Capitulo 1 — Único Capítulo
"Oye, Misugi ¿Acaso no te hace mal dormir con audífonos puestos?" Interrogó con cansancio en sus palabras.
El menor tarareó en respuesta, no había escuchado nada de lo que le han dicho. Matsuyama se levantó de su cama y fue a la del contrario a quitarle los aparatos.
"Hey, ¿Por qué?" Desprevenido, miró a la oscuridad en el lugar dónde se supone que está Matsuyama.
"Dormir con audífonos es malo para tus oídos". Regañó con un poco de molestia para luego ponerse uno de los audífonos en su oreja. "Tienes suerte de que la canción que escuchas sea calmada" exhaló con pereza, a saber qué hora de la madrugada es para empezar una conversación tonta como esa.
Le devolvió los audífonos ya apagados a su dueño y se mantuvo sentado al lado de su superior el cual se encontraba rebuscando algo en el cajón de noche, sin saber qué era y sin ganas de saber que trataba de encontrar dejó sus audífonos encima de la mesa, Misugi solo se dió cuenta del gesto por el sonido plástico tocando madera. Misugi, un poco aturdido de buscar en la oscuridad por fin prendió la luz de la lámpara de mesa.
Volteó a ver a su acompañante por unos segundos, tenía el cabello alborotado y la mitad de su cara un poco enrojecida seguro producto del tiempo que llevaba dormido en la misma posición, seguro y se le hubiese escapado una risilla en el momento pero no sucedió, siguió buscando hasta encontrar un frasco de pastillas. Guardó los audífonos y cerró el cajón.
"Algún día lo entenderás." Sus ojos quedaron mirando aquel frasco naranja que tenía en su mano, pensativo a lo que había dicho anteriormente.
Algún día lo entenderá... Tal vez no debería de entenderlo nunca. Misugi era muy egoísta en cuanto a hablar de sus pensamientos, tal vez Hikaru sea la segunda excepción que haga, aunque... La consecuencia de entenderlo le hace pensar si el chico que está a su lado no sufriría.
"¿Me pasas una botella de agua?" Repentinamente habló Misugi.
Hikaru también estaba en su mundo, pensando y viendo con detenimiento aquel pequeño frasco antes de darse cuenta de todo, se preguntaba si llegaría un día en el que su... Compañero dejara de ingerir eso. Se reincorporó en si y dijo:
"Claro, ¿Es algún medicamento que se te olvidó tomar?" Se levantó de la cama para ir al baño con un vaso y agarrar un poco de agua del lavamanos.
"Sí, aunque pensándolo bien..." Agarró su móvil debajo de la almohada para checar la hora "Debo tomar dos pastillas, esta y otra. Ya son las cuatro de la mañana" Misugi le mostró la pantalla de su teléfono a el contrario cuando ya había vuelto con el vaso de agua.
"Cuatro de la mañana, me desperté una hora antes, ya nos van a llamar dentro de poco." Tuvieron un intercambio de objetos y se sentó nuevamente en la cama junto a Jun.
"Sí... Deberíamos de irnos preparando ya." Respondió bebiendo las dos pastillas de un solo trago.
"Pff, Tsubasa ya debe de estar atando los cordones de los zapatos." Ya un poco despierto se dignó a reírse.
Los dos estaban riéndose discretamente, no querían despertar a las personas que dormían en las habitaciones de los lados.
Aunque Hikaru se reía un poco más fuerte terminó contagiando su risa a su entrenador, las risas cesaron en grandes carcajadas por parte de los dos.
Jun trató de hacer que Hikaru parara, cosa que logró, ambos terminaron en silencio por unos segundos recuperando el aire que habían perdido. El águila de Hokkaido se acostó, recordó que aún tenía el teléfono de Misugi en sus manos por lo que decidió ojear lo ajeno unos minutos. El contrario aún se encontraba mirando hacía la otra cama y la salida de la habitación, tenía tanto en qué pensar y poco tiempo para ello, quiso recordar todo lo que pasó para llegar hasta donde está en estos instantes, quiso enfocarse en el sabor agrio de esos medicamentos, quiso cerrar sus ojos y solo verse a él y a Matsuyama jugando fútbol junto a sus amigos por siempre.
Al final se rindió, dejándose caer hacía atrás y estar al lado de Hikaru cual revisaba su teléfono, revisando las tendencias de última hora de Twitter, siguió con los ojos todo lo que hacía en su celular, ver su propio teléfono hacía que el pecho se le estrujara justo como un enamoramiento de manga.
Por unos segundos se preguntó si era el teléfono y lo que contenía lo que le estaba haciendo mal, los medicamentos que había ingerido hace unos segundos o el pensar inconscientemente en las personas al su alrededor, mucho más pensando en su mejor amigo de años. Dejó de mirar la pantalla del aparato eléctrico y se volteó quedado espectante de la cara de su amigo en perfil, detallando todo lo que veía de él. Jun se preguntaba cuántas veces hacia eso al día, ver esos ojos rojizos con una expresión de tranquilidad y somnolencia le hacía daño a su corazón, cada que lo veía sentía que su corazón ya no estaba ahí y dejaría de vivir.
En un abrir y cerrar de ojos pudo divisar como su amigo había cambiado de aplicación estando ahora en la galería de fotos, no tenía muchas, vió como abría una en la que estaban ellos dos y Yayoi, era una selfie que le pidió Jun a Hikaru el día del encuentro de Tsubasa y Hyuga, Yayoi la había tomado, recordó por unos segundos lo que la chica dijo después de eso.
"Ustedes hacen buen dúo, guarda esta foto, han quedado increíbles en ella" Contenta, le devolvió el teléfono al chico pálido luego de ver como había salido en la fotografía. Jun le mostró el teléfono al chico de al lado notando como una mueca burlona salía de él, en sus palabras, había salido muy despeinado. No le importó lo que dijo y no la borró.
Hikaru miró la foto unos segundos y la desplazó, viendo la siguiente imágen.
Una foto solamente de ellos dos, fue el mismo día y esta vez Jun fue el que la tomó. El dueño del teléfono veía esa foto con dolor, era tan hermoso, bueno, Hikaru sigue siéndolo pero antes era bellísimo, no le sorprende que después de ese debut las cartas de amor les llegara del cielo. Aunque, siempre se preguntó por qué nunca escuchó que tuvo amoríos o alguna que otra aventura, tal vez él fue muy discreto con sus relaciones en el pasado.
Su pecho se sentía caliente. Miró a Hikaru algunos segundos buscando cualquier cosa, ese hombre miraba con detenimiento la imagen sin mostrar señas de querer desplazarla, Jun se puso nervioso por unos segundos, tal vez no era tan obvio lo que él sentía hacía Hikaru, pero, en ese momento, tal vez en ese instante logró ver unos ojos diferentes en Matsuyama, no logró identificar que era, quería saber qué significa esa expresión.
Si Matsuyama se hubiese dado la vuelta en esos instantes, pudo haberse dado cuenta de todo.
Recordó por unos segundos, las inmensas ganas que tenía en ese momento del partido en agarrarle la mano a Matsuyama. Se puso aún más nervioso al pensar lo extrañado que hubiese estado Hikaru si hubiese sucedido. Gracias a lo que sea que no sucedió.
"Algún día... Lo entenderás", pensó en lo profundo de su ser, "algún día tendrás que saber..." Esta vez había pensado en voz alta, captando la atención de Matsuyama.
"¿Qué?, ¿Tendré que saber qué?" Preguntó saliendo de la aplicación lo más rápido que pudo apagando el móvil y girandose quedando cara a cara con aquel príncipe.
Jun se exaltó un poco, acomodándose un poco quedando un poco más lejos de Hikaru inconscientemente.
