ayudando a papá
Era el día que más esperaba de la semana, viernes en la tarde. Podía ver a los demás niños siendo recogidos por sus padres, ellos les preguntaban como les había ido en su día y se marchaban juntos de la escuela. Pero a mi siempre me iban a buscar un poco más tarde que a los demás, ya era la última cuando la maestra me dirige una mirada cansada. Sé lo que está pensando, en lo irresponsables que son mis representantes, pero no me dice nada y se aleja un poco para que no pueda escucharla hablar por teléfono.
Pero no me importa esperar un poco más ese día, me distraigo con mi consola tratando de distraerme para pasar el rato. Pasan aproximadamente unos quince minutos cuando la puerta se abre, apartó la mirada de mi consola y mis ojos comienzan a brillar.
—Lo siento señorita Miller, tuve una reunión muy importante y...—Comenzó a justificarse mi padre, la maestra le mira con cansancio, siempre era la misma excusa. Sonreí al verlo y abrí mi mochila guardando mi consola para luego acercarme a paso lento hacía él.
Él es demasiado alto, por lo que se agacha para que pueda abrazarlo. Lo envuelvo con mis pequeños brazos y el corresponde, me siento protegida en sus brazos.—Lo siento por tardar tanto, Maya.—Se disculpa conmigo, pero a mi no me importa, no ahora que por fin estaba aquí.
—No importa papi.—Le digo con una bocecilla, estoy feliz de verlo.
Soy tan pequeña a comparación de él que puede cargarme en sus brazos con facilidad, pero él se resiste a hacerlo porque sabe que me da vergüenza. La profesora simplemente suspira y le reclama a mi papá, diciéndole que la semana que viene me busque más temprano. El se disculpa apenado, tomándome de la mano y nos despedimos de la señorita Miller.
—¿Cómo te fue hoy, princesa?—Me pregunta mientras caminamos por los pasillos de la escuela.
—Bien, en la clase de arte pinté algo y la señorita Brown me felicito, dijo que cada vez lo hago mejor.—Dije con orgullo, llevándome la mano al pecho con dramatismo, sabiendo de primera mano que yo era la mejor de mi clase.
Mi padre sonríe, pero puedo notar en su mirada cierto dolor, no entiendo que le pasa o que hice para que reaccionara de esa manera, aún así me dice lo orgulloso que está de mí y pronto salimos de la escuela. Afuera está aparcado su auto, me abre la puerta y antes de que pueda sentarme aparta unas cajas y carpetas llenas de documentos para hacerme espacio.
Me gusta pasar el tiempo con mi papá, es tan atento y siempre me escucha. Por eso siempre espero con ansias los viernes por la tarde, por que de esa manera pasaré todo el fin de semana a su lado. El camino a su apartamento lo pasamos hablando, o cantando canciones que sonaban por la radio. Me pregunta sí me gustaría cenar hamburguesas esa noche y yo casi salto sobre mi asiento de la emoción, asintiendo con entusiasmo. Papá usualmente no me dejaba comer comida chatarra, pero se notaba que ese día estaba feliz de verme.
El lucía cansado, tenía ojeras y le había crecido un poco la barba, pero aún así me sonreía como si fuese su tesoro más hermoso, y me pregunté mentalmente si el estaba durmiendo y alimentándose bien estos días.
—Más tarde vendrán de visita Stan y Kenny,—Me avisa y yo me alegro aún más.—Así que si quieres podemos ver alguna película juntos—Me propone.
—¡Sí!—Suelto un gritillo de emoción. Stan es el mejor amigo de mi papá y Kenny es un amigo que tienen en común mis padres. Yo por cariño los llamo 'tíos', a pesar de que no lo son, aún así es un hecho que Stan es mi padrino.—¡Podemos ver Paddington!—Exclamó, me encanta la película a pesar de ser vieja y ya haberla visto muchas veces, y sé que a mi padre no le importa verla otra vez conmigo.
Lo veo sonreírme por el retrovisor, a lo lejos se pueden ver unos grandes edificios, nuevos en el pueblo y con arquitectura moderna, ahí vivía mi papá. Se había mudado unos meses atrás, al parecer quedaba más cerca de su oficina. Nunca comprendí porqué no nos mudamos con él, y simplemente un día mis padres me sentaron en la sala para decirme que solo podría verlo los fines de semana, desde entonces los cosas han sido así.
