El viento que mece la flor
ADVERTENCIA: ESTE ES UN CAPÍTULO PILOTO.
Sanemi se vio cortando el vacío. Aterrizó sintiendo su cuerpo rechistar debido a las recientes heridas adquiridas. Era consciente que no había momento para descansar, la derrota de Muzan estaba a la vuelta de la esquina y el estaría más que gustoso de rebanarle en varios pedazos antes de que este desapareciera por completo bajo la luz del amanecer.
“¿A dónde me transporto ese demonio asustadizo?”
Observó todo a su alrededor. El ambiente cálido y el paisaje que apreciaba desde lo alto de una verde colina coronada por un robusto árbol de sakura a sus espaldas, se le antojaron a ilusión.
“Piensa engañarme —pensó sosteniendo su katana con fuerza—. En cuanto haga su movimiento e intente matarme lo mandaré directamente al infierno”.
Agudizó sus sentidos y se preparó para defenderse y contraatacar a su enemigo.
“...”
— ¡Sal de una maldita vez, demonio enclenque! —gritó al cielo despejado sobre él—. ¡Crees que una ilusión como puede engatusarme! ¡Atácame como el demonio que eres! —no hubo respuesta—. ¡Acaso eres un cobarde! ¡¿Qué harás ahora?! ¡Presentarme la ilusión de mi madre viva!
— ¿A qué viene ese escándalo?
Sanemi echó una mirada a sus espaldas al escuchar aquella voz grabada a fuego en su memoria.
— Uhm, ¿Sanemi? ¿Qué haces aquí? —dijo la mujer que abandonaba el resguardo del grueso tronco del árbol de sakura—. Estás herido... otra vez.
Sanemi se forzó a salir del shock de estar viendo a un fantasma del pasado, alguien que ya no está entre los vivos... y que, a pesar de los años, aun tenía refugio en su corazón: Kanae. Apretó la katana con fuerza y lleno de ira por la jugarreta del demonio exclamó a todo pulmón.
— ¡TE CREES MUY LISTO, IMBÉCIL! ¡TRAER LA ILUSIÓN DE LA MUJER QUE AME NO TE SALVARÁ DE UNA DOLOROSA PERO SATISFACTORIA DECAPITACIÓN! ¡SAL DE UNA VEZ!
— Sane...mi...
El pilar del viento volvió a prestar atención a la ilusión, ahora sonrojada y sorprendida en extremo, de Kanae. El peliblanco debía admitir que para tratarse del poder de un demonio inferior la magia ilusoria que empleaba era bastante potente, pues todo le parecía en extremo realista.
“No debo bajar la guardia, tampoco debo tardar demasiado en salir de esta”.
Orientó su cuerpo y katana en dirección a la enrojecida Kocho.
— Crees que no me atreveré a atacarla solo porque mi corazón aun la tiene presente —Sanemi hablaba, pero no se dirigía a la fémina—. Te piensas que dejaré sin castigo después de utilizar la imagen de quien trajo color a mi mundo. ¡Me subestimas, demonio!
Se arrojó contra la ilusión de Kanae con toda la intención de decapitarla. No obstante, el filo de su katana se detuvo al impactar contra el arma de su objetivo. El chasquido fue potente y resonó en la cima de la colina.
— Sanemi, ¿Qué te pasa? ¿Estás siendo controlado? —la expresión de Kanae cambio mostrando cierta seriedad y preocupación.
— No me vas a engañar, demonio.
— Ya veo, control mental —dedujo Kanae—. Tu cara de psicópata sería prueba de ello... si no fuera tu expresión normal.
— ¡Ja! una ilusión de mierda no puede...
— Respiración de la flor...
— ¿Qué?
El movimiento de Kanae fue tan rápido que Sanemi apenas pudo seguirlo con la vista. De no haber estado herido y con sus fuerzas mermadas por las batallas anteriores, hubiera podido contrarrestar, pero no fue el caso. Un golpe seco y todo fue oscuridad.
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“Genya, ¿Estará bien?“.
Sus ojos se abrieron de golpe. Se puso de pie apretando los puños listo para liarse a golpes con lo que fuera que se encontrara. Un segundo después escuchó la manta tocar suelo. Respiró profundo al no ver enemigos cerca. Al parecer la ilusión había cambiado, ahora se encontraba en el interior de lo que parecía un pequeño templo de madera conformada por una sola habitación. Notó una botella de agua al lado de donde había estado echado y en el otro extremo su katana enfundada.
— Vaya despertar.
