UNIQUE
Las lágrimas se agolpaban sobre sus ojos sin poderlas detener. Le dolía el orgullo, le dolía ver el rostro de la persona a la cual le había confiado el corazón, destruirlo con solo un tinte de remordimiento tatuado en aquellas facciones que siempre había considerado perfectas. El documento depositado en la mesa era la bofetada final que necesitaba para comprender que no había nada más qué hacer. Yoongi quería el divorcio. Yoongi deseaba separarse... ¿Lo peor de este cuento sin final feliz? Jimin aún lo amaba.
Las lágrimas no dejaban de derramarse y sus mejillas estaban calientes y sonrojadas, sin embargo, la razón de ello no era un piropo subido de tono o un regalo inesperado de su marido, la razón era el sufrimiento y el vacío avasallador que le calaba profundamente. Se acomodó su largo cabello con un ligero movimiento antes de posar sus dedos debajo de sus ojos para poder limpiarse los rastros de agua salada producto de su inmensa tristeza.
—¿Así que esto es todo? —preguntó Jimin con los ojos empañados, era inevitable y él lo sabía. No había razón para corroborarlo, pero sin duda, Jimin era la viva imagen del masoquismo.
Yoongi se pasó una mano por el cuello con incomodidad, le dio una pequeña y lenta sonrisa que desapareció como un parpadeo y se aclaró la garganta.
—No lo hagamos más difícil, Jimin —pidió Yoongi en un pequeño susurro—. Sabes que es lo mejor para los dos...
Jimin rió por lo bajo, una risa amarga llena de decepción, era tanto el dolor, que no dejaba de sentir como si puñales atravesaran una y otra vez su ya maltratado corazón. Se quedaron un rato eterno mirándose antes de que Yoongi apartara la mirada e hiciera una mueca.
Jimin lanzó un suspiro profundo y miró el documento, la firma de Yoongi yacía en el papel indeleble, sólida y real. Aguantó la respiración por un minuto antes de exhalar una vez más y levantó la mirada para encontrarse con la azulada de Yoongi.
—Muy bien, firmaré. —Yoongi finalmente suspiró con alivio y aquello fue como un nuevo puñal enterrándose en el pecho de Jimin, trató de disimular lo que había provocado la relajada expresión de Yoongi en él y asintió—. Pero lo haré con una condición.
Yoongi detuvo el movimiento nervioso de sus dedos y alzó las cejas con curiosidad. Miró a los ojos de Jimin y asintió esperando la condición de quién —en muy poco tiempo— dejaría de ser su esposo.
—¿Podrías darme un abrazo todos los días hasta que se acabe este mes? —Yoongi reflexionó sobre la petición de Jimin y con lentitud aprobó lo que decía.
—Como desees. —Se levantó, empacó a Clarence, el pequeño cactus que habían comprado como pareja dentro de la caja de cartón y luego la cerró. Miró a Jimin con una sonrisa apenada y tomó su caja, saliendo rápidamente de la casa que ambos habían convertido en su nido amor.
Cuando la puerta se cerró en un sordo movimiento, Jimin se echó a llorar sobre la mesa, tocándose el pecho, sin poder respirar.
Lo había perdido.
El amor de su vida ya no le amaba.
Se quedó dormido sobre el comedor con los ojos hinchados, el corazón roto y la esperanza ahogada en un pozo sin salida.
🖊️🖊️🖊️
Yoongi miró la hora en su reloj y suspiró. No quería molestarse en ir a donde Jimin había concertado la cita, el proceso del divorcio habría sido más fácil si le hubiese hecho caso a Hoseok. Con presión de un abogado, finalmente Jimin y él dejarían de ser esposos. Pero su corazón le había ganado y había preferido dejar a un lado los trámites legales y permitirle a Jimin solicitar aquella insulsa condición.
¿Abrazarlo todos los días?
No siempre podían verse, por el trabajo de Yoongi y por alguna cuestión referente a Jimin. La verdad es que desde hacía meses que no le prestaba atención a lo que hacía. El amor se había ido acabando de a poco, todos los sentimientos que albergaba en su pecho por el rizado, ahora no existían. La llama se había apagado y él no quería sufrir más, ni hacer a Jimin sufrir dentro de un matrimonio donde el amor había sido aplastado por la realidad del mundo marital, el trabajo, entre otras muchas cosas.
