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En algún tiempo que no volverá, en lo profundo de un inhóspito lugar que se estremecía por el deseo que estaba por cumplirse, se acercaba con decisión a su oscura y tétrica guarida, esperando que el demonio que aguardaba su llegada le concediera, al menos, mencionarle su más profundo anhelo.
-¡Hace tiempo que te esperaba!- escucho el eco sonoro proviniendo de lo profundo de aquella cueva. Se adentró sintiendo como ahora la valentía se le escapaba por la piel, cayendo sobre sus cienes en forma de un sudor frío.
Camino vacilante guiándose por la fría pared hasta toparse con su anfitrión, el demonio rojizo con colmillos prominentes, igual al que se describía en aquellos manuscritos antiguos. Trago saliva mientras su respiración se aceleraba, estaba a punto de retroceder y huir aterrorizada, cuando sus palabras la congelaron.
-Tiempo… el tiempo nos brinda la esperanza de que alguna vez algo cambiara, que nuestra vida y su destino se transformara con su lento y constante paso, pero – esbozo una sonrisa malévola enmarcando sus dientes afilados - eso es lo que a veces nos arrebata lo que más deseamos – se carcajeo sarcástico, emocionado de percibir el egoísmo emanando de los ojos azules de aquella humana frente a él, dispuesta a sacrificar lo que sea por sus anhelos - ¿Es el tiempo lo que te estorba?
-Si –dijo con firmeza y coraje, que nacía de lo más profundo de su ser.
-Entonces, pide tu deseo…
De pronto, una oleada nubosa salió en estallido de la cueva oscura donde ambos, demonio y humana, hacían el trato. Expandiéndose sobre el bosque frondoso, deslizándose entre sus arbustos hasta llegar aquel pequeño reino cercano que apenas se comenzaba a iluminar por el amanecer de un nuevo día, sumergiendo todo en una espesa neblina grisácea que arrebataba el brillo del paso del tiempo.
Mientras el reino era arrebatado de su esperanza, tres custodias aparecían al borde de sus tierras, tres seres imponentes comenzaban su labor, resguardando las tierras para evitar pasar no solo el tiempo, si no a visitantes no deseados, excepto a aquellos creadores de magia y deseos. Pero a la vez, atrapando a los seres que habitaban aquellas tierras.
Cumpliendo así con el deseo, cerrando así el trato. Pero, ¿a cambio de qué?
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Revelarse contra el poder de su padre no fue fácil, no tanto por lo abrumador que resultaba ser, sino por que poco a poco fueron involucrándose en sus actos de maldad pura. Se sentían igual a él, habían azotado poblaciones y manchado sus manos de sangre, la culpa los invadía y se reprochaban en silencio las masacres que habían cometido. Pero poco a poco se hartaron, mostrar su desacuerdo con las acciones de su padre, palabras se convirtieron en gritos y luego en una pelea de la cual no salieron del todo ilesos.
Se dirigían sin rumbo, ya lejos de la entrada a su hogar, buscando tan solo un lugar donde refugiarse. Las dudas de si habían hecho lo correcto les estremecía la espalda, después de todo, eran igual de temidos que su padre, el rey del inframundo. Y además, estaba el hecho de que uno de ellos estaba herido de gravedad, Desha, el hermano mayor.
Durante la pelea con su padre, este lo había herido con un arma desconocida, pero que Desha presintió que era portadora de una maldición que se transfirió a él cuando atravesó su carne. Ahora, pensaba en esto cuando fue interrumpido por uno de sus hermanos.
-Veamos…- Dijo uno de ellos, de cabello rubio mirando un mapa dibujado a mano – Deberíamos de estar cerca de esta provincia – señalo el mapa mostrándoselo a sus dos hermanos –Pero no veo nada parecido… ¡Estamos perdidos!
-Debería de ser…-dijo el mayor entre gruñidos
-¡Esperen! miren hacia allá
El menor señalo hacia un bosque que sobresalía en la llanura, de donde se veía emanar humo, quizás las fogatas de la aldea que buscaban. Se adentraron siguiendo un desolado camino que cruzaba el bosque frondoso, caminaron por horas, sin rastro de civilizaciones. Sin darse cuenta, el paraje comenzó a cambiar, los árboles alrededor se veían secos y cada vez más escasos, hasta toparte con un tramo casi árido con la tierra ennegrecida, cenizas esparcidas y los escasos arboles carbonizados. La temperatura en este espacio era alta y apenas soportable, hilos de sudor resbalaban por sus frentes y mejillas, empapando sus camisetas. El humo grisáceo que emanaba de aquel lugar les impedía ver más allá de unos cuantos metros.
-¡Pero, qué demonios! - exclamo Despa acalorado
-Hay que volver…- respirar las cenizas le irritaba la garganta, estaba en mal estado y necesitaba descansar un poco para detener su hemorragia, pero en esta situación se temía lo peor. Se dio la vuelta lentamente y dio unos pasos, Despa le seguía.
-¿Escuchan eso?-el menor los detuvo en seco –Son voces…
El bullicio era lejano, se alcanzaba a escuchar que hablaban a gritos, de pronto el bullicio se convirtió en un escándalo de árboles arrancados y gritos de furia, de los que escuchas cuando luchas en batalla, seguidos de un rugido intenso y aterrador, de una bestia embravecida y de pronto se envolvieron en un silencio perturbador.
¨Respira profundo, traga saliva y controla tu mente¨ Tensaron todos los músculos, era hora de largarse.
De pronto el silenció se rompe con un grito agudo y aterrador, una mujer grita desesperadamente dentro de aquel lugar.
El primero que se mueve es el menor, corre decidido hacia la dirección de donde escucha aquel grito, seguido de sus dos hermanos.
-No, espera… ¡para! - susurran entre ellos esperando que fuera una emboscada
-Debemos de ser cuidadosos, he sabido de brujas que engañan a los viajeros disfrazadas de doncellas en apuros de esta manera…- suelta Despa asustado
Pero él seguía decidido a buscar la fuente de aquellos gritos, que no cesan, pero se percibe que se mueven, ¡se acercan hacia ellos!. De pronto paran y chocan de frente, descubriendo que no es solo una, sino dos jovencitas las que gritaban en el interior de aquel lugar. Una de ellas jalando a la otra con decisión y apuro, mientras la otra, que era la que gritaba aterrada, lloraba a borbotones mientras soltaba otro grito de terror al toparse de frente con los hermanos.
La primera la aparta protegiéndola y empuña una espada, como una daga, corta y ligera, y amenazando a los hermanos para alejarlos, pero entonces escuchan cada vez más cerca los pesados pasos de aquella bestia. El rostro de la joven se transforma de amenazante a aterrado y grita con fuerza “¡Corran!” tomando bruscamente a la otra mujer, corriendo hacia la dirección de dónde venían los hermanos. Sin dudarlo, los hermanos siguen a la mujer corriendo. Saben que se acerca, lo escuchan, el hedor a azufre y carne putrefacta lo delatan, ¡un dragón los persigue!.








