I. DOGWISEí
—¿Cómo te atreves a decir algo así? —gritó su madre, indignada.
—Me atrevo porque estoy decidido, voy a hacerlo con o sin su permiso—respondió sin bajar la cabeza, mirándolos con determinación.
—¿Cómo te atreves a responderle a tu madre de esa manera? —su padre lo abofeteó con tanta fuerza que le rompió el labio, haciéndole escupir sangre.
—No me importa. Voy a casarme con ella, lo aprueben o no, porque la amo y solo eso me importa—dijo con firmeza, mirándolos con resentimiento.
—Te advierto que, si sales de esta casa, dejarás de ser nuestro hijo—su padre también lo desafió.
—Lamentablemente, no puedo decir que haya sido un placer—después de una última mirada de desprecio hacia sus padres, caminó hacia la puerta.
—Entiéndelo, nunca serán felices. Ese cuento de hadas que te has inventado no existe, Joseph, te lo advierto—escuchó el último grito de su madre antes de salir de casa para no volver jamás.
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—Estás deshonrando a tu familia—gritaba su padre, mientras ella permanecía sentada en una silla de la sala, soportando el torrente de regaños y sermones de sus padres.
—Lo amo—respondió simplemente.
—No puedo creer que digas eso cuando estás a punto de destruir a tu familia—ahora era su madre quien le gritaba.
—Voy a casarme con él, lo quieran o no—mirándolos fijamente a los ojos, mantenía su determinación.
—Escucha, HyunAe, él no te conviene. No puedes dejarte llevar por palabras o emociones momentáneas. Ustedes no se conocen bien, ni tú a él ni a su familia. Su procedencia, todo es malo para ti. Esos sentimientos no son puros—rogaba su madre, tratando de hacerla entrar en razón.
—Así me digas eso, no pienso cambiar de opinión. Ambos nos amamos y vamos a casarnos—se levantó de la silla, enfrentando por primera vez a sus padres.
—Si quieres que sea así, que así sea—su padre suspiró antes de seguir hablando—Lárgate de esta casa, no permitiré que una hija mía traiga desgracia a esta familia. Llévate tus cosas, no quiero tener nada que me recuerde que tengo una hija como tú. Y no te atrevas a volver cuando te des cuenta de la verdad. Solo espero que no sea tarde para que abras los ojos—dio media vuelta y se alejó por el corredor.
—Lo siento, HyunAe, pero, aunque me duela, tu padre tiene razón—al igual que su padre, su madre desapareció por el mismo corredor, dejándola sola en aquella oscura sala.
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— ¿Para ti es importante casarnos en una iglesia con una gran ceremonia? — le preguntaba mientras esperaban sentados un autobús que los llevaría a un lugar donde pudieran vivir en paz.
—Claro que no. No importa siquiera si no tenemos dinero, siempre que estemos juntos no importa más—respondió ella, abrazando su brazo.
—Entonces vámonos y casémonos, aunque sea en una pequeña capilla. Vivamos lejos, donde nadie nos juzgue—él la acercó a su cuerpo, abrazándola.
—Por supuesto, me aseguraré de cuidarte siempre—dijo ella cerrando los ojos y apoyando su cabeza en su hombro.
—Eso debería decirlo yo. Voy a trabajar como buen esposo todo el día, y por la noche llegaré a casa para que cuides de mí. ¿Debería poner en práctica mis conocimientos sobre autos? —dijo mientras el autobús se acercaba a la parada.
— ¿Tienes conocimientos sobre mecánica? —le preguntó, algo sorprendida, mientras el autobús se detenía frente a ellos.
—No, pero sé conducir. ¿Qué tan difícil puede ser aprender el resto? —se dieron un beso tierno antes de levantarse, recogieron sus pocas cosas, y subieron al autobús rumbo a su lugar soñado.
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—Cuatro meses después—
—Llegué a casa— anunció en voz alta, abriendo la puerta de su hogar. Era una vivienda pequeña, pero suficiente para ambos. Había oscurecido tras el trabajo, y me había puesto ansioso por llegar a casa.
—¡Bienvenido! Ven, siéntate. La cena está casi lista, además te tengo una noticia— lo recibió su esposa con una gran sonrisa en la puerta, invitándolo a sentarse a su pequeño comedor de dos puestos.
— ¿Qué es? Cuéntame, quiero saber— preguntó emocionado, al ver la felicidad que irradiaba su esposa.
