Prefacio: Saturn’s Embrace

Saturno, aquel planeta majestuoso con sus anillos helados y sus ciento cuarenta y seis lunas, no solo es el sexto planeta en nuestro sistema solar, sino un enigma cósmico que gira en un silencio profundo. En el ámbito astronómico, es un gigante lejano, pero su significado trasciende las fronteras del espacio. En la vida terrenal, Saturno simboliza una lucha constante, un ciclo que nos invita a despertar del sueño en el que hemos estado inmersos desde tiempos inmemoriales. Nos desafía a plantar nuestros pies firmemente en la tierra, a enfrentar los obstáculos con una determinación que solo la responsabilidad puede otorgar.
Pero, ¿por qué Saturno resuena tan profundamente en mi ser?
Desde que tengo memoria, he sentido una conexión inexplicable con el universo y sus misterios. La astrología y la astronomía han sido faros que iluminan mis dudas más oscuras. Yo, Weiss Schnee, llegué al mundo con una marca singular: el albinismo. Para algunos, esto puede ser una belleza única, pero para muchos otros, crea una brecha entre el ideal y lo real, entre lo que es “especial” y el estándar de belleza que el mundo busca.
En la fría majestuosidad de Saturno, encuentro un reflejo de mi propia lucha. Sus anillos, distantes y enigmáticos, representan mi sensación de soledad y el anhelo por una señal que me guíe hacia una comprensión más profunda. Su ciclo de veintinueve años se convierte en un espejo de mis pruebas y revelaciones, recordándome que la verdad y la belleza no se encuentran fácilmente en lo visible.
A veces, me pierdo en el deseo de explorar las constelaciones, de descubrir sus secretos y significados. Así como Saturno tiene a Júpiter como compañero, yo anhelo encontrar a ese ser especial que esté a mi lado, con quien pueda compartir la maravilla de las estrellas y los cometas, y juntos, desafiar la eternidad.
Estaré mejor en Saturno, Ruby…
