Capítulo 1
Frederick PdV
-Creo... creo que deberíamos terminar- digo despacio y tranquilo.
Mara me mira con los ojos abiertos de par en par y yo suspiro, preparado nuevamente para recibir una letanía de insultos que ciertamente, no merezco.
-Pero... ¿por qué Fred? Solo llevamos tres meses saliendo y todo ha sido maravilloso- dice ella y veo cómo sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
Discretamente, los demás comensales que disfrutan tomando algo en este Café comienzan a mirarnos y murmurar. ¿Cuántas veces he pasado por esto ya?
-Lo siento Mara, lo cierto es que me gusta alguien más- miento.
- ¿Cómo? ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Estábamos tan bien! - me dice y sus lágrimas caen.
-Lo siento Mara, espero que seas feliz- le digo y comienzo a levantarme para irme.
- ¡Estúpido egoísta! ¡Egocéntrico sin corazón! ¡Nadie te importa excepto tú! ¡Te odio Frederick! ¡Te odio! - me grita y yo suspiro.
Me alejo sin decir nada, pero observo desde la esquina lo que pasa a continuación. Desde hace dos semanas comencé a notarlo. El hilo rojo de Mara se estaba formando, hasta que ayer, finalmente vi al destinatario, el camarero que ahora le ofrece un pañuelo para consolarla. Suspiro.
Tarde o temprano, todas las chicas con las que he salido han encontrado su alma gemela, mientras que yo sigo buscando. Mi hilo rojo ni siquiera ha comenzado a formarse, lo que me indica que esté donde esté, ella está lejos. Vamos nena, ¿dónde estás?
Comienzo a caminar y decido ir a ver cómo está la reforma que comencé a hacer en mi restaurante. Tomando la idea de mi padre, decidí agrandar el restaurante y dedicar un sector de este a ofrecer el servicio de pastelería, un lugar ameno y agradable para desayunar por la mañana, merendar por la tarde, o simplemente disfrutar de una rica porción de torta en cualquier momento del día.
Mis padres durante toda su vida han tenido una pastelería y mi idea es encargarle las distintas variedades de pasteles, tortas y bollería a ellos. Se que van a tener que contratar a alguien que los ayude, pero tal vez eso convenza a mi padre de al fin retirarse. Ambos llevan más de treinta años trabajando allí y sería bueno que descansaran. Una pastelería puede ser un trabajo agotador teniendo en cuenta que debes levantarte a la madrugada para comenzar a hornear el pan y demás productos que deben estar listos ni bien se abra la tienda.
Aun así, ellos jamás se quejan, jamás contrataron ayudantes, algo que al fin ahora va a cambiar. Mi idea es eventualmente, hacer todo en mi restaurante, pero para eso debería añadir una segunda cocina y eso será recién cuando termine esta remodelación y convenza a mis padres de cerrar su pastelería y cumplir su sueño de viajar a Grecia. De todas maneras, si la persona que contraten me gusta, puedo traerla conmigo al restaurante donde tendrá un trabajo asegurado.
Cuando entro al restaurante, Peter, mi mejor amigo y el arquitecto encargado de las reformas viene a saludarme. Nos conocemos desde niños y siempre hemos estado juntos.
- ¡Hola Fred! ¿Chequeando cómo está todo? - me dice sonriendo.
-ya me conoces, andaba por el vecindario y no pude contenerme.
-Si... claro... ok como verás, todo va de acuerdo con lo planeado así que seguramente puedas volver a abrir la próxima semana.
- ¡perfecto! ¿Necesitas algo más?
-no no, los materiales de construcción ya están comprados lo mismo que el nuevo mobiliario que debe llegar en un par de días.
-ok Peter, veo que es verdad que no me necesitas, cualquier cosa llámame. Uno de estos días deberías venir a casa así charlamos, no quiero molestarte en tu horario de trabajo.
-claro Fred, ¡cuando quieras, nos vemos! - me dice y se va a darle unas indicaciones a los obreros que están trabajando.