—Verás... estoy embarazada. ¡Vamos a ser padres! — ella lo soltó sin titubeos, entusiasmada por compartir la noticia.
— ¡No puedo creerlo, voy a ser papá! — Exclamó, abrazando a su esposa y levantándola del suelo con alegría. — ¿Cuánto tiempo falta? — No podía contener su felicidad.
—En seis meses, tengo tres meses— le respondió ella, mientras se besaban con ternura, anticipando el momento tan esperado.
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-Seis meses después-
—Son trillizos— anunció el doctor tras finalizar la larga hora del parto, mientras los recién nacidos eran limpiados y preparados para que sus padres pudieran verlos por primera vez.
— ¡Vaya!, esto es un gran comienzo para ser padres— dijo a su esposa, sosteniendo su mano mientras ella descansaba después del parto.
—Son tres niños— los pequeños fueron entregados a los brazos de la madre y el padre, quienes se miraron con asombro y alegría.
—Son la cosita más hermosa de este mundo— la madre los miraba con total encanto— ¿Ya pensaste en los nombres? — preguntó a su esposo.
—Sí— respondió, observando detenidamente a cada uno de sus hijos antes de empezar a nombrarlos. —Tú, que eres el mayor, te llamarás HyunJin. Serás el encargado de proteger a tus hermanitos, por lo que debes ser fuerte y valiente— hablaba al bebé en el brazo derecho de su esposa, un niño de piel clara y facciones delicadas, ahora dormido. —Tú, el del medio, te llamarás Félix. Serás el encargado de mantener unidos a tus hermanos, también deberás cuidar de tu hermanito por lo que debes ser muy inteligente y astuto— decía al bebé en el brazo izquierdo de su esposa, un niño de piel suave y facciones encantadoras que mamaba del pecho de su madre. —Finalmente, tú, mi niño menor, te llamarás JeongIn. Serás el consentido de la familia y siempre estarás protegido por tus hermanos. Además, serás el que cuide de que tus hermanos mayores se comporten y tengan modales— hablaba al bebé que sostenía en sus brazos siendo el más pequeño de todos, quien parecía sonreír levemente como si entendiera sus palabras.
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—Un año después—
Sus hijos ya tenían más de un año de edad, y HyunJin ya se paraba con facilidad, mientras sus dos hermanos menores seguían aprendiendo, eso sí, explorando la casa con curiosidad gateando de un lado a otro. Su madre preparaba el almuerzo, mientras su padre se aseguraba de que no se metieran en problemas. Fue entonces cuando sonó el timbre de la puerta.
Joseph fue a abrir, sin quitar la vista de sus hijos, y se encontró con dos hombres con trajes elegantes y un aspecto profesional. — ¿Es usted Joseph Brand? — preguntó el hombre más cercano a la puerta, quien parecía haber tocado el timbre.
—Sí, soy yo. ¿Quiénes son ustedes? — respondió, sintiéndose algo amenazado por la presencia inesperada de esos hombres.
—Mi nombre es Lars Drmic, y él es Stefan Bender. Somos los abogados de sus padres— respondió el hombre, confirmando sus sospechas. Joseph no había tenido noticias de ellos en casi dos años, desde el día en que se fue de casa.
— ¿Qué quieren? — preguntó con cierta hostilidad, preparándose para lo peor.
—Venimos a darle un par de noticias— Lars sacó un sobre de su maletín y se lo entregó—. Sus padres murieron hace un par de días, y como usted es el primer heredero, venimos a entregarle todas las pertenencias, que ahora son suyas— Joseph abrió el sobre, encontrando documentos que confirmaban que era el nuevo propietario de todas las propiedades y bienes de sus padres.
—Joseph, ¿qué pasa? — preguntó su esposa, saliendo de la cocina y viendo a sus hijos jugar juntos con algunos juguetes.
—Creo que somos ricos— dijo con incertidumbre, mostrando el sobre a su esposa, quien se sorprendió al verlo. Ambos no sabían del todo lo que significaba, pero desde ese momento, su vida cambiaría drásticamente.
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—Esta es su casa— dijo el mayordomo a cargo de la gran mansión. A diferencia de hace unos años, el mayordomo ahora era un hombre joven que había comenzado a trabajar en la casa cuando Joseph se fue. Se presentó con el nombre de Thiago Rode.