El auto se detiene en el estacionamiento y el motor se apaga, ambos nos bajamos del auto y el toma mi mochila entre sus manos para ayudarme a cargarla. El estacionamiento es subterráneo, por lo que tenemos que caminar hasta un ascensor para subir hasta el piso en que vivía, el siete.
—Lo siento por el desastre,—Me dice, avergonzado cuando abre la puerta del apartamento y veo más papeles por doquier.—No he tenido mucho tiempo para limpiar.
Le susurro que no importa y me dice que me de un baño y me ponga ropa limpia, así que le hago caso, me doy un baño rápido y de la mochila saco una pijama de seda con estampados de gatitos que mamá me había comprado. Al salir del baño, lo veo en la cocina con las mangas de su camisa blanca remangadas para no manchar la tela, sé que está preparando las hamburguesas, así que me siento en la pequeña isla en medio de la cocina, observándolo en silencio. El silencio es cómodo y el sonido del grifo me hace ver con más detalle el apartamento, habían cuadros modernos, jarrones con plantas y un gran televisor en la sala con un sofá en forma de L de cuero marrón que sé que le costó una fortuna. Debo confesar que tiene buen gusto, y me detengo a pensar en mi madre, quién le gustaba lo ostentoso y costoso también.
A veces me da risa el contraste entre mis padres, Kyle, mi papá, es tan empatico, amable, correcto y a la vez obstinado, en cambio, mi mamá es orgullosa, mal hablada cuando cree que no la estoy escuchando y un poco difícil de conocer detrás de esa fachada de mujer fuerte e independiente que ocultaba una mujer sensible.
—¿En qué piensas pequeña?—Me pregunta con curiosidad, girandose hacía mí, alborotando un poco mi cabello con la palma de su mano limpia.
—En como conociste a mamá.—Le contestó, moviendo la cabeza para que deje de despeinarme. Mis rizos están alborotados y sé que si mamá me viese pegaría un grito y haría todo un drama por lo mucho que le había costado peinarme en la mañana.
El parece sorprendido por mi respuesta y puedo notar dolor detrás de sus ojos verdes por la mención de mi mamá. No quiero que se sienta triste, así que lo tomó de la mano y la apretó suavemente para consolarlo. Estuve apunto de disculparme, pero el me interrumpe.
—Bueno, la verdad es que nos conocemos de toda la vida,—Confiesa, rompiendo el silencio.—Ella solía hacerme la vida imposible de jóvenes y no dejaba de molestarme.
Arqueo un ceja, incrédula. Cuando uno piensa en historias de amor, suelen ser muy clichés, por lo que me sorprendo.
El sonido del timbre lo interrumpe cuando iba a hablar nuevamente y hago un puchero molesta. El me mira por un instante y se aparta de mí para abrir la puerta, me asomó ligeramente y saltó de la silla de la isla cuando veo a Kenny y Stan en la puerta saludando a mi padre.
—¡Tío Kenny, tío Stan!—Gritó emocionada corriendo hacia ellos.
Me abrazan felices de verme después de tanto tiempo, Kenny tiene una bolsa en su mano y me la entrega, es un regalo para mí, saltó de la alegría dejándome llevar por la emoción y abro la bolsa. Es una muñeca, le agradezco feliz y corro a la sala para inspeccionarla mejor.
Los escuchó hablar entre sí y puedo escuchar la risa de mi padre. Mi padrino, Stan, se sienta en el sofá junto a mí, me pregunta cómo me va en la escuela viéndome jugar con la muñeca. Hablamos por un rato hasta que termino por aburrirme y dejarla sobre la mesa. Mi papá estaba otra vez en la cocina y hablaba con Kenny sobre algo.
—¡Papá!—Exclamo para llamar su atención,—¡No terminaste de contarme como conociste a mamá!—Le recuerdo, porque tengo muy buena memoria y tengo mucha curiosidad después de lo que me había dicho.
Puedo escuchar la risa de Kenny, y no entiendo que es tan gracioso.
—Oh Dios santo,—Dice muerto de la risa, mi padre le mira con cara de pocos amigos.
—Kyle y Erica se conocen de pequeños,—Me dice mi tío Stan,—Siempre peleaban entre sí y Erica lo molestaba.
—¿Y por qué comenzaron a salir?—Pregunto confundida.
—Yo opino que los que pelean se aman,—Dice Kenny con tono burlesco,—Por eso.
—Ya.—Dice mi padre con un tono de voz que reflejaba que estaba harto de las burlas del rubio, luego me mira y suaviza su expresión.—Es un poco complicado princesa.
