DOWNTOWN 1
La peste son las personas que culpan sin fundamentos, que lucran con inocentes y viven de tiranía pura.

La vida en épocas de antaño, aseguraban a los de clase alta en tiempos de hambruna y desdicha. Pues bien los aristócratas creían que los pobres eran una deshonran para los pueblos, como una plaga parecida a las ratas, aquellas que se escabullían por las calles frías y polvorientas. Yo estaba seguro que la desdicha de un pobre variaba del reino que pisaba. Diría que ni el lodo luego de las lluvias, terminaba tan arruinado como los de clase humilde. Lamentablemente había que aceptar los reglamentos de los afortunados que nacían en cuna de oro. Sin duda, este último no era mi caso. Fue en 1353, cuando yo me mudé a Donwtown en busca de refugió. Las guerras eran el pan de cada día, si es que siquiera se pudiese tener una pequeña parte de ese pan que era destrozado por las millones de muertes que conlleva la busca de poder de los ricos. Las personas siendo marionetas y un juego milenario.
Fui fiel creyente de que la maldad en algún momento se pagaría tarde o temprano, pero nunca me esperé que fuera a llevar consigo a personas que no tenían culpa de las batallas sangrientas de los mongol contra los chinos. Pero no podía asegurar que tales actos tan desarmados acabarían por una peste, cuya parte de los religiosos o filósofos se creían la idea de que eran los planetas en posición o por culpa de un juicio final dado por dios.
Siendo honesto yo no era consciente de la poca suerte que mi vida podía tener hasta la actualidad. Viendo con mis propios ojos, la caída de cuerpos inertes en las calles de donwtown, en las cuales tenía recuerdos menos amargos que aquellos que presenciaba ahora. Incluso ver rostros conocidos, siendo llevados como costales de papa, directo a un entierro seguro. Fue en ese entonces, la caída de los desafortunados y los más afortunados.
Pero la realidad se había detenido y dejo de correr a la velocidad de la luz, cuando unos luceros profundos pero con un toque de pureza en estos, chocaron con los míos, no podía verlos al inicio por una máscara negra con forma de cuervo. Pero sabía que estos fugaces destellos de sus iris se dirigían directamente a mi, para contemplar mi figura o incluso mi alma. Eran los médicos de los cuales todos hablaban en su momento, los únicos que intentaban ayudar a detener la peste que mataba a todo el que se contagiaba con las ratas o las pulgas. Incluso arriesgando su propia vida en el acto. Dichosa sea la medicina por adaptarse a cualquier catástrofe como lo es la peste negra.
Mis manos frías, en ese día tan gris, fueron cubiertas por un atisbo de esperanza. Aún si la historia efectivamente no inicia desde el comienzo de la desgracia.
Pues esos ojos que me miraban con intensidad eran tan reconocibles para mi, que aún podía oler la tarta de mi difunta madre cerca del carnaval anual de bufones de la realeza. Ese hombre que en mi vida jamás creí volver a ver, sentía que volvería salvarme como la primera vez.
. . .
Era hace muchos siglos atrás, el inicio de la historia de jeon Jungkook, un chico de aspecto un tanto desaliñado, prendas de tela y zapatos con agujeros por doquier. Su vida en el pueblo de Carrot, era tranquila. En muchas áreas las casas eran de construcción sencilla, con paredes de madera o barro y techos de paja o madera. Se vivía de la cosecha, pues era el único sustento que podían darse los pueblerinos. Este joven recordaba vívidamente a sus padres, las enseñanzas que le inculcaron de pequeño, acerca del sembrado de cebada. Pues de esto solían vivir y alimentarse cuando había escasez de alimento.
No había sido nada sencillo, el sobrevivir sin sus progenitores. Pero recordaba perfectamente en fechas de frío invierno, cuando sus padres enfermaron por la gripe, en esos tiempos la medicina no era tan avanzada para dar un cuidado apropiado a aquellos que enfermaban. Por eso siempre esperaban una muerte segura y no una forma de salvarse. Jeon sufrió por la pérdida, habiendo deseado poder hacer algo por ellos, no solo esperar a que estos perecieran con los días.
Pero él no era el único que tuvo una perdida esos días invernales.
Conocí a un chico de pequeña estatura, asiático al igual que yo. Sus manos y piel pálidas y esa nariz de botón roja por el frío. Corriendo por las calles del pueblo implorando ayuda, sin ser siquiera escuchado por alguien, pues muchos preferían hacer oidos sordos y cuidarse las espaldas. Yo lo habría hecho igual, si no fuera porque esos bonitos fanales me descubrieron, cuando aún me encontraba observando por la ventana. Aún tengo los recuerdos frescos de tu sonrisa y la forma tan particular en la que corrías a mi dirección. ¿Tenías expectativas en un desconocido? Aunque sabía que debía de negarme, te seguí al instante en el qué abrí la puerta para tí.
"Es aquí, aquí está mi casa" pronunciaste con la voz temblorosa. "Mi mamá no responde, no sé que le pasa, a estado dormida por dos días"
Aún sabiendo los motivos, observé el cuerpo frágil de esa mujer arropado en mantas por su hijo. Me acerqué notando a simple vista que ella ya no sé encontraba con nosotros. Entonces mi atención fue dirigida nuevamente a tu persona. Somos dos niños de siete años, huérfanos, pobres y ingenuos.
