La torre de Kafft - El heredero de “El Valle”

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Summary

Tras la IV Guerra Mundial, el mundo se divide en cinco naciones gobernadas por dos clanes: la Horda de Dushor y los soldados Kairgans. Leean es un joven de 15 años de la Nación de Kírol (antiguo continente Europeo) que debe mudarse a un centro penitenciario en el Atlántico con su padre Kónaff, un ambicioso y soberbio director de la prisión El Valle. En el centro, existe la torre de apuestas Kafft, donde los presos deben superar cinco niveles para ganar su libertad y ser reclutados como soldados Kairgans, aunque solo uno de cincuenta sobrevivirá. La clase alta apuesta grandes sumas en estos juegos, convirtiendo a los presos en fichas. A los 31 años, Leean se ve envuelto en las macabras torturas de los presos cuando un amor de su juventud, abandonado en su nación, es condenado y recluido en El Valle. Decidido a detener la barbarie, Leean se enfrenta a su padre y a los clanes, enfrentando una difícil elección entre la sangre y el corazón. Bienvenidos al centro penitenciario "El Valle".

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4
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n/a
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18+

Capítulo 1º - El único sueño -

Frente a la ventana, como cada noche, contemplo una panorámica nocturna de nuestra ciudad; esta misma noche el ambiente es más lúgubre y está más cargado, envolviéndola en un manto de misterio y sombras que intensifica su gran belleza. La oscuridad resalta la imponente silueta de algunos de los gigantescos edificios que se alzan hasta el cielo, sus formas apenas visibles, pero lo suficientemente imponentes para infundir un absoluto respeto. El ambiente, esta noche parece más denso y enigmático, como si la ciudad guardara secretos que solo se revelan en las horas más oscuras.

De repente, unas gotas comienzan a golpear contra el cristal de mi ventana, comenzará a llover en breve, por lo que decido retirarme a mi cama. Mientras me dirijo a ella mi atención es capturada por el espejo de cuerpo entero que adorna una de las paredes de mi habitación. En su reflejo, se revela la figura de un joven de complexión delicada, cabello rubio que cae de manera algo desordenada y unos ojos azules que reflejan la curiosidad propia de mis quince años. No alcanzo a la altura de algunos de mis amigos, pero de momento me ha ido bien en la vida. Es la hora de descansar, y mientras deambulo por mi habitación, enfundado en un pijama completamente azul que, aunque un tanto holgado, me envuelve con la calidez de los recuerdos de las últimas fechas de navidad. Es un regalo al que le tengo bastante cariño. Cada detalle, desde las gotas de lluvia que golpean mi ventana hasta el suave tacto del pijama, contribuye a la atmósfera única de esta noche, son momentos en los que no puedes explicar que es lo que siente, algo extraño pero bueno.

En estos momentos, una extraña inquietud se apoderó de mi ser, impidiéndome encontrar el descanso que tanto hoy necesitaba. Experimento esa sensación de nervios que se centran en el estómago, mientras mi mente da vueltas en un intento frenético por intensificar la fuente de mi intranquilidad. Detrás de mí, en la pared, se reflejan la fecha la hora y el año, como un recordatorio constante de la implacable marcha del tiempo. Giro para contemplar panel de información que abarca casi toda la extensión de la pared. Este dispositivo, de unos dos metros de ancho y metro y medio de alto es una presencia constante en todas las habitaciones de mi hogar, así como en las de todos los habitantes de la nación de Kírol. Cuatro pequeños dispositivos negros anclados estratégicamente en la pared, despliega estos paneles informativos, y la luz proyecta los datos cruciales que la nación comparte con nosotros. En tono rojo, las letras proclaman el momento presente:

“21:54 p.m. Martes, 9 de diciembre de 2070”

Cada cifra, cada letra, cobra vida en la oscuridad de la habitación recordándome que estoy inmerso en un mundo donde el tiempo es tanto mi aliado como mi adversario, marcando los compases de una existencia guiada por la información que fluye a través de estos paneles haciéndote sentir que quieras o no, eres parte de todo este sistema, conectándonos a todos en la vasta red de la Nación de Kírol.

