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Valkad

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Summary

Diabermi es una humilde mujer que se dedica a ayudar a su madre en la escuela de un pueblo a las afueras de la ciudad de Varkaron . Tiempos de guerra se venían debido a la inestabilidad politica interna y la amenaza de los países limítrofes hacia que muchos huyeran a tierras lejanas pero esto a Diabermi no le afectaba directamente hasta que un dia unos legionarios de una facción que buscaba el trono tocaron a su puerta.....

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Encrucijada en el crepusculo

Diabermi Valkad se dirigía hacia la taberna del pueblo, el calor del día aún pesaba en el aire. La atmósfera estaba cargada de una pesadez que hacía que incluso los alumnos más despiertos en sus clases parecieran arrastrar los pies y somnolientos. La brisa seca del viento apenas lograba aliviar la opresión del calor, y Diabermi sentía sus párpados pesados a pesar de su esfuerzo por mantenerlos abiertos. Con el sol empezando a esconderse, el cielo se tornaba de un naranja cálido, prometiendo un respiro en la frescura de la noche.


Diabermi, una mujer de 23 años, medía alrededor de 1.70 metros. Su cabello rizado y enmarañado se había vuelto aún más desordenado por el viento. Vestía un sencillo vestido negro que se ajustaba con un cinturón, dejando un hombro al descubierto, y unas sandalias negras. En su cuello colgaba una cadena hecha de hilos de hierro forrados con tela, con una medalla en forma de cara de gato, un regalo de su amigo de la infancia, Marino.


Al entrar en la taberna, el ambiente cambió de inmediato. El ruido de las conversaciones y el bullicio del lugar contrastaban con el silencio exterior. Diabermi se dirigió a su mesa habitual, un rincón apartado con una vista perfecta de la barra. El viejo tabernero, con una mirada conocedora, le hizo un gesto de asentimiento. Era un viejo trato: su madre y ella daban clases particulares a los nietos del tabernero a cambio de cenas gratuitas. El tabernero se encargaba de servirles los platos del día más un tarro de cerveza, y cualquier plato adicional corría por su cuenta.


Mientras esperaba su comida, Diabermi sacó su libro de notas y comenzó a escribir. Su mente se sumergió en la tarea de documentar las criaturas de las sabanas al sur de Varkaron, cerca de la frontera con el gran desierto. Recientemente, durante la feria del pueblo, un circo ambulante había presentado a los Anemaits, unas bestias fascinantes que eran una mezcla amorfa con cabeza de cocodrilo, melena de león y patas traseras de hipopótamo. La experiencia había sido un recordatorio de lo lejos que quería llegar con su proyecto. Su vida se había limitado a los alrededores del pueblo, y el viaje a Varkaron, a sólo 20 kilómetros de distancia, había sido la excursión más aventurera que había realizado.


El sueño de Diabermi era escribir y publicar el bestiario más completo y fiable del imperio. Sin embargo, el área donde vivía había sido despejada de muchas criaturas debido a la expansión imperial y la deforestación, lo que había llevado a un éxodo de estas bestias hacia tierras lejanas. A pesar de los ataques esporádicos de centauros y otras bestias inteligentes, la información sobre las criaturas en su región era escasa.


Diabermi estaba meditando sobre todo esto cuando de repente un saludo la saco de sus pensamientos, enfrente de ella se habia sentado Marino, su amigo de la infancia: media 1.80, tenia un cabello corto cobrizo, ojos verdes y una barba incipiente. La mayor caracteristica de el era que tenia una cicatriz que empezaba arriba de su ojo derecho,cruzaba su parpado y llegaba a la mitad del cachete, dandole un aspecto de un rufian sinverguenza cuando en realidad el joven era un tipo amable y tranquilo, eso si, bastante borracho.


-Que haces escribiendo a estas horas?, ya se terminaron las clases!- dijo Marino. -No me digas que sigues empecinada en ese "bestiario" que empezaste!


Diabermi guardo el libro de forma abrupta. -Ya te dije que no es un bestiario!, es un libro en donde tengo planeado escribir y recopilar sobre todas las criaturas del continente!


-Ah si? y hasta ahora cuantas hojas tienes escritas?


-Solamente tengo escritas tres hojas y son sobre los Anemaits que vimos la semana pasada en el circo ambulante- dijo Diabermi encogiendo los hombros-. Pero hablando con el encargado del circo me entere que planean traer mas criaturas dentro de cuatro meses! traerian incluso criaturas del norte!.


