I Don't Want To Lose You, Os Larry Stylinson by Kintsukuroi at Inkitt
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I Don't Want To Lose You, OS Larry Stylinson

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Summary

Un matrimonio que comienza mal, por culpa de prejuicios y conceptos erróneos de quienes somos. Harry pierde a su esposo apenas unos días después de su boda, a pesar de estar enamorados y tener una pequeña bebé. ¿Podrá aprender que las personas son más que una casta? OS Omegaverse, Harry Alfa, Louis Omega.

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—¡Puedes besar al novio! —dijo el sacerdote.

Harry de inmediato envolvió con un brazo la pequeña cintura de Louis. Su mano libre amasó su maravilloso trasero, haciéndolo sonreír en medio del beso. Fue corto y suave, Harry solo quería que se terminara la ceremonia para poder llevárselo a casa y por fin marcarlo, y poder llamarlo su omega.

La familia de Louis había preparado una recepción sencilla, pero hermosa. Estaban felices de verlos tan enamorados, aunque no del todo con la familia del alfa. No los mal entiendan, eran personas esforzadas y de muy pocos recursos, pero además muy machistas. A los padres de Louis les molestaba un poco que siempre al alfa le costaba recibir cualquier tipo de regalo o de atención, incluso se enfadaba cuando regaloneaban a su hijo. Una vez les dijeron que esos gestos solo mal acostumbraban a Louis, y lo hacían ser un omega consentido.

Eve y Nich, los padres de Louis, lo habían criado con todo el amor del mundo, sobre todo porque era hijo único y el mimado de abuelos, tíos y primos pero a pesar de eso, siempre le mantuvieron los pies en la tierra, por lo que el omega siempre había sido un chico maduro y muy trabajador.

Se habían casado después de dos años de noviazgo y una pequeña y hermosa cachorra de tres meses, llamada April. Nadie dudaba del amor que se tenían, aunque Harry era bastante celoso con Louis, su relación y su hija. Los primeros problemas empezaron porque Louis trabajó hasta el mismo día del parto y quería reincorporarse lo antes posible al museo donde trabajaba en el cargo de director. Era historiador, y en el museo podía oficiar de profesor, guía e investigador.

Harry tenía su título de ingeniero civil, pero no había logrado encontrar trabajo, por lo que estaba dando clases de matemáticas a algunos alumnos.

El departamento donde vivían, al igual que el auto que manejaban los dos, eran de Louis y eso hacía sentir muy mal a Harry, porque gracias a lo que le enseñaron, sentía y sabía que era su deber como alfa el proveer a su familia y las cosas parecían ir siempre cuesta arriba para él.

Cuando Louis le contó, después de la boda, que en unos días se reincorporaría al museo, Harry no lo tomó bien; al contrario, estaba ofuscado y muy molesto.

—Como broma es pésima, amor, —dijo sonriendo.

—No es broma, —contestó un poco pasmado con la reacción de su esposo. —Es importante para mí poder volver a trabajar.

—¿Y la bebé?

—La voy a llevar conmigo, ya lo conversé y no hay ningún problema.

—¿Y piensas pasearla por toda la ciudad para que se contagie de cualquier virus y pase frío y calor? ¿Todo por tu necedad?

—No es necedad, es necesidad de retomar mi vida, no sé qué tiene de malo.

—Parece que olvidas que ahora estás casado y tienes obligaciones con tu hogar y conmigo.

—¿Qué quieres decir?

—Que ya no puedes comportarte como un chico soltero. Yo voy a mantener a nuestra familia y tú te preocuparás solo de la bebé y de nuestro hogar.

—Mira Harry, —habló ya muy molesto, —yo te amo más que a nada en este mundo y soy el más feliz de ser tu esposo, de lo que hemos logrado. Pero ten algo muy en claro: yo voy a volver a trabajar y la casa, al igual que la crianza de April, será algo de los dos. Si no lo aceptas, sencillamente yo me voy a largar.

—Eres mi esposo, tú deber es estar aquí con la bebé.

—¿Sabes que es lo que más me molesta? Que esta conversación ya la tuvimos hace unos meses y tú quedaste en respetar mi opinión y mis decisiones. No sé qué cambió.

—Lo comenté con mi mamá y ella le contó a mi papá. Luego él me llamó y ya sabes... Me dio una charla bastante desagradable y creo que tienen razón...

—¿Otra vez tus padres? Les he tenido mucha paciencia, pero ya me estoy cansando.

—Pero amor, las castas existen por algo.

—Ni siquiera me estás dando el beneficio de la duda, simplemente te cerraste a cualquier opción. ¿Podemos, al menos, probar?

Harry dudó, pero aceptó.

Esa noche, después de que Louis hizo dormir a April, Harry intentó que tuvieran intimidad. Era el proceso natural, por fin podría marcarlo y tener un vínculo más profundo.

—Vamos a la cama, amor, —dijo abrazándolo por la cintura y apretando suavemente.

—Tenemos que limpiar el desastre de la cena, —contestó sonriendo.

—Apúrate... Te espero en la habitación...

Louis se separó del abrazo y lo miró molesto. —¿Ni siquiera vas a ofrecer tu ayuda?

—Pero yo cociné... Quedó mal y todo, pero lo hice...

—¡Y dejaste todo sucio!

—¡Pero cociné!

—Me rindo. Voy a ir a lavar y limpiar, haz lo que quieras...

—Louis, no me hables así.

—Compórtate a la altura entonces, permiso.

Más de dos horas se demoró en ir a la habitación, porque además de la cocina, lavó ropa que era mucha y limpió el baño. Estaba exhausto. Alcanzó a ponerse el pijama cuando la cachorra despertó. La tomó en brazos y se acostó con ella, marcándola con su rico aroma a almendras tostadas, arrullándola y alimentándola, hasta hacerla dormir. Se acomodó con ella, y pronto comenzó a cabecear hasta dormirse. Poco le duró el descanso, porque Harry despertó al sentirlo a su lado.

—¿Por qué no llevas a April a la otra habitación? —preguntó sugerente.

—Porque estoy cansado, déjame dormir.

—Amor, te necesito y te deseo, —confesó acercándose y tocando los muslos del omega, liberando su aroma a té chai.

—Estoy cansado y no tengo ganas.

—Louis...

—Dios, cómo molestas.

Se levantó con su bebé y se fue a dormir a la habitación de al lado, dejando a Harry sin palabras.

En la mañana, Louis no quiso levantarse temprano. Esperó a que Harry se fuera para levantarse a desayunar, siempre con April en sus brazos. Amaba sentirla muy cerquita de su corazón, asegurarse que estuviera bien, abrigada, calentita. La amaba más de lo que pudiera decirse, no quería separarse jamás de ese pequeño cuerpo frágil.

Después del desayuno, y mientras preparaba el almuerzo, lo llamó su mamá.

—Hola mi bebé, ¿cómo está mi pequeña?

—Hola mamá, está muy bien, durmiendo bien abrigada.

—¿Y tú? Tienes la voz triste... No me digas que otra vez peleaste con Harry.

—Sí, —suspiró. —Lo de siempre, no quiere que vuelva a trabajar.

—Pero eso ya lo habían hablado.

—Eso le dije, pero no sé qué cambió.

—¿Y qué vas a hacer?

—Le dije que probáramos, pero también le dije que era capaz de irme.

—Pero es tu esposo, no puedes solo irte.

—Claro que puedo. Él no está cumpliendo con su parte y yo también necesito mi espacio. Si él ni siquiera es capaz de buscar soluciones, entonces yo tampoco las buscaré.

—Tienes razón hijo. Espero que sepas que siempre puedes contar con nosotros y que mi casa es de mi pequeña.

—Gracias mamá, pero no sé por qué siento que amas más a April que a mí.

—Claro que lo hago, ¿acaso no ves lo hermosa y rica que es?

—Ya entendí, —dijo riendo. —Dale saludos a papá, los veo el fin de semana.

—Sí mi amor, nos vemos. Te dejo un besito y muchos besitos para mi bebé hermosa.

—Besos para ustedes también.

El resto del día pasó tranquilo. Almorzó, limpió la habitación, se bañó y bañó a la bebé, incluso limpió uno de los ventanales. Ordenó una vez más el closet de Harry que no tenía ningún cuidado al sacar la ropa, y finalmente fue a poner la mesa para cenar.

Los lunes eran el único día que Harry trabajaba tanto, desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde, porque daba clases en un par de escuelas, de manera extra programática para chicos que querían entrar a la universidad y tenían interés en esa área. El resto de la semana, trabajaba algunas horas, de manera particular a domicilio.

No habían tenido luna de miel, porque Harry no podía pagar un viaje y se negó cuando Eve les ofreció como regalo, una semana en Bélgica con todo pagado. Louis aceptó quedarse en casa, pero la idea era que Harry no trabajara algunos días, para poder estar juntos después del matrimonio y reforzar su unión durante esos días. Sin embargo, Harry decidió unilateralmente que no podía dejar de trabajar ni una sola hora.

Louis suspiró mientras ponía los platos. Recordó cuando se conocieron, fue amor a primera vista y pese a todas sus diferencias, habían logrado salir adelante, pero era inevitable sentir que era responsabilidad propia estar donde estaban. Siempre paciente, siempre cediendo. Y hubiese seguido igual si no fuera por su bebé. Ella le había abierto los ojos de la manera más sencilla. Simplemente cuando la vio, supo que quería que tuviera las mismas opciones que cualquier otra persona, que fuera libre de elegir, de hacer, de decidir, que jamás dependiera de una pareja, y sí, podía parecer excesivo, pero fue inevitable sentir todo eso al perderse en esos ojitos llenos de amor.

