Capitulo 1... Cómo todo comenzó
Todo comenzo el día en que llegue al mundo, fui una bebé muy deseada en mi familia, pero no podia luchar con mi instinto de busqueda ir a lo desconocido de ver más haya de lo que la ciencia puede explicar o al menos para mi. Sin embargo, todo cambio cuando tenía 5 años, todavía lo recuerdo como si fuera ayer.
Una mañana me desperté como si nada, con una gran sonrisa de oreja a oreja, después de desayunar con mi familia nuclear me ponía a jugar mientras estaba sola. Aunque, la inocencia de un niño es algo valioso para mi ya no existia esa inocencia.
— Te haré ver una nueva vida, un nuevo mundo -le decia a mi peluche que apuñalaba con un cuchillo de juguete- Un mundo mejor
— Hija, ¿Qué estas haciendo? -preguntaba mi mamá-
— Estoy jugando mami -yo solo le comentaba, mientras fingía que salvava a mis muñecos como si fuera una clase de superheroína-
— Esta bien mijita, con cuidado -me pedía con su calida sonrisa-
Después de que se iba, yo volvia a jugar con mis peluches... Sentía un placer que no puedo comparar hasta la fecha, pero si debo describirlo de una forma esa sensación placentera es sin duda cuando te pica la espalda y no te puedes rascar hasta que alguien más te ayude, es cuando no puedes gritar por más que quieras hasta que por fin sale ese grito tan esperado.
Cuando estaba por cumplir 6 años fue la primera vez que lo vi, fui la primera vez que vi a un hombre de piel oscura, cabello negro cual petroleo, ojos rojos cual granate que penetran el alma, su capa negra como la noche, su traje oscuro que trataba de decir es el final del camino, pero lo que más destacaba en ese hombre era su broche que unia la capa una calavera plateada con 2 rubies en las cuencas.
— Hola pequeña, ¿Cómo te llamas? -prengunto con una sonrisa, ahí note sus dientes blancos como perlas-
— Me dicen Fer -miraba a todos lados y solo veía libros- Pero mi mami dice que no debo hablar con extraños
— Yo no soy ni un extraño -aclaró quitandose la capa con calma- Soy tu ángel de la guarda, el que te cuidara y guiara en esta vida
— No, los ángeles no son así -lo miraba con miedo, creo que fue la única vez que le tuve miedo- Ángel de mi guarda, mi dulce compañia, no me desampares ni de noche ni de día, con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con gracia y obra del espiritu santo, amen
— Fer, yo soy tu ángel -afirmó- Pero aun no es hora de que nos conozcamos a profundidad -me puso su capa y la abrocho- Pronto volveré con alguien que te conoce y amas, para que te ayude a entender mejor lo que pasa y pasara a futuro
En cuanto desperté fui a revisar a mis padres como a mi hermana, le agradecí a Dios que ellos estuvieran bien, seguí con mi vida normal ignorando aquel sueño... Hasta que recibí el primer golpe en mi vida, la muerte de un tío que me cuido y protegio hasta su ultimo aliento de vida, ¿Cómo lo se? Por que de mi se despidio en un sueño.
Estaba en un prado lleno de flores de diversos colores, corriendo sin parar hasta que a la distancia vi a un hombre de cuerpo algo voluptuoso con un bihote algo leve, un poco de barba de color negro y tez blanca, vistiendo una bata blanca, en cuanto vi su cara supe quien era... Mi tío favorito y sin duduar corrí hacia él y lo abrece con todas mis fuerzas
— Mi gorda bella, ya me tengo que ir -me dijo con lagrimas en los ojos-
— ¿A dónde? ¿Cuándo vas a regresar? -le pregunte llorando- ¿Vamos a volver al rio? ¿Volveremos a ir por esos helados?
— Mi niña -me hablo con una sonrisa, pero notaba esas lágrimas que escapaban de sus ojos- Mi gorda bella -se agacho a mi altura- Se que tienes muchas preguntas ahora, pero no las puedo responder todas
— Papá no me dice nada de ti, quiero ir a verte y cuidarte como tu haz hecho conmigo -le decía llorando- ¡Quiero estar a tu lado! ¡Quiero estar contigo! -le gritaba con todo mi corazón-
— No puedes cariño, tu tienes una vida por delante que debes disfrutar -se puso a limpiar mis lágrimas- Pero necesito que ayudes a un amigo mio, él te cuidará por mi, solo que cuando cumplas 7 ese hombre estará más presente en tu vida... Por ahora, solo quiero ver a mi solecito feliz
— ¡Yo no quiero que nadie mas me cuide! ¡Te quiero a ti y a mis padres cuidandome! -solo sentí sus brazos a mi alrededor y me lleno de besos, hasta que se volvio a hacercar ese hombre de tez oscura-
— Recuerda, tu siempre serás como la hija que nunca tuve -me dijo mirandome a los ojos- Ese hombre de haya, es tu ángel y yo lo encomiendo en tu camino
— ¡¿Por qué ese hombre?! -me comenzó a acaricar el cabello- Tío, tengo miedo
— Mi gorda bella, no tienes por que tenerle miedo -me tomo de las manos con cuidado- Confía en mi
— Siempre confiare en ti tío, pero ¿volveremos a vernos? -le pregunte más calmada-
— Yo siempre te veré, a pesar de que tu no me veas a mi -me dio un beso en la frente- Siempre estaré ahí
— Ya es hora de irnos -aviso aquel hombre- Dile tus últimas palabras a la niña
— Esta bien -le dijo aquel hombre y luego volvio su vista a mi- Precioso ángel que Dios me dio, siempre te amaré y cuidaré hasta el día que nos podamos reunir de nuevo... Te amo mi gorda bella
— Yo también te amo tío -lo abrace sin dudar, abrazo que me devolvio- No te quiero perder
— Jamás me perderás hermosa, siempre estaré contigo -podía sentir sus lágrimas sobre mi-
— Hey -nos hablo y puso su mano en el hombro de mi tío- Es hora, ya nos debemos de ir
— Si, entiendo -se levanto dejandome en el suelo- Nos vemos, pero recuerda... Siempre serás mi gorda bella y pase lo que pase siempre estaré orgulloso de tí
Yo ya no sabía que decirle, al poco tiempo se abrio una enorme puerta dorada mostrando una luz blanca con pequeñas nubes saliendo de esta. Cuando estaba por pasar por esa puerta, corrí y le di el último abrazo, al separarnos me dio el último beso en la frente, me sonrío antes de pasar por esa puerta.
