Capitulo 1.
-¿Qué crees que haces...? -añadió una mujer mayor mientras veía a su joven hijo dando pequeños saltos en la acera. Su hijo, aunque ya era un adulto; tenía el comportamiento de un niño.
-Intento no pisar las grietas... -anunció él con la vista clavada en la acera.
Anubis siempre había sido así, tratando de encontrarle el lado divertido a la vida. Su madre rodó los ojos ¿Cuándo iba a madurar su querido hijo? Pero de todos modos, aunque lo regañase por esto, su hijo haría oídos sordos. Ahora mismo, ambos se encontraban caminando; regresando del súper mercado que estaba muy cerca de donde vivían.
-Tienes veinte años y sigues haciendo esas payasadas -exclamó la beta. Aunque parecía enojada; le causaba gracia que su hijo hiciera algo como eso a su edad -. En vez de estar buscando las grietas para no pisarlas, deberías buscar un esposo... eso es lo que tanto deberías buscar -gruñó. El Omega de cabello corto rodó los ojos ¿Por qué su madre tenía esa manía contra él? "Busca un esposo, cásate" ¿Acaso su madre se había cansado de tenerlo en casa?
-¿Para que necesito un esposo? -bufó -. Dime... ¿Para que lo necesito? -se detuvo y se giró a verla. Ambos estaban en medio de la calle, con su madre detrás de él; llevando las bolsas de las compras -. Veo gente que está casada y no es feliz en su matrimonio. Y tú no fuiste la excepción... -argumentó; haciendo a la mujer abrir los ojos como platos.
-¿Por qué siempre debes ser así de impertinente? -chasqueó la lengua, para después seguir avanzando. Aunque a decir verdad, su hijo tenía razón. El Omega siempre había estado en contra del matrimonio, basta decir que jamás había tenido un alfa en su vida. Anubis soltó un suspiro, se había pasado, había ofendido de más a su madre.
-Haré la cena -fue lo primero que dijo su madre al entrar al departamento. Desde hace dos años esta era su casa, desde que sus padres se divorciaron; solamente eran él y su madre. El Omega bufó, sabía perfectamente que su madre estaba furiosa con él ¿Tal vez debería pedirle disculpas por lo que dijo hace un rato en la calle?
-Mamá-pronunció parado a la orilla de la puerta de la cocina, mientras veía a su madre ponerse un delantal -. Sobre lo de hace rato... lo siento -habló con la mirada agachada. Su madre por su parte parecía no ponerle atención, había comenzado a picar los vegetales encima de la tabla de madera.
-¡Oh! Cierto... he olvidado algo... -añadió al dirigir la vista hacia su hijo -. Anubis, no compré el consomé ¿Crees que puedas ir a la tienda por él? -Anubis no se extrañó ante este comportamiento, siempre que trataba de tocar el tema del divorcio, su madre le salía con esto, lo cambiaba ó lo evadía. El Omega bufó y resignado asintió.
-¿Qué le pasa...? Solo me estaba disculpando -anunció mientras bajaba las escaleras del edificio. El Omega salió por la enorme puerta y comenzó a caminar por el asfalto nuevamente -. Cómo sea... por lo menos no está tocando otra vez el tema de mi vida amorosa....
-¿Y entonces? -habló un alfa enfrente de él -. ¿Quieres un bote de consomé ó solo un sobre? -el Omega sacó un billete de su bolsillo, aunque su madre le había pedido un sobre, ese billete le alcanzaba para un bote. Buda suspiró con pesadez, para después girarse, tomar el bote rojo del estante y luego ponerlo sobre el mostrador -. Aquí tienes... -añadió al recibir el billete -. Si que eres un fastidio... -habló, ya que él billete era demasiado grande -. ¿Quieres algo más ó?
-Es lo único que necesito -anunció con una sonrisa, haciendo al alfa suspirar con pesadez, de verdad detestaba a la gente que compraba una sola cosa insignificante con un billete de gran valor.
-De acuerdo... -y diciendo esto, comenzó a abrir su caja registradora -. Para la próxima, trae un billete más pequeño... -bufó. Anubis sonrió nervioso, sabía que ese sujeto le diría algo como eso.