Luego de salir, busco mi coche que había dejado aparcado en el estacionamiento del restaurante y decido visitar a mis padres.
Luego de apenas quince minutos de viaje, aparco mi coche frente a su tienda y entro en ella.
- ¡Hola, chicos! - les digo sonriente cuando entro a la panadería.
- ¡Freddy cariño! Niran, Fred acaba de llegar! - grita mi madre y mi padre sale de la trastienda cubierto en harina.
-papá, la harina es para cocinar no para bañarte en ella- le digo mientras mi madre y yo reímos.
-Si cleopatra se bañaba en leche, yo puedo bañarme en harina- contesta mientras palmea sus brazos y delantal para quitarse el molesto polvo blanco.
- ¿cómo va todo por aquí?
-todo bien cariño, por suerte a partir de mañana y hasta la próxima semana, vamos a entrevistar a tres maestros pasteleros que seleccionamos a partir de sus currículums a ver cuál nos gusta más- dice mi madre feliz.
- ¿todos hombres? - les pregunto.
-sip- dice mi padre
-demonios, y pensé que tal vez podría encontrar a mi alma gemela- digo algo desanimado.
- ¿qué pasó con Mara? - pregunta mi madre.
-su hilo apareció por lo que no tenía caso seguir con nuestra relación. Sabes lo que pasó la única vez que intenté forzarme a seguir al lado de una chica una vez que su hilo había aparecido- digo mientras un escalofrío me recorre.
Tenía diecisiete años, era testarudo y por supuesto inmaduro. Realmente creí estar con el amor de mi vida, por eso no podía aceptar que ella perteneciera a otro. Cuando su hilo rojo se formó, me negué a verlo, hice todo lo posible para que ella se quedara conmigo, pero con horror vi como su hilo comenzaba a cambiar de color y ella cada vez estaba más triste y apagada. Obligándola a estar conmigo, yo estaba matando su verdadero amor y un hilo comenzaba a formarse entre nosotros, un hilo que más parecía una fina cadena negra. En ese momento y antes de que pasara algo peor, terminé con ella y aprendí mi lección.
Un año después volví a verla y para mi tranquilidad, su hilo rojo brillaba fuerte y claro y ella volvía a ser la chica que yo conocí.
-lo siento cariño- dice mi madre mirándome con lástima. Se que no lo hace con maldad, pero odio esa mirada.
-está bien mamá. Ya aparecerá. Por ahora, seguiré saliendo con chicas que no estén destinadas a nadie.
-si cariño, pero igual sufres. Tal vez no estas enamorado de ellas, pero sé que das lo mejor de ti cada vez- me dice ella abrazándome
-ya déjalo, Emma, no lo hagas sentir peor- dice mi padre al fin rescatándome de la insistencia de mi madre.
En ese momento, alguien entra y al girar veo a una chica realmente agradable y como siempre, mis ojos se fijan en su mano izquierda. No hay ningún hilo atado a ella por lo que le sonrío de la misma forma que ella me está sonriendo a mí.
-Que tal, vengo a buscar el pastel de cumpleaños que encargué- dice ella dirigiéndose a mi madre, pero mirándome de reojo.
-buena elección, los pasteles de mis padres son los mejores del vecindario- le digo sonriente.
- ¿en serio? ¿No lo dices solo porque son tus padres? - me dice ella con una mirada pícara y levantando una ceja.
-no, tal vez si me pagaran por decirlo...-
-te mantuvimos durante veinte años, eso es suficiente para que nos hagas publicidad de aquí hasta el día que mueras- dice mi padre ofuscado y todos reímos.
-Frederick, mucho gusto- le digo extendiendo mi mano.
-Samantha- dice ella estrechando la mía.
Oh bueno, la vida sigue y como dicen, no vale la pena llorar por la leche derramada. Espero que Mara sea feliz, y evidentemente Samantha no es mi alma gemela, pero nadie me impide pasar un tiempo con ella si ella está de acuerdo. Tal vez no sea lo mejor, pero definitivamente es mejor que estar solo.