The Alpha Of My Life, OS Omegaverse Larry Stylinson

Summary

Harry es un alfa, Louis es un alfa. ¿Por qué no pueden amarse? Por el prejuicio de algunas personas. ¿Podrán superar los obstáculos y ser felices? Un OS corto, Alfa por Alfa.

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Mi Alfa


—¿Cómo estuvo tu cita de anoche? —Preguntó un rubio alfa, llamado Niall a uno de sus amigos, mientras almorzaban en un bonito restaurant cerca de la universidad donde estudiaban.

—Como todas, —contestó Louis, otro alfa de hermosos ojos azules, sin ganas, mirando el gran ventanal al fondo, perdiéndose en las delicadas flores que lo adornaban.

—¿Cómo es eso? —insistió Liam, el tercer alfa de la reunión.

—¿Para qué preguntas osito? Ya sabes que a Louis no le gusta nadie... Por lo menos ningún omega. —Respondió Zayn, el único omega presente y pareja de Liam.

Todos se quedaron en silencio porque era un tema sensible para Louis.

—Cambien la cara, ahí viene Harry, —dijo Niall, —y parece que no está contento.

Efectivamente el rostro del mencionado alfa era una mezcla de tristeza y rabia. Solo se endulzó cuando sus preciosos ojos verdes se cruzaron con los de Louis.

—¿Qué pasa amigo? —Interrogó, preocupado Liam.

—¿Qué va a pasar osito? ¿Es obvio, o no? Seguro tiene que ver algo con el próximo matrimonio de nuestro super alfa Harry, —habló Zayn.

Nuevamente el silencio apareció, no era un tema que les gustaba tocar pero se hacía inevitable.

—Lo de siempre pasa, mi padre insistiendo hasta el hastío que debo casarme con... con ella...

“Ella”, Eliza, era una omega muy bonita, hija de uno de los inversionistas mayoritarios de las empresas del padre de Harry. Entre los adultos decidieron el matrimonio, a pesar de lo estúpido de la situación, no eran los años veinte y sin embargo, se había dado marcha a los preparativos de tan peculiar ceremonia. Eliza tampoco estaba de acuerdo, pero era eso o vivir para siempre encerrada en su habitación. Definitivamente su padre había visto demasiadas películas.

Entre Harry y Eliza no había siquiera una amistad, apenas se toleraban, sus aromas resultaban casi vomitivos cuando estaban juntos y apenas se dirigían la palabra, haciendo las cosas más difíciles. No tenían idea de cómo salir de esa horrible situación. Todo era peor porque los dos querían a otras personas.

Eliza amaba con todo su corazón a un alfa sencillo y trabajador, que había servido en su casa como jardinero hace algunos meses. Fue amor a primera vista, y mientras estuvieron bajo el mismo techo fueron los más felices; sin embargo los descubrieron y su romance se vio obligado a terminar, causando el dolor más horrible en los dos.

Harry sufría por otro alfa, una aberración según su familia, tan orgullosa de las tradiciones que mantenían y que tenían que ver con lo que la gente esperaba de personas tan importantes. El alfa debía casarse con una omega para poder tener hijos y así mantener la base de la sociedad, como si el amor siguiera las reglas.

Eso le pasó a Harry. Fue criado para buscar una omega muy recatada y discreta, se lo repitieron como un mantra, incluso antes de presentarse como alfa. Está de más decir que cuando lo hizo, se preparó una gran celebración. El primogénito era un alfa, no había mejor noticia que esa que provocaba el orgullo máximo en el pecho del padre de Harry.

