One Shots [One Piece]

Summary

Colección de One-Shots de One Piece variados.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

🌸 Muñecos de nieve [Shanks]

Narración: Tercera persona

Tags: Romance, Comedia, Navideño

Shanks x Lectora/OC (Tn)

Situado antes del comienzo de One Piece, allá cuando Shanks estaba en sus 25 y acababa de ser nombrado Yonkō.

En los primeros capítulos el barco de Shanks es un poco distinto. Personalmente creo que es simplemente que no le habían dado tanto detalle, pero ante la duda de si es o no el mismo barco, aquí viajan en un barco anterior al «Red Force» llamado «Red Sea».






Cada vez que hablaba a través del Den Den Mushi con sus amigos, todos le hacían la misma pregunta:«¿Qué se siente al viajar con un Emperador?». Y ella siempre dudaba sobre cómo responder a eso.

¿Qué podía decirles? ¿Mi capitán, ese tan temido y respetado que acaba de ser nombrado «Emperador», es un completo idiota?

¿Cómo si no podría describir el momento en el que se encontraba?

Acababan de desembarcar en Therma en busca de provisiones. Mientras que Hongo y Lucky Roux iban al pueblo, Yasopp y Building Snake revisaban que todo estuviese en perfectas condiciones en el barco. Ella se había quedado en cubierta hablando con Gab y Limejuice acerca de los turnos de vigilancia y limpieza y Shanks... Shanks estaba jugando en la nieve con Bonk Punch y Monster como si fuesen niños pequeños que acababan de descubrir la existencia de aquellos diminutos cristales de hielo.

En sí, [Tn] no tenía ningún problema con que su capitán encontrase algo con lo que divertirse siempre, sino con que, tarde o temprano, su entretenimiento acababa implicándola de algún modo.

Cuando Shanks decidió que quería relevar a Roux en la cocina e inventar nuevas recetas, fue ella quien tuvo que limpiar el desastre que quedó después; cuando decidió que sería divertido intentar pescar un rey marino con las manos desnudas, medio barco terminó destrozado —incluyendo su habitación— y, cuando días más tarde Shanks decidió hacer un banquete para celebrar el último aumento de recompensa de Benn, se pasó la noche cambiándole el vaso de sake por uno de ron, mucho más fuerte de lo que ella acostumbraba a beber. Fue una de las peores resacas de su vida, y Shanks no dejó de reírse de ello al día siguiente, diciendo que era una cría incapaz de aguantar un poco de alcohol de verdad.

Por eso cuando aquella bola de nieve se dirigió directamente hacia ella y se estrelló en su cara, haciendo que se tambalease y estuviese a punto de caer por la borda, ni siquiera se sorprendió.

Resginada, le dio las gracias a Gab por sujetarla y se limitó a quitarse los restos de hielo antes de dirigirle una mirada furibunda a Shanks, quien la observaba sonriente y señalaba a Monster, intentando inculparle.

Entre risas, Limejuice se inclinó hacia ella y le quitó un poco de nieve que se había quedado sobre su hombro.

—¿Estás bien?

Ella asintió sin voltearse y le mostró el dedo de en medio a Shanks, quien le tiró un beso en respuesta. Las mejillas de [Tn], ya rojas por el frío, cogieron más color.

—¡Perdón! —Shanks juntó las manos, a modo de disculpa—. ¡Ha sido sin querer! —mintió con descaro.

[Tn] ni se molestó en responder. En su lugar sacó la pistola de chispa del fajín y apuntó al estúpido pelirrojo que ahora le ponía ojitos de cordero.

—¡Ha sido sin querer! —exclamó apretando el gatillo.

El proyectil impactó justo al lado del pie izquierdo de Shanks y habría impactado en su tobillo si el pelirrojo no lo hubiese esquivado a tiempo. Gab negó con la cabeza y Limejuice volvió a reírse a carcajadas. Monster se encaramó en los hombros de Punch y le mostró los dientes, pero fue el único al que pareció importarle. Shanks y [Tn] siempre estaban igual.

—¡Ahora estamos en paz! —Shanks sonreía de oreja a oreja, cómo si ser disparado fuese lo más  emocionante que le había pasado.

—¡Yo no te he dado, imbécil! ¡Tú a mí sí!

—Oh, ¡venga ya! Intentabas darme de verdad, ¡y yo te he dado sin querer!

—Sin querer queriendo, ¿no? —Monster y Punch estaban justo en dirección contraria al barco, por lo que era imposible que la bola se hubiese desviado tanto a menos que lo hubiese hecho adrede.

Burlón, Shanks le sacó la lengua y ella puso los ojos en blanco antes de dejar cubierta y dirigirse hacia su habitación pisando con fuerza los tablones de madera. ¿Cómo había acabado a las órdenes de alguien tan infantil?






Cuando Benn volvió al barco, supo de inmediato que Shanks había vuelto a hacer algo. Estaba sentado con los pies y brazos cruzados delante de la puerta de su camarote y un gesto culpable y al mismo tiempo feliz en el rostro.

Benn se acercó y le propinó un puntapié que el pelirrojo fue incapaz de esquivar a pesar de su haki de observación. Lo único a lo que le dio tiempo fue a descruzar los brazos y apoyarlos en el suelo para no caer de lado sobre los tablones.

—¿Qué has hecho esta vez?

—¿Por qué crees que he hecho algo? —refutó, sentándose de nuevo.

—Porque estás delante de la puerta de mi habitación, otra vez, y dudo que sea porque me estás esperando para jugar a las cartas —explicó Benn agotado—. ¿Qué le has hecho ahora?