"Ella está muerta" aún si fue con un hilo de voz atormentada, trate de ser fuerte con la noticia tan devastadora.
"Mamá... no me dejes solo, no te vayas con papá"
Quizás había sido un instinto protector que apareció repentinamente, en el momento en que dos par de cristalinas lágrimas bajaron por tus mejillas, te quitaste tu bonete de paño de la cabeza, miraste a tu madre por última vez, hasta que sentiste mis brazos rodearte, yo también lo había necesitado tanto, pues aún era un infante, tenía miedo de estar solo, de correr el mismo destino por ignorancia, por no saber lo que se debía de hacer para salvar a alguien que amaba.
Puede que en ese entonces, nuestro encuentro pudo haber sido triste. Ahora lo veo como obra del destino, que nos puso a ambos en la cuerda floja, para balancear nuestros pasos y caminos en equilibrio. Tal y como hemos aprendido a sobrevivir después de enterrar a nuestra familia en las tierras.
"Mi nombre es jimin" La presentación fue dada con unos ojos llorosos, llenos de ternura. " Y yo me llamo Jungkook" quien diría que esa vez todo cambiaría para nosotros. Mentiría si no admitiera que un par de veces robar era la única opción por un par de manzanas o comida sobrante en los bares. Claro que no siempre fue así, también intentamos sembrar y vender de nuestras cosechas. Hubieron buenas épocas, en las que había más que mazorcas en nuestra mesa. En estás fechas, diría que park se a intentado esforzar con la cebada, más de la cuenta.
- Te he advertido muchas veces que no está bien que te quedes hasta tarde cosechando.- Mastique un pedazo de hoja de coca, era casi estimulante, me ayudaba a evitar un poco el hambre.
-Podrías enfermar. -Me baje del gran tronco del árbol, caminando directo hacia mi amigo, quien me hacía expresiones de molestia.
-yo estoy intentando que evites de masticar esa asquerosa hoja y comas algo mejor. Deberías agradecerme siquiera.-cruzo los brazos, casi indignado por mis palabras.
Al final del día siempre teníamos algo nuevo para decir, incluso si nuestra vida se basaba en sobrevivir la mayor parte del tiempo. Los cabellos dorados de jimin incluso brillaban más al atardecer, a pesar de que sus cabellos estuvieran llenos de semillas.
-piensas plantar semillas en tu cabeza? Las contaminaras. - Toque esas finas fibras de pelo, quitando todo rastro que las arruinará. -No pienso comer algo que venga directo de tí.
Escuché su gruñido, parecido al de un gato, hasta saboreando el golpe que me propinó en el hombro.
-Si, si muy gracioso bufón ¿Acaso ya cambiarás tu profesión? La hoja esa te funde las neuronas
Sonreímos, amamos sonreír. Es la viva imagen de la felicidad y complicidad que teníamos, con una sola mirada, nos entendíamos. En ese anochecer, escuché un estornudo seguido de dos o tres. No tenía la cuenta exacta, pero era de esperarse que enfermarías.
-Te lo dije jimin, enfermarías. Ahora serás tú el que deberá de agradecer. -Nos dirigimos hacia nuestro
hogar, prendiendo un par de velas y sacando lo que nos quedaba de pan para esta noche. Tomé mi libro de información, aquel que yo mismo escribí con la finalidad de aprender sobre plantas, buscando su función y beneficios. Le he nombrado "plantas medicinales j.k"
De reojo, aprecié como se quitaba sus desgastados zapatos, tomando asiento en una silla.
-Eres un presumido kook, ya verás que cuando sea un caballero de la realeza, te atacaré con mi espada.
Lo ví levantarse de un salto, moviéndose como si fuera a luchar, siempre tan inquieto, lleno de energía, incluso más energético que un caballo. Lo que nos diferenciaba era la pasión, los métodos para conseguir lograr nuestras aspiraciones era distinta, mientras yo estudiaba, él se ejercitaba a su manera. Aún con nuestras desemejanzas, podíamos complementar tales diferencias, con el cariño y tiempo, que juntos formamos con el pasar de los años.
-¿La realeza acepta a enanos? Pensé que eran más un tipo de sustituto de hijos o solo privilegiados de la
época. -Sus redondos ojos de ciervo, se perdieron en un trance de pensamientos, solía pasarle seguido.
Aunque park tenía la costumbre de sacarlo del trance, con golpes.
-¿Estas bromeando? Acaso piensas que no creceré... hombre, estás diciendo incongruencias, aún no estoy tan maduro. - A pasos pesados, pero delicados, jimin le dio golpes en el hombro, sin demasiada fuerza.
Era una escena que se veía consecutivamente en el día a día.
-Defina la madurez, caballero park. -Con una reverencia forzada, le sonreí dejando claras mis burlescas intenciones. Me encantaba hacerle enfadar, pues era divertido ver ese rostro hacer pucheros involuntarios. No era tan seguido, pero me bastaba con sus berrinches.
En nuestro pueblo natal, se contaba una leyenda, sobre las almas gemelas.
- Madurez... Bueno la madurez es cuando uno es maduro, como esas manzanas en crecimiento. - Jimin frunció el ceño, apoyándose en la mesa de caoba, pensando si su respuesta era coherente.
No pude evitar reír a carcajadas ¿Manzanas en crecimiento?
