Síndrome De Estocolmo

Summary

May, una chica que vive en un pequeño pueblo, es raptada por Jeff The Killer, un famoso asesino serial, tendrá que intentar escapar de él si es que piensa volver a ver la luz del día. ¿Pero acaso se terminará enamorando de su secuestrador? TRIGGER WARNING: Desórdenes alimenticios, suicidio, abuso, violación

Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

May, una joven de cabello castaño caminaba perezosamente hacia una tienda, el Sol aún no había salido, sin embargo, su trabajo comenzaba a esa hora. A pesar de que la tienda no abría tan temprano, los empleados debían realizar su conteo diario a primera hora.


La chica bostezaba a más no poder, ya que realmente no le gustaba trabajar tan temprano.


"¿Caíste de la cama?" Preguntó un rubio, llamado Félix, quién era su compañero de trabajo.


"Es inhumano que comencemos a trabajar antes de que siquiera salga el Sol" Se quejó mirando el oscuro cielo en busca de alguna señal de que fuese a amanecer pronto. No había ninguna.


"Es invierno, no sé que pensabas que pasaría" Contestó abriendo la puerta trasera de la tienda. "Además, no es como que vengas a esta hora todos los días" May rodó los ojos molesta, el chico se rió ante su reacción mientras entraba al cuarto de los empleados.


"No es mi culpa que el Sol salga tan tarde" Reiteró molesta.  Despertar antes de que salga el Sol, es antinatural. Pensó.


"Tienes suerte que el señor Johnson no pueda contratar a nadie más en este pueblucho" Fue lo último que dijo, antes de irse al frente de la tienda para comenzar los conteos.


Y aunque no le gustaba la idea de admitirlo, su compañero tenía razón. Ella venía de la gran ciudad y se había mudado aquí por un chico, el cual la había engañado, dejando embarazada a otra chica. No tenía ninguna educación superior, ni mucho menos recomendación alguna. Tenía mucha suerte de haber encontrado trabajo.


Caminó lentamente hasta las góndolas de vino, mirando a sus alrededores, buscando algo más para hacer que la quitara de ese repetitivo y aburrido trabajo. No había nada. Félix la miraba de lejos, pues no terminaba de confiar en ella para hacer el trabajo.


"¿Todavía no terminaste?" Preguntó cuando él hubo terminado.


"Me queda este pasillo y el de los snacks" El hombre rodó los ojos.


"May, tienes que trabajar más rápido, abrimos a las ocho. Deja que yo hago el pasillo de snacks, dame la planilla" La castaña entregó la hoja al chico, quien se fue a un paso apresurado. Falta mas de media hora para abrir, tranquilízate, lo haremos a tiempo. Su mente no podía evitar pensar mientras lo miraba.


Lo observó por un momento, el chico era igual o incluso más pálido que ella, su cabello rubio armonizaba perfectamente con su cara, siendo casi imposible saber cuando comenzaba su corta cabellera. Y su cuerpo, inusualmente alto, lo hacía llamar la atención de cualquiera al pasar a su lado. May, siendo baja y algo regordeta, había envidiado la altura y delgadez del chico desde que lo conoció.


"Vuelve a trabajar" La reprendió al notar su mirada sobre él.


Cuando abrieron la tienda, el pueblo aún se encontraba vacío, pero poco a poco, los clientes recurrentes empezaban a aparecer para comprar comida.


Su turno fue tranquilo, pues estaba algo nublado y cada tanto chaparrones de agua caían del cielo, por lo cual, la mayoría de personas, no se molestaban en ir a comprar.


"Nos vemos mañana" Félix se subió a su motocicleta, ella lo saludó y comenzó a caminar en dirección a su casa.


Era una casa diminuta, apenas tenía un cuarto, y el baño con suerte tenía una ducha, la cual era extremadamente peligrosa, debido a que, por alguna razón, estaba encima de un tomacorriente.


Se acostó en su sillón-cama, mirando a la pared, pues no podía darse el lujo de comprar un televisor, pensando en si ir o no a la biblioteca. Al menos allá tendría Internet, pero tenía que mojarse. Miró el techo, como si este fuese a tener las respuestas, y luego recordó que no había tomado el correo de ese día, y probablemente tenía que pagar la luz.


