Capítulo 1
Janis
Nunca me había sentido tan humillada. Haber llegado a la cafetería y encontrar a Belinda sentada en las piernas de Willy fue un shock tremendo para mí, no podía dejar de llorar.
— Janis, deja de llorar por ese idiota, no te merece — me decía mi querida amiga Lena.
— Tú no me puedes entender porque nunca te has enamorado — le respondí con mi voz congestionada.
— Claro que sí, solo que no soy tan ciega — ella hablaba pasándome pañuelos desechables.
— No soy ciega, es simplemente que, no tengo pruebas para decir que me sea infiel.
— ¡Ella estaba sentada en su regazo!
— Dijo que solo jugaba y...
— ¿Y cuando llegó con marcas de chupetones en su cuello?
— Fueron sus amigos, estaban en una fiesta y borrachos...
— Está bien, supongamos, como dijiste ayer, que solo son indicios, pero no significan nada. De cualquier manera, deberías salir con otros hombres, es el único que has conocido y están juntos desde hace diez años, por eso piensas que con él se terminará el mundo. Pero date una oportunidad de entender que no es así.
Miraba a mi amiga atentamente, y hasta había dejado de derramar lágrimas. En parte tenía razón, nunca había estado con otro, y tal vez, lo mismo le pasaba a Willy. Estaban juntos desde muy jóvenes, quizá necesitaba experimentar con otras mujeres.
— No creo que pueda hacer eso.
— Salgamos esta noche y considéralo — insistió Lena. — Somos amigas, nadie se enterará.
— Nadie se enterará porque no habrá nada de qué enterarse, y aunque llegara a haber, yo lo sabría y sería suficiente para que mi conciencia no me deje vivir en paz — dije tratando de sonar firme.
— No digo que tengas que vivir siendo infiel, solo digo que deberías probar otras... salchichas, antes de decir que la que estás comiendo es la mejor.
Hice un gesto de hastío ante su comentario, pero no pude evitar sonrojarme.
— Vamos, Janis, saldremos a despejarnos nada más.
— Debería ir a casa a buscar ropa — respondí renuente.
— No, no, nada de eso. Una vez allí no podré sacarte y encontrarás un millón de excusas. Yo te prestaré ropa.
— De acuerdo — acepté hablando lentamente, todavía no estaba muy convencida de sus argumentos, sin contar con que su ropa era bastante más atrevida de lo que yo solía usar.
***
Milo
— Llegaré temprano y volveré temprano, Niall; no me entusiasma perder mi tiempo en ese lugar — expliqué a mi amigo terminando de guardar los documentos en los que trabajaba.
— Debemos mantener buenas relaciones con nuestros socios, lo sabes.
— Podrías ir tú.
— Ese es el problema, Milo. Siempre voy yo y ya no tenemos más excusas creíbles para tu ausencia. Entiendo que te parecen cosas superfluas, pero debemos adaptarnos a los tiempos que corren.
— Lo sé — respondí molesto.
Cerré mi laptop e intenté salir de la oficina.
— Aún debes cambiarte de ropa, es un evento formal.
Gruñí exasperado y me giré, tomando de mala manera la bolsa que Niall me tendía. La puse sobre el escritorio y comencé a desvestirme, lanzando la ropa al suelo. Mi amigo y beta la recogía, riendo divertido.
— Basta, Niall, no necesito de tus burlas. ¿Sabes lo que será estar en medio de un montón de humanas cachondas?
— Lo sé de sobra. Ellas no pueden evitar sentirse atraídas por nuestra naturaleza.
— Recuérdame esto la próxima vez que posponga tantas citas hasta que me sea imposible rechazar, así al menos podré elegir a la clase de evento al que asistiré.
— Siempre te lo recuerdo, pero eres terco — replicó Niall.— Piensa que tal vez encuentras a tu pareja.
— ¿Mi pareja? — Pregunté sorprendido.
Hacía tiempo que nadie encontraba a su pareja, este era uno de los tantos motivos por los que la población de lobos estaba altamente menguada. No había ninguna manada en la actualidad donde hubiera cachorros.
— Sí. He sabido que en la manada de Altair, dos de sus miembros han encontrado a su compañera de vida entre las humanas.
— ¿En verdad? ¿Y esto cuándo fue? ¿Por qué no me lo has contado antes?
— No sé cuándo fue, y no te lo he contado antes porque lo he sabido justo hoy, me lo contó tu hermana.
Esta noticia iluminó mi rostro con una gran sonrisa y se llevó todo mi mal humor. Es sabido que los lobos no pueden tener hijos con otra que no sea su compañera de vida. Si la Diosa Luna había empezado a poner parejas humanas, quería decir que no todo estaba perdido.