-Ya veo porque eres tan parecido a las manzanas. -Esa vez quedaste atónito, mirándome con notable confusión, confusión que se transformó en enojo inmediato cuando entendiste a lo que me refería. "Me estás llamando fruta de mercado" creí que no podía reírme más, casi agotándose el aire fresco de mis pulmones. -En realidad me refería a que eres igual de pequeño que una fruta y con un constante rubor en tus mejillas, me hace creer que en realidad naciste de un árbol.
Estábamos seguros, con poco, pero era suficiente con la compañía entre los dos.
Por unos instante jure haberte visto moverte de forma extraña, pero creía que era mi imaginación.
-kook... -Yo aún me encontraba atrapado en esa burbuja de dicha alegría hogareña. Hasta que tu voz débil, extraña voz de cansancio que no escuchaba hace años, me llamo repentinamente. Habías caído de la nada, con unas mejillas sonrojadas por la fiebre. Me habría gustado que ese sonrojo fuese solo por bromas mías, el solo verte sufrir, me volvía endeble.
-¡Jimin! Tranquilo, y-yo
cuidare de ti... - Como si mis piernas reaccionarán solas, a paso rápido me arrodillé para tocar tu frente caliente,
te levanté con cuidado, estaba asustado. Podía alardear a veces para molestar, pero no era un experto, esa vez, quise dar todo de mi, para protegerte de los males.
. . .
Fue una noche agotadora, paño tras paño húmedo. Jeon se recostó en la orilla de la cama, observando el pálido rostro de jimin. Este apenas y hablaba pues estaba decaído, por la fuerte gripe. No tenían suministros médicos, por lo tanto debía de encontrar la forma de cuidarle con sus propios medios. Aún si estos eran escasos, algo de hierba del huerto y miel, obsequió de unos pobres ancianos.
-Kook... Kook... - aquellos murmullos suaves apenas audibles que soltaba en busca del susodicho. Los orbes avellana profundos de Jungkook de inmediato se encontraron con los luceros decaídos de su amigo.
Y ahí estaba, llegando al rescate como si el único caballero de armadura fuese él, a veces el rubio creía que su mala suerte se debía a que tenía la maldición de su padre. La muerte seguido le perseguía, creía que el miedo se iría mientras estuviese al lado de jeon, mientras esté sostuviera su mano, cada que se sentía mal. Creía que era egoísta al pensar así, pero aún era demasiado joven y todo ese tiempo en su mundo de fantasía como caballero de armadura dorada, lo hacía tener ilusiones que podrían ser banales para muchos, pero para park jimin eran su esperanza.
-kook... Responde, no me hagas hablar con cigarras. Luego creeré que estoy delirando - El miedo más grande que podia tener, era la soledad. El silencio era el ejemplo de eso.
-Sigo aquí jimin ¿No te he dicho que te cuidaría? Déjame contar creo que qui-
Sin poder terminar la oración, jimin frunció el ceño, haciendo una expresión digna de un pequeño gruñón, sus ojos no ocultaban absolutamente nada, tan expresivos.
-Si, si quinientas veces hombre, no tienes que decirlo, ya entendí. Solo me había asustado, pensé que no estabas en la habitación.
Un momento más y estallaron en risas, a pesar de la gravedad del asunto, nunca faltaban las situaciones divertidas entre ellos, era solo cosa de segundos para que esa atmósfera fuese armoniosa.
-Lo se, odias el silencio. - Estiró sus piernas, levantándose del piso gélido, pues hace unos instantes había estado en una molesta posición. - ya era hora de que despertarás ya estaba preocupándome, pensé que tendría que abrir un agujero cerca del árbol, tu culo es demasiado pesado para tirarte en el.
-Oye, no des por sentado mi muerte maldito, ya verás que cuando mejore, el que terminará enterrado serás tú.
-Ahora si estás delirando.- Su mano se poso en la frente de jimin, aunque fuese de mera broma, al instante su preocupación creció. -La fiebre está empeorando... Jimin. -Podia sentir la molestia picar como mosquitos.- Dime cuando estes sintiéndote mal, no puedo solo saberlo ¿Por qué eres tan terco? Iré al pueblo a ver qué puedo conseguir, no tenemos mucho aquí...
Iba a marcharme con rapidez, si no fuera, porque me tomaste fuertemente del brazo.
-Lo siento si? Yo también estoy agobiado por esto, no quiero preocuparte, aún si yo también pueda estarlo. -Sus ojos jamás mienten, ni su voz, ni acciones. -Solo no tardes demasiado...
-No lo haré, solo quédate acostado. De nada servirá que te levantes, hazme caso, no quiero llegar y verte tendido en el piso. -Con una última sonrisa confiada, sus pasos se dirigieron hacia la puerta de madera, tomando el pomo, antes de volver a mirar hacia la dirección de jimin, quien le devolvió el gesto. Debía de obtener algo efectivo, tendría que regatear para un buen precio, si era lo que requería. Aunque los comerciantes eran unos embusteros de primera.
Era eso o no hacer nada, y en el idioma de Jungkook, no hacer nada, jamás fue opción.
Habrá tardado unos cuarenta minutos tratando de negociar con un hombre que tenía equinácea y astrágalo, era justo lo que necesitaba. Había estado investigando sobre plantas herbáceas y botánicas. Sus sustancias naturales podrían estimular la resistencia del cuerpo. Estaba decidido a conseguirlo a como de lugar. Era difícil de obtener por estos lares, lo sabía, por eso estaba a diez centavos, pero apenas tenía cinco en sus bolsillos gastados.
