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DE BURBUJAS Y PÉTALOS | ZEENUNEW

Summary

Es el viaje de Zee y NuNew a Chiang Rai. Están en una habitación solos, con una bañera en medio. Nada más, solo eso. Y fue lo único que necesitaron.

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1
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n/a
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18+

1/1

NuNew sintió su ritmo cardíaco acelerarse en cuanto apretó el botón de «enviar» y la foto que recién acababa de tomar se subió a sus stories de instagram. Oh, santo dios, ¿realmente se había atrevido a publicar una foto de él tomando un baño en la maldita bañera? Al parecer si, pues enseguida su celular comenzó a vibrar sin parar con cientas y cientas de notificaciones.


Bueno, es que no había manera de que sus fans no vieran eso.


Aunque, si debía ser sincero, solo le interesaba que una persona la viera. La persona que, de hecho, era la única razón por la que había subido la foto en primer lugar.


Antes de que pudiese arrepentirse y borrar la dichosa foto, NuNew dejó su celular rápidamente en la mesita que había al lado de la bañera y se hundió en el agua hasta que solo la mitad de su rostro sobresalió. Quería tranquilizarse pensando en que la publicación ni siquiera era algo explícito o indebido, pues solo se trataba de un boomerang de su mano recogiendo un pétalo de entre la espuma, sin ninguna otra parte de su cuerpo visible. En serio. Nada de nada. Ni siquiera los dedos de sus pies.


Pero la insinuación era obvia para cualquiera con un mínimo de sentido común que la viese, pues sumaría dos más dos y adivinaría que estaba desnudo tomando un baño de burbujas en una bañera que estaba puesta justo en medio de la bendita habitación que no solo ocupaba él, sino que compartía con su Hia.


Quizás no había sido buena idea haberles mostrado la distribución de la habitación entera a sus seguidores en la transmisión que él y su Hia habían hecho hace rato, así sus fans no sabrían que la condenada bañera estaba en un lugar quizás demasiado exhibicionista.


Diablos, quizás debió solo mandarla a sus close friends, porque ya hasta podía imaginar las cientas de teorías que debían estar haciendo sus fans en ese preciso momento.


—Todo es culpa de Hia, si no se hubiese ido…


Y es que su Hia, su dulce y caballeroso Hia Zee, había decidido abandonar la habitación para darle privacidad en cuanto hizo la insinuación de que quería meterse en la bañera, sin captar que la verdadera intención de NuNew era que ambos se metieran a ella.


Bien, quizá también era culpa suya por ser demasiado tímido como para pedírselo directamente.


Con un suspiro de derrota, NuNew jugueteó desganadamente con los pétalos que flotaban sobre la espuma, pensando en la posibilidad de que su Hia tampoco entendiera esa indirecta o peor, que ni siquiera viera su publicación. A su lado, su celular seguía vibrando en notificaciones interminables, pero solo se concentró en disfrutar del aroma natural a rosas mezclado con la suave fragancia artificial del jabón de baño.


Ya mañana se ocuparía de lidiar con el desastre que había ocasionado.


Cerró los ojos y se mantuvo así, simplemente disfrutando del baño que comenzaba a adormecerlo, resignado a hacerlo sólo pues ya habían pasado casi quince minutos y no había señales de que su Hia fuese a regresar.


Su mente se relajó a la par de su cuerpo y lentamente se quedó dormido ahí, en medio del agua tibia, las burbujas y los suaves pétalos de rosa. Cayó en un sueño tan profundo que ni siquiera se dió cuenta del momento en que la puerta se abrió y una nueva presencia se deslizó dentro de la habitación.


No hasta que una mano gentil acarició su mejilla y una voz cálida le susurró: —Nhu, cariño…


NuNew suspiró entre sueños y se acurrucó más contra la palma que le acunaba el rostro, apenas escuchando la ronca risa que resonó después a su lado.


—Nhu, despierta, es peligroso quedarse dormido en la bañera —insistió aquella voz, antes de que unos cálidos y sedosos labios se presionaran sobre su frente.


A regañadientes, NuNew abrió sus párpados lentamente, topandose enseguida con un par de adorables ojos en forma de almendras que le miraban con la ternura rebosando de sus irises marrones, luciendo casi como un cálido pozo de chocolate. Ah, su Hia Zee estaba a su lado sentado en la silla que horas atrás había considerado algo extraña porque estaba puesta al lado de la bañera (una ubicación curiosa, si se lo preguntaban), pero ahora su mente soñolienta la encontraba muy útil.


—Mhm, ¿Hia? Si veniste —susurró, todavía demasiado adormilado como para controlar su filtro cerebro-boca.