"Nada, no es nada." Una sonrisa se le escapó, en los ojos del contrario aún se notaba duda que fue reemplazada en los instantes por una pequeña curva en sus labios. "Ya debe ir siendo hora de prepararnos para el entrenamiento, ve y báñate tú primero."
Aún miraba a los ojos de su compañero, si Jun le pidieran una opinión sobre los ojos de Matsuyama diría que le asusta no verlos brillar durante toda la eternidad, diría que le gustaría perderse en ellos, que si algún día les pide ser comido ese día le daría todo su cuerpo y ser.
"Está bien" El mayor fue el primero en levantarse de la cama del menor para ir a buscar sus cosas y ducharse.
Misugi veía con detenimiento como Hikaru entraba a la habitación de baño, cualquiera diría que es tremendo acosador o algún tipo de novia sobreprotectora, giró en su cama con brusquedad trapando sus ojos en el acto reprimiendo el pensamiento en su cabeza.
"Al menos pensar en eso es más confortante que pensar en otra cosa..." Su subconsciente ganó esta vez. Aquél hombre miraba el techo con una pequeña pizca de sueño y con una gran pizca de vergüenza. Unas semanas más y ya volvería a casa. Lo primero que haría sería tomar una siesta de dieciseis horas y luego llamar a Hikaru y perder el tiempo con llamadas de cinco horas junto a él.
Sí, eso suena muy confortante para él.
Aunque le gustaría vivir más años para hacer miles de llamas junto a Hikaru, le gustaría vivir hasta los ciento cincuenta años... Y más.
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"Hikaru." Habló Misugi sumergido en su teléfono.
"¿Si?" Respondió el chico que buscaba algo entre sus maletas.
"¿Tú crees en algo?" Directo, como siempre.
"¿Eh?, ¿Cosas así como Dios?" Preguntó un poco desconcertado, miró a Jun el cual aún estaba en su teléfono viendo unas cosas, volvió a la búsqueda de su perfume.
"Sí, ¿Tú crees en Dios?" Apartó la mirada de su teléfono y lo guardó en su mochila, la agarró y se la puso colgada en su pecho.
"Sí, creo en Dios." Respondió ya con el perfume obtenido, se echó un poco en el cabello y en la ropa para guardarlo rápidamente.
"¿Por qué crees?" Misugi estaba cerca de él, más específico al lado de la puerta.
Las preguntas extrañaron mucho a Matsuyama.
"No lo sé, solo sé que el existe." Dijo con simpleza viendo a el menor con los brazos cruzados, vió en su mirada un poco de incomodidad y duda."¿Por qué la pregunta?"
Caminó hacía él con sus pertenencias a punto de salir de la habitación.
"No, por nada, la curiosidad siempre mata a los gatos". Sonrió mientras veía el pomo de la puerta."Tanta curiosidad... Seguro y nos terminará matando."
Matsuyama soltó una risa.
"Si te refieres a nosotros como gatos entonces yo sería el primero al que la curiosidad fuera a buscar." Seguía riéndose. Misugi lo acompañó en la risa.
"Ujum, tienes razón", sonreía, una de sus sonrisas características. "Y Ozora nos llamará dentro de tres... Dos... Uno..." Una cuenta regresiva sonaba hasta que el reloj de Misugi sonó primero, seguido por el de Matsuyama.
Luego de unos segundos de haber anunciado que son las seis de la mañana sonó un toque en la puerta en frente de ellos.
Ya sabían quién era, Jun hizo el honor de abrir la puerta y ver al capitán con una alegría mañanera despertandolos junto esa sonrisa que le de dedicaba hasta a las plantas, el día ha iniciado de nuevo.
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La luna y las estrellas cada vez están más unidas.
Ese tipo de pensamiento siempre los había tenido desde que era un niño, es un poco tonto pensar en eso con la edad que tiene, las personas lo verían raro y le tirarían datos científicos solo por decir un simple decir.
El mundo cada vez se está volviendo cada vez más complicado.
Había escuchado en conversaciones externas que el mundo cada vez se estaba yendo al carajo, las personas le buscan el negro al blanco y todos cada día más viven infelices.
Es cierto que Japón es el país con más desgracias anuales, pero Hikaru aún piensa que es poco comparado a lo que pasa en el resto del planeta. Él suspira por esos pensamientos tan inesperados y agradece por tener gustos simples y haber conseguido una vida pacífica, con sus altos y bajos pero no tan jodida como la de otras personas.
Mira a su alrededor, expectante de como su entrenador, ahora compañero de equipo se encontraba jugando un partido oficial representando a Japón.
Tal vez pudo agradecer desde hace mucho tiempo que el fútbol no fuera tan difícil como otras cosas, o que... Haya entendido el ambiente de todo esto fácilmente.
Hikaru se preguntaba si Jun lograría a sobrevivir en el caso de que se tuviera que enfrentar al mundo de verdad.
Luego de tal pensamiento estúpido se golpeó un poco fuerte la frente con su mano, Ese chico siempre enfrentó al verdadero mundo, aunque no como lo pensaría cualquier persona normal.
Aún podía vagamente recordar sus partidos de práctica contra el Musashi y de como escuchaba en la conversación de sus amigos que el capitán del equipo contrario tenía una enfermedad terminal. De veras cree que ese chico es valiente, muy valiente. Jamás podía imaginarse a si mismo vivir al borde de la muerte, nunca imaginaría vivir el día a día jugando a las manos calientes con la muerte, no como lo hace el gran Jun Misugi.
Cada vez que le pasaban la pelota al príncipe del campo podía ver en sus ojos el cansancio escudado en estrés por el partido seguido a todos los movimientos limpios que hacía al momento de hacer sus jugadas, sentía como todo se lentifica y puede ver perfectamente como juega, un sueño completamente. Todo lo que tuvo que aprender y memorizar para jugar sin tanta fuerza y anotar goles además de los cientos de hábitos que tuvo que agregar a su día a día; parece como si fuera tomar agua, tan fácil, continuo de ver como se reúne con su equipo e impone una risa de total seguridad y de querer más, de seguir con el juego. Matsuyama si que admira a ese príncipe.
Un pitido sonó, una tabla mostró dos números.
"Número catorce, Misugi Jun será reemplazado por el número siete, Soda Kazuichi" Irrumpió un altavoz indicando la salida del principe del campo.
Hikaru levantó su vista rápidamente solo buscando al número catorce. No lo encontró, pero a pesar de ello había una multitud formando un círculo en una parte del el campo, no hay que ser inteligente como para no saber que Jun es el centro de aquel círculo. Volteó a su lado izquierdo divisando como paramédicos llegaban a auxiliar a Jun.
No debería de sorprenderse por otra parálisis cardíaca de él sin embargo jamás se logró acostumbrar ni en los cinco años jugando junto a él, cada episodio es igual -e incluso peor- que la primera vez.
Deterioro en sus jugadas.
Se queda estático, básicamente fuera del juego.
Agacha su cabeza y, luego de unos segundos, toca su pecho.
Mientras más lo ves te das cuenta que su agarre cada vez es más fuerte, al punto de parecer que romperá su blusón.
Es que es cierto, para Jun el dolor de estar a punto de arrancarse un pedazo de carne de su cuerpo era menos doloroso que aquél pulso fuerte, afectando luego su raciocinio y por fin cayendo al césped.
Matsuyama se asusta, quiere acompañar a Jun a la enfermería y si puede al hospital si la cosa empeora, lo ha hecho, tanto momentos en los que ha estado sentado en la banca y tanto como estando activo en el juego. Hubo un momento en el que le gritaron por volver a salir del campo solo por acompañar a su amigo y dejar su puesto en el partido, su prior lo aterró de maneras increíbles y después de ese día jamás salió del partido, aunque Misugi pareciese dar sus últimos alientos de vida; tendría que verlo desde el campo, ver cómo llevan su cuerpo en una camilla y a veces por ser suerte simplemente caminando.