—¡Pues quiero saberlo!—Respondo con insistencia, y él sabe muy bien que no me voy a rendir hasta que me lo diga. El suspira con pesadez, me dice que me ponga cómoda y escuche con atención y yo emocionada le hago caso.
«Éramos unos niños muy pequeños cuando la conocí, íbamos al mismo jardín de niños por lo que comenzamos a juntarnos bastante, pero por alguna razón en cuarto grado Erica comenzó a fastidiarme y burlarse de mí, en ese entonces teníamos una relación complicada entre amistad y enemistad.
Yo no la soportaba y ella no me soportaba a mí, lo único que nos mantenía unidos eran Stan y Kenny. Ella era desagradable y un verdadero dolor de cabeza, aún así, cuando no peleábamos encontraba su compañía un poco agradable.
Pero cuando comenzamos a crecer más y ella se convertía en una señorita, ya no veía adecuado pasar tanto tiempo con nosotros, así que poco a poco se alejó y dejamos de hablar por completo en octavo grado. Ella ahora se la pasaba con su mejor amiga, Marjorine y nos ignoraba. Yo... no comprendía porque se había alejado tan de repente, y tampoco comprendía por que me afectó tanto en aquel entonces. La verdad es que extrañaba a esa chica que me hacía molestar tanto.
Cartman solía ser muy odiada por todos, pero de repente comenzó a cambiar su actitud y a ser un poco menos tosca, se arreglaba más, lo que hizo que muchos chicos comenzarán a interesarse en ella. En décimo grado comenzó a salir con un chico de un grado mayor, y yo no podía hacer más que observarla a lo lejos, todavía sin entender porque sentía cierta envidia.»
—Tú papá es un poco ciego y tonto, Maya.—Me dice mi tío Stan, interrumpiendo a mi padre, quien tiene las mejillas rojas, no sé si de vergüenza o de rabia.
—¡No me interrumpas, Stan!
«Cuando me di cuenta de que sentía atracción por Cartman, ya era muy tarde. Estábamos a una semana de graduarnos de la preparatoria y ella iría a una universidad distinta a la mía. Todavía estaba saliendo con aquel chico, por lo que no podía hacer nada más que desear lo imposible.
Estaba teniendo un pequeña crisis tratando de averiguar porque ahora me gustaba aquella chica que solía molestarme tanto, antes la veía como otra más del grupo y no me había detenido a ver lo hermosa que era en realidad detrás de esa fachada de orgullo.
La dejé montarse en ese avión hacía Nueva York sin decirle como me sentía ni poder despedirme de ella por miedo a su reacción. Y yo también me fui por mi parte a estudiar en San Francisco, y durante ese tiempo traté de salir con varias chicas, pero no podía dejar de pensar en tu mamá. Terminé la carrera de derecho y al graduarme con honores conseguí un trabajo como pasante en una empresa que acababa de abrir una nueva oficina en Nueva York, por lo que tuve que mudarme.
Sabía que Cartman probablemente seguía en la ciudad, pero jamás pensé encontrarla en la misma empresa como directora de operaciones, ella tampoco esperaba encontrarme allí. Cuando me vió siendo introducido a los demás por el presidente ejecutivo estaba saliendo de la sala de descanso con un café en su mano y se manchó su blusa al tropezar con sus tacones. Su secretaria salió casi corriendo a ayudarle y yo no podía evitar sonreír por lo bajo mientras ella me fulminaba con la mirada. Me exigió comprarle ropa nueva, pues había manchado su 'hermosa y costosa' blusa por mi culpa y yo no podía negarme, porque todavía me gustaba y era mi jefa. Todos en la oficina parecían sorprendidos al ver que nos conocíamos.
Personalmente yo estaba muy sorprendido. Ella había cambiado tanto que casi era irreconocible, estaba menos obesa que cuando éramos niños, probablemente por problemas de salud y recomendación de un médico pero seguía siendo un poco rellenita. Su cabello era largo y ondulado, su maquillaje siempre pulcro y hermoso, y su figura me atraía como un imán. Tenía una presencia que reflejaba estatus, sensualidad y elegancia que no conocía de ella. Por lo que cuando me llevó casi a rastras por las calles de Nueva York a la tienda Chanel más cercana y me hizo pasar casi toda la tarde con ella probándose ropa, no pude evitar quedar boquiabierto por su belleza.