En esa gran fiesta para Harry, estaban sus amigos de siempre, Liam, Niall y Zayn, con quienes se conocía desde pequeño. La familia de Louis fue invitada porque estaban recién llegando a la ciudad y eran también gente adinerada, pero menos egoísta que los Styles, por lo que su crianza era más amable y siempre respetaron los deseos de sus hijos. Al momento de la fiesta, Louis aún no se había presentado, y pensaban que era un tema emocional, porque ya tenía diecisiete años y no mostraba señales de un celo o algo. Cuando se saludaron, Harry y Louis supieron y entendieron que ese chico frente a sus ojos era su destino, quien debería ser su compañero en este viaje llamado vida, con quien deberían amanecer enredados, con quien reír y llorar, a quien dedicar sus suspiros y esperanzas.

Esa misma noche, mientras conversaban entre los cinco, porque Louis de inmediato se ancló a la amistad de los demás, notaron que Harry se estaba comportando diferente. Un extraño y poco conocido aroma a geranio explotó, descolocando a la mayoría de los invitados, pero que en Louis desató un intenso aroma a ciprés. Los dos aromas juntos producían un fenómeno extraño y muy pocas veces visto. Se fusionaban tan bien, que desaparecían individualmente, para lograr un nuevo aroma diferente, no se podía saber a quién pertenecía, se volvía un olor mucho más dulce y amaderado. Pero más allá de cualquier cosa, desató en ellos un millón de sensaciones y emociones, también de calor.

Harry tuvo que ser llevado a su habitación, y Louis no podía ni quería separarse, por lo que pese a todos, se encerró con él en el dormitorio, habían entrado en celo.

Afortunadamente ninguno de los invitados se había dado cuenta, y los padres de Harry decidieron no involucrarse por esa vez, aunque morían de la vergüenza, esperaban que su hijo supiera mantener la distancia con Louis y solo se ayudaran con juguetes, que rápidamente pusieron a su disposición. Afortunadamente los celos eran algo corto y rápido, no más allá de una noche, pero sí más seguidos porque buscaban el embarazo de los omegas, nada más, no debían confundirse con tiempo de lujuria ni de sexo desenfrenado. Uno de los sirvientes dejó una canasta afuera de la habitación con diferentes artículos, como lubricante y comida.

—Sé que no nos conocemos y sé que es extraño... Pero Louis, por favor, ayúdame, —suplicó Harry desnudándose.

—Necesito que me ayudes también, —contestó, también dejando caer su ropa.

—Aunque no me ames, aunque sea mentira... Por favor, por favor... Dime que me amas, bésame...

Louis sonrió apenas, era lo mismo que necesitaba, no iba a ser difícil fingir algo que era más real que sus existencias.

Lo único que Louis sacó de la canasta fue el lubricante y lo dejó encima de la cama. Se acercó a Harry y tomándolo de la cintura lo besó, una y mil, una y un millón, en sus labios, en su cuello, en sus hombros.

—Eres hermoso... —dijo agónico, intentando contenerse por seguir más allá.

—Alfa, mi alfa... Lléname, te necesito, —rogó Harry a punto de desfallecer.

Louis lo acostó con todo el cuidado del mundo, mientras el sudor ya lo tenía empapado de tanto esfuerzo. Besó y tocó todo el cuerpo tembloroso, y rápidamente comenzó a prepararlo con mucho lubricante, siendo cuidadoso al entrar con sus dedos, no queriendo provocar dolor, solo placer. Apenas sintió que ya era suficiente, Harry abrió sus piernas y lo aprisionó, no dándole espacio, exigiéndole, gritándole que lo necesitaba.

—Tranquilo, estoy aquí... —Despacio comenzó a penetrarlo, lento, calmado, solo hasta estar por completo adentro. Una vez que Harry se acostumbró, no tuvo piedad y lo embistió duramente, rápido, con descaro, sin perder un segundo de su tiempo.

Harry suspiró, acabando... —Muérdeme...

Y Louis no dudó, mientras seguía moviéndose, buscó un lugar donde hacerlo y que no se notara. Tenía que mantener la cordura lo más posible, Harry no podía hacerlo en ese momento, y hacerlo le estaba provocando un horrible agotamiento. Apenas se corrió, salió y bajó, hasta llegar al ombligo de Harry, donde lo mordió sin compasión. Pasó su lengua amorosamente sobre su marca, feliz y pleno.

