GLORY HOLE

Summary

Ellos son de alguna forma son perfectamente desconocidos y ambos... Ambos lo aman; excepto que en algún punto de la historia estaba destinado a que su definición de placer variara y fuera aún más perfecto, ser conocidos. O donde Harry y Louis se conocen en medio del “Glory Hole”

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18+

PARTE I "GLORY HOLE"

O era una clase de adicto al sexo o era demasiado libertino para su propio bien. Louis no lo sabía, pero allí estaba enviando los resultados de sus exámenes de ETS a Illicit uno de los más grandes clubes sexuales de Londres.

Por supuesto a sus treinta años de ires y venires, Louis solía ser demasiado activo sexualmente, pero sobre todo era arriesgado y le encantaba experimentar cosas nuevas. Tener sexo con desconocidos era algo que adoraba y uno de sus más grandes fetiches; él podía correrse tan duro con la mera idea de un extraño cuyo rostro no podía ver o apenas conocía jodiéndole rudamente su agujero hinchado.

Había estado en las fiestas sexuales más desenfrenadas, desde orgías hasta fiestas de antifaces donde a penas y veía trozos de piel causando que su mente volara sobre quien podría estar profanándole.

No tenía estabilidad y por supuesto no estaba buscándola, sentía que la monogamia no podría brindarle todo lo que quería a menos que desde luego, su pareja fuera igual de abierta que él a vivir aquellas experiencias a donde su libido sexual le llevaba.

Luego de vivir reprimido toda su adolescencia e incluso adultez bajo lo complicado que podía ser si alguien se enterara de sus deseos más profundos, él había encontrado maneras y vaya que se había autodescubierto. El sexo con desconocidos que no le juzgaban por sus preferencias era lo más le lograba excitar y le daba orgasmos fuertes.

Él era nada más y nada menos que no solo un omega que podía sufrir de acoso si la sociedad se enteraba de su promiscuidad, sino que también era Louis William Tomlinson, el primer magistrado omega en llegar a la Corte Suprema.

No es como si los políticos de la alta alcurnia londinense no tuvieran un historial tras de ellos de joder secretarias o divorcios escandalosos, pero ellos no eran él; ellos no eran un omega que desde el principio fue visto como alguien débil o que se rumoraba había jodido con alguien de peso para llegar a tal cargo.

Él tenía algo que demostrar y si bien lo que pasara en su dormitorio o con su cuerpo no debía importarle a nadie, desafortunadamente la sociedad con su morbo lo había convertido en alguien que tenía que apenarse de sus gustos sexuales por temor a ser exhibido.

Su nombre para participar en tales fiestas cambiaba, él era ante los dueños de los cuartos oscuros, librerías para adultos y clubes sexuales William Thompson, alguien reservado que pagaba en efectivo y que casi siempre mantenía su identidad oculta bajo un antifaz, inclusive cuando de plano no se veía su rostro como en la aventura en la que se acababa de embarcar.

El glory hole.

Él había mirado a Brit (su compañero seguro de folladas) como si le hubiera salido otra cabeza cuando le mencionó “si lo que quieres es tu agujero lleno sin importar de quien es la polla, deberías meter tu culo tras una pared y que te jodan tantos alfas que tu hambriento culo no me buscará por días”

Ellos compartían un cigarrillo para esos instantes y más que joderse, eran amigos, muy amigos. Brit era un omega como él que aterrizaba en su cama cuando ambos no querían un alfa o simplemente no les satisfacía. El otro omega era asistente de un importante CEO en una multinacional en Londres.

No tenía un nudo, pero era funcional. Louis quería su culo jodido no importaba si al final tenía un nudo o no, aunque por supuesto, él podía ser una puta por un nudo, para él eran tan satisfactorios, porque ellos anticipaban una corrida. Aunque no permitía que muchos se corrieran en él por miedo a un embarazo o incluso una ETS lo había permitido a alfas lo suficientemente cercanos, pero seguía siendo un privilegio.

Sin embargo, más allá de ello las palabras Brit no salieron de su cabeza, al parecer era una experiencia que no había probado y que necesitaba hacer... La idea de alfas turnándose para joder su fruncido agujero le excitaba.

Buscó video porque él necesitaba ver o al menos imaginar el panorama. La sensación de sentir indefenso con las piernas abiertas cuan puta dejando que hicieran lo que quisieran con su culo resultaba ser retorcidamente excitante.