Media hora después, la culpa lo empezó a carcomer. Miró la hora, la cita había empezado veinte minutos atrás. ¿Para qué Jimin lo quería ver en el 17 Black? Hacía mucho tiempo que no iban a aquel restaurante. Se mordió el labio inferior, por un lado estaba el reloj moviéndose de forma acusadora en su dirección y por el otro se encontraba la foto de Jimin que aún conservaba en su escritorio. La sonrisa que portaba en aquella foto fue su incentivo para levantarse de su escritorio y salir corriendo por la puerta, dejando a su secretaria con una pila de papeles en sus manos estiradas.
Llegó en un tiempo récord, no quiso reconocer que había conducido más rápido de lo normal. Se aclaró la garganta y se acomodó su traje. Bloqueó los espejos retrovisores de su automóvil y salió con sus gafas de sol puestas. Se acercó al agradable restaurante y deseó que Jimin no se hubiese ido. Tampoco se había demorado demasiado, tan solo una hora después había decidido llegar.
Miró al señor que asignaba las mesas reservadas y solicitó su atención.
—¿Tiene reservación, señor? —Yoongi pasó su mano bajo su barbilla y se quitó las gafas por un segundo.
—No estoy muy seguro, vine para ver a Park Jimin...
—¡Oh, el señor Jimin! Claro, claro. Venga conmigo, el señor Park lo ha estado esperando durante una hora sin pedir nada —comentó el hombre con un tinte acusatorio en su voz y Yoongi se sintió ligeramente culpable, le condujo hasta la parte de atrás de local. La brisa bailaba por todo el lugar y se sentía tan pacífico todo, que Yoongi tuvo que cerrar los ojos antes de seguir al hombre—. ¡Señor Jimin, ha llegado su cita!
Jimin se limpió los ojos rápidamente, intentando que no se le notara demasiado las lágrimas que habían empezado a caer después de quince minutos de que Yoongi no se apareciera.
—Hola, Jimin —saludó Yoongi con una sonrisa avergonzada—. Siento mucho llegar tarde, he tenido mucho trabajo esta semana —mintió. La verdad es que aquella semana era la más tranquila desde hacía meses.
—No pasa nada, ni lo noté —expresó Jimin pero su voz ronca y sus ojos decían lo contrario, sin embargo, Yoongi no hizo comentario alguno sobre ello.
—Bueno, ¿Qué vamos a pedir? —preguntó Jimin, sonriéndole cortésmente a Yoongi.
—Espero que no te moleste, pero pedí por ambos hace un rato. —Yoongi alzó una ceja y Jimin mordió su labio nerviosamente—. Te prometo que no hay intenciones detrás de esto —dijo Jimin suspirando al notar la forma tan reacia con la que Yoongi había empezado a actuar.
—Sino hay intenciones detrás, ¿por qué me citaste acá? —Jimin miró directamente a los ojos de quien aún era su marido.
—¿Recuerdas este lugar? —preguntó Jimin con un tinte de sorpresa y felicidad en su voz.
—Claro que sí. En el 17 Black siempre salíamos con amigos y es un lugar genial —comentó Yoongi sin dejar de sonreír. Jimin adoptó una posición más acongojada tras la respuesta de Yoongi.
No hablaron demasiado hasta que no llegó la comida.
—¡Oh, me encanta esta pasta! —dijo Yoongi tomando el tenedor con ojos —. Muy buena elección, Jimin.
Jimin agradeció con una sonrisa pequeña y empezaron a comer, se contaron las cosas que habían pasado durante la semana. Jimin había estado saliendo con su amigo Jin para despejarse y Yoongi entre su trabajo y la búsqueda de un apartamento, puesto que se quedaba con Hoseok para ese tiempo pero no quería molestar demasiado a su amigo y a su novio Taehyung.
—Oye Jimin, si lo del divorcio te sienta tan mal, tal vez es mejor que no nos veamos...