Zee Pruk le sonrió de medio lado, una curva que usualmente transmitía sarcasmo o burla, pero que en ese momento solo derrochaba la más sincera adoración.


—Así que querías que viniera —rió enternecido, Zee, sin dejar de acariciar con su pulgar la redonda mejilla de NuNew.


—Ujum… —tarareó NuNew en respuesta, con ese tono agudo e infantil que siempre se le escapaba y le hacía oír como un pequeño niño mimado.


—Bueno, Nhu, hubiese preferido que me lo dijeras y no adivinarlo viendo tus historias de instagram.


Al escuchar eso, todo rastro de sueño abandonó el cuerpo de NuNew y rápidamente su rostro se tornó rojo de la vergüenza.


—Me dió pena… —susurró, por primera vez desde que despertó siendo completamente consciente de la presencia de Zee Pruk a su lado.


La caricia sobre su mejilla se detuvo lentamente y su Hia soltó una risa ante su respuesta. NuNew solo atinó a enrojecer más, si es que eso era posible.


—Hia, no te burles —lloriqueó NuNew con un mohín en los labios, mientras ocultaba el rostro entre sus palmas mojadas.


Oh, sus dedos ya se habían arrugado después de tanto tiempo dentro del agua, ¿quizás ya era el momento de salir?


—No es mi intención burlarme de ti, Nhu —habló Zee, interrumpiendo las divagaciones mentales de NuNew—, es solo que me parece gracioso que te dé pena pedirme que me quede contigo pero no te dé pena subir una foto en la bañera que seguramente todas nuestras fans ya vieron.


El sonrojo de NuNew se intensificó hasta alcanzar la punta de sus orejas y le invadió el ferviente deseo de desaparecer de la faz de la tierra. Ah, que vergonzoso.


—Hia, es que yo…


La explicación de NuNew no pudo ser completada, pues de repente vió cómo la mano de Zee se sumergía debajo del agua de la bañera, antes de que sintiese como unos largos dedos se envolvían en su flacido pene.


—¡Hia! ¿Q-qué haces? —gimoteó nervioso, NuNew, mientras removía sus piernas temblorosas.


Zee no respondió, simplemente sonrió audazmente antes de comenzar a estimular su miembro por debajo del agua y las burbujas casi desvanecidas. NuNew, por su lado, tuvo que llevarse una mano a la boca para no gemir ruidosamente, mientras sentía como la palma de Zee rodeaba su falo apretadamente y le masturbaba a un ritmo tortuosamente lento.


Ah, ¿por qué de repente estaba pasando eso?


Quiso replicar algo, preguntar por qué tan de repente aquel gesto, pero nada coherente salió de sus labios en cuanto los abrió, lo único que podía emitir eran gemidos entrecortados que terminaban siendo sofocados por su propia mano. El roce entre la cálida palma de su Hia y la carne sensible de su erección era exquisita y le llenaba de un montón de escalofríos el cuerpo, provocando que los dedos de sus pies se recogieran y su cuero cabelludo se enchinara.


—¡Hia! ¡Mnn! —El jadeo destrozado que salió de su garganta sonó tan agudo que por un momento desconoció su propia voz.


Sintió el dedo pulgar de Zee presionar la punta de su erección, esparciendo el líquido preseminal que se mezclaba con el agua perfumada para facilitar la fricción. Luego, simplemente le rodeó el glande con el puño para dejarle follar su mano a su gusto, por lo que NuNew no pudo detener sus temblorosas caderas y las meneó contra el agarre apretado alrededor de su carne sensible, embistiendo el puño ajeno con fuerza y rapidez, desesperado de perseguir el cosquilleo que se extendía por cada rincón de su cuerpo.


Sus gemidos fueron en aumento hasta que NuNew se olvidó de tratar de detenerlos, simplemente entregándose por completo al placer mientras Zee tocaba y recorría cada centímetro de su polla cómo si supiera exactamente qué hacer para reducirlo a un manojo de ruidos obscenos. Y de hecho, así era.


Oh, sentía que podría correrse en cualquier momento, el agua del baño de burbujas solo facilitaba el vaiven de los dedos de Zee, volviendo el roce tan húmedo, tan resbaladizo, tan lubricado.


NuNew supo que podría derretirse ahí mismo con tan solo eso.


—E-espera, Hia. No, uh, no quiero correrme aún… no así —suplicó NuNew cuando sintió que estaba a punto de explotar, su mano yendo a rodear la muñeca de su Hia para detener el roce.