Sanemi tomó su katana y se preparó para desenfundar. Kanae estaba en la entrada sentada tranquilamente en posición seiza con su propia katana nichirin reposando a un lado.
— ¿Sigues bajo control mental? —Kanae lo veía con cierta preocupación—. ¿Quizá debí golpearte más fuerte?
— Ka...nae —se atrevió a pronunciar Sanemi.
— ¿Sí?
“¿Es una ilusión? —la mente de Sanemi intentaba buscar una explicación a lo que estaba sucediendo—. Ella me noqueo... ¿Desperté y aun me encuentro atrapado en la ilusión de ese demonio?“.
— No te muevas mucho o las vendas pueden desacomodarse —le indicó Kanae—. Siempre te he dicho que debes tomar descansos adecuados en lugar de ir de cacería sin pensar en tu estado.
Sanemi se vio así mismo, efectivamente, sus heridas habían sido tratadas. Además, se sentía con mayor fuerza tras el sueño involuntario que había tenido. Pero si estaba dentro de una ilusión demoniaca, ¿Cómo es posible que sus fuerzas se hayan recobrado? ¿Y por qué el demonio causante de todo no acabó con él cuando estaba sumido en la inconsciencia?
“Joder, pensar de más no es mi fuerte”.
— Por cierto, ¿Qué haces aquí, Sanemi? —preguntó Kanae con su dulce voz—. Creí que me harías caso y te quedarías descansando en casa.
“Me llama por mi nombre —hizo memoria—. Casi lo olvido, empezamos a usar nuestros nombres de pila después de tratarnos por un tiempo... la siempre tranquila y cálida flor... ahora frente a mí cuando debería estar bajo tierra... si es una ilusión de ese desgraciado, haré que...“.
— ¿Por qué te tensas? —Kanae lo veía con curiosidad—. Se te marcan las venas de las sienes, no debes estresarte. Estamos a salvo mientras el sol nos sonría.
Sanemi observó por encima del hombro de Kanae, el sol bañaba todo el paisaje a la vista. Recordó también que cuando apareció sobre la colina era de día. No obstante, había supuesto que se trataba de una ilusión proyectada por el demonio con el que había entablado combate al escapar del mundo de Muzan.
Observó a Kanae. Estaba tal y como la recordaba: serena y hermosa como una flor al mediodía. No presentía intenciones hostiles ni peligro inminente. Hecho que le hizo cuestionarse si realmente estaba dentro de una ilusión.
Kanae ensanchó su sonrisa, se puso de pie y ajustó su katana al cinto. Para luego salir al exterior, recibir los brillantes rayos del sol y sentarse en el borde de la escalinata que conducía a la entrada. Volteando a ver a Sanemi palmeó el sitio a su lado. El peliblanco comprendió el mensaje y, aun con la guardia en alto salió al exterior. Intercambió una mirada con Kocho y, corriendo el riesgo, se sentó a su lado.
— ¿Y bien? —la voz de Kanae se le hizo dulce estando tan cerca—. ¿Qué misión te ha traído aquí?
— Entable combate con un demonio enclenque —respondió aun permaneciendo alerta—. Era el doble de mi tamaño, pero delgado como un palillo... llevaba a la espalda un enorme reloj de arena negra.
— Suena como un demonio peculiar —opinó Kanae—. ¿No acabaste con él?
— Iba a decapitarlo en un instante —confesó—. Vi el miedo en sus malditos ojos cuando mi hoja estaba por tocarlo, y de pronto... aparecí en la colina.
— Donde te pusiste a gritar como un demente, despertándome de un hermoso sueño —Sanemi le hecho una mirada—. Estaba tomando una siesta bajo la sombra del árbol de cerezo.
“O es un ilusión muy realista o es algo más”.
— No pienso disculparme —aclaró el peliblanco—. Además, solo se trataba de un sueño.
— Un hermoso sueño —recalcó Kanae—. Y tú estabas en él.
— ¿Eh?
Kanae alzó la vista al cielo mientras la curiosidad de Sanemi se acrecentaba. ¿A qué tipo de sueño se refería? ¿Y él aparecía? Sin proponérselo algunos escenarios saltaron a su mente, cada uno más intenso que el anterior. Regresó a la realidad cuando Kanae colocó cuatro bolas de arroz entre ellos.
— Espero me hayan salido bien —mencionó Kanae—. Hay que comerlos o se echarán a perder.
“Una bola de arroz con relleno hecho por Kanae —Sanemi tenía la vista fija en la bolas de arroz—. Nunca he probado algo hecho por ella”.
— Uhm, creo que están muy bien —Kanae disfrutaba de su creación.
