Ahegao

Summary

TodoBaku | +18 Todoroki lleva días intentando convencer a Bakugō de dar el siguiente paso en su relación, pero el rubio se niega. De la mejor forma, Todoroki descubre el porqué. ... 🔞 Katsuki pasivo. 💥 Un poco de out of character. ✨ El dibujo de la portada es de mi autoría. Está basado en el dibujo de la portada anterior para mantener la estética. 🎶 Evite hacer comentarios despectivos o con discurso de odio hacia algún personaje (todo aquello que insulte será censurado, mas no tema comentar opiniones, reacciones o críticas) Publicado: 31 Mayo 2018 Edición: 12 julio 2024

Genre
Erotica
Author
canecoum
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primera vez

Eran novios desde hace más de cinco meses. Hacían lo que cualquier pareja, como salir a cenar, ver películas, decirse cosas cursis y besarse mucho.


Shōto no podría estar más feliz con su relación amorosa. Pero, como todo hombre respetable, le tenía intensas ganas a Katsuki.


Desde hace como tres meses que ya no le bastaban los besos calientes. Quería meter mano, y muy profundo.


Cuando comenzó a insinuarse, Katsuki lo que hizo fue alejarse y evitar el tema lo más posible. Shōto ignoraba los motivos, pero tampoco se dejó decaer por algo como eso. Era un chico insistente que buscaba lo que quería hasta tenerlo.


No por algo duró tantos años soportando a su padre, su voluntad ahora era de hierro.


Pero, en el caso de Katsuki, cuando notó que la insistencia no funcionaba del todo, ideó un plan perfecto a prueba de fallas. Organizaría la cena romántica más melosa de su vida, y a toda costa metería a Katsuki en su cama.


Para ello, compró por una noche un lujoso restaurante y a sus meseros con la tarjeta mágica de su papá. Cabe decir que estaba a un lado de un hotel de lujo, el cual también ya había sido reservado.


El siguiente paso era invitar al chico, que era pan comido. Después de clases, se le acercó como era habitual.


—Katsuki.


—Vámonos —respondió Katsuki, pues era la línea que decía todos los días. Se levantó de su asiento para salir del salón.


—Tengo algo que decirte.


—Escúpelo —siguió relajado. A pesar de haberlo evitado en el tema, Katsuki seguía siendo el mismo y eso le daba confianza a Shōto.


—Te invito a cenar este fin de semana a un restaurante del centro, será una cita —reveló por fin. Aunque su cara era de póker, estaba bastante nervioso.


—¿A un restaurante? —Katsuki frunció el ceño en muestra de desacuerdo. Eso no lo veía venir.


—S-sí...


—Mmm... Me da flojera, preferiría ir a tu casa —se hundió de hombros, sin saber que había rechazado un restaurante en el cual se invirtió mucho dinero.


—¿En serio? —pero Shōto no le tomó importancia alguna, ya que el dinero era de su padre. Cuando escuchó la facilidad con la que podría llevarlo a su casa, se emocionó—. Entonces vayamos a mi casa.


—Bien. ¿El fin de semana?


—El fin de semana —asintió. Los planes ya se habían hecho, el segundo paso se había dado, era hora de ejecutar de forma improvisada el tercer paso.


Shōto, saltando de regocijo en su interior, preparó su habitación para que se viera lo más presentable posible. Metió en su cajón de mesa uno que otro objeto que podría ayudarle en la noche, y se encargó de ahuyentar a su hermana con un soborno para que no los molestara cuando estuvieran encerrados.


El día había llegado más rápido de lo que Katsuki esperaba, pero para Shōto fue una eternidad.


El rubio, siempre que llegaba a la enorme mansión de los Todoroki, se sentía intimidado y afortunado.


La sirvienta lo dejó entrar y Shōto lo recibió en la entrada.


—Hola —saludó. Se veía serio, pero estaba que echaba humos de la cabeza.


—Hm —respondió el rubio elevando la quijada.


Ambos se encaminaron al cuarto del bicolor, y Shōto se encargó de poner seguro a la puerta.


—¿Qué haremos? —Katsuki miraba el súper ordenado y limpio cuarto de su novio.


Claro, el rubio era todo menos tonto. Sabía que se metió a la guarida del lobo, y que corría el riesgo que había estado evitando, pero no por nada aceptó el haber ido ahí.


—¿Quieres ver una película? No tengo videojuegos ni nada por el estilo.


—Lo imaginé, eres un aburrido —el rubio se sentó en el suelo, frente a la pequeña televisión que Shōto se había encargado de conseguir solo para la ocasión—. ¿Tienes Netflix?


—No...


Katsuki miró a Shōto de forma despectiva. Ni siquiera tenía Netflix, eso decía mucho de sus intenciones.