-Vamos cinco centavos no está mal, no le estoy pidiendo una gran cantidad.
-Al menos hablando de paciencia, aún le quedaba algo de esta. - alguien muy importante para mí está enfermo de gripe... está es mi única opción para salvarlo.
Sus manos se apretaron en un fuerte puño de desesperó, contando los minutos desperdiciados.
-Si no es la fiebre escarlata, dudo que se muera, lárgate si no tienes el dinero suficiente, ya te he dicho que no acepto miserias. Mi trabajo es arduo, no me fue sencillo conseguir estás hierbas. -Se exaltó, haciendo gestos groseros, parecía importarle poco la situación, era el egoísmo que había visto en reiteradas ocasiones, siempre eran vistos como pobres diablos.
-Por última vez... Son cinco centavos, le ofrezco... Unos zapatos, tengo unos casi nuevos, también puede quedarse con mi camisa, la tela... la tela es de oveja. -Su voz tembló, porque no quería tener la misma sorpresa que tuvo con sus padres cuando estos fallecieron. Se arrodillo está vez, las miradas de los compradores que deambulaban no pasaron desapercibidas, lastima, sorpresa, molestia, ninguna de esas fue de importancia para jeon. -Es lo único que puedo ofrecer.
-Niño, te estoy diciendo que no. Acaso quieres que te golpe? Porque es lo que te estás ganando. -Alzo la mano para propinarle un golpe abrupto, golpe que no llego, pues fue detenido por un hombre de traje que pasaba cerca de ellos.
-Yo le compraré las hierbas, no es necesario la agresividad. - Se interpuso, mirando con pesar al mercantil.
Al parecer esa vez, la suerte había estado de su lado, ese señor, parecía traer dinero consigo. Sus prendas se veían finas y su bigote era gracioso de ver. También había sido amable al ofrecerse a comprarle las hierbas medicinales. No pregunto el motivo, más bien solo le acaricio la cabeza, diciéndole que era un joven inteligente para su edad. "Pareciera que naciste para esto muchacho" eso había sonado tan bien que hubiera querido oírlo nuevamente.
-No tengo como agradecerle por lo que hizo hace un rato... -Caminaban a paso lento, el hombre se hacía llamar Charles y era médico, se había graduado hace unos cuantos años de la universidad. Este entusiasmado hablaba con Jungkook sobre la importancia de la medicina en la actualidad y todos los descubrimientos que se podían adquirir con el paso del tiempo.
-Esta bien chico, no hay problema, yo de hecho te tenía una propuesta que podría cambiar tu vida a mejor. - En ese momento parecía que no iba tan de prisa sus pasos se calmaron. -Pero por lo que veo, se ve que ansias por marcharte, tienes un hábito de mover tus manos nerviosas. Por lo tanto quería decirte que me marcharé en una semana, puedes ir al hotel donde me hospedó, debes de conocerlo es el único que hay en este pueblo. Tengo una vacante para una universidad y si vienes conmigo tendrás la oportunidad te obtener el título, piénsalo hasta entonces.
Le agradeció claro, pero el silencio perduró en sus labios, jamás creyó tener tal oportunidad, solo en sus sueños creía posible algo así. Se fue a paso rápido, dejando en sus pensamientos esa propuesta para más tarde, lo único importante ahora era ver cómo seguía jimin. Ya había perdido demasiado tiempo divagando.
. . .
El cielo se tiñe de un rojizo que solía indicar lo tarde que era en esos tiempos, el reloj que no tenían, marcaba la hora en el cielo de ese atardecer. Sus pies dolían, no dudaba de la callosidad de estos, pero gracias a aquel hombre que le ofreció un dólar, pudo comprar ingredientes para una sopa, le vendría bien a su amigo. Se sentía extraño recibir algo ajeno, no era costumbre siquiera la benevolencia de la gente. ¿Por qué alguien de más estatus sería así? No era habitual, era más costumbre el ser mirado como ganado sin marca. Nego con rapidez, solo se la pasaba pensado demasiado las cosas.
Sus fanales cansados vieron ya cerca la pequeña casa. Ya estando en la puerta abrió de esta con brusquedad, dando un portazo.
-¡Jimin! Ya he llegado. -Dejo las compras en la mesa, asegurándose de tener todo, sabía que nunca faltaban los ladrones, estaba familiarizado en el pasado con eso, aunque era más vergüenza de si mismo. -no falta nada, mmh... - se quito los desgastados zapatos, las suelas se abrieron un poco, tendría que remendar estás con algún cuero. - Jimin?- al no oír respuesta, tiro los zapatos, para dirigirse al cuarto. Al oír una tos pesada se apresuró y de un tirón se acerco.
-¡jimin!-Toco la frente del chico, sintiendo el aumento de temperatura en su cuerpo, tomo un paño sumergiendo este en el balde de agua. - debí de haberlo previsto... P-por suerte he conseguido hierbas...