Agradecía a los astros que esta vez no lo llamaron para jugar. Al principio sus esperanzas se habían ido cuando había hecho calentamiento pero para su sorpresa fue que llamaron a Soda. Se puso su abrigo antes de salir de las bancas y fue rápidamente a la enfermería.
Los pasillos estaban completamente solos, era su segunda vez pasando por ahí por lo que recordaba medianamente dónde quedaba cada lugar, antes de irse por el camino que no era escuchó claramente el murmullo de muchas personas y el sonido de una camilla, apresuró el paso lo más que pudo y llegó hasta ellos.
Misugi aún estaba con el dolor cada vez empeorando más. Jun mordió su boca tratando de no soltar quejidos o algún que otro grito, trata de restarle importancia a el dolor en su pecho y solo reza que aún no fuera el momento, aún no, necesita hacer muchas cosas antes de irse.
Su madre siempre le mencionó que Dios lo quiere mucho, que gracias a eso aún sigue de pie, luchando fuerte contra su enfermedad.
Él cree que Dios lo odia. Para empezar, si ese tal Dios tanto lo amaba por qué quiso que fuera él el que pasara por todo esto, por qué. Le gustaría creer que Dios lo ama, pero Dios nunca tuvo piedad con él, ni siquiera en el inicio, mucho menos cree que en el final.
Sentía a tantas personas encima y algún objeto frío irrumpiendo debajo de su camisa, el frío lo calmaba un poco, pero no tanto. Misugi trató de quedarse dormido, sabe muy bien que eso es lo que más le prohibían en éstos momentos sin embargo... Sim embargo ya estaba muy aturdido de la luz y de escuchar a tantas personas hablando y tantas manos tocándo.
Misugi estaba cansado, por primera vez en meses se había vuelto a rendir.
Cerró sus ojos, cerró su mente. Ya no quería más. Solo pedía si tal vez en un momento le dan la oportunidad de volver a reencontrarse con todas las personas de esta vida, que esta vez sea bien, quiere llegar hasta la vejez con ellos.
Y si eso tal vez era mucho, pedía aún más reencontrarse con Matsuyama Hikaru, el chico que estuvo ahí para él desde siempre, quiere volver a verlo y hacer más cosas bien, quiere ser todo para él, quiere una vida feliz con él.
Él...
Él...
Mats....
Matsuyama... Hikaru...
"¡Hey, princesito, tu hora de dormir aún no llega! ¡Si llegas a dormir ningún sapo vendrá a besarte!"
Esa voz...
Jun aún mantenía sus ojos cerrados, a excepción de que no quería dormir, quería escuchar la voz de su chico una vez más.
No quería dejar de escuchar su voz.
No, no quería.
"¿Cómo dijiste que te llamas hijo?" Preguntó una voz femenina que iba y venía de la habitación.
"Hikaru Matsuyama."
"Está bien, Hikaru, necesito que no le dejes de hablar, no dejes que caiga en sueño. Necesito llamar a su superior y sacarle su permiso para sacarlo al hospital más cercano." La mujer volvió hacía la camilla de aquél chico, viendo fijamente la pantalla que estaba al lado de él. "¿Él tiene algún tipo de medicamentos que tomar o calmantes aquí, en el estadio?"
Hikaru se detuvo a pensar por unos segundos.
"Siempre llevo calmantes conmigo, por si acaso no hay quién me atienda eso puede hacerme aguantar el dolor."
"¡Sí! Su bolso, siempre carga calmantes." Respondió con rapidez y adrenalina.
"Entendido, iré a buscarlo, si el chico despierta o empeora en la habitación de en frente hay más paramédicos con los que puedes contar."
"Muchas gracias." Dió una corta reverencia mientras la mujer salía y cerraba la puerta de la habitación.
Hikaru volvió su vista a el cuerpo pálido de Jun, sin pensarlo mucho empezó a hablar.
"Oye, chico, estoy aquí, ya te pusieron algunas intravenosas. Dentro de poco estaremos en el hospital, allí sabrán mejor cómo tratarte" Habló con la voz más calmada que logró soltar su boca. Hikaru estaba a punto de romper en llanto. "Oye, ¿Al menos puedes hacer el esfuerzo de no dormir?" Sonrió hacía el menor en cama, sabía muy bien que no lo estaba viendo, no obstante entrar en el papel del esperanzador le hacía sentir más confianza en si mismo, aunque eso fuese una mentira.
"¿Podrías... Al menos hablar?" Su voz esta vez salió quebrada, no quería hablar más, no quería que Jun lo escuchara así, "... Hazlo por mí..." Apoyó con delicadeza su cabeza en el pecho de chico en cama, podía escuchar sus latidos, lamenta que los suyos jamás fueran iguales a los de él.
Se sentía en la mismísima mierda. No era momento de que él iniciara su despedida.
"Por tí..." Una voz débil salió de los labios de Jun, el contrario escuchó perfectamente lo que dijo. "Está bien..." Aún no abría lo ojos, aunque su hablar es un gran alivio.
Matsuyama levantó su mirada levemente para verlo, luego de tantas jugadas al rayo del sol nunca dejaría de ser pálido, y ahora más que nunca pareciendo a la nieve misma. Soltó un suspiro liberando todo el aire que tenía retenido por la emoción, limpiándose en el proceso los ojos.
"Hola, mi nombre es... Hikaru ¿Tu nombre es Jun?" Interrogó tratando de hacer que el número catorce del equipo hablara un poco más.
"Correcto." Respondió, este gesto si fue visto por Hikaru, el contrario continuó con su interrogatorio.
"Un gusto en conocerte. Me gustaría saber de tu día, ¿Qué hiciste al despertar?" Agarró la mano de ese chico y la puso en su mejilla, mantenía con un poco de presión su mano para que pudiera sentirlo.
Jun sentía la piel del contrario, se sentía tan suave y viva, no como la suya que está llena de sudor y cansancio.
"Me despertaste, me diste un reprimenda por dormir con mis audífonos, nos acostamos en mi cama y después de eso... Nos preparamos para entrenamiento diario..." Con cada palabra que soltaba su voz que hacía más audible. "Cuando salimos Tsubasa estaba a punto de llamar a nuestra puerta, conversamos un rato con él para que dejara en paz a los que no estaban listos aún" una pequeña risa se logró escuchar de parte del presente, Jun escuchó y no evitó sentir otra pequeña presión en le pecho "y luego de eso hicimos el entrenamiento antes del partido oficial."
Jun trató de hacer el mínimo esfuerzo para acariciar la cara del contrario, sintió como otra mano agarraba la suya entrelazando sus dedos y apretando un poco, Jun sonrió, amaba sentir ese tacto.
"Después de eso empezó el partido, me deseaste suerte ya que te lesionaste el pie hace unos días y no podías estar conmigo en el campo. En medio del partido le dió a mi corazón de jugar conmigo un rato" Abrió los ojos con cautela y no dañar su vista con la luz led de la habitación. Lo que no se espera es encontrarse con la escena más hermosa de su vida: Hikaru agarrando de su mano, sonriendo mientras lo veía; su cabello estaba desordenado por lo que pensó que se veía mejor así, el contrario le dió señal de que continuara. "Y aquí estamos, tú agarrándome de la mano deseandome lo mejor mientras que yo lucho por mi vida." Había un gran regocijo entre los dos, le dió pequeño apretón a la mano entrelazada.
Los dos quedaron unos segundos en silencio, viéndose uno al otro.
"Que historia más conmovedora señor Misugi Jun, estoy muy seguro que el mundo se sentirá conmocionado con su relato." Matsuyama tomó la palabra con una voz muy mala de periodista, tan mala que Jun soltó un par de risas por su loquencia "Un chico que desde su nacimiento ha luchado por su enfermedad terminal, al final decide vivir su vida al máximo jugando lo que más le apasiona y cual lo pone en peligro, después de todo él siempre está preparado para encarar a la muerte" Hizo un ademán con sus manos haciendo ver eso como algo increíble "Será el mejor título de noticias que todos comprarán nuestros periódicos, no sé preocupe señor Jun, me aseguraré de que todos sepan de su historia."
