Rencar Futbol: Sora

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Summary

un chico con el sueño de ser futbolista, se suicida por no poder cumplir su sueño y renace en un mundo distinto donde todo le aburre, hasta que se da cuenta que en este mundo no existe el fútbol y en ese mismo instante se le ocurre la idea de ¨crear¨ el fútbol en el nuevo mundo.

Genre
Fantasy/Other
Author
Mas2ka
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 Mi sueño... ¿Lo perdi?

Un eco de sirenas inunda mis oídos, pero todo lo que veo es negro.

Aunque estoy aquí, atrapado en este vacío, sé perfectamente cómo comenzó todo. Lo hice por una razón obvia: perdí mi sueño.

Mi sueño era ser un jugador de fútbol reconocido, un nombre que inspirara a otros como lo hacían mis ídolos. Entrené incansablemente durante años. Regate, resistencia, control del balón: perfeccioné cada aspecto de mi juego. Sin embargo, cuando finalmente me presenté a una prueba en un club de fútbol, ​​fui rechazado.

—“Lo siento, pero te falta físico para este nivel”.

No podía creerlo. Todo ese esfuerzo, toda mi dedicación, ¿para qué? Pero no me rindo. Seguí entrenando con más ahínco. Un mes después, lograré ingresar a otro club. Recuerdo que estaba tan feliz que, en mi primer día, marqué cuatro goles en el partido de entrenamiento.

Cuando llegué a casa con esa emoción desbordante, corrí a contarles a mis padres. Pero sus respuestas fueron frías: —“No puedo ahora”. —“No molestes, estoy ocupado”.

Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier rechazo. Me encerré en mi habitación, me tumbé en la cama y dejé que las dudas invadieron mi mente hasta que el sueño me venció.


La alarma sonó a las 5:00 am, rompiendo el silencio de mi cuarto. Me levanté lentamente, con la cabeza pesada y las piernas débiles. Me puse un buzo y un pantalón cómodo antes de salir a correr.

El aire fresco del amanecer acompañaba mis pasos por el vecindario. Llegué a un río cercano cuando mi teléfono vibró con un mensaje. Lo revisé con curiosidad.

“El domingo tendrás un partido”.

Mis ojos brillaron mientras sonreía ampliamente. —¡Por fin! ¡Un partido! No puedo esperar a que llegue el día.

Guardé el teléfono y miré el río. En ese momento, todo me parecía perfecto.

—“La felicidad hace que todo sea hermoso”.


El día esperado llegó. Era mi primer partido oficial con el equipo. Me puse mi uniforme con emoción y me dirigí al club, listo para darlo todo.

Al llegar, el entrenador nos ordenó un calentamiento previo. Destacaba en cada ejercicio, desde los tiros hasta el control del balón. Mientras observaba a mis compañeros, noté que algunos no se esforzaban, pero aún así recibían elogios del entrenador.

Finalmente, el equipo salió al campo. Me preparé para unirme, mi corazón latiendo con fuerza. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de entrar, sentí una mano en mi hombro.

—“Tú estarás en el banco de suplentes”.

Sus palabras me golpearon como un balde de agua fría. Mi sonrisa se desvaneció, y el mundo pareció regresarse. Caminé hacia el banco con la cabeza gacha.

—“Tal vez me dejen entrar en el segundo tiempo”, pensé, aferrándome a una esperanza que apenas se sostenía.


El partido comenzó, pero mis pensamientos fueron interrumpidos por una conversación a mi lado.

—“¿Viste al chico rubio del equipo?” —“Sí, ¿qué tiene?” —“Dicen que su familia pagó al entrenador para que jugara. Ni siquiera sabe patear un balón”.

Las palabras me dejaron paralizado. ¿Todo mi esfuerzo había sido en vano?

El partido terminó en derrota. Regresé a casa con un vacío en el pecho. Intenté contarle a mi madre lo ocurrido, pero me interrumpió con frialdad.

—“¿No te cansas de robarme el tiempo? Tus problemas no me importan. ¡Lárgate y no molestes!”

Su indiferencia rompió algo dentro de mí. Subí a mi habitación en silencio, me tiré en la cama y déjé que las lágrimas fluyan hasta quedarme dormido.


De nuevo, la alarma sonó a las 5:00 am. Me levanté sin energía, sintiéndome más perdido que nunca. Me vestí y salí a correr como cada mañana, aunque esta vez, el cielo oscuro reflejaba mi estado de ánimo.

Al llegar a un semáforo, me detuve. Una idea absurda cruzó mi mente mientras veía un camión acercarse a toda velocidad.

—“¿Esta es mi oportunidad?”

El dolor de haber perdido mi sueño, mi meta, me consumía. Cerré los ojos y di un paso hacia adelante.


Todo se volvió negro. El sonido de sirenas y voces se desvaneció hasta que no quedó nada.

Cuando desperté, me encontré en un lugar extraño, frente a una mujer de cabello negro y un hombre rubio. Parecía una cabaña.

—“¿Dónde estoy? ¿Quiénes son estas personas?” Pensé, confundido.

La mujer, de belleza cautivadora, sonriendo cálidamente. —“Es tan lindo nuestro hijo, ¿no crees, Arnold?”

El hombre rubio se asoma con una gran sonrisa. —“Por supuesto. Pero necesitamos darle un nombre.”

Mi mente se llenó de preguntas. —“¿Hijo? ¿Renací en otro mundo?”

La mujer avanzaba mientras reía. —“Ya tengo un nombre en mente, lo llamaremos Ya—”

—“¡¡¡NOOOOO!!!”

Una niña pequeña irrumpió en la conversación, corriendo hacia nosotros. Era una niña de unos cinco años, con cabello rubio y una sonrisa tierna.

—“Yo elegiré el nombre.”

La mujer suspir y se puso nerviosa. —“¿Estás segura, Alice?”

La niña se sentía emocionada y yo miraba fijamente. —“Te llamarás Sora, y serás mi hermanito menor”.

Sus palabras resonaron en mi mente. Había renacido, y mi nueva vida acababa de comenzar.