Estaba jodido. A pesar que el autoreconocimiento de ser una puta por una polla no era nuevo para él.

Se había mojado viendo los rostros de placer de los omegas tras la barra de madera. Las omegas sosteniendo sus pechos al ser jodidas y sacudidas por embestidas poderosas de los alfas y los omegas masculino gimoteando con sus lindos agujeros rebosados de lubricante chorreando alrededor de aquellas vergas grandes.

Esa noche había jodido su consolador apretando su pezón izquierdo con fuerza imaginando que alguien sin rostro le jodía hasta empujar un nudo más allá de su borde.

Su calentura y ganas de experimentar lo había llevado a buscar un sitio seguro para cumplir su fantasía y por supuesto que había de esos, justamente Illicit.

De acuerdo a lo que le habían explicado todo era en estricta confidencia y estaban tan bien organizados que le dieron un jodido tour en línea de la habitación donde se efectuaba aquella práctica, sus protocolos de higiene y por supuesto su política de protección no solo de la identidad de los participantes, sino también su integridad física a través de solicitud de exámenes de ETS de un periodo reciente a cada uno de los participantes a pesar del uso obligatorio del condón.

Louis no iba a negar que se desinfló un poco ante lo último, lo cual resultaba ser irresponsable, pero es que la simple idea de tener no solo su agujero estirado, sino lleno de la corrida de muchos alfas sin poder reconocer de quien era, sólo la idea de estar impregnado por muchos como la puta que era lo calentaba muchísimo.

Pero lo acataría, sería irresponsable si no lo hiciera, quizá esa fantasía fuera cumplida en otra oportunidad.

Cerró la laptop. El momento sería al día siguiente y la ansiedad se trepaba por su columna al punto de hacerlo sentir caliente, casi en celo.

Esa fue otra opción que en Illicit le ofrecieron: el mismo servicio para su celo, lo cual incluía que el personal le cuidara, pero a la vez resaltaban lo satisfactorio que era para los omegas pasar su celo de esa manera, sobre todo aquellos solteros que no querían un alfa persiguiendo su olor o intentando marcarle.

Se acercó a la nevera sacando un poco de agua antes de buscar sus supresores y beber sagradamente el suyo, en esa oportunidad acompañado de su inhibidor de aroma, siendo este otro de los requisitos solicitados y él claramente apoyaba.

Nada de aromas.

Los alfas los tenían, pero los omegas tras la pared no, de alguna forma eso evitaba un posterior acoso al que podían ser sometidos si un alfa se decidía a rastrearle encaprichado. Por supuesto a Louis eso le aliviaba, de todas formas, cada vez que tenía un encuentro clandestino era la rutina, le gustaba mantener su identidad oculta y su aroma era parte de su identidad.

No lo ocultaba en sus demás escenarios; cuando andaba con orgullo por la calle e incluso en la Corte presumía de el a los cuatro vientos, que vieran hasta donde un omega de su edad había sido capaz de llegar.

Siendo sábado sin ningún plan, avanzó por su gran departamento que algunas veces le hizo sentirse sólo y también pequeño; buscó su cama para flojear todo el día en ella y quizá dormir sin importar que fueran las 10:00 am.

Harry miró por milésima vez el reloj de mano notando que su conductor estaba demorándose un par de segundos más de lo usual. Quizá su ánimo estaba de los mil demonios, que incluso Brit se quejó de él y su humor de mierda, le llamo “acosador”, “mandón” e incluso amenazó con renunciar luego de una de sus respuestas odiosas.

Por supuesto Harry con la jaqueca que pulsaba en sus sienes sólo quería despedirlo y así lo hizo. Con una risa amarga interna observó los ojos del omega muy abiertos, quizá demasiado sorprendido del día en que él finalmente no soportó más sus niñerías y le echó.

No se sentía culpable, él no desconocía que les hacía la vida miserable a sus subalternos, pero sentía que ese día particularmente todos estaban siendo demasiado ineficientes al punto de tener jaqueca.

Desde luego, quizá contrataría de nuevo Brit al día siguiente si amanecía de ganas.

Cuando por fin el carro se aparcó en frente de él, apretó los dientes antes de decirle algo a George quien por supuesto ya lucía demasiado atemorizado sólo con ver su cara.

—A casa —murmuró con tono amargo recostándose contra el asiento recubierto de cuero.