Cuando Harry llegó, venía molesto porque sus alumnos no habían estado a la altura y su paciencia estaba un poco agotada. Tiró su mochila y su chaqueta al sofá, sin cuidado, pasando a llevar un florero que se cayó al piso rompiéndose con escándalo, y despertando a April, que despertó asustada llorando.

Louis le lanzó una mirada fulminante mientras tomaba a la bebé en brazos, desde una pequeña mecedora donde estaba durmiendo apaciblemente.

—Cállala luego, me duele la cabeza.

Louis no contestó, y solo se dedicó a calmar a April. Lo consiguió en un minuto y volvió a dejarla en su lugar. Fue a recoger el desastre del florero con mucho cuidado, no quería cortarse, y logró limpiar bien.

—¿Qué hay de cenar?

Louis no contestó, solo preparó dos platos y los colocó en la mesa.

—¿Es que no me piensas hablar? ¿Qué te pasa?

—¿Qué te pasa a ti? ¿Crees que es manera de llegar a tu casa y de tratarme? No te equivoques Harry, yo entiendo que quizás no hayas tenido un buen día en tu trabajo, pero ni April ni yo tenemos la culpa.

—Lo sé, lo siento, —dijo suspirando. Pero en su cabeza solo estaba la voz de su padre contándole cómo debía tratar a su omega, siempre con el pie, para que así nadie dudara de quién mandaba en la casa. Le causaba un gran conflicto.

—Harry, —se acercó. —No quiero que nuestra vida de casados empiece así, no quiero sentirte molesto... Te amo, y quiero que seamos felices...

—También te amo... —murmuró abrazándolo. —Lo intento, lo intento pero lo que me han enseñado a veces es más fuerte y ustedes no se lo merecen...

Comenzaron a besarse con mucha ternura, se habían extrañado. Suspiraron en medio del toque de sus labios, se aferraron al otro, se mimaron. Siempre fueron muy cariñosos, hasta que Harry de pronto recordaba que un alfa no puede comportarse como un hombre tierno y rompía con el momento. Pero ahora no pasó, quizás porque se necesitaban, quizás porque Harry quería de verdad ser feliz, quizás estaba cansado de aparentar algo que en el fondo no era.

Suavemente las caricias empezaron a aparecer, tímidas, relajadas, sin apuro, hasta que Louis sintió su trasero ser exprimido por las grandes manos de su alfa y no pudo evitar gemir, logrando que el aroma de Harry a té chai explotara en sus notas más intensas.

—Déjame amarte, ¿sí? —susurró el alfa, ya completamente ardiendo.

—Sí... Pero hay que llevar a la bebé a su habitación...

—Vamos...

Iban caminando a los besos, con la bebé en brazos de Harry, cuando sonó su celular.

—Perdón, es... mi papá...

—Oh, está bien, contesta... Yo voy a acostar a April.

Harry sonrió, mientras veía a Louis caminar por el pasillo arrullando a su cachorra.

—Hola papá, ¿cómo estás?

—Preocupado hijo, ¿cómo es eso que aún no marcas a Louis?

—Han pasado cosas, hemos tenido algunas discusiones, nada grave...

—Mira Harry, no hay excusa para no cumplir tu deber como alfa y jefe de hogar. Por más problemas que tengas, simplemente lo obligas y ya, me estás dejando mal parado frente a mis amigos y eso no te lo voy a perdonar. Así que agarra a Louis y márcalo de una vez, ¿me oyes?

—Sí papá...

—Bien, eso quería escuchar, adiós.

Harry colgó muy triste. Poco a poco la relación con su padre, en vez de generarle orgullo y admiración, comenzaba a dejarlo apenado y afligido. Hace algunos días se había preguntado algo que escuchó decir a sus compañeros: si tuvieras que elegir entre tu familia y la familia que elegiste formar, ¿con cuál te quedarías? Increíblemente, la mayoría de sus amigos eligió la primera. Sólo un par de alfas prefirieron a sus omegas, y a Harry le quedó rondando en su cabeza.

Si tu opción era tu familia, la de tus padres y hermanos, ¿cuál era el sentido de formar tu propia familia? Jamás se lo había cuestionado, de la misma manera en que nunca pensó que podría sentirse mal después de alguna discusión con Louis. Pero las últimas veces le estaban doliendo demasiado, y es porque lo amaba y sabía que su actuar estaba siendo poco respetuoso.

Suspiró y se sentó frente a la comida que aún estaba caliente y sonrió. Louis siempre se esmeraba en preparar algo rico, aunque tuviera poco tiempo o incluso el mismo día del parto lo regaloneó.

Cuando volvió Louis, notó la mirada distinta de Harry.

—¿Está todo bien? ¿Pasó algo?

—Mi papá que me preguntaba por qué no te había marcado.

—Entiendo... ¿Y qué le dijiste?

—Que habíamos tenido algunas discusiones...

—¿Hay algo que te pone mal?

—Que me culpe de avergonzarlo, que me obligue a hacerlo. Me dijo, agárralo y hazlo y yo...

—¿Tú?

—Lo había pensado, pero sé que no es la manera...

Louis estaba un poco nervioso, sabía la influencia que tenía Mason Styles sobre su hijo. —¿Le dijiste que lo ibas a hacer?

—Sí.

—Sabes que es mala idea, ¿verdad?

—Lo sé... No lo haría, pero a veces es tan difícil...

—Pocas cosas quiero en este mundo y una de ellas es llevar tu marca y marcarte también, pero las cosas deben hacerse cuando los dos queramos, nadie más, ni siquiera nuestros padres.

—¿Marcarme?

—¿No te gustaría?

—Nunca lo pensé, no es algo normal.

—¿No es normal?

—No, nadie lo hace.

—Creo que te equivocas. Estoy seguro de que hay muchísimos alfas marcados, que no se atreven a decirlo y lo puedo entender, aunque creo que a nadie debiera importarle si estás marcado o no. Es algo íntimo de la pareja, de nadie más.

Harry no contestó, era demasiada información en medio de su mente tan perturbada.

—¿Cenemos? Se ve muy rico, gracias...

Y Louis lo entendió. Solo sonrió y comieron hablando de cosas triviales.

Después Louis lavó y Harry secó los platos, terminando muy rápido. El omega se abrazó al alfa y buscó sus labios, encontrándolos inmediatamente. En la misma cocina comenzaron a desnudarse, a quitar cada prenda que cubría sus cuerpos que conocían a la perfección, dejando al aire todas sus ganas y su deseo de volver a ser uno.

Las expertas manos de Harry recorrieron una vez más, como tantas, la piel ya sudorosa y temblorosa del omega, cuyo aroma a almendras tostadas lo tenía en el cielo y más allá. Pasó sus brazos bajo las axilas de Louis y lo levantó, de inmediato fue aprisionado por las piernas hermosas y fuertes del omega.

—Quiero siempre sentirte mío... —murmuró Harry.

—Lo soy, solo tuyo...

El lubricante corría por los muslos de los dos, porque era tanto como un mar, enloqueciendo al alfa una vez más. Amaba todo de Louis, su forma de entregarse y de gritarle que era el único en su vida.

Harry estaba a punto de fundirse en el cuerpo de Louis, cuando un llanto escandaloso les quitó todas sus ganas.

—Lo siento, —se disculpó Louis, sintiéndose mal.

—No es tu culpa, vamos a dormir, —consoló Harry dándole un tierno beso.

—Puedo pedirle a mi mamá que la cuide unas horas, ¿qué dices?

—Sabes que no me gusta, —contestó mal, cambiando todo el ambiente que habían formado.

—Como quieras, —dijo vistiéndose y yendo a la habitación mientras luchaba por no llorar.

Esa noche, otra vez durmieron separados.

En la mañana, Louis estaba preparando el desayuno con April en brazos, cantándole, cuando apareció Harry.

—Desde hoy vas a dormir conmigo. April tiene su habitación y tienes que cumplir como esposo.

Silencio.

—No sé dónde están tus modales, ¿por qué no me contestas?

—Ahhh, lo siento. Pensé que no te importaba mi opinión. Perdón mi señor por mi mal entender, —dijo muy serio, sirviendo el café. —Te advierto que mi bebé es mi prioridad, nadie me va a decir cómo cuidarla, ni siquiera tú. Pensé que estabas entendiendo cómo funciona esto, tenemos ayuda de mis padres, podemos tomarla para tener nuestro tiempo de pareja, pero nada te gusta... Estoy cansado.

—Sería todo más fácil si simplemente hicieras lo que te corresponde, que es obedecerme y ceñirte a lo que pueden hacer los de tu casta.

Louis estaba con la boca abierta. ¿En qué momento se fue todo al carajo?

—Pensé que te habías enamorado de mí, de lo que soy, de mi pasado y de mis esperanzas. Pero veo que no, que me equivoqué y que solo buscabas a quien mandar. No tenemos nada que hacer juntos.

Sin esperar la respuesta del alfa, Louis se fue a la habitación. Buscó una maleta y mientras le cantaba a su bebé, comenzó a guardar su ropa. En una mochila grande puso la ropa de April, y sus juguetes favoritos. Le daba igual olvidar algo, solo quería irse y ya no seguir batallando con su esposo.

Buscó su fular y colocó a la bebé en él, y haciendo un poco de equilibrio logró llegar al living. Harry lo vio y se puso pálido de inmediato, no podía creerlo.

—¡Esto es una broma!

—No grites, no delante de April. Si quieres hablar, llámame y vemos si coordinamos algo.

—Eres mi esposo, no puedes abandonarme.

