Aventuras

Summary

Aventuras Y Desventuras De Nuestros Ship's Preferidos Y Los No También.... (。•̀ᴗ-) ✧ One-short's y algunos Drabbles del HIGUEL, KUBAN, MARKYLE, etc.,con las ideas que se nos ocurren de esta hermosa y adorable pareja. También podremos ver nuevas shipps y a personajes de otras pelis y series. Habrán situaciones de todo tipo así que espero que estés preparad@ (^_−)/☆

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Miedo

—Vamos Miguel, no pasará nada. Yo estaré contigo— Decía Hiro tratando de convencer a al chico para salir de la cafetería de su tía. Había estado allí por días sin querer salir ni siquiera con él. Se supone que el ermitaño es él, no Miguel. —Te prometo que no nos acercaremos a ningún lago congelado ni nada de eso. Sólo iremos a dar un paseo— Trató de empujarlo hacia afuera para salir de aquel lugar. Aún no entendía por qué le disgustaban los lagos en el invierno, pero los adoraba en verano.

—Hiro, ya te dije que no quiero salir.— Decía Miguel poniendo más resistencia. —Además, hace mucho frío y la chica del clima dijo que se acerca una tormenta— Terminó de decir con una sonrisa nerviosa aún sin querer salir. El joven nipón lo miró mal, con reproche, como diciéndole “no me importa, tienes que salir”. Pero era Hiro, no tenía mucha fuerza y no podía hacer mucho en esos momentos, ya que Miguel tenía por mucho un mejor físico que él y eso que era un superhéroe que salía a misiones casi todos los días, claro que siempre usaba armadura y luchaba con ayuda de la tecnología, pero aun así se cuestionó el no tener la fuerza suficiente para arrastrar al moreno fuera de la cafetería.

—Bien, me iré solo entonces— Dijo alejándose un poco de Miguel y poniéndose frente a éste. —¿Puedes decirme, por lo menos, por qué no te gusta salir en invierno?, digo, sales todos los días del resto del año, incluso en verano cuando el sol podría derretirte con solo estar cinco minutos fuera— Se estaba desesperando, llevaba días intentando que el moreno saliera de la casa-café. Desde que llegó de su gira a principios de diciembre no había querido alejarse de allí con la excusa de querer estar más tiempo con él y la tía Cass.

—N-no me gusta… el frío?— Titubeó al responder al nipón que lo miraba esperando la respuesta como si fuera lo más interesante del mundo. —Además, hay que ayudar a tu tía en el café— Señaló a la mencionada que estaba atendiendo unos clientes. Hiro solo rodó los ojos y se golpeó la frente con la palma de su mano. Sabía que esa no era la razón de no querer dejar el lugar y tenía que averiguarlo si pretendía que el moreno abandonara la idea de pasar el resto de sus días libres encerrado y pudiera ir con él a disfrutar el invierno.

—Miguel, te conozco y sé que esa no es la verdadera razón— Le miró a los ojos, a lo cual el moreno solo desvió su vista.

El nipón no recordaba ese momento, y en parte lo entendía. Esa vez fue una de las tantas personas que Hiro salvó aquel día, pero, aun así, fue especial para él. —Además, tía Cass puede ocuparse sola un rato del café. ¿Quieres, por favor, decirme por qué no deseas salir conmigo? Mira, es un bonito día que podemos disfrutar los dos juntos. Hace mucho que no tenemos una cita y… —Hiro se acercó más a él mientras lo abrazaba. —Me gustaría que en verdad saliéramos a pasear solos— Terminó de decir con su rostro hundido en el cuello del contrario.

Miguel se estremeció. No esperaba esa confesión de parte de su novio, porque claro, a pesar de que ya eran pareja, Hiro limitadas veces se mostraba tierno. Dio un suspiro, separó al chico un poco y lo tomó de la mano para guiarlo a la habitación que ambos compartían. El joven nipón solo lo siguió, no quería presionar al moreno a decirle nada, pero ya no sabía cómo ayudarlo. Se sentaron una de las camas y Miguel solo suspiró antes de ver a su compañero a la cara, tomó sus manos y las besó. Hiro miraba atento las acciones del mexicano, atento a lo que haría después. Luego, Miguel cerró los ojos como pensando en lo que diría y Hiro solo esperaba sin decir nada, dejaría que su novio se tomara su tiempo para expresarle lo que le atormentaba.

—¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?— Fue lo que dijo Miguel aún con los ojos cerrados y las manos sujetas a las de Hiro. El joven mitad japonés no pudo evitar mirar confundido a su novio, pero aun así le respondió.

—Sí, tú viniste a la cafetería para tomar algo caliente por el frío que había ese día. Fue a finales de noviembre— Terminó de decir aún con sus manos unidas a las de Miguel. —Ese día fue uno de los mejores para mí— Concluyó, apretando su agarre al de su novio.

Otro suspiro, Miguel negó con la cabeza, Hiro lo miró confundido. No sabía lo que pasaba por la mente del contrario y le frustraba no poder ayudarlo.