Necesitaba salir un poco o embriagarse, quizá también dejar salir a su lobo un rato jodiendo un agujero. Sí, a lo sumo era presumible que su falta de humor era una cogida. Había pasado dos semanas desde la última en la cual había jodido a un omega casi que demencialmente a causa de su celo.

No podía recordar su rostro, todo era un borrón de garras, un moreno trasero, pero la sensación asfixiante de un culo apretándose a su alrededor, completamente húmedo y accesible para él fue todo lo que necesitó para anudar y calmar el calor, no requería saber más.

Su verga se removió entre sus pantalones y soltó un suspiro. Odiaba un poco cuando su cerebro se iba a su polla, pero muchas veces era inevitable. Se palmeó un poco y luego fue por su teléfono que estaba en el bolsillo de su saco y le marcó a Víctor.

—¿Tienes cupos para mañana?

No saludó siquiera, al punto que el alfa al otro lado de la línea se carcajeó.

—Un último lugar, serán pocos alfas unos quince, para siete omegas —murmuró.

—Guarda un lugar para mí y por supuesto mis condones para nudo.

—Será prolongado o...

—No lo será. Necesito joder rápido, un par de nudos y es todo —reconoció.

—Bien —afirmó el masculino.

Sería en la noche.

Usualmente esas actividades se hacían durante el día con una luz tenue, pero dado que el día siguiente era feriado, no necesitaban que fuera tan temprano. Así que, con la caída de la noche, Harry estuvo alistándose lo más sencillo que podía, lo cual resultaba ser un eufemismo porque después de todo casi siempre le gustaba lucir elegante, muestra de ello era los pantalones de lino que vestía y la camisa remangada en sus fuertes brazos.

Empezó a poner sus anillos en sus dedos observando el antifaz ante él antes de pensar si lo usaría o no, pues los omegas que jodería no lo verían, pero sí necesitaba ver la lista de alfas, no le importaba demasiado, nadie podría hablar una mierda sobre él que le afectara lo suficiente más que el hecho que él podía tener a quien quisiera y ahí estaba alistándose para ir a un sitio donde metería su polla en el culo esponjoso o la vagina húmeda de un omega, impersonal, sin más tacto que sus manos sosteniendo aquellos muslos abiertos de par en par para él.

Tiró de su corto cabello rizado con un suspiro de anticipación y su polla dura a media asta. “Maldita traicionera” pensó.

Esperaba que el camino a Illicit fuera corto. Los habían citado a las ocho probablemente porque la mayoría de alfas que asistirían eran recurrentes; cuando había alguien nuevo casi siempre hacían una pequeña introducción sobre el comportamiento, sobre todo para que no hubiera disputa entre ellos a raíz del calor del sexo y las feromonas.

Él era tranquilo la mayoría del tiempo. Solía caminar alrededor y dar un vistazo antes de que se decidiera por un agujero ajustado que follar. No solía usar a los omegas que hacían mamadas, no era comparable con la experiencia de un coño apretado o un culo asfixiándole.

Él tenía una preferencia por los omegas varones, le agradaba la dualidad del placer que vivían aquellos magníficos seres, una próstata hinchada y una linda polla liberaba una eyaculación dulce. Eran un espécimen complejo biológicamente, extremadamente difíciles de encontrar, pero él admitía que un culo húmedo sumado a una polla rebotando contra su vientre era gloria.

Y precisamente, él iba en camino a ella, a la gloria escondida detrás de una barrera, sólo para su placer.

Louis había llegado a las siete y sentía el hormigueo en su vientre por la anticipación. Todos al parecer por aquella noche eran primerizos, les anticiparon que los alfas que participarían en la sesión eran experimentados por lo que podían sentirse de alguna forma mucho más seguros.

Les habían ofrecido cuatro posiciones, y él era por supuesto el único omega varón, las demás eran féminas, por supuesto que él reconocía lo poco común que eran los omegas varones y más aún en las circunstancias.

Iba vestido casual, podía presumir que a sus treinta años vestía jeans como cualquier omega veinteañero, igual que camisas ajustadas. Todos usaban antifaz a su alrededor por lo que el anonimato permanecía.

Les habían dicho que dos podrían usar su boca y los demás variaban entre tres posiciones, una en la cual era de perrito apoyado sobre una especie de plancha donde el alfa que les cogiera tendría una vista del culo y muslos; solía ser la posición favorita de la mayoría dada la facilidad para coger y era aún más impersonal, sin embargo, no era lo que él quería.

