Spells & Howls

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Summary

Todo lo inesperado puede suceder cuando vives en una ciudad tan oscura como lo es Salem, al Norte de Massachusetts, donde la tormenta más desastrosa supera a la nevada más inesperada de todo el año. Pero cuando hablamos de una serie de sucesos aterradores ocurriendo a partir de la llegada del ocaso, nos introducimos en otro tipo de historia, que inicia un día en el que la policía encuentra el cuerpo de una adolescente horriblemente mutilado con una extraña marca en el pecho. ¿Alguna vez oíste hablar sobre la caza de brujas de 1693? Pues toma asiento, porque voy a contarte qué sucedió casi trescientos cincuenta años después. ❝Ya conoces el truco, es solo un poco de abracadabra.❞

Genre
Fantasy/Horror
Author
Elena
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

🔮... prólogo


                               Salem, XVII


Tras pasarse toda la tarde escribiendo, Azula dejó la pluma dentro del tintero y, en silencio, apartó el resto de los instrumentos que habían encima de la mesita junto a la ventana para estirar sus pies con pereza hasta que el borde del calzado se dejó entrever por debajo de la vieja falda. Ligeros desgastes le adornaban la punta de las botas, todavía manchadas con el lodo del corral, pero a esas horas su vestimenta era la última cosa en la que se permitía pensar.


La espalda al descubierto le dolía insoportablemente.


Dos cortes en carne viva iban desde el inicio de los omóplatos hasta el extremo inferior de su espina dorsal, tal y como si acabaran de rasgarle la espalda bajo el filo de un hacha, siendo esto el castigo más cruel que había recibido a manos de quien hubo llamado padre alguna vez.


Los remedios caseros de su madrastra solían impulsar un poco el proceso de curación, pero mientras estuviera dentro de aquellas cuatro paredes, castigada, sin siquiera permitir que la luz del Sol bañara la palidez de su piel desnuda, sería muy difícil hacer que las heridas pasaran a ser arrugadas cicatrices.


La chica de aspecto gentil y mejillas sonrosadas acarició el medallón de su pecho a la vez que hacía el intento de enderezarse en su lugar, evitando rozar el espaldar de la silla, y haciendo que el suelo de madera chirriara de forma molesta cuando se reincorporó para dejar el grimorio en el borde de la ventana.


Afuera todo parecía desarrollarse con una lentitud casi fantasmal, tratándose de otro día oscuro en el que las nubes no le abrirían paso al resplandor del cielo solo por un mero capricho, sin permitirse llorar para que la semilla de la cosecha comenzara a crecer.


Salem era un pueblo quieto, donde rara vez ocurría algo que llegara a impresionar realmente a sus pobladores, pero a veces, toda la paz termina convirtiéndose en algo más oscuro.


─¿Azula...? ─exaltada, se volteó sobre sus propios talones hasta quedar frente a la puerta, suspirando segundos después al ver a Sarah parada en el umbral. Pero su madrastra no parecía tan serena como esa mañana antes de ir al pueblo.


Esta corrió hacia ella, agarrándola por los hombros mientras la estudiaba de la cabeza a los pies.


─Por todos los cielos... gracias a Dios que sigues aquí.


─Pensé que era papá.


─No, pero no tenemos mucho tiempo antes de que llegue ─su voz sonó rota a un nivel que era casi alarmante─ Escúchame, niña. Tienes que poner tus pies fuera de Salem ahora mismo.


La pelinegra frunció el entrecejo con gran confusión, viéndola recorrer la minúscula habitación de punta a cabo, buscando objetos y tirándolos al interior de un saco sin pararse a mirarla un segundo a los ojos y decirle qué estaba sucediendo.


─Mientras más rápido te vayas mejor. Ellos nunca sabrán que estuviste aquí.


─No logro entender nada, Sarah. Me estás asustando ¿Por qué me echas?


─No te estoy echando ─le aclaró, acunándole la cara entre sus manos callosas─ Te estoy salvando la vida.


─¿De qué?


─De la cacería ─respondió─ Toda la aldea está en camino. Quieren arrestarme porque alguien me acusó de haber practicado brujería.


─¿Qué es lo que te van a hacer?


─Eso no importa ahora, cariño. Importa que tienes que marcharte, y encontrar un refugio en el bosque ¿Me has oído?


─¿Qué hay de las hierbas?


─Las voy a tirar al fuego. Las cortaré en pedazos y luego dejaré que se quemen.


No muy resignada, Azula movió la cabeza de arriba hacia abajo, más por obligación que por voluntad. Se negaba a dejarla sola a manos de los religiosos de la aldea. A saber la cantidad de mentiras macabras con las que vendrían acusándola. Sí, había escuchado de los comportamientos anormales que habían presentado últimamente algunas mujeres, entre ellas la hermana del reverendo. Pero ninguno fue resultado de la práctica de hechizos.


¿O sí?


─Ten mucho cuidado, Sarah ─su voz fue apenas un susurro, dedicado a la mujer que la había acogido en su seno con el mismo candor de una madre.


La única que, aún sabiendo su verdadera naturaleza, no la trató como a una hija del diablo.


─Lo tendré, mi niña. Pero ya tienes que irte, no creo poder retenerlos en la puerta mucho más.


Con las manos temblorosas, Sarah le cubrió los hombros con una capa para evitar que otros pudieran reconocerla. Acto seguido, la atrajo hacia así y la estrechó contra su pecho en un abrazo que no duró tanto como hubiera deseado.


Algo en su interior le decía que aquel dilema se tornaría caótico, y ella no podría hacer nada para detenerlo.


La de melena oscura tragó grueso cuando sus manos se aferraron al umbral de la ventana, permitiéndole dar una última mirada a lo que había sido su hogar, y luego dejándose caer desde esa altura en el preciso momento que los guardias del sheriff irrumpieron dentro de la casa.


Pudo escuchar los gritos de Sarah cada vez más lejanos a medida que sus pies aceleraban el paso hacia el interior del bosque. Los suyos y los de las demás mujeres que como ella, eran arrastradas en contra de su voluntad hacia el interior de una celda en los calabozos de la comisaría hasta que llegara el día del juicio final.


Pero incluso cuando sus pulmones parecían a punto de colapsar, Azula no dejó de correr hasta que las llagas de sus pies comenzaron a sangrarle, y la luz que emitía la gema que descansaba sobre su pecho se extinguió posteriormente con cada una de las vidas que fueron arrebatadas en el cadalso de Gallows Hill.


Solo sabría Dios si algún día aquella injusticia llegaría a tener explicación.


Por eso mismo en la actualidad, Evan cerró el libro que tenía delante de sus ojos y lo guardó en el interior de su mochila. Dispuesto a tomar el próximo bus que saliera de la estación con dirección a Massachusetts.


Algo en el brillo de sus ojos reflejaba absoluta determinación de descubrir por sí mismo las respuestas que por generaciones su familia se había negado buscar. Puesto que incluso después de casi cuatro siglos, todavía las interrogantes que habían llevado a su antepasada lejos de los suelos de Salem continuaban frías en el interior de un cofre, esperando a que algún día, el mundo sobrenatural requiriera de su poder para iniciar una nueva guerra entre los seres mágicos y los mortales.