Shanks se llevó la mano a la parte posterior del pelo y se rascó la nuca, tratando de ocultar una sonrisa culpable.

—¿Le he dado con una bola de nieve? —Benn suspiró. Cada vez que [Tn] se enfadaba con Shanks, se encerraba en la habitación que compartía con ella, dejándole fuera durante horas—. Hace mucho desde la última isla en la que nevó, solo quería que bajase y se divirtiese un poco —se explicó Shanks—. Siempre se queda en el barco a menos que esté yo, que entonces decide irse a explorar la isla. ¿Dónde has visto tú que alguien ignore al capitán tan descaradamente? ¡Me odia, Benn! —dramatizó—. ¡Tu hermana me odia!

Benn chasqueó la lengua.

—No te odia Shanks, prefiere estar tranquila y tú siempre estás incordiando.

—¡Monster también y no deja de darle chucherías cada vez que Punch no mira!

Al notar el tono de envidia que Shanks había empleado, Benn alzó la ceja derecha. No podía creer lo que escuchaba.

—¿Estás celoso del mono?

Shanks arrugó la nariz, como si aquello fuese lo más normal del mundo.

—¡A él no le evita! —justificó.

El mayor cerró los ojos, pensando en cuál sería la mejor forma de abordar este tema. Prefería mantenerse al margen pero el encaprichamiento de Shanks con su hermana estaba empezando a rozar la línea de lo absurdo. Resignado, Benn se pellizcó el puente de la nariz y abrió los ojos.

—Shanks... Creo que tú y yo tenemos que hablar. ¿Cuánto tiempo lleva encerrada?

—Unas tres horas.

Benn suspiró e intentó abrir la puerta sin éxito. Estaba trabada por dentro así que decidió llamar a la puerta con los nudillos, esperando que [Tn] le abriese. Definitivamente esa era una de las peores cosas de compartir habitación con ella; a sus veintidós años, seguía encerrándose en su habitación cada vez que se cabreaba, dejándole incluso a él fuera.

—No te va a servir de nada —señaló Shanks—. Ya lo he intentado.

—¡Abre la puerta [Tn]! ¡Soy yo! —anunció Benn, tocando esta vez de forma intermitente para que [Tn] pudiese reconocerle.

—¿Quién es yo?

—¡Sabes de sobra quién soy!

—¡No me dejan abrir la puerta a desconocidos!

—¡Será...! —Benn cerró los ojos de nuevo tras hacerle un gesto a Shanks que ya había empezado a mover los labios para que se ahorrase sus comentarios al respecto—. Voy a contar hasta tres y si no abres, abriré yo.

Normalmente Benn era una de las personas con más paciencia del mundo pero con apenas dos frases [Tn] siempre era capaz de sacarle de quicio. Shanks se rio entre dientes. Le encantaba esa faceta berrinchuda suya, incluso cuando él mismo era la causa de su enfado.

—Uno... —comenzó Benn, sacando el fusil. A continuación, apuntó hacia el pomo. «De tal palo, tal astilla» pensó Shanks—. Dos...

No hizo falta llegar al «tres». La puerta se entreabrió ligeramente y uno de los ojos de [Tn] se asomó por la rendija que quedaba entre el marco y la puerta. Aun así era evidente que estaba indignada.

—¿Ibas a disparar de verdad? —preguntó. Benn apartó el fusil.

—Te he dicho mil veces que no te encierres aquí cada vez que te enfadas con Shanks. Yo también duermo en este cuarto.

—¿Y qué quieres que haga si me persigue?

—Hablar con él como un adulto o, al menos, no meterme en vuestras disputas. ¿Por qué que no te encierras en su habitación la próxima vez y que duerma él fuera?

Shanks se atragantó al imaginarse a [Tn] en su habitación y tuvo que toser un par de veces, lo que llamó la atención de la susodicha, que hasta entonces no se había percatado de su presencia.

—¡¿Ves?! —bufó indignada—. ¡Mira dónde está otra vez! Como hermano adulto y responsable mío que eres, es tu deber alejar a los hombres como él de mi habitación.

Incapaz de mantener la boca cerrada, Shanks intervino.

—¿Encantadores? —insinuó con sonrisa canalla y la ceja enarcada.

Los dos Beckman pusieron los ojos en blanco y fingieron no haberle escuchado.

—Cómo adulta responsable que eres desde hace ya unos cuantos años, deberías dejar de hacer un berrinche por todo.

Supo que había elegido mal las palabras cuando los ojos de [Tn] se ocurecieron.

—¡Ah, claro! —exclamó abriendo la puerta—. ¡Para eso sí soy adulta, pero no para unirme a la tripulación que a mí me dé la real gana!

Un silencio incómodo siguió a ese reproche.

El año anterior, [Tn] había estado a punto de unirse a una banda de piratas de dudosa moral con tal de poder dejar su pueblo y hacerse al mar. Al enterarse, Benn convenció a Shanks de reclutarla y, con su visto bueno, fueron a buscarla antes de que acabase envuelta con los piratas Donquixote.

Aunque Beckman habría preferido que se hubiese quedado en tierra, si iba a ser perseguida por el gobierno igualmente, al menos quería que estuviese donde él pudiese protegerla hasta que aprendiese a defenderse sola. Por este motivo, se vio en la necesidad de obligarla a escoger entre olvidarse de la idea de ser pirata o hacerlo a bordo del Red Sea.

La elección de [Tn] fue obvia, y a pesar de que al principio todo fueron malas caras, en apenas mes y medio le confesó que le gustaba viajar con ellos.

—¿Tanto odias estar aquí? —preguntó Shanks. Ya no había amago alguno de sonrisa en su rostro.