Había un único lugar para un omega que no quisiera ser tocado en el cual simplemente la polla del alfa se introducía en un hueco y el omega del otro lado haría todo el trabajo cogiéndola; tampoco la quería.

La última con los dos puestos restantes era la más aterradora, en la cual la posición era más vulnerable, pero era lo que quería. Él recostado en una plancha afelpada, la mitad de su cintura hacia arriba estaría protegida por la madera de manera que él no podía ver nada y la otra mitad de su cuerpo estaba al aire y sus piernas serían sostenidas por arneses de cuero, abiertas de par en par mostrando su húmedo agujero a todos aquellos desconocidos.

No estaba avergonzado, estaba chorreando con anticipación, acalorado por la idea, incluso le habían ofrecido un par de medias mallas que llegarían un poco más arriba de sus muslos regordetes... y ellos lo verían, verían cuan húmedo estaba por ser jodido...

Una puta por polla, el correcto Louis Tomlinson, un exhibicionista.

Se desvistió en el pequeño cuarto detrás de la madera que sería su mayor antifaz. Se dejó la camisa, pues no sintió la necesidad de quitársela y luego quitó su ropa interior. Sus piernas se enfundaron en unas medias y entonces la puerta fue tocada un par de veces.

Un auxiliar le ayudó a ubicarse abriendo la compuerta superior de la madera donde en medio al cerrarse quedaba un agujero por donde pasaba su cintura. Se recostó en la cómoda colcha afelpada sintiendo cómo la piel de su cintura y cadera se erizaba. Entonces, la compuerta superior fue cerrada y él sólo podía mirar hacia la luz sobre él y la madera que no le permitía ver lo que ocurría del otro lado.

Sintió sus piernas ser separadas y abiertas. Era un poco incómodo, pero era lo suficientemente flexible para soportarle, era mejor que estuvieran sostenidas a que él tuviera que mantenerlas por sí mismo abiertas sin ningún apoyo.

Un soplo de aire helado golpeó sus glúteos, más específicamente en su entrada que sentía completamente mostrada al aire. Hubo un par de arneses rodeando sus tobillos y entonces, ahí estaba, tumbado sólo a espera de las pollas que entrarían en él y lo jodieran, le anudaran.

Tal como una puta, con sus piernas estiradas al límite en “v” con su culo al aire en el borde de una repisa listo para que un alfa tirara de él y lo jodiera. ¡Maldición! Él podía sentir el lubricante deslizarse por sus mejillas, como si estuviera en celo. Su polla estaba dura contra su abdomen, donde no la podía alcanzar para ayudarse a llegar, él espacio era muy reducido para que su mano pasara por allí y se pajeara con confianza, era un punto a favor de las omegas, un par de dedos en su clítoris y estarían satisfechas.

Suspiró. Sería bueno sólo debía esperar.

Llovía cuando Harry se bajó de su camioneta. Se ajustó la gabardina a su cuello y avanzó hacia la entrada del club. El ambiente estaba propicio para todo, podía quedarse allí y tener sexo igual con cualquiera de las personas que bailaba en medio de la pista, o irse al final del gran edificio donde estaba la habitación “hole” o sólo ir a mirar el cuarto “sado” donde había un desfile de escenas de doms con sus subs.

Illicit era para todos los gustos, para voyeurs, swingers, orgías, practicantes del BDSM; su mejor amigo Shawn lo había llamado “el paraíso para pervertidos”, pero Harry no lo veía así, para él Illicit, lejos de ser algo ilícito era una poesía a la libertad sexual, la gente iba a cumplir sus deseos y él era uno de esos.

Con la máscara cubriendo la mitad de su rostro, avanzó hacia el ascensor y presionó el piso nueve, donde estaba siendo citado, llegaba un poco tarde, pero no demasiado, tal vez unos quince minutos. Su polla había estado dura desde había estado poniéndose la ropa sólo con la idea de salir a jugar y él no podía esperar para liberarse, le gustaba la idea de tener a alguien allí, en aquella gloriosa habitación esperando para ser jodido, tosco, duro, como él quisiera.

Sería el amo de aquel omega y no necesitaba que este le viera para hacerlo.

En la entrada tras el vidrio estaba Jeremy, un beta regordete que le dio una sonrisa discreta y le recibió el dinero del ingreso y a su vez le desinfectó las manos y le tendió una tira de condones, justo de su talla.

Le recibió su gabardina colgándola en un perchero tras él.

