Prólogo
Cuando vemos, leemos o escuchamos historias donde sus finales siempre tienen ese toque de felicidad, independientemente de si las circunstancias no fueron satisfactorias, pensamos que no puede ser tan malo. Sobre todo si somos jóvenes, en una etapa inmadura donde nos sentimos atraídos por ideas fantasiosas.
Uno termina creyendo que no tendría finales tan malos en la vida, sobre todo si se trata de las personas que amamos. Damos por hecho que todos merecemos un poco de felicidad por lo que tendríamos que tener un final que nos deje satisfechos antes de partir de este mundo. Pero merecer no quiere decir que vaya ocurrir, ¿cierto?
YunHo tuvo una infancia tranquila, rodeado de amor y diversión. Claramente desarrolló habilidades que lo hicieron una persona extrovertida, siempre optimista sin importar qué tan malo fuera el asunto, se mentalizaba que sí o sí encontraría una solución. Pero, como mencionamos antes, no todo en la vida hay una solución, hay cosas que simplemente no podemos controlar y sólo nos queda dejarlo ser. Claro que dejaría frustrado a este chico, pero no desistiría en seguir experimentando la vida, el verdadero propósito del ser humano.
Pero... hay algo complicado: YunHo no ha encontrado un propósito real que pueda definir su existencia como tal. Creía tenerlo, pero una vez que llegó a la preparatoria, las cosas no salieron como esperaba. Sí, es el presidente del consejo estudiantil —nada obvia su determinación en sobresalir—. El mundo cooperaba con él, a excepción de una persona.
Esa persona no era introvertida pero tampoco extrovertida, lo cual se le hacía extraño, no lo veía pertenecer a un grupo en específico y no parecía tener problemas al respecto. La curiosidad ahí estaba pero no se atrevía a dar el paso, pues no encontraba una buena excusa para entablar una conversación con esa persona.
En el receso, optó por alejarse un poco de la civilización estudiantil e irse a la azotea para tomar aire fresco y apreciar un poco su soledad, estos días estaba cargado de papeleo para un festival de su escuela. Se sentó en el suelo, dando la espalda a la gran vista de la ciudad y eligió su lista de reproducción musical de una aplicación que era bastante popular en esos días, recargando su cabeza en la red metálica que cubría una buena parte de la azotea para evitar accidentes.
Del otro lado de la estructura donde está la puerta que da acceso a la azotea, salió caminando justamente la persona por la que sentía curiosidad. No se inmutó de su presencia, como si YunHo no estuviera ahí, y siguió caminando hacia la parte que no tenía la red metálica. Subió a la barda, alarmando a YunHo con sus extrañas acciones, y se giró mientras alzaba los brazos hasta que quedó cara a cara con el chico que estaba sentado, en su cabeza sólo pensaba en que quizás era una broma y que a este punto ya no era gracioso. La persona lo miró fijamente y YunHo alcanzó a ver un atisbo de sonrisa.
Al momento de caer hacia atrás, YunHo dio un salto, despertándose, respiraba frenéticamente mientras miraba hacia la ventana, buscando calmarse con la vista de las montañas mientras el sol se posaba en ellas . De su boca salió un nombre que hacía mucho no pronunciaba: Jaejoong.