No recibía más respuestas que quejidos de dolor y un cuerpo tembloroso. Tomando en cuenta que no tenían un termómetro, pero sabía a simple vista, que volvió a recaer, el sudor, mejillas sonrojadas, junto a esa expresión de desconsuelo. Estuvo durante horas cambiando los paños fríos, preparo una infusión que no le tomó demasiado. No quiso separarse en toda la noche de él, aún si estaba agotado, sus ojeras eran ejemplo de su esfuerzo. Tomo asiento en la orilla de la cama, ya era la media noche, parecía que habían funcionado sus cuidados cuando escucho el respirar tranquilo de jimin. Hasta el momento fue el único consuelo que tuvo. Pero tenía terror, de que este no despertara por la mañana: con esa odiosa risa, sus bromas infantiles y su característica sonrisa juguetona. Todo aquello a lo que se había acostumbrado.
Pero acontece que algo más rondaba en su mente. No deseaba dejar a jimin solo, sabía que se retrasaría un poco más en cuidarlo, quizás tres días. Contando que debía de trabajar en la cosecha. Tantas labores que estaban al pendiente.
Al final no tenía descanso alguno, ya a eso de las seis de la mañana se levantó a arar la tierra. Aunque este trabajo era el preferido de Park. Se sentía solo sin su compañía. El sol comenzó a pegarle fuerte un poco más tarde, sus prendas estaban más sucias que de costumbre. Tomo un poco de agua del riachuelo, limpiando su boca, tenía hambre.
- creo que debía dejarlo así por el momento. - habían transcurrido tres días, desde que el rubio se mantenía aún en cama, con los cuidados constantes de jeon, este cada día estaba con más energía. Lo había valido cada desveló por mantenerlo en las mejores condiciones.
Ya había remendado sus zapatos, se esmeró para que no se rompieran tan pronto. Se puso estos listo para salir de la casa.
Ahora solo camino hacia el pueblo a por unas manzanas, creía que le subiría el ánimo a jimin. Todavía le sobraban unos centavos, sería suficiente para una o dos manzanas frescas. Su camino hacia el pueblo fue corto, porque se divertía observando las carretas de mercantiles, lo que daría por tener una de esas, así podría tener un mejor transporte. Pero los caballos eran costosos, apenas y tenían unas gallinas. Nego con la cabeza, comiendo un pedazo de patata. Su vecino Arnold le ofreció unas cuantas por un poco de maíz.
-buenas tardes Jungkook. - uno de los pueblerinos le saludo pasando junto a su esposa, este le devolvió el saludo mirando a pequeña de la familia.
-Buenas tardes señor Harriet, ¿Alguna noticia?- El hombre con una mueca nego, por como iban las ventas, la cebada no se vendería a buen precio está temporada.
-Lo siento chico, pero Lambert compro la cosecha de los osbal hace un día. Creo que les dio cuarenta dólares por la mitad, el pobre apenas y pudo sonreír. Tiene cuatro hijas y una esposa que está enferma. -Aun con esa noticia tan desalentadora, trato de desearle buena suerte al hombre.
-Esta bien, no sé preocupe. Entonces eso es todo no? - Estaba a punto de marcharse cuando esté le llamo nuevamente.
-¡Espera Jungkook! Se me olvidaba un hombre pregunto por tí, Charles se hacía llamar. Ya sabes que este pueblo están pequeño, dijo que cuando pudieras fueras a visitarle.
Dicho esto le agradeció por la información. Estaba algo frustrado, jimin enfermó por esa maldita producción de trigo. Se habían dividido las labores para cosechar un poco más este año, pero nada resultó bien al parecer. Ahora tenía la carga de esa "decisión" aunque por dentro deseaba hacerlo, cumplir su sueño aún sabiendo que implicaría irse.
Pateó unas piedras en su camino, sus ojos eran desesperación total. Las lágrimas bajaron una por una, trato de limpiarlas pero era difícil que no brotarán más. - maldición... Sabía que debíamos haber cosechando maíz, esto es el colmó.
Se detuvo al mirar que tampoco habían manzanas en venta, la última fue vendida a un anciano que siguió su camino. -Lo que me faltaba. Ahora como voy a sorprenderlo? -Si no fuera por una risa a su costado, seguiría maldiciendo a todo el que le mirará.
Entonces lo supo, era el hombre de aquella vez.
-Muchacho no deberías decir tantas groserías en una sola oración. Estás muy joven para eso, mira a un viejo como yo sonriéndole a la vida. - Este miro al menor con afecto, no había tenido hijos, aunque los hubiera deseado, su mujer falleció hace unos años y nunca lograron tener bebés.
-Es fácil para usted que lo tiene todo, podría dejarme tranquilo? No estoy de humor para hablar. -Cruzo los brazos pensando en que comprar ¿Quizás una pera? Aunque era difícil que le vendieran una a tres centavos. Estaba al extremo, no es como si pudiese darse el lujo de gastar lo poco que tenía, pero con tal de ver esa sonrisa, podría arriesgarse.
-hey, hey, no digas eso. Mira, no porque ahora tengo dinero, significa que nací en cuna de oro, tu me recuerdas mucho a mi, en la adolescencia, estás siendo arisco porque estás estresado, puedo verlo en tu rostro, no has descansado siquiera.-Toco su hombro. -Mira fui uno de los últimos en conseguir una de esas jugosas manzanas, te ofrezco está. -De su saco tomo la fruta poniendo está en frente de jeon. El cual se sobresalto por la impresión.
Estaba dudando de las intenciones del hombre, por todos esos favores.