—¿Están todos adentro? —preguntó.

El beta le asintió rápidamente.

Entonces, él en un gesto nervioso ajusto las mangas de su camisa de nuevo y entró por la puerta. Inmediatamente fue azotado por los aromas neutros a excitación de lo omegas y a su vez por el aroma a lubricante y sexo. Por supuesto que ya habían alfas jodiendo, algunos con su polla profundamente sumergida en el agujero en la pared fina de madera, otros follando muslos o vaginas, otros sólo miraban mientras se tocaban y por supuesto, estaban los indecisos que pasaban sus manos con curiosidad por las diversas pieles exhibidas.

La forma de pedir a un omega si podías joderlo era introduciendo uno o dos dedos en su húmeda cavidad, si empujaba contra ti, podías follarlo. Era una especie de timbre retorcido esperando que abrieran la puerta.

Se paseó por la amplia habitación decidiendo que primero quería un trago. Se aproximó a la barra de alcohol dispuesta sirviéndose un vaso de wisky. Con sus dedos apretando el vaso de vidrio entre sus manos y su polla dura apretada contra la suave tela de su bóxer, observó desde un rincón todo lo que tenía a su disposición.

Se fijó en primer lugar en un lindo coño pálido con un vello rojizo deslizándose hasta su abertura; había una polla oscura profanando aquella piel lechosa en ese instante. El alta tenía un aroma amargo que les incitaba a mantenerse alejados hasta que acabara, así que no era su primera opción de la noche.

Avanzo a un par de culos uno al lado del otro, uno de ellos con un tatuaje dibujado, la piel era ligeramente oscura, lucía tersa, el coño estaba cerrado o no podía verse por los enormes glúteos que tenía aquella omega. Curioso se acercó y acarició suavemente comprobando que la suavidad se sentía en sus dedos.

La omega empujó contra él, sin embargo, él no le había pedido. Sorbió un trago largo y continuó su exploración. Ignorando deliberadamente las mamadas, continuó su camino al más alejado de la entrada y entonces le vio.

Había una pequeña cintura saliendo del agujero, unas piernas pálidas y rellenas abiertas de par en par y cubiertas por aquellas sensuales medias hasta la mitad del muslo, se acercó un poco más observando que aquel pequeño cuerpo estaba siendo follado por un alfa cuya polla parecía ser larga, pero un poco delgada.

En sus oídos hicieron de repente eco los ruidos de la habitación que no había notado hasta ese instante, los gruñidos de los alfas, los gemidos y gritos de los omegas follados con rudeza, pero en particular los de aquel omega se escuchaban bajos, a penas dulces. El alfa pelinegro que lo follaba tiraba del culo con fuerza y lo penetraba desde una posición cómoda.

Harry se acercó cuando notó que no había ninguna amenaza si lo hacía y apreció mejor. El vientre pálido estaba mojado tenuemente por la mancha blanca que escurría de la polla sonrosada del omega. Su vientre no era tonificado, pero era lindo, todo era compensado por aquella preciosa cintura fina y luego, no podía omitir el culo de aquel omega, grande, rechoncho al punto de escaparse de seguro de sus manos.

El alfa ante él gruñó como bestia en celo y Harry observaba pasmado la forma en la que aquel agujero apretado parecía querer mantenerlo dentro.

Entonces todo se detuvo ante él, el aroma del semen espeso entró por sus fosas nasales mientras observaba aquella nívea piel manchada por el líquido blancuzco del semen. El omega estaba corriéndose profusamente, al punto que él pudo ver el suelo cubierto de terciopelo rojo las gotas de lubricante salpicadas directamente de aquel culo que era jalado una y otra vez contra aquella delgada verga.

Nunca había sido demasiado observador, él prefería tomar, devorar, dominar, pero sólo con ver aquella parte del cuerpo y sentir el aroma excitación y deseo de aquel omega, le estaba brotando presemen de su polla al punto de humedecer su bóxer.

Podía ver el abdomen del omega subir y bajar probablemente agitado, no parecía ser un orgasmo alucinante, pero si lo suficientemente fuerte. El alfa no lucía interesado en anudarle por lo que se retiró y le dejó allí. Quizá había podido sentir su aroma a deseo y posesión y le dejó aquel preciado obsequio. Harry no lo sabía, pero agradeció.

Maldijo tener que ponerse un condón, de otra manera le hubiera gustado observar la forma en la que su semen escurriría de aquel apretado agujero.

