The Sins Of The Heaven | Zeenunew by karem at Inkitt
Customize readability
Aa

THE SINS OF THE HEAVEN | ZEENUNEW

Summary

NuNew Chawarin es un ángel guardián que ha pasado toda su existencia cuidando a sus humanos de forma intachable. Sin embargo, su buena racha es destruida cuando los humanos a su cargo empiezan a aparecer muertos de forma misteriosa. Bajar a la tierra para investigar el caso suena bastante lógico, hasta que termina siendo secuestrado por un demonio que le arrastra a las mismísimos fauses del infierno. ➜ angels & demons au ➜ zeenunew (zee top, nu bottom) ➜ contenido sexual implícito ➜ gore, blasfemias, lenguaje soez.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1/1


—Déjame adivinar, ¿otro cadáver? 




—Si… 




Nunew soltó un fuerte suspiro ante esa respuesta, dejando caer los hombros con sumo cansancio y alzando las manos para cubrirse el rostro, luciendo derrotado. 




Porque, oh, ese era el segundo cadáver de la semana. 




—¿Aún no se sabe quién lo hizo? —preguntó, su voz saliendo amortiguada por las manos en su rostro. 




—Mhm, bueno… —El otro pareció dudar, aparentemente sin saber si responderle con la verdad o no. Nunew alzó la mirada, clavando sus ojos dorados en él—. Uh, se sospecha que todos fueron asesinados por un demonio. 




Al escuchar aquella declaración, Nunew sintió un escalofrío recorrerle desde la base de la espalda hasta la punta de sus inmaculadas alas. 




—¿Qué? —masculló incrédulo. 




—Encontraron rastros de energía demoniaca en el último cuerpo —reveló, luciendo bastante incómodo. 




Nunew no respondió, permaneciendo con la mirada perdida en la nada. 




—Lo siento, Nunew… 




«No, yo lo siento aún más» pensó con amargura. 




Porque Nunew era un ángel que, desde su creación, se había considerado muy bueno en su trabajo, presumiendo de una racha perfecta. 




Nunca había fallado en cuidar de sus humanos, guiandolos siempre con diligencia para que, al final de sus efímeras vidas, sus almas pudiesen alcanzar el regalo de la reencarnación. Siempre lograba llevarlos por el camino correcto y los había ayudado a ser humanos de bien, incluso de vez en cuando los protegía de los peligros, ahuyentando demonios que quisiesen corromperlos o evitando accidentes que pudiesen cortarles la línea de la vida de tajo. 




Pero durante los últimos tres meses, los humanos asignados para la protección de Nunew habían comenzado a aparecer sin vida, cruelmente masacrados en escenas dignas de un panorama sacado del mismísimo infierno. 




A Nunew se le revolvía el estómago solo de recordar los cuerpos desmembrados y la carne cruda carcomida, como si hubiesen intentado comerselos vivos. 




—Entonces debo ir a investigar yo mismo —suspiró Nunew con cansancio, levantándose de su asiento con resolución. 




El otro ángel le miró preocupado. 




—¿Vas a bajar a la Tierra? Nunca lo has hecho… —susurró, con las cejas fruncidas. 




—No, nunca he bajado y creo que ese es exactamente el problema —dijo, sus alas extendiéndose de manera inconsciente para verse más grande, más seguro—. Debo ocuparme personalmente de este problema, Jimmy. 




Jimmy, el otro ángel guardián, simplemente suspiró rendido, sabiendo que nada de lo que dijera podría hacer cambiar de opinión a Nunew. 




—¿Quieres que te acompañe? —murmuró, rascando detrás de su nuca con nerviosismo. 




—A ti no te gusta ir a la Tierra, Jimmy. 




—No, pero ya la conozco. Tú no. Necesitas a alguien que te guíe y… 




—No soy un recién nacido. Ya tengo más de dos mil años humanos, puedo cuidarme solo —bufó Nunew, rodando los ojos con cierto aire cariñoso.




—Lo sé, pero hay un demonio loco suelto, no te vendría mal algo de compañía —insistió Jimmy—. Deberías al menos pedirle a algún Arcángel que te acompañe, ellos son fuertes. 




Si, lo eran. Los arcángeles eran los Ángeles más fuertes de todo el Reino Celestial, pues aunque algunos pocos se dedicaban a ser mensajeros, todos sabían que la otra gran mayoría en realidad se dedicaban a entrenar para ser parte del Ejército Celestial, porque aunque el cielo había gozado de paz por más de dos mil años, uno nunca podía saber cuándo se desataría otra guerra contra los de… abajo. 




—Los Arcángeles están demasiado ocupados en otras cosas como para acompañarme en una pequeña investigación, Jimmy —resopló, negando con la cabeza casi con diversión—. Simplemente llevaré mi espada por si me encuentro con algún percance, no te preocupes. 




Jimmy torció los labios, luciendo muy poco convencido. 




—Como tú digas. —Jimmy terminó cediendo, pues sabía que no tenía caso intentar hacer entrar en razón a Nunew. 




Ese tonto era un ángel bastante terco. 




—Entonces, ¿cúando te vas a marchar? —preguntó, ladeando la cabeza con curiosidad. 




—Ahora mismo. 




—¡¿Qué?! Pero, ¿tan pronto? Mínimo avisale al Concejo que vas a bajar… 




—No hay tiempo para solicitar una audiencia con el Concejo o con Dios, Jimmy, no puedo permitir que otro de mis humanos termine masacrado. 




Jimmy quiso replicar pero ya no pudo, pues una gran ventisca le hizo tropezar cuando las poderosas alas de Nunew comenzaron a moverse, elevando el vuelo. 




—¡Ten cuidado! —gritó Jimmy, mirando cómo Nunew comenzaba a volar hacia el lado sur del cielo, allá donde estaba la plataforma para saltar y bajar a la Tierra. 




—¡Lo tendré! 




Y Nunew no volvió a mirar atrás, con la seguridad de cumplir su misión mientras el cabello castaño se le alborataba por culpa del viento. 




Iba a derrotar al demonio que estuviese causándole problemas, lo juraba por su honor. 












Nunew caminó por aquella desconocida calle mundana, persiguiendo la esencia de su último humano vivo para encontrarlo. De vez en cuando recibía las miradas curiosas de los transeúntes, pero Nunew ni siquiera les prestó atención. 




Sabía que llamaba la atención a pesar de haberse camuflado. 




Las alas de su espalda y la aureola de su cabeza no eran visibles, sus ojos dorados se habían opacado para parecer de un tono café más humano, además llevaba puesto unos jeans y camiseta blancas para mezclarse entre la gente, pero aún con todo eso sabía que su aura atraía la mirada de los humanos sin que pudiese evitarlo. 




Así que los ignoró y siguió adelante con su búsqueda. 




Sin embargo, supo que algo andaba mal cuando la esencia se debilitó justo cuando entró en un oscuro callejón solitario. 