"Espero y así sea." Acercó su mano a su boca tapando su carcajada siguiéndole el juego a su compañero.
"Seguiría hablando contigo pero debo de avisar que tuviste una mejoría, al menos abriste los ojos" Hikaru se levantó de su silla y lo miró unos segundos, esperando una respuesta.
"No te preocupes, ve a avisar, ya no me siento mal del pecho" Igual seguirá sintiéndose mal del pecho, sentir el pecho hundido cada vez que habla con ese chico, duda si eso sea una enfermedad o si tal vez tenga cura.
Antes de que Hikaru abriera la puerta la enfermera había llegado con las fármacos del enfermo.
"¿Uh? Veo que ya despertaste, me alegra saber eso" Habló con calma la mayor de los tres, caminando hacía la camilla para luego tocar la frente del menor.
"Abrió los ojos hace poco, ya iba a ir a llamar a llamar a algún médico" Respondió Hikaru, caminando de regreso a la camilla.
"No tienes fiebre eso está bien." Se separó de la camilla y fue hacía el lavabo de la habitación y llenó un vaso de agua. "Muchas gracias por estar al pendiente de él, niño. Toma, tu amigo me dijo que traías calmantes en tu bolso, fuí a buscarlos para que tomaras uno, aquí tienes."
Jun agradeció mientras se sentaba en la cama rodante, la profesional en medicina le pasó el vaso y la pastilla después de que el pálido se acomodara bien. Bebió medicamento sin problema junto al agua, frunció un poco las cejas y sacó la lengua con disgusto.
"Puah, que asco." Pensó inevitablemente, además de que las pastillas eran agrias el agua sabía bastante a esa agua de hospital.
Pasaron unos momentos en que Jun no veía más que el vaso que agarraba, instintivamente miró a Hikaru, lo único que pudo hacer fue sonreírle.
"Jun, necesitamos sacarte de aquí a un hospital para hacerte unos exámenes y ver si esto fue solamente un susto, allá podrán hacer más cosas que nosotros aquí, pedí la autorización de tu entrenador y me dió toda la autoridad, ya hay un vehículo esperándote para llevarte." Explicó lo que pasaría a continuación con Jun, los dos chicos prestaron absoluta atención a lo que decía ahora su nueva priora.
"Entiendo. Cuando usted avise nos podremos ir." Respondió Jun, parándose de la camilla buscando sus zapatos y su abrigo.
La superior asintió y dejó la sala de nuevo, dejando solos otra vez a el príncipe de la cancha y el águila de Hokkaido.
"¿Cuánto tiempo crees que tardarán?" Preguntó el mayor pasándole el abrigo correspondiente a el Jun, sabía de antemano que acompañarlo no sería posible.
"Lo más probable es que regrese al hotel cuando todos estén ahí."
Hikaru miraba con detenimiento como Misugi se amarraba las agujetas de los zapatos, aún se pregunta cómo hizo este chico para seguir jugando a pesar de lo dañado y perdido que está su corazón.
El cuarto estaba en silencio, tan tenso como cada episodio de Jun, nunca había momento en el que la habitación no se llenara de los pensamientos de los dos.
La paramédicos llegó de forma inesperada, asustando a los dos chicos de repente. Anunció que ya era hora de irse mientras traía una silla de ruedas, Jun sabe muy bien qué pasará a partir de ahora, aunque estuviesen en un país diferente no significaba que los protocolos fueran del otro mundo. Los tres salieron de la habitación, Hikaru se ofreció a llevar a Jun y la mujer accedió sin problemas hasta el lugar donde sus caminos se separarían.
Jun veía los pasillos grisáceos antisonoros como un deja vú, tantas veces había hecho esto que ya hasta se sentía que había vivido exactamente este momento mucho antes. Pocas personas pasaban por aquellos pasillos y las que pasaban no le tomaban atención, llegaron hasta la salida del personal donde se encontraba el vehículo que lo llevaría al hospital.
"Muchas gracias joven Hikaru por ayudar a traer a Jun" Agradeció con completa hospitalidad al menor, el cual aceptó el agradecimiento, "¿Vas a llevar este bolso al hospital joven Jun?" Interrogó la mujer agarrando de la tira el bolso que ella había traído junto a los medicamentos.
"No, no lo llevaré." Agarró el bolso guardando y chequeando algunas cosas en el. "Hikaru, quédate con el", le dió el bolso a el nombrado, con este poniéndolo de cruze en su pecho.
"Entendido." Agarró la tira del bolso apretando un poco este, "Nos vemos en el hotel Misugi."
"Nos vemos en el hotel, cuídate." Se despidió agitando su brazo, viendo como al cruzar una puerta perdía completamente de vista a Hikaru.
Hikaru volvió, pero no a las bancas, sino a los lockers. Podía pasar los cinco minutos que faltaban del partido ahí. Además, ya todos sabían su rutina cada vez que le pasaba algo a Jun, lo único que quedaba era esperar a sus amigos y que pasara el día para irse al hotel.
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"¡¿Qué?! ¡¿Cambio de hotel?!" El grito de aquel hombre tomó por sorprendido a todos los presentes.
La figura masculina más cerca de él le pegó en la cabeza, para que se callara un rato.
"¡No grites! y, ¿Cambio de hotel? ¿Y eso por qué?" Trató de ser lo más amable preguntando a su entrenador por qué esa decisión repentina.
"Todos los equipos van a estar en un solo hotel, nos ahorraremos muchas cosas y su seguridad será mejor si todos están en un solo lugar" Explicó el señor de avanzada edad.
"Entiendo... ¿Y a qué hora nos iremos?" Ésta vez el de la pregunta fue Tsubasa, esperaba que les dejaran mínimo toda la mañana del día siguiente.
"Antes de las cero en punto."
Todos quedaron en silencio, pensando que harían después de eso. Solo les quedaban dos horas o mucho menos para empacar todo. El de cabello rosa oscuro cortó el pequeño silencio diciendo:
"Avisaré a todos los del grupo." Dió una reverencia y fue rápidamente al ascensor hacía los pisos superiores donde se encontraban hospedados.
"¿Nuestro punto de encuentro será aquí, en la recepción?" Preguntó por última vez el capitán del equipo.
"Sí, estén listos lo más pronto posible" y ahí terminó la conversación, los cinco chicos dieron una reverencia antes de que retirara la figura de alto mando.
Tsubasa se despidió antes de irse y alcanzar rápidamente a Nitta que se encontraba ya a dentro del ascensor.
Hikaru aún pensaba en dónde carajos se encontraba Jun en estos momentos. De todas las veces que tuvieron que llevarlo al hospital esta ha acabado de entrar en las veces más largas.
Sacó su teléfono de su abrigo y marcó a su compañero de cuarto, solamente para saber si está bien.
Sintió una leve vibración en uno de los bolsos que carga puestos. Abrió rápidamente el bolso que no le pertenecía y vió el teléfono de Jun, maldijo el que Jun no llevara su teléfono consigo siempre.
"Oye, ¿Estás bien?" Se le acercó Ryo posando su mano en el hombro del contrario. Lo notó un poco molesto y quería saber qué le pasaba por curiosidad.
"Sí, ¿Por qué la pregunta?" Miró unos segundos a Ryo y se quitó de encima el bolso de Jun para ponerlo en el piso, se agachó y guardó el teléfono del mencionado dejando el morral en el piso, descansando.
"Es que, tienes el ceño fruncido." Dijo con obviedad.
"¿Acaso no es visible? Es porque Misugi no ha llegado aún" Habló fuerte y entrando en la conversación Kojiro.
