Luna de Sangre
No sabía el cómo llego a esto, solo sabía que tenía que correr, correr para salvar su vida. Mientras corría por su mente pasaban fragmentos de sus recuerdos y se preguntaba: ¡¿Cómo demonios paso de ser un chico normal a estar huyendo de su propio hermano?!
Recordaba como era su hermano antes de que esto ocurriera, era irónico que ahora estuviera huyendo de él, del mismo que lo protegía, del mismo que lo ayudaba, huyendo como el animal herido que era, se sentía como un lobo marginado, huyendo de su propia manada, la misma que antes le brindaba cobijo, ahora intentaba matarlo.
No sabía ni en donde se encontraba, veía pasar los árboles en medio de la oscuridad iluminados por la tenue luz de la luna, la cual poseía un tono rojizo, tan rojo como la misma sangre; al mismo tiempo que corría como si su vida dependiera de ello, y resultaba que así era. Supuso que se encontraba en el claro de un bosque pero poco le importaba, solo quería averiguar cómo demonios pasó esto.
Debió seguir las advertencias, debió obedecer, pero solo pensó que eran palabras vacías, nunca pensó que la leyenda de “La luna de sangre” fuera real y mucho menos imagino que le afectaría a su propio hermano. Recordaba vagamente las palabras de aquel anciano:
"-La leyenda es cierta no te lo tomes a la ligera; la luna de sangre hace que las personas enloquezcan, se transforman en seres indómitos y salvajes, atacan todo que se meta en su camino sin importar si es un ser humano o no, se convierten en bestias despiadadas-“.
¡¡Maldita sea!!, se gritaba a si mismo mientras se culpaba por ser tan ignorante y no haber prestado atención a esas advertencias.
Siguió corriendo, diciéndose a si mismo que se merecía esto por ser tan ingenuo. Por su culpa sus padres habían muerto a manos de su hermano, y, por más que lo intentara, no lograba sacarse ese recuerdo de la cabeza. Lo recordaba todo a la perfección: a su padre intentando reducir a su hermano con un revolver mientras este le rebanaba el cuello, a su madre diciéndole que huyera al mismo tiempo que su hermano tomaba el arma de su padre y le disparaba en la cabeza, el cómo se quedó petrificado mientras veía como sus padres eran asesinados frente a sus ojos para luego reaccionar y empezar a correr a la vez que su rostro era bañado en lágrimas.
Se sentía impotente, no pudo hacer nada para evitarlo, así como no iba a poder evitar lo que le estaba por suceder.
Sabía que no podía correr para siempre, ya no sentía las piernas y el pecho le ardía como mil infiernos. Sin poder aguantar más callo de rodillas, oía a su hermano acercarse, sonrió de manera tétrica, sabía que su fin se acercaba pero no le importaba morir a manos de su hermano, al menos lo vería por última vez. No pudo evitar viajar a los recuerdos en los que aparecía su hermano. Lo recordaba todo como si hubiera sucedido hace milenios y ahora estuviera luchando por recuperar dichos recuerdos: su cabello negro, igual al suyo, que se le pegaba al rostro cuando sudaba, sus ojos azules, esos que eran tan diferentes a los suyos de color verde, el como siempre le hacia reír sin importar la situación...
Sin poder evitarlo sus ojos se llenaron de lágrimas, las cuales empezaron a resbalar por sus mejillas. Sin previo aviso sintió como algo afilado le atravesaba el pecho, justo en el corazón; bajo la vista y vio como era atravesado por un cuchillo a la vez que su camisa se teñía de rojo; giro su cabeza lo justo para poder ver a su hermano y no supo si era el cuchillo que lo atravesaba o la tristeza que lo embargaba, pero sintió un dolor insoportable en el pecho al ver a su hermano, ese chico tan alegre y puro, que por alguna razón él ya no lograba siquiera encontrar un parecido con el chico que vivía en sus recuerdos, no, desgraciadamente ese chico ya no existía.
En ese instante comprendió que su hermano había muerto en el instante en que la luna de sangre lo afecto, lo entendió en el momento que lo vio a los ojos, sus ojos ya no mostraban emoción alguna, sus ropas rasgadas estaban manchadas de sangre, en su mayoría de sus padres, parecía mas animal que humano, y ahí fue cuando entendió lo que la luna de sangre era capaz de hacerle a las personas.
Alzo su vista para poder ver el firmamento, al mismo tiempo que la luna, la cual tenía el mismo color de la sangre que emanaba de su pecho; sentía su cuerpo pesado, sus parpados empezaron a cerrarse, con dificultad logro evocar la imagen de su hermano, sonrió recordando su risa y el como era antes. Con una sonrisa aun plasmada en su rostro y ya sin poder aguantar, se dejó caer en brazos de morfeo mientras su mente era llenada por sus recuerdos más preciados, dejándose envolver por la bruma de un sueño del que sabía, jamás despertaría...
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