Estaba tan cerca del orgasmo que la pausa casi hizo doler su erección, pero no le importó. No quería correrse por un simple trabajo manual


Por su parte, Zee le miró intensamente, el negro de sus pupilas abarcando casi por completo su mirada y ahogando en oscuridad el marrón de sus ojos brillantes.


—¿Hia? — murmuró NuNew, abrumado por la profundidad con la que Zee le miraba.


Era como… como si su Hia fuese un adorador y estuviese mirando a su deidad favorita. Pero NuNew no se sentía una deidad, para ser sincero.


—Nhu, ¿puedo saber por qué subiste esa foto? —preguntó Zee de repente, cambiando el ambiente febril sin aviso—, no sabes lo mucho que tuve que controlarme para no venir aquí inmediatamente y… uh, eres tan cruel conmigo.


NuNew parpadeó lentamente, de nuevo el sonrojo extendiéndose por sus mejillas.


—Es que yo quería… —murmuró, bajando la mirada para evitar enfrentarlo cara a cara—. Si Hia se hubiese quedado conmigo como siempre, yo no habría recurrido a subir esa foto. ¡Pero Hia de repente actuó tan respetuoso que me dió vergüenza pedirle algo más y verme como un desesperado! —confesó, jugando con las pocas burbujas que todavía sobrevivían en la superficie del agua.


Sin esperarselo, NuNew recibió un suave y gentil beso en la comisura de los labios, por lo que rápidamente levantó la mirada para mirar con confusión a su Hia.


—Lamento no quedarme contigo desde un principio, Nhu —murmuró Zee, tomándole una de sus humedas manos para dejarle un beso sobre el dorso.


—¿Entonces no estás enojado conmigo, Hia? —susurró, posando la yema de sus dedos arrugados sobre los sedosos labios de su Hia.


—¿Por qué habría de estarlo? —preguntó Zee, con el ceño fruncido ligeramente en confusión.


—Por lo de la foto, ya sabes, la vió todo el mundo —se lamentó, arrepintiendose de haberla subido públicamente.


Zee soltó una pequeña risita nasal y llevó sus manos a las mejillas de NuNew para sostenerle el rostro, sus ojos mirándole con tanta sinceridad que NuNew casi se ahogó con su propio aliento.


—Sé que puedo ser celoso, Nhu, a veces por cosas muy tontas, pero jamás, y escuchame muy bien, jamás te prohibiría subir lo que se te plazca a tus redes sociales ni mucho menos me enojaría por algo así. Eres libre de hacer con tu cuerpo lo que quieras, ¿entendiste?


NuNew sonrió conmovido, con las lágrimas casi cayendo de sus ojos (porque él era así, de lágrima fácil) y se sentó mejor en la bañera para que su rostro estuviese a la altura del de Zee y así besarle con mayor facilidad.


Fue un roce suave, apenas un toque delicado de labios, pero se aseguró de transmitir todo su cariño en él.


El ambiente se había vuelto tan dulce y cursi de repente, que NuNew ni siquiera recordaba a esas alturas que minutos antes su Hia le había masturbado por debajo del agua. Pero con Zee Pruk siempre era así, un sube y baja de emociones positivas. Un momento podía sentirse el ser más amado y protegido del mundo y al otro podía estar siendo deseado de la forma más pecaminosa imaginable.


Ah, lo amaba tanto.


—Bueno, ¿si quieres meterte conmigo? Ya no hay burbujas y el agua se enfrió pero… —NuNew comenzó a balbucear, nervioso y temeroso de ser rechazado.


Zee rió suavemente y besó su mejilla.


—Claro, Nhu.


Enseguida, Zee se puso de pie y procedió a quitarse la ropa ahí mismo, frente a él. Y no era como que a NuNew le molestase, ni que le avergonzara ver la desnudez de su Hia, después de todo, no era la primera vez que se quitaban la ropa frente al otro.


Pues claro que no es la primera vez, pensó con obviedad, si hemos estado acostandonos desde año nuevo.


No tuvo tiempo de avergonzarse por su propio pensamiento, pues pronto sintió a su Hia entrar a la bañera, sentándose justo detrás de él y rodeándole la cintura con los brazos en un apretado abrazo, tan cerca que la espalda de NuNew terminó descansando por completo sobre el amplio pecho de Zee.


Ahí, abrazados en medio de la espaciosa tina, NuNew se permitió sonreír, pues era allí dónde pertenecía. Entre los brazos de su Hia.


—Mhm, ¿puedo preguntar por qué Hia se puso tan caballeroso hace rato? —murmuró NuNew, con los ojos cerrados en deleite, pues los dedos de Zee le estaban acariciando el abdomen con gentileza.