[Tn] le miró, como si ella misma también se hubiese sorprendido de sus propias palabras, y titubeó antes de responder.

—Yo no he dicho eso.

—¿Entonces soy yo el problema?

Ella no supo qué decir. No era exactamente eso, pero Shanks asintió, interpretando su silencio como una respuesta afirmativa, y se despidió de ellos, actuando como si aquella revelación no le afectase cuando sí lo hacía.

—Os dejó que habléis.

Al ver a Shanks marcharse y a [Tn] morderse el labio arrepentida, Benn tomó una decisión. Si ninguno de ellos daba el paso, ya lo haría él por ellos.






Tumbado en el nido del cuervo, Shanks se dedicó a observar las nubes y clasificar sus formas, intentando olvidarse del reclamo de [Tn]. Saber que estaba tan en contra de estar en su tripulación le había dejado mal sabor de boca. Tampoco era tan mal capitán, ¿no?

Tenía que reconocer que le encantaba molestarla. Cada vez que se enfadaba fruncía el ceño y apretaba los labios antes de lanzarle lo que fuese que tuviese a mano, aun sabiendo que él lo vería venir y lo esquivaría sin problema. Entonces le gritaba algún insulto y acababa dándole la espalda e ignorándole durante algunas horas.

La parte de ser ignorado no le gustaba especialmente, pero cuando ella le gritaba y le miraba de aquella manera tan intensa, no podía evitar preguntarse si también sería así de efusiva en todos los aspectos.

Oh, mierda. Había vuelto a pensar en ella de esa manera.

Shanks sacudió la cabeza, intentando sacarse aquella imagen de la cabeza. Por mucho que solo fuesen medio hermanos, tener ese tipo de pensamientos sobre la hermana de Benn estaba mal.

—¿Soñando despierto?

Shanks dio un respingo cuando vio precisamente a su segundo asomándose a la cofa.

—¿Qué haces aquí?

El corazón le latía con fuerza al sentirse descubierto. Sentía que le habían pillado haciendo algo malo, aunque Benn no tenía forma de saber lo que su sucia mente imaginaba al pensar en [Tn].

—Te dije que teníamos que hablar, ¿no?— Beckman hizo un movimiento hacia afuera con la mano para pedirle que se moviese—. Deja hueco anda.

Un tanto sonrojado, Shanks se sentó y pegó la espalda al otro lado de la canasta, de modo que el palo mayor quedó entre ambos. Por suerte, estaba tan oscuro que Benn sería incapaz de notarlo.

—Iba a venir antes, pero estaba hablando con mi hermana y al final se ha hecho tarde —explicó—. ¿Sabes que no te odia?

Shanks asintió.

—Odiar es una palabra muy fuerte. No creo que me odie, pero sé que no me soporta —admitió con una mueca. Ya había perdido la cuenta de las veces que había intentado ganarse su favor, solo para acabar recibiendo otro de sus disparos o una mirada asesina.

—No soporta tus tonterías Shanks, no a ti.

—¿Qué tonterías? —No recordaba haber hecho ninguna.

—Las tonterías que haces para llamar su atención, so’ memo —aclaró Benn dándole un coscorrón.

Shanks se giró de inmediato para ver la expresión de Benn, demasiado angustiado como para quejarse por el golpe. No se refería a lo que él pensaba que se refería, ¿verdad?

Como si pudiese intuir su inquietud, Benn unió su pulgar y su índice delante de su boca, e hizo un gesto instándole a callar.

—Ni se te ocurra —advirtió—. Si me vas a decir que no intentas llamar su atención, ahórratelo. Se te nota a leguas.

—No sé de qué me hablas.

—De lo mal que se te da ligar cuando quieres ligar. Es de coña —se rio—. Cada vez que atracamos en una isla tienes a la mitad de las mujeres detrás de ti, pero cada vez que intentas que [Tn] te haga caso, lo único que consigues es que te evite con más empeño.

—Yo no...

—Shanks, no me mientas —interrumpió Benn—. Me da igual que te guste mi hermana, pero no que intentes engañarme. Por ahí sí que no paso.

Shanks tragó saliva, sin saber cómo responder a la sinceridad de su primer oficial. ¿Cuándo se había dado cuenta?

—¿Tanto se me nota? —cedió finalmente.

Benn sacudió la cabeza y se encendió un cigarro a la vez que se acomodaba sobre los tablones de la cesta que hacían de barandilla.

—Hace mucho que nos conocemos. Me ofende que de verdad creyeses que podías ocultármelo.

—Eres mi mejor amigo Benn. No me gustaría que nuestra relación se estropease por culpa de mis hormonas.

—Por tu bien espero que no sean solo tus hormonas, mocoso.

La luz del fuego titiló cuando Benn dio una nueva calada, iluminando su cara y revelando una tenue sonrisa a pesar de que tenía el ceño fruncido.

—Si le haces daño no me va a quedar otra que romperte las piernas.

—¿Cómo le voy a hacer daño si me ignora?

—De verdad... —Benn se pellizcó de nuevo el puente de la nariz. Qué paciencia tenía que tener para tratar con esos dos—. No te ignora. Está enfadada porque el tío que le gusta no la ve como la mujer que es y no deja de tratarla como a una cría.

—¿Qué clase de idiota no la vería como una mujer?

—La misma clase de idiota que le tira bolas de nieve. ¡Por todos los mares Shanks! —explotó, agitando el cigarro—. ¿Qué será lo próximo? ¿Tirarla del pelo como si fueses un niño en edad escolar? ¿No te das cuenta de que lo único que consigues así es que piense que la ves como si fuese una niña? ¡Esas cosas las hacía yo con ella cuando tenía diecisiete y ella tres!