-Si vas a esperar a que las criaturas vengan a ti mediante terceros vas a llegar a vieja y ni siquiera vas a llegar a las cincuenta paginas-dijo Marino-. Como te he dicho antes, si lo que quieres es escribir el libro definitivo sobre las criaturas que vagan en nuestro continente tienes que salir de este pueblo e ir hacia donde se encuentran ellas, estudiarlas en su entorno natural!.


Diabermi se quedo callada-"Tiene razon"- penso para si. Ella era hija unica y su madre Talendi ya se encontraba en sus ochenta, a pesar de que se mantenia muy fuerte para su edad y que aun podia hacer muchas cosas por su cuenta, ya estaba empezando a caminar mas lento y a trabajar mas despacio por eso es que de a poco ella estaba empezando a tomar las clases que ella daba.-"No puedo dejar a mi madre sola"-penso ella -"pero este pueblo es todo lo que conozco y lo mas lejos que he ido es a Varkaron".


En realidad Diabermi no queria admitir que estaba muy comoda en el pueblo: ese lugar lo era todo para ella, le gustaba la rutina, las costumbres y los entornos familiares y se resistia mucho al cambio, el mero hecho de viajar a Varkaron con su madre algunas veces para comprar elementos para la escuela la ponian ansiosa, cuanto mas la pondria salir del ambiente que ella conocia y embarcarse en lugares desconocidos! ella no era una mujer fuerte fisicamente y no sabria como desenvolverse en situaciones dificiles.


Mientras meditaba sobre esto, un estruendo llamó su atención. Un grupo de legionarios había entrado en la taberna, haciendo mucho ruido mientras se dirigían a una mesa cercana. Eran un grupo variopinto que destacaba por sus diferentes orígenes: un hombre alto de tez morena oscura y trenzas complicadas, una mujer rubia de ojos verdes con una elegancia innata y un hombre con la piel bronceada, cabello crespo y barba de candado. El centurión que los lideraba era Cayo Tito, el representante del imperio en el pueblo, un hombre de alrededor de cincuenta años que actuaba como enlace entre la comunidad y las autoridades imperiales.Ademas era el padre de Marino y vivían al lado de su casa.


Los legionarios se acomodaron, y la conversación entre ellos comenzó a fluir, captando la atención de Diabermi y Marino, que ahora se habían unido a la mesa.


-¿Has oído sobre la situación en la capital? -preguntó el legionario de las tierras áridas del sur, su acento marcando cada palabra.


-Sí, parece que el emperador ha muerto y la disputa por el trono está causando mucho caos -respondió la mujer del norte, con una elegancia que contrastaba con la gravedad de sus palabras.


-Y no solo eso -añadió el legionario de Varkaron-, sino que también hay incursiones de los Reinos Anubitas en el sur. Están atacando ciudades y pueblos fronterizos con ataques rápidos. La situación es bastante tensa.


-Es cierto -confirmó el legionario del sur-. Estamos enfrentando problemas por todas partes. La estabilidad en el imperio está en juego.


Diabermi y Marino intercambiaron miradas preocupadas mientras escuchaban la conversación. El ambiente en la taberna parecía cargarse con una sensación de inquietud, amplificada por los relatos de los legionarios.


Cayo Tito se levantó de su mesa y se dirigió hacia Diabermi y Marino con una sonrisa que trataba de ser reconfortante. -Marino, Diabermi. Me alegra veros. ¿Cómo estáis?


Marino se levantó para saludar a su padre. -¡Papá! No esperábamos verte aquí. Los rumores sobre el hijo del emperador son alarmantes. ¿Qué sabes al respecto?


Cayo Tito asintió, su sonrisa se tornó más seria. -Sí, el hijo del emperador ha desaparecido y la situación es complicada. Pero podéis estar tranquilos, la legión está manejando la situación. Tenemos todo bajo control.


Marino frunció el ceño, su preocupación evidente. -Eso es un alivio. Solo espero que no estemos subestimando la amenaza. No quiero que nadie salga herido por falta de preparación.


Cayo Tito miró a Diabermi que estaba callada con cara de preocupación y su expresión se suavizó un poco. -Diabermi, no tenéis que preocuparos demasiado. Estamos tomando medidas para asegurar la estabilidad. Y, por cierto, he oído que estás trabajando en un bestiario. Aunque no comprendo del todo el interés en las "bestias", me parece un proyecto admirable.