—No, no Yoongi. No es eso. Entiendo tu posición y respeto el hecho de que no veas más que un final para lo nuestro —dijo Jimin controlando sus emociones—. Pero te pedí esta pequeña condición antes de firmar. Te juro que no pondré problemas, al final de mes tendrás mi firma en el documento, pero necesito darle un cierre prudente y en buenos términos a nuestra relación.
Yoongi entonces suspiró asintiendo.
—Vale, me parece muy bien. Es sensato lo que quieres. —Jimin sonrió ligeramente y decidió alzar su mano izquierda. El anillo de bodas resaltaba, dorado y brillante alrededor del dedo anular de Jimin. Yoongi dejó de comer y se aclaró la garganta al verlo portar el anillo que le había dado hace cinco años atrás—. Solo se te olvidó mencionar una cosa que sucedió en este lugar. —Jimin señaló el recinto por completo y miró nuevamente a Yoongi.
—¿Qué cosa? —Jimin bajó la cabeza un instante y luego la alzó para detenerse en los ojos de quien todavía amaba.
—Fue aquí donde me pediste matrimonio —contestó Jimin lentamente. Yoongi dejó el tenedor con la pasta a medio camino entre el plato y su boca y miró al rizado—. Reservaste esta mesa el ocho de agosto del 2012. Pediste esa pasta para ti y esta ensalada para mí, porque sabías que en aquel tiempo me estaba intentando cuidar. Era una tarde muy bella y la brisa recorría todo el 17 Black. Te arrodillaste en un momento de descuido mío y me dijiste que querías pasar toda tu vida conmigo. —Jimin apretó en un puño la mano que tenía el anillo contra su corazón—. Me preguntaste si yo quería lo mismo y respondí que sí...
—Jimin...
—¿Me das un abrazo? —preguntó Jimin con la voz magullada por las intensas ganas de llorar interrumpiendo rápidamente a Yoongi.
Jimin se levantó y estiró los brazos, Yoongi hizo lo mismo. Con incomodidad el más bajo se acercó y abrazó con cuidado al rizado. Jimin apretó el cuerpo de su esposo y aspiró el delicioso aroma de su cabello, cerró los ojos y reprimió las ganas de llorar. Luego, se separó y se despidió de Yoongi con una sonrisa triste.
—Todo está pagado, nos vemos pronto —dijo Jimin, saliendo del local sin prisa. Yoongi miró el lugar una vez más, el ambiente agradable y la brisa, la pasta y la ensalada y el asiento vacío de Jimin. Lo único que pudo pensar en aquel momento fue:
¿Cómo pude olvidarlo?
Regresó al apartamento de Hoseok, quitándose la corbata. Hoseok lo esperaba con palomitas de maíz y cervezas.
—¡Falta poco para tu renovada libertad! —exclamó con alegría. Yoongi solo sonrió y le comentó lo cansado que estaba. Se despidió y se metió a la habitación de huéspedes, cayendo sobre la cama con la mirada perdida. Se durmió pensando en lo tonto que había sido por olvidar aquella fecha que había sido tan importante para él.
🖊️🖊️🖊️
Yoongi decidió cumplir con el horario que Jimin le había impuesto, no sabía la razón, pero le hacía bien recordar tantos los momentos más insulsos como los primordiales que había tenido con él y tenía que admitir que los abrazos de Jimin eran muy agradables y cómodos. Tomó las llaves y se mentalizó en llegar al puente Milenio puntualmente. Cuando llegó, se bajó con cara de pesadumbre puesto que sabía que había llegado quince minutos tarde pero la razón no había sido otra más que el tráfico. Se acomodó su camisa blanca y empezó a buscar a Jimin entre la multitud de personas, cuando le encontró, Jimin miraba hacia el anochecer. Sus ojos perseguían las luces y se encontraba muy pensativo.
Yoongi decidió analizarlo durante un rato, pero no se dio cuenta que se quedó demasiado tiempo mirándolo desde la distancia hasta que unas chicas pasaron por ahí riendo de forma cómplice. Yoongi negó con la cabeza y se encontró con Jimin.