—Puedo, lo estoy haciendo. Y para que te quede claro y lo recuerdes, si llegamos hasta aquí fue por mí, porque yo te he tenido paciencia, porque yo he aguantado tus ideas y las de tu familia, pero no me merezco malos tratos y no los voy a tolerar. Me da igual si eres mi amigo, mi familia o mi esposo, me voy a ir y no me importa, ya no. Piensa cómo quieres que arreglemos lo legal, si no, no te voy a pedir ni una libra, no la necesito, pero sí me gustaría saber qué piensas hacer con respecto a tu hija. Cuídate mucho, espero que estés bien, ah, y que venga tu papá a hacerte de comer y a cuidar tu casa. Deberíamos haber sido tu prioridad, éramos la familia que elegiste formar y nos perdiste. Adiós.

Harry no fue capaz de detenerlo, solo se quedó de pie en medio de un silencio sepulcral. Durante la noche, había recibido muchos mensajes de su mamá, donde le pedía, o mejor dicho, le exigía, que no hiciera quedar mal a su padre. Le recordó todo lo que les debía, se preocupó de hacerlo sentir minimizado, humillado, solo, y por eso había tenido esa actitud estúpida esa mañana.

No era primera vez, y sabía que Louis tenía razón. Si estaban ahí, fue por la paciencia del omega, por su dedicación y su amor.

Se sentó en el sofá, y echó su cabeza hacia atrás, dejando caer sus lágrimas. ¿De qué le sirvió obedecer a sus padres? ¿Les importaría, siquiera, saber que lo han hecho un tipo triste y amargado? Su única luz era su pequeña familia, porque sí, él la eligió y no supo cuidarla.

Mientras tanto, Louis llegaba a casa de sus padres en un taxi, bastante triste.

—¿Louis? ¿Qué haces aquí? —Preguntó Eve preocupada.

—Me separé, ¿nos puedes recibir?

—Eso no se pregunta, déjame ayudarte, —dijo tomando la maleta y la mochila. —Dime qué pasó.

—Pasó que me aburrí, que desde el matrimonio todo fue de mal en peor, que todo le molestaba a Harry ¿y todo por qué? Por no ser capaz de mantener a sus padres fuera de nuestra relación, jamás les puso un límite y ahora opinan de todo lo que hacemos y lo que no.

—A ver, dame a mi niña, déjame acostarla y pon la tetera para que tomemos un té.

Así lo hizo Louis, moviéndose con soltura y más tranquilo, aunque por dentro estaba destrozado.

A los minutos volvió Eve, y se sentaron a conversar. Louis se desahogó con su mamá.

—No te puedes imaginar todo lo que yo siento por Harry, creo que es algo completamente fuera de este mundo, pero ustedes me enseñaron a respetar y respetarme, y April me ha enseñado que merecemos que nos traten bien y con amor... Y Harry está cegado, yo sé que él es un alfa maravilloso, pero no se atreve a cortar su relación tóxica... Me duele, me duele mucho, —confesó rompiendo a llorar.

—¿Quizás fue muy apresurado que lo dejaras?

—¿Es una broma mamá? ¿Qué más tenía que esperar? Su padre le dijo que me tomara y me marcara y él lo pensó, ¡lo pensó! ¿Entiendes eso?

—Lo siento amor, lo siento, no pensé que las cosas eran tan graves.

—Me conoces, jamás tomaría una decisión como esta tan a la ligera... Cualquiera pensaría que estoy rompiendo a mi familia, y no es así, aquí no hay culpables... Solo responsables, y yo no podía permitir que mi hija crezca en un ambiente como ese. Mason, el padre de Harry ni siquiera quiso tomarla en brazos cuando nació, tú estabas ahí, y aunque Harry se lo pidió no lo hizo. No la quiere, nunca pregunta por ella... Ruby tampoco... Tiene dos abuelos a los que realmente les da lo mismo y no, no la voy a exponer. Harry tiene todas las oportunidades de que volvamos a estar juntos, pero dependen de lo que decida hacer.

—Lo entiendo, tienes razón, pero ya no llores pequeño... Está muy reciente todo, ve a ducharte y luego te acuestas un rato antes del almuerzo. Sabes que nos tienes a nosotros, que mi princesa estará protegido, cuidada y tendrá todo el amor del mundo. Te vamos a apoyar en lo que decidas, son lo más importante para nosotros.

Louis le hizo caso y luego de dormir un par de horas se sintió mejor. Al llegar la noche, y cuando ya se estaba preparando para dormir, apareció su mamá en su habitación.

—Harry está en la puerta, quiere ver a April.

El corazón de Louis saltó de la emoción. —Ya la llevo, gracias mamá.

Se miró al espejo y se sintió tonto, nada podría borrar las huellas de dolor y lágrimas que marcaban su bonito rostro. Suspirando tomó a su bebé y salió con ella.

—Hola, —saludó Louis, más frío de lo normal.

—Hola... ¿cómo estás?

—Bien, ¿tú?

—Ya sabes... Vine a ver a mi pequeña, ¿puedo cargarla?

—Claro.

Con cuidado se la pasó y casi vuelve a llorar, cuando vio la imagen de Harry arrullando a la bebé con tanto cuidado y cariño, como no vio antes.

—Si no te molesta, quisiera venir todas las noches a verla.

—Me encantaría que vengas...

—Con respecto a la pensión, ¿puedes esperarme un poco? Tengo que buscar una pieza para vivir y...

—Jamás te sacaría del departamento Harry, —interrumpió.

—Lo sé, pero no está bien... Ahora estamos separados y no corresponde, ¿me puedes esperar?

—Claro que sí, no hay apuro.

—Gracias. ¿Estás más tranquilo? Louis, yo ni siquiera alcancé a disculparme, lo siento mucho, lamento no ser capaz de amarte como lo mereces...

Louis no habló, no podía. Solo sus lágrimas caían mientras sus labios estaban apretados. ¿Con qué cara Harry simplemente lo estaba dejando ir? ¿No iba a pelear por recuperarlos? ¿Tan poco le importaban?

—Llámame cuando te vayas para venir por April, permiso.

No podía tolerarlo, era demasiado dolor para su pobre corazón. Harry simplemente renunció a su familia. Media hora pasó en silencio, cuando decidió ir a mirar qué pasaba. Estaba Harry dormido en el sofá y la bebé a punto de caer. Rápidamente llegó a tomarla mientras le daba un pisotón al alfa.

—¿Cómo se te ocurre dormirte? April estaba a punto de caer al suelo, no puedes ser tan despreocupado y negligente. Si tienes sueño me dices y te vas, ¿me escuchas?

—Lo siento, no me di cuenta...

—Con un bebé no te puedes descuidar, espero que lo entiendas y no creas que soy exagerado. Te veo mañana, adiós.

Harry se fue, sintiéndose horriblemente mal. La verdad es que no tenía idea de cómo cuidar a su propia hija, a pesar de que ya tenía tres meses, nunca se involucró mucho, porque eso es algo de los omegas, ¿cierto?

Llegó al departamento, y el desayuno de la mañana seguía ahí, los platos sucios, no había una cena esperando... El silencio le quemaba, el vacío lo estaba desesperando. Y aún no pasaba lo peor, porque si había algo peor que perder a su familia, era tener que enfrentar a sus padres. No comió, y se fue directo a la cama. Levantarse fue muy difícil, y lo hizo apurado y rápido. El estómago le rugía, pero al ir a la cocina recordó que Louis le había pedido ir a comprar la despensa y él había estado muy ocupado para esas cosas de la casa. Suspiró mirando su taza de té sin pan, ni una galleta, nada. Tampoco era que podía ir comprando algo por ahí, debía cuidar más que nunca su dinero, lo necesitaba para poder salir del departamento.

Fue a trabajar y al volver cerca de las cinco de la tarde, se encontró a sus padres en la puerta del departamento.

El corazón de Harry se detuvo, y tuvo mucho miedo. Intentó disimular, pero los nervios lo traicionaban.

—Hola, ¿y esta sorpresa?

—Venimos a ver qué está pasando, no tuve noticias de que habías marcado a Louis y quiero ver la mordida.

—Louis no está...

—¿Cómo que no? ¿Y te pidió permiso para salir? —Preguntó Ruby.

—Mamá, papá... Louis me dejó.

El silencio solo se rompió cuando el cuerpo de Harry cayó con fuerza en el suelo. Mason le había dado un golpe en la mandíbula, rompiéndole el labio que sangraba profusamente.

—¡Eres un asco de alfa! ¿Cómo que te dejó? ¿Cómo lo permitiste? ¿Para esto te he criado con valores? ¡Esto es tu culpa! —dijo mirando a Ruby, a quien le dio una cachetada. —Me diste una mierda de hijo, ¡una mierda! Vas a buscar tus cosas y te vas de vuelta a nuestra casa, ¿me oyes?

—No papá, —contestó muriendo de pánico, intentando detener la sangre. —Voy a arrendar una pieza para poder hacerme cargo de mi hija...

—¿Y eres idiota? ¡Ese infeliz te abandonó! ¿Y todavía quieres hacerte cargo de esa bastarda? Estoy seguro de que no es tuya, no se parecen en nada, —escupió con rabia y los ojos enrojecidos.

—Es mía, jamás lo dudaría...

—¡Idiota!

Y al mismo tiempo que le gritaba, comenzó Mason a golpear a Harry en el suelo. Descargó toda su rabia de años, mientras Ruby lloraba desesperada, pero evitó hablar si no le tocaría a ella también. Jamás había podido defender a su hijo de los malos tratos que le dio su esposo desde pequeño, jamás pudo defenderse ella misma, jamás podría hacerlo.

Los padres de Harry se fueron, dejándolo casi inconsciente en la entrada de su departamento.