Dejó pasar unos segundos y entonces fue capaz de aproximarse a tocar. Primero sus manos fueron hacia aquella piernas cortas y rellenas cubiertas por las mayas negras que resaltaban el tono blancuzco de su piel.

Había un vello escaso y tenue adornándolas, resaltaba la masculinidad de un omega varón, el ligero contraste entre suavidad y tosquedad. Acarició sintiendo la piel temblar bajo sus dedos. Quizá el omega había podido sentir su aroma a café, así que tomó más confianza y bajó por la parte trasera de los muslos hasta su trasero.

La piel era tan suave como la había imaginado, así que cuando llegó al pliegue que separaba su culo de su pierna, raspó levemente con la uña la piel. Se inclinó de cerca observando los sonrosados testículos y la polla irguiéndose contra el vientre de aquel omega donde desordenadamente estaba desparramada aquella semilla.

Sintió el cuerpo tensarse bajo su tacto en el momento en que él bordeó aquel húmedo agujero que estaba expuesto allí únicamente para ser usado, para su placer. Los omegas que participaban en ese tipo de actos le fascinaban, sobre todo los que estaban en esa posición, porque demostraban sumisión y confianza legítima, sólo por el simple hecho de exponerse sólo así para ser jodido por un desconocido.

Movió sus dos dedos sobre el borde húmedo, provocando tenuemente, sintiendo la calidez de la piel y sobre todo anhelando y observando aquel capullo rosado queriendo atraerle. Sólo debía introducir un dedo y esperar si el omega lo aceptaba, pero quería torturarle un poco más.

Se inclinó aún más separando en esa oportunidad los dos glúteos para tener una mejor vista del pasadizo donde su polla se perdería y pegó su nariz a la mejilla derecha y aspiró. Odiaba no poder sentir el aroma del omega más que aquel que demostraba sus emociones, como la excitación y por supuesto, era todo lo que podía oler en aquel pequeño omega, la cruda y ardiente excitación.

Zarandeó su nariz sobre la piel y le escuchó gemir una súplica, pero él sólo podía escuchar la sangre corriendo fuertemente por sus oídos, estaba jodidamente encantado. No era usual, pero no lo soportó, pasó la lengua por el borde húmedo y lamió con gusto apenas lamidas con lengua dura y entonces tembló, bingo.

—Mira no más que hermoso capullo rosado tienes, ¿Te abrirías como una flor para mí, cariño? —murmuró con voz ronca contra aquel culo grande para esos instantes sostenidos ampliamente por sus manos, incluso desbordándose un poco de ellas y eso que él presumía tener manos grandes y fuertes—. Prometo taponar tu culo tan bien.

No era el método usual, la mayoría de veces los omegas no hablaban sólo gemían y no esperaba que este lo hiciera, así que efectuó su petición silenciosa dejando que su dedo se deslizara en todo un camino en el interior apretado del omega.

Lo acaban de follar ante sus ojos y él aún no comprendía como aquel agujero no se sentía aflojado, sino caliente y aterciopelado, sólo suavizado por el abundante lubricante que goteaba, dejó su dedo allí y esperó que se meciera.

Mientras lo hacía palpó su polla. No sabía por qué su alfa estaba alterado al punto de querer joderle sin condón, pues él casi nunca lo había hecho preocupado de un cachorro no deseado o una enfermedad dada su promiscuidad, por ello era tan estricto en sus exámenes periódicos, sin contar que la mayoría de clubes a los que asistía lo pedían.

Acarició su polla observando aquel agujero donde probaría la gloria después de un largo tiempo. Su dedo aprisionado entre aquella piel ligeramente arrugada y rosada y el lubricante escurriéndose alrededor, preparándose para tomarlo. Cuando el omega contoneó la cadera contra él en dos oportunidades en una afirmación, soltó el aire que no creía tener contenido y liberó su dedo bajando la corredera de su pantalón y liberando su polla gorda y testículos, sólo eso, para aprovechar y abusar del agujero de aquel omega dispuesto para él.

Louis gimió ante la pérdida del contacto en el momento en que aquel grueso y largo dedo se retiró de su interior. Su boca salivaba ante la idea de que aquel dedo fuera la preparación para lo que sería una gruesa y gorda polla.

El alfa anterior había sido bueno, había taladrado su próstata al punto de hacerle correr con fuerza, pero de alguna forma no era suficiente, era larga, pero no gorda, él las prefería gordas porque ardía el estiramiento y él lo disfrutaba.