Matsuyama miró por unos segundos a Kojiro quitando su ceño fruncido y tratando de tener sus expresiones faciales lo más serenas posibles.
"Lo sé, es obvio, solo pensé que estaría molesto por otra cosa" Ryo se separó un poco de Matsuyama, se acomodó para seguir hablando con el moreno. "Cómo que su novia se peleó con él, o tal vez tuvo problemas familiares, o que le molesta que dejemos este hotel" Levantó sus brazos haciendo una expresión de desinteresado, "Este hotel es muy acogedor ¿Y si el otro es de los nervios?" Preguntó vacilante al tigre en frente suyo, el tigre solo giró los ojos a un lado por las tonterías que decía el enano.
Matsuyama pensó unos segundos si decirle que no tiene pareja, mejor se quedó callado.
"Eso es imposible Ryo, para empezar, si el hotel fuera malo, nadie, ninguna persona, se hospedaría ahí" Pronuncia con un poco de obviedad el portero titular, consiguiendo la atención de los tres, "y mucho menos si son personas importantes las que dormirán ahí." Terminó yéndose al ascensor tal vez a ir y empacar sus cosas.
"¿Somos importantes?" Preguntó Ishizaki con un tono de no saber.
"Tsk." Hyuga dió camino hacía el mismo lugar donde se dirigía Wakabayashi. Ishizaki y Matsuyama agarraron sus cosas también e hicieron lo mismo.
La subida del ascensor era de cristal y se podía ver la ciudad completamente iluminada desde ahí, Matsuyama apoyó uno de sus brazos en la barandilla en frente del cristal para contemplar las luces de cada farola, casa, letrero o lo que sea que fuera, preguntándose por dentro en qué lugar de esa gran ciudad se encontraba Jun, y en qué parte quedaría su nueva cama para dormir.
"Subir en el ascensor de noche es bonito" Dijo Genzo, posicionándose de la misma manera que Hikaru, viendo con detalle la ciudad "Creo que lo único que extrañaré de este hotel es su vista". Apoyó su cabeza en la mano que se posiciona en el barandal. "Al menos ya ví esto con..." Y su voz cesó ahí.
A Hikaru no le interesaba saber con quién lo vió si ya todos lo sabían de quién hablaba.
Repitiendo las últimas palabra que Wakabayashi dijo en su mente, ¿Alguna vez había visto esto con Misugi? Solo lo había visto de mañana y medio día, la vista sigue siendo espectacular no importa cualquier horario, sin embargo, la vista de noche supera las otras dos a por montón. Si tal vez no hubiese pasado eso él estaría aquí con Hikaru hablando con el ambiente de apatía que ese hombre deja a su paso, si tan solo tal vez...
El ascensor llegó a su piso destinario, todos salieron de este y se dedicaron un hasta luego, hasta que los fueran a llamar. Hikaru abrió la puerta de su habitación y la cerró con fuerza, un poco más fuerte y seguro le alzaban la voz, dejó los bolsos a un lado y fue directamente a tirarse a la primera cama que veía. Como ahora el príncipe no se encontraba tenía que ser él el que guardara todas sus cosas, perdía completamente la esperanza de poder verlo en este hotel, seguro y se encontraría con él en el nuevo hotel.
La tranquilidad llegó hacía Hikaru, al menos Jun era ordenado con sus cosas, no tomaría tanto tiempo de lo que esperaba.
Se levantó de su cama con pereza, yéndose al baño a ducharse para empezar con el empaque.
Solo espera que llegue pronto.
Luego de unas horas ya todos se encontraban en la recepción esperando las indicaciones de sus instructores; algunos hablando, otros en silencio tratando de no dormir, y uno ansioso porque había alguien que no llegaba.
Matsuyama ya no se mentira más con el mismo: él siempre llega tarde; porque nunca había estado ausente a las doce de la noche, algunos de sus compañeros notaron su actitud errante, trataron de ayudar en cualquier cosa que Hikaru les pidiera pero fue en vano.
¿Cómo le pediría a sus amigos que le trajeran a Jun a sus manos?
Era imposible, vergonzoso y estúpido pedirles eso. Los nervios que el mismo Hikaru cargaba encima son imposibles de describir para él mismo, en cambio, el sabe que Jun está bien; el chico sabe cuidarse ¿Verdad? Quiere jurar que eso es cierto pero su fachada poco a poco va cayendo.
Caminó poco a poco a los asientos que hay en la planta baja y trató de relajarse por al menos un segundos ahí, dejó todas las pertenencias de mano que tenía a un lado de él, las maletas en frente de estás y se sentó, cerrando sus ojos tratando de pensar en otra cosa que no fuera su amigo.
Una vez Misaki había jugado con él, dándose cuenta de que Hikaru tenía algo especial con el chico que respetaba tanto, lo Heterosexual de su amigo es igual a la de Tsubasa: no existe. Otra cosa es que no se den cuenta. Suspiró con alivio sabiendo que su amigo de Hokkaido tenía más dedos en frente y que cualquier empujón que necesitara la probabilidad de que él mismo se lo dió es inmensa. Luego de haberle dicho eso en un entrenamiento había hecho lo mismo que Tsubasa, sonrojarse y cubrir su cara con sus manos. Lo que aquí vió Taro fue que en vez de que él lo mirara con cara de culpa, como si fuese un crimen lo que había hecho, lo miró con una cara que demostraba adicción a sus sentimientos, sus ojos delataron su ser, sabía perfectamente que él no abandonaría esa presión en su pecho, le gustaba lo que sentía; eso era lo que lo diferenciaba de Tsubasa y lo hacía, para Taro, una persona de admirar.
Recordar esto para Matsuyama es el pan de cada día, siempre cuando se preocupa por Jun o siente por completo la ausencia del menor se pone a pensar en ese día. Taro llamándolo a las bancas y diciéndole todo lo que había visto en tanto tiempo a su lado, Hikaru se sintió delatado y lo único que pudo hacer Taro fue reírse de él, darle unas palmadas y decirle:
"No te separes de él, hacen buen dúo."
Recordaba esas palabras de la manera muy explícita, justo como su difunta amiga lo había dicho, los dos tenían ese brillo en los ojos cuando dijeron esa oración. Ahí estaba, la confianza que necesitaba, Taro siempre se la daba.
"Gracias Misaki." En un susurro tiró su cabeza hacia atrás y sonrió al recordar eso. Ese día siempre le servia como una terapia gratis.
Murmullos y luego gritos de contento se escucharon en toda la sala, aún Hikaru seguía en sus pensamientos, luego de unos minutos los gritos cesaron y se sentía el ambiente más... Despreocupado. Hikaru sintió como un peso se posiciona a un lado, no le da importancia ya que puede ser cualquiera. Siente después como lo tocan en su muslo izquierdo frenéticamente, tratando de llamar su atención.
Levantó la mirada para ver quién era.
"¿Me puedes pasar mi teléfono? En dónde sea que lo hayas guardado" Unas risitas salieron de su boca.
Era él, era Jun Misugi. Hikaru se quedó mirando unos segundos su cara, sus ojos se encontraban con más vida, su cara daba una expresión de deleite junto a un rosa marcando su cara.
¿Por qué estaría sonrojado?, A él no le sirve la excusa de hace mucho calor.
"Claro." Buscó rápido el bolso de Misugi y le pasó su dispositivo móvil. El otro chico tecleaba Unas cuantas cosas en su móvil para después apagarlo dejándolo a un lado. "¿Cómo te fue en el hospital? ¿Estás bien?"
"Sí, estoy bien. Todo fue muy aburrido y agotador, iba de cuarto en cuarto, estoy tan casado..." Anunció con un gran suspiro, se arrecostó de la silla subiendo sus piernas y abrazándose a si mismo.