Llego a mi cama con intención de descansar por fin y me tumbo, comienzo a escuchar la lluvia que golpea cada vez con más fuerza el crasil de la ventana. Tengo un mal presentimiento, y eso me tiene dando vueltas en la cama sin poder dormir. La habitación se encuentra en silencio, apago la luz del cuarto deslizando el dedo por el control remoto; aunque aparentemente mi habitación pueda parecer la de un chico que viviera en el año 2010, hay muchas cosas que han cambiado, todo está robotizado, y aunque la inteligencia artificial fue un descubrimiento que mejoraría la vida en el planeta, antes de la cuarta guerra mundial esta fue suprimida por el bien de la humanidad a unas únicas tareas. Ahora solo puedo escuchar los golpes de las gotas que desvían mi tranquilidad fuertemente contra el crasil de la venta, intento no prestar atención a ese ruido tortuoso, pero es imposible no atender a su reclamo. Durante unos minutos me siento relajado, entro en un estado de paz mental difícil de conseguir para mí, y pienso que el sueño va a empezar a vencer esos nervios que recorren mi cuerpo, pero un fuerte disparo resuena en mi casa y hace que me levante de un salto de la cama.

Salgo de mi habitación rápidamente y con el cuerpo tembloroso, el pasillo está oscuro, la única fuente de luz proviene de la calle que entra por las ventanas de la casa dándole un ambiente terrorífico, la luz de la casa se ha ido; por más que paso la mano por el control remoto para encenderla ésta no responde. Llamo a mi madre desde la planta superior, normalmente suele estar en el salón de casa sobre estas horas, pero no contesta, por lo que comienzo a bajar a buscarla ya que mi padre debe estar en el trabajo aún y no ha regresado.

Conforme voy descendiendo, vuelvo a escuchar otro disparo y me apresuro a llegar a la planta baja de la casa, sin pensar en las consecuencias que eso me pueda acarrear, me apoyo en el marco de la puerta del salón que se encuentra abierta, desde donde puedo ver que las ventanas están rotas. Hay cristales esparcidos, entra la lluvia y un viento huracanado, un viento que se hace cada vez más y más fuerte, y que termina por abrir la puerta principal de la casa. En ese momento todo comienza a desintegrarse, como si de una película de ficción se tratara, es algo que me cuesta procesar, mi mente no termina de comprender lo que está ocurriendo. Salgo corriendo de vuelta a mi habitación pegándome patadas en el trasero y subiendo los escalones de dos en dos ya que es el lugar donde me siento seguro, es mi templo y allí nada puede pasar. ¿Dónde está mi madre? ¿Qué está pasando?

Al entrar en mi habitación cierro la puerta pulsando el botón de cierre automático e introduzco el código de bloqueo, la puerta se desliza de izquierda a derecha quedando totalmente hermética.

Me giro y vuelvo a ver mi imagen en el espejo, pero ya no tengo quince años: Soy yo, pero el reflejo que me devuelve el espejo es el de un muchacho algo más mayor, con un traje Kairgans de color negro. Los kairgans son los soldados que protegen las cinco naciones que componen el mundo, ellos son los encargados de hacer respetar las normas de convivencia.

Miro por la ventana y observo como los aerodeslizadores están atacando la ciudad, estos aerodeslizadores son utilizados por los Kairgans para perseguir la delincuencia, para transporta y para viajar. Son el medio de transporte utilizado por ellos exclusivamente. Mientras en la calle puedo ver como los soldados a pie liquidan a todo aquel que se cruza en su camino. Todo está siendo bombardeado por lo que me quedo atónito mientras veo cómo todo se queda envuelto en fuego y humo.

La ventana comienza a bloquearse por el sistema nacional de defensa, pero aun así puedo seguir escuchando disparos y gritos, todo está siendo destruido, parece una guerra, ¿Por qué alguien quiere acabar con nosotros? Vuelvo en mí y observo como de repente el panel informativo proyecta el símbolo de nuestra nación para a continuación mostrar un mensaje escrito que es reproducido por los altavoces de los emisores:

La nación de Kírol advierte a todos los ciudadanos que estamos siendo atacados. Busquen un lugar seguro hasta nuevo aviso.

04:47 a.m. Sábado, 3 de agosto de 2088.

Mi habitación comienza a descomponerse al igual que el resto de la casa y todo está siendo tan surrealista como terrorífico, los ruidos han cesado y ahora sólo puedo escuchar un pitido continuo. Un fuerte viento hace que mi habitación se desintegre ante mis ojos dejándome colgado en la nada más absoluta; cierro los ojos para no ver lo que está pasando porque no entiendo nada.

El pitido ha cesado bruscamente dejándome escuchar mis propios pensamientos acompañados de los latidos de mi corazón que parecen empezar a relajarse. Empiezo a escuchar unas voces de niños hablando y riendo. Aún permanezco con los ojos cerrados por el miedo y siento como corretean cerca de mí, escucho sus pasos y sus voces pasar muy cerca y eso me da la confianza para saber que esté donde esté, no es un lugar peligroso.