Volvió a buscar los labios de Harry, encontrándolos secos y sedientos de él. Lo envolvió entre sus brazos y lo acarició por donde pudo. Se sentía tan normal, tan perfecto, tan ideal, que le costaba creerlo. Cómo sus cuerpos se acoplaban, cómo reaccionaban sus aromas, cómo sentía a su corazón latir en un ritmo nuevo era insano, era una locura sin precedentes.

Diez minutos después, un fuerte calor empezó a molestarles nuevamente, la diferencia es que al parecer, los papeles se habían invertido.

—Alfa... —Llamó Louis... —Te, te nec... necesito...

Y Harry, como si fuera otra persona, lo tomó en brazos para besarlo, y luego acostarlo en la cama, boca abajo. Mordió su espalda a lo largo y ancho, mientras sus manos apretaban sus mejillas y buscaban dilatar su entrada, ya con un exceso de lubricante.

—Solo para mí... Dilo...

—Sí alfa, solo tuyo, solo tuyo... —Repitió gimiendo, ya desesperado por más.

Harry fue un poco más brusco, entró con toda propiedad, como si estuviera acostumbrado, como si el cuerpo debajo de él supiera cómo recibirlo, y así era al parecer, así se escuchaban los gemidos de Louis, conocidos, familiares, propios. Lo penetraba con rabia, necesitaba calmar el fuego que lo quemaba, terminar con la agonía de hacerlo suyo, de marcarlo, de que su cuerpo cayera rendido sobre el de Louis.

Nunca supo cuándo su alfa había terminado, sólo podía sentir cómo llegaba a la cima en medio de esas mejillas turgentes y firmes que rebotaban al compás de sus movimientos, hasta acabar y llenar con una cantidad impresionante de semen el cuerpo de Louis. Apenas sintió cómo la última gota era expulsada, lo mordió sobre la cadera derecha, para luego mimar la cicatriz con su lengua y sus besos.

—Fue maravilloso... —dijo Harry besándolo con toda su ternura.

—Lo fue, —contestó Louis sonriendo.

Se quedaron abrazados y en silencio por varios minutos, hasta que poco a poco el entendimiento los hizo temer.

—Harry, lo siento... Esto no debió pasar así, por Dios, apenas eres un niño, —dijo horrorizado. —Tus padres no debieron permitirlo...

—¿Te arrepientes?

—Claro que no, —dijo besándolo, —pero tienes dieciséis, yo diecisiete... Somos muy pequeños, ¿no crees?

—No, creo que la mayoría presenta su casta antes y lo normal es que aparezca el celo en esa oportunidad. Lo diferente de lo nuestro, es que aunque no nos conocemos lo suficiente, nos encontramos, y yo no puedo estar más feliz...

Se siguieron besando y conversando hasta el amanecer, cuando después de bañarse y vestirse, y ya listos para gritarles al mundo su decisión de estar juntos a pesar de su corta edad, los padres de Harry aparecieron en la habitación.

—No tengo idea de lo que sucedió entre ustedes y no me interesa. Lo único que les digo, es que lo que sea, olvídenlo y manténganlo en secreto. Nadie debe enterarse de que pasaron su celo juntos, nadie, ¿me oyen? —dijo amenazante.

—Señor Styles, por favor escúcheme, yo puedo ser un buen alfa para Harry, deme la oportunidad de demostrárselo...

—Jamás, ¿no te das cuenta de lo que acabas de decir? ¡Es asqueroso! Los alfas deben estar con una omega, no con otro alfa y punto. Ahora lárgate de aquí, no quiero verte cerca de mi hijo, ¡jamás!

Y acto seguido lo arrastró del brazo, mientras Harry lloraba e intentaba detener a su padre, pero su madre lo detuvo a punta de cachetadas.