Luego de unos segundos Hikaru se dió cuenta, están a casi un grado bajo cero.
Se dió una palmada bien merecida en la cara mentalmente al no ofrecerle abrigo invernal, los abrigos de la selección no cubren mucho que digamos.
Agarró la maleta de Jun y buscó con rapidez algo que se pudiera poner el menor.
Misugi al inicio preguntó qué buscaba en sus pertenencias, Hikaru no respondió a lo que Jun no le quedaba de otra que seguirlo con la mirada, el no esconde nada malo en su maleta así que no le importaba.
Seguía pensando que está buscando, tal vez metió algo suyo por accidente en sus cosas y lo estaba buscando, le iba a preguntar si quería una mano hasta que el chico se alegró diciendo ¡Bingo! En voz baja. Hikaru cerró la maleta ajena y le pasó un abrigo de colores fríos a el chico, este le agradeció poniéndose lo anterior y volviendo a la misma posición que antes.
"Me imagino que ya te contaron el cambio de dormitorio." Trató de iniciar una conversación a lo que Misugi postró toda su atención en él. "Aún no nos dicen a dónde iremos, solo nos dijeron que ahí estarán los demás equipos de la liga."
"Sí, hace unos minutos todos los chicos me dijeron lo mismo." Miró por unos segundos a todas las personas que estaban a tan solo unos pasos en frente de ellos, "Si... ¿Si guardaste todas mis cosas, verdad?" Preguntó con un poco de duda devolviendo su vista a el mayor.
"Sí, juro que no se me olvidó empacar nada." Respondió con un poco de nervios, ese tipo de preguntas siempre le hacían dudar de si en verdad hizo lo que hizo.
"Bueno, ahora tendré que esperar que lleguemos al hotel para poder cambiarme", sorbió su nariz, apretó un poco al abrigo que carga en cima. El frío le empezaba a pasar factura. Aún más cuando sus piernas estaban completamente descubiertas, Hikaru piensa que Jun es un poco estúpido y terco al no haberse llevado su bolso y en el hospital cambiarse su uniforme a una ropa normal.
Hikaru notó como Jun se retraía en si mismo, obviamente por el factor frío, se arrimó un poco hacía él y lo abrazó.
"¿Qué haces?" Interpeló con cansancio Jun, el cual no ha hecho nada por separarse.
"Hace frío, te vas a enfermar. Al menos quiero darte un poco de calidez", habló quitándose el gorro de lana que tenía, poniéndolo en la cabeza del contrario, apoyó su cara en el gorro de lana y cerró los ojos.
"Gracias." Con tranquilidad, se acercó más a él, tratando de sentir los latidos de su corazón y olvidar el inmenso frío que tenía.
"No hay de qué."
Jun, luego de unos segundos volvió a sacar su teléfono mientras buscaba unas cosas, Hikaru miraba desde arriba lo que hacía.
"Una vez dijiste que querías escuchar la música que escuchaba, ¿Quieres?" No lo miró, sin embargo agitó el teléfono y mostrando su pantalla hacía arriba. Hikaru no lo dudó y aceptó.
El dueño del teléfono puso el alta voz en medio de las orejas de los dos e inició la primera canción.
Todas las canciones eran calmadas. Para Hikaru algunas de ellas le hacían sentir que estaba en otro universo, en un lugar distinto. Las músicas que escuchaba Misugi le gustaban mucho. Le habló al menor sobre su gusto hacía las canciones que tenía en reproducción, el chico se sintió halagado y agradeció aquél cumplido. Cada canción que pasaba que daba sensación de nostalgia, calma, tristeza, como si algo no estuviese bien, a él le gustaba ese sentimiento cuando sabe que todo está bien.
Misugi le mencionó que algún día le cantaría alguna a su idioma, ya que algunas pocas canciones estaban en japonés no podía entender casi todo, Hikaru accedió con todo gusto, le gustaría alguna vez escuchar las canciones de ese chico con su voz.
Mientras que desde el grupo de personas eléctricas, Taro veía como los dos chicos hablaban con monotonía entre sí, ya se parecían a un par que ya conocía perfectamente. Sonrió cuando viendo la escena más bonita del día, siempre en su mundo, pensó. Algún día estarían juntos, si no es que ya lo están, literalmente.
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Ya era más de media noche, su mente ya se estaba agotando, por fin habían llegado al hotel más mencionado del día. Dejó todas sus cosas al lado de la puerta y sacó unas pocas.
"¡¿Qué?! ¡¿Dormiremos en cuartos separados?!" Mencionó con un poco de molestia el pelado del grupo.
Otro golpe sonó, otro chico chilló.
"¡¿Qué problema tienes con que durmamos en habitaciones individuales?!" Ahora fue Urabe el que le gritó, el otro chico se disculpó y mostró desinterés hacia la idea de dormír solo.
"Lo sé, también hizo lo mismo cuando el entrenador habló con nosotros." Habló con decepción Shun, caminando hacía la habitación que le correspondía.
Hikaru no evitó soltar una pequeña risa. También vió con claridad como Genzo y Kojiro se aguantaban carcajadas en el proceso también.
"Ya que el hotel es suficientemente grande cada equipo tendrá un piso exclusivamente para ellos con cuartos separados". Habló el entrenador con un poco de cansancio en sus palabras.
Hikaru se preguntaba que país fue el descarado suertudo en tener los pisos V.I.P.
"Voy a estar bien, además, estoy durmiendo en la habitación de la lado. Ten buenas noches Matsuyama." Sonrió y se adentró en su habitación dejando al contrario solamente entrar a la suya.
Recordar a eso fue agotador. Apagó la luz y se tiró a su cama, quería descansar un rato, luego de unos horas Tsubasa los llamaría y un buen día empezaría de nuevo.
Aún se pregunta si Jun está durmiendo, ese chico cuando duerme ya nadie lo despierta hasta que abra los ojos. Rió con pereza al recordar eso, ese chico siempre era una roca con su sueño.
Vió la hora: dos y cinco de la mañana.
Cerró sus ojos, conciliando el sueño.
Mañana será un buen, nuevo día.
Antes de pensar qué sueño iría a tener sintió algo pasando por su cobijas.
Se puso de alerta y agarró lo que era una mano y la lanzó contra la cama, puso todo su peso corporal arriba de esa persona, no tardó mucho en acostumbrarse a la luz nocturna de la ventana y ver quién era.
Aún con su puño arriba, a punto de hacer lo impensable, vió los ojos sorprendidos de Jun, Hikaru no sabía que hacer ahora, la adrenalina y la sorpresa lo habían tomado por completo, por unos segundos si pensó en golpear la cara de Jun por dale tremendo susto.
"¿Qué carajos haces aquí?, ¿Cómo entraste?" Con un tono entre furia y desconcierto Matsuyama agarraba más fuerte la camisa del el de abajo.
"¿Qué planeabas hacer?" Habló con un tono entre serio y desinterés. "Hazlo, golpeame."
No pareció hacer sonado como un reto o una broma, lo decía en serio. Hikaru seguía más molesto que desconcertado, el sueño se le había ido por completo. Se acomodó más encima de Jun quedando casi sentado en la parte baja de su torso.
Unos segundos se silencio pasaron. Sus ojos seguían viéndose a la par, los ojos que había visto tan solo hace unos momentos llenos de alegría habían cambiado a unos vacíos, no entendía lo que sucedía. Hikaru aún seguía tratando de descifrar por qué decía eso, su investigación careció de pautas, lo único que podía ver en los ojos de Jun era vacío, con una sonrisa, una sonrisa con tristeza.
"¿Por qué... Quieres que haga eso?" Preguntó con preocupación, aún mantenía su brazo alzado listo para cualquier cosa.
La mirada de Jun no cambiaba de lugar, la cara tampoco de expresión. Los músculos de Hikaru dejaron de tensar, Jun le estaba empezando a asustar. Jun no respondía.