—Ya había olvidado cómo era esta casa— comentó Joseph, recorriendo con la mirada el esplendor del lugar. Mientras cargaba a sus dos hijos mayores y su esposa sostenía al más pequeño, recordó lo rica que era su familia. Sus padres eran millonarios y, ahora, él heredaba esa riqueza.
—Entonces espero que no haya olvidado lo que aprendió de sus padres, porque ahora usted será el encargado de dirigir la empresa— dijo Thiago, observando a Joseph con seriedad. Esa noticia lo tomó por sorpresa. Recordaba muy poco sobre dirigir una empresa, y aunque esa era la carrera que había estudiado antes de irse, su camino había tomado otro rumbo.
— ¿Yo? ¿Dirigir la empresa? — preguntó incrédulo, dudando de sus capacidades para asumir una responsabilidad tan grande.
—Así es. Deberá hacerse cargo de ella, asistir a reuniones, eventos y todo lo que se requiera, tal como hacían sus padres— le explicó el mayordomo. Joseph se sintió abrumado por la idea. No sabía exactamente qué hacía su familia para mantener su riqueza, pero intuía que sería un desafío que no podía eludir.
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— ¿Qué clase de fiesta es esta? — preguntaba, entrando a un amplio salón repleto de empresarios y personas influyentes.
—Es una fiesta de presentación. Ahora todos deben conocer quién será el nuevo representante de una empresa tan prestigiosa como la de sus padres— respondió Thiago, su mayordomo, desde atrás.
— ¿Qué se supone que debo hacer? — preguntó, sintiéndose desorientado al ver a tantas personas que lo observaban con sonrisas fingidas y miradas llenas de hipocresía. Detrás de sus gestos de bienvenida, había una atmósfera de desconfianza y repulsión.
—Relacionarse con ellos— dijo el mayordomo sin más explicaciones.
— ¿Relacionarme? — se le notaba incómodo mientras observaba a la multitud, pareciéndole que cada cara amistosa ocultaba intenciones menos amables.
—Así es— repitió Thiago. Joseph tomó aire y se armó de valor, dando unos pasos hacia el centro del salón, donde todo el mundo parecía esperarle con una falsa cordialidad.
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— ¿Puedo tomar esto con alcohol? ¿No me hará daño? — preguntó, mirando las extrañas “medicinas” que le habían ofrecido.
—Seguro, son calmantes para sus nervios y que pueda desinhibirse más— le respondió uno de sus compañeros con una sonrisa.
Aunque todavía estaba un poco desconfiado, decidió tragar las pastillas, esperando que no fuera una decisión de la que luego se arrepentiría.
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Subió con dificultad a su cuarto después de la fiesta de “presentación”, intentando mantener el equilibrio mientras tambaleaba por el pasillo. Una vez en el cuarto, se dejó caer sobre la cama sin siquiera quitarse la ropa, despertando a su esposa.
—Joseph, ¿qué te sucedió? — preguntó ella, preocupada al ver su estado.
—No pasa nada, solo unos tragos— respondió entre risas, mientras el sueño comenzaba a ganarle la batalla.
—Solo piensa en tus hijos antes de dejarte llevar por ese mundo— le aconsejó ella, optando por no insistir más y permitiendo que descansara esa noche.
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—Ella es la socia principal de su empresa— dijo Thiago mientras le presentaba a una mujer de aspecto escultural y belleza llamativa. Era increíblemente joven para alguien que representaba la mitad de las acciones de una empresa tan importante.
—Mucho gusto, soy Madame Scarlett Weiser, pero puede llamarme Scarlett— le tendió la mano, esperando un saludo de lo más cortés.
—Es un gusto conocerla también, Scarlett— respondió Joseph, sin saber exactamente cómo actuar. Scarlett asintió con una sonrisa y le guiñó un ojo antes de caminar hacia su oficina.
—Ella es una mujer muy influyente para esta empresa— comentó Thiago en voz baja. —Espero que sepa cómo manejarse con ella— agregó, dejando a Joseph cada vez más convencido de que algo no estaba bien.
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—Espero que no te dejes influenciar por esa clase de personas. No confío en ese mundo— dijo su esposa mientras lo veía jugar con sus hijos.
—Lo sé, no te preocupes. Nada va a cambiarme, confía en mí— le respondió con una sonrisa, pero en el fondo sabía que lo que acababa de decir no era del todo cierto. Continuó jugando con sus hijos, tratando de mantener esa promesa, aunque un nudo en su estómago le decía que las cosas podrían no ser tan simples.