—¡Es mi alfa! ¡No me hagan esto!

Fue tanto su dolor que se desmayó.

Esa escena tan horrible, que les entregaría dolor cada día de sus vidas, había pasado hace dos años.

¿Cómo habían logrado soportar tanto tiempo?

Gracias a sus amigos. Ellos les habían cubierto las espaldas, para que por lo menos se pudieran ver y compartir, y volver a estar juntos algunas veces. Sin embargo, hace seis meses no se habían vuelto a tocar, porque ese es el tiempo que Harry llevaba comprometido. Louis no se sentía capaz, le dolía, le quitaba el deseo y lo transformaba en tristeza, lo superaba saber que pronto su amor sería de otra persona y no se sentía preparado para eso.

El padre de Harry, Thomas, había tenido dos infartos, las dos veces ocasionadas por Harry, quien lo había enfrentado intentando defender su amor, y las dos veces había tenido que dar un paso atrás. La última vez su madre fue la que lo amenazó, le “avisó” que ya estaba listo su compromiso con Eliza, y que necesitaban ya mismo un heredero. De no aceptar, además de tener que cargar con la muerte de su padre, y el repudio de su familia, lo acusaría de homicidio. Prefería verlo tras las rejas que con un alfa.

Y sí, Harry lo pensó, pero a pesar de todo no podría soportar la muerte de su progenitor. Se sentía de manos atadas, y estaba dispuesto a sacrificarse. Le pidió a Louis que buscara a alguien más, a pesar de ser la mayor estupidez del mundo. Estaban marcados, eran destinados, pero si no podían estar juntos, quería que Louis por último estuviera un poco más acompañado.

Louis lo hizo, comenzó a salir con omegas para probar, y cada vez quedaba más desilusionado, más triste, más cerca de la muerte, al igual que Harry que sentía como una afilada daga cada cita de su alfa.

Ese día en ese pequeño restaurant, se veían después de una semana de no poder coordinar sus horarios, y qué ganas tenían de abrazarse, de perderse en el cuello y los brazos del otro. Se tuvieron que conformar con sentarse juntos y tomar sus manos por debajo de la mesa.

—¿Ya hay fecha para el fatídico día? —Preguntó Zayn. Estaba tan acostumbrado a estar rodeado de alfas, que se comportaba como uno, para admiración de Liam.

—Sí... En un mes...

—¿Uno? —Murmuró Louis, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.

Y Harry no soportó más y se abrazó a su alfa.

—Sé que es difícil chicos, pero saben que no pueden tener esas muestras de cariño, pueden estar viéndolos, —dijo Niall, apesadumbrado y conmovido.

Louis haciendo todo su esfuerzo, se separó de Harry, y lo miró.

—Lo nuestro no puede seguir...

—Pero alfa, ¿qué dices? —preguntó desesperado Harry.

—Ya no soporto más, vas a casarte con ella, yo no puedo verte igual, no puedo... Tienes que tener un heredero, ¿entiendes qué significa? ¡No puedo más! —Gritó mientras se ponía de pie y salía del lugar.

Liam fue detrás de él, Zayn y Niall se quedaron consolando a Harry que estaba al borde del colapso.

—Por favor, sé que es muy complicado, pero tienes que calmarte, —pedía Zayn, conmovido como pocas veces.

—Tenemos que buscar alguna solución, no podemos permitir que los separen.

—Mi alfa... —decía Harry sin ver ni escuchar nada más.

Estaba en el mismo estado que Louis, a quien Liam no había logrado calmar.

—Puedo entender tu dolor, pero separados es más difícil aún. Piénsalo un poco, ¿sí? —pidió sin saber qué más hacer.

—Es que no puedo... ¿Por qué no podemos estar juntos? ¿Por qué no podemos irnos lejos? ¿Por qué tengo que ser un maldito alfa? Harry es mi vida, es mi todo, es... es Harry...

