Chocolate y café
Colombia X Venezuela
Descripción
¿Que es más exquisito que chocolate y café juntos?
◌•·················•·················•◌
En este AU (si leyeron mi vieja historia actualmente extinta) los tricolor no son hermanos. De por si las relaciones “familiares” dependen de la vista de cada uno, así que no me vengan con un cuento chino de que son hermanos. Si no gusta del ship, no lea.
◌•·················•·················•◌
La ecuatoriana suspiró desde lo profundo de sus pulmones. Había llegado de emergencia a la casa de Venezuela por petición de este en una llamada alborotada. Al llegar a la residencia del de ocho estrellas el tricolor casi que la jala a la fuerza. En un inicio tenía los pelos de punta, aterrada por la idea de que algo malo sucedió con el venezolano o con sus Estados, incluso con sus hermanastros.
Ahora sólo le faltaba pintarse la cara para quedar como una payasa.
– ¿Eso... Era todo? – Mencionó incrédula. – ¿Me hiciste salir de mi casa, dejar a mi ¹wawa y perderme mi novela porque necesitas un consejo?
Trago duro, con los nervios a flor de piel. – Sí...
Una amplia sonrisa se formó en los labios de la rubia, sus ojos azules soltaron chispas y estrellas junto con una naciente emoción. – ¡Ya era hora! – Grito con júbilo.
– ¿Qué?
– ¡Siempre los shipeaba!
Por un momento se sintió incómodo. Su hermanastra diciendo que lo emparejaba con su otro hermano político, era ciertamente algo raro. Se avergonzó y un sonrojo invadió las mejillas del hombre.
Por otro lado, la de más al sur continuaba eufórica. Desde joven le gustaba la interacción entre Colombia y Venezuela, aún si fuese una de las peleas por su rivalidad de esos años donde estaban bajo el ojo protector del difunto Gran Colombia.
– ¿Me vas a ayudar, sí o no?
Río ligeramente. – Todo por mi ship favorito.
•••
– Muy bien, recuerda todo lo que te enseñe. – Palmeó los hombros del rubio infundiendole ánimos para que el venezolano invitase a comer al dichoso colombiano.
– Fueron unas nove-
– ¡Shh! Ahí viene Colombia. – Señaló al susodicho que entraba a la sala de reuniones de la ONU junto a Chile, dirigiéndose a sus respectivos asientos y que casualmente el tricolor se sentaría al lado del de ocho estrellas. – Suerte ñaño. – Le dio un empujoncito que obligó al de ocho estrellas a dar unos tambaleantes pasos buscando no caer, Ecuador tenía más fuerza que una mujer ordinaria.
– ¡¿Pero que coño hago ahora?! – Volteo buscando a la mujer, espantandose al notar que la fémina desapareció sin dejar ni rastro de un cabello.
– Hola Vene. – Tembló desproporcionadamente al oír la voz del cafetero a sus espaldas.
– Hey Coco. – Hablo mecánicamente, tratando de ocultar sus florecientes nervios.
El rubio detuvo su acción de apartar la silla para tomar asiento, unos segundos luego dejo escapar una risilla ligera.
Apretó los labios, estaba más nervioso que nunca y esa maldita risa le hacía el trabajo de mantenerse “calmado” mil veces más difícil. El rubor de le subió a las mejillas como un indicio no verbal de la vergüenza que se le despertó. – ¿Que es lo gracioso? – Farfullo entre dientes, no le hacía la más mínima gracia.
Apartó su vista a otro punto de la sala, huyendole a la expresión ajena. – Hace mucho que no me llamabas así. – Sus palabras se tiñeron un poco de melancolía.
Y verdaderamente hace mucho, no le decía así desde que su tutor gran colombiano seguía con vida. En esas pocas ocasiones que no andaban compitiendo por todo, “¿Quien escribe más rápido?” “¿Quien nada mejor?” “¿Quien termina más rápido con sus deberes?” “¿Quien trepa más rápido la mata de mango del patio?”. Ja, tanta competencia para quedar empatados al final.
Abrió sus ojos sorprendido por sus palabras. – Ah, eso... Tú tampoco me decías Vene desde hace algún tiempo.
– Yo... – Dirigió su mirada a los ojos del chocolatero.
Un cosquilleo se presentó en su estómago. Apretó los puños para intentar distraer su mente desordenada entre el caos de su sistema nervioso tan entorpecido. – ¿Estás bien?
Empezó a jugar con sus dedos, evitando nuevamente caer bajo el hechizo encantador de los ojos del tricolor. – No es nada, sólo quería darte algo.
– Te veo tan nervioso.
– Tú no estás mejor que digamos.
– ¡Cállate pen-
Extendió una pequeña caja que saco del bolsillo de su traje. Rogaba a sus adentros que le aceptaste ese regalo. – Espero que te guste. – Hablo casi en un susurro, al calor se instaló en sus mejillas a jugarle una mala pasada.
– Marico, tú... Comida.
– ¿Huh? – Enarco una ceja.
– ¡Te invito a comer después de la reunión! Ni se te ocurra negarte o le digo a Panamá que tú mataste a ²Joselito.
– ¡Ya, ya, ya! Entendí, gonorrea eres un pesado. – Se cruzó de brazos el cafetero. Ojalá Panamá no hubiese escuchado las palabras de Venezuela o se tiraba del último piso del edificio.
– ¿Qué carajo acabas de decir, copión? – Mostró su dentadura, amenazante.
– Hijo e' puta...
Así ambos hombres comenzaron a discutir en plena sala, recibiendo las miradas tanto interrogativas de unos, como las fastidiadas de otros por ese comportamiento infantil en unos países tan viejos y supuestamente adultos.
– Oye, Ecuador ¿Que paso con Joselito? – Preguntó la panameña sentada junto a la ecuatoriana.
– Emmh... Colombia lo enveneno por accidente.
Se quedó sin voz, totalmente muda. Hasta que- – ¡¡COLOMBIAAAAAAAA!!
Segundos después llega ONU, encontrándose con una furiosa centroamericana estrangulando al colombiano, gritando como loca de manicomio intentando ser detenida por la ecuatoriana.
◌•·················•·················•◌
La wawa a la que Ecu se refiere es un perrito que adoptó.
Joselito era un chigüire/carpincho/capibara (como lo conozcan) que fue mascota de Panamá. El animalito un día estaba desvivido, pensaron para ese entonces que comió algo venenoso y sí acertaron, lo que no sabían fue que Colombia era responsable de darle una planta venenosa por error mezclada con la comida del animal.