Louis se preocupó al no tener noticias de Harry, pero decidió no involucrarse. Era el mínimo esfuerzo que podía hacer el ir de visita a estar con la bebé unos minutos y si no lo hacía, pues él se lo perdía.

Pensó que ese día, o el siguiente, empezaría a doler un poco menos, y no, no era así, no pasaba, no se calmaba la angustia en su pecho, ni el frío en su cuerpo, ni la neblina en su mente. Harry le hacía falta de todas las maneras posibles, pero lo estaba matando su indiferencia su falta cada noche. Ya iba una semana en que Harry no volvió, y una semana en que él no lo buscó.

Una semana en la que Harry no pudo salir del departamento. Entre el dolor físico y la vergüenza que sentía era incapaz de moverse de su cama. Una semana donde se mantuvo en base a té y a algunas galletas que encontró al fondo de uno de los muebles de la cocina.

Había sido incapaz de llamar por teléfono a Louis, tampoco de enviarle un mensaje, porque no quería que lo viera, ni lo escuchara ni sospechara algo de lo que había pasado. Tampoco quería excusarse, porque se daba cuenta de que cualquier motivo que le impidiera estar con su pequeña April, era una estúpida excusa.

Diez días después ya estaba más presentable. Había limpiado el departamento, comprado la despensa y ordenado la cocina. Compró un bonito peluche de ratón para su bebé, y esperando un buen recibimiento, le avisó a Louis que iría esa tarde. Si bien solo recibió un “está bien” de respuesta, era más de lo que imaginaba.

Se arregló con esmero. Esos días le ayudaron mucho a entender muchas cosas, sobre todo, que necesitaba ayuda, a pesar de que la terapia era algo que jamás estuvo en sus planes, porque según sus padres era de las idioteces más grandes que se habían inventado, sentía que podía hacerle bien. No quería pensar más allá, tenía algunos planes, pero si no los iba cumpliendo de a poco no tendrían sentido. Cada golpe que recibió, fue un abrir de sus ojos. Él no quería vivir así, no quería vivir con miedo, no quería vivir dando explicaciones, ¿era tan difícil de entender y aceptar?

Llegó a la casa de sus ex suegros, y tocó el timbre.

—Hola... —saludó Harry con mucha vergüenza.

—Hola, pasa, —contestó Louis dándose cuenta al momento de que algo serio había pasado. —Ya traigo a April.

Volvió con la bebé enfundada en un bonito conjunto verde agua con ositos, que inevitablemente le llamó la atención a Harry, pero no iba a decir algo que ocasionara más problemas.

—¿Cómo estás? No pude venir antes, pero intentaré que no vuelva a suceder.

—Tengo un poco de sueño, porque se resfrió y hemos pasado unas noches un poco inquietas, pero ya está mejor.

Harry se demoró en contestar, porque se perdió en la carita hermosa de su hija. —Es hermosa, se parece mucho a ti...

Y Louis se emocionó. Muchas veces le había preguntado a quien encontraba que se parecía, pero Harry siempre le decía que era demasiado pequeña para parecerse a alguien, y ahora no pudo evitar sonreír.

—Tiene tu boca, —dijo Louis.

—Y tu nariz... Es perfecta.

En ese momento la pequeña tosió un par de veces, y Harry se asustó mucho.

—Tranquilo, cuando eso pase, ponla más vertical, eso es, y ahí puedes sobar su espalda, siempre hacia arriba.

Harry lo hizo poniendo todo su amor en sus caricias. Era tan pequeña, tan frágil, que tenía miedo de dañarla, y como una revelación, supo que una mala infancia era su peor legado. Que no porque fuera pequeña no se daba cuenta de los problemas o de las tristezas de quienes la rodeaban, que igual escuchaba los gritos y las peleas, y entendió que no podía hacerle lo mismo que hicieron con él.

No se dio cuenta de que había empezado a llorar.

No se dio cuenta de cuándo Louis estaba acariciando su espalda.

No se dio cuenta de que algo había empezado a cambiar en su interior.

—Lo siento, no me deberías ver así.

—¿Así cómo? ¿Llorando? Harry, por muy alfa que seas, eres humano, es natural que llores si sientes que no puedes más. Las emociones no tienen castas.

Harry sonrió. —Puedo preguntar, pero no te enojes, ¿sí? ¿Por qué la vestiste con un color de niño?

—¿Color de niño? Harry, ¿me estás bromeando?

—No...

—Para tu información, los colores no tienen género. ¿Te gusta el rosa y quieres andar con zapatillas de ese color? Hazlo. ¿Te gusta parecer arcoiris? Hazlo. ¿Te gusta solo el negro? Úsalo. Los colores son solo eso, no significan más. Dime si no se ve hermosa, le queda muy bien el verde, así como el azul, incluso tiene una pequeña polera negra con su nombre.

Harry lo escuchaba como si por primera vez le hicieran sentido las palabras de su aún esposo, y aunque pareciera extremo, era así, estaba descubriendo un mundo nuevo en boca de Louis y la realidad lo estaba aplastando.

—¿Quieres quedarte a cenar? —Preguntó Louis, esperanzado.

—No, no, no... Gracias, pero no me siento bien. Voy a quedarme unos minutos más con mi bebé y luego me voy.

—Está bien, los dejo solos.

Louis salió hacia la cocina, pero realmente se quedó en el pasillo, mirando desde lejos a los amores de su vida, con su corazón hinchado de amor. Ahí lo encontró Eve, quien lo abrazó desde atrás y lo acompañó en su visión, entendiendo la importancia de lo que estaba pasando. Siempre le pareció que Harry era frío con la bebé, pero también sabía que sus ojos no mentían, y que estaba loco de ganas de tomarla y consentirla desde el primer día. Lo entendía, era bastante común conocer alfas con esos ademanes de importancia y altanería, y era difícil hacerlos cambiar de opinión. Pero tenía fe en Harry, sabía que con un poco de ayuda, y alejándose de sus padres estaría mucho mejor.

—¿Crees que tenemos alguna posibilidad de volver a intentarlo?

—¿Lo dudas?

—Sí mamá, a veces siento que a pesar de amarnos, hay un abismo entre nosotros.

—Lo dices porque es muy reciente lo que ha pasado.

—¿Reciente? Mamá, son casi dos semanas, es demasiado...

—No lo es, es poco. Recién deben estar bajando las revoluciones y empezando a ver con objetividad las cosas, necesitan este tiempo aunque no lo sepan, van a estar bien, confía.

Y Louis sonrió.

Desde esa noche, Harry fue cada día a ver a su pequeña princesa, amaba pasar tiempo con ella, acariciar su espalda, tocar su pequeña nariz, marcarla con su aroma a té chai que parecía relajarla porque siempre le regalaba un bostezo más hermoso que la aurora.

En esos días en que estuvo solo, Harry comenzó una búsqueda de dos cosas: un nuevo y mejor trabajo, y un psicólogo.

El primero lo encontró en una semana. Era una empresa pequeña pero con muchas proyecciones. Lo aceptaban sin experiencia y le ofrecían un sueldo regular, pero que era el doble de lo que recibía dando clases, y además y más importante, es que era estable. Estaba feliz.

Con respecto a la terapia, fue más complejo. Había decidido precipitadamente que debía ser un alfa. Pero luego lo pensó mejor y pensó en un omega. Finalmente tomó muchas respiraciones y se preguntó por qué una alfa o una omega no podían ser buenas profesionales, y entonces llegó a la conclusión de que iba a buscar referencias y así decidir. Esa tarde tenía agendada su primera cita y se sentía muy nervioso y un poco angustiado. Siendo sincero con él mismo, tenía vergüenza de mostrarse frágil, vergüenza de aguantar tantos malos tratos, vergüenza de haber perdido a su familia, vergüenza de ser un mal alfa.

Cada día estaba aprendiendo algo nuevo. Había empezado a cocinar, no le quedaba de otra, y cada vez se le quemaban menos las preparaciones, y empezaba a sentirse más seguro de probar más sabores que el pan tostado y el huevo revuelto. Lo mismo le pasaba con la ropa. Después de buscar un tutorial en YouTube sobre cómo hacer funcionar la lavadora, se puso a reír al ver lo fácil que era.

Estaba apenado de haber exigido cosas que él no sabía hacer, y se sentía muy avergonzado. Llevar una casa era más difícil de lo que pensaba, debías estar al pendiente de todo, y con una bebé era muchísimo más desgastante. Si a eso le sumaba el trabajo fuera del hogar, simplemente no entendía cómo Louis tenía tantas ganas de salir al museo. Eso finalmente, solo le demostraba lo maravilloso que era. Había pensado mil maneras de acercarse, de pedirle una oportunidad, de rogarle si era necesario por volver a empezar, y estuvo a punto de hacerlo hasta que entendió que no serviría de nada.

Le costó entenderlo, pero lo hizo. No sacaba nada con tener otra oportunidad si él no iba a aportar algo nuevo a la relación. Sí, estaba mejorando en muchas cosas, pero no era suficiente. Ni siquiera estaba seguro de que su cambio era profundo y real, y no solo una necesidad de no morir de hambre ni de soledad.

Esa noche, cuando estaba en su fría cama, ráfagas de esa primera conversación con su psicólogo, un omega muy experimentado, aparecían sin cesar.

“Desde que recuerdo mi padre ha sido muy estricto, jamás pude elegir algo, una ropa, una clase, ni siquiera qué comer...”

“Siempre fue violento, aunque ahora me parece horrible, creo que lo tenía normalizado. Empujaba a mi mamá o le daba pellizcos cuando ella hacía algo mal...”