Casi que fue un alivio que el dueño de aquellas caricias en sus piernas y glúteos le preguntara si podía joderlo. Él olía a café, sabía que era un varón porque las alfas féminas solían tener aromas mucho más sutiles y cítricos. Olía a dominancia, a poder, incluso a arrogancia, aquel alfa se burlaba de él, de su necesidad, pero al tiempo su toque se sentía como una veneración.

Estuvo a punto de correrse en el momento en que aquella lengua acarició su borde como recogiendo cada gota de humedad, sediento, sediento de él y para Louis no podía ser más excitante. Pegó sus manos a la madera de repente ansioso por verle, por aruñar su espalda, ver sus muecas... No sabía qué le ocurría no le había importado mucho antes, quizá era la cercanía de su celo y que estaba demasiado cachondo al estar ciegas.

Gimió pidiendo que su calor se aplacara, casi que queriendo suplicar por la polla del desconocido, cuando este no lo jodió justo después de retirar el dedo. Él necesitaba algo, así fuera su voz...

Su voz...

El desconocido había hablado claro y ronco contra su agujero y él casi se corrió solo con su voz y aún no le hablaba demasiado sucio, Louis no podía imaginarse si lo hacía, porque entonces los multiorgasmos estarían a la orden del día.

Le gustaba que usaran la voz de mando en él, que le usaran, ser un agujero que follar.

Levantó su camisa llevando por primera vez en mucho tiempo, llevó sus dedos a sus pezones y pellizcando con desesperación, buscando conjugar el toque que tenía aquel alfa sobre sus glúteos con sus pezones adoloridos.

Entonces la sintió, aquella polla gorda le acechó, el alfa desconocido le empapó con su aroma a café marcándole al tiempo que la cabeza gruesa de su verga se paseaba de arriba hacia abajo en su entrada. Sería una invasión violenta y por eso su agujero se humedeció aún más preparándose para recibirle.

Cuando aquella cabeza le perforó Louis gimió alto sintiendo el ligero ardor en su garganta, era grande, amplio, su respiración se aceleró un poco más y sus dedos pellizcaron con más rudeza sus pezones.

—Una puta por polla cariño —escuchó que dijo aquella voz que lo tenía idiotizado, quería responderle que por pollas así, lo era.

A pesar del condón podía sentir la textura del grueso falo, aún no entraba toda y ya él quería más, aunque quemara un poco.

—Si pudieras ver tu borde cariño —dijo el alfa en un gruñido—. Un hermoso capullo rojo abriéndose para mí.

Entonces tiró de sus caderas y le empaló por completo. Louis abrió la boca sin emitir ningún sonido sintiéndose anonadado y ahogado por la sola presencia de la polla en su interior, llevó sus manos a la madera ante él y apretó un pequeño manubrio que había allí para sostenerse mientras su cuerpo era mecido con fuerza contra aquella polla, duro, contundente, arrasador al punto que había lágrimas deslizándose por sus mejillas por algo completamente contrario al dolor.

Estaba brumado, cerró los ojos porque a pesar de tenerlos abiertos no podía ver nada más que el marrón claro de la madera ante él y lo blanco del resto de la habitación.

No reconocía los ruidos que salían de su boca, estaba siendo jodido tan duro que un alfa en celo estaría avergonzado por no joder de tal manera... bestial, repetitiva, podía escuchar el chapoteo de sus fluidos, el golpe de aquellos poderosos testículos contra sus glúteos.

Aquel alfa no se había esmerado siquiera en bajarse los pantalones jodiéndole completamente vestido, pues podía sentir la suavidad de la tela que chocaba contra sus glúteos y parte de sus muslos. Era aquella tela la que suavizaba el picor de los golpes y el salvajismo con que era jodido. En principio le preocupó no poder tocarse su polla, pero no le importaba ya, todo se reducía a su culo, a su agujero hambriento teniendo una jodida apropiada, siendo usado para el placer de alguien más.

Los dedos de sus pies se contorsionaron ante la idea, era una puta, un desecho, un agujero en que un alfa desconocido hundía su polla por placer. Quería en ese punto tener sus piernas libres para enroscarlas alrededor de esas poderosas caderas y no dejar que se apartara hasta que su nudo se hinchara en su interior aplacando el calor.

—¡Alfa! —exclamó con desespero cuando el primer orgasmo llegó y el alfa no se detuvo, dándole más.