Shanks negó con la cabeza, seguro de que lo que sugería Benn era absurdo. No era tan mayor, pero empezaba a delirar si de verdad creía eso.

—Si lo que quieres decir es que yo le gusto, te equivocas. Ni siquiera soporta quedarse a solas conmigo, Benn.

—¡Porque la pones nerviosa!

—¡Es ella quien me pone nervioso a mí!

—¡Porque sois igual de tontos los dos!

Aquello molestó a Shanks.

—¡Un respeto! —exclamó señalándose—. Este tonto es tu capitán y [Tn] tu hermana.

—Tanto mi capitán como mi hermana son unos zopencos que se comportan como críos. Escucha —suspiró Benn—. Estoy harto de quedarme fuera de mi propio camarote porque [Tn] no quiere verte. Necesito que habléis y solucionéis esto.

«Como si fuese tan sencillo»pensó Shanks.

—Pues ya me dirás tú cómo —replicó, cruzándose de brazos.

—Podéis ir mañana a dar un paseo y, cuando consigáis no mataros, le dices de una maldita vez que lo que sientes no son ganas de jugar a hacer ángeles en la nieve con ella, sino de comerle la boca.

El sonrojo de Shanks reapareció, tiñendo sus mejillas y orejas. ¿Cómo podía ser tan bruto Benn hablando de su propia hermana?

—Se te olvida el detalle de que [Tn] me evita —recordó en un susurro.

—Yo me encargo de eso. Tú solo encárgate de no cagarla tirándole un bicho o pegándole un chicle en el pelo.

—¿Tantas ganas tienes de ver cómo me dan calabazas?

—¿Quieres apostar conmigo a que no es así?

—Creí que solo apostabas si estabas seguro de ganar.

Benn soltó una carcajada.

—Y así es, amigo mío. Así es.






A la mañana siguiente, [Tn] bajó enfurruñada del barco, intentando decidir cuál sería la mejor manera de vengarse de Benn por obligarla a ir con Shanks al pueblo.

Al parecer, el día anterior sus«quejas acusicas»habían herido al risueño capitán pirata hasta tal punto, que se había pasado la noche anterior bebiendo y preguntándole a Benn cómo podía ser mejor capitán para que ella no le odiase. O, al menos, eso era lo que le había dicho su hermano para convencerla de que, como Shanks había acabado con los barriles de ron por su culpa, era su responsabilidad acompañarle al pueblo a por más reservas.

¡Ni que fuese culpa suya que Shanks fuese tan infantil!

Sin embargo, siendo Benn el segundo al mando, poco podía hacer ella más que refunfuñar y acatar las órdenes, a menos que Shanks decretase lo contrario, y no estaba muy por la labor de hablar con él sobre ese tema. Si lo hiciese, tendría que explicarle que no quería pasar con él más tiempo del necesario porque quería deshacerse de ese cosquilleo que sentía en el estómago cada vez que él le sonreía.

De reojo, observó de nuevo al hombre en cuestión. Para alguien que supuestamente se había pasado la noche bebiendo, parecía estar en perfectas condiciones. Sonreía felizmente mientras se abrochaba la capa y descendía por la pasarela hasta llegar a su lado.

—¿Nos vamos?— preguntó Shanks al pisar tierra.

Ella asintió y juntos emprendieron la marcha.

Al principio [Tn] no dejaba de lanzarle miradas furtivas a Shanks, quien parecía demasiado feliz para estar resacoso. Caminaba a su lado, con la mirada fija en el camino y la espalda recta, alerta a cualquier amenaza que pudiesen encontrar, como si alguien en aquella pacífica isla fuese a atreverse a atacar a unyonkō.

Atravesaron el bosque y al poco tiempo el sendero por el que iban se juntó con un camino más grande que llevaba a la entrada de Caldaria, el más cercano de los cuatro asentamientos de Therma.

—No sé cómo puedes beber tanto —observó, rompiendo al fin el silencio que les había acompañado hasta entonces. En la distancia ya se podían ver algunos edificios.

Shanks la miró confundido.

—¿A qué te refieres?

—A que ayer Roux trajo cuatro barriles de ron. No sé cómo no te ha dado un coma etílico.

—¡Oye! ¿Por quién me tomas? —protestó Shanks—. ¡No soy un borracho!

Ella rodó los ojos.

—Ya, claro. Por eso vamos a comprar más alcohol.

—No vamos a comprar alcohol. ¿De dónde has sacado eso?

—¿Dónde estamos yendo si no? ¿A dar un paseo?

Shanks se detuvo al percatarse de que Benn había engañado a [Tn]. Ella se paró unos metros más adelante, al darse cuenta de que estaba andando sola.

—La verdad es que... —Al ver la mirada amenazante de la joven, el recién nombrado emperador decidió callar.

—Benn dice que anoche te bebiste media bodega— lanzó ella, buscando una confirmación. Sus planes de venganza contra Benn estaban siendo progresivamente reemplazados por una lista de pros y contras de tirarlo al mar y dejarle morir ahogado.

Shanks se llevó una mano al ala del sombrero y lo movió ligeramente hacia los lados, nervioso. ¿Cómo explicarle lo que pasaba sin decir nada comprometido?

—Creo que me acordaría si hubiese bebido tanto— Definitivamente, no debía haber hecho caso a los desvaríos de Benn—. O, al menos, mi cuerpo lo haría —especificó—. Soy resistente, pero no soy inmune a la resaca.

Ella asintió, comprendiendo entonces el por qué ni el sol ni el ruido de los carros al pasar traqueteando por el camino empedrado molestaban a Shanks.