—La primera vez…— Comenzó el moreno. —Fue unos días antes, en un lago que estaba todo congelado— Hiro no lo entendía, no recordaba haber visto al moreno antes de que éste entrara a la cafetería de su tía. Miguel siguió. —Había un evento en ese lugar y yo debía presentarme. Mis compañeros y yo estábamos sobre el hielo, al igual que el público para el que cantaríamos— Hiro recordó. Cada año se organiza un evento en uno de los parques de la ciudad en el que hay un gran lago y debido a que se congela todo en esa época del año, las personas suelen patinar allí o hacer conciertos e incluso instalar varios puestos de comida, como una feria de invierno o algo así la llamaban. Pero aún no recordaba haber ido a ese lugar hace un año.

—Esa vez, cuando estábamos cantando, el hielo se partió debajo del escenario y varios de mis compañeros y yo, caímos dentro de ese frío lago— Hiro notó cómo el cuerpo de Miguel comenzaba a temblar al recordar dicho suceso. Lo abrazo y le acarició la cabeza para que se calmara un poco. Al parecer funcionó, porque Miguel dejaba de temblar levemente y siguió con la historia. —Pensé que moriría, tenía tanto frío que ya no sentía mis extremidades— Se acurrucó más al cuerpo de Hiro —Todo estaba perdido, pensé que pronto me reuniría con mis familiares muertos. Pero no pasó. Antes de cerrar los ojos por un momento, vi una pequeña sombra acercarse a mí. Lo siguiente que sentí fue como me tomaban del brazo y me llevaban hacia la superficie. Cuando abrí los ojos de nuevo, te vi a mi lado, con tus ojitos hermosos llenos de preocupación y miedo, tenías ese traje que te pones cuando vas a tus misiones. Te calmaste un poco al ver que desperté y luego saliste corriendo y te lanzaste al lago. No me dio tiempo a decirte nada, ya que unas personas me sujetaron y me sacaron de ese lugar y me llevaron al hospital— A este punto, Miguel ya estaba más calmado, Hiro seguía acariciando el cabello de su novio, escuchando atento lo que éste decía.

Recordó ese día, un villano quería descongelar el lago completo por no sabe qué razón. Él, Baymax y Gogo tuvieron que meterse al agua fría a rescatar a los que habían caído dentro y los demás iban por el villano. Ahora que lo piensa, vio varios mariachis ese día allí, pero, al estar más concentrado en el tipo malo, no le tomó importancia a quiénes eran, solo si seguían con vida o no. Recuerda que tuvo que meterse al agua varias veces, ya que habían caído muchas personas.

—Recuerdo que, al día siguiente, que ya estaba mejor y salí del hospital, leí la noticia en el periódico. “Los Grandes Héroes Salvan el día otra vez”, se veía en el título. Pude reconocerte en la fotografía, aunque no tenía idea de quiénes eran los otros, pero aun así me alegró mucho que estuvieras bien. Pensé que no te volvería a ver, al ángel que me salvó la vida sin dudar incluso poniendo la de él en riesgo. Te admiro por eso, por pensar en el bienestar de los demás antes que el tuyo— Hiro abrazó más fuerte a Miguel, quien hizo lo mismo. —Pero unos días después te encontré en este bendito lugar, estabas vestido diferente, sin embargo, tus ojos eran los mismos, oscuros llenos de ese brillo tan bello que calienta cualquier alma fría. Di gracias a Dios o quién sea por el poder encontrarte y ser el único, al parecer, en reconocerte sin tu traje de superhéroe— Miguel se separó de Hiro quedando frente a él, pero muy cerca de su cara. —Y a pesar de que me salvaste, desde ese día no me gusta salir a lugares en los que haya mucho hielo o haga demasiado frío. Me hace recordar esa sensación de estar muy cerca de la muerte y la seguridad de no volver a ver a mi familia viva. No me gusta recordar ese suceso, pero, gracias a eso, fue que te conocí…— Soltó una pequeña risita. —Más o menos, ya que oficialmente te conocí aquí en el café de tu tía— Terminó de decir desviando la mirada a un lado, se sentía tonto al contarle a su japonesito amado que le tenía miedo a los lagos congelados.

—Miguel— Hiro tomó su mejilla y lo hizo verlo a los ojos. —No te preocupes. Te prometo que nada te pasará, porque yo estaré contigo siempre. Y si algo te llegara a suceder, voltearía la ciudad de cabeza solo para salvarte e irte a buscar donde quieras que estés, incluso al otro lado de este mundo. Ese suceso no tiene por qué hacerte pensar que siempre será así cada vez que estés en un lugar parecido. Solo fue un mal día, eso es todo— Dijo de una manera tierna, con una tranquilidad que le contagió a Miguel que no pudo evitar sonreír.