La dejé elegir lo que más le gustó y terminé pagando por todo al ver su rostro lleno de emoción, gastando un poco de mis ahorros para la renta del lugar en que me estaba quedando. Mentalmente estaba rogando que la tarjeta no me dejará en pena, temía que saliera rechazada por fondo.
¿Qué iba a decir Cartman si eso pasaba, se iba a burlar de mi porque era un judío sin dinero?»
—Qué Simp-ático que eres Kyle...—Interrumpe ahora mi tío Kenny, con una sonrisa en su rostro. No logro comprender el chiste cuando los tres se ríen.
—¿De qué se ríen?—Pregunto inocentemente cuando mi padre me pasa el plato con la hamburguesa recién hecha. Todos estábamos en la mesa para comer.
—Nada, cuando seas más grande lo comprenderás.—Me responde, y cuando estaba apunto de reclamar me interrumpe.—Come tu comida antes de que se enfríe.
«En fin, cada vez que la veía con la ropa que le había comprado no podía evitar alegrarme a pesar de que la mayor parte del tiempo los dos estábamos muy ocupados como para entablar una conversación. Hasta que un día ella salió de su oficina y se acercó a mi cubículo para pedirme asesoría legal por un caso en recursos humanos, hablamos durante mucho tiempo sobre el tema. Pasaron los días, hasta que llegó un punto en que ella me buscaba casi todos los días con la excusa de que necesitaba mi asesoría, yo sabía muy bien que llegados a ese punto ella ya no lo necesitaba realmente y solo lo hacía para pasar el rato conmigo, por lo que comencé a ilusionarme con que tenía una oportunidad con ella.
Así que había decidido invitarla a salir. Esa noche nos tocó quedarnos hasta tarde en la oficina por un problema de último momento, poco a poco los demás se fueron retirando de la oficina, hasta que finalmente solo quedamos ella y yo. Probablemente terminamos a las doce de resolver el problema, y en el camino al ascensor no podía dejar de pensar que esa era mi oportunidad de decirle. Salimos juntos del ascensor y salimos del edificio por la recepción, siendo recibidos por el frío nocturno, las luces deslumbrantes y el ruido que caracterizaba a Nueva York.
Ella se abrazaba a sí misma tratando de entrar en calor, pues su traje y su abrigo parecían no lograrlo, y por un instante tengo la tentativa de darle mi abrigo cuando nos quedamos parados en la calle. Yo podía irme caminando hasta donde me estaba quedando, pero quería acompañarla hasta que llegara un taxi para ella. Termino decidiendo quitarme el abrigo y se lo pongo en los hombros y ella de inmediato se gira a verme sorprendida, puedo ver sus mejillas sonrosadas y no sé si es por el frío, el maquillaje o porque yo lo había causado.
—Uhh...—Dice, acomodándose el abrigo y dejando de temblar, entrando en calor. Mi abrigo naranja y verde se ve pintoresco a comparación de su ropa elegante de color negro y blanco, pero ella no comenta nada al respecto.—Gracias Kahl.—A pesar de los años seguía pronunciando mal mi nombre a propósito.
—Me preguntaba si estabas libre.—Comienzo a decir de repente, yo estoy temblando del frío ahora, pero no me importa, puedo verla aferrarse a mi abrigo y juro verla suspirar al oler mi perfume en la tela.—Podríamos salir... ya sabes, por los viejos tiempos.—Le digo, y mentalmente me quiero dar una bofetada, eso no era lo que quería decirle realmente, lo hice parecer como una cita platónica o algo por el estilo.
Ella me mira en silencio, sorprendida, estaba apunto de responderme cuando un auto se detuvo enfrente de nosotros, el vidrio fue bajado por completo y adentro pude ver a un hombre castaño de ojos verdes llamar el nombre de Erica. Ella se excusó, diciendo que ya habían llegado a buscarla y entró al auto. Debí suponerlo, era obvio que una mujer como ella no estaría soltera.
Sentí celos y envidia de aquel hombre, parecía ser otro novio distinto al que tuvo en décimo grado. El carro que manejaba era costoso y el chico lucía de la alta sociedad, luego descubrí que era el hijo de uno de los políticos de la ciudad y estaban comprometidos. Mis esperanzas ahora eran iguales a cero.