Sanemi se decidió y tomó una de las bolas. No dudo en darle un mordisco. El sabor estalló en su boca e inundó su paladar. Nunca hubiera imaginado que Kanae fuera buena preparando bocadillos.
“Sería una buena esposa —pensó, pues no se atrevía a exteriorizar esas palabras”.
— ¿Y bien? —Kanae llamó su atención—. ¿Sabe bien?
Sanemi asintió y dio otro mordisco.
— ¿Te gusto?
Otro asentimiento.
— Ya veo.
Sanemi se paralizó al notar el cambio en el tono de voz de Kanae, giro para verla con un leve sonrojo en las mejillas. De pronto, comprendió la pregunta y recordó su respuesta. Sus propias mejillas se encendieron e intentó aclarar el asunto con premura.
— Me refiero a las bolas de arroz.
Kanae le dirigió una mirada extrañada.
— ¿Qué?
— Me refería a que me gustan tus bolas de arroz.
— Sí, es lo que dijiste.
Sanemi sintió el escudriño de los ojos lila, mientras su visión descendía a los finos y rojos labios de Kanae. Siempre los llevaba pintados y eso tentaba al pilar del viento a actuar de manera impulsiva. De hecho, siempre actuaba así, pero con Kanae surgía un miedo desconocido en su interior que le instaba a pensar las cosas demás.
De pronto, vio los labios femeninos entreabrirse y acercarse haciendo que retrocediera. Kanae se había inclinado levemente hacia él.
— ¿Sucede algo? —preguntó la chica con su dulce voz—. Te has quedado congelado como por tres minutos. Oh, no me digas, ¿Tengo algo en la cara?
Sanemi desvió la vista.
— No es nada —dijo con voz ruda—. ¿Qué misión te ha traído a este lugar?
— Hay un pueblo cercano —explicó Kanae—. Se reportaron desapariciones, varias en el mes. Sospecho que se trata de demonios inferiores que se han agrupado para protegerse de los caza demonios.
— ¿Qué te hace pensar eso?
— Si fuera un demonio de gran poder, seguramente estaría devorando más humanos con el fin de fortalecerse, pero en este caso son varias las víctimas por noche, supongo que se trata de un grupo que atrapa una presa cada uno.
— Tiene sentido, esos malditos son capaces de juntarse si comparten un objetivo —la expresión psicópata de Sanemi se dejo ver—. Lo bueno es que puedes dar con todos en el mismo punto y hacer una masacre para mandarlos al infierno.
Kanae le dedicó una sonrisa sincera. La mirada determinada de Sanemi y su acelerón de adrenalina le gustaba, pues hacía ver una cacería de demonios como la promesa de una experiencia emocionante y desafiante. Aunque para ella, se tratará de salvar almas condenadas.
— Sanemi, ¿Tienes algo de tiempo esta noche? —preguntó Kanae.
“...”
— Me gustaría tenerte a mi lado —Kanae aun tenía las mejillas enrojecidas—. cuando la luna este en lo alto.
“¡...! —se autoinflingió un puñetazo mental—. ¡Actúa imbécil!”
— De acuerdo —dijo con más seriedad de la que se proponía.
— Fantástico —Kanae parecía contenta—. Ahora que lo pienso, será la primera vez que cacemos demonios juntos.
Sanemi parpadeó dos veces antes de recuperar su típica expresión. Se propinó otro golpe por haber pensado tonterías.
— Eres una pilar y muy fuerte —le recordó Sanemi—. No creo que me necesites para cazar demonios inferiores.
— Una batalla se pierde cuando se subestima al enemigo —filosofó Kanae, luego soltó un largo suspiro—. Nuestro trabajo nos obliga a correr grandes riesgos, quizá llegue el momento en el que la suerte me de la espalda y sucumba ante el enemigo —su voz denotaba cierta preocupación—. Y entonces, moriré como una santa, joven y sin haber conocido varón.
Sanemi se puso de pie con toda la determinación del mundo.
— ¡Tsk! Si morir como una santa es tu preocupación, entonces te ayudaré.
El rostro de Kanae volvió a iluminarse.
— Gracias, Sanemi, con tu ayuda corro mucho menos riesgo durante la cacería de demonios.
— ¿La cacer...? ah, sí, claro, vamos a patear traseros demoniacos.
Sanemi volvió a golpearse mentalmente, por alguna razón estaba actuando como un idiota. Tal vez, si se trate de una ilusión, pues sus emociones estaban jugándole una mala pasada. Cuando normalmente, actuaría de manera impulsiva pero consciente.
“Quizá se deba a que estoy pensando de más”.