—Tengo estas películas en Blu-ray —Shōto le pasó unas cajas de películas que recién habían salido del cine y que rentó solo para la ocasión. De hecho, el Blu-ray también lo compró para esa ocasión. Katsuki ojeó las películas, sin encontrar algo interesante.


—Tienes pura mierda. Creo que me arriesgaré con esta —escogió una película cómica, que sabía había estado en cartelera, y según la Bakusquad era muy divertida y genial.


—Entonces veremos esa —puso la película en el Blu-ray, y se fue a sentar a un lado de Katsuki.


Ni siquiera sabían de qué trataba la película, creyeron que era una comedia normal, pero terminaron escuchando montones de chistes verdes sobre sexo e incesto.


"¡John! No puedo creerlo. Un día antes de nuestra boda haces algo como esto. ¿En serio? ¿Mi vestido de bodas? ¡¿Por qué mejor no te fuiste con una puta en lugar de masturbarte y arruinar mi vestido?!"


Había unos cuantos chistes que daban algo de gracia, y hacían resoplar por la nariz al rubio como máxima expresión de su agrado.


Shōto, por su parte, le ponía nula atención a la película. Estaba demasiado ocupado examinando el rostro de su novio.


Cada que sonreía de forma reprimida, cada que rodaba lo ojos, cada que fruncía el ceño. Cualquier reacción provocada en el rubio por la películas era un manjar para el chico frío-calor.


El peligro se acercó cuando la película terminó y Katsuki se levantó para estirarse, como si ya quisiera irse.


—Fue una mierda, no sé por qué les gustó tanto a esos idiotas —se quejó de la perdida de tiempo que le causó ver aquello.


Shōto, alarmado se levantó para quitar la película y poner otra.


—¿Quieres ver otra?


—No, me aburre. Hagamos otra cosa —sentenció, sentándose en la cama del mitad albino.


Eso, para Shōto, fue una bendición, una hermosa señal de Dios.


—Bien —dijo con simpleza, apagando los aparatos y acercándose al lado de Katsuki—. ¿Qué quieres hacer?


—No lo sé, ¿qué quieres hacer tú? —regresó la pregunta, pero en un tono bastante sarcástico. Shōto no lo notó.


—Podríamos jugar ajedrez... O comer algo.


—¿En serio? —le miró con una ceja elevada—. Idiota, tuve que soportar toda la maldita película. No me hagas esperar más y hazlo de una maldita vez.


Shōto quedó maravillado. Eso era lo que más había deseado desde hace tanto tiempo, y ahora el otro se estaba entregando de la forma más pura y hermosa posible. Sin poder soportarlo más, se inclinó para arrebatarle el primer beso del día, aquel que comenzó con la mejor noche.


Casi desesperado, en cuanto lo besó, le tomó de la nuca para jalarlo del cabello y hacer que la boca del rubio se abriera en contra de su voluntad, violando el derecho de negarle profundizar el beso. Invadió con su lengua la boca completa de Katsuki, mientras acariciaba su cuello y espalda sin ser alejado.


Le encantaba hacer eso, porque escuchaba los curiosos jadeos de Katsuki y al mismo tiempo saboreaba su boca.


Sintió que ya tenía el consentimiento del rubio al permitirle besarle de esa forma y al haber comenzado con la noche. Lo empujó levemente a su cama y se posicionó encima suyo, y comenzó a recorrer el formado y caliente cuerpo de Katsuki.


El cuerpo del rubio ya era caliente por naturaleza, pero estando en una situación como esa su sudor elevaba la temperatura más de lo normal, sin tomar en cuenta que el Quirk de Shōto era mitad fuego.


Las manos traviesas del bicolor comenzaron a subir la camisa negra que llevaba puesta su novio, dejando ver el lavadero con el cual se restregaría más adelante.


Se apartó de su delicioso manjar, para besar otra parte del cuerpo del rubio. Bajando con pequeños besitos por el mentón, pasando por el cuello y saltando directamente al pecho desnudo de Katsuki. Como buen novio que era, intentó estimular a su hombre por medio de lamidas y pellizcos en sus pezones, pero al dar la primer pasada con la lengua fue detenido.


—E-espera... Ya fue suficiente —sentenció un muy excitado Katsuki. Shōto, al sentir presente el paquete erecto de su novio en su abdomen, se confundió.


—¿Eh? —levantó la cara, con la lengua de fuera.


—Suficiente, dije —con la palma de su mano, empujó la cara de Shōto para que se alejara.


—Pero, creí que... —intentó apartar la mano de su cara. No podía ser cierto, no de nuevo.


Katsuki se sentó en la cama bajando su camisa, relajándose para poder irse a casa.


—¿Por qué? Siempre me dices que no o me detienes, al menos dime por qué —insistió Shōto, desesperado.