Erica nunca me devolvió mi abrigo y yo nunca se lo pedí, demasiado dolido para hacerlo. Ahora los días en la oficina eran casi insoportables para mí cuando su prometido llegaba a mitad del día para verla. Por lo que un día, decidiendo olvidarla de una vez por todas, salgo a un bar con otros compañeros de trabajo. Entre ellos había una chica que yo sabía muy bien que estaba interesada en mí desde que había llegado a la empresa, era una asesora de ventas unos años mayor que yo, de cabello rubio y ojos almendrados que se llamaba Emma. Esa noche decidí intentarlo y poco tiempo después comenzamos a salir oficialmente.
Al parecer la noticia se esparció rápidamente por la oficina y llegó a oídos de Erica gracias a la chismosa de su secretaria, Cartman convocó una reunión obligatoria. Cuando entre a la sala, ella estaba sentada en la silla del otro extremo y tenía una expresión seria, sentí escalofríos cuando me miró tan profundamente que llegué a pensar que mentalmente me estaba golpeando. No entendía porque estaba tan molesta conmigo. Una vez que todos estábamos en la sala, ella se levantó y comenzó la reunión, recordándonos vagamente del reglamento laboral, y finalmente diciendo sin pudor alguno que estaba enterada de la relación de dos de sus empleados, pude sentir la mirada de todos sobre mi novia y yo y Erica se cruzó de brazos recordándonos que ese tipo de relaciones estaban prohibidas por la empresa. Y yo no pude evitar pensar en lo hipócrita que eso sonaba cuando ella misma dejaba entrar a su prometido a su oficina casi todos los días.
Me resistí a reclamar, pues estaba muy molesto, pero me mantuve callado y ella pareció satisfecha. Luego de aquella reunión, le dejaba a mi novia y a mi una excesiva cantidad de trabajo que era casi imposible de cubrir y activamente evitaba hablar con alguno de nosotros. Podía sentir su desprecio repentino y no lo entendía, no sabía que le había hecho para que ahora me tratara de esa manera. Todo se sentía como cuando éramos niños otra vez.»
—Estaba celosa.—Digo, como si fuese lo más obvio del mundo interrumpiendo a mi padre. Habíamos dejado de comer hace rato y ahora estábamos en el sofá escuchando su historia.
—Sí, lo estaba.—Me confirma mi padre,—Pero en ese entonces ella estaba comprometida, y yo no entendía sus acciones, así que pensé que me odiaba.
«La presión fue tanta que mi novia terminó renunciando y Erica duró una semana entera con una sonrisa enorme en su rostro. Y yo comencé a sentir cierto rencor por ella, Emma no dejaba de llorar por el desempleo y el estrés que le había generado Cartman, y un día simplemente me dijo que se iría de la ciudad a vivir en la casa de sus padres, dejamos la relación hasta ahí y nuevamente estuve soltero. No podía dejar de pensar que todo había sido premeditado cuando de repente mi cantidad de trabajo se redujo a la habitual.
Durante los siguientes días, su prometido dejó de ir a verla de repente, desde mi cubículo podía verla en su oficina con una mirada afligida y no podía dejar de pensar que algo había ocurrido. Una noche, decidiendo adelantar un poco el trabajo del siguiente día me quedé hasta tarde, pensé que era el único en la oficina cuando escucho un llanto. Lenvanto la mirada apartándola de mi computadora y miro a mis alrededores, había una pequeña luz proveniente de su oficina que era medianamente oculta por sus cortinas y dejándome llevar por la curiosidad me levanto de mi silla. Mientras más me acercaba a su oficina más claramente podía escucharla y mis antiguos sentimientos que pensé había olvidado de una vez por todas me hicieron una mala jugada, tomé el pestillo de la puerta y la giré suavemente sin hacer ruido. Al mirar a dentro, pude verla sollozando desconsoladamente, sus mejillas estaban manchadas por el rimel y su sombra de ojos, tenía una expresión de dolor mientras se hacia un ovillo en su silla y mi pecho se oprimió del dolor.
Ella pareció notar mi presencia y de inmediato se dio la vuelta, tratando de ocultar su rostro y con la voz temblorosa me preguntó que hacía allí. La ignoré y le pregunté que había ocurrido.
La verdad, nuestra relación era únicamente laboral, no éramos amigos ni cercanos, era como si hubiéramos omitido todos los años que llevábamos conociéndonos, todo lo que habíamos pasado juntos. Por lo que realmente no esperaba que fuera honesta conmigo y me contará lo que le pasaba. Pero lo hizo.
Su prometido la había engañado con otra y habían roto el compromiso. Quise golpear al tipo personalmente, pero decidí que lo más sensato en ese momento era consolarla.
