|𝐏𝐑𝐎𝐋𝐎𝐆𝐎|
❛Aún me quedan en
mis manos primaveras
para colmarte de
caricias todas nuevas
que morirían en
mis manos si te fueras❜.
—Sólo deben firmar aquí, y el divorcio estará finalizado.
Advirtió la abogada a la pareja en cuanto percibió la indecisión para agarrar el bolígrafo sobre el escritorio.
Unos labios carmín se apretaban entre sí, junto a su pierna, que no dejaba de irse de arriba a abajo con ansias. En el baile de sus pestañas se admiraba determinación, pero el pecho adolorido de latidos con la diestra nívea sobándolo imploraba que alguien por favor la detuviera.
Al otro lado, unos pulgares jugando entre sí como distracción de la realidad. Podría aparentar que era sencillo sobrellevar la situación, por más que sus iris cerúleos delataran la erupción reprimida de un cráter submarino. Un semblante tranquilo, pero sus ojos no mostraban rastro de vida.
Creer que había oportunidad de revivir las llamas entre la ceniza era soñar con demasiado. Se había quemado el alma resucitando flamas muy grandes y se le habían marcado las cicatrices cuando tuvo que apagarlas de nuevo por no tener control de algo tan vehemente.
Pero nunca había tenido control de nada, ni de su propia alma.
Con la última estación frente a su rostro, se dió el lujo de vagar por el tren de su mente para recordar qué los llevó a ese punto. En las cavilaciones de aquella pareja, una única interrogante les retorció la calma.
"¿Cómo llegamos hasta aquí...?"