Liam lo abrazó con fuerza, conteniéndolo mientras no podía controlar sus propias lágrimas.

—Te prometo que todo va a estar bien, —dijo convencido, —confía, pero no te alejes de Harry, solo se dañan más y necesitan estar más fuertes que nunca. ¿Quieres volver?

Louis suspiró y respiró profundamente. —Vamos.

Cuando llegaron de vuelta, no vieron a Harry.

—Está en el baño, —murmuró Niall a Liam.

—Anda a lavarte la cara, —dijo Liam, guiñándole un ojo.

Louis le hizo caso y entró al baño. Su corazón se rompió al ver llorar con tanta pena a su alfa.

—Amor... —dijo acercándose hasta abrazarlo.

—No me dejes... Alfa, no me dejes...

—No puedo hacerlo... perdóname por reaccionar así, pero es que sentí que no podía más, es muy difícil...

—Lo sé, lo sé, yo tampoco soporto...

Se besaron en medio de sus lágrimas, se contuvieron, encontraron calma.

—Tengo que decirte algo, creo que no hay más opción, —dijo Harry muy serio.

—Te escucho amor.

Nadie sabría lo que se habló en ese pequeño baño y ese mes antes del matrimonio pasó agónicamente rápido.

La familia de Eliza estaba apurada por dar los últimos detalles al gran salón de eventos, dando las últimas indicaciones para el banquete, decidiendo las joyas a utilizar por la novia. Nadie parecía notar la tristeza en su bonito rostro ni su poco interés, o quizás si lo veían pero no iban a apoyar su locura de amar a un pobre jardinero. Ella no había perdido contacto con su amor, y solo por eso resistía.

Liam y Zayn también iban a casarse, pero en tres meses más. Era la excusa perfecta para que los cinco se reunieran y Louis y Harry pudieran verse, aunque no podían tocarse. Todos sabían que el padre de Harry tenía hombres vigilando para que no estuviesen mostrando su amor en público, pero solo compartir en el mismo espacio les hacía felices. Participaban con entusiasmo en todo lo necesario, a pesar de ser algo muy sencillo, y no por falta de recursos, si no que por quererlo de esa manera. Estaban todos muy ilusionados con verlos por fin enlazados para siempre, eran una pareja muy bonita y que se complementaban muy bien. Harry sería el padrino de Zayn y Louis, el de Liam.

Mientras más se acercaba el fatídico día, más se notaba la desesperanza en los dos. Habían perdido mucho peso, estaban pálidos, ojerosos, con la mirada perdida. A pesar de lo que habían hablado y prometido en ese baño, sentían que todo podía fallar y eso los separaría para siempre. Louis no se sentía capaz de ser el amante de Harry, de la misma manera en que jamás ha podido engañarlo en esos años, a pesar de la insistencia del alfa.

Había tenido decenas de citas, pero siempre con omegas, y siempre solo una, donde declinaba de seguir viendo a la persona en cuestión. Nunca podría haber tocado siquiera, la mano de alguien más. Siempre se negaba, le pedía a Harry que no lo obligara más, pero terminaba cediendo para no verlo mal y luego debía consolarlo porque estaba triste de saber que había tenido citas. Muchas veces el tiempo se les iba disculpándose, pero es que no sabían qué más hacer con su desesperación.

El día anterior al matrimonio, Y en medio de los preparativos de la boda de Liam y Zayn, Louis logró llevar a Harry hacia un rincón.

—Sé que lo hablamos, sé que tenemos un plan, pero Harry, amor... No sé si puedo, —confesó con el pecho agitado.

—¿De qué hablas? Louis, no es el momento de dudar.

—¿Y si sale todo mal?

—Va a salir mal para muchas personas, pero no para nosotros...

—No sé si estoy preparado para cargar con la muerte de alguien sobre mi conciencia.

—De eso debería preocuparme yo, no tú... Pero está bien, —dijo molesto y herido. —Eres libre de hacer lo que quieras, pero no vuelvas a buscarme. Lo nuestro queda roto para siempre.