Tragó saliva con fuerza y avanzó por aquel callejón, haciendo una mueca de disgusto al ver el suelo mugriento infestado de basura y ratas que correteaban y chillaban de un extremo a otro. Era un lugar horrible, podía ver la suciedad y otro tipo de sustancias raras pegadas a los mohosos ladrillos de las paredes, luciendo igual de lúgubre y oscuro que la entrada al infierno. 




Y quizás debió sospechar algo antes, cuando entró a aquel barrio de aspecto abandonado, tan alejado del centro de la ciudad que ya no rondaban muchos humanos por allí. Pero no le dió importancia, porque esa era su primera vez bajando a la Tierra y no sabía si eso era normal (o no) en un suburbio mundano, pues para él los humanos seguían siendo seres… inexplicables. 




Frunció la nariz cuando un olor putrido llegó a su nariz justo cuando llegó al final del callejón, allí donde la energía de su humano era más fuerte. Miró con extrañeza la puerta entreabierta de la pequeña casa y se quedó allí parado sin saber si entrar o no. 




Porque, ¿qué rayos? ¿Cómo había terminado su humano ahí? ¡Si era un joven tan correcto aún! 




Supo la respuesta cuando, gracias a un escalofrío en la base de sus alas, notó una segunda energía provenir del interior de la casita. 




Energía demoníaca. 




Oh. 



Sin pensarlo dos veces empujó la puerta, ingresando a la vivienda y, en cuanto observó la escena frente a sus ojos, se quedó totalmente paralizado en su lugar. 




Porque su humano yacía en el suelo, rodeado de un espeso charco de sangre fresca, con parte de sus vísceras regadas fuera de su cuerpo, pues tenía todo el pecho abierto de lado a lado. Lo peor era el demonio, alto y con una fuerte energía demoniaca desbordando de él, que estaba sentado a su lado, mientras masticaba desinteresadamente un pedazo de… 




Oh, por Dios. 



Estaba comiéndose el brazo derecho del humano. 




Nunew, quién era un ángel que no conocía el sentimiento de asco, en ese momento sintió su estómago revolverse como si fuese a vomitar. 




Estaba horrorizado. El brazo ni siquiera parecía cercenado por alguna arma blanca, pues el corte en la carne ni siquiera era limpio o prolijo, sino irregular y con trizas de cartílagos pendiendo de un extremo, como si lo hubiesen arrancado a mordidas. 




Era grotesco. Era inhumano. Era malvado. 




Nunew ni siquiera se detuvo a pensarlo, su mano se movió por instinto y convocó a su espalda, la cual apareció en su palma enseguida. 




—¡¿Cómo te atreves?! —exclamó, lanzándose contra el demonio para clavarle una estocada con su espada. 




Pero el demonio ni siquiera parpadeó, permaneció allí sentado viendo a Nunew ir por él en un ataque contundente, como si no le importase ser atravesado por una espada sagrada y desaparecer para siempre. 




Sin embargo, justo cuando el filo de la espada iba a clavarse en el cuello del demonio, este tomó la punta del arma con dos de sus dedos, deteniendo el ataque con una facilidad abrumadora. 




Nunew sintió que sudaba frío. 




—Estás interrumpiendo mi almuerzo, angelito —se burló el demonio, clavando sus intensos ojos rojos en el rostro pálido de Nunew. 




—¡Tú… ! ¡Asqueroso! —gritó Nunew, sintiendo una arcada al ver cómo el demonio sonreía, dejando a la vista sus puntiagudos dientes llenos de sangre. 




—Gracias, me esforcé por serlo —rió, antes de lamer la comisura de sus labios para limpiar los restos de sangre que pintaban su piel blanca de un suave rosa. 




Nunew gruñó y trató de jalar su espada para que el demonio la soltara, pero no lo logró. El simple agarre con dos dedos de ese demonio era superior a toda la fuerza que estaba poniendo Nunew con sus dos brazos. Enojado, el ángel acumuló una gran cantidad de energía espiritual en la punta de sus dedos, dispuesto a llevar la pelea al siguiente nivel. Sin embargo, justo cuando iba a expulsar la energía en la cara del demonio, sintió la frialdad de un metal rodeando su muñeca derecha (de la mano que sostenía la espada) y luego… 




Nada. Se sintió vacío, como si hubiesen bloqueado sus poderes divinos. 




—¿Eh…? ¡¿Qué has hecho?! —exclamó, mirando la banda de oro que rodeaba su esbelta muñeca. 




Oh, parecía un brazalete, pero en realidad era un grillete de oro. 




Y el oro debilitaba a los ángeles. 




—Solo me aseguro de que no me estalles la cara, angelito —se burló el demonio, poniéndose de pie y tirando de la punta de la espada de Nunew para arrebatarsela, antes de lanzarla lejos. 




Nunew tuvo que alzar la mirada para poder ver a la cara al demonio, pues era casi una cabeza más alto que él. 




—Sueltame ahora mismo —exigió, no dejándose intimidar por aquel demonio. 




Él era un ángel, tenía la fuerza suficiente para hacerle frente a un demonio aun cuando en ese momento no gozara de sus poderes. 




—No voy a soltarte. —El demonio soltó burlón, con una aterradora sonrisa en sus filosos dientes. 




—¡¿Qué?! ¡Al menos ten honor y pelea contra mí de forma limpia, demonio! 




—Bueno, enhorabuena, angelito —rió el demonio, agachando su cabeza un poco para estar a la altura de Nunew y mirarle a los ojos—. Ahora ya sabes que los demonios no tenemos sentido del honor. 




Nunew ahogó una exclamación cuando, de repente, el demonio lo tomó en brazos y se lo cargó al hombro como si fuese un saco de papas. 




—¡Oye, te dije que me sueltes! —se quejó, pataleando un poco— ¡¿Qué quieres de mí?! 




—No sabía que los ángeles tenían tan mala memoria, eh —bufó, ante de chasquear sus dedos. 




Y entonces toda la realidad pareció temblar a su alrededor. 








Cuando Nunew volvió a abrir los ojos (los había cerrado un momento por el susto), se encontró con el panorama más aterrador. 




Fuego, azufre y poderosas llamas alzándose hasta desaparecer en el abismo como piras interminables. 




Estaba en el mismísimo infierno. 




Nunew observó el lugar con enormes ojos asustados. Hacía calor, aunque decir eso era una atenuación, en realidad la temperatura era tan alta que sentía como si se estuviese quemando en vida. Todo el lugar apestaba a azufre y a carne podrida y quemada, provocándole arcadas de nuevo. Pero lo peor de todo no era todo eso, no, lo peor de todo eran las almas en pena. 




Los lamentos y gritos llenaban cada rincón del infierno, llantos desesperados que clamaban por la muerte para dejar de sufrir aquella tortura eterna. Habían desde jovenes hasta ancianos, hombres y mujeres de todas las razas del mundo, la gran mayoría vagaba por los alrededores con trozos de piel quemada cayéndose a pedazos, mientras que otros parecían escarbar dentro de sus carnes llenas de llagas en un intento por sacar los gusanos que se los comían "vivos". 