“Cuando tenía quince años conocí a un amigo alfa, y mi papá pensó que nos gustábamos. No fue así, solo teníamos una vida parecida y nos aferramos a nuestra amistad, pero él terminó con nuestra relación dándome una paliza que me quebró tres costillas. Tuve que decir que tuve una pelea en la escuela para que no llamaran a la policía en el hospital...”

“Mi mamá, no sé si por miedo o por otra cosa jamás ha estado de mi lado. De alguna manera siempre me hizo sentir que mi llegada fue lo peor de su vida. Nunca me golpeó, pero nunca evitó que mi rostro sangrara...”

Habían solo hablado de recuerdos de su familia. Era mucha información y quedaba mucho camino por delante, pero no podía dejar de sorprenderse de su relato. Solo había violencia en su vida, ¿cómo alguna vez pudo pensar en hacer algo así con Louis cuando no lo obedecía? ¿Tanto era su miedo que estaba dispuesto a violentar a quienes decía amar? Era el peor alfa del mundo, de eso no tenía ninguna duda en ese momento.

Durmió mal, tuvo pesadillas, pero se levantó temprano para empezar en su nuevo trabajo. Se bañó, vistió y desayunó y salió con una sonrisa en su cara. Tuvo suerte de haber salido, porque cinco minutos después, su padre estaba golpeando la puerta.

Estaba furioso, Harry no lo había llamado para decirle que ya había marcado al estúpido de su omega. ¿Por qué le urgía? Fácil, porque tenía problemas económicos debido a su mal carácter que le hizo perder muchos negocios, y sabía que la familia de Louis tenía muchísimo dinero. Una vez que lo marcara, era más fácil manipular a su hijo y poder conseguir dinero, un auto o regalos costosos. Sin embargo, nunca imaginó que el idiota de Harry saliera tan llorón y marica, a pesar de haberlo tratado con la punta del pie para hacerlo fuerte y resistente, lo estaba defraudando y no lo iba a permitir.

Era más fácil abusar de los demás que hacerse cargo de tus errores y delitos.

Se enfureció cuando no lo encontró, así que lo llamó por teléfono y Harry no le contestó. ¿Qué estaba pasando? Lo iba a averiguar y su hijo se iba a arrepentir de no darle lo que necesitaba. Se fue furibundo, más molesto que nunca.

Harry no contestó porque tenía el teléfono en silencio, y afortunadamente no pudo ver la llamada perdida, porque de haberlo hecho, su día se hubiese arruinado por completo. Pero cuando iba camino a la casa de los padres de Louis, revisó su celular y todo su cuerpo comenzó a temblar de miedo y angustia. Fue tanta su desesperación que estuvieron a punto de atropellarlo. Tenía que hacer algo, pero su mente estaba paralizada.

Cuando llegó a ver a April, estaba un poco más calmado, pero Louis notó en seguida lo mal que estaba al sentir en su aroma, cómo el clavo de olor opacaba a los demás.

—¿Quieres hablar? ¿Pasa algo?

—Está todo bien... —contestó inseguro.

—Puedes confiar en mí, ¿lo sabes?

—Es mi papá... Me está buscando y yo, no soy capaz de enfrentarlo...

—Tienes que salir de ese departamento entonces.

—Lo sé, pero aún no puedo.

—¿Por qué no quieres verlo?

Harry dudó, no sabía si contarle a Louis, por lo que prefirió omitir lo que había pasado. —Simplemente no quiero que insista en lo de la marca y estoy tratando de evitarlo.

—Entiendo, pero si necesitas ayuda o quieres contarme de verdad lo que pasa, puedes contar conmigo. Voy por April.

Harry botó el aire que estaba reteniendo, intentando calmarse de verdad porque no quería perturbar el momento ni la paz de su bebé. Había decidido mantener la reserva en lo que estaba haciendo y lo que estaba pasando en su vida, hasta poder lograr una estabilidad y así poder empezar a intentar recuperar a su familia; por mientras, esperaba mantenerse a salvo de su padre.

Después de recargarse acariciando a su cachorra y darle muchos mimos, volvió a su departamento. Comió una cena ligera y se acostó a dormir. Pero estaba demasiado nervioso, le costó mucho conciliar el sueño y cuando lo logró, tuvo muchas pesadillas otra vez. Se levantó cansado, agotado y sin ánimos, pero lo hizo. Tenía un trabajo que cuidar.

Pudo concentrarse y el día se le pasó muy rápido. Decidió pasar a comprar un bonito conjunto azul para su pequeña, y fue a visitarla. Todo estuvo normal y se sentía más tranquilo.

Cuando llegó al edificio, habló con el conserje y le pidió que no dejara pasar a nadie que él no diera la autorización y eso también lo calmó. Sin embargo, el hombre no alcanzó a informarle que lo estaban esperando.

Harry subió muy feliz, silbando, y apenas las puertas del ascensor se abrieron, pudo sentir el horrible aroma a goma quemada de su padre furioso. Intentó cerrar las puertas pero sus dedos no le respondían, sentía pánico y fue peor cuando las manos de su padre lo tomaron por la camisa a la altura del pecho y lo sacaron del ascensor, lanzándolo al piso.

—¿Por qué arrancas como una maldita rata? ¿Quién te crees para ignorarme?

—Papá... Lo siento, yo...

—Nada, dime que ya arreglaste las cosas con el idiota ese.

—No, aún no...

Una cachetada resonó en todo el piso. —¡Inútil! Necesito que lo hagas lo antes posible.

—Pero papá, no entiendo por qué quieres que lo haga...

—Necesito dinero, y los padres de ese infeliz tienen para regalar. Marcándolo es más fácil, puedes someterlo y obligarlo, ¿entiendes ahora? ¿O necesitas otra golpiza?

Con todo lo que significa decir esas palabras, Harry habló. —No lo voy a hacer, no lo voy a marcar obligado ni le voy a ...

No pudo seguir. Recibió un golpe tan fuerte que uno de sus dientes salió disparado, mientras la sangre aparecía abundante en su boca. Luego de eso todo fue más confuso. Recuerda que Mason lo arrastró por el piso y le dio muchos golpes de puño y de pies, mientras le gritaba sin parar algunas cosas que cada vez parecían más lejanas.

“¡Siempre has sido un maldito bastardo!”

“¡Debería matarte junto a la puta barata de tu madre!”

Demasiado pronto dejó de escuchar los gritos. Despertó en el hospital un par de horas después, con Louis a su lado muy preocupado.

—Menos mal despiertas, ¿cómo te sientes?

—¿Qué pasó?

—Tu papá te golpeó, ¿no lo recuerdas?

Harry cerró los ojos. Ojalá pudiera olvidarlo.

—¿Por qué no me contaste? No fue la primera vez, ¿verdad?

—No quería que pensaras peor de mí. Ya suficiente he hecho, no merecías más problemas tampoco.

—No eres un problema Harry. Por más que estemos separados, puedes contar conmigo. Eres el papá de April, y eso nada lo cambiará.

—No es fácil, no es que no confíe en ti, solo me cuesta.

—Lo sé, lo entiendo...

—¿Quedé muy mal?

—Tuviste suerte, solo un montón de hematomas y medio diente menos, pero vas a estar bien. No sé si puedas presentarte a trabajar, tus alumnos pueden asustarse.

—Voy a estar bien con mi trabajo, ¿qué hora es?

—Las dos de la mañana. Me voy para dejarte descansar. Ah, el conserje del edificio denunció a tu papá y pidió una orden de alejamiento. De todas maneras voy a vender ese departamento lo antes posible.

—Es lo mejor, pero quizás puedes esperar un par de meses para que logre juntar un poco de dinero y poder pagar una pieza.

—Harry, no quiero sonar desagradable, y sé que quizás no vas a querer, pero te lo voy a decir igual. Voy a vender ese lugar para comprar otro, más cerca de la casa de mis padres, y quería que te quedaras ahí por mientras puedes ahorrar para tu propio departamento. A mí me sirve que lo cuides y a ti para vivir... ¿Qué dices?

—Que ni loco.

—Piénsalo.

—No.

—Por favor.

Harry suspiró. —Está bien, —contestó sonriendo.

—Voy a empezar el trámite apenas amanezca, y si necesitas lo que sea, por favor llámame. Pero Harry, en serio. —Pidió como una súplica.

—Lo haré, es una promesa.

Louis se fue, y apenas llegó al estacionamiento se derrumbó una vez más. Cuando el conserje lo llamó pensó que le iba a dar un infarto. Cuando vio a Harry todo golpeado, estuvo llorando casi una hora sin parar, ya no le quedaban lágrimas. Su amado alfa pasándolo mal, y él tan lejos, tan distante, tan fuera de sus brazos, sin poderlo contener, sin atreverse a tocarlo ni a calmar su dolor con su aroma o con sus besos.

Pensaba que su relación estaba completamente dañada, porque los días seguían pasando y el alfa nunca intentó un acercamiento. Sin embargo, al mismo tiempo, se daba cuenta de los sutiles cambios que empezaban a notarse, en su mirada más dulce y menos fría, en la manera de tratar a April, en la energía menos densa de su cuerpo.

—¿Cómo está? —Le preguntó su padre, quien lo había acompañado debido a la hora.

—Muy golpeado, pero ya está consiente... Fue horrible papá, —dijo abrazándolo con fuerza.

—Nunca voy a entender a Mason, cómo es capaz de tratar así a su propio hijo.

—Voy a vender el departamento, no quiero que ese hombre siga rondando por ahí, ¿crees que me puedas ayudar?

—A primera hora voy a llamar a Niall para que haga los papeles.

—Gracias papá, vamos a casa.