Y no lo malinterpreten. Su Hia Zee siempre era un caballero, siempre dándole su debido espacio y privacidad, nunca abusando de la confianza que tenían para tocarle sin su consentimiento. Pero simplemente se le hacía raro que hubiese decidido dejarle a solas cuando la invitación a compartir un baño era evidente y el consentimiento de NuNew bastante obvio.


—Bueno, yo… —exhaló Zee, su voz temblando un poco—. Quizás yo no quería, ya sabes, tocarte de forma indebida.


NuNew frunció el entrecejo con confusión.


—Pero, Hia, no es como si nosotros no hubiesemos hecho… eso, uh, antes —susurró, visiblemente abochornado.


Sintió el suspiro de su Hia hacerle cosquillas en la nuca, antes de que un par de besos gentiles fueran depositados sobre la suave piel de su hombro.


—Lo sé, Nhu, pero quería aguantarme hasta después —confesó Zee Pruk, su tono sonando ligeramente tímido.


—¿Hasta después? ¿Por qué? —preguntó NuNew con curiosidad.


Zee Pruk se quedó unos segundos en silencio, dejando a NuNew con la duda. Aún así, NuNew le dió su tiempo y simplemente esperó, apoyándose contra el pecho de su Hia cómodamente mientras jugaba con los pétalos del agua.


—Bueno, yo… tenía todo un plan para mañana —explicó Zee, apoyando su mejilla sobre el hombro de NuNew—. Venir a este resort no fue nada más porque si, bueno, hasta presentarte a mis padres tenía una razón.


NuNew se sonrojó ante la mención de los padres de Zee Pruk, recordando lo bien que la familia de su Hia lo había tratado durante su corta estadía en la casa Panich. La madre de Zee había sido extremadamente amable y le había apretujado las mejillas con adoración tantas veces que perdió la cuenta, mientras que el señor Panich lo había atiborrado de comida casera hasta que le dolió el estómago. Sin contar el agradable recibimiento de la hermana mayor de su Hia (que incluso había bromeado con él hasta hacerlo sonrojar) y la presencia adorable de la pequeña sobrina de Zee, Tara.


Su viaje a Chiang Rai para conocer a la familia Panich había sido perfecto, tanto que no se había esperado que su Hia Zee luego lo llevara a un resort carísimo en medio de la naturaleza.


—Entonces, ¿arruiné tus planes, Hia? —preguntó NuNew genuinamente preocupado, girando su rostro para tratar de ver a Zee Pruk.


—No, no, claro que no, Nhu —aseguró Zee rápidamente, mientras presionaba su perfilada nariz contra la esponjosa mejilla de NuNew, olfateando con suavidad—. Solo quería hacer un momento especial, un momento perfecto para… uh, esto es vergonzoso.


—¿Para qué? ¿Qué pasa, Hia?


—Yo…


NuNew escuchó a su Hia suspirar temblorosamente, antes de que las manos de largos dedos se posaran sobre sus caderas en un agarre firme.


—¿Puedes girarte para mi, Nhu? —murmuró Zee, con sus labios rozando la piel detrás de la oreja de NuNew.


—¿Hia…?


—Quiero que me mires a los ojos, por favor —pidió, depositando un suave beso allí.


NuNew sintió en escalofrío recorrer su espalda ante aquel pedido, pero no tardó en obedecer. Con cuidado, se puso de pie dentro de la bañera (asegurándose de no resbalar) y giró sobre sus talones para poder mirar a su Hia. Sus mejillas se ruborizaron al notar que su desnuda entrepierna estaba justo a la altura del rostro de Zee, pero se apresuró a volver a tomar asiento antes de que su bochornoso pensamiento fuese evidente. Su cuerpo volvió a sumergirse en el agua, pero esta vez estaba frente a frente con su Hia, con sus piernas flectadas a cada lado de las caderas ajenas.


—Bien. Entonces, ¿qué pasa, Hia? —preguntó, colocando sus manos sobre el pecho de Zee.


Zee Pruk volvió a suspirar con fuerza, antes de sonreírle con tanta dulzura que NuNew se sintió ruborizar.


—Nhu, nos conocemos desde hace muchos meses, hemos pasado por muchas cosas juntos y el cariño entre nosotros crece con cada día que pasamos uno al lado del otro. —Zee comenzó a decir, mientras sus húmedas manos subían a sostener las mejillas redondas de NuNew—. También hemos estado saliendo juntos desde Año Nuevo y, bueno, sé que dijimos que no necesitábamos ponerle un nombre a lo nuestro porque con saberlo nosotros era más que suficiente y, ah, yo sé que un título no haría gran diferencia pero yo… yo…


NuNew sintió que su corazón retumbaba dolorosamente dentro de su pecho para ese punto y sus ojos picaban más y más con cada palabra que salía de los labios de su Hia, sintiéndose abrumado por todo el cariño que inundó su corazón al verlo allí, enfrente suyo, desnudando su alma solo para él.