Me acerqué hasta su silla y me agaché un poco para secar las lágrimas que brotaban de sus ojos bicolor, detestaba verla así, así que le susurré que todo estaría bien y ella me abrazó haciéndome caer al suelo, ocultando su rostro en mi cuello sin parar de llorar, la dejé llorar en mi regazo mientras yo acariciaba suavemente su cabello hasta que no pudo más y el silencio reinó otra vez.
Seguía abrazada de mi cuando rompí el silencio:—¿Quieres ir a cenar?
No se lo había pedido con intenciones románticas, solo quería hacerle sentir mejor, porque sabía que debía sentirse terrible. Ella acababa de romper una relación al igual que yo y no me sentía listo todavía para iniciar una nueva, además, sabía que tal vez ella no sentía lo mismo que yo.
Aún así ella aceptó y terminamos en un bistro elegante que estaba a unas pocas cuadras. Tenía los ojos levemente hinchados por las lágrimas y su rostro ya no tenía maquillaje, se veía más como la Erica que había conocido hace tantos años. Esa noche por primera vez tuvimos una conversación que no se basara en el trabajo y pronto descubrí que me sentía cómodo en su compañía. Ella reía por algo que le había comentado de mis años en la universidad, una anécdota graciosa con uno de mis antiguos compañeros de clases mientras degustaba el vino cabernet sauvignon que habíamos pedido. Me contó un poco también de sus años en la universidad, como había logrado graduarse antes de tiempo y había avanzado tan rápido en su carrera profesional.
Pasamos horas enteras hablando sin parar, hasta que finalmente nos retiramos. A pesar de ello, seguimos caminando por las heladas calles sin detener nuestra animada conversación sobre una nueva película que estaban dando en los teatros. Y ella entonces me tomó del brazo y me jaló, corriendo por las calles entre risas, yo estaba confundido y no comprendía lo que ella planeaba hasta que nos detuvimos en uno de los teatros. Ambos nos quedamos viendo fijamente y ella suelta una sonrisa ladeada, terminamos entrando a ver una función de un musical que unos jóvenes habían hecho sobre El Cascanueces.
En la oscuridad del teatro la puedo ver sonreír y me pierdo a mi mismo en sus ojos que se achicaban cuando encontraba algo divertido, sus mejillas, sus pestañas y la forma en como la comisura de sus labios rosas se curvaban al reír, es tan hermosa que siento mi pecho oprimirse involuntariamente, me sudan las manos y por más que suene la música no puedo dejar de verla. Estoy embelesado, no puedo dejar de ver a la hermosa mujer que está sentada a mi lado.
Después de la función, la acompaño hasta un taxi y nos despedimos. No puedo dejar de pensar en lo relajada y feliz que se veía, y la creencia de que había olvidado momentáneamente a su ex prometido me hizo sentir orgulloso de mi mismo.
A partir de esa noche, comenzamos a hablar más y a pasar el rato fuera del trabajo como amigos. Íbamos juntos a los nuevos restaurantes que abrían, las nuevas funciones en los teatros y obras de ballet, visitamos el museo e incluso la estatua de la libertad.»
—Me suena a que eran citas y ustedes dos no lo sabían.—Interrumpo otra vez, con una sonrisa en mi rostro.
—Hmm... tal vez—Concede mi papá,—Pero recuerda que a penas comenzábamos a llevarnos bien.
«Duramos casi un año de esa manera, y yo no podía dejar de pensar en invitarla a salir. Pero la idea de que ella no se sintiera de la misma manera me aterraba, por lo que me quedé callado, conformandome con su amistad.
Pero un día, yo estaba en mi apartamento, era mi día libre y había decidido dormir. El sonido del timbre me despertó de golpe y di un salto, levantándome de la cama y saliendo de mi habitación, caminando por el pasillo hasta la puerta. Al abrirla tu madre estaba afuera, tenía la ropa húmeda y estrujaba sus manos con cierto nerviosismo. Estaba lloviendo a cántaros y se estaba empapando.
Le iba a ofrecer que entrará al apartamento, pero me interrumpió rápidamente.
—Me iré de Nueva York.
La noticia me sienta como un golpe en el estómago, me quedo perplejo viéndola. No lo entendía, todo iba tan perfecto ¿Por qué tenía que irse ahora?
—Mi madre está muy enferma... los médicos dicen que no le queda mucho...—Dice en tono lastimero, sé que ha estado llorando porque tiene los ojos rojos,—Así que regresaré a South Park...