Mientras Louis volvía a su hogar, Harry pensaba. Pese a todo estaba tranquilo, jamás pensó que podría contradecir a su padre y el haberle dejado claro que no iba a obligar a Louis a hacer algo que no quería, le daba un nuevo sentido de paz. Los hematomas pasaban, su confianza aumentaba. Sabía que estaba recién dando sus primeros pasos para dejar a salir su verdadera esencia, para formar a un nuevo Harry más respetuoso y más genuino. A pesar de la hora le envió un mensaje a su psicólogo, Liam, para poder adelantar la próxima sesión y después intentó dormir. Esperaba que le dieran el alta temprano y poder ir a presentarse a su trabajo. Se sentía mal, pero estaba en condiciones de hacer sus tareas.

Y así fue. Le dieron el alta a las siete de la mañana con una lista de medicamentos que debía tomar por diez días. Con dificultad logró llegar al departamento, bañarse y alistarse para salir. Se preparó un sándwich y llegó a la oficina. La gente en la calle lo miraba espantada, al igual que su jefe que casi cae desmayado de la impresión.

—Santo cielo Harry, ¿qué te pasó?

—Mi papá me pegó, —confesó con vergüenza. pero dispuesto a decir siempre la verdad. —Pero te juro que puedo trabajar, en serio.

—¿No te duele?

—Solo un poco, dame la oportunidad de hacer mi trabajo, lo necesito, —pidió.

—Si dices que puedes, adelante. Pero Harry, si te sientes mal o necesitas tomarte pausas, hazlo, ¿sí?

—Sí, gracias, voy a mi puesto.

Frank, el jefe de Harry lo miró caminar, preocupado, pero al mismo tiempo orgulloso de ese alfa loco que a pesar de llevar muy poco tiempo, sabía que era excelente en su trabajo.

A esa misma hora, aparecía Niall con los papeles para la venta listos, en la casa de Nich.

—Hola Louis, —saludó. —¿Cómo estás?

—Bien, ¿tú?

—Ya sabes, con mucho trabajo, —contestó sonriendo. —¿Todo bien?

—No, —dijo suspirando el omega. —Me separé de Harry hace más de dos semanas...

—¿Te hizo algo?

—No, solo que estábamos discutiendo mucho y ya mi paciencia se agotó.

—¿Ha venido a verte?

—No, pero sí viene a ver a April.

—Eso me sorprende.

—A mí también, pero sabes... Está cambiando.

—No puedes creerle así de fácil.

—Es que eso es lo que más me asombra. Él no me ha dicho ni una sola palabra, son gestos que yo veo, es algo en su mirada, en cómo se mueve... En la madrugada lo vi en el hospital, Mason lo golpeó hasta que se cansó... —Contó volviendo a angustiarse.

—¿Qué? ¿Mason le pegó?

—Y estoy seguro de que no es la primera vez, y me temo que no sea la última.

—Hay que denunciarlo.

—El conserje del edificio lo hizo y pidió una orden de alejamiento, pero tú lo conoces, ese hombre es una bestia...

—Tienes que convencerlo de que lo denuncie, y si me preguntas, pediría una orden de alejamiento para Harry, para ti, para April e incluso para tus padres. Si el tipo anda en esas, se puede desquitar con cualquiera.

—¿Te puedes encargar de eso?

—Por supuesto, saliendo de aquí voy volando.

—Bien, gracias amigo. Ahora te dejo porque hoy vuelvo al museo y tengo que alistarme y a April también.

—¿Vas a volver tan pronto?

—Sí, amo mi trabajo, y estar todo el día en casa me está matando... Sobre todo porque no tengo a Harry...

—Enamorado es poco, ¿verdad?

Louis solo sonrió, mientras le dejaba un pequeño abrazo y caminaba por el pasillo.

Eve iría a dejar y a buscar a su hijo al museo, por precaución y por mientras se acostumbraba a andar de nuevo en la calle con la bebé. De todas maneras, el lugar quedaba a solo diez minutos en auto, por lo que era bastante corto el viaje.

El día pasó bastante normal, hasta que Harry llegó en la noche, pero no quiso entrar.

—Hola, ¿por qué no pasas? —saludó Louis.

—Mírame, parezco un monstruo... Si mi niña me ve así se va a asustar. Solo quería decirte esto, no quiero que pienses que no me importa no verla.

—Pero está dormida, sabes que duerme mucho. Pasa y acompáñala un rato, te va a hacer bien.

—Tienes razón, gracias...

Casi media hora tuvo Harry a April en sus brazos, caminando por donde podía. Luego vio la hora y se dio un golpe mental en la cabeza adolorida.

—Louis, me tengo que ir, olvidé un compromiso. Mañana nos vemos, —dijo entregándole a la cachorra.

—¿Un compromiso? ¿Con quién? —Preguntó enojado y muy molesto, pero sobre todo, celoso.

—No puedo decirte, no todavía...

—Vete entonces a hacer eso tan importante. Hasta mañana, —dijo a modo de despedida.

Pese a todo, al malentendido y a que tuvo que correr para llegar a la cita con Liam, Harry sonrió. Todavía tenía el amor de Louis y esta vez, lo iba a cuidar.

Un mes pasó en relativa calma. Louis se había reintegrado perfectamente al museo, lo mismo que April que ya tenía casi cinco meses y estaba cada vez más despierta, para deleite de todos quienes la rodeaban. El amor del omega por Harry había llegado a niveles exorbitantes debido a la idea de que existía alguien más en la vida del alfa, y aunque intentó preguntar sin parecer obvio, Harry no le dio una respuesta.

Sin embargo, cada día habían empezado a compartir un poco más, incluso Harry algunas veces se quedaba a cenar, y una vez vieron una película mientras April dormía entre los dos.

Mason no había vuelto a aparecer, pero eso tenía a todos al pendiente. Lo que había sucedido realmente, es que le habían resultado algunos negocios y había logrado obtener importantes sumas de dinero. Por eso la calma.

Harry había avanzado mucho en su trabajo. A pesar de llevar poco tiempo, había dado muestras de sus excelentes habilidades, por lo que su jefe ya estaba pensando en darle mayores responsabilidades y un mejor sueldo. Tenía terapia dos veces a la semana, y era algo que definitivamente lo había cambiado mucho.

—Ten cuidado, —le decía Liam. —Has tenido avances importantes, pero recuerda que de nada sirven si no los puedes mantener. Y como siempre te lo digo, estoy muy orgulloso de todo lo que has avanzado.

—¿Crees que sea tiempo de pedirle a Louis una oportunidad?

—¿Te sientes realmente preparado? ¿O es que lo extrañas demasiado? ¿A qué te refieres con pedirle una oportunidad?

—Me siento nervioso de pensarlo, y sí, lo extraño mucho... Con una oportunidad me refiero a que empecemos a tener citas, que nos acerquemos de nuevo como pareja...

—Me encanta que pienses de esa manera y creo que es un buen tiempo para que tengan una primera salida. Desde ahora nos vamos a ver una vez a la semana, pero si necesitas hablar de cualquier cosa que te esté provocando angustia, mándame un mensaje, ¿bueno?

—Gracias Liam, nos vemos.

Para esa noche, Harry se preparó especialmente. Pasó a comprar una flor, un tulipán y caminó hacia la casa de Louis. El nuevo departamento le quedaba a apenas 15 minutos caminando y le encantaba.

Sin embargo, cuando iba llegando, vio un auto estacionarse. Y de él, descendió un tipo excesivamente atractivo, quien le abrió la puerta a Louis, que estaba con April en el fular. Hace tres meses, la imagen lo hubiese enfurecido, pero ahora, le dio una pena inmensa y desgarró su alma. ¿Sería muy tarde para ellos?

Y pese a todo, siguió caminando hasta llegar al umbral, encontrándose con los también, recién llegados.

—Hola Harry, —saludó Louis. —Déjame presentarte a Zayn, somos compañeros de trabajo.

—Mucho gusto Harry, Louis me ha hablado mucho de ti.

—Hola, —contestó muy serio.

—Gracias por traernos, nos vemos el lunes Zayn, —se despidió Louis muy incómodo.

—Sí, no te preocupes, nos vemos. Permiso.

Se fue el alfa de preciosos ojos marrones, dejándolos solos.

—Pasa, me lavo las manos y te traigo a April.

—Gracias.

El ambiente podía cortarse con un cuchillo.

Louis casi corrió al baño, sintiéndose mal. No quería que ningún mal entendido hiriera a Harry ni cambiara las cosas entre ellos. Luego fue a la habitación y cambió de ropa a la bebé por algo más cómodo y volvió al living.

—Listo.

Harry no habló, se sentía ridículo con su tulipán en la mano, sobre todo después de haber visto el auto de Zayn.

—Te había traído esto, —dijo finalmente.

Los ojos de Louis se iluminaron grandes y hermosos, lo que no pasó desapercibido para Harry, que finalmente bajó las revoluciones.

Tomó a su cachorra en brazos, dejándole pequeños y suaves besos en sus mejillas sonrosadas, haciéndola suspirar. El ambiente se había relajado, hasta que apareció Eve.

—Hola Harry, hola bebé, —saludó acelerada. —Perdón, pero ¿podría llevarme a April unos minutos? Estamos en una video llamada con tus primos en Nueva Zelanda y quieren verla.

—Hola Eve, claro, llévala.

Apenas se quedaron a solas, Harry no se resistió y acorraló a Louis, pasando su brazo por la cintura del omega.

—¿Compañero de trabajo? —Preguntó ligeramente celoso.

—Sí, solo eso... —contestó mirándolo fijamente.

—¿Él sabe que eres mío?

—¿Lo soy?

—Lo eres...

Parecía que en cualquier momento iban a besarse, se acercaban lentamente, sus respiraciones empezaban a ser irregulares, sus manos estaban picando por más contacto.

—¿Quieres..?