NuNew casi sintió que el aire le faltaba en los pulmones.


—¿H-hia?


—NuNew, yo realmente quiero poder llamarte mi novio —soltó Zee, con las mejillas delgadas teñidas de un suave rubor carmesí—. Y sé que esta no es la mejor manera de pedirtelo, yo tenía todo un plan para sorprenderte pero… pero… espero que mis sentimientos sean suficientes para…


—Hia, shh. —NuNew colocó un dedo sobre los labios de Zee para detener su verborrea, mirándole con lágrimas en los ojos—. Es perfecto, esto es perfecto, Hia, no necesitaba nada más que tu sinceridad y tu cariño…


NuNew se inclinó un poco, buscando la tibia boca de Zee Pruk para depositarle un tierno beso en los labios.


—¿Eso quiere decir que…?


—Si, Hia, si quiero ser su novio —rió NuNew, el sonido saliendo acuoso por culpa de las lágrimas de felicidad que se deslizaban por sus mejillas.


—Oh, Nhu…


Sin previo aviso, los labios de NuNew se vieron asaltados por un beso ansioso que le robó el aliento. Soltó un gemido desde lo más profundo de su garganta y se aferró a los hombros de Zee Pruk, sintiendo cómo la pomposa lengua del hombre se adentraba a su cavidad bucal, lamiendo y chupando cada rincón de su boca hasta que todo su cuerpo se erizó por la excitación.


—Mhmg, Hia, por favor… —jadeó, buscando pegarse más al cuerpo de Zee, deseando sentir su calor contra su propia piel.


Ante su ruego, sintió las manos grandes de su Hia posarse sobre la curva de su cintura, los largos dedos hundiéndose en la carne tierna con tanta fuerza que probablemente le dejarían marcas, pero la idea no lo molestó. En cambio, sintió el agarre sobre su cintura intensificarse hasta que fue obligado a alzarse sobre sus rodillas para que pudiese sentarse sobre el regazo de Zee Pruk, con su trasero presionado contra la rígida extensión del pene ajeno. NuNew gimió contra los labios de su Hia, sintiendo cómo su propia erección se restregaba contra los abdominales firmes y duros del hombre mayor ante la cercanía de sus cuerpos.


—Hia, por favor, por favor —suspiró, aunque no estaba muy seguro de qué era lo que estaba pidiendo con tanto desespero.


Pero daba igual, quería lo que fuese que su Hia le diese. Cualquier cosa, lo aceptaría con satisfacción.


Zee Pruk gruñó contra sus labios y NuNew pudo sentir los dedos ajenos deslizándose desde su cintura estrecha hasta su trasero, en dónde se aferró a la suave carne, amasando sus nalgas hasta dejar las rojizas marcas de sus dígitos grabados en la piel pálida, marcas que luego NuNew podría ver al mirarse al espejo y recordar aquella noche.


El pensamiento lo hizo ponerse más duro, si es que eso era físicamente posible.


NuNew rodeó con sus brazos los hombros de Zee Pruk mientras sus labios se fundían juntos en un beso húmedo y desordenado, sus lenguas se restregaron la una contra la otra en roces obscenos y, de vez en cuando, Zee Pruk atrapaba la suya entre sus labios para chupar suavemente hasta que NuNew sentía su cuero cabelludo hormiguear.


Oh, siempre que su Hia hacía eso NuNew sentía sus rodillas temblar.


—Hia… —gimió, mitad excitado y mitad en queja, pues necesitaba algo, lo que fuese, pero algo mucho más intenso que simples besos y caricias o iba a estallar de lo caliente que se sentía todo su cuerpo.


Su Hia tarareó contra su boca en un sonido de entendimiento, antes de que sus dedos húmedos por el agua se deslizaran por en medio de sus nalgas, acariciando la piel sensible hasta alcanzar su agujero, donde se detuvo tentativamente por un par se segundos.


—¿Qué quieres, Nhu? —murmuró Zee Pruk, sus labios deslizándose de su boca a su mejilla derecha, donde besó con gentileza.


—A tí, Hia, te quiero a tí —lloriqueó en respuesta, mientras meneaba sus caderas para perseguir el tacto de aquellos dedos.


Zee Pruk gruñó suavemente contra su mandíbula y deslizó sus dedos dentro de aquel agujero apretado y ansioso, provocando que la respiración de Nunew se detuviera por un segundo porque, oh, los dedos de su Hia siempre se sentían perfectos dentro de él, tan largos y delgados y gentiles abriéndose paso en su interior.


