Parte 1 (Koala)
Una nueva misión había sido asignada al ejército revolucionario. Un pequeño país al sudoeste del north blue estaba siendo asediado por el control impositivo no sólo de la marina sino que cierto tenryubito estaba empecinado con hacerles la vida imposible.
La nación se componía de 5 islas en total, pero solo dos de ellas reunían a la mayoría de su población, quienes se sustentaban de la exportación de un grano fino y exquisito para las bebidas, de similar apariencia al café, más con un leve sabor a vainilla y aromático, similar a la menta.
Dicho cultivo crecía en dos de las subsiguientes islas sin personas, y solo la última isla permanecía deshabitada, ya producto de la desertificación y erosión que la explotación desmedida, sustentada por ese dragón celestial, había provocado, y cuya existencia, era la razón por la cual el ejército revolucionario estaría allí: debían hacer a un lado a ese capricho antes de que el país se quedara sin recursos.
No obstante, luego de su intervención y una cruenta batalla, la marina fue exiliada de aquel territorio, y el tenryubito obligado a regresar a Mariejoise con la vergüenza sobre sus hombros, algunos testimonios parecen indicar que aquel hombre todavía no ha regresado...
Koala leía una y otra vez el reporte con cierta frustración, llevaba más de una hora con solo esos tres párrafos a medias sin poder concentrarse siquiera, estaba verdaderamente enojada, o si al caso, algo perturbada.
Este reporte había sido impuesta a ella y a su rubio compañero, pero como era de esperarse, el chico prefería meterse en problemas antes que reportar lo que había hecho y se habría escabullido por ahí para no hacer su deber. Aunque por lo general esta sería razón suficiente para hacerla refunfuñar y buscarlo por cielo y tierra para que no huyera de su labor, hoy estaba tan de malas que no tenía ni ánimos de perseguirlo, pero no por esto, sino porque en realidad, y desde que el chico había recuperado sus recuerdos, enero se había vuelto un mes en el que ella era casi un cero a la izquierda para él, o al menos, así lograba sentirse hasta ahora.
Desde que comenzó el mes, desde que fue el cumpleaños de ese tal Ace, Sabo parecía ensimismarse profundamente en su cabeza, no ponía atención a las reuniones e incluso, se había vuelto más impulsivo que de costumbre. Y aún con todo esto, y a pesar de los regaños que ella le propinaba, no parecía haber mejora, lo que la limitaba a buscar excusarlo con el ejército, lo último que quería era que su posición peligrase, pero ya comenzaba a cansarse de todo esto.
Quizás si él no hubiera comenzado a dejarla plantada en estos últimos días en las pequeñas citas clandestinas que de vez en cuando hacían, no estaría tan frustrada en este momento. “Ya me siento más como su madre y no como su novia” se quejaba con amargura la joven mientras veía una pequeña anotación en el calendario de su libreta: mañana cumplirían 6 meses de relación.
Sabo no parecía ni tener luces de esa fecha, es más, si lo recordaba, parecía que ni le importara, pensamiento que hacia estremecer en tristeza a la chica. No era necesario ser una pareja melosa, sobre todo, porque nunca había sido una relación pública como tal, pero para Koala, ser capaz de llevar ya medio año con alguien a quien quería tanto era un logro inmenso, estaba tratando de superar ese miedo a involucrarse de más con alguien, de confiar y atreverse a no volver a ser lastimada, y ahora solo parecía cada vez más confirmarse todas las dudas que tenía desde antes.
Soltó un último suspiro e hizo a un lado las hojas sobre la mesita de noche donde trabajaba en el barco andante “tendré que pedirle a Hak que me ayude con esto, ya no tengo cabeza para pensar ahora” se dijo a sí misma antes de querer disponerse a tratar de dormir. De repente, antes de que pudiera cubrirse con las cobijas, un impacto sacudió el barco; todos los presentes se pusieron en alerta de inmediato, y para empeorar las cosas, el clima también comenzaba a volverse hostil.
Ni corta ni perezosa, fue de las primeras en llegar a cubierta para evaluar la situación. El barco del tenryubito, o lo que quedaba de él, se disponía a atacarlos en las fronteras del país. Podía oír los delirios típicos de un hombre derrotado y aferrado, murmurando algo como “ahora soy un desterrado” entre sus incoherencias, pero nada más.
Confiados al ver solo a un enemigo, el ejército revolucionario contraatacó con varios cañonazos hasta hundir el barco. Sin embargo, otro problema se avecinaba: la tormenta se había intensificado y el impacto del ataque previo había dañado el timón, haciendo casi imposibles las maniobras para salir de allí.
Todos tomaron una posición específica para tratar de salvaguardarse del peligro, y Koala iría de inmediato a tratar de manejar las velas. Junto con ella, el rubio desaparecido se acercaría para ayudarla, haciendo un equipo digno de admirar, demostrativo de lo bien que se llevaban, o así sería ante los ojos de los demás.
En medio de todo esto, otra vez se sentiría un segundo impacto, y si, sería nuevamente obra del tenryubito quien, terco como nadie más, habría logrado hacerse con los vestigios de un cañón del barco y como pudo, logró activarlo una última vez.
— Ese tipo ya está siendo demasiado molesto - un enojado Sabo se expresó, lanzándose contra el hombre en aras de poner un punto final a la situación -.
— ¡Espera! ¿Qué estás haciendo? - gritaron los demás al unísono sin éxito alguno para detenerlo. Solo fue Koala quien con una expresión de completa furia, se empecinó a ir tras de él -.
— Es hora de que te des por vencido, ex dragón celestial - habló el rubio al encontrarse frente a frente con el malherido enemigo, con cierta burla en su voz - no dejaré que los lastimes más - con ayuda del fuego circundante de lo que quedaba del barco, y con su arma, iba acorralando al hombre cada vez más -.
— Maldito imbécil - una vez tocó la madera contra su espalda, el tipo sabía que no tenía a donde más huir - pero no pienso irme así sin más ¡Te irás conmigo al infierno! - y sacando un arma de su abrigo, disparó tres veces a quema ropa -.
Sabo no esperaba ese último movimiento, otro descuido de su parte. Lo más seguro es que hubiera resultado gravemente herido de no ser porque quien si se percató de la intención del hombre fue Koala, que resultaría atravesándose en medio de la balacera, recibiendo los impactos por él, cayendo al suelo por el dolor, para ser socorrida por el joven.
La inestabilidad de la madera mojada, junto con el abrasador calor del fuego terminó por vencer al escaso trozo de barco en el que se paraban, haciendo que los 3 involucrados cayeran al agua ya tumultuosa. Lo último que vería Koala, antes de caer desmayada, sería a Sabo nadando desesperadamente hacia ella.