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—Dos meses después—
— ¡Dios! Madame Scarlett— gemía mientras penetraba salvajemente a su socia, sobre el escritorio de su oficina.
— ¡Oh Joseph! Pero qué bueno es en esto— exclamaba la mujer disfrutando del placer que el hombre entre sus piernas le provocaba.
—Señor, acaba de llegarle una invitación del señor Maxim, es para una reunión mañana en la noche— abrió la puerta Thiago sin importarle presenciar la escena que ocurría en el momento.
— ¿Dónde es? — preguntó sin detenerse del acto que hacía.
—En el club privado— añadió su mayordomo ignorando los gemidos de ambos.
—Perfecto, puedes confirmar mi asistencia— asintiendo, Thiago salió de la oficina dejándolos solos nuevamente.
— ¿Y tu esposa e hijos? — preguntaba la mujer desvergonzadamente en el instante.
—Que se vayan al diablo— riendo ambos siguieron en su asunto.
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—¿Joseph, mañana es el segundo cumpleaños de tus hijos y dices que no puedes asistir? ¿Qué clase de padre eres ahora? — Su esposa lo cuestionaba mientras lo seguía por toda la casa.
—Tengo una reunión de negocios importante— respondió mientras bajaba al primer piso y se ajustaba el traje.
—¿Cómo puede ser más importante una reunión que el cumpleaños de tus hijos? No entiendo cómo te volviste así— dijo mientras miraba con pena a sus hijos que jugaban en la sala.
—Simplemente era más que necesario que me volviera así— Joseph se detuvo frente a un espejo para afinar su apariencia.
—Sabía que esto te cambiaría. El dinero te volvió loco, te has vuelto igual que tus padres. ¿Qué clase de excusa inventarás para no asistir a la reunión familiar de hoy? — su esposa lo encaraba, parada detrás de él.
—¡No te metas en mis asuntos! — Joseph se giró rápidamente y, por primera vez, golpeó a su esposa. El puñetazo en la cara la tiró al suelo. —Escúchame, jamás seré como mis padres. No te atrevas a decir eso otra vez. Tú solo encárgate de mantener la boca cerrada y eso será suficiente— le dijo mientras la pateaba varias veces antes de regresar al espejo.
—¡Mami! — gritó su hijo mayor mientras caminaba con dificultad hacia su madre, seguido por sus dos hermanos. Al verla llorando en el suelo, los tres intentaron consolarla.
—No sé qué tipo de educación vas a darles ni cómo planeas respetarlos. Me arrepiento de haber confiado en ti y de haberte seguido a este lugar. Debí escuchar a mi padre aquella vez— dijo su esposa mientras se levantaba con dificultad y protegía a sus hijos detrás de ella.
—Voy a enseñarles a ser hombres como yo— Joseph dijo mientras miraba a sus hijos con dureza. —Les enseñaré el lugar que cada quien merece, en especial cual es el de las mujeres. Ustedes no están por encima de nosotros; solo sirven para darnos placer y para servirnos—. Se acercó de nuevo a su esposa y la golpeó de nuevo. —Espero que te quede claro— dijo mientras la pateaba nuevamente y luego se alejaba hacia otra habitación.
Sin pensarlo más, su esposa se levantó y, cargando a su hijo menor en brazos y mientras sostenía a Félix de la mano, corrió hacia la puerta principal. El mayor, sin entender mucho, la siguió. Abrió la puerta y salió corriendo para escapar, pero fue detenida por Joseph, quien la empujó, arrojándola al suelo sin importarle que el niño también cayera. HyunJin intentó huir mientras Félix quedó sentado llorando. Joseph tomó a los dos mayores y los llevó de vuelta a la casa, lanzándolos al sofá sin notar cuando su esposa en un último acto, tomo al menor de todos y salió corriendo de allí desapareciendo de su vista.
–Ya que su madre y hermano se están portando mal, ustedes serán los responsables de sus actos— agachándose para mirarlos de frente —Voy a educarlos de la mejor forma, voy a enseñarles a ser como yo, les enseñaré el mejor mundo, ustedes serán mi promesa para el futuro— sonriendo con maldad a sus hijos que asustados lloraban sin parar —Pero obviamente van a sufrir por culpa de aquella bastarda y el engendro menor— poniéndose de pie nuevamente vio por última vez a sus hijos como sus “hijos”, ya nunca significarían más que eso para él, al menos no como familia, ahora solo eran un negocio para su futuro, una mascota.