—Amor, no me digas eso... Sabes que no podemos romper un vínculo sagrado, solo te estoy pidiendo que lo pienses bien.

—Yo no tengo nada que pensar, tengo todo muy claro. Si debo pasar por encima de mi familia lo voy a hacer por ti, ya no tengo miedo, no puedo vivir con alguien más mientras existas en este mundo, menos podría amar a otra persona, ni tocarla... ¿Qué va a pasar si me caso? Tendría que acostarme con Eliza hasta embarazarla, y no hay nada en este momento que me repugne más... ¿Puedes entender eso?

—Lo hago, te juro que lo hago, te juro que me pongo en tu lugar...

—Tienes una decisión que tomar, me voy.

—Amor...

—¿Lo soy?

—Claro que lo eres.

—Demuéstralo.

Harry salió con un rostro que parecía furioso, pero no. Estaba desesperadamente dolido y herido, necesitaba justo en ese momento la calma y la seguridad que Louis podía darle. Estaba aterrado, angustiado y había esperado que su alfa le infundiera el valor que había comenzado a evaporarse. Jamás imaginó encontrar la duda en quien decía amarlo, y sí, lo entendía, pero le quemaba el pecho.

Esa noche ninguno durmió.

El amanecer los encontró pálidos y casi muertos en vida, pero decididos. Esa no era vida, por lo menos no la que querían.

Los preparativos comenzaron temprano. Harry se bañó y se vistió con el traje que le habían mandado a hacer a medida. Se peinó y perfumó, tomó sus supresores, y se acostó en la cama a que el reloj se acercara al mediodía, hora decidida para la ceremonia.

Eliza estaba hecha un mar de lágrimas y realmente nadie la consolaba. Pensaban, incluso, que era emoción por el día más importante de su vida y simplemente la dejaron hasta que ya tuvieron que maquillarla y la obligaron a calmarse.

Louis era un lío de pensamientos. Había evaluado un millón de posibilidades, como tantas veces, y no, no había una opción correcta. No había manera de que todo terminara bien, solo mal, peor y terrible.

Todos querían que llegara el momento de una buena vez, por diferentes motivos. Los padres de los novios estaban ansiosos por comenzar a ver el fruto de la asociación de sus empresas, mientras los demás ya estaban aburridos con el tema y querían que ya se acabara el estrés del último mes. Harry, Louis, Eliza y el jardinero, solo rogaban por un milagro.

La capilla estaba muy linda, la habían decorado con flores de diferentes colores muy suaves y Harry ya estaba en su lugar. Los invitados estaban expectantes, entre ellos Louis, Zayn, Liam y Niall, y también, Joshua, el jardinero.

Cuando llegó el momento de que Eliza entrara, la vieron llorar. Parecía no importarle que su máscara de pestañas se deslizara por sus mejillas, ni que sus manos apretaran con tanta fuerza su vestido que ya estaba completamente arrugado.

Harry la miraba con pena y sorpresa, quizás debería haber sido más amable y más cercano con ella, y así sabría el porqué de tanto dolor. No sabía si ir a buscarla, no sabía si solo esperar, no sabía si alguien más intervendría. Se quedó en su lugar solo mirando.

Eliza caminó lentamente, pero llegó al altar.

El cura empezó la ceremonia completamente incómodo, tampoco estaba seguro de seguir, pero Thomas le dijo que mejor se apurara, que solo eran nervios de la novia, y nadie supo cuál de todas las miradas lo vio con más odio.

Estaba por finalizar el rito, cuando llegó el momento de la gran pregunta:

—¿Hay alguien que se oponga a este enlace? Que hable ahora o...

—¡YO!

Eliza gritó con rabia y furia.

—Hija, ¿qué dices? —Preguntó su madre, intentando abrazarla.

—¡Que no me caso!