—¿Qué...?

—¿Tener una cita conmigo mañana?

Y Louis quedó mudo. Eso no lo imaginó, pero hizo estallar su cabeza y cada una de sus células.

—¿Una cita? ¿En serio?

—Sí... Quiero llevarte a cenar...

No se habían alejado ni un solo milímetro, se sentía como lo que era, natural, sensual, vibrante, agónico.

—Me encantaría...

—¿Crees que Eve pueda cuidar a April un par de horas?

—Va a estar feliz... ¿Pero estás seguro?

A esa altura se estaban comunicando con susurros, y no dejaban de mirarse ansiosos. El agarre en la cintura de Louis a ratos se volvía intensa y deliciosa.

—Necesito un poco de ti... Aunque sea solo un poco, —dijo acariciando todo a su paso con su nariz.

—¿Y no tienes un compromiso? —Preguntó, aún sin poder olvidar ese día en que sintió que podría quemar la ciudad de tanta rabia y pena.

—¿Celoso? —Murmuró en el oído de Louis.

—Lo estoy, igual que tú...

—No tienes que estarlo, te lo juro por April...

—Tampoco tú...

Estaban a un centímetro de distancia, y no podía saberse cuál de los dos tenía más ganas de terminar con ella. Sus labios se extrañaban demasiado.

—¿Mañana a las siete? —habló despacio Harry.

—Sí, perfecto, —contestó Louis cerrando los ojos.

—Louis... —dijo sobre los labios del omega.

—Harry... —gimió ya sin poder respirar.

—¡Ya volvimos! —Exclamó Eve, lamentando profundamente el haber arruinado el momento.

Los dos, rápidamente se separaron, poniéndose colorados hasta las orejas y sin saber qué hacer.

—Mmm, gracias mamá, —pudo decir Louis.

—¿Te quedas a cenar?

—No, no, gracias, —tartamudeó Harry. —Pero quería pedirte un favor, —dijo mirando a Louis. —¿Podrías mañana cuidar a esta belleza un par de horas? Vamos a ir a cenar.

—Encantada me quedo con mi niña, salgan tranquilos. Permiso.

Una vez que se quedaron solos, pudieron respirar tranquilos y reírse de la situación.

—Nos comportamos como dos adolescentes siendo descubiertos por su madre en una situación incómoda.

—Lo sé, no tiene sentido, pero fue divertido. Te dejo solo para que disfrutes tu tiempo con April.

—Gracias...

La palabra amor murió en sus labios, pero esperaba que fuera por un corto tiempo.

La noche y el día pasaron a una velocidad impresionante, parecían ansiosos de ver qué resultaría de esa primera cita. Al llegar el atardecer, Harry estaba tocando el timbre de la casa de Eve, quien le abrió muy sonriente.

—Pero qué alfa tan guapo, —dijo saludándolo con un pequeño abrazo.

—Hola Harry, —saludó también Nich, con la pequeña April en brazos.

—Hola, ¿cómo están?

—Bien, Louis ya baja. ¿Quieres un jugo o algo?

—Solo tomar unos minutos a mi princesa.

—Por supuesto, toma.

Y Harry acunó a su pequeña y la marcó con su aroma a té chai, muy endulzado, con sus notas más suaves, provocando que la cachorra sonriera y bostezara.

—Mira eso, —dijo Eve muy emocionada. —Nunca vi una bebé tan linda, —suspiró.

—Estoy de acuerdo mi cielo, —confirmó Nich abrazándola.

—Ya estoy listo. —Louis estaba de pie, completamente hermoso. —¿Nos vamos?

Pero lamentablemente Harry no podía escuchar, ni ver, ni nada. En sus neuronas solo existían millones de Louis.

—Harry... —Llamó Eve, —reacciona.

—Creo que lo perdimos, —dijo Nich.

—Lo siento, es que Louis está muy lindo... más lindo... el más lindo, —pudo decir por fin.

—Gracias, —susurró, completamente abochornado.

—Creo que mejor se despiden de nuestra pequeña y ya váyanse antes de que se les haga tarde.

Harry le entregó la bebé a Eve, y esperó que Louis la besara y la marcara también con su aroma. Salieron en medio de una noche muy cálida, caminando hacia el lugar que estaba a solo veinte minutos a paso lento.

En el camino de ida conversaron más que nada de April, y de las cosas cotidianas de ella. Sus visitas a la pediatra, su ropa, lo que ya estaba haciendo, lo que ha crecido, lo rápido que ha pasado el tiempo.

El restaurant era pequeño, pero muy reconocido. Era de los mejores en comida india de Londres, y necesitabas reservar con un mes de anticipación. Harry solo pudo conseguirlo porque Liam tenía una reserva hace semanas y se la cedió.

Cenaron a la luz de las velas, en medio de un ambiente que poco a poco se iba haciendo más íntimo.

—Cuéntame cómo van tus clases, —preguntó Louis, sonriendo como un tonto.

—Las dejé, ya no hago clases.

—¿Por qué?

—Conseguí un nuevo trabajo. No quería contarte antes, porque necesitaba que fuera algo más estable.

—¿Y dónde es?

—Es una empresa pequeña, pero me aceptaron como ingeniero sin experiencia y ya me ascendieron, —contó feliz.

—Harry, estoy muy feliz por ti... Siempre supe que eras un excelente ingeniero y me alegro mucho de que te reconozcan.

—Sí, gracias. Mi sueldo es mucho mejor, he podido ahorrar y mantener el departamento. Nunca terminaré de agradecerte que no me hayas echado a la calle, a pesar de que me lo merecía.

—Jamás Harry... Te lo dije una vez, siempre vas a ser el papá de April y eso es suficiente para intentar que nos llevemos bien.

Hubo un silencio un poco incómodo porque se hacía palpable que no estaban juntos, y a los dos les dolía.

—¿Puedo preguntar algo? —Harry espero a que Louis asintiera. —Zayn... ¿de verdad es solo un compañero de trabajo?

—Sí. Es nuevo, entró el mismo día que yo volví y nos llevamos bien desde el principio. A veces nos trae cuando mi mamá no alcanza o tiene cosas que hacer, ha sido muy amable.

—Porque le gustas seguramente.

—No es así. Harry, quiero que entiendas algo. Siempre te he respetado, jamás miraría o le daría esperanzas a alguien mientras esté enamorado de ti, y nosotros ni siquiera hemos tenido una conversación sobre lo que pasó. Tampoco quiero que hayan mal entendidos, no los necesitamos, al contrario, creo que debemos estar más cerca que nunca con esto de Mason...

—Lo sé, tienes razón, gracias... Me cuesta no ponerme celoso, pero es que tú eres muy especial y él es muy atractivo.

—Pero no se parece a ti... A ti, que sí me dejaste muriendo de celos con lo de tu compromiso ese.

—Lo sé, perdón. Tenía una cita con Liam, —dijo viendo la rabia aparecer en los ojos de Louis. —Mi psicólogo.

La cara del omega cayó tres metros y sus mejillas estaban ardiendo de calor. —¿Psicólogo? ¿Tú?

—Sí, yo... Lo necesito para poder sanar muchas cosas. Me di cuenta cuando miré a April y entendí que le estaba haciendo lo mismo que me hicieron a mí y no lo iba a permitir.

—Es, es tan... Maravilloso, me dejaste sin palabras.

—Es lo menos que se merecen, y tengo un camino largo por delante y mucho trabajo, estoy apenas empezando y Liam dice que tengo que tomarlo con calma, pero le pareció bien que te invitara a una cita.

—¿Crees que podamos tener una oportunidad?

—Lo quiero creer, ¿y tú?

—Lo mismo... Quiero creerlo, quiero que seamos una verdadera familia, que podamos estar bien. Yo no he dejado de amarte Harry...

—Tampoco yo... Al contrario, te amo mucho más ahora que me he dado cuenta de todo el trabajo y todo el esfuerzo que has puesto en nuestra relación, en llevar la casa y en tu propio trabajo. Eres un chico increíble y jamás te valoré.

Louis estaba emocionado hasta las lágrimas.

Terminaron de comer, y caminaron de vuelta a la casa de Louis. Iban conversando de ellos, cuando un horrible aroma a goma quemada apareció en el aire. Harry sobre todo se puso alerta.

—Por fin te encuentro maldito bastardo, —masculló entre dientes. —Y qué mejor que andes con el malnacido este, premio doble.

—¿Qué haces aquí?

—Ya sabes, o me das dinero o te vuelvo a golpear a ti y a tu amorcito.

—Entiende que no, no te daré ni una sola libra, déjanos, ¡en paz!

—¡No me grites infeliz!

Harry se preparó para recibir el primer golpe, pero nunca imaginó, que el destinatario de esa agresión sería Louis. Solo lo vio caer al suelo en medio de un grito de dolor.

—¡Con él sí que no desgraciado! —Gritó, lanzándose encima a golpearlo, y aunque Harry era menos corpulento que su padre, si era más ágil y rápido y logró tumbarlo.

Tomó en brazos a Louis y rápidamente corrió con él hasta llegar a la casa, donde tocó el timbre muy despacio, no quería alterar a April.

Eve abrió muy tranquila, hasta que vio a su hijo desmayado.

—Santo cielo Harry, ¿qué pasó?

—Mason, eso pasó. Ayúdame, trae hielo y alcohol, —pidió mientras lo recostaba en el sofá.

Eve corrió hasta conseguir lo necesario y apenas volvió se dedicó a curar a Louis, y cuando terminó, siguió con Harry, quien no se había dado cuenta de que también estaba golpeado, y mucho.

—¿No te duele?

—Creo que ya me acostumbré, —dijo bromeando.

En ese momento despertó Louis un poco confundido. —¿Qué pasó?

