Defectuoso

Summary

En un mundo mágico dividido en alfas y omegas, Harry es un alfa defectuoso, resignado a permanecer solo para siempre, hasta que Draco se cruza en su camino. No será fácil, por mucho que Draco quiera convencerle de que su interés es genuino, Harry tiene que aprender a creer en sí mismo para poder creer en su relación y sobreponerse a la oposición de sus padres a que estén juntos.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1: defectuoso

17 años antes.

El niño abrió los ojos, aturdido, desorientado. Lo primero que notó fue que solo veía por un ojo, y eso le asustó. Sintió que la mano suave de su madre agarraba la suya y trató de mover la cabeza hacia ella, pero los músculos no respondían. Empezó a ponerse nervioso y a boquear, intentando llamarla, pero de su boca solo salían balbuceos.

— Shhhhh, mi amor. —Su mamá le abrazó, tratando de confortarlo— Estás en el hospital, tuviste un accidente. Todo va a ir bien, Harry, mamá está contigo.

Volvió a adormecerse, arrullado por la voz familiar. Al cabo de un rato le despertaron voces conocidas. Su mamá ya no sujetaba su mano, sonaba preocupada.

— ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuáles son sus opciones? —escuchó que preguntaba en susurros.

Una voz que no reconoció le contestó, calmada.

— Hay que empezar de cero con él. Hablar, caminar, va a necesitar ayuda y rehabilitación por un tiempo, señora Potter. Tiene medio cuerpo paralizado, es un milagro que haya despertado.

— ¿Habrá secuelas? —distinguió la voz firme de su papá.

— Aún no podemos decirlo con seguridad, habrá que ver cómo evoluciona. Si fuera un muggle, estaría muerto, Jefe Potter. Tiene buenos genes y su núcleo mágico está intacto, ahora solo el tiempo nos dirá si hay secuelas. De lo que estamos bastante seguros es de que el olfato no volverá.

Escuchó un gimoteo amortiguado de su madre, seguramente con la cara escondida entre las manos, antes de la voz de su abuelo.

— ¿Eso es definitivo?

— Nada es definitivo, señor, pero es la zona más dañada del cerebro. Siendo un mago, seguramente se cree una compensación, pero dudamos que el olfato se recupere. El resto de los daños son cuestión de tiempo.

— ¿Me está diciendo que mi nieto podría quedarse así? —bramó Fleamont Potter.

— Le estoy diciendo que a partir de ahora hay que ver cómo evoluciona, pero no podemos saber cuánto tardará ni hasta dónde se va a recuperar —respondió el sanador sin amilanarse.

Harry no abrió los ojos, estaba demasiado cansado, pero escuchó al sanador salir de la habitación.

— Nadie puede saber esto. —La voz de su abuelo era tajante— Y vosotros, deberíais pensar en tener otro hijo.

La protesta de su madre fue contundente, su padre se limitó a un “¡Padre!” bastante más débil.

— Vuestro hijo es un imbécil ahora mismo y no se sabe si dejará de serlo, necesitamos otro heredero.

Salió dando un portazo. Sus padres se quedaron un momento en silencio.

— James, ¿no se lo dijiste? —interrogó con voz tensa.

— No era asunto suyo.

— ¿Y ahora sí lo es? —La voz de su mamá subió una octava— Harry nos necesita y tu padre habla de que tengamos otro hijo, como si se tratara de tirar una escoba y comprar una nueva.

— Lily, si le digo a mi padre que no puedes tener más hijos, ¿sabes que dirá?

Hubo un silencio.

— Me dirá que te deje y me busque a otra que esté sana.

Otro silencio.

— Mi hijo no es un imbécil, saldrá adelante, James, diga lo que diga tu padre. —Su madre estaba realmente furiosa.

— ¿Y qué futuro le espera siendo un alfa defectuoso?





Presente

Harry se sentó a la mesa de la cocina de la casa de sus padres con una carta en la mano.

— ¿No la abres? —preguntó su madre después de cinco minutos en silencio, viéndolo dar vueltas a la carta.

— Es otra de esas fiestas —contestó su hijo, mohíno.

Lily se sentó junto a él, con un suspiro.

— Cariño, no puedes rendirte.

Miró a la pelirroja con los ojos un poco nublados.

— Mamá, tengo veinticinco años. Todos mis amigos están ya emparejados. ¿Es necesario volver a pasar por otro de esos humillantes bailes?