- No quiero su caridad ¿Le doy
lastima? - Ya sabía cómo era eso, una vez lo vivió en carne y hueso. Un tipo ofreciéndole dinero a su amigo por un "favor" que no era más que su morbosidad, para su asqueroso bar de rameras. -¿Qué es lo que quiere de mí? sea claro.
-No quiero nada, ¿Jungkook no? Se que eres asiático, que el trato que recibes es descomedido y no siempre te esperas cosas buenas de personas como yo, pero déjame decirte que lo hago porque me agradas. Ese día que me hablaste sobre tu interés en la medicina me dejaste impresionado, hace años que no veía a un jovencito tan entusiasta. Por eso te ofrecí mi ayuda, tal y como lo estoy haciendo ahora. No trato de ofenderte, esto no es porque me des lastima, es porque te ganaste mi apreció. -
Le tendió la mano, dándole la fruta con cuidado.
Este se lo pensó dos veces antes de responder. Aún si esa respuesta le resultará más aceptable que cualquier otra.
-Entonces me está diciendo que lo hace porque le agrado? Está loco o simplemente es buena gente...
-Es más lo último joven, mira solo no seas duro y acepta algo de ayuda de vez en cuando. ¿creo que te habrá llegado el mensaje no? De Harriet, sobre lo que deseaba de hablar contigo.- miro su reloj de bolsillo, suspirando con algo de desgano. - me gustaría tener más tiempo, pero al parecer debo marcharme en dos días, me necesitan en chicago. Cada día hay más infecciones.
El silencio sepulcral invadió en cuestión de segundos.
- Entonces dime, estás dispuesto a ir conmigo? La universidad golden giants es una de las mejores, no tendrás mejor oportunidad que está Jungkook. - se sentía en un remolino, de solo pensar en ello.
-Pero jimin... ¿Él puede venir
conmigo? - Era la única preocupación que tenía por en esos momentos. Bajo la mirada algo atacado por si mismo.
-Chico realmente me encantaría decirte que si, pero serías becado y esto no cubriría los gastos de tu amigo... El no puede venir contigo, chicago está lleno de personas injustas, no creo que lo recibirían como un pueblo pequeño, sabes a lo que me refiero. -Esa fue la respuesta que necesito. Apretó esa manzana entre sus manos, para sonreír con agradecimiento.
-Lamento haberlo insultado y respecto a su propuesta, debo de negarme. No puedo dejar a mi única familia aquí. - limpio un poco sus pantalones, que tenían algo de polvo, aunque empeoró, notando que sus propias estaban llenas de barro.
El hombre con algo de pena comprendió, aunque quiso insistir en caso de que este pudiese cambiar de parecer.
- Se que vives cerca del riachuelo, queda a dos kilómetros de la carretera. lamento el haber investigado un poco sin tu permiso, pero déjame decirte que si cambias de opinión ve el sábado a las afueras, ahí estaré esperando con mi carreta, respecto a tu amigo podrás visitarlo y enviarle cartas. Piénsalo muchacho
- claro, se lo haré saber. Adiós señor Charles, buen viaje.
. . .
El mareo molesto había desaparecido, sustituido por leves dolores musculares gracias a permanecer en cama durante varios días. - Auch, esto de la gripe es peor que el sarampión. -Estaba tomando la sopa de verduras que kook había preparado hace un día, cada bocado era delicioso en sus pupilas gustativas.
-jimin ni siquiera has tenido
sarampión. - podía notar ese tono desanimado con el cual mencionaba aquello, no era usual, como si no lo conociera. Le apunto con la cuchara de madera de forma ruda.
Entonces este levanto las manos en forma de defensa.
-Acaso me estás ocultando algo? ayer fuiste a comprar manzanas y resulta que me vino a visitar el señor Harriet, para contarme que las cosechas no se están vendiendo a buen precio. Se que no debería desconfiar, pero me importas y no quiero verte decaído, menos cuando me cuidaste tanto, no es justo para ti, ni para mí, kook. Nos conocemos desde pequeños, no debes ocultarme lo que te duele... Quiero poder ayudarte también, no quiero solo estar aquí recostado esperando a que siempre llegues a mi rescaté. Deseo que compartamos todo, que podamos ser la fuerza del otro.
En el corazón de Jungkook se surco una grieta mientras oía esas palabras tan honestas, cuando él no había estado siendo ni la mitad de honesto con jimin.
-Creo que tomaste enserio la madurez caballero park... Casi suenas como el viejo James.
La primera oración fue alentadora, hasta que al escuchar el final, este le arrojo una almohada encima. - Si vas a molestarme, ahórrate tus palabras, doctor jeon.
Sus miradas se encontraron, la respiración se detuvo en cuestión de segundos. Parecía que lo podían atravesar la cuarta pared solo con estar cerca del otro, nada existía a su alrededor cuando se tenían en frente.
-Si... Respecto a lo de Harriet , es solo preocupación, ya sabes a penas nos hemos podido levantar está temporada. Entonces tú esfuerzo no debería ser en vano, es lo que me tiene así, no debes divagar tanto. Estamos aquí, juntos
no? - unió sus manos entre si, notando la diferencia de tamaño, que tanto amaba de recalcar.
Quisiera poder decírtelo todo, pero entre tu y yo, siempre fuiste el más valiente.