—¡Hey! —Yoongi sonrió abiertamente. Jimin le devolvió la sonrisa y se miraron durante un minuto largo—. ¿Qué cosa genial hicimos aquí? —Yoongi se sintió ligeramente avergonzado por no acordarse, pensó durante unos minutos pero su mente estaba en blanco. Se odió por ello, odió la idea de que Jimin valorara su relación y aquellos momentos tan preciados que habían compartido, él por otro lado, había olvidado todos y cada uno de ellos como si una bruma los hubiese esfumado de su cabeza.
—No lo recuerdas, ¿eh? —dijo Jimin con la voz queda, Yoongi se pasó una mano por la nuca y se aclaró la garganta.
—Yo...
—No pasa nada, Yoon. —Jimin se giró a su posición inicial y Yoongi se acomodó a su lado, mirándole—. Es una noche preciosa.
—Sí que lo es. —Yoongi no miraba el paisaje que se extendía ante ellos, miraba a Jimin y solo a Jimin mientras le escuchaba hablar.
—Una noche como hace ya tanto tiempo.. —Yoongi se preguntó en su cabeza con mucha curiosidad qué momento especial habían tenido en aquel puente. —, el primero de septiembre del 2010, fue en este puente donde me dijiste que me amabas por primera vez. —Yoongi respiró por la boca ante la declaración de Jimin—. Habíamos ido a cenar a Delicia de Boca y luego propusiste que nos viniéramos al Milenio como cosa del momento, aunque en realidad lo tenías todo planeado.
Jimin sonrió abiertamente sin dedicarle ninguna mirada a Yoongi, simplemente contemplando el horizonte.
—Mientras caminábamos me agarraste de la mano, me dijiste que estaba más hermoso que la misma noche y justo aquí en este lugar me dijiste que me amabas, que me amabas de verdad. —Yoongi mordió su labio inferior, su corazón latía bruscamente contra su pecho y parecía imposible que detuviera su carrera—. Sacaste un candado de tu bolsillo y pusiste nuestros nombres junto a la inscripción 'I You know, I know'. —Jimin levantó un dedo y lo posó sobre un candado, en letras solo un poco difusas por el tiempo, el candado del que Jimin hablaba, lucía encadenado a aquel puente conmemorativo porque las parejas dejaban ahí uno como símbolo de amor eterno.
Yoongi levantó la mirada, su respiración errática y sus ojos ligeramente aguados por el momento.
—Yoongi... ¿Me das un abrazo? —pidió Jimin suavemente. Yoongi asintió y se empinó para abrazar a Jimin con fuerza. Los ojos de Yoongi estaban empañados por un velo de lágrimas que no se permitió derramar, se aferró al cuerpo del rizado y acarició sus largos cabellos. Jimin por otro lado inspiró profundamente, dejándose abrazar. La fuerza del abrazo mermó después de unos minutos, pero no se separaron. Luego, Jimin fue el de la iniciativa y se alejó. Se quitó un par de lágrimas traviesas y decidió regalarle una sonrisa a Yoongi—. Nos vemos pronto, Yoon.
—Nos vemos pronto, Jimin. —Jimin se despidió con la mano alzada y se fue por el otro lado del puente. Yoongi se giró, dio una última mirada al candado y cerró los ojos poniendo su mano sobre su pecho.
¿Qué me sucede? ¿Por qué me duele tanto?
Yoongi se mordió el labio inferior, la figura borrosa de Jimin se perdió entre la multitud y Yoongi decidió regresar al apartamento que había comprado recientemente. Había decidido apurarse con ese trámite porque Hoseok, su mejor amigo, le estaba hartando. Siempre le preguntaba como iba lo del divorcio y que tenían que celebrar cuando fuese libre. Le hastiaba de sobremanera, no entendía como su mejor amigo no podía ver lo devastado que se encontraba. Porque sí, durante el transcurso de ese mes había sido de esa forma. Se había dicho que la decisión correcta era separarse de Jimin, ya no compartían la cama y la tristeza de Jimin por no poderle dar el amor que antes le profesaba lo hacía levantarse con el pie izquierdo. Su decisión había sido la adecuada. Por supuesto que sí.