— Es la manera más sencilla de encontrar pareja —respondió con paciencia, acariciando su antebrazo.

— Soy un alfa defectuoso, ningún padre va a permitir a su hijo relacionarse conmigo —contestó, repitiendo las palabras de su padre, grabadas a fuego en su mente desde su infancia.

El mundo mágico se regía por normas básicas: un alfa con un omega, alfa dominante, omega sumiso. Alfa defensor de los suyos, omega procreador. Y tradicionalmente, uno de los rasgos vitales para un alfa era su olfato. Harry lo había perdido de niño, por un golpe en la cabeza al caerse de su escoba. Ni la regeneración propia de su raza ni los medimagos habían conseguido recuperarlo. Su familia había intentado ocultarlo, porque la mayoría de los padres de omegas lo descalificarían por eso, a pesar de que Harry descendía de una estirpe de alfas fuertes, conocidos en el pasado como guerreros.





— Tú madre dice que no quieres ir a la fiesta de descubrimiento.

Harry dejó a un lado el rodillo con el que estiraba la masa y se giró a mirar a su padrino.

— Estoy cansado de eso, no creo que sea tan difícil de entender.

Desde hacía siglos, alfas y omegas crecían segregados, para proteger la virtud de los omegas. Tiempo atrás, cuando aún se creía en las parejas destinadas, se había convertido en costumbre celebrar una fiesta cada seis meses, en la que los jóvenes solteros podían coincidir y descubrirse, siempre bajo la estrecha vigilancia de sus familias. Harry lo odiaba, porque había degenerado hasta ser un escaparate, un mercado de carne. A esas alturas todo el mundo sabía que no podía oler y eso implicaba que solo se le acercaba gente interesada en relacionarse con su familia o curiosos que querían averiguar si era verdad que el hijo del Jefe de Aurores era defectuoso.

Sirius se sentó en una de las sillas de la cocina y miró a su ahijado con el ceño fruncido.

— Solo queremos que seas feliz, Harry. Lily está preocupada.

Una mueca de amargura apareció en el joven rostro mientras tomaba de nuevo el rodillo.

— Y mi padre decepcionado.

El auror fue a abrir la boca para defender a su mejor amigo, pero se contuvo, porque Harry tenía razón y James se comportaba como un idiota con su único hijo.

— ¿Qué harías tú si fuera Reggie el que estuviera defectuoso?

El alfa gruñó, molesto.

— ¡Tú no estás defectuoso!

— ¿Qué harías, Sirius? Si tú único hijo fuera una decepción.

La respuesta fue un gruñido más fuerte y un golpe en la mesa. Su padrino se levantó y fue a colocarse junto a él, cogiéndole de los hombros para que le mirara.

— Tú no eres una decepción, cachorro, nunca podrías serlo. Pero si quieres saberlo, no hay nada que Reggie pudiera hacer para que Remus y yo no estuviéramos felices de ser sus padres.

Los ojos verdes de Harry se llenaron de lágrimas y apoyó la frente en el hombro de su padrino, dejándose acunar por él como hacía de niño.

— ¿Qué ha hecho James esta vez? —preguntó con suavidad, masajeando su espalda en círculos para reconfortarlo.

— La semana pasada les escuché discutir, quiere buscarme esposa, dice que los padres de las omegas son menos quisquillosos con los defectos. Está dispuesto a pagar incluso una compensación.

Sirius apretó la mandíbula para no maldecir. James era un asno. Y sin duda Fleamont también tenía algo que ver en esa decisión.

— No puede obligarte a nada, Harry. Pero entiendo por qué estás molesto —lo consoló, como tantas otras veces desde el accidente—. ¿Quieres que hable con él?

Harry negó, un atisbo de su olor alfa en el aire. En realidad ese era el problema de James: su hijo, el último de una larga estirpe de guerreros, nunca sería un luchador. Y para un alfa de una familia tan tradicional, un hijo sin olfato era tan vergonzoso como si fuera sordo o ciego, porque tenía una debilidad. Desde el accidente, James se había alejado progresivamente de su hijo, lo que había creado también una profunda fisura en su matrimonio. Él culpaba a su esposa de haber protegido a Harry demasiado y haberlo hecho débil, por eso su olor alfa era débil y apenas aparecía. En sus propias palabras, habría preferido que fuera un omega a que fuera solo medio alfa.