-Entonces deja esas muecas doc, debes descansar ahora que ya estoy mejor, mañana será un gran día. - Golpeó el hombro de kook, sin saber que este estaba guardando algo mucho más importante. - por cierto, hoy alguien dejo una carta para tí, no quise mirarla porque luego y me regañas. Aunque tampoco hubiera podido leerlo, porque no se me da muy bien.
- Está bien, iré a echarle un vistazo. Procura ponerte los pantalones de domingo, los que llevas ya deben estar llenos de pulgas. -Me reí avanzando hacia la puerta.
- Sigue bromeando y te tiro los pantalones en la cara. - Desvío la mirada indignado, típico de él. Las ventanas por suerte se encontraban cerradas, tampoco habían tantas ventiscas.
Me escape por la puerta, tomando el sobre de la mesa. No sin antes mirar de reojo a hacia la habitación de jimin.
¿Quién será ahora? Con agitación abrió el papel comenzando a leer de este.
Buenas tardes muchacho, quise escribirte por última vez, en este sobre te he dejado algo de dinero, se ve que lo necesitas más que yo. Espero tu amigo se encuentre mejor, si es así me alegro por ambos. Pero como te digo mañana me voy, y debía decirte que estaré esperándote aún si no llegas. No te sientas mal, no te juzgues si es lo has soñado desde pequeño. Ven, no te rindas, hazlo por tí y por el chico que tanto cuidas, hay también un trabajo vacante para tí en tu estadía en la universidad. Cómo asistente, tómalo o déjalo, podrás enviarle dinero seguido si tú preocupación es dejarlo solo, creeme que podrás ganar más que con él cultivo.
Te esperaré, espero decidas con inteligencia.
Dicho esto apretó la carta, arrugando la nota como si fuera un pecado el solo leerla. ¿Que debía de hacer? estaba entre la espada y la pared. Una oportunidad, de cambiarlo todo. Quizás el destino estaba haciéndolo decidir de la forma más cruel posible, otro tema era su resistencia ante sus aficiones.
Entonces recordó la conversación que tuvo con jimin una vez, acerca del futuro.
"Sabes Jungkook, si yo llegara a tener la oportunidad de convertirme en caballero ¿Irías conmigo?"
"Por qué no lo haría?" Esa vez todo era casi una fantasía para ambos, la idea de lo imposible, que nos daba refugio. Al menos imaginarlo era el consuelo.
"Ya sabes, tú quieres estudiar medicina y yo... Jamás te obligaría seguirme si eso pudiese hacerte infeliz... Aun si eso significa dejar lo que amo por estar contigo"
Estaba siendo demasiado codicioso al querer hacer lo contrario? El anhelar irse con Charles.
Salió de su ensoñación cuando un rubio saltarin se le arrimó, tratando de leer la nota, agarrando el sobre.
-¿Que? De dónde sacaste diez dólares, es mucho dinero. - pero al contrario de dar una contestación, arrugó la nota con anticipación para que no pudiese verla. ¿A qué le teme tanto?
-Es un adelantó de los Morris, por nuestras gallinas, al parecer no todo está perdido... Es de lo que hable ayer. - Mintió descaradamente, era peor que una daga. A pesar del dudar de sus voz, no logro ver desconfianza en esos fanales, es como si le creyera absolutamente todo. Era más preocupante el pensar en eso. Se sentía como un farsante.
-Cierto, aunque no pensé que sería tan pronto. Vamos, ¿Quien adelanta dinero en estás fechas? seguro que les ha de estar llendo muy bien, mañana me daré una vuelta por el terreno de Morris. A ver si logro sacarle información de algún trabajo.
Eso le había inquietando un poco, pero pensó que sería lo mejor.
- Si... Jimin que tal si preparas esa tarta que tanto me gusta, de arándanos. El arbusto silvestre que plantamos está casi repleto de estás. Quiero que celebremos tu recuperación, ahora que puedes estar de pie, te hará mejor algo de movimiento. - Cambié el tema, mientras miraba la hoja arrugada.
Entonces comprendí que siempre tuve la respuesta, pero solo no era capaz de soltarlo con palabras. No podía decírtelo.
-Tienes razón, tengo buena mano para las tartas, jamás probaras una tan buena como la mía.
- sigues hablando de las tartas? - No lo pude evitar, ese sonrojó tuyo me detuvo por unos instantes. Esa forma tan particular de hacer expresiones lindas hasta cuando te encontrabas enfadado.
Era lo único que me detenía.
- ash, mejor ve al establo a por unos huevos, aún nos queda una gallina ponedora. Sin estos no te haré esa tarta, ve, ve rápido. - Empujó al pelinegro con firmeza. Mientras se dirigía a por esos arándanos, con una serenidad impresionante.
-Vale, veré qué encuentro. Entonces hoy... Debe ser una cena muy especial.
- Que dices? siempre han sido así. No necesitamos un banquete. Apresúrate que se hará tarde.
Y así fue, esa noche marcó el comienzo de un sueño. Esa dulce melodía de pradera, unas charlas extensas que pareciera que no acabarían. Estábamos reunidos como el primer día, en esa mesa con millones de historias contadas, bromeado sobre becerros y montañas de árboles frutales, que eran más que la ensoñación.
" ¿Será que algún día nos haremos ricos? Los Collins el mes pasado encontraron oro, deberíamos de intentarlo kook"
" También me enteré que hace unos días llegó un medico a ayudar un poco en el pueblo "
Debía de haberte dicho algo gracioso al respecto, pero solo quise oírte quejarte de nuestra mala racha, solo te escuché atentamente hasta que decidieras callar.