¿Cierto?
En el camino a su apartamento se sintió incluso más vacío y cuando llegó a su piso y abrió la puerta de su apartamento de soltero, la pesadez se alojó en su estómago. Se acercó al refrigerador y sacó una botella de cerveza. Cerró la puerta del refrigerador y la oscuridad y el silencio lo acompañaron. Se desparramó sobre el sillón costoso y nuevo y empezó a beber. Bebió hasta perder la consciencia pensando en unos ojos verdes abrumadores.
🖊️🖊️🖊️
Yoongi fue en tren en vez de llevar su auto, Camber Sands Beach quedaba a una hora con veinte minutos de Londres, se fue lo más cómodo posible y llevó unas prendas por si se quedaban.
¿A quién quería engañar? Deseaba que Jimin le dijera que se quedaran cerca a la playa. Motivado por eso, no dudó en alistar todo lo más temprano posible para llegar a tiempo a su cita con su esposo. Porque después de todo, Jimin seguía siendo su pareja legalmente.
Su sonrisa no abandonó su rostro y luego de una hora, la emoción le estaba calando el cuerpo. Fue el primer pasajero en bajar, corrió por la arena sin parar de reír. Buscó a Jimin cerca del puesto de salvavidas dejado a la deriva por la noche. Yoongi miró para todos lados hasta que encontró la alta silueta de Jimin, la brisa marina hacía volar su camisa blanca que se transparentaba y sus pantalones ligeros, su cabello podía ser utilizado para un comercial, pensó Yoongi, risueño. Se mordió su labio inferior y llegó hasta donde estaba Jimin.
—Déjame adivinar, ¿tuvimos una cita muy especial en esta playa y yo fui un romántico empedernido? —preguntó Yoongi con la voz burlona.
Jimin le miró riendo.
—¿De verdad quieres saberlo? —cuestionó Jimin con la voz curiosa.
—Por supuesto que sí. ¿Tuvimos nuestra primera cita, nuestra segunda, algún aniversario? —empezó a nombrar posibilidades, interesado.
Jimin lanzó un suspiro y asintió.
—Yoongi, el dieciocho de abril del 2011 pasó algo muy especial aquí. —Jimin miró a Yoongi con una sonrisa dulce—. Fue en esta playa donde hicimos el amor por primera vez —susurró Jimin, su voz confundiéndose con la brisa marina.
—Oh.
—Sí, oh. —Jimin sonrió suavemente—. Me dijiste que ninguna de las perlas podía compararse a la belleza de mis orbes cafes. —Jimin rió.
—Yo no dije eso —se mofó Yoongi—. No soy así de cursi.
—Oh, Yoongi, créelo. —Jimin no paró de sonreír—. Trajiste una manta, la extendiste, me invitaste al agua, te dije lo helada que estaría, no te importó y al final nos zambullimos. Luego de jugar un rato en el mar, corrimos y dijiste lo mucho que serviría que nos mantuviésemos calientes. —Yoongi negó con la cabeza algo sonrojado. —Cuando nos recostamos, te dije que quería que nos amaramos de la forma más inversamente proporcional... mediante el acto más puro y pecador hecho por el hombre. Me dijiste «Jimin, tú serás el barco y yo la brújula que te guíe.»
Yoongi asintió, recordando aquellas palabras, recordando aquel momento tan especial, recordando como se había sentido pertenecer a Jimin y que él le perteneciera. Recordando lo vivo que se había sentido mientras compartían aquel momento tan íntimo, las caricias, los rasguños, los besos y succiones. Todo. Como si hubiese sucedido la noche anterior.
—¿Me das un abrazo, Yoongi? —Yoongi se giró y abrazó a Jimin al instante.
—Claro que sí, Jimin. Claro que sí. —Se mantuvieron así unos segundos, luego ambos se separaron.
—Nos vemos, Yoongi. —Jimin sonrió.
—Jimin, espe... —Jimin no se volvió y Yoongi suspiró profundamente al verlo alejarse. El dolor no hacía más que incrementar en su pecho.
Yoongi decidió tomar su maleta y regresar a su vida ajetreada, ya pronto tendría una nueva oportunidad para hablar con Jimin.