—Claro que no —masculló, molesta por no haberlo notado antes. A continuación añadió para Shanks: —¿Y a qué hemos venido?

Él se encogió de hombros.

—Benn me dijo que necesitabas comprar algo —mintió—. La verdad es que no pregunté el qué.

—¡Será embustero!

Ella bufó y pateó el suelo, enfadada. ¿A qué jugaba Benn? Ya le había explicado muchas veces por qué no quería quedarse a solas con Shanks.

Mientras ella intentaba averiguar por qué Benn la había engañado, Shanks la examinó de nuevo, preguntándose por qué, de entre todas las mujeres, tenía que haberse fijado en la única a la que su presencia le disgustaba.

«Está enfadada porque el tío que le gusta no la ve como la mujer que es».

¿Podría ser eso cierto?

Si pensaba en alguien que pudiese gustarle a [Tn], definitivamente no incluiría su propio nombre en la lista. Tal vez Limejuice u Hongo, que eran con los que más hablaba. Pero no él, a quien evitaba a toda costa.

—¿Tengo algo en la cara? —preguntó [Tn], al notar que llevaba un rato mirándola sin apenas parpadear. Él negó, avergonzado.

—Solo estaba pensando. Supongo que no te apetece dar una vuelta, ya que hemos venido hasta aquí, ¿no?

Ella se mordió el labio inferior antes de responder, sorprendiendo al pelirrojo, que había esperado una rotunda negativa por su parte.

—Yo... Creo que deberíamos volver al barco para que pueda recordarle a mi querido hermano que no me gusta perder el tiempo.

Shanks tuvo la sensación de que había estado a punto de decir que sí, pero decidió no insistir. Había sido una tontería creer a Benn.

Disimulando su decepción, esbozó una sonrisa y se inclinó extendiendo el brazo, dibujando un arco con él en dirección al barco.

—Las damas primero.






Cuando Shanks y [Tn] aparecieron junto al Red Sea apenas veinte minutos después de haberse marchado, Benn rodó los ojos. Menos mal que ya se lo había imaginado y habían recogido la pasarela para que ninguno de los dos pudiese subir al barco.

—¿Hola? ¡Estamos aquí! —llamó Shanks.

Él soltó una carcajada antes de acercarse a la barandilla. Se apoyó sobre esta con los brazos cruzados y sonrió divertido a la pareja desde arriba.

—¡Deja de reírte Benn Beckman y déjanos subir! —exigió [Tn]—. ¡¿Por qué demonios me has engañado?!

Benn rio de nuevo.

—¡No tiene ni puta gracia!

—¡Esa boquita! ¡Ni tus padres ni yo te hemos enseñado a hablar así, señorita Beckman!

—Serás... —Shanks posó su mano sobre la de [Tn] para evitar que esta sacase su arma.

—No malgastes pólvora. Déjame a mí —A continuación se volvió hacia Benn—. Deja de jugar y poned la rampa.

El oficial negó con la cabeza.

—No hasta que hagáis las paces.

—¿Qué paces? —preguntó [Tn].

—Ya las hemos hecho —respondió Shanks, guiñándole el ojo a [Tn]—. ¿Verdad?

Ella frunció el ceño.

—Lo que tú digas —aceptó, con un encogimiento de hombros.

Al ver la prisa de Shanks para evitar que diese explicaciones, Benn sonrió malicioso. Asintió y les señaló:

—Entonces daros un beso —ordenó.

—¡¿Qué?! —exclamaron ambos, sonrojándose.

—¿Por qué íbamos a darnos un beso? —cuestionó ella.

Benn chasqueó la lengua y movió el índice de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Eso confirmaba que Shanks no le había dicho nada.

—Ese no es el trato, mocoso —le dijo al pelirrojo. —Aquí no volvéis a subir hasta que aclaréis las cosas.

Shanks se tapó los ojos con el sombrero, intentando disimular la vergüenza que le estaba haciendo pasar el que —en algún momento del que ahora se arrepentía— había considerado uno de sus mejores amigos.

—Como capitán, te ordeno que pongas la pasarela —demandó.

Eso pareció hacerle gracia a Benn, que soltó una nueva carcajada.

—Lo siento, mocoso. El capitán no está a bordo y, en su ausencia, mando yo.

Detrás de él, el resto de oficiales se rieron.






Horas más tarde, [Tn] y Shanks, cansados de intentar convencer a Benn sin éxito, volvieron al pueblo. Dio igual cuánto gritasen o cuantas veces disparase [Tn], el primer oficial se mantuvo firme y el resto de «traidores» —como los llamó Shanks— le secundaron entre risas.

Se sentaron en un banco de madera al lado de una posada y empezaron a contar cuantos berries tenían entre los dos para saber de cuánto dinero disponían hasta que a Benn se le antojase dejarles subir de nuevo.

—Lo único bueno de que Benn sea un mentiroso es que me dio dinero para comprar los barriles —observó [Tn].

Shanks soltó una suave risa al verla tan seria y con las mejillas infladas. Era la primera vez en mucho tiempo que no era con él con quien estaba enfadada.

—Seguro que entra en razón. Luego dice de mí, pero para tener treinta y seis es él quien se comporta como si tuviese trece años.

—No sé qué mosca le ha picado. ¿A qué ha venido lo del beso?

—Ni idea —Shanks se encogió de hombros. [Tn] entrecerró los ojos.

—¿Seguro?

—Totalmente.

—¿No te han dicho nunca que se te da fatal mentir? Si no tienes ni idea, ¿por qué estás tan rojo?