A decir verdad, aunque solo vivían él y su madre, su madre siempre se las arreglaba para mantener dinero con ella; lo cual siempre extrañaba a Anubis. Su madre debía tener un trabajo muy extraño, tenía tiempo de estar con él y también conseguía billetes grandes. Pero como sea, no quería preocuparse de eso ahora; a lo mejor su madre era una simple contadora de alguien muy importante.
-Vaya... qué genial -mencionó mientras iba caminando de regreso a casa, en el camino vió algo que llamó su atención. Cruzando la calle, había un árbol, lo cual era extraño, ya que los árboles eran escasos en esta ciudad; aunque lo más raro fue ver que ese árbol estaba rodeado de un montón de mariposas monarcas. Al Omega de inmediato se le iluminaron los ojos, hace mucho que no veía mariposas. Anubis tenía las inmensas ganas de ir y verlas más de cerca, pero ya estaba anocheciendo y su madre se enojaría si no le entregaba el consomé a tiempo -. Solo será un momento... -repitió, viendo que el semáforo estaba en rojo; cruzó la carretera.
-Si, si lo son... son Monarcas... -habló mientras veía con la tenue luz de los faroles; como esas mariposas se metían en el hueco de ese árbol -. Pero... ¿Acaso viven en ese árbol? -se extrañó, no creyó que las monarcas hicieran eso. El Omega vió hacia arriba, solamente para darse cuenta de que; el cielo estaba oscuro y estrellado -. ¡La sopa! -gritó asustado. Definitivamente su madre ahora sí estaría demasiado enojada con él. El Omega de inmediato se giró y trató de correr; pero en cuanto lo hizo, su cara se estampó contra algo, ó mejor dicho, alguien -. ¡Auch! -se sobó la frente ¿Acaso fue una pared? El Omega alzó la vista, solamente para encontrarse con un sujeto, un sujeto realmente alto que lo veía bastante extrañado -. Yo... lo siento, señor -el hombre vestía traje y corbata, por lo que podría deducir que trabajaba en alguna oficina.
El sujeto no dijo nada, tan solo se le quedó viendo por un tiempo, después de ello; decidió por fin separar los labios.
-¿Las viste? -le cuestionó -. Son bellas... siempre vienen a esta parte del mundo en invierno... e hibernan en ese árbol -sonrió; haciendo a Anubis abrir los ojos como platos.
-Si, las vi... -respondió mientras veía fijamente a ese hombre. El Omega estaba sorprendido, normalmente tenía la idea de que los hombres con traje eran demasiado serios como para pensar en mariposas. Anubis de inmediato apartó la mirada avergonzado, se le había quedado viendo mucho tiempo a ese sujeto, y tal vez podría mal interpretarlo.
Susanoo por su parte sonrió con vergüenza, este año había salido tarde del trabajo, así que, no llegó a tiempo para verlas ingresar a ese árbol. Y cuando vió a este chico merodeando por aquí; creyó que sería para hacerles daño a las monarca; como ya lo había visto hacer a su vecino de abajo; que las pegaba en un cuaderno como si fuesen hojas secas.
-Lo siento. Creo que te asusté -anunció el alfa mientras se rascaba la nuca -. Desde que me mudé aquí, comencé a notar que una vez al año, un grupo de mariposas venía a este árbol -anunció -. Cuándo vivía en el campo, solía verlas todos los días. Pero ahora, solo las puedo ver cuando vienen a hibernar... -mencionó algo apenado, tal vez este joven no querría escucharlo hablar. Anubis lo vió con fascinación, de verdad al sujeto le gustaban las mariposas al igual que él.
-Oh, así que... a eso vienen... -habló con una tenue sonrisa el Omega de cabello corto -. Es un placer... -le extendió la mano -. Me llamo Anubis.
El sujeto también le sonrió y lo imitó; estrechando su mano.
-Susanoo y el placer es todo mío -confesó apenado -. ¿A qué Universidad vas...? -Anubis negó de inmediato, a decir verdad, había dejado la Universidad por falta de interés y para ayudar económicamente a su madre -. Oh...
-Está bien... -habló el de la sudadera amarilla -. No me llamó la atención... ¿Usted...? ¿Trabaja en una oficina ó algo así? -le cuestionó viendo su traje de arriba hacia abajo. Susanoo asintió, era más que obvio que sí.
-Ya es muy tarde... ¿No crees que deberías irte a casa? -le cuestionó apenado.