Nunew sintió sus ojos llenarse de lágrimas, aunque no podría decir si derramó alguna pues la temperatura era tan alta que probablemente sus lágrimas se evaporarían nada más rozar su piel. 




—Sácame de aquí —jadeó, completamente aterrado, mientras golpeaba la espalda ancha del demonio con sus puños.




Pero seguramente el demonio ni siquiera lo sintió, pues en cuánto habían puesto un pie dentro del infierno, Nunew había comenzado a perder sus fuerzas hasta quedarse tan débil como un muñeco de trapo. 




Él no debía estar allí. Su cuerpo no era apto para sobrevivir a ese lugar. 




De hecho, se sentía tan débil que ya no pudo sostener más su apariencia humana y, con un leve «puf», sus enormes e inmaculadas alas blancas se extendieron por su espalda, sus ojos brillaron en un dorado tan intenso que parecían pozos de oro fundido y la aureola sobre su cabeza parpadeó suavemente con una luz similar a la del sol. 




—Ah, mira nada más, ¿acaso no puedes lidiar con un poco de calor? —se burló el demonio, comenzando a caminar con el ángel todavía en su hombro—. Pensé que los tuyos eran poderosos.




Nunew ni siquiera pudo quejarse ante la ofensa, pues se sentía tan débil que los párpados le pesaban tanto que apenas podía mantener los ojos abiertos. 




No supo a dónde estaba siendo transportado, solo fue consciente de que su piel ardió intensamente cuando lo dejaron sobre alguna superficie plana. Con esfuerzo, abrió los ojos y se dió cuenta de que había sido depositado sobre el suelo ardiente de alguna cueva bastante lúgubre. 




—¿Q-qué pretendes? —susurró al notar la silueta del demonio en una esquina.




El demonio soltó una risa y dió un paso adelante, dejándose ver mejor. 




Hasta ese momento, Nunew fue capaz de apreciarlo con más claridad. Su cabello negro como el ébano le caía por la frente de forma natural, aunque no por completo pues un par de cuernos sobresalían de entre su flequillo. Sus ojos de irises rojas brillaban igual que las llamas de ese lugar y sus escleróticas negras le daban un aspecto aterrador. 




Pero, aunque le diese asco admitirlo dentro de su cabeza, Nunew no lo encontraba del todo feo. 




—Sabes, angelito, estuve pensando en este momento por mucho tiempo —suspiró el demonio con dramatismo, provocando que Nunew frunciera el ceño. 




—¿Por mucho tiempo? ¿De qué hablas? —susurró con la voz frágil, pues sentía su garganta tan seca como si hubiese tragado un puñado de arena. 




—Devoré a tus humanos a propósito, claro está —dijo, con una sonrisa cínica en los labios—. Sabía que tarde o temprano bajarías y por fin te encontraría, maldito culo cobarde. 




Nunew se atragantó al escuchar aquel insulto. 




—¿Maldito cu…? ¡Oye! —protestó, tratando de reincorporarse sobre el suelo, pero no pudo. 




No tenía las fuerzas suficientes. 




—¿Planeaste todo esto? ¡¿Por qué?! 




—Como si no lo supieras, angelito. 




Y Nunew no pudo preguntar a qué se refería, pues pronto sintió cómo su cuerpo era puesto boca abajo con brusquedad, antes de que unas manos se posaran sobre las suaves plumas de sus alas. 




Y lo próximo que supo fue que sintió un dolor tan intenso que no pudo reprimir el estruendoso grito que nació desde lo más hondo de su pecho. 




—¡No, no, no! 




Pero sus súplicas no fueron escuchadas y los dedos sobre sus alas siguieron arrancando una a una las blancas plumas desde la raíz. Nunew se deshizo en gritos hasta que sintió la garganta en carne viva, pues el dolor que sentía era inhumano. 




Todos en el Reino Celestial (y también en el Inframundo) sabían que arrancar las plumas de un ángel era la peor de las torturas. El dolor era similar a arrancar las extremidades del cuerpo con todo y hueso, pero multiplicado por cien. 




Las alas de los ángeles eran sagradas, sus plumas podrían brindar suerte y bendiciones si se caían naturalmente y alguien las encontraba. Pero si eran arrancadas a la fuerza, justo como aquel demonio estaba haciendo, solo provocaba el más inmenso dolor y quitaba fuerza y poder al ángel. 




Y Nunew en ese mismo momento se sentía con ganas de tomar su espada y cortarse el cuello, pues estaba considerando que la muerte sería mucho mejor que sentir cómo lo despojaban de sus plumas una por una, tan lento que resultaba aún más insoportable. 




No supo cuánto tiempo pasó, ni cuántas plumas fueron arrancadas, pero para cuando las manos del demonio se alejaron de sus alas, Nunew se sentía casi al borde de la muerte, pues la cantidad de sangre (tan bendita que parecía brillar) que había perdido era tanta que el suelo parecía un río rojo escarlata. 




No podía verse la espalda, pero estaba seguro que la base de sus alas estaba cubierta de sangre coagulada y huecos desagradables provocados por los trozos de carne faltante, como si algo hubiese carcomido su piel lentamente. 




—¿Cómo te sientes, angelito? ¿Crees que puedas continuar? —preguntó el demonio con tono burlón, Nunew casi convulsionó en el suelo al escuchar aquello. 




¿Continuar? ¡Si estaba a punto de morirse, por el amor de Dios! 




—D-duele, duele mucho —sollozó Nunew apenas, su voz saliendo en un frágil hilo apenas audible. 




—¿Duele? —rió el demonio, antes de presionar un dedo sobre una de las heridas de Nunew. El ángel, tan débil como estaba, ya ni siquiera tuvo fuerzas para gritar, simplemente abrió sus labios para jadear con fuerza—. Me alegro que duela, porque así fue como me sentí cuando me abandonaste… 




Nunew, quien había estado a punto de desmayarse, alzó la cabeza a duras penas (que no fue mucho, porque sentía que le pesaba tres toneladas) y clavó sus llorosos ojos dorados en el demonio que le miraba con desprecio. 




—¿Q-qué? —masculló, usando las pocas fuerzas que le quedaban para hablar—. Y-yo ni siquiera te conozco. 




La sonrisa aterradora del demonio se congeló en su boca justo en ese momento, antes de dedicarle una mirada de total desconcierto. 




Entonces Nunew sintió unas manos toscas y calientes tomar sus hombros, antes de que su cuerpo fuese girado para quedar sentado frente a frente con el demonio. Ante la brusquedad del movimiento, un gemidito de dolor escapó de sus labios y sus párpados ya no pudieron seguir manteniéndose abiertos, aunque todavía estaba despierto y consciente. 




—No mientas —exigió el demonio, hundiendo los dedos con saña en la piel de los brazos de Nunew—. Sabes muy bien quién soy. 




