durmiente bebe
En las primeras horas de la fiesta de los muertos me visto con mi mejor ropa.
Salgo para pasear a mi bebe, que no despierta aún; le gusta dormir entre mis brazos y a veces en su cuna.
Al caminar entre las calles veo a los niños y niñas disfrazados, mi bebe sigue durmiendo.
Los perros aúllan cuando paseo al frente de las casas que ellos protegen valerosamente de gente distorsionada, de almas en pena.
En las horas inmaculadas de la noche los niños y niñas juegan en las calles, mientras yo los observo, ellos no a mí, mi bebe duerme entre mis brazos celosamente ocupados, nadie me ve deambular con él.
Mi bebe duerme y yo lo cuido del frío nocturno, esta pálido y sigue sin llorar.
Yo lo cuido desde que nació y él no se despierta desde entonces.
En sus sueños su alma viaja al bosque quemado y al círculo de hielo del infierno, pero nadie lo sabe, solo él… yo veo lo que él mira en sus ojos que me brindan una mirada perdida y llena de vacíos.
Veo a los niños y niñas que poco a poco se dan cuenta de mi inerte retoño.
Yo le doy de beber mi sangre, el acto es asqueroso para los que no saben de mi marchito dolor.
A veces le pinto los labios y las mejillas con mi sangre para que no crean que él ya esté muerto… no eso no es verdad, no eso no es verdad, no puede estar muerto si está durmiendo entre mis brazos, con su esquelético cuerpito.
A los demás les pido que no me vean.
En las últimas horas de la actual noche le doy de beber la sangre de los niños y niñas que por miedo corrieron de mí, corrieron tanto que cayeron cansados y no se levantaron más, corrieron y cayeron por el barranco abriendo sus cráneos a las caricias de las inmóviles piedras.
En las últimas horas de la actual fiesta mezo a mi bebe en su cuna, balanceando su pálido rostro, pronto me alistare, como siempre para salir en la noche a pasear al durmiente bebe.