Hace una pausa, bajando la mirada, quiero decirle que entre al apartamento, pues se podría enfermar, que adentro podemos hablar las cosas con más calma, pero me interrumpe otra vez.
—No creo poder regresar, así que lo diré de una vez por todas.—Hace una breve pausa,—Siempre hemos tenido una relación complicada... y sé que siempre me haz visto como otra más de los chicos... pero ahora estoy aquí, y no quiero que olvides que... solo soy una chica—Puedo ver sus ojos humedecerse,—Frente a un chico....—Quiero consolarla.—Pidiéndole que la ame....
Tu madre siempre ha sido dramática, y esa confesión solo lo confirmaba más.
Me quedé congelado, podía ver sus ojos aguados y la forma en como se mordía el labios pues yo no decía nada. Pero yo estaba paralizado, no podía creerlo. Erica Cartman me amaba. Vi una lágrima bajar por sus mejillas y no pude levantar la mano para secarla, pero sentí como ella se acercaba a mí para besarme la mejilla, estoy desesperado por hacerle saber que la amo también, pero solo me quedo parado como un tonto. La veo alejarse de la puerta entre lágrimas bajo la lluvia, y me arrepiento.»
—¿¡Por qué la dejaste ir!?—Cuestiono, lanzandole uno de los cojines del sofá, no podía creerlo.
—Entre en pánico, y cometí un error.—Me responde, tomando entre sus manos la almohada que acababa de lanzarle. Me siento molesta con él.
«Los días en Nueva York se volvieron tremendamente tristes cuando ella se fue, extrañaba verla en su oficina todos los días, extrañaba hablar con ella por horas y por sobre todo la extrañaba demasiado a ella.
Mis compañeros de trabajo parecieron notar que estaba deprimido y trataban de sacarme a cenar todas las noches después de terminar la jornada laboral para animarme un poco. Pero ella no dejaba mi mente, me levantaba todas las mañanas preguntándome como estaba y me acostaba todas las noches deseando que estuviera bien.
Me repetía una y otra vez que era mi culpa por ser tan cobarde y no decirle que no tenía que pedirme nada porque yo ya la amaba, la amaba desde mucho antes de reencontrarnos. Quería decirle que era la primera mujer que me hacía sentir de esta manera y que sería la última, pero estábamos a kilómetros de distancia y yo no tenía forma de contactarla porque se había cambiado de número.
Y luego de varios meses, recibí una llamada de Stan invitándome a South Park para una reunión de la secundaria. Era una excusa perfecta para regresar, por lo que tomé mis cosas y me marche también de la deprimente ciudad, regresando al pueblo de mi infancia.
Cartman no asistió a la reunión, y me enteré gracias a Marjorine que vivía en su antigua casa y que Liane había muerto. Quise visitarla para darle mis condolencias, pero nunca me abrió la puerta y comencé a sospechar que me estaba ignorando.
Pero entendía su reacción, después de todo, si veía las cosas desde su punto de vista parecía que la había rechazado.
Pasaron varios meses y finalmente nos encontramos nuevamente. Esta vez en una fiesta de año nuevo que había organizado todo el pueblo. La música y la emoción navideña estaba presente en el aire libre, estoy junto a Stan hablando cuando la veo no muy lejos de donde nos encontrábamos, ella hablaba con Marjorine con entusiasmo, se había cortado su cabello hasta los hombros como solía usarlo cuando éramos más jóvenes. Pero lo que más me sorprende, es que la veo usando mi abrigo.
El abrigo que le había dado aquella noche y nunca me devolvió. Le queda un poco largo por nuestra diferencia de estatura, pero lo lleva puesto como si fuese el abrigo más cómodo del mundo, como si fuesen mis brazos abrazándola y proporcionándole el calor que necesita.
Sonrió embobado y ella parece notar mi mirada sobre ella, pues me mira de reojo y su sonrisa se borra. Quiero hacer que vuelva, quiero hacerla feliz.
Marjorine nos deja a solas cuando me acerco a ella y puedo notar su hostilidad hacia mí, pero no importa, solo quiero decírselo de una vez por todas.
—No tienes que pedirme lo que ya hago.—Le digo, y veo duda en sus ojos, la tomo de las manos y el tacto es suave y agradable, la cuenta regresiva del año nuevo estaba comenzando, por lo que casi grite para que me escuchara.—Te amo, y lo digo enserio, carajo, llevo enamorado de ti desde hace años.