Nunew, con esfuerzo, abrió sus ojos para dedicarle una mirada minuciosa al rostro del demonio, pero no pudo convocar en su mente ni un solo recuerdo que indicara que lo había conocido antes, ni aunque fuese por accidente. 




Podría hasta jurarlo, él nunca había visto a ese demonio en sus dos siglos de vida. 




—N-no —masculló por fin, completamente desconcertado por la situación—. No lo conozco, s-señor, seguro me confunde con otro ángel, yo… 




—No te confundiría con alguien más jamás, Chawarin —soltó, mirándole con sus ojos escarlata tan intensamente que parecían brillar como dos posos de lava ardiente. 




Nunew se quedó paralizado en su lugar, completamente en shock, pues no podía creer que ese demonio conociese su segundo nombre (el cual solo Dios y sus cercanos sabían) cuando él estaba seguro de que nunca lo había visto ni una sola vez antes. 




—¿Cómo…? —jadeó estupefacto. 




Toda la situación era demasiado. 




El dolor en la base de su espalda, el shock por aquella inesperada situación, la debilidad de su cuerpo ante el aura demoníaca del infierno que parecía chuparle la vitalidad, el grillete que bloqueaba sus poderes. Todo. Absolutamente todo era demasiado y lo habían sobrepasado. 




—Lo siento —sollozó, bajando la mirada y dejando salir sus lágrimas, las cuales se evaporaron sobre sus pómulos en menos de un segundo por culpa del calor—. S-siento no poder recordarlo, señor. También siento lo que sea que hice para enojarlo, y-yo le juro… 




Y todo ese cúmulo de cosas por fin le quebraron, dejándolo tan frágil y vulnerable que su cuerpo no pudo soportarlo más y colapsó, quedando inconsciente entre las garras de aquel demonio. 








Se despertó de un sobresalto, su corazón latiendo desenfrenado dentro de su pecho mientras su cuerpo se estremecía con fuerza. Abrió los ojos, sus irises doradas viéndose más opacas que antes, como si el brillo de su inocente mirada hubiese sido robada. 




Con un gimoteo, se reincorporó lentamente hasta quedar sentado en la suave superficie, dándose cuenta de que había permanecido acostado sobre una… ¿cama? 




Nunew frunció el ceño, mientras acariciaba con dos de sus dedos la suavidad de las sabanas de seda roja que cubrían el esponjoso colchón. 




Miró a su alrededor, dándose cuenta de que seguía en medio de aquella cueva de aspecto lúgubre, pero la elegante cama de rojas sabanas estaba allí, desentonando con el resto del lugar. También notó que traía otras ropas, pues ahora vestía una camiseta de cuello redondo y unos shorts que le llegaban al muslo, ambos de color tan blanco como sus alas. 




Fue entonces que se dió cuenta de que ya no sentía dolor, aunque su cuerpo seguía un poco debilitado por la falta de energía espiritual. 




Y tampoco hacía calor, o al menos no uno que fuese doloroso para él. Era soportable, hasta cierto punto. 




—Puedo sentir tu mirada desde aquí —susurró Nunew, agachando la mirada para observar el grillete alrededor de su muñeca blanquecina. 




Escuchó un gruñido y luego el demonio apareció de entre las sombras, con los cuernos y las alas ocultas, simplemente dejando a la vista sus ojos rojos y un par de filosos colmillos que le rozaban el labio inferior. 




—¿Por qué me pusiste en una cama? —preguntó Nunew, alzando la mirada y clavando sus enormes dorados en el demonio—. No, mejor dicho, ¿por qué me trajiste aquí abajo? ¿Por qué me haces todo esto? Y-yo en serio no te… 




—¿Qué te hicieron? —interrumpió el demonio, mirándole con los ojos entornados. 




Nunew parpadeó confundido, pues no se esperaba ese tipo de pregunta. 




—¿Qué? —masculló.




—¿Qué carajos te hicieron, angelito? —repitió el demonio, acercándose a la cama para mirarlo mejor, Nunew frunció el ceño. 




—¿De qué habla? El único que me ha hecho daño ha sido usted —acusó, arrugando su nariz con disgusto. 




El demonio volvió a gruñir, antes de acercarse tanto a la cama hasta dejar acorralado a Nunew entre su cuerpo y el respaldar. 




Nunew sintió un escalofrío recorrerle la base de la espalda al ver de cerca aquellos ojos escarlata. 




—Di mi nombre —ordenó el demonio, con su aliento tibio chocando contra los labios del ángel. 




—¿E-eh? —Nunew tragó saliva, de repente sintiéndose muy nervioso—. No lo sé, señor —susurró, sus cejas torcidas en una expresión preocupada, pues no estaba entendiendo para nada la insistencia de ese demonio con respecto al tema de conocerlo. 




El demonio le miró intensamente, como si estuviese decidiendo si creerle o no, aunque todo el mundo sabía que los ángeles eran físicamente incapaces de mentir sin sentir dolor. 




Era una condición que Dios había impuesto en la fisiología de los ángeles luego de que Lucifer le traicionara. 




—Pero puedo tratar de adivinarlo —se apresuró a agregar, sus mejillas sintiéndose calientes al sentir el aliento del demonio hacerle cosquillas en los labios—, quizás logre… 




—No, no tiene caso —interrumpió el demonio a través de un bufido, antes de alejarse del cuerpo tembloroso del ángel—. Mi nombre es Zee, ¿no te suena? 




Y el ritmo cardíaco de Nunew se agitó con tanta fuerza que resultó doloroso, casi como si su corazón realmente pudiera recordar aquel nombre y lo que provocaba en él.




Zee. Zee. Zee. 



Lamentablemente, su mente no pudo recordar nada, quedándose en blanco. No había ni un solo recuerdo en su cabeza que estuviese vinculado a ese nombre, dejándole una sensación de vacío. 




El sentimiento le provocó ganas de llorar sin saber muy bien por qué. 




—¿Zee…? —susurró, sonando inseguro. Pudo ver cómo el demonio aguantaba la respiración un segundo al escucharlo—. L-lo siento, realmente no te recuerdo… 




—Definitivamente esos bastardos te hicieron algo —gruñó el demonio, Zee, mientras sus ojos ardían como lava caliente, más y más brillantes conforme más se enojaba. 




—¿Q-qué? ¿A quiénes se refiere? —preguntó Nunew, genuinamente desconcertado. 




Zee soltó una risa seca y carente de diversión, mientras sus cuernos comenzaban a crecer lentamente sobre su frente. 




—¿A quiénes más? A los tuyos, a los de allá arriba, esos malditos bastardos —soltó Zee con resentimiento, su voz teñida de veneno. 




Nunew se quedó completamente quieto por un segundo, paralizado por el shock. 




¿Qué? 



—Tú… ¡¿Cómo te atreves?! —exclamó el ángel, luciendo horrorizado de solo escuchar aquella insinuación—. ¡El único que me ha hecho algo has sido tú, demonio desalmado! ¡Tú, que me has traído acá abajo, me has torturado y herido, casi dejándome sin alas! ¡¿Y aún así te atreves a a acusar a mi gente de haberme hecho algo?! 