—No la escuche, —intervino el padre de Harry una vez más, —siga por favor.

—No puedo continuar sin saber qué está pasando.

—¡Me quieren casar obligada!

—No es cierto, hija reacciona, —intentó su propio padre muy nervioso.

—¡Estoy embarazada!

—Con mayor razón deben casarse, entiéndelo, —habló la mamá de Harry.

Louis y los demás se miraban confundidos y extrañados. ¿Harry había embarazado a Eliza? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?

—¡Eres un maldito infeliz! —Gritó el padre de Eliza, golpeando a Harry y lanzándolo al suelo con un corte en el labio.

—¡No es de Harry! ¿Es que no lo entienden?

El silencio fue sepulcral, estaban todos atónitos y sorprendidos.

—¿De quién es, entonces? —Preguntó el padre de Harry.

—Del idiota y cobarde de Joshua... el jardinero... —contestó llorando.

El pobre aludido estaba rojo como un tomate, casi temblando y sin saber qué hacer, cuando Thomas cayó pesadamente al piso.

—¡Un médico! —Pedía desesperada la madre de Harry.

Todo era una confusión, gritos y llantos. Harry seguía sentado en el piso, intentando saber qué estaba pasando, solo se calmó cuando Louis llegó a su lado.

—Déjame mirarte, —dijo tomándolo suavemente de la barbilla. —Necesitas ir al hospital para que te pongan puntos.

—Después...

—¿Quieres hablar?

—No, no hay nada de qué hablar. Somos unos putos cobardes, merecemos que nos pase todo lo malo del mundo.

—No es cierto, sabes que íbamos a enfrentar a tu familia, solo que Eliza se nos adelantó. El resultado es el mismo, solo que ahora tu madre no puede culparte.

Harry se quedó en silencio, sabía que Louis tenía razón, pero ver el caos no es lo mismo que imaginarlo.

Una ambulancia llegó rápidamente para llevarse a Thomas. Los padres de Eliza se la llevaron a casa, pero antes de salir de la iglesia, ella rompió con Joshua.

—Prefiero ser una omega sin alfa, que tener uno tan poca cosa como tú, —le escupió en la cara.

—Pero Eliza, debemos hablar, te apresuraste, lo sabes...

—¿Y qué esperabas? ¿A qué naciera el bebé para defenderme? No gracias, yo paso de ti.

Los demás invitados desalojaron el lugar en medio de murmullos y comentarios.

—¿Te llevamos al hospital? —Preguntó Liam a Harry.

—Sí, por favor.

Los cinco se fueron en el auto de Zayn.

En la sala de espera estaba Valery, la madre de Harry, deshecha en llanto.

—¿Se sabe algo? —Se atrevió a hablar Harry.

—Nada aún, solo que está muy grave. Hijo, ahora es cuando tu padre más te necesita, tienes que ponerte al frente de sus negocios.

—No mamá, no lo voy a hacer. Él nunca me ha respetado...

—Harry, solo queremos lo mejor para ti, y sí, nos equivocamos con Eliza, pero vamos a buscar a una omega decente, te lo juro.

—Su hijo no necesita una omega, ya me tiene a mí. Por última vez me gustaría pedirle que me den la oportunidad, que me conozcan...

—Eres un alfa, ¿no puedes entender el escándalo que sería para nuestra familia? ¿Qué no eres bien recibido? ¿Qué jamás serás parte de nuestra familia? Es mejor que te largues.

Cuando Louis iba a contestar, apareció el médico.

—Lamento darles tan malas noticias, pero el señor Styles ha muerto producto de un infarto. No pudimos reanimarlo, lo siento mucho.

Valery cayó al suelo, desgarrada de dolor. Harry y Louis la socorrieron y la sentaron, mientras Zayn iba a buscar un café.