Nunew gimió quedito, cerrando los ojos con satisfacción mientras sentía cómo su Hia comenzaba a estirar sus paredes internas, aprovechando la humedad del agua de la bañera para facilitar el acceso y, Oh, por Buda, Zee Pruk conocía tan bien su cuerpo que ya había encontrado el ángulo correcto para alcanzar su próstata.


Nunew tembló entero, aferrándose a los hombros del hombre mayor para no resbalar, pues sus rodillas temblaban ligeramente aun apoyadas en el fondo de la bañera.


Sin mucho esfuerzo, apoyó su cabeza contra el hombro de Zee, dejándolo tocar su cuerpo a su antojo y sin poner resistencia. En cambio, su boca (que había quedado peligrosamente cerca del cuello ajeno) se presionó en suaves besos en la base de la garganta del hombre mayor, comenzando a lamer y chupar la piel que rápidamente comenzaba a tornarse rojiza.


Ah, su Hia tenía una piel tan delicada. Unos cuantas succiones y su bonito cuello ya estaría pintado de manchas rojizas por todos lados, dejando su piel como si estuviese infestada de petalos de rosas.


—Nhu… —gimió Zee, bajo y ronco, porque su Hia también era tan sensible en su cuello, siempre deshaciéndose como mantequilla al fuego cuando Nunew ponía sus labios en esa zona de manera juguetona.


—Hia, eres tan hermoso —murmuró Nunew, sin dejar de lamer la piel de Zee, su lengua paseándose por toda su manzana de Adán, probandolo.


Los dedos en su interior golpearon con más fuerza, enterrandose hasta que los nudillos de Zee chocaron contra las redondas nalgas de Nunew.


Y Nunew sonrió a través de su pequeño gemido, pues sabía exactamente lo que los cumplidos generaban en Zee Pruk Panich.


Su Hia siempre parecía un cachorro en busca de halagos, pero él definitivamente adoraba cuando Nunew lo elogiaba en medio de ese tipo de situaciones.


Y Nunew podía sentir el entusiasmo de Zee en ese momento ante sus palabras, pues su erección se había vuelto más rígida y dura contra su muslo.


—Tan perfecto, tus dedos se sienten tan bien en mí, Hia, siempre —murmuró, sintiendo sus paredes húmedas y flexibles estirarse ante el tercer dedo que se adentró en él.


Y acompañó sus halagos con besos y lametones por todo el cuello de Zee, prometiendose luego bajar a su pecho cuando la posición se lo permitiese, pues podía ver los pezones de su Hia completamente erectos por los escalofríos que recorrían su cuerpo y NuNew tenía que aprovechar la oportunidad de chupar y lamer aquella zona tan atractiva de su Hia.


Sin embargo, todo pensamiento racional abandonó su cabeza cuando sintió los perfectos dedos de Zee golpear con mayor fuerza el interior aterciopelado de su agujero, provocando que un pequeño grito se deslizara por su garganta porque, carajo, si seguía follandolo así de bien con solo los puros dedos iba a correrse mucho antes de que pudiese montar a su Hia como quería.


—Ya, Hia, por favor —balbuceó, con la voz entrecortada, sintiéndose sensible y tembloroso, todo un desastre con tan solo los dedos de su Hia dentro.


—¿Seguro? —murmuró Zee, su tono gentil y cariñoso, mientras realentizaba los movimientos de sus dígitos, sacándolos y metiéndolos tan dolorosamente lento que NuNew lloriqueó contra su pecho.


Ah, siempre tan dulce y atento.


—Si, Hia, estoy seguro, yo… Te necesito ya —rogó, hundiendo sus dedos sobre los hombros fuertes y anchos del hombre mayor.


—Bien, bien, Hia te tiene —murmuró, sacando sus húmedos dedos con cuidado, asegurándose de no hacer ningún movimiento que pudiese lastimar a NuNew.


NuNew abrió la boca en una perfecta «o» (aunque ningún sonido salió de su garganta a pesar de que parecía querer gritar) cuando sintió la punta hinchada y redonda de la erección de su Hia presionarse contra los bordes de su agujero. Echó la cabeza para atrás, extasiado, mientras cerraba los ojos con fuerza al sentir cada centímetro adentrarse en él, estirandolo, llenandolo hasta hacerlo ligeramente doloroso, obligando a sus paredes internas a amoldarse al intruso.


Si, si, si, ahí era donde pertenecía.