—¡Claro que me atrevo! —rugió el demonio, todo el lugar temblando levemente al son de ira—. ¡Me atrevo porque tengo el derecho, carajo! ¡Mira cómo te tienen! ¡Ni siquiera puedes recordar mi maldito nombre! 




Y la temperatura se elevó, mientras el aspecto demoníaco de Zee se revelaba, dejando ver sus alas negras extendidas por su espalda y sus ojos de escleróticas tan negras como un par de abismos, mientras su cuerpo se hacia más y más grande, casi rozando los dos metros y medio. 




—¡No lo recuerdo porque no te conozco! ¡No sé quién eres! ¡Jamás en mi vida te había visto! 




Aquello pareció ser un golpe bajo, pues de repente la altura de Zee volvió a la normalidad, mientras le miraba con sus redondos ojos rojos bien abiertos, casi como si Nunew le hubiese dicho la peor de las maldiciones. 




—Ah, cuando resuelva esto… —Zee soltó una risita, luciendo bastante fuera de sí—. Amaré quemar el Reino Celestial con todos esos dentro, incluído tu maldito Dios. 




—Mi Dios no tiene nada que ver —masculló Nunew, sin atreverse a levantar de nuevo la voz. 




No estaba dispuesto a volverlo a hacer enojar, su ira casi lo había calcinado vivo. 




—Tu Dios es un hijo de puta que haría lo que fuese para evitar una segunda traición de sus ángeles —rió Zee, su tono lleno de ponzoña. 




—¡Oye, tú…! 




Pero Zee no lo dejó protestar, pues abandonó el lugar dando fuertes pisadas, dejando completamente solo y confundido a Nunew. 




Oh, por todos los cielos, ¿qué había sido todo eso? 




Nunew soltó un suspiro, de repente sintiéndose totalmente agotado por toda la situación. Con lentitud, volvió a recostarse sobre el mullido colchón y extendió sus alas sobre su cuerpo, cubriéndose con ellas en un intento por sentirse menos vulnerable, menos desprotegido. 




Aunque era inútil, él era un ángel metido en el iniferno, no había manera de sentirse seguro allí a menos que fueses un morador de las tinieblas. 




Así que se quedó allí, acurrucado sobre la cama hasta parecer una bolita, sintiendo cómo las dudas comenzaban a volcarse sobre su mente una a una, quitándole la poca seguridad que había sentido al asegurarle a ese demonio que no lo conocía. 




Zee. Sonaba tan familiar pero al mismo tiempo tan desconocido. Su corazón se agitaba dolorosamente en su pecho con tan solo el pensamiento de aquel nombre. 




Pero no podía recordar por más que su corazón latiera desenfrenado. 




Se quedó en esa posición por mucho tiempo (aunque no sabía cuánto, pues el tiempo corría diferente en el infierno), con sus sentimientos hechos un desastre y el vértigo atenazado en el fondo de su estómago porque, Dios, ¿cuánto tiempo más lo iban a tener allí metido? 




Y para cuando volvió a ver al demonio, a Zee, su cuerpo entero se paralizó. 




Porque no venía solo, una alta figura vestida de negro le acompañaba. Su aura oscura y poderosa, tan poderosa que una sola mirada provocó un miedo inmenso a Nunew. 




Su primer instinto fue huir. 




Sus alas comenzaron a agitarse antes de siquiera pensarlo, sin embargo, no pudo volar tan alto cuando el grillete alrededor de su muñeca le quemó, absorbiendo su energía espiritual y causando que cayera al suelo de golpe. 




Su piel ardió en cuánto tocó la superficie rocosa, pues parecía estar en llamas. 




—¡Alejate! —exclamó, pues no necesitaba ser un genio para saber quién era ese hombre. 




Lucifer. O el Diablo, como lo había nombrado Dios una vez descubrió su traición. 




—Así que este es el famoso Nunew —dijo Lucifer, casi saboreando el nombre del ángel al decirlo en voz alta—. Vaya, ahora entiendo por qué causaste tantos problemas por él, Zee. 




—Solo hazlo —resopló Zee, rodando los ojos. 




Lucifer sonrió de forma amenazante y alcanzó el tobillo de Nunew, jalandolo y arrastrandolo por el suelo ardiente hasta dejarlo frente a él. 




Nunew sintió su alma abandonar su pobre cuerpo al ver directamente a los ojos del Diablo. 




—¡Suelteme! —gritó aterrado, mientras luchaba para liberarse del agarre—. ¡Dejenme en paz! ¡Dejenme ir, se los ruego! ¡Juro por mi Dios que…! 




Pero no pudo terminar de suplicar, pues de un momento a otro, las largas y filosas garras de Lucifer se enterraron en la parte posterior de su cabeza, atravesando la carne hasta tocar su cráneo. 




Y entonces, la realidad a su alrededor tembló de nuevo. 








Nunew siempre supo cuál había sido la razón de su creación: Ser el Arcángel más poderoso de Dios para guiar a la victoria a las Legiones Celestiales y ganar la guerra contra el Infierno. 



Dios se lo dijo desde el primer instante que abrió los ojos y dió su primera bocanada de aire. Tenía una sola razón de existir, un deber que cumplir nada más nacer. 



Así que desde el segundo uno se propuso a entrenar para convertirse en el General más poderoso que el Cielo hubiese tenido, dispuesto a cumplir con el objetivo de su creación. 



Lamentablemente para él, la guerra contra el Infierno estalló tres días después de su nacimiento, quitándole la oportunidad de aprender muchas otras cosas que no fuesen tácticas de guerra. 



Aún así, Nunew Chawarin fue el Arcángel más fuerte y poderoso que jamás había existido, aunque su conocimiento sobre la vida fuese igual a la de un bebé humano recién nacido. 



Pero Nunew cumplió con su misión, al final de cuentas. Guió a miles de legiones de ángeles a la guerra contra los caídos (y demonios) y ganó, desterrando a cientos de ángeles traidores y encerrando a Lucifer y sus demonios en el Infierno. 



Sin embargo, durante los últimos instantes de la guerra, cuando el triunfo ya se saboreaba en las manos del Reino Celestial, Nunew se encontró con un herido. 



Lo había encontrado sangrando y casi insconciente bajo un árbol de vida que se había marchitado por culpa de la guerra. No supo por qué, pero se acercó a él para ayudarlo, sin ganas de perder la vida de otro de sus ángeles. 



Nadie le dijo que si a un ángel le comenzaban a brotar plumas negras significaba que había traicionado al Reino Celestial. 



Nadie le advirtió que no había salvado a uno de los suyos, sino a un demonio en proceso de transformación. 



—¿Por qué me has salvado? —preguntó el hombre de cabello negro, mirando con sus ojos dispares (uno dorado y otro rojo) al ángel que curaba sus heridas con energía espiritual. 