Katsuki no respondió, se levantó de la cama para ir hacia la puerta. Shōto, cansado de siempre ser rechazado, lo detuvo jalándole de la camisa.


—Espera, Katsuki...


—Mira, idiota. Si solo quieres sexo puedes comprar a la que quieras con todo ese dinero que te cargas —escupió de la forma más venenosa que podía, mirándole feo. Shōto se levantó de la cama y apresó al rubio entre sus brazos por atrás para evitar que escapara.


—¡Yo no quiero solo tener sexo! ¿No lo entiendes? Te quiero a ti... a nadie más que a ti —confesó, de la forma más cursi que su voz le permitía. Restregó su cara en el cuello del rubio para demostrar su afecto.


Katsuki, rojo a más no poder, no podía simplemente dejarse hacer. Llevaba rechazando varios intentos del medio albino, y creyó que esta vez podría hacerlo, pero también fracasó. No es como si no quisiera ser tocado por Shōto, solo que nunca había sido tocado. Le daba... miedo.


—Por favor, dime —siguió pidiendo el medio pelirrojo, apretando más el abrazo.


Tocaba de forma cariñosa el pecho del rubio para darle confianza, mientras regalaba algunos besos en el cuello. Sentía cómo su tacto estremecía a su chico.


—Es que... yo... —tomó todo el valor que necesitaba para confesarse. De todos modos era su novio, y nadie más estaba viendo aquella escena—. Nunca he hecho esto, no sé hacerlo, es vergonzoso.


Shōto detuvo su tacto, no esperaba esa confesión. Probablemente Katsuki tenía miedo, no era propio de él aceptar que estaba avergonzado.


—Em... Lo siento, no consideré tus sentimientos.


—Ahora lo sabes, no me estés jodiendo.


—En algo así no tienes por qué saber hacerlo, simplemente debes dejarte llevar —animó Shōto, regalándole una linda sonrisa. Mientras, intentaba incentivar a Katsuki empujándolo hacia la cama.


—Tks... Te voy a matar... —amenazó, de la forma más tierna que se podría en Katsuki.


Shōto, como el hombre fuerte que era, cargó a Katsuki desde la espalda para tirarlo en la cama boca abajo, poniéndose arriba para apresarlo y evitar que se volteara o escapara.


Comenzó una vez más a lamer el cuello del chico mientras manoseaba su pecho, con algo de dificultad por estar contra la cama, bajando la mano lentamente hasta acariciar el miembro erecto encima del pantalón. Era un paraíso escuchar los pequeños suspiros que liberaba Katsuki al sentir las caricias del albino.


—Ahh... Si vas a hacerlo acaba de una vez —presionó Katsuki entre jadeos, que quería dejar de ser torturado de esa forma. Necesitaba que dejara de tocarlo de esa forma tan cariñosa y especial, y follar de una maldita vez.


Shōto, encendido al máximo y no gracias a su Quirk, bajó el cierre del pantalón de Katsuki, y con serenidad metió su mano por la ropa interior. Ah, había querido hacer eso desde hace tanto tiempo. Sentir la larga y dura longitud del rubio era tan excitante. Comenzó a masturbarlo lentamente, disfrutando lo más que podía el tacto caliente.


Sin resistirlo más, gracias a que en su pantalón estaba el mismísimo diablo quemándole, bajó por completo el par de Katsuki, dejándolo desnudo de la cintura para las rodillas. Sin cuidado, tomó de las caderas al chico que se dejaba hacer y elevó su trasero.


—¿Q-qué estás? —se alarmó al comprender la posición en la que estaba, totalmente expuesto al albino pelirrojo.


—Lo vas a disfrutar, lo prometo.


Comenzó besando la espalda baja, y bajando poco a poco hasta morder una de las nalgas de Katsuki.


—Es en serio ¿Qué mierda estás haciendo? Eso es raro —intentó voltearse para ya no dejar su retaguardia expuesta, pero Shōto reafirmó la posición dejándole como al inicio.


Sin responder esta vez, escupió en la entrada de Katsuki, a pesar de tener lubricante en su cajón. Acarició alrededor, sintiendo al rubio estremecerse por el tacto bajo de él.


Intentó meter un dedo, casi imposible, Katsuki no se relajaba en absoluto y estaba casi ido por las sensaciones.


—Hey, déjame entrar, relájate.


—N-no... —respondió con la voz temblorosa.


Shōto se rindió y sacó el lubricante, derramando una gran cantidad encima de Katsuki. Esparció todo con masajes, dejándolo resbaloso y brillante.


—Déjame entrar. Por favor.


—No... —negó de nuevo.


Frustrado, Shōto se inclinó hasta quedar con su novio a la altura de su cara, y sin su permiso besó alrededor de la entrada, para después besarla y lamerla. Solo quería relajarlo para poder entrar, pero Katsuki al sentir todo aquello terminó cerrando las piernas y cayendo a la cama.