Shanks carraspeó y ocultó los ojos debajo de su sombrero antes de responder.

—Debe ser el frío.

—Ajá.

—¿No me crees?

—¿No tendrías que abrocharte la camisa si tanto frío tienes?

Shanks suspiró.

—Anoche estuve hablando con él —confesó—. Cree que...Cree que te gusto y que tú a mí también.

—¿Por qué iba a pensar eso?

—Eso me preguntó yo... —murmuró más para sí mismo que para [Tn]—. ¿Por qué te fijarías en mí?

Sin saber cómo responder a esa pregunta, [Tn] volvió a contar las monedas, fingiendo no haberle escuchado y aprovechando para ocultar su propio sonrojo bajo la sombra de su pelo.






Shanks se levantó y estiró los brazos juntándolos sobre su cabeza. A continuación, miró a [Tn] que se había puesto en cuclillas a hacer un montoncito de nieve para matar el tiempo.

Habían intentado acercarse al barco un par de veces, pero en las dos ocasiones el resultado fue el mismo: tuvieron que volver al banco.

—¿Tienes hambre? —preguntó el yonkō—.Voy a ir a por una botella y algo de comer. ¿Te apetece?

Ella se giró para mirarle y asintió, ofreciéndole la bolsa de dinero, que él rechazó.

—Tengo. No te preocupes, invito yo. ¿Alguna preferencia?

—Que sea algo comestible.

Sabiendo que aquello era una puya a la vez que se le ocurrió sugerir que comiesen rey marino y ella estuvo casi dos horas enumerándole las múltiples razones por las que no consideraba que eso fuese algo comestible, Shanks sonrió.

—¿Y de beber?

—Lo que sea sin alcohol.

Cuando el capitán se fue, [Tn] se sentó en el suelo, importándole más bien poco que el pantalón se mojase. Le venía bien el frío para aclarar sus ideas.

Sentía el corazón acelerado desde que Shanks le había contado que, según Benn, él le gustaba. ¿Por qué carajos le había dicho eso?

En sus veintidós años siempre había podido confiar en su hermano y contarle todo lo que le preocupaba sin que nunca nadie se enterase de sus confidencias. ¿Por qué había decidido ser un bocazas ahora? ¿A qué jugaba exponiéndola así frente a Shanks?

Por suerte, al insinuar que Shanks también gustaba de ella, el pelirrojo no se lo había tomado muy en serio.

Ja. Cómo si eso fuese posible.

Los dedos empezaron a entumecérsele y se los llevó a la cara para poder soplar sobre ellos con la esperanza de recuperar algo de movilidad. Tenía que haberle dicho a Shanks que comprase sopa.

Mientras tanto, como si sus pensamientos se hubiesen sincronizado, el pelirrojo se detuvo frente a una tienda en cuyo escaparate había guantes y decidió comprar un par para [Tn] y otro para él.

Así, con los guantes en el bolsillo del pantalón y dos vasos calientes en la mano, volvió al banco en el que llevaban ya gran parte del día.

—¿No ibas a traer comida también? —preguntó la joven al ver los vasos humeantes.

Shanks le dio uno de ellos.

—Y la he traído. Un caldo calentito para que no te hieles. Dos en uno; sirve para comer y también para beber —respondió, imitando a los vendedores del puerto.

Como solía hacer, [Tn] puso los ojos en blanco, pero esta vez lo hizo riendo, lo que no pasó desapercibido para Shanks. Iba a tener una conversación muy seria con Beckman cuando volviese al barco, pero, al menos, le quedaba el consuelo de saber que había visto reír a [Tn].

—Gracias.

—También he cogido esto —informó, ofreciéndole los guantes—. Si vas a jugar con la nieve te vendrán bien.

—¿Lo dices por experiencia? —preguntó ella recordando el bolazo del día anterior. Shanks se disculpó de nuevo.

—Perdona, solo quería asustarte. No me acordaba de que tengo tan buena puntería.

Esta vez, en vez de enfadarse, [Tn] decidió preguntarle por qué lo había hecho mientras disfrutaba del agradable calor del caldo. Shanks se removió inquieto y se rascó la nuca antes de responder.

—Estabas muy seria. Quería que te divirtieses un poco —admitió.

—Podías habérmelo dicho.

—Habrías dicho que no.

—No lo sabes.

—¡Claro que lo sé! No sé qué te he hecho, pero siempre me evitas.

—No te evito.

—Sabes que tú tampoco mientes muy bien que digamos, ¿verdad?

Ella se sonrojó al saberse descubierta.

—No es que te evite. Es solo que... me tratas como si tuviese seis o siete años, Shanks. Ya tengo un hermano que me ha dejado en tierra porque hoy se ha levantado gracioso, no necesito otro más.

Una vez más, las palabras de Benn resonaron en la cabeza de Shanks.«¿Qué será lo próximo? ¿Tirarla del pelo como si fueses un niño de primaria?». Tal vez no iba tan desencaminado al decir que la trataba como a una niña.

—No intento reemplazar a Benn, [Tn]. Yo... la verdad es que solo intentaba que me hicieses caso. No hago esas cosas porque crea que eres una cría. Simplemente, soy un poco desastre y no sé cómo hacerlo mejor.

—¿Hacer el qué?

«Besarte». Shanks sacudió la cabeza, borrando aquella respuesta tan inoportuna. En su lugar, apuró su caldo y esperó a que [Tn] acabase el suyo para tirar ambos envases en una papelera cercana.

—Todavía queda tiempo hasta la hora de comer. ¿Quieres que hagamos algo?

—¿Cuenta tirarle piedras a Benn?