Sentía que de él se escurría una cascada por su corrida, así como su vientre tibio por el semen. Pero no se detenía y ya él sollozaba, pero no olía a dolor, era el placer puro, primitivo, cruel, bestial.

Podía sentir incluso unas pequeñas garras maltratando la tierna piel de su cadera.

—¡Ah! ¡ah! —gemía en un esfuerzo por respirar, sintiendo que las cuatro angostas paredes a su alrededor se cerraban más.

Ya había estado en el subespacio antes, con mucho más que lo que estaba recibiendo, una polla, aroma a café y gruñidos, sin embargo, aquello lo tenía al borde y quería dejarse caer, pero no podía si aquel alfa no lo cuidaba.

—Un agujero hecho para mi placer, sólo el mío —gruño el alfa y Louis se olvidó que había muchas más personas en la habitación, había dejado de escuchar otros gemidos, golpeteos y gruñidos. Todo se había reducido a su agujero siendo jodido y a él.

Entonces sus caderas fueron liberadas y el alfa ahora se pegaba más sosteniendo en esa oportunidad sus piernas. Podía sentir sus medias rompiéndose y no podía importarle menos. El alfa gruñía y él lloraba porque estaba corriéndose por segunda vez.

—Estás chorreando —afirmó aquella voz siniestra de nuevo—. Todo por un desconocido cogiéndote, usándote. ¡Puta! —soltó en un gruñido y él asintió repetidamente, aunque el alfa no lo veía.

La saliva en ese punto escurría por sus labios y sus lágrimas estaban mezcladas con el sudor.

—¡Puta! —resonó de nuevo y Louis, gimió antes de morder sus labios y evitar decir algo más.

Se sentía drogado, estaba probablemente en un viaje más alto que cuando experimentó con cocaína sólo por el aroma a café, se sentía que estaba viviendo un celo con un alfa en la misma situación, sabía que sólo así un omega podía portarse como un drogado, pero él no tenía excusa.

Desesperado por el hormigueo que no paraba empezó a arañar la madera buscando algo, alguien a quien aferrarse mientras estaba perdido.

Cuando el alfa soltó un gruñido que probablemente alteró a los alfas en la habitación, Louis gimió de júbilo por última vez en un tercer orgasmo que liberó tanto lubricante que pensó que se quedaría seco, su polla permanecía gastada contra su vientre, apenas sacudiéndose por un orgasmo en seco.

No pensó en un cuarto orgasmo, pero sin dudas cuando el nudo se expandió con una estocada final, otro escalofrío le recorrió el cuerpo y gimió sintiendo la tibieza en su interior apenas perceptible por el látex. En ese punto se sentía perdido en medio de la nada, entonces sintió unas manos gentiles acariciando sus muslos extendidos que temblaban en el exterior.

Las manos callosas del alfa le reconfortaban un poco para lo que realmente quería hacer. Su respiración parecía incontrolable, como si no hubiera acabado. Se moría por ver su agujero estirado, liberando la corrida de aquel alfa, pero no podría, el condón no lo había permitido, pero tampoco lo hacían las políticas del cuarto del ”Glory Hole”

Un desconocido, de repente demasiado conocido le había dado la mejor jodida de su vida.

Sollozó lastimero cuando el nudo empezó a deshacerse empujando su cadera rehusándose a perder el contacto, pero haciéndolo finalmente, aunque el toque gentil del alfa no se fue.

—Sé que querías mi corrida, cariño —tarareo el alfa de repente calmado—. Quizá algún día rebose ese hermoso culo tuyo.

Entonces, una mano se posó en su vientre desnudo y el semen fue recogido sólo un poco, antes de que sintiera la contextura pegajosa en su culo.

Él le estaba penetrando con su propio semen. Y eso no debió ser tan caliente después de los orgasmos arrolladores que tuvo, pero igualmente su esfínter se apretó alrededor de los callosos dedos.

Entonces el contacto se fue y por más que empujó su trasero en búsqueda de más, sintió un beso suave en medio de sus muslos, justo donde él sabía que tenía una marca de nacimiento que sólo se verían si estaba desnudo.

Y la tibieza abandonó su cuerpo, el olor a café empezaba a disiparse quedando sólo en su piel. El alfa se había ido, o había pasado al siguiente agujero de la gloria y entonces, su mente quedó en blanco, aun procesando lo que había vivido.