"¡Responde!" Alzó la voz agitando el cuerpo debajo de él.
Segundos pasaron otra vez, Misugi por fin parecía tener cabeza y respondió con un poco de pena.
"Quería... Quería sentir la emoción de ser golpeado... Perdón" Cerró sus ojos, frunciendo sus cejas. "Wakashimazu si que te ha enseñado bien." Soltó una risilla lástimera, parecía como si fuera a llorar en cualquier momento.
Hikaru hubiese dicho en chiste después de eso, pero no lo hizo, no le salió nada de la boca.
¿Jun comportándose así? Por poco le dice "¿Quién eres y qué hiciste con mi amor?" Hikaru pocas veces vivió esto, y este es de por lejos la situación más extrema que vivió con él, casi le hace daño. Las primeras veces siempre le hablaba indirectamente de este tipo de cosas, luego lo encontraba a punto de tener un accidente, ahora él buscaba que Hikaru fuera el provocador de todo esto. Se concentró en lo que debería de hacer a continuación. Solo lograba escuchar el ruido que brotaba aire acondicionado y la respiración frenética de Jun.
Miró de nuevo a Jun, él parecía curioso en esos instantes aunque sus ojos no cambiaran de sentimiento, como esperando a que Hikaru hiciese algo. Tarde cayó en la posición en la que estaban los dos, pero en vez de haberse quitado y puesto a pedir perdón para luego volver a regañar al menor por la locura que casi le hacía hacer.
Suspiró, tratando de convencerse de que lo que haría no sería el fin del mundo, de que luego de esto Jun no le metería un golpe, tal vez se molestaría, pero no lo agredería, o eso pide.
"¿En serio quieres que haga esto?" Preguntó por última, vez. Quería estar seguro de lo que iba a hacer y tal vez no tener una marca roja en su cara después de eso.
"Sí." Tan rápido como lo escuchó tan rápido como respondió, estaba decidido.
La mano que tenía envuelta en un puño agarrando firmemente el suéter de Misugi poco a poco se fue desprendiendo hasta quedar solamente apoyada en su pecho.
La mano que iría a ser la que iba a estar llena de sangre, se acercó a la mejilla de el de abajo, Jun solo miraba, espectante, como si le hubiera dado permiso de hacerle todo, aunque por dentro Jun se encontraba un poco ansioso, quería que lo hiciera ya. La mano pasó por la nariz de Jun y apretó sus orificios, dejándolo si oportunidad de respirar, su cara se acercó rápidamente a la de el chico que le gusta y, tan rápido como iba a ser ese golpe, tan rápido fue ese beso.
Jun al principio sí pensó que lo golpearía, aún duda si son amigos después de eso pero en verdad pensó que cumpliría su deseo. Nunca descartó la idea de lo que había sucedido hace unas milésimas de segundos, lo único que podía pensar era que le gustaba lo que sentía, quería durar en el beso y tal vez, llevarlo a otro nivel si no fuera porque Hikaru su separó antes de que el otro lo pensara por completo.
Matsuyama quitó su mano de la nariz de Jun al mismo tiempo en el que se separaba, Jun respiró por la boca en el segundo que había perdido todo el aire, un poco emocionado por lo que pasó. Hikaru se sentía demasiado nervioso, ver los ojos de aquel chico, el cual se encontraba en la misma posición de emoción y satisfacción que el otro, los dos estaban pensando lo mismo, solo quedaba esperar quien daría la iniciativa.
Esta vez fue Jun, que luego de un tiempo se movió, alzó su brazo hacia la nuca del mayor y lo trajo hacía él en busca de otro beso, cosa que consiguió.
Unos minutos después de que los dos estuvieran entre beso y beso Matsuyama se dejó caer abrazando en el proceso a el príncipe. El momento pasó y esas palabras que los dos tenían miedo de decir desde hace años, por fin se sentía listo para poder decirlo.
"Misugi Jun, tú me gustas." Habló por primera vez luego de tanto tiempo, hundiendo más su cara en el hueco que había entre el pecho de Misugi y la cama.
Todo era tan inesperado, todo iba tan rápido. Misugi se sentía feliz, tenía una sonrisa de punta a punta en su rostro, después de tantos años... El sentimiento es mutuo, cerró sus ojos luego de escuchar eso, quería que ese momento no terminara, no quería. Su respiración cada vez se fue perdiendo en sus pensamientos hasta el punto en el que se le dificultó por completo usar su nariz, su desastre respiratorio empezó desde que lo habían tirado en la cama pero no le iba a tomar importancia en un momento tan importante como este.
No sé apartó de la posición en la que estaba pero Matsuyama si que lo hizo al escuchar como su amado respiraba por la boca, le preguntó por inercia si estaba bien para luego de unos segundos ver cómo se agravaba todo, levantarlo y sentarlo en la cama para darle palmadas y sobarle la espalda. Misugi aún seguía sin querer abrir los ojos y, luego de unos segundos sin hacer nada más que concentrarse en respirar miró hacía Matsuyama, el cual se encontraba con una expresión de preocupación en su máximo resplandor, a Jun le ponía triste verlo así, trató de sonreír y llevar su mano a la mejilla del contrario, cosa que no pudo, solo llegó hasta el pecho de este y la dejó reposando. Trató de respirar todo el aire que pudo para poder hablar al menos.
Matsuyama nunca olvidará esa noche. Antes de separarse de su lado y verlo así para luego levantarlo y ayudarlo, pudo ver perfectamente como el chico sonreía, esta vez su sonrisa era diferente, una sonrisa verdadera.
Esa sonrisa se sintió tan diferente, transmitía cansancio pero igual se sentía mejor que la de todo estos años.
"Estoy..." Respiró de nuevo, "... Bien, estoy bien." Se tomó unos segundos, cuáles llegaron a ser minutos en los que trataba de calmar su respiración. Logró hacerlo, pero aún le dolía el pecho.
"Solo hiperventilé, nada fuerte en el corazón" Habló con gracia, aunque aún podía ver la preocupación en los ojos de Hikaru. "Aún duele, pero... Pero es una presión un tanto fuerte, ¿No es esta la presión que todos sienten cuando se enamoran?" Trató de animar a el contrario, tenía razón, eso era lo que sucedía, pero con su condición eso no debería de tomarse a la ligera.
Hikaru aún dudaba si lo correcto era hacerle caso o llamar a alguien para que verifique si está bien.
"Oye", agarró la mano de Matsuyama, la cual saltó un poco hacía atrás tal vez por lo fría que estaban aquellas manos pálidas.
"Por favor no me dejes" La emoción del momento hizo que esas palabras salieran de los labios de Hikaru con un fuerte abrazo que para la lastima de los dos no duró todo lo que hubieran querido que durara.
"Estoy bien, confía en mí, como siempre lo has hecho." Miró a los ojos de Matsuyama, los cuales se habían dignado por luego de un largo rato a mirarlo. "Y, perdón por entrar de repente a tu cuarto". Giró sus ojos a un lado con vergüenza.
"No te preocupes por eso, ya estamos a mano." Hikaru vió como Jun cerraba sus ojos rápidamente tragándose la vergüenza de lo de hace unos segundos, "Pero, por qué estás llorando entonces."
Misugi se tomó de repentino eso, soltó la mano con la que sostenía a Hikaru, pasándola en el proceso por su cara, sintió la humedad en las yemas de sus dedos. Al inicio se sintió extrañado por llorar sin razón aparente hasta que recordó lo que estaba pensando antes de que hiperventilara.
"Ah, eso..." Recordar por qué había venido a esa habitación le hacía doler más el corazón.
Se acomodó en la cama del contrario quedando sentado en medio de ella, Hikaru sabía que tenía que hacer lo mismo. Los dos se encontraban frente a frente bajo a la luz de la calle y el tránsito nocturno.