Todo su cuerpo sintió un escalofrío cuando lo tuvo completamente dentro, cada centímetro atrapado en su interior, tan profundo que le hacía sentir cosquillas. Ardía, no mucho pero ardía, porque su Hia era grande y lo llenaba a la perfección, presionando cada lugar correcto para hacerle ver estrellas tras los párpados con tan solo tenerlo dentro.


Era como si fuesen dos piezas de rompecabezas encajando con exactitud, como si hubiese nacido para tomar la polla de su Hia.


La idea le hizo soltar un gemido ruidoso y bochornoso que probablemente resonó por toda la habitación.


—Nhu, oh, Nhu —tarareó Zee Pruk, apoyando su frente contra el pecho de NuNew un momento.


Y NuNew no tuvo tiempo para nada más cuando sintió las manos mojadas de Zee Pruk aferrarse a su cintura para alzarlo un poco, antes de sentir la primera embestida.


Ambos gimieron, alto y sin pudor, sin importarles hacer ruido porque, carajo, ¿a quién le importaba ser silencioso?


Al menos a NuNew no, ¿cómo podría? Si se estaba sintiendo tan bien gracias a su Hia que casi podía rozar el cielo con la punta de los dedos. Porque podía sentir a la perfección el arrastre del pene de Zee creando fricción con cada pequeña pero profunda embestida, estimulando cada terminación nerviosa hasta reducirlo a un manojo de gemidos y lloriqueos.


Oh, por Buda, no importaba las veces que Zee Pruk Panich lo follara, siempre iba a sentirse como la primera vez de lo bueno y perfecto que era.


Los dedos de NuNew se hundieron con fuerza en los hombros de Zee, clavando sus uñas en la piel blanca mientras comenzaba a saltar sobre la gruesa erección, el chapoteo del agua de la bañera sonando por encima de los gemidos y gruñidos. Y era un desastre, el movimiento constante de las embestidas ya había provocado que gran parte del agua de la bañera cayera al suelo, mojando todo a su alrededor.


Daba igual, luego lo limpiarían.


NuNew no podía pensar en nada más que no fuese a su Hia enterrado en su interior, abusando de su maltratado agujero sin piedad mientras NuNew temblaba y lloriqueaba por la sensibilidad de su cuerpo.


Movió las caderas lo mejor que pudo, sin importarle el ligero ardor en los muslos luego de tanto ejercicio, subiendo y bajando las caderas con rapidez, su agujero tragándose cada centímetro de aquella pesada e hinchada erección para perseguir con desesperación el placer que embargaba su cuerpo hasta ahogarlo.


Se sentía tan bien. Las manos de su Hia recorrían cada centímetro de su piel desnuda, podía sentir las yemas de sus dedos acariciándole toda la espalda y apretando la carne suave de su trasero, tocándole por todas partes como si quisiese volver a memorizar su cuerpo de nuevo, como si no hubiese explorado cada parte de su piel muchas veces antes.


Y era un gran contraste, porque mientras las manos de Zee Pruk le recorrían el cuerpo con tanta adoración, al mismo tiempo empujaba su largo y grueso miembro dentro de su maltratado agujero, follándolo con una fuerza que estaba desarmando a NuNew.


Pero no solo eso, su boca también estaba robándole suspiros, besando y chupando desde la base de su cuello hasta sus pezones, dejándolos hinchados, rojos y erectos luego de succionarlos y lamerlos como si su vida dependiera de ello, provocando que NuNew lloriqueara por el exceso de estímulo.


—Hia, Hia, te sientes tan bien —gimió, apretando un puñado del cabello negro de Zee entre sus dedos para aferrarse a algo, lo que fuese que evitase que colapsara del placer—. Te quiero, Hia, uh, te quiero, te quiero…


Y lo próximo que sintió fueron los labios de Zee Pruk apoderándose de su boca, chupando su lengua suavemente en un beso desordenado y demasiado húmedo. NuNew gimió extasiado, sintiendo su cuero cabelludo hormiguear cada que la lengua de su Hia invadía su boca.


Sin embargo, luego de varios minutos moviendo las caderas con fuerza, sus rodillas temblaron por el cansancio y no pudo evitar caer sobre el cuerpo de su Hia, quedando completamente apoyado sobre el amplio pecho del hombre mayor.


—U-uh, lo siento, Hia, yo…


Pero no pudo decir nada, pues las manos de Zee Pruk bajaron hacia su trasero, aferrándose a ambas nalgas con dedos firmes para separarlas, dejando su agujero expuesto, antes de que empezara a empujar su erección con fuerza, penetrándolo desde esa posición sin esfuerzo.


NuNew sintió que se ahogaba con su saliva.