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Yoongi saltó emocionado mientras escuchabas los gritos eufóricos de las personas. Traía puesta su playera de hacía tantos años y se sorprendió de que aún le quedará. Al parecer, su estatura y peso no habían variado demasiado desde aquel entonces.
Yoongi buscó entre la multitud de fanáticos pero no dio con ninguna cabellera larga y lacia, sacó su celular y llamó varias veces al celular de Jimin. Finalmente, él contestó.
—Estoy afuera del Apoyo, Jimin. ¿Dónde estás? —preguntó.
—Estoy aquí —dijo Jimin a su oído, Yoongi se erizó y se sobresaltó con la misma rapidez e intensidad, Jimin rió. Yoongi se volteó. Su cabello como siempre, se encontraba alborotado, tenía una playera negra con el logo de The Script, Yoongi tenía una sin mangas de color blanco.
—¡No me puedo creer que vengamos a ver a The Script! —Yoongi saltó emocionado como si fuese un niño de cinco años, en realidad, su personalidad a parte de su trabajo no había cambiado demasiado desde esa edad.
Jimin levantó ambas entradas y las agitó frente a los ojos soñadores de Yoongi.
—¡Esta sí que es una gran cita! —Yoongi después de decir aquello, se sonrojó—. Quiero decir, una... ¡Lo que sea, es tan genial! —Jimin asintió, estando de acuerdo con Yoongi.
—Entremos, vamos antes de que sea difícil de hacer la fila. —Yoongi asintió y se adelantó, Jimin lo siguió, como siempre hacían.
Resultó ser la sección VIP y Yoongi chilló de la emoción ante aquello. Se encontraba tan contento que no dudó de pasar el brazo por los hombros de Jimin. Corearon todas las canciones, rieron, saltaron, bebieron y se divirtieron como hace mucho tiempo no lo hacían.
—¿Aquí fue nuestra primera cita, cierto? —preguntó Yoongi. Jimin negó con la cabeza sonriendo—. Joder, no puedo atinarle ni a una... hmm... ¿qué hicimos aquí en Manchester...? Diablos, no me acuerdo. —Yoongi frunció el ceño. Jimin se acercó y posó un dedo sobre el ceño fruncido del mayor.
—No te frustres, hombre. Pasó hace mucho...
—Pero tú recuerdas todo.
—No sé, mi memoria es así. —Jimin se encogió de hombros.
—Bien, vale, como digas sabelotodo —bufó Yoongi, risueño—. ¿Qué sucedió aquí?
—Aquí nos conocimos Yoongi. —Yoongi miró atontado el lugar—. ¿Recuerdas? ¿ocho de febrero del 2009? Manchester Apollo, concierto de The Script.
—Joder, claro que sí. ¡Claro que lo recuerdo! Vestía como un intento de chico malo y tú tenías un suéter que tu abuela te había tejido. —Jimin rió, asintiendo.
—No tienes tan mala memoria.
—Estabas tan adorable, me causó curiosidad que te aparecieras por un concierto de The Script.
—Nos chocamos y te dije 'oops' y tú me dijiste 'hola' —dijo Jimin riendo mientras la música de fondo lucía tan acogedora, sonaba como estar en casa.
—Y de cerca te veías incluso más hermoso que de lejos...
Jimin se sonrojó y bajó la cabeza.
Estaban muy cerca de la tarima, sin embargo, para ambos fue una sorpresa enorme cuando los escogieron para subir.
—¡Oh por Dios! —Yoongi lucía como un verdadero fanático enloquecido. Jimin y él rieron mientras los demás fanáticos hacían hincapié para que subieran.
Finalmente, se dejaron llevar por la multitud y acompañaron a Danny, Mark y Glen en el escenario. Corearon unas canciones anonadados, al público le gustó sus voces y se divirtieron más en el escenario de lo que lo habían hecho en un largo tiempo.
Jimin levantó el micrófono y le dijo a Yoongi:
—Gatito, ¿me das un abrazo? —Yoongi se encogió de hombros y se acercó a Jimin, se fundieron en un abrazo que la multitud vitoreó y grabó. Rieron en los brazos del otro y Yoongi sintió su estómago pesado, pero esta vez supo que se trataba de mariposas.