—Si quieres... —Shanks sonrió—. Estaba pensando más bien en aprovechar la nieve para hacer un muñeco —explicó, señalando las dos bolas de nieve que había apilado [Tn] antes de que él llegase con la bebida—. ¿Te apetece?

Ella se puso los guantes y sonrió al ver que eran de su talla.

—Tengo que aprovechar ahora que tengo protección contra el frío, ¿no?

Sin apenas darse cuenta, aquel muro que les había mantenido separados empezaba a derretirse.






A pesar de su sorprendente coeficiente intelectual, cuando Benn decidió intervenir para que Shanks y [Tn] hablasen las cosas, no imaginó que sería de este modo.

La cubierta del Red Sea estaba completamente cubierta de esferas de hielo blancas y, frente al barco, un pequeño ejército de muñecos de nieve les vigilaba. Frunció el ceño al reconocerse a sí mismo en uno de ellos, aunque se sintió aliviado al ver que no era al único al que habían retratado.

El Benn de nieve tenía puesta una rama en la boca como si estuviese fumando, una especie de arruga en la frente y lo que desde su posición parecía ser una coleta hecha de hierbajos.

A su lado, otro muñeco de nieve cuyo cuerpo había sido sustituido por una única bola sobre la que habían apilado una más pequeña para hacer la cara, llevaba un trozo de cartón a modo de bandana, justo encima de lo que entendía que eran unas gafas hechas con ramas.

Yasopp y Hongo les seguían o, al menos, suponía que ese que tenía un montón de ramas clavadas en la cabeza intentaba parecerse al tirador, mientras que el que llevaba una bola más pequeña en la cabeza a modo de moño debía ser el médico.

Detrás de ellos, había otros dos muñecos con cuerpo cuadrado que parecían armarios. Uno sin pelo, y otro con una peluca de algas. ¿Snake y Punch, quizás?

—Deberíais dedicaros a las esculturas de nieve en vez de a la piratería —se burló, al ver que Shanks y [Tn] volvían a aparecer empujando otra pelota de nieve. Shanks le sacó la lengua.

—¡Tú ríete! ¡Mi ejército, [Tn] y yo vamos a recuperar mi barco!

[Tn] asintió enérgicamente, feliz de no haber sido incluida como un miembro más del«Batallón Blanco». Aunque el nombre había sido idea de Shanks y no le convencía excesivamente, tampoco se le ocurría otro mejor. Al menos habían coincidido en que la primera sugerencia de Shanks,«Nevarrojos», no tenía mucho sentido al no tener nada rojo con lo que decorarlos.

—¡Baja la pasarela y no te haremos daño! —ofreció ella, intentando no reírse.

—Vuestro ejército no puede moverse. Yo tengo un barco.

—No necesitan moverse para ser útiles —aseguró Shanks guiñándole un ojo.

A continuación, [Tn] lanzó algo y a Benn casi no le dio tiempo a esquivar la bola de nieve que le había lanzado a traición, mientras Shanks le distraía. Impactó en el mástil y cayó al suelo, sobre los restos de los que ya había previamente.

—¿Cuánto tiempo habéis estado tirando bolas como para dejar esto así? —preguntó, al ver que casi toda la cubierta estaba en el mismo estado.

—¡El suficiente como para asegurarnos de que vamos a ganar! —respondió Shanks, recogiendo más nieve.

Divertido, Benn hizo lo mismo y, con una sonora carcajada, proclamó:

—Si eso es lo que quieres... ¡Que comience la batalla! —Lo que fuera porque esos dos no discutiesen de nuevo.

Enseguida quedó claro el papel de los muñecos de nieve en aquella batalla. Shanks y [Tn] llevaban las de perder al estar en un terreno más bajo, pero los miembros del Batallón Blanco les sirvieron de cobertura. Cargaban, lanzaban y esquivaban entre risas, antes de esconderse de nuevo detrás de ellos.

En un momento dado, el resto de piratas se unió a Benn, por lo que la pareja que estaba en tierra inevitablemente acabó siendo derrotada. Ya no quedaban muñecos de nieve en pie y ambos estaban empapados por la nieve derretida y el sudor acumulado, lo que dificultaba su movimiento.

Cómplices, Shanks y [Tn] se miraron entre ellos y, con un asentimiento, levantaron las manos y se las mostraron a Benn, para que viese que se rendían.

—¿De verdad vamos a rendirnos? —susurró [Tn] entre risas. Hacía mucho que no se divertía tanto.

—Shh... —chistó Shanks—. Lo tengo controlado.

[Tn] asintió levemente, confiando en él. Juntos, empezaron a caminar hacia el barco. Benn sacó tranquilamente el paquete de tabaco, sabiendo que la guerra había terminado.

—A la de tres —murmuró Shanks—. Uno, dos...

Ágilmente, la chica se agachó para coger más nieve a la vez que Shanks hacía lo propio. En el barco, Benn empezó a reírse, hasta que Monster decidió tirarle nieve a él, haciendo que el cigarro que acaba de sacar cayese de sus manos.

—¡Ahora! —gritó Shanks, lanzándole la bola de nieve a [Tn].

Ella tardó en reaccionar, ya que la había pillado totalmente por sorpresa, y Shanks aprovechó esos preciados segundos para salir corriendo después de sacarle la lengua.

—¡Vuelve aquí, Akagami! ¡Serás traidor!

—¡No me apetece, gracias! —exclamó él, guiñándole el ojo derecho y lanzándole un beso.

[Tn] agradeció que, estando tan roja como estaba por el frío y tanto reír, no se notase lo que ese guiño provocaba en ella.