—¡No puede ser! Thomas... No, no, no, no es cierto... ¿Y ahora qué hago? —Hablaba y deliraba en medio de su pena, hasta que pareció reaccionar. —¡Maldita perra fácil de Eliza! ¡La voy a matar! ¡A ella y a ustedes, malditos asquerosos! —Gritó antes de caer desmayada.

Pese a todo, Louis la tomó en brazos y la llevó a una camilla para que la revisaran. Incluso cuando los demás fueron por una taza de té, él se quedó al lado de Valery, hasta que despertó.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó desorientada.

—Quería asegurarme de que estuviera bien, es importante para Harry.

—Si fuera importante no me haría esto...

—Lo único que hemos hecho es enamorarnos como unos locos, es haber mantenido nuestro amor pese a todo y todos. Muchas veces le pedí a Harry que nos fuéramos, que los volviéramos a enfrentar, y a pesar de saber que él me ama, nunca quiso causarles más dolor... No le hacemos mal a nadie, al contrario, nos hacemos felices, mucho, y nos encantaría que usted pudiera aceptarnos, aunque sea un poco, aunque se demore...

Valery miro al techo por varios minutos. Estaba destrozada, pero en medio de su dolor, y aunque fuera por egoísmo en ese momento, entendió que iba a quedarse sola y tenía miedo. Mucho de lo que era, correspondía a lo que Thomas le había exigido, y ella solo quería ser una buena omega para su amado alfa. Recordó cuando lo conoció, apenas unos niños de quince años cuando presentaron, cuando pasaron su primer celo juntos, cuando se enamoraron; lo difícil que fue todo al principio, la oposición de sus padres, la pobreza que consumía a sus familias y la necesidad de enlazarlos con gente de poder. Volvió a sentir la adrenalina de escapar a medianoche, de vivir casi a escondidas hasta ser mayores de edad y poder casarse; el sufrimiento de la falta de recursos, el hambre o el frío a veces que eran dulces al lado de su amor. La alegría de cuando lograron entrar a la universidad, Thomas en finanzas, ella en repostería, los primeros negocios exitosos... El cambio de su alfa, de dulce a ambicioso, de presente a estar ocupado, la llegada de Harry y lo que pensó era el final de su matrimonio. El volver a enamorarse en uno de los viajes de negocios de Thomas, y la rutina de siempre pasando la cuenta.

Suspiró pesadamente mientras tibias lágrimas se deslizaban por su rostro. Su hijo estaba dándole una lección de amor al no dejarla sola, al pensar en ella en vez de simplemente largarse para hacer lo que ella hizo. Harry era un alfa maravilloso, y Louis... Louis también.

—¿Puedes llamar a mi hijo? ¿Por favor? —Pidió con la voz más suave que Louis le había escuchado.

—En seguida, con permiso.

El alfa corrió por los pasillos, hasta llegar a la cafetería.

—Amor, tu mamá despertó y quiere verte.

—¿Crees que sea buena idea?

—Estoy seguro, —dijo acercándose, tomándolo por la cintura y dándole un beso intenso que desarmó por completo a Harry. —Esta noche te tendré por fin en mi cama, —susurró en su oído.

Harry lo miró un poco sorprendido, porque había pasado tanto tiempo desde la última vez, que le costó creer que podrían estar juntos sin miedos. Sonrió muy feliz y acarició el pelo de Louis.

—Eres un loco... Pero esta noche no...

—¿Por qué no?

—Acaba de morir mi papá, y aunque nos la puso difícil, estoy muy triste... Siempre lo respeté y lo amé, no sé si tengo cabeza para algo más, lo sie...

—No te disculpes... Soy un tonto, no debí... Tienes razón, olvídalo.

—No lo voy a olvidar, porque en medio de toda mi pena solo sé que te necesito, que quiero que me abraces y que me acompañes hasta que duela un poco menos.

—Aquí estaré mi alfa, mi hermoso alfa... —dijo envolviéndolo una vez más entre sus brazos, mientras sus amigos los miraban por fin, felices y juntos.