Hiro al ver esa sonrisa que tanto le encantaba, solo pudo darle un beso. Un beso que transmitía esos sentimientos que ambos tenían el uno por el otro, un beso que decía que se necesitaban entre sí para poder vivir y que no importa lo que pasara, siempre estarían allí para el otro. Estuvieron así unos minutos, abrazados y dándose besos que, aunque pequeños, podían hacer que el otro se derritiera a sus pies. Después de un rato, ambos salieron de aquella casa, Hiro le dijo a su tía que saldrían toda la tarde, a lo cual ella no protestó, ya que particularmente ese día no tenía muchos clientes. Ambos jóvenes pasearon un largo rato, fueron al cine, pasaron por unas tiendas de ropa, que en realidad no necesitaban, solo disfrutaban de la compañía del otro. Ya en la noche, ambos volvieron a casa, Miguel se disponía a dormir, de no ser porque vio a Hiro con su traje puesto. Le preguntó que si iría a otra de sus misiones, a lo cual el joven héroe negó, se acercó a Miguel y plantó un largo beso en los labios del menor.

—Iremos a dar un paseo, así que cámbiate— Le susurró Hiro a la vez que le hacía una seña con las manos para que fuera a cumplir lo que le pidió.

Miguel no entendía, pero obedeció a Hiro, se puso una camiseta que le había regalado su mamá Elena hacía tiempo, su típico suéter rojo, un abrigo muy grueso y una bufanda que le regaló la tía Cass, también sus confiables botas para invierno marca Rivera y un jean especial que se compró en uno de sus viajes. Cuando estuvo listo, Hiro lo esperaba parado junto con Baymax. Como ya era algo tarde, Miguel supuso que la tía Cass estaría durmiendo. Se acercó a Hiro, el cual le dijo que subiera a Baymax, seguía sin entender, pero no preguntó, hizo lo que su novio le pidió. Luego de acomodarse encima del robot, salieron volando a quien sabe dónde. Miguel, extrañamente no tenía frío, a pesar del aire que pegaba en su rostro, sentía como sus manos estaban calentitas, al parecer Baymax emitía calor para calentarlos a él y a Hiro al cual no había dejado de ver en todo el rato que llevaban sobrevolando la ciudad. Aterrizaron en un lugar oscuro, Miguel no podía ver nada, solo sintió cuando Hiro tomó su mano y empezó a caminar con él a rastras. Unos segundos después se detuvo, pero aún no podía ver nada, estuvo a punto de preguntar algo cuando el lugar se iluminó.

Se encontraban en el mismo lago en el que Miguel había caído, pero esta vez, se veía más hermoso. Como estaban en la orilla se podían ver unos árboles con luces navideñas como si fueran luciérnagas, la nieve totalmente blanca resplandecía por el brillo de aquellas luces. Hiro se quitó el casco de su traje y volteó a ver a Miguel, quien estaba asombrado, no parecía asustado en lo más mínimo, eso alivió al joven nipón.

—Miguel, sé que puede que esto no te guste, pero… - Tomó las manos de su compañero sin mirarlo a los ojos. —Quiero que ya no tengas miedo de nada. No me gusta verte así de mal por algo— Tomó aire alzando la vista, quedando justo frente a la del moreno que lo miraba entre curioso y maravillado.— Por eso quiero que sepas, que yo siempre estaré contigo, pase lo que pase y te protegeré de lo que sea, incluso de mí mismo.— Se acercó más a él atrapándolo en un abrazo quedando sus rostros muy cerca, tanto que podían hasta ver y respirar el aliento del otro.

Miguel solo podía dejarse llevar por el momento, ya no tenía miedo, al contrario, se sentía seguro en manos de Hiro. Sabía que éste siempre lo protegería y estaba seguro de que él haría lo mismo. El espacio entre los dos se redujo a nada, Miguel había unido sus bocas en un tierno beso que poco a poco paso a ser uno más necesitado, como si no hubieran probado al otro desde hace días. Este chico en verdad que lo apendejaba, cada vez que estaba con el moreno sentía que su IQ no era nada, que su inteligencia se iba por el caño con solo degustar aquellos labios a los que era adicto desde la primera vez que los probó, hacía solo unos meses cuando se declararon sus sentimientos.

Sintió algo en el rostro, ¿Empezó a nevar? El pronóstico del clima no decía nada de una nevada esa noche. Abrieron los ojos y se dieron cuenta de que no era nieve, eran... ¿Pétalos? Sí, eran pétalos de diferentes colores. Cuando alzaron la vista vieron a Baymax volando sobre ellos y al parecer él era él que lanzaba los pétalos. Hiro sonrió, definitivamente su amigo robótico había entendido la idea de una noche romántica; ya se encargaría de felicitarlo después. Posó su mano en la mejilla de Miguel para que este lo viera directamente a los ojos, al lograrlo lo volvió a besar y el menor le correspondió. No se imaginó que Hiro pudiera hacer algo así de romántico, pero definitivamente le gustaba esa parte de su novio, ojalá la mostrara más seguido.

Sin duda, ya no le disgustaba el invierno, al contrario, ahora los apreciaría; porque fue en invierno que conoció a al amor de su vida, y los esperaría con ansias sólo para poder estar con Hiro, acurrucarse a su lado tomando una taza de chocolate caliente mientras ven televisión. Sí, definitivamente el invierno es ahora su estación favorita del año.