Decidida a vengarse, intentó alcanzarle sin éxito. En condiciones normales, Shanks ya era más rápido que ella. Ahora, además, estaba cansada después de la batalla que habían tenido con Benn por lo que pillarle era imposible.

Aprovechando para examinar el entorno, se detuvo a recuperar el aliento y analizó el terreno, reparando en la gruesa capa de nieve acumulada sobre las ramas de los árboles.

Sonriendo con pilleria, sacó su pistola. Quizá no podía alcanzar a Shanks, pero eso no significaba que la nieve tampoco pudiese hacerlo.

Shanks escuchó el disparo casi al mismo tiempo que un aluvión de nieve caía encima de él. El proyectil de [Tn] impactó en el tronco del árbol que tenía justo enfrente, haciendo que este se tambalease y que los copos que cubrían sus ramas cayesen al suelo.

Agitándose para quitarse la nieve, Shanks sacó la lengua deshaciéndose de la nieve que se le había metido por ir riendo y se giró hacia [Tn] justo a tiempo de ver cómo ella se doblaba sobre su estómago riéndose y se secaba algunas lágrimas pequeñas que escapaban de sus ojos.

En un solo día la había escuchado reír más veces que en todos los meses anteriores juntos.

—Muy graciosa, señorita Beckman —Shanks se sacudió la nieve acumulada en la capa—. Espero que no pienses que esto se va a quedar así.

—Tú sí que pareces un«nevarrojo» —se rio ella—. Deberíamos cambiarte el nombre a Shanks «el Hombre de Nieve».

Shanks entrecerró los ojos y sonrió pícaramente cuando sus ojos se encontraron. Ella reconoció esa mirada.

—Oh, no —dijo ella.

—Oh, sí —replicó él—. Espero que sepas correr, porque ahora te toca huir a ti.

—No, no, no —pidió ella agitando las manos y caminando hacia atrás, consciente de que si Shanks se ponía serio no tenía forma de ganar. —Era una broma. ¡Una broma!

Por mera diversión, Shanks le dio unos segundos de ventaja antes de salir corriendo hacia ella y atraparla en sus brazos. Ella intentó soltarse y al final acabaron cayendo al suelo cuando [Tn] tropezó y Shanks trató de sujetarla.

Ella cayó de espaldas con el brazo de Shanks interponiéndose entre ella y el suelo, y Shanks sobre ella.

—¡Te pillé! —se jactó el pirata, sin notar que aquella postura era un tanto comprometida. Ella se sonrojó de nuevo—. Ahora... Mmm... Veamos, ¿qué castigo es el apropiado para alguien que traiciona a su capitán y trata de enterrarle bajo un alud de nieve?

—¿Ninguno? —sugirió ella.

Shanks se llevó el índice de su mano libre a la barbilla y arrugó los labios. Después inclinó la cabeza y fingió escuchar algo.

—¿Cosquillas dices?

—¡No! —Shanks apoyó su mano en el hueco de la cadera de [Tn], buscándole las cosquillas que sabía que tenía. Ella abrió los ojos y se mordió el moflete por dentro, intentando contener la risa. —¡Ni se te ocurra!

—¡Cosquillas entonces! —rio él, moviendo los dedos de arriba a abajo.

Cuando pasaron por aquella zona entre sus costillas donde parecían concentrarse todos sus nervios, [Tn] no pudo esconderlo más y rompió a reír de nuevo.

Satisfecho de haber encontrado aquel punto, Shanks decidió seguir torturándola hasta que a ambos les dolió la cara de tanto reír y Shanks se tumbó al lado de ella.

Permanecieron en un agradable silencio, recuperando el aliento, hasta que [Tn] decidió llamarle. Seguía pensando en Benn y sus posibles motivaciones.

—Oye, Shanks. ¿Por qué crees que mi hermano piensa que me gustas? —preguntó.

Él se pasó la lengua por el labio inferior antes de responder.

—No lo sé. ¿Quizá me quiere como cuñado? —sugirió en broma. Aunque al recordar su conversación con Benn no sonaba tan disparatado.

Ella suspiró.

—Para eso tendría que gustarte.

—¿Quién dice que no lo hagas?

[Tn] giró la cabeza hacia él, sorprendiéndose al encontrarle devolviéndole la mirada, completamente serio.

Shanks tragó saliva y se apoyó en el codo para elevarse un poco. Lentamente, se acercó más a ella, atento a la más mínima señal de rechazo, pero decidido a salir de dudas de una vez por todas.

—Me gustas —admitió, acercándose a sus labios.

Ella no solo no se movió, sino que estiró el brazo para enredar su mano en la cabeza de Shanks y le empujó hacia ella, acortando así la distancia que les separaba de aquel beso. Shanks sonrió al no recibir un guantazo por su parte.

Tímidamente, sus lenguas se encontraron en un cálido abrazo, a la par que sus manos exploraban el cuerpo del contrario y los dedos de [Tn] se hundían en el cabello de Shanks.

Alguien carraspeó a pocos metros de ellos.

—¡Oye, tú! ¡Que lo de comerle la boca no era literal! —gritó Benn. Shanks le sacó el dedo de en medio, sin dejar de besar a [Tn]—¡Encima de que vengo a avisaros de que ya podéis subir al barco!

Entre risas y la promesa de hablar más tarde, Shanks y [Tn] se separaron al sentir que detrás de Benn venían los demás. Él se levantó y le ofreció su mano a ella para levantarse, aunque luego no volvió a soltarla.

Juntos, caminaron de la mano hasta donde estaba Benn poniendo los ojos en blanco y, con una mirada cómplice, decidieron perdonarle por aquel pequeño motín que había organizado.

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