Ella abre los ojos como platos y puedo ver como sus mejillas se tornan rojas, sus ojos brillan bajo la luz de la luna y quiero que sea mía. La cuenta regresiva para recibir el año nuevo estaba apunto de terminar cuando la tomo de las mejillas con mis manos y me inclinó hacía ella y la beso, finalmente la beso. Lo que había soñado por tantos años al fin se hacía realidad. Nuestros labios se unían en una danza y todo lo demás ya no importaba, porque sólo éramos nosotros demostrando cuánto nos amábamos.»
—Y luego pasó lo que todos sabemos, comenzamos a salir, eventualmente nos casamos y te tuvimos a ti, princesa.—Termina de contar mi padre, culminando la historia de como se conocieron y enamoraron.
Seguimos en el sofá, y yo me acomodo incómoda.—Pero ahora no están juntos... ¿Por qué?—Pregunto con la voz dolida.
—Seguimos juntos pequeña, solo nos estamos dando un tiempo.—Me afirma y yo no puedo evitar sollozar, porque ese tiempo se siente eterno.
Extraño cuando estábamos los tres juntos, no entiendo a los adultos. Era obvio que mi papá estaba enamorado de mi mamá, y mi mamá piensa que no sé que ella lo ama también. Sí se aman tanto ¿Por qué tenían que alejarse?
Siento los brazos de mi padre rodearme para consolarme.
—La extrañas, y la amas.—Lloro sobre su pecho y sé que mi tío Kenny y mi tío Stan nos miran fijamente,—¿Por qué la dejas ir?
—Respeto la decisión de tu mamá, ambos necesitábamos un descanso.—Me responde, acariciando mis rizos para tranquilizarme.
—¡Pero sí amas algo debes luchar por eso!—Le replicó con la voz quebrada.—¿La vas a dejar ir como aquella vez que te dijo que te amaba?
No me responde, y sé que él esta sufriendo tanto la separación como yo.
—A veces escucho a mamá llorar por las noches, y se que es por ti.—Le confieso, entre hipo por el llanto.
Mi confesión parece herirlo, pues hace una mueca dolido, como si no lo esperara. Como si nunca quisiera lastimarla y sé que ningún hombre podrá amar tanto a mi mamá como lo hacía él.
—Sólo dile la verdad, ella lo apreciará.—Le aconsejo,—Si le dices, todo mejorará—Termino de decir, es un consejo simple de parte de una niña que solo quería una cosa, ayudar a su papá y que su familia vuelva a ser lo que era antes.
(...)
Al terminar el fin de semana, papá me lleva a casa, y se que está nervioso y ansioso durante todo el camino cuando cambia constantemente la emisora de radio y no para de mirarme por el retrovisor. Se había afeitado la barba y se había peinado el cabello para verse presentable.
En el camino le compramos flores a mamá, y al llegar a casa, nos bajamos del auto. Le tomó de la mano y caminamos juntos hasta la entrada, tocando el timbre.
Mamá tarda varios minutos en abrir la puerta, y cuando lo hace se está poniendo unos pendientes de perlas, al parecerse estaba alistando para salir. Al vernos a mi papá y a mi sonríe y su mirada se posa rápidamente en las flores que sostiene mi papá.
—Se que dijiste que querías un respiro, y lo entiendo, pero quiero que sepas... que estoy aquí ahora.—Comienza a hablar tan perfecto que parecía que lo había practicado en la mañana frente al espejo,—Un chico, frente a su chica, pidiéndole que lo ame...—Y extiende las flores hacia ella.
Ella entrecierra los ojos, entendiendo de inmediato a que se refería.—A ti no te sale.—Le dice, y tengo que reprimir una carcajada.
Hay un largo silencio, ella acepta las flores y las huele, soltando un suspiro. Finalmente vuelve a mirar a mi papá con cierta molestia en su mirada, algo de indignación y un poco de alivio.
—Llevo meses esperándote judío de mierda.—Le dice mi mamá, al parecer le salió del alma. Los veo besarse, abrazarse y como ella tiene los ojos húmedos.
—La niña está aquí, —Le recuerda él, y ella suelta una risilla sin dejar de abrazarlo. Sé que está llorando sobre su hombro cuando mi papá acaricia su espalda y su cabello.
—¿Quieren que cenemos juntos esta noche?—Cuestiona Erica, mi mamá, cuando finalmente deja de llorar.
Y con eso sé que poco a poco las cosas volverán a como eran antes, los tres juntos, como una familia.