Gimió ruidosamente, con la frente apoyada sobre el hombro de Zee Pruk mientras dejaba que éste hiciera todo el trabajo, simplemente quedándose recostado sobre él mientras recibía todo lo que su Hia quisiese darle, limitándose a gemir y gruñir cada que sentía la punta de su erección golpear su próstata y, Oh, por Buda, amaba tanto la fuerza de Zee Pruk Panich.


Con las lágrimas de placer ya rodando por sus mejillas, se aferró con ambos brazos al cuello de su Hia mientras sentía aquellas caderas embistiendo contra él con tanta fuerza que su cuerpo se sacudía como si fuese un peso ligero.


—¡H-hia, mghh! —gimió sorprendido, sus ojos abriéndose ampliamente al sentir los dientes de Zee Pruk hundiéndose en la carne suave de su hombro.


Oh, esa marca sería difícil de ocultar.


—Mi Nhu, tan hermoso… —gruñó Zee, su agarre alrededor de la estrecha cintura de Nunew apretandose más, como si quisiese fundirse contra él y volverse un solo cuerpo.


Y NuNew no pudo soportarlo más, con un grito ahogado se corrió con fuerza, el semen salpicando los abdominales de Zee Pruk y mezclándose con el agua.


Se quedó quieto, gimiendo mientras sentía a su Hia follarlo a través de su orgasmo, sintiéndose tan sensible que nuevas lágrimas rodaron por sus sonrojadas mejillas, pero no se quejó. Aguantó cada empuje, apretando su agujero alrededor de aquel caliente intruso hasta que casi lo sintió palpitar dentro de él.


Un par de segundos después, sintió un espeso líquido llenar su interior hasta chorrear por sus muslos blanquecinos, mientras el gruñido de su Hia retumbaba justo sobre su oreja.


Exhausto, NuNew cerró los ojos y dejó un beso perezoso sobre el cuello de Zee Pruk, sin dar señales de querer separarse para salir de la bañera.


No hizo falta, claro está, pues pronto sintió a su Hia hacer uso de esa bendita fuerza ganada con arduo entrenamiento en el gimnasio, levantandolo en brazos sin esfuerzo para llevarlos a la cama.


Cuando su cuerpo desnudo (y todavía mojado) estuvo sobre el colchón, abrió sus brazos sin siquiera abrir los ojos, esperando al cuerpo cálido que sabía iba a abrazarlo.


Porque su Hia adoraba los mimos post-orgasmo.


Y, en efecto, no tuvo que esperar mucho cuando sintió a Zee Pruk recostarse sobre él, con el cuerpo metido entre sus piernas, piel contra piel, tan juntos que era imposible adivinar dónde empezaba uno y dónde terminaba el otro.


—¿Nhu? —susurró Zee, sin despegar el rostro del cuello de Nunew.


Nunew soltó un flojo «¿Mhm?» sin dejar de pasear sus esbeltos dedos por los musculos de la espalda de Zee.


—Gracias.


—¿Uh? ¿Por qué? —preguntó, completamente confundido.


—Por muchas cosas, en realidad —rió Zee, con la voz un poco más ronca de lo usual—. Por aceptar ser mi novio. Por aparecer en mi vida. Por ser el mejor compañero de trabajo. Por aceptarme como soy. Uh, yo realmente podría seguir todo el día agradeciéndote.


—Oh, Hia, gracias a tí por escogerme —dijo, dejando un beso sobre la frente de Zee y sintiendo su corazón hinchado por todo el cariño que sentía por él.


—Tú me escogiste a mi, Nhu —rió, buscando la mano libre de Nunew para entrelazar sus dedos juntos en un firme agarre—. Desde el primer momento en que te ví supe que ibas a cambiar mi vida.


Nunew tragó saliva, sintiendo las lágrimas de nuevo acudir a sus ojos y apretó sus dedos alrededor de los de su Hia, sin querer soltarlo.


—Te amo, Hia —soltó sin pensar.


No tuvo tiempo de arrepentirse o avergonzarse por la abrupta confesión, pues Zee Pruk de inmediato susurró:


—Yo también te amo, Nhu.


Si, se amaban. Lo demostraban cada día, frente y detrás de cámaras, en voz alta o con acciones, de eso nunca hubo duda.


Y todos lo notaban. Sus fans, sus familias, sus compañeros de trabajo y hasta la recepcionista de aquel resort.


Fue por eso que nadie dijo nada cuando, al día siguiente, salieron a desayunar pasado el mediodía. Todos sabían, no necesitaban preguntarlo.


Las sonrisas enamoradas de ambos eran respuesta suficiente.

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