—¿Por qué no habría de hacerlo? —Nunew se encogió de hombros, sin alzar la vista de la herida abierta que el hombre de ojos heterocromaticos tenía en su costado, probablemente provocada por una espada. 



—Bueno, porque soy un traidor, me estoy transformando en un demonio, en un enemigo —reveló el hombre, regalándole una sonrisa de medio lado al ángel. 



Nunew parpadeó sorprendido, pero no apartó su mano de la herida del casi-demonio, simplemente tragó saliva audiblemente y siguió con su tarea de curarlo. 



—No importa de qué bando seas —respondió Nunew luego de varios segundos de silencio, sus dedos esbeltos tocando con delicadeza la piel (que comenzaba a tornarse caliente) del otro hombre—. Yo solo quería detener un poco toda la muerte de allá afuera. 



Y el casi-demonio soltó una risa, mirándole con picardía. 



—Eres un angelito bastante peculiar, ¿eh? 



Y Nunew, por primera vez en sus tres días de vida, sintió su corazón agitarse y sus mejillas sonrojarse. 



Le gustaría decir que esa fue la primera y única vez que se vieron, pero sería decir una mentira y a Nunew no le gustaba mentir. 



Luego de ese encuentro, cada día que le siguió se encontraron. Nunew fue testigo de cómo la apariencia angelical de Zee fue cambiando hasta volverse un completo demonio. Vió sus alas blancas llenas de plumas transformarse en alas negras que parecían las de un murciélago. Vió sus ojos dorados convertirse en dos posos negros con irises tan rojas como la sangre. Vió sus cuernos crecer en su frente y sus dientes afilarse dentro de su boca. 



Pero, a pesar del tenebroso cambio, Nunew jamás sintió miedo de él, de Zee. 



En cambio, cada día sin falta, Nunew bajó a la Tierra para encontrarse con el demonio. Y poco a poco los roces de manos y las sonrisas discretas fueron naciendo, llenando al ángel de un sentimiento cálido en su corazón que nadie, ni siquiera Dios, le advirtió que podría llegar a sentir. 



—Dime «Hia» —pidió el demonio una vez, mientras entrelazaba sus dedos con los de Nunew en un tímido agarre. 



—¿Y eso qué significa, Zee? 



—Es una palabra en la lengua demoníaca, significa «Cariño» —explicó Zee, sin atreverse a mirarle a los ojos. 



Nunew sintió que las mejillas se le sonrojaban. 



—Está bien, Hia —aceptó, a través de un susurro bajito—. ¿Tú también deberías llamarme así? 



—No —negó Zee, sonriendole con algo de vergüenza—. Yo te diré «Nhu», eso significa «Pequeño amor».



Y ese fue el momento en que se enamoró. 



El Arcángel que había vencido a Lucifer y lo desterró al Infierno se enamoró de uno de sus demonios, ¿cúan irónico sonaba eso? 



Pero no le importó, porque amar a ese demonio no le hacia daño a nadie. 



O eso pensó, hasta que casi lo besó, impulsado por la intensidad de sus sentimientos. 



—No, angelito. —Zee lo detuvo, tomándole de las mejillas para alejar sus labios. 



—¿P-por qué? Jimmy dice que eso hacen las personas que se aman… —Nunew susurró, mirándole con sus enormes y suplicantes ojos dorados. 



—Si me besas, te convertirás en uno de nosotros. 



—¿Qué? 



—No puedes besar a un demonio, eso sería corromper tu divinidad y contaminaría tu pureza de ángel, Nhu —explicó, mirándole también con pena. 



Nunew sintió su corazón doler un poquito. 



Esa fue la primera vez que Nunew experimentó el sentimiento de tristeza. 



—Pero nos amamos, Hia —dijo, con un pequeño puchero formado en sus carnosos labios. 



—Eso es verdad, Nhu, ¿pero renunciarías a tus alas por este amor? 



Nunew no respondió al instante. Ni tampoco respondió los siguientes días después de eso. Pero nunca dejó de pensar en las posibilidades, en las opciones que tenía en sus manos. 



Su amor por Zee era más grande que el Reino Celestial y el Infierno juntos. Cualquier humano pensaría que era demasiado rápido, demasiado pronto para amarlo con esa intensidad, pues solo habían pasado unos pocos meses, pero los ángeles eran así, amaban con intensidad, amaban con todo su cuerpo y con todo su espíritu y con todo su poder. 



Por eso era que las parejas de ángeles duraban para la eternidad, porque nunca dejaban de sentirlo. 



Pero, ¿qué sería de un ángel enamorado de un demonio por toda la eternidad? 



Asi que tomó una decisión. 



Iba a hacerlo. Iba a renunciar a su divinidad por Zee. Dejaría el Reino Celestial y bajaría al mismísimo Infierno por él, porque lo amaba así de mucho. 



Sin embargo, nunca pudo llegar a su próximo encuentro con Zee. 



—¿Señor? —murmuró Nunew, en cuanto fue interceptado por Dios en la plataforma para saltar a la Tierra. 



—Vas muy seguido allá abajo —dijo Dios, sonriendo con tranquilidad—. ¿Qué hay de interesante, mhm? 



—E-eh, bueno… 



—Los humanos, ¿cierto? Ah, ellos han sido mi creación más compleja —suspiró, mirando el borde del Reino Celestial con algo parecido a la nostalgia. 



—Uh, si, si, los humanos son bastante… curiosos —respondió, mintiendo por primera vez pues, de las cientas de veces que había bajado a la Tierra, nunca se había acercado a un humano. 



—Mhm, no me gustan las mentiras, Chawarin —dijo Dios, mirándole con toda la serenidad posible, Nunew palideció. 



—Señor, yo… 



—Shh, tranquilo, no voy a regañarte —tranquilizó Dios, antes de alzar su palma hacia a él—. Ven, toma mi mano, vamos a charlar. 



Nunew dudó por un segundo, sin saber si tomar la mano de Dios o no, pero al final suspiró y alzó su propia mano, porque Dios no lo lastimaría jamás. 



Pero en cuanto tomó la mano de Dios, se desmayó. 







—Ese era un hechizo de bloqueo muy poderoso. 




Las garras en su cabeza se retiraron y Nunew boqueó por aire, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho y que la cabeza le iba a estallar por el inmenso dolor. 




Miró a su alrededor desorientado, buscando algo –a alguien–, sintiendo los recuerdos viejos llenando su cabeza con rapidez. Y eran tantos que sentía que iba a estallar, rebosado por la cantidad de momentos que le habían robado. 




Pero entonces… 




—¿Nhu? 




—¿Hia? 




Nunew miró al demonio, a su demonio parado en una esquina de la cueva y los sintió, todos y cada uno de los sentimientos que habían sido bloqueados en su cabeza se desataron con tan solo mirar su rostro. 




—¿Estás bien? —El demonio se acercó, empujando a Lucifer fuera de su camino para poder alcanzar el cuerpo tembloroso de Nunew y abrazarlo. 