Eran casi las siete de la noche y este joven andaba deambulando por aquí, solo. Anubis abrió los ojos como platos al escuchar eso, su madre iba a estar muy enojada con él.
-¡¿Cómo que te tardaste tanto por ver unas mariposas?! ¡MARIPOSAS! ¡MARIPOSAS! -habló la beta demasiado enojada con su hijo. Anubis era demasiado irresponsable pero no creyó que le haría eso -. Es todo... ¡Mañana a la universidad! -gritó bastante enojada, ya era momento de que su hijo madurara; y si no podía hacer que se casara de una vez; entonces lo pondría a estudiar algo. Anubis debía tener un poco de responsabilidad.
-¡Pero...! -manifestó enojado, el odiaba eso, odiaba leer y tomar un bolígrafo -. ¡Pero así estoy bien!
-¡Claro que no! -alegó la mujer del delantal con un bote rojo en manos -. Te pedí una cosa para la cena. Y te fuiste una hora... ¡Una hora Anubis! ¡¿Qué clase de persona hace eso?! ¡Solamente alguien tan irresponsable como tú! -alegó-. No quiero peros... ahora mismo hablaré con mi amiga, veré que podemos hacer para que mañana mismo inicies... -alegó.
El Omega tan solo pudo agachar la cabeza y bufar, su madre tenía razón, esta vez si se había pasado. Anubis se sentó en el sofá y suspiró con pesadez; en su defensa, no lo podía evitar.
-¡Deja de lamentarte y ve a comer! -gruñó su madre mientras tenía su teléfono táctil en mano. Anubis se estremeció y de inmediato se levantó del sofá. Fantástico, al parecer su madre estaba en sus días de "Estrés" donde no importa lo que hiciera; ella se enojaría con él.
-Universidad... ¡Ja! No la necesito -añadió mientras iba bajando las escaleras del edificio, por lo que vió, su madre consiguió que hoy mismo fuese aceptado en la universidad de esta Ciudad; "Vera" ; ahí es donde se dirigía con una mochila negra en la espalda -. ¿Por qué es tan importante? -cuando en eso, sintió como chocaba con alguien-. ¡Ay! -exclamó mientras se sobaba la frente. El Omega alzó la vista, solamente para encontrarse con el mismo tipo de ayer.
Tanto Anubis como Susanoo abrieron los ojos como platos al verse frente a frente. Solamente que, esta vez en vez de esperar un saludo de ese sujeto, el tipo lo ignoró y salió huyendo de él, dejando bastante extrañado a Anubis.
-¿Pero que le ocurre...? -habló para si mismo mientras se seguía sobando la frente. Pero como sea, que hayan cruzado un par de palabras la noche anterior no significaba que eran amigos, además, Anubis también abría hecho lo mismo. Es decir, el encargado del edificio (que tenía cámaras en todos lados); los vería muy mal si ambos se ponían a conversar con la enorme diferencia de edad que tenían. Anubis estaba seguro que el tal Susanoo tenía la misma edad que su madre.
-¿Qué pasa...? -habló su madre detrás de él; bajando el último escalón -. ¿Te hizo algo? -vió a su hijo extrañado. Anubis se giró para verla y negó.
-Fue mi culpa. Lo golpeé sin darme cuenta, y creo que se enojó porque no le pedí perdón -añadió Anubis con una sonrisa tenue. Su madre suspiró con pesadez.
-Fíjate bien para caminar. Cuando lo vuelvas a ver, pídele perdón. Debió pensar que eres un irrespetuoso -regañó. Anubis bufó, ahora que lo pensaba bien, habían estado viviendo aquí dos años y jamás se topó con ese sujeto ¿De verdad vivía aquí también? Aunque claro, tampoco es como si hubiese salido muy temprano de casa como para topárselo -. Anda, vamos. No querrás llegar tarde a tu primer día... -habló su madre mientras agarraba fuertemente su mochila y lo jalaba hacia adelante.
Anubis gruñó ¿Cómo quería su madre que no se comportara como un inmaduro si siempre se le trataba como a un niño? No comprendía su lógica.
-Mamá, puedo caminar solo -trató de soltar su mochila del agarre de su madre; lo cual consiguió. El Omega sin perder tiempo corrió hacia el auto amarillo de su madre.