Se paró, soltando un gruñido de disgusto y arrastró sus pies hasta el frente de su casa, donde se encontraba un pequeño buzón. Efectivamente, tenía las facturas tanto de la luz como la del agua, pero había una carta, sin remitente, que parecía dirigida a ella.


Entró nuevamente a su casa y se sentó en el sofá, dispuesta a leerla, pues nunca recibía correo de ese tipo.


Esta noche irás a dormir. Para siempre.


JTK


Esos idiotas de enfrente. Pensó al leer la carta, no era la primera vez que esos niños estúpidos le habían dejado un carta como esa, aunque nunca en el buzón, la ponían debajo de la puerta.


¿Y que se supone que es "JTK"? ¿Un apodo?. Suspiró tirándose nuevamente en su sofá, mirando al techo de nuevo, y decidiendo que, como no tenía nada más que hacer, y realmente no quería aburrirse, iría a la biblioteca del pueblo para usar las computadoras.


Se puso un par de botas de lluvia, junto con una gabardina y tomó un paraguas, para caminar hasta la biblioteca.


Comenzó a mirar videos en YouTube, varios de gatos o animales graciosos. Luego miró una película corta y el nombre JTK volvió a su mente.


De la nada, un impulso la hizo buscar esas siglas en Google, mirando atentamente los resultados.


Jeff The Killer


Soltó una pequeña risa al leer el nombre. Es patético, pensó. No puedo creer que esos mocosos usaran esa cosa como ejemplo. Miraba las imágenes de ese hombre de piel blanca y cara completamente mutilada, sonriendo. Habían una cuantas noticias de que tal vez estaba causando asesinatos en ciudades cercanas, cosa que le llamó la atención, pero supuso que simplemente habían tomado esa oportunidad para jugarle una broma.


Luego de buscar un poco más de información sobre el supuesto asesino decidió volver a su casa, cada vez más segura de que era imposible de que alguien como él fuese real.


El día que Jeff The Killer sea real yo tendré el cuerpo perfecto, creía con una risa. Los niños realmente tienen mucha imaginación, aunque hubiesen creado un personaje más realista, no ese asesino de mierda.


La lluvia estaba cesando cuando la chica se encontraba llegando, miró nuevamente al cielo, y se debatió en si pedir o no algo para comer esa noche.


Luego de buscar qué había en su heladera y encontrar una pizza congelada, decidió que lo mejor sería comerla y ahorrar unos pocos dólares, para al menos comprarse algo más decente que la casa en la que vivía. O poder conseguir WiFi, o una televisión... O un teléfono que no estuviese roto.


El microondas sonó mientras que la chica jugaba a un juego que se había descargado en una de sus idas a la biblioteca. Se paró y tomó el plato con la pizza, sentándose a comer mientras miraba un par de videos que había grabado de la pantalla de la computadora en la biblioteca. Esta vida es jodidamente deprimente, pensó, haciendo una mueca.


A la mitad de su sueño oyó un ruido, que la despertó rápidamente. Espero que no sean esos idiotas de nuevo, la última vez me rompieron la ventana y tuve que trabajar horas extras para pagar por esa mierda. Se quejó prendiendo la linterna de su celular como pudo, y viendo una figura parada al lado de una de las ventanas traseras. Mierda, pensó.


"Billy, Jonathan, llamaré a sus padres, esto no es gracioso, es ilegal" Advirtió, aún sin poder ver bien a la persona que estaba ahí. Como pudo, apuntó su linterna a la cara del chico y vio algo que parecía salido de una película de terror.


Gritó desenfrenadamente, rezándole a todo lo habido y por haber para que eso que estaba viendo, lo que estaba parado en su casa, esa cosa totalmente demacrada, fuese producto de su imaginación.


Sin embargo, lo que sea que fuera eso, rió. No era una risa humana, estaba mal, como si realmente no fuese realmente una risa... O como si hubiese sido distorsionada. May sintió como su espalda estaba empapada de un sudor frío, sin poder quitar la mirada de la silueta, a la cual no podía ver bien desde que había gritado, pues su celular se había caído, y temía moverse haciendo que esa cosa se moviese con ella.


Por unos segundos, que se sintieron como años, todo se mantuvo en silencio, oyendo solamente sus latidos, que cada vez eran más fuertes, hasta que finalmente, ya no había nada.


May despertó agitada mirando para todos lados, la alarma de su celular sonaba irritablemente.


¿Había sido aquello realmente un sueño?