéndola en el botón de encendido. No falto mucho para que este moviera la palanca para agarrar la señal del noticiero.

—Muy buenas tardes —anuncio el locutor del noticiero—. Desde la bahía de Tokio en Japón ocurrió un incidente un tanto inusual pero dramático, lo que están a punto de ver queridos espectadores les pondrá los pelos de punta —procedió a presentar las imágenes ocurridas por parte traídas desde el país del sol naciente.

La cara que puso entonces el ex héroe lo dejo intrigado y bastante anonadado por lo que estaba viendo en la pantalla color grisácea. Su esposa no tardo en llamarle la atención la actitud de su esposo y decidió ir hacia donde estaba, pronto una cara horrorizada se proyectó en la mujer

—¡O dios mío! —fue lo único que salió de sus labios la nombrada Alyx Flade.


4 de noviembre de 1954, Opal City 11:00 am

En un departamento de astronomía se encontraba trabajando ted knight que se vio distraído cuando el teléfono de alado sonó. Al levantar el teléfono y contestar la llamada, pudo escuchar uno de sus viejos amigos por el teléfono.

—¿Ted, te encuentras ahí?

—¿Alan? —expreso impresionado—. Te escucho muy alterado.

—Me temo que es así amigo, en estos momentos al otro lado del mundo nos pueden necesitar —contesto Alan Scott.

—¿De qué hablas? No te estoy entendiendo.

Un suspiro al otro lado de la línea por parte de Alan Scott hizo que Ted se preocupara por lo que estaba a punto de escuchar.

—La sociedad de la justicia de américa tiene que volver para esta ocasión.

Continuara.