Jun recordó esa canción, la que Matsuyama dijo que le había gustado hace unas horas, decidió hacer eso fácil.
"Cierra tus ojos y escucha mi secreto." Jun cerró sus ojos, agarrado de la mano de Hikaru.
Hikaru supo que lo anterior era parte de la letra de esa canción, no preguntó nada y también lo hizo.
Un respiro.
Dos respiros.
Tres respiros.
No lo logra.
Aún no se sentía listo para hacer esto, no se sentía listo para hacerle esto, quería llorar, ¿Por qué el mundo es así? ¿Por qué Dios no lo ama?
"No..." Empezó, con la voz solloza. "No puedo..." Susurró, sin embargo en el ningún momento le salieron lágrimas.
"Si no estás listo para contarme tu secreto, tengo toda una vida para esperar Jun." Respondió, dedicándole una sonrisa a sabiendas de que el otro no lo estaba viendo. Con la misma mano que tenía agarrada la de Jun, le dió un pequeño apretón.
"Ese era el problema" Pensó Jun, él no tenía toda una vida para poder decírselo. Se odió a si mismo por eso y hoy, en estos momentos, más que nunca, lo seguirá haciendo hasta el fin de sus días.
Jun al sentir esa acción, no pudo haber sentido tan familiar esta escena, ¿Acaso ya la había vivido?, ¿Acaso él lo sabe?, Tantas veces en las que los dos se habían agarrado de las manos y dedicado un apretón indicando la mayor tranquilidad posible, los apretones camuflando calma, quería vivir más para poder sentir esos apretones.
"No... No tengo..." Faltaba poco, casi lo decía. "No me queda mucho tiempo de vida."
Hikaru abrió los ojos de par en par.
"¿Qué?" Preguntó, de nuevo, tal vez era una broma de Jun, o eso quiere que sea.
Más los minutos pasaban, Jun apretaba más la mano de Hikaru. Esos apretones ya no eran para transmitir calma, es para transmitir miedo.
"Lo que escuchaste." Susurró, poco a poco su voz iba decayendo. "Mi vida se está acortando, tengo menos de dieciocho meses y restanto", habló rápidamente tratando de no entrecortarse. Apretó más fuerte la mano de Hikaru al punto de hacerle daño. "Perdón..."
Matsuyama pudo ver perfectamente como aquella cara delicada y frágil poco a poco se iba rompiendo mostrando como cualquier persona puede caer bajo, no le gustaba ver a Misugi así como Misugi no le gustaría ver la expresión de Matsuyama en esos instantes. Se movió hasta llegar al lado de Misugi, el contrario aún seguía apretando con mucha fuerza, a Hikaru le dolía la mano e incluso se sorprendería por la fuerza del hombre, pero eso no importaba, mucho más sufre el chico a su lado con una enfermedad de nacimiento que no se puede erradicar que una mano morada junto a unas semanas con cremas y vendas.
Hikaru, abrazó con mucha fuera a Jun, su tacto era tembloroso pero firme al mismo tiempo, la noticia le había caído como balde de agua y aún seguía en el shock momentáneo.
Jun ya está oficialmente roto, empezó a llorar, no hacía el mínimo esfuerzo de tratar de llorar bajo, quería soltar todo lo que había guardado desde hace tres meses. Yayoi ya no estaba por lo que Matsuyama es la primera persona que lo sabe, y también será la primera persona en todo; su llanto empezó a ser más audible fuera de la habitación cuando empezó a acordar a su amiga de años, la extrañaba tanto, pero no quería ir a verla, no tan pronto.
Balbuceaba cosas sin sentido agarrando más a Matsuyama en buscando consuelo, Hikaru soltó la mano de Jun para poder abrazarlo mejor. Jun aún seguía frío, Hikaru siempre supo que el era frío, frío y blanco como la nieve, pero ahora no sabe si decir que está más frío que el Polo Norte u Oymyakon.
Matsuyama no quería llorar junto a él, no era el momento, lo único que pudo hacer fue darse ánimos para que las siguientes palabras no salieran igual que todas las anteriores de Misugi.
"Estoy aquí, no te preocupes." Acariciando el cabello del menor, quiso oler un poco su cabello, quería perderse en el olor a shampoo y olvidar lo que le había dicho su amor.
Sim embargo, eso era imposible, una noticia así no se olvida de la noche a la mañana. Hikaru cerró sus ojos evitando que las gotas saladas salieran de sus ojos, Hikaru lo sabe, cada vez se siente más nervioso y con ganas de unirse a Jun en su llanto, no obstante trata de seguir de pie, no quiere llorar.
"Perdóname por todo lo que haga, cuando no esté aquí, cuando no te recuerde." Hizo su mejor esfuerzo para responderle al mayor, al menos sus palabras fueron entendibles.
Matsuyama supo que esto pasaría, desde que lo conoció, desde que los rumores fueron aclarados, desde que lo invitó a ver el partido de Tsubasa y Hyuga, desde que Aoba le contó todo, desde que se volvieron cercanos, desde que vivían juntos, desde que se enamoró de él. Sabía que algún día esto pasaría, sabía que si se acercaba a él iba a terminar sufriendo. Fue necio, necio porque tuvo fé, fé de que alguien o algo ayudaría y acudiría a sus plegarias, pensó que su felicidad sería para siempre. Jamás tuvo que dejarse mentir por sus pensamientos.
Jun seguía odiando todo, odiandose, odiando a Dios, al diablo, a sea lo que fuera, lo único que pedía a este devastador mundo y no hay señal de que sea cumplido. Oficialmente odia a Dios.
¿Por qué no han encontrado aún la cura?
¿Por qué?
¿Por qué los milagros no existen?
Si tan solo Tsubasa fuera en verdad hijo de Dios y lo ayudara.
Misugi, le gustaría llevarse a Matsuyama consigo, pero sabía que era muy egoísta al pensar en eso.
Misugi, le hubiese gustado que Hikaru jamás hubiese puesto su atención en él, así tal vez no estaría sufriendo.
Quiere quedarse con él, eso es lo que pide, quedarse con él. No quiere irse de su lado, daría todo porque estuviesen juntos por siempre. Todo.
O al menos hasta la vejez, simplemente quiere vivir más tiempo con él.
Sin embargo, Dios no existe, los angeles tampoco, las ayudas divinas mucho menos.
Jun odia este mundo, y lo seguirá odiando en las siguientes vidas, solamente porque no le dejaron vivir más con el amor de su vida.
No entendía por qué el universo quería esto, no entendía por qué el universo quería ver a Hikaru llorar. Pensante, acaricia la mejilla del mayor, es lo único que puede hacer ahora, lo único que ha logrado hacer en años hasta ahora. Por fin había dando el salto, pero pareciese como si todo fuese en vano, ahora solamente puede ver a el que cargará con todo esto, por el resto de su vida, Jun espera que en un futuro Hikaru no sufra por él.
Un suspiro de pena y cobardía salió de su ser, para decir algo que los dos saben muy bien, pero ninguno se animó a decir por no querer dañar más de lo que ya estaba dañado el otro.
El mayor lamento de los dos.
"Si tan solo me hubiese enamorado de ti mucho antes, si tan solo te hubiese dicho lo que sentía hace seis años, si tan solo no estuviese tan enfermo..."
Terribles amantes, terrible amor. Ahora tendrán que vivir su vida con una cuenta regresiva. Misugi trató de pensar en grande y verle un poco lo blanco a lo que ya está totalmente negro, hundiéndose en su mentira, trataría de llevar los días con más alegría y relajación, quería que sus últimos meses no fueran en pena. Aún quiere divertirse, hacer cosas que no ha hecho aún, conocer lugares del mundo, hablar de miles de cosas con Matsuyama.
Tal vez mañana no sea otro buen día, tal vez mañana sea solo otro día.