Diabermi se sonrojó ligeramente, sorprendida por el interés de Cayo Tito. -Sí, estoy tratando de documentar todas las criaturas del continente señor Cayo.Es un sueño que tengo desde hace tiempo.


Cayo Tito asintió, mostrando una mezcla de aprecio y curiosidad. -Bueno, si te interesa, podrías acompañarnos en una próxima expedición hacia el sur. Tenemos que lidiar con un pueblo que se niega a pagar impuestos debido a la inestabilidad. La zona es conocida por tener una variedad de criaturas que podrían ser interesantes para tu libro.


Marino levantó una ceja, interesado. -¿Estás diciendo que podríamos unirnos a esa expedición?


-Exactamente -confirmó Cayo Tito-. La expedición está prevista para dentro de unas semanas, y sería una excelente oportunidad para que observes y documentes algunas criaturas.


Diabermi sintió un nudo en el estómago al considerar la oferta. La idea de alejarse del pueblo y dejar a su madre en un momento tan incierto le resultaba angustiante. Miró a Marino, buscando algún apoyo en su rostro.


-No sé... -empezó Diabermi, su voz temblando-. Mi madre está envejeciendo y necesita cuidados. No estoy segura de que pueda dejarla sola, especialmente en estos tiempos.


Cayo Tito frunció el ceño, comprendiendo su preocupación. -Entiendo tu inquietud. Lo que puedo ofrecerte es que te daremos tiempo para prepararte. La expedición no partirá de inmediato, así que podrás asegurarte de que tu madre esté bien antes de partir.


Marino intervino, tratando de aliviar la carga de su amiga. -Tal vez sería bueno si Diabermi tuviera la oportunidad de explorar y aprender. Además, podríamos asegurarnos de que alguien esté pendiente de nuestra madre mientras estemos fuera.


Diabermi miró a Marino y luego a Cayo Tito, sintiendo el peso de la decisión sobre sus hombros. La oferta era tentadora, pero el miedo y la responsabilidad de dejar a su madre en un momento crítico seguían pesando en su mente.


-Lo pensaré -dijo finalmente Diabermi, su voz firme aunque conflictuada-. Gracias por la oferta, Cayo Tito. Necesito considerar todo cuidadosamente.


Cayo Tito asintió con comprensión, sonriendo amablemente. -Tómate tu tiempo. La situación es difícil para todos, y lo último que queremos es apresurarte a tomar decisiones que te puedan afectar profundamente.


Mientras Cayo Tito regresaba a su mesa, Diabermi y Marino se levantaron y salieron de la taberna,yendo directo hacia la casa de las Valkad. El aire nocturno se volvía más fresco a medida que se acercaban, y el cielo estrellado parecía ofrecer un momento de calma en medio de la incertidumbre.


Al llegar a la puerta de su hogar, Diabermi se detuvo y miró hacia el umbral, contemplando los desafíos que tenía por delante. Marino, al notar su inquietud, decidió hablar.


-Diabermi, tienes que ser realista. Si te quedas aquí en el pueblo, nunca vas a lograr escribir ese bestiario que tanto deseas. Es tu sueño, y si no te lanzas a la aventura, nunca lo cumplirás. Tu madre estaría orgullosa de verte seguir tus sueños, no de que te quedes estancada por miedo.


Diabermi miró a Marino con una mezcla de gratitud y preocupación. -Lo sé, pero es difícil dejar todo atrás. No puedo evitar preocuparme por lo que podría pasar si me voy.


Marino le dio una palmadita en el hombro, tratando de ofrecerle consuelo. -Solo piénsalo. No estás sola en esto. Y recuerda, tu madre querría verte feliz y realizada.


Diabermi asintió lentamente, dándole una última mirada a la puerta de su casa. El sentimiento de ansiedad y el peso de la decisión que tenía que tomar la envolvieron mientras se preparaba para entrar, consciente de que el futuro que le esperaba estaba lleno de incertidumbre.


Con una respiración profunda, Diabermi abrió la puerta, entrando en su hogar con una mezcla de resolución y dudas. El capítulo de su vida estaba a punto de dar un giro, y ella estaba lista para enfrentar lo que el futuro le deparaba.

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