🖊️🖊️🖊️
Yoongi se encontraba mirando sus papeles, su sonrisa no había desaparecido desde el fin de semana. Aquel concierto había logrado colmar su vaso, no dudaba lo mucho que amaba a Jimin. Tenía que llamarle para salir, pero justo en ese momento tenía mucho trabajo del que encargarse.
La puerta de su oficina sonó con tres toques ligeros. Yoongi dijo con voz monótona:
—Pase. —Jimin entró con una sonrisa gigante en sus labios. El corazón de Yoongi latió con fuerza al verlo. Se había cortado el cabello, ahora traía un corte anticuado pero que no dejaba de lucir muy bien él. Yoongi suspiró profundamente.
—Hola, Yoongi. —Jimin se acercó.
—Hola Jimin. —Yoongi se mordió los labios mientras el rizado llegaba a su lado.
Jimin abrazó a Yoongi y Yoongi le devolvió el abrazo sorprendido.
—¿Y eso a qué vino? —Jimin sonrió y levantó un papel. Yoongi lo miró extrañado.
—Hoy es veintiocho de febrero, Yoongi. —Yoongi alzó una ceja curioso—. Ya firmé.
—¿Firmaste? ¿Firmaste qué? —Yoongi rió por lo bajo, pero luego de echarle un vistazo al documento, su garganta se secó y su corazón se retorció—. ¿El acta de divorcio?
Jimin sonrió.
—Justo como acordamos, Yoongi. Gracias por este mes y el cierre de nuestra relación. —Jimin le dio un último abrazo y salió de su oficina.
Yoongi no pudo respirar. Se levantó con las piernas temblando y su pulso alterado.
—Firmó... él... firmó... —Yoongi miró el papel y la pulcra firma de Jimin en el documento. Se tocó el corazón—. No... no... —Yoongi salió corriendo de su oficina—. ¡¿Jimin?! ¿Jimin, dónde estás? —Su corazón latía furiosamente contra su pecho—. ¿Dónde está, Jimin?
—¡Señor Min, luce muy mal! ¿Quiere un té?
—¡No, Lisa, necesito a Jimin! ¿Dónde está? —gritó.
—¡Acaba de bajar por el ascensor, señor! Pero usted, ¿se encuentra bien?—preguntó la joven ofuscada.
—¡No, no! ¡El amor de mi vida se me va a escapar de las manos! —gritó corriendo, el ascensor no subió rápido y tomando una profunda bocanada de aire, corrió por las escaleras.
Sus pasos ya cansados no dejaron de correr hasta llegar al primer piso, con el alma en vilo y su respiración errática, buscó con la mirada la silueta de Jimin y le encontró a punto de salir de la corporación.
—¡JIMIN! —Su grito alertó a todos los presentes y Jimin se giró para mirarlo con curiosidad.
—¿Yoongi? —La sorpresa en el rostro de Jimin era evidente.
Yoongi corrió esos metros que los separaban, para llegar a donde estaba Jimin, para llegar a su hogar.
—Jimin... —Yoongi miró a los ojos cafes del hombre que tanto amaba. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? ¿Cómo podía haberlo dejado ir? Pero los papeles ya estaban firmados y se encontró sin saber qué decirle—. Jimin... yo...—Las lágrimas acudieron a su rostro y empezaron a descender por sus mejillas—. ¿Puedo... podré abrazarte mañana?
Jimin le miró con dulzura y se acercó para depositar un beso en la frente de Yoongi, el mayor cerró los ojos y se aferró a los brazos del rizado. Jimin se acercó a su oído y susurró suavemente:
—Ten una buena vida, Yoongi. Nunca olvides que mi corazón te pertenece —una vez susurrado eso, Jimin se alejó y limpió las lágrimas que no paraban de caer de los ojos del castaño.
Luego se volteó, encaminándose hasta la salida, sin mirar atrás.
𝑭𝑰𝑵
Espero y le haya gustado♡︎
Re-subiendo: mochi_0525 :(
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