Al despertar, recibir esa noticia que no quería, aunque mis padres no sabían como decirmelo. Sin embargo, ese mismo día me lo dijeron y dejaron que expresará la depresión a mi manera.
Todavía esos recuerdos siguen en mi mente, era raro cuando comia, no quería ni levantarme de la cama, menos jugar con alguien. Hubo un momento en el que me quede dormida y en mi sueño, estaba corriendo tras el cajón en donde sabía que estaba mi tío, luchaba por llegar a él hasta que me despertaron y yo solo pude llorar por alejarme de ese hombre que marco mi vida después de mi padre.
Mi vida desde ese día no fue la misma, el dolor en mi corazón no se quitaba con nada y solo comencé a fingir una sonrisa al mundo, pensando que si ocultaba mis verdaderos sentimientos podría ser mi vida diferente.
Cuando cumplí los 7 años, volvío aquel hombre a mis sueño y con un odio le gritaba de todo creando cosas que lanzarle, siendo que él esquivaba todo mientras escuchaba mis insultos. Al notar que colapse, él solo me abrazo con calma.
— Niña, se que es doloroso para ti el perder a un ser querido -me hablaba con una calma que me hacia sentir en paz- Y lo siento pequeña, pero era su hora de irse
— ¡Aun tenía motivos para quedarse! ¡Aun los tenía! -le devolví el abrazo-
— Él quería quedarse, pero nena... Lo más doloroso para él, seria ya no poder convivir como lo hacian -se alejo un poco para verme a los ojos- Pero te aseguro, que él esta mejor
— ¿Por qué me lo tuviste que quitar? -me limpie mis lágrimas-
— Ya no podía sufrir ese hombre, hubiera estado en coma toda la vida y eso no es una forma de vivir -me dijo con tranquilidad-
— Eso no quita que no me duela y jamás me dejará de doler -me aleje de él-
— Lo sé, pero necesito que seas fuerte -se levanto y me volvio a poner su capa- Hoy es tu primer día de trabajo
— Según mis padres estoy chiquita para trabajar -me entrego una oz-
— Si, eres muy chiquita para trabajar, pero será un trabajo conmigo y sencillo -suspiro invocando una enorme puerta de rejas negras- Aunque no mentiré, esto te marcará la vida de por vida
Los 2 cruzamos la puerta, yo no sentía miedo solo curiosidad. Cuando tuve una visión más clara, logré ver que estabamos en una sala de cirugía en funcionamiento
— ¿Acaso nos pueden ver? -me acerque a los doctores sin tocarlos-
— Son pocas las personas que me pueden ver, pocas las personas que sienten mi presencia -me tomo del hombro con suavidad-
— ¿Y que hacemos aquí? -pregunte con tranqulidad-
— Ese hombre debe morir, pero necesito que me ayudes -me sonrió de forma leve-
— ¿Y que se supone que debo hacer? No lo quiero matar -confesé un poco triste-
— No pequeña, aun no -puso su mano en el hombre y saco el alma del hombre- Hole señor, es hora
— ¡No! ¡Mis hijos me necesitan! -lloraba el hombre desesperado- ¡No me quiero ir!
— Señor -llame su atención- No llore, todo saldrá bien
— ¿Cómo me dices eso pequeña? -me miro con una tristeza que no se puede describir- Tu inocencia aun no es corrompida por este mundo cruel
— De hecho si, ya experimente lo que es perder un ser querido y el ver como no te dejan despedirte de él por que estas muy pequeña para asistir a esos eventos -comencé a llorar sin consuelo- ¡Usted no sabe como le duele a un niño el saber que no le dieron la oportunidad de ver a ese familiar que se les alejo 6 días antes de morir y ni poder verlo en su funeral!
— Y-yo, lo siento -me dijo acarciando mis mejillas- N-no sabía eso
— La gente en este mundo es cruel y solo piensan en uno mismo, son pocas las personas que valoran lo real y ignoran lo irreal -le dije con frialdad- Por que vale más el estatus que el sentimiento
— Te arrebataron la inocencia a tan temprana edad -bajo la mirada- Lamento que no tuvieras esa inocencia por mucho tiempo
— Es lo triste de la vida, pero usted tiene la oportunidad de vivir en ese mundo de ensueños -vi un reloj digital en mi muñeca que marcaba cero- Señor, ya es hora de que se vaya a ese mundo lleno de alegría
— Pero pequeña, ¿Sabes quien es el hombre con el que estas? -pregunto con preocupación-
Lo tome de la mano con calma y se lo pase a mi compañero, viendo una calavera de huesos negros cubierta por esa capa algo rasgada. Sin embargo, cuando el hombre estaba por pasar por esa puerta.
— ¡Señor! -grite llamando su atención- Yo estoy con... Mi ángel de la guarda