—Yo… ¿no sé? —Nunew sollozó, ocultando su rostro contra el pecho de Zee, aferrando sus manos a la espalda del demonio y, oh, había extrañado tanto eso—. Hia, ellos me hicieron… 




—Lo sé, shhh, ya estás bien —murmuró el demonio, presionando sus labios contra la frente del ángel con suavidad. 




—Y tú… estúpido demonio, me lastimaste —lloró, completamente sobrepasado de sentimientos, sin notar la grosería que se le había escapado—. Dijiste que nunca me lastimarías. 




Zee lo apretó más fuerte contra su pecho. 




—Lo siento tanto, Nhu, perdóname —murmuró, con la voz tensa y cargada de arrepentimiento. Nunew le dió una palmada en la espalda con algo de fuerza, pero no lo soltó. 




—Tonto, demonio tonto… 




—Lo soy  —suspiró Zee, acariciando los suaves cabellos castaños de Nunew con delicadeza—. Ya me conoces, Nhu, soy un estúpido que no piensa bien las cosas, pero yo realmente creí que tú me habías abandonado y… 




—¿Cúanto tiempo ha pasado? —Nunew interrumpió, separándose un poco para poder mirarlo a los ojos, dorado y rojo encontrándose. 




—En tiempo humano… Más de dos siglos, Nhu. 




Nunew sintió que el corazón se le hundía hasta el fondo, pesado y doloroso. 




—Dos mil años —susurró incrédulo, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas sonrosadas—. Nos robaron dos mil años, Hia… 




—Seh, que triste. —Una tercera voz interrumpió y Nunew observó al mismísimo Lucifer permanecer aburrido en una esquina—. ¿En qué momento empieza el drama? 




—Usted… ¿por qué nos ayudó? Yo fui el que provocó su destierro —susurró Nunew con desconfianza, aferrándose a la mano de Zee con temor de volver a ser separado de él. 




—Ya había olvidado ese pequeño detallito —dijo Lucifer, frunciendo un poco el ceño—. Pero hay algo que disfruto más que nada en el mundo y eso es ver al imbécil de tu Señor enojado. 




—¿Qué? 




—Ah, muchacho, solo vuelve allá arriba y dile que recuperaste tus recuerdos y que tendrás sexo loquisimo con uno de mis demonios, quiero ver a ese anciano morirse de la rabia —suspiró Lucifer, con una sonrisa algo desquiciada en los labios—. Vamos, dale algo de diversión a este ser maligno. 




Bien, Nunew no sabía que el Diablo pudiese ser tan… estúpido. 




—Ugh, largo de aquí. —Zee gruñó, girando la cabeza para poder darle una mirada de molestia a Lucifer. 




—Este es mi reino, jovencito. 




—Y yo te ayudé a edificarlo, ahora sal. 




Y Lucifer rió, antes de abandonar la cueva para dejarlos solos. 




Zee resopló, antes de tomar el cuerpo de Nunew entre sus brazos para llevarlo de vuelta a la cama, en donde lo depositó gentilmente. 




—¿Realmente pasaste dos mil años creyendo que te había dejado? —murmuró Nunew, una vez estuvo sentado en medio de las sabanas rojas. 




Zee suspiró, sentándose a su lado. 




—Pasé dos mil años creyendo que me habías traicionado, Nhu —reveló, mirándole con los labios apretados en una fina línea. 




—¿Qué? 




—Ese día que no volviste más, un Ejército de Arcángeles llegaron al lugar donde solíamos reunirnos y dijeron que tú… les habías dado mi paradero para que pudieran capturarme. 




Nunew sintió su estómago revolverse ante aquella revelación. Porque, en ese tiempo, los ex ángeles traidores que se atrevían a dejar su exilio en el Infierno eran cazados por las arcángeles para eliminarlos. 




Y, oh , Zee había pasado dos mil años completos creyendo que Nunew lo había engañado y abandonado, creyendo que Nunew lo había entregado para que lo ejecutaran. 




¿Cómo había podido Zee vivir con ese sentimiento, si Nunew sentía que le dolía todo de tan solo imaginarlo? 




Nunew, de repente, tuvo enormes deseos de destruir el Reino Celestial en venganza. 




Pero una idea mejor llegó a su mente. 




—Bésame, Hia —exigió, alcanzando la mano del demonio para aferrarse a él. 




—¿Qué? 




—Bésame ahora y quítame la divinidad —repitió, su tono solemne y seguro no dejando lugar a las dudas. 




—Pero, ¿no crees que primero deberias ir allá arriba a decirle a Dios que recuerdas todo? —murmuró Zee, con el ceño ligeramente fruncido. 




Pero Nunew no vaciló. Él siempre había sabido que su Hia nunca había estado feliz con la idea de condenarlo, de convertirlo en un demonio solo por su amor. 




—No pienso volver a ese lugar siendo un ángel, Hia, no cuando pueden alejarnos de nuevo y volver a bloquear mis recuerdos. 




—Pero ahora yo sabría que… 




—No, Hia, simplemente no —interrumpió, mirándole con tanta seriedad que sintió al demonio alejarse un poco. 




—Pero tu pureza, Nhu, vas a dejar de ser bueno cuando… 




—Yo dejé de ser bueno en cuánto descubrí que me habían robado nuestro primer beso por dos mil años, Hia —soltó, gateando por la cama hasta quedar sentado sobre el regazo del demonio.




—¿Primer beso? —Zee parpadeó sorprendido. 




—Yo planeaba darte el beso para renunciar a mis alas ese día, Hia, pero ese bastardo me interceptó —resopló, colocando sus manos sobre los hombros del demonio—. Un ángel no debería sentir las ganas que tengo yo de quemar el Cielo, masacrar la Tierra y destruir el Infierno para vengarme de lo que nos hicieron, Hia, así que dame ese beso, ya esperé suficiente. 




Y el demonio le miró intensamente por lo que pareció una eternidad, antes de tomarle por las mejillas para acercarlo hasta que sus narices chocaron y sus alientos se mezclaron. 




—Te amo, Nhu. 




Y sus labios se encontraron por primera vez. 




Nunew lo resintió en sus alas al instante, pero no le dió importancia, dejando que los labios de su demonio se adueñaran de los suyos con una intensidad que solo podría conseguirse con dos mil años de anhelo. Presionó su cuerpo contra él, pegándose todo lo que fuese físicamente posible, mientras sentía los dedos calientes de Zee deslizarse por debajo de las orillas de sus pantalones cortos, tocándole la piel suave y calida de los muslos. 




Por primera vez, luego de dos mil años de existencia, Nunew fue capaz de sentir deseo. 




Enredó los dedos en la cabellera negra como el ébano de Zee y abrió los labios para soltar un largo gemido, antes de recibir su lengua cálida y húmeda dentro de su cavidad bucal. Zee se dedicó a chupar y mordisquear cada rincón de su boca hasta dejarlo hecho un desastre de jadeos, basándole con un hambre abrumador mientras deslizaba sus manos por todo el cuerpo de Nunew, tocándole como si quisiese memorizar su piel con los dedos. 