—¡N-no hagas eso! Es raro...


—No es raro, déjame demostrarte que está bien, que se sentirá bien.


—Ugh está bien, más te vale que tengas razón —aceptó Katsuki, aunque su cuerpo no terminaba de relajarse.


Con dificultad volvió a abrirlo, porque no se dejaba. Sacó su propio pene de los pantalones y rozó la entrada de su rubio para que lo sintiera. Katsuki no dijo nada, pero estaba muy consciente de qué era lo que estaba sintiendo. Shōto se masturbó un poco mientras se restregaba con el trasero del rubio.


Después de un rato, intentó de nuevo meter un dedo. Seguía sin dejarse, pero gracias al lubricante pudo hacerse paso.


—¡Sácalo! ¡Maldición, se siente muy raro! —Katsuki no dejaba de decir que era raro, pero Shōto estaba empeñado en demostrar lo contrario. Estaba demasiado caliente como para pensar en lo raro.


Para evitar que Katsuki siguiera quejándose, se dedicó a buscar su punto dulce. Curiosamente no tardó, cuando lo tocó, Katsuki se sobresaltó soltando un gemido y corriéndose.


Las cosas se pausaron, quedando en aquella posición por unos segundos, analizando lo ocurrido.


—¿Te corriste?


—¡Cállate! —solo gritó, totalmente avergonzado. Apenas y habían comenzado.


Shōto miró el cuello rojo de Katsuki, imaginando que tendría la cara completamente roja de la vergüenza.


Oh, por, Dios. Shōto, en su estado de Nirvana, recordó que Katsuki aceptó ser virgen y nunca haberse tocado ahí, era muy sensible.


Con solo haber tocado sus pezones unos minutos ya estaba totalmente erecto, y con solo rozar su próstata se había corrido.


Ahora entendía por qué lo detuvo en cuanto lamió su pezón... Katsuki no podia resistir las sensaciones. Eso era muy caliente, ahora quería hacerlo diez veces más.


Sin mucho tacto, volvió a levantar el trasero de Katsuki sin que este se lo esperara, dejando su entrada expuesta. Un dedo, después dos y así, procurando no tocar la próstata y solamente dilatar la entrada. Le dejaría lo mejor a su pene.


Cuando ya estuvo listo, tomó su miembro y lentamente se abrió paso en el rubio. Katsuki ya solo podía gemir y quejarse, decir groserías y tensarse.


Cuando sintió el gran miembro del dos colores, soltó un sonoro gemido que solamente calentaba más el lugar. Era tan raro sentir a ese intruso en su trasero, pero por alguna razón ya no podía decirle que lo sacara. Sin esperarlo, volvió a sentir aquella deliciosa sensación que lo hizo correrse. Shōto había tocado aquel punto clave que desconocía existiera.


Esta vez no se corrió a la primera, pero estaba aguantando lo más que podía para no hacerlo y no ridiculizarse de nuevo. Uno, dos, tres, el pene de Shōto comenzó a entrar y salir de forma lenta varias veces, y algunas de ellas llegaba tan al fondo como para tocar gentilmente el punto dulce.


Aceleró el paso luego de unos tres minutos yendo despacito, ya no resistía. Tampoco Katsuki, que quería correrse pero prefería resistir hasta el final.


Katsuki realmente era sensible, y no solo era una idea de Shōto. El albino había acertado en su totalidad, y era el motivo principal por el cual Katsuki se sentía avergonzado. Cada embestida era un paso más cerca al orgasmo, hasta que Katsuki ya no podía con su propia consciencia, dejando sus gemidos uno tras otro demostrando que lo estaba disfrutando.


El chico más alto se percató de que se perdía la mejor parte, al escuchar aquellos gemidos tan masculinos que venían de lo profundo de la garganta del rubio. Entre embestidas, lo volteó para tenerlo de espaldas a la cama, y poder apreciar el rostro de orgasmo de su novio.


Vaya que tomó la mejor decisión. Katsuki, brincando en cada golpe de cadera, con los ojos semicerrados mirando al cielo, llorando, escupiendo y con la lengua casi de fuera, completamente rojo, con el ceño fruncido, y lleno de sudor...


Lo incentivo a penetrarlo más fuerte y más rápido, tocando el fondo de Katsuki en cada pasada.


—Shōto... —no pudo resistirlo, cuando Katsuki se corrió gimió su nombre, cerrando los ojos, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio. El perfecto rostro de orgasmo, la expresión favorito de Shōto de ahora en adelante.


Ver aquello le hizo correrse dentro del rubio, bajando el ritmo considerablemente hasta caer rendido en el pecho de Katsuki.


—Fue genial... —dijo, intentando recuperar el aire—, tu rostro fue genial...


La expresión favorita de Shōto, el ahegao de Katsuki.