𝑈𝑛 𝑑𝑖𝑎 𝑐𝑟𝑒𝑐𝑖
Un día dejaron de gustarme las muñecas y las tire hacía un lado.
Un día dejaron de hacerme peinados bonitos y me tocó aprender a atarme las colitas por mi propia cuenta.
Un día las princesas o castillos dejaron de importar y solamente quería ser una espía o una gran kunoichi.
Un día simplemente ya no hubo una niña sino una adolescente.
Crecí sin darme cuenta, viví días felices y semanas horribles, cumpleaños divertidos junto a mis seres queridos y otros dónde solamente se me aguaron los ojos mientras miraba la vela del pastel.
Crecí en un abrir y cerrar de ojos, dándome cuenta que deseaba mejor volver al tiempo en que solamente lloraba porque se me había caído un diente y no llorando porque ya no podía con la vida y los problemas de la misma.
Crecí poco a poco, pero para mí se sintió como si flash me hubiera tomado de la mano y llevado por dieciocho años sin detenerse un solo segundo hasta que un día me soltó de imprevisto y me quedé varada sin saber que hacer o a donde ir.
Un día comencé a dormir pasadas las dos de la mañana y se formaron ojeras horrorosas que trato de cubrir con desespero.
Un día me coloqué los audífonos y me reventé los tímpanos escuchando música que silenciara el bullicio del exterior.
Un día comencé a leer para perderme la realidad agobiante que me rodeaba y cuando no fue suficiente con vivir vidas ajenas empecé a crear una alterna donde combatía dragones y quimeras.
Un día deje de ser la niña que ansiaba con desespero crecer para irse lejos de casa y me convertí en la adolescente que no sabe ni siquiera que hace de su día a día.
Crecí junto a los arboles y a las flores del jardín, pero con la diferencia que muchas veces me he marchitado hasta la raíz.
Crecí a la par de otros tantos de mi generación y al igual que ellos no supe a donde ir, pero al menos tampoco me quedé sentada sin hacer nada.
Crecí y me dí cuenta del lugar donde vivía, del como todos mueren y nacen nuevas formas, del como todo cambia incluso de un día para el otro y el como mi país cada día se va destrozado un poco más que ayer.
Un día tuve que vestirme con el mejor traje de mi armario y salir sola hacia el bastó mundo fingiendo ser una adulta cuando en el interior seguía siendo una niña asustada.
Un día tuve que aprender a hacer las cosas por mi cuenta, los trámites, la comida, cuidar de los niños y nada de eso sabía hacer.
Un día tuve que pasar esa delgada línea entre ser niña y adolescente, para poder avanzar.
Crecí y conmigo también crecieron muchos sueños que me parecen inalcanzables.
Crecí y los problemas se agolparon como cuál ave de rapiña que vuela en círculos para luego atacar a su presa.
Crecí escondiendo cada lágrima, cada herida, cada problema, cada vendaje que le tuve que hacer a mi alma para al menos no perder una pieza mientras llegaba al final de mi vida.
Un día ví como otros se quitaban la vida y quince intentarlo para al final desistir viendo cómo el líquido carmín salía de mi cuerpo y darme cuenta que no deseaba aún el descanso eterno.
Un día ví a algunos chicos consumir droga e intenté envenenar mi cuerpo con sustancias tóxicas, pero tire a un lado la inyectadora y llore con amargura.
Un día ví como unos chicos bebían alcohol en las fiestas, pero huí con prisa cuando comenzaron una pelea por problemas de faldas.
Un día me tuve que encerrar en mi habitación para no ver las noticias o ver a otros chicos de mi edad acabando con sus vidas.
Crecí y seguí creciendo, viviendo en la misma calle de siempre, en la misma casa de fachada descolorida y en el mismo barrio fantasma de siempre.
Crecí y seguí avanzando fingiendo cada día que nada dolía, que nada añoraba y que nada extrañaba.
Crecí y seguí en línea recta con mi expresión estoica que alejaba a todos y me salvaba de muchos malos ratos.
Crecí y seguí aprendiendo a fingir, a mentir, a salirme con la mía, a escaparme, a evadir los problemas y a ayudar cada vez que podía a los más débiles.
Un día desapareció por completo la niña que gustaba de las princesas y castillos.
Un día se esfumó la adolescente caudalosa que deseaba convertirse en Hokage y liderar con valentía la nación ninja.
Un día simplemente ambas dijeron adiós y se fueron de la mano ondeando su capa de liderazgo y vestido delicado.
Un día se despertó una chica completamente distinta que miró a su alrededor notando que estaba perdida y no sabía que hacer o por donde comenzar para armar esa vida que era suya, pero que no la sentía propia.
Crecí hasta llegar a lo que soy hoy; alguien que su alma pide un break, un descanso y que su cerebro no quiere proporcionarlo, no quiere dárselo haciéndole avanzar incluso cuando no puede más.