Todo se volvió intenso, húmedo y lascivo, delatando todo el deseo que habían contenido dentro de sus corazones durante todo ese tiempo, dejándolo salir sin vergüenza en ese momento en que cada centímetro de sus cuerpos se rozaban contra el otro. 




Y para cuando Nunew estuvo desnudo sobre las sabanas de seda roja, con el demonio completamente cernido sobre su cuerpo tembloroso y jadeante mientras le besaba cada rincón secreto de su cuerpo, fue que se dió cuenta de los pequeños cuernos que habían crecido sobre su frente. 




Fue así como el Cielo cometió un pecado y, en recompensa, el Infierno fue bendecido. 








Nunew se sentó con cuidado sobre el borde de aquel acantilado, mirando la lava que ardía en el fondo mientras una sonrisa satisfecha se dibujaba en sus labios. 




—¡Oye, Nunew! 




El aludido miró por encima de su hombro, observando cómo un demonio de cabellos rubios corría a toda velocidad hasta donde él estaba. 




—¿Qué sucede, James? —preguntó con calma, mientras balanceaba sus piernas animadamente. 




—¡¿Es verdad que esta mañana fuiste a hacer un escándalo al Reino Celestial?! 




Nunew frunció el ceño ante el grito que fue proferido justo sobre su cara, pero terminó sonriendo con cierto aire juguetón. 




—Seh, le fui a dar una pequeña visita a mi querido Dios —respondió, encogiendose de hombros como si no fuese la gran cosa. 




Oh, pero había sido la gran cosa. Nunew todavía no podía olvidar la cara que había puesto el Rey de los Cielos cuando le dijo algo como «Por más que quisiste evitarlo, tu Arcángel terminó chupando la polla de un demonio» delante de cientos de ángeles. 




—¡Woah, que genial! —James exclamó, abrazando a Nunew con emoción—. Ojalá yo hubiese estado allí. 




—Y ojalá tú sueltes a mi jodido novio o voy a lanzarte al azufre, imbécil. 




James rápidamente soltó a Nunew, mirando con fastidio la manera en qué Zee se acercaba a ellos con aire amenazante. 




—Lo tienes todo el tiempo para tí, déjame hablar un poco con él —se quejó James, apoyando las manos en las caderas en una pose tan… humana. 




Definitivamente James pasaba demasiado tiempo en compañía de ese humano llamado Net. 




—Estúpido sucúbo, ni creas que no siento tus intenciones con Nunew —gruñó Zee, dándole un empujón a James para alejarlo. 




—¿Sabes, Pruk? Yo también tengo sentimientos y soy capaz de convivir con otros sin querer enterrarles la polla, a diferencia de tí. 




—Lárgate antes de que mande algún demonio de la lujuria tras tu humano —amenazó Zee, tomando asiento al lado de Nunew. 




—Eres insoportable. 




Y se fue dando pisotones, mientras murmuraba mil maldiciones contra Zee. 




—Pobre James, eres un fastidioso a veces, Hia —se burló Nunew, todavía balanceando sus piernas suavemente. 




—Bah, ¿qué importa él? —bufó Zee, con un pequeño puchero en berrinchudo en los labios—. Mejor dime, ¿qué tal te sientes? 




—¿Lo dices por lo del incidente en el Reino Celestial? No te preocupes, Hia, ya te dije que… 




—No, tonto, me refiero a hace un rato. Me dijeron que pasó algo y que te veniste a ocultar aquí. —Zee explicó, tomando la mano de Nunew con suavidad. 




Nunew suspiró. 




—Esto de controlar la ira es difícil —susurró Nunew, haciendo un pequeño puchero—. No sabía que los demonios tenían tendencias a enojarse tan fácilmente. 




—Bueno, debiste sospecharlo desde que me conociste a mí, bobo —rió Zee, acercándose al rostro de Nunew para rozar sus narices juntas. 




—En mi defensa, pensé que ese solo era un defecto tuyo. —Nunew se burló, antes de dejar un suave beso sobre los labios de Zee. 




—Entonces, ¿qué pasó? 




—Puede que me haya enojado tanto con el idiota de Tutor que provoqué un huracán en algún país del mundo y un temblor en el Quinto Círculo —susurró, bajando la mirada con timidez. 




Zee soltó una risita y besó la nariz del pequeño demonio con suma adoración. 




—Bueno, eso es mucho mejor lo que provoqué yo la primera vez que me enojé —consoló Zee, abrazando a Nunew con suavidad. 




—¿Cúando fue eso? —cuestionó Nunew, apoyando su cabeza en el pecho de Zee. 




—Cuando no pudiste llegar ese día. 




Nunew tragó saliva y dejó un pequeño beso en el pecho de Zee, justo a la altura de su corazón. 




—¿Y qué ocacionaste? —susurró, con el corazón doliendole un poquito dentro del pecho. 




—Creo que una guerra, no lo recuerdo bien. 




Nunew suspiró con fuerza y soltó un quejido. 




—Pobres humanos, tienen que pagar por nuestros problemas —se lamentó, genuinamente triste de pensar en todas las desgracias que los demonios le habían provocado a los humanos por simples rabietas. 




Zee soltó una risa, antes de empujar los hombros de Nunew para recostarlo en el suelo, colocándose justo encima de él. 




—Eres un angelito tan bondadoso —ronroneó, dejando pequeños besos por todo el rostro de Nunew. 




—Hia, yo ya dejé de ser un ángel —se quejó, haciendo un pequeño mohín con los labios. 




—Para mí, tú siempre serás mi angelito salvador, Nhu. 



Let karem know what you thought about this chapter!
Love this

6

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

2

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

1

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

1

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Ein Kuss für den CEO

Linda: Ein sehr einfühlsamen Buch, mit einer Spur drama. Zwischendurch musste ich schmunzeln.

Read Now
Silver's Second Chance

Clare: Loved the second chance mate story line. But loved even more the strong female lead. Would love to a mini fic of this couple a few years down the line.

Read Now
Half-Claimed

TopazHorizon: Okay, no sex here at all - I know all you werewolf romance fans love a good sex scene 😉 But it's still a good love story. Love for your own self, love for your skills, love for your community and beyond, and love for family, even when it's complicated. And I feel like I became smarter, too. All tho...

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

MartinaOliver__: Thanks for this Great Stroy

Read Now
Graves Lost Daughter

Gillian: Truly loved this story. It had me smiling, crying and smiling again. I love how each of the characters grew stronger, emotionally. And I definitely fell in love with Gabe.

Read Now
Fashion victime du PDG

Roland: Intrigue intéressante

Read Now
Luna auf der Flucht

Manuela: Sehr spannende Geschichte voll und ganz gut geschrieben

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

ohoney2004: I enjoyed reading this novel. Great story line, interesting character interactions, great ending.

Read Now