Estaba seguro que no habría oportunidad para siquiera decir algo más, porque al terminar esa sustentosa comida, más tarde tome un pedazo de papel, con algo de tinta negra, escribí una carta que no iba a dirigida hacia el señor Charles. Era para tí, era una promesa.
Estabas en la cama, casi en tu tercer sueño. Deje la carta en la mesita de noche, contemplando tu descansar, mi mano se poso en tus cabellos desordenados, sintiendo la suavidad.
Tu ceño se frunció de inmediato. ¿Que tanto estarías soñando? ¿Habré estado yo ahí?
Quería permanecer por mas tiempo observando tu rostro dormido, pero ya era hora de marcharme. Solo debía seguir adelante, cruzar esa puerta. Podía parecer sencillo, pero al cruzarla. Cubrió su boca con fuerza para no soltar un sollozo atorado, permaneció quieto hasta que sus piernas corrieron lo más rápido posible, esa madrugada corrió hacia la carreta de charles, corrió con su rostro empapado y el pecho con una molesta presión. Estaba seguro de haber oído unos pasos menos rápidos detrás suyo, creía que era su imaginación.
- muchacho si viniste, pensé que no llegarías, sube, nos espera un largo viaje.- Así fue, sin preguntas, sin respuesta, solo subí sin las ganas de hablar.
- Al parecer no estás de humor, deberías descansar.
Me recosté en una orilla, sin querer mirar hacia atrás, pero mientras avanzaba la carreta, una pequeña figura a lo lejos seguía corriendo.
-¡Kook! ¡Kook! Adónde te vas, kook... - Eran unos gritos desesperados, que disminuían a cada paso.
No había logrado oírte, porque el ruido exterior no lo permitía. Si te hubiese visto, probablemente hubiese bajado por tí, me habría arrepentido de haber tomado esa decisión sin habértelo dicho.
- ¡Jungkook! Regresa, no me dejes aquí. Jungkook ¡por favor! Prometo no enfermarme más, no me abandones, te amo, te amo, regresa... ¡REGRESA! Siempre te he amado...
Sus pies no resistieron más, cayendo derrotado. Aún cuando quisiera seguir implorando a qué regresará, a qué no le dejase. No pudo hacer nada para impedirlo, se veía tan lejano, tan fuera de su alcance ¿Por qué? ¿Por qué no regresaba a buscarle?
-jungkook... No Jungkook, vuelve... - Sollozó hasta el anochecer, con la esperanza de que esté volviera, aún si tenía hambre y frío. Arrodillado, con los ojos llenos de lágrimas de dolor. Quizás decepción por lo ocurrido, sin entender el porque su única familia, la única persona que estuvo a su lado fue capaz de abandonarle. Sin él su conciencia era helada y vacía, estaba al límite.
Lo supo, que no volvería cuando vio unos caballos pasar a su lado, junto al cura del pueblo.
- chico ¿Que haces ahí tirado? Es muy tarde, es peligroso rondar por aquí a estas horas. - observo la luna tan brillante.
- Padre Louis... Por qué amar duele tanto? Porque se siente como si pudiera morir en cualquier momento. Ni siquiera la gripe me dolió tanto como ahora. Mi corazón arde, arde como si fuera quemado por el diablo. - Su cuerpo tenía leves espasmos, casi le faltaba el aire, sus manos apretando su pecho. Sus ojos ni siquiera se dignaron a mirar al hombre enfrente suyo
- Duele porque cuando es alguien importante para tí, siempre permanecerá en tus recuerdos, aún si esa persona ya no está cerca, hijo. - tomo el brazo del rubio, tratando de levantarle. - venga, no te hará bien estar aquí.
¿Acaso nunca me quisiste, como yo lo hacía?
- No lo entiendo n-no debería ser así... Se suponía que estaríamos juntos hasta el final, en nuestra casita. El aballero park y su f-fiel doctor... - Fue tanta la desesperación, que cayó rendido, estaba deshidratado por haber permanecido tanto tiempo esperando.
-¡Chico! - fue trasladado al pueblo, en dónde le atendió un hombre que sabía lo básico de medicina. Estuvo recostado por unos días, sin tener apetito, mucho menos energía, enfermo por la ausencia. mirando seguido la puerta, esperando a que su amigo llegará en su búsqueda, pero no hubo ningún indicio de que aparecería, pudo hablar con Harriet, aquel que le menciono que probablemente jeon se marchó con un doctor que venia de pasada. ¿Fue su oportunidad? No deseaba ni siquiera pensarlo, la tristeza era demasiada para asimilarlo.
Se sentía traicionado, lo que más odiaba eran las mentiras y fue lo que recibió de la persona menos esperada, violo su juramento. Su razón de vida, todo lo que construyeron desde lo más bajo. Todo eso se acabó, sin haberlo previsto.
- Entonces me dejaste a mi suerte. - se detenía cada que veía pasar recuerdos tan tormentosos. Al entrar a la casa su respiración no logro regularse, se encaminó hacia su cuarto, sin notar la carta, aquella que había caído detrás de la mesita. - Lo que daría por volver al día en el que nos conocimos, aún si eramos dos niños vulnerables