— Sanemi, vamos a la cama.
— ¿Qué mier...?
Se detuvo al ver que la fémina se estaba acomodando en el interior del templo. ¿De dónde casó ese saco de dormir?
— Si vamos a actuar de noche, será mejor dormir de día —habló Kanae con toda la calma del mundo—. Despertamos al caer el sol y vigilamos el pueblo.
Sanemi asintió.
“¿Kanae siempre fue tan inocente? —intentó recordarla de manera más vívida—. Ya recuerdo, la flor de la inocencia cuyos bellos pétalos ignoran la corrupción del mundo —recordó algo más—. Ella es compasiva, incluso con los demonios”.
Decidió tantear. Quería ver si la Kanae que tenía frente a él era la verdadera.
— Estas roja —dijo Sanemi—. No recuerdo haberte visto antes con las mejillas encendidas.
— Se debe a que hace mucho calor —dijo Kanae mientras se acomodaba para descansar sobre el saco de dormir pero sin cubrirse—. Creo que no lo sientes, vas con los músculos al descubierto.
“...”
— Estoy orgulloso de mis músculos —se defendió.
— Puedo ver por qué.
“Maldita y descarada flor pervertida”.
Sanemi se sentó en un rincón posicionando su katana contra su hombro.
— ¿Dónde esta la insoportable de tu hermana? —preguntó Sanemi.
— La mandé a casa —respondió Kanae cerrando los ojos—. Adopté a una niña, ahora es mi hermana menor. Le pedí a Shinobu que la llevara a casa y la acomodara. Volverá en unos días.
“Así que kanao acaba de ser adoptada... eso quiere decir... ¿Kanae morirá en un par de semanas?“.
Aquello le preocupó en demasía. Recordaba cuando Kanae se fue a su última misión y solo regresó Shinobu con la noticia que lo sacudió más de lo que había esperado. El sentimiento de perdida le había hecho ver un hecho que en su momento negó para sí mismo: se había enamorado de Kanae.
“Ahora estoy aquí —se dijo—. Y Kanae también, no tiene porque morir, no tiene porque irse para nunca volver... ahora puedo...“.
— Sanemi...
El peliblanco dirigió la vista a la flor que reposaba sobre el saco de dormir abierto.
— Casi olvido preguntar —la voz de Kanae era algo más baja de lo normal, pues se sumía en el sopor del sueño—. ¿Qué quisiste decir en la colina?
— ¿A qué te refieres?
— Cuando me viste y gritaste al cielo...
— Detente —Sanemi se vio en una encrucijada—. Ya recuerdo. No necesitas repetir mis palabras.
— ¿Eras consciente de lo que decías? —preguntó Kanae con voz baja—. Pensé que estabas siendo controlado o algo, pero luego caí en la cuenta de que era improbable, pues los demonios no salen de día.
“De hecho, hay una que si puede —se centró en lo principal—. Mierda, no soy ningún cobarde”.
— Sí, era consciente y todo lo que dije era verdad.
Espero.
Se puso de pie cuando el silencio se alargó y avanzó un poco para ver el rostro sereno de Kanae quien se había sumido en el sueño.
— Hago la primera guardia, no te preocupes —murmuró Sanemi antes de volver a sentarse contra la pared—. Estoy aquí... y no te vas a marchitar... no mientras proteja cada uno de tus pétalos.
“Aunque solo conozco dos —razonó—. Tu compasión e inocencia”.
No obstante, se habían reencontrado. Ahora que volvía a apreciar a la flor que trajo color a su mundo, tenía la oportunidad de conocer más de los pétalos que la hacían única y hermosa.
Noto el lento subir y bajar del pecho de la fémina así como su postura al descansar. Definitivamente, era una pilar, pues mantenía “la respiración” incluso sumida en la inconsciencia.
“Se ha desarrollado bien”.
En cuanto su postura, era la adecuada para reaccionar inmediatamente ante un ataque sorpresivo.
“Es toda una mujer”.
¡Pum!
Se golpeó así mismo. El dolor se hizo presente y el seguía allí. No estaba en una ilusión. Se miró el puño. ¿Por qué estaba teniendo ese tipo de pensamientos ridículos? y ¿Dónde estaba la ira que ardía dentro de él en todo momento? Se sentía como una hoguera apagada por una tormenta repentina. Razón por la cual se sentía extrañamente calmado.
Si de algo estaba seguro, era que no podía quedarse mucho más tiempo, pues la batalla contra Muzan se estaba llevando a cabo.
“Debo regresar —sus ojos se posaron sobre Kanae—. ¿Debo?“.
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