Parece que el bombardeo ha cesado y abro los ojos para descubrir que estoy en el suelo de uno de los centros de formación de la nación. Busco rápidamente donde reflejarme después de haberme visto en el espejo con otra edad que no era la mía, para ver el aspecto que tengo ahora mismo porque todo esto parece un sueño. Encuentro una ventana del pasillo donde el crasil me refleja que sigo aparentando los quince años que tengo, tras mi reflejo puedo observar el patio del centro de formación donde voy con árboles y todo nevado, normalmente el centro es como el resto de la nación de un blanco pulcro, inmaculado. Ahora mi vestimenta es algo diferente, visto el uniforme de color blanco de la formación obligatoria.

Me toco la cara para asegurar que todo vuelve a ser lo que era y suspiro aliviado al pensar que no he perdido tantos años de mi vida en un segundo. Vuelvo a mirar por la ventana y mi cara de tranquilidad cambia al observar lo que se encuentra detrás del cristal: todo está oscuro como cuando mire desde la ventana de mi habitación. El aspecto del centro ha cambiado de repente, ahora su aspecto es algo tétrico y deteriorado, los árboles quemados y la ceniza invaden el patio que hace solo unos segundos vestía un blanco de paz y tranquilidad.

Comienzo a caminar por los pasillos, todo es muy extraño, contemplo en un panel digital una imagen del planeta y resalta sus cinco naciones en color. La vida ha cambiado bastante desde que el año 2049 fuese testigo del comienzo y el fin de la IV Guerra Mundial, la cual hizo que a su término los cinco continentes pasaras a formar las cinco naciones que conocemos hoy en día, ya que en la Antártida como tal paso a ser una base Kairgans de investigaciones. Para mucho algo extraño. Sigo caminando por los pasillos, pero la gente parece no verme, en otro de los paneles de información del centro percibo que se ilumina las letras de “La Nación de Kírol” nación que corresponden al antiguo continente europeo, nuestra nación.

Los cinco estados están regidos por las mismas leyes y gobernada por sendos clanes, “La Horda de Dushor” y los “Kairgans”, los soldados. Entre ellos decidieron comenzar un nuevo mundo donde la violencia, el hambre y las desgracias serían suprimidas por el bien de la humanidad. También hay zonas de cada nación con acceso restringido para los civiles, lo cual puedes buscarte un problema ya que es solo lugar para la Horda y los Kairgans.

En la actualidad los centros de formación enseñan y se centra bastante en las terribles consecuencias que esa última guerra provocó. Ahí es donde, desde pequeño, nos inculcan lo que quieren y nos manipulan para aceptar como válida la mejora que sufrió el planeta unificando los métodos en las cinco naciones. Y digo eso porque a mi parecer con mis quince años de edad sigo pensando que es un sistema erróneo.
El centro me trae gratos recuerdos, pero a la vez amargura, allí tuve momentos únicos con amigos y algún que otro amor, pero también es duro a nivel psicológico para una mente tan diferente como la mía.

De repente un temblor me hace caer al suelo, la gente corre asustada y gritando, suena otra explosión y vuelvo a escuchar ese pitido que me ensordeció en mi habitación, veo como una nube de fuego y polvo que ha entrado por la puerta principal se dirige hacia mí rápidamente, pero la noto como a cámara lenta, esta vez no me da tiempo de levantarme por lo que me cubro la cara con las manos y me tiro de nuevo al suelo, lo único que me da tiempo es gritar “Mamá”.

Me despierto de un salto en mi cama, en mi habitación, sudando y algo nervioso. Me apresuro a mirar el panel de información:

07:12 a.m. 10 de Julio de 2087

Esta habitación es blanca y grande a diferencia de la de mi infancia; es la habitación del centro donde trabajo. Me sereno al ver que todo sigue igual, sigo estando en el presente, y que una noche más se vuelve a repetir la misma pesadilla que tengo desde que era un niño; parece que después de tantos años no va a desaparecer.

Sigo sin encontrar sentido a ese sueño, aunque llego a comprender parte de él, no entiendo del porque verme de mayor. Un traje de Kairgans y en el año 2088. Ya solo queda medio año para llegar a descubrir el motivo de esa parte del sueño, o no.

—¿Será un sueño premonitorio? - Me pregunto.

Olvidando el sueño me incorporo en la cama, bajo por el lateral de esta y me dispongo a caminar por la gran habitación.

Veo como la luz del sol entra por la puerta de crasil, una puerta entreabierta que deja pasar la brisa que intenta entrar en la habitación y que es frenada por una lisa cortina de seda blanca que impide la entrada del aire, un aire que me falta cada mañana, cada noche y cada día que paso en esta prisión. Quizás esta es la causa de ese sueño que se repite y me tortura cada noche.