—Mason te golpeó y te traje a casa, —contó Harry.

—Tienes un golpe en la mejilla que se está empezando a inflamar. Voy por unas pastillas.

—Gracias mamá, —sonrió Louis. —Harry, por Dios, ¿qué te pasó? ¿Fue tu papá?

—Ese hombre no es más mi padre, no desde el momento en que se atrevió a tocarte.

—Pero mírate... —dijo acariciándolo.

Harry cerró los ojos frente al contacto de las manos de Louis. —Me haces sentir mejor.

Al mismo tiempo que volvía Eve con los medicamentos, se escuchó un pequeño llanto.

—Tiene que haber sentido nuestros romas, —explicó Louis.

Medio minuto después apareció Nich con la bebé en brazos.

—Tienen que denunciar a ese infeliz, y no es pregunta. Es más, deberíamos ir de inmediato.

Louis miró nervioso a Harry. A pesar de todo lo malo que significaba Mason, seguía siendo el padre de su esposo.

—Vamos, —dijo Harry con firmeza.

Abrigaron a April y salieron de inmediato, a pesar de la hora y del malestar físico de Louis y Harry.

En el puesto de policía los atendieron de inmediato. ya que habían pocos procedimientos a esa hora. Tomaron la declaración y luego se fueron al hospital a constatar lesiones. Volvieron a la casa de Eve cerca de la una de la mañana.

Mientras los dueños de casa llevaban a April a acostarse, Harry y Louis se quedaron en la cocina tomando un vaso de agua.

—Es muy tarde, debo irme.

—Quédate...

—No puedo... Tengo que levantarme muy temprano y ya sabes, tengo todas mis cosas en el departamento.

—Entonces llévate el auto, es peligroso que te vayas caminando, me lo traes mañana, ¿sí?

—Está bien. Dale un beso a mi cachorra, nos vemos mañana, —se despidió.

Louis lo acompañó a la puerta.

—Mándame un mensaje cuando llegues, aquí están las llaves. Cuídate y ponte hielo.

Harry sonrió, y acercándose, dejó un beso en la comisura de la boca de Louis, y lo marcó con su aroma.

Apenas cerró la puerta, Louis suspiró y llevó sus dedos a sus labios. Cada vez era más difícil mantenerse lejos, sobre todo después de esa primera cita hermosa, que les sirvió para volver a conectarse. No tenía palabras para poder decir qué le provocaba este nuevo Harry, más seguro, más abierto, más intenso, más real. Le parecía un sueño, su sueño hecho hombre más verdadero y palpable que nunca.

Solo imaginarlo, porque no lo recordaba, cómo lo defendía de su propio padre lo hacía lubricar de manera exagerada y le hacía sentirse vacío. Solo Harry llenaba cada espacio de su vida, y también de su cuerpo que lo extrañaba de manera desgarradora. Era como si su cuello llorara de desesperación por llevar la marca del alfa y no había nada en el mundo que quisiera más, pero al mismo tiempo, le hacían mucho sentido las palabras de Liam para Harry. Tenía que asegurarse de que su cambio era permanente y firme, y quizás iban a tener muchas citas antes de tener una oportunidad de algo más.

Era cuando entendía las palabras de su mamá. Realmente era poco tiempo el que llevaban separados, aunque se sentía como años alejados, solo eran un par de meses. Y no quería más, a pesar de toda su reflexión, no quería aguantar. De alguna manera sabía que lo de Harry era sincero, el mismo hecho de buscar un nuevo trabajo, de ir a terapia y de estar con April cada noche le gritaba en la cara que Harry había cambiado. Y no es que ya estuviera todo bien, pero quería ser parte también del proceso, que Harry pudiera sentir que tenía en quien apoyarse, alguien que lo amara y tuviera paciencia.

Se durmió imaginándose entre los fuertes brazos de su alfa.

Una semana más pasó, y todo parecía tranquilo, hasta que un día viernes, cuando Harry ya estaba a punto de dormir, después de haber estado con su pequeña, golpearon su puerta.

Por un momento todo su cuerpo comenzó a temblar, pero no iba a dejarse golpear de nuevo. Se levantó y abrió. Se quedó mudo cuando vio quién era.

La policía.

—Buenas noches, ¿es usted Harry Styles?

—Buenas noches, sí, lo soy. ¿Qué pasó?

—Por favor acompáñenos a la comisaría.

Harry rápidamente se cambió de ropa y salió. Llegaron cerca de diez minutos después. Tomó asiento y esperó a que llegara el oficial, que apareció apenas unos minutos después.

—Buenas noches, lamentablemente debemos comunicarle que su madre, la señora Ruby Wright de Styles murió a consecuencia de una golpiza que le propinó su padre, el señor Mason Styles.

Harry lo quedó mirando sin entender. No podía ser verdad, su mamá muerta a manos del infeliz de su padre. ¿Hasta dónde llegaba su maldad?

—El señor Styles se encuentra detenido y pidió verlo.

—¿Puedo negarme? No, no, sí, quiero verlo.

—Debo asegurarme de que de verdad quiere hacerlo, porque hay una orden de alejamiento en vigencia. Si lo necesita, puede acompañarlo algún oficial.

—Sí, por favor.

—De todas maneras, él estará detrás de la reja. Voy a pedir que lo lleven.

—Gracias.

Harry estaba sudando frío. Tenía una mezcla de muchas sensaciones, rabia, pena, frustración. Solo pudo pensar en alguien, en quien sabía lo ayudaría. Tomó su celular y llamó.

—Hola... Disculpa que te llame a esta hora...

—¿Pasó algo? ¿Te sientes bien?

—No... Louis, estoy con la policía... Mi papá mató a mi mamá...

—¿Dónde estás?

—En la estación de la calle cincuenta.

—Voy para allá, —dijo colgando.

Apareció un guardia y lo llevó hasta donde estaban las pequeñas celdas.

—Hasta que apareces maldito bastardo, —saludó Mason.

—¿Qué mierda quieres?

—¿Acaso no sabes?

—No.

—Paga mi fianza.

Harry se largó a reír.

—Estás loco. Eres un asesino, no tienes derecho a fianza... Mataste a mi mamá, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?

—Se lo merecía por puta barata, por intentar dejarme.

—Tú te mereces estar tras las rejas, ojalá y te pudras allá adentro y olvídate de una buena vez de mí y de mi familia.

—No seas ingenuo, tu única familia soy yo. Ese omega infeliz te ha visto la cara de estúpido todo este tiempo, o ¿no te das cuanta que la bastarda esa no se parece en nada a ti, y que seguramente se revuelca con todos los que puede?

—Si así fuera no es tu problema, es mío, y además, yo sé como es Louis, jamás podrías hacerme dudar. Y ya no me interesa seguir aquí, espero no verte más, adiós.

Se dio la media vuelta y salió. Lo primero que vio fue a Louis esperándolo y con los brazos abiertos y sin dudarlo se refugió en ellos.

—Lo siento mucho, lamento mucho tu pérdida.

—Gracias...

—Cualquier cosa que necesites, por favor dime, quiero estar acompañándote.

—Lo haré... —dijo comenzando a llorar, enterrado en el cuello de Louis, calmándose con el aroma a almendras tostadas.

—¿Quieres que te acompañe al departamento?

—No... ¿Crees que Eve me deje dormir en el sillón?

—Claro que no, puedes dormir en la habitación de April.

—¿Duerme contigo?

—Siempre.

—Gracias... Gracias por cuidarla tanto.

—Vamos.

Louis manejó hasta la casa, y apenas entraron puso agua para un té.

—¿Quieres comer algo? —Preguntó mirando en el refrigerador.

—No, el té es suficiente, gracias.

—A mí me dio hambre, pero si quieres ir a acostarte, puedes hacerlo.

—No, es tarde y estoy cansado, pero ya es sábado y puedo dormir un poco más.

—Entonces, terminando el té voy a ir a arreglar la habitación.

—Puedo hacerlo, no te preocupes.

—Quiero hacerlo, ¿sí me dejas?

Harry sonrió. —Claro que puedes.

Eran esos pequeños gestos los que más le dolían al alfa, porque Louis estaba lleno de ellos y él, simplemente los dejó pasar y ahora le parecían lo más valioso que le entregó la vida.

Una vez terminado el té, Harry fue a lavarse los dientes mientras Louis ordenaba un poco y sacudía las almohadas.

—Tenía este pantalón de pijama acá, pero polera no tengo, —explicó ruborizado al imaginar la desnudez de Harry.

—Tranquilo, el pantalón está bien, —dijo sentándose en la cama con una mirada ligeramente traviesa. —¿Me das un abrazo de buenas noches?

Louis se acercó y envolvió sus brazos en el cuello del alfa, que rápidamente se adueñó de la cintura del omega con fuerza. Diez segundos se quedaron en esa posición, hasta que Harry se impulsó hacia atrás, llevándose a Louis, que quedó encima del alfa, completamente sonrojado y evitando que su aroma saliera disparado, al igual que su lubricante.

—¿Qué haces? —Susurró.

—Te extraño... —contestó el alfa.

—Yo también te extraño...

—¿Quieres tener otra cita conmigo?

—¿La verdad?

—Sí...

—Quiero y no quiero...

—¿Cómo es eso?

—Quiero citas, pero también quiero que ya hablemos de lo nuestro, saber dónde estamos, saber qué piensas... Necesito entender por qué has dejado pasar tiempo sin acercarte a mí... Pensé mucho que ya no querías intentarlo y que simplemente me dejaste ir...

—Podría haber venido a buscarte al día siguiente, y me dolía todo el cuerpo por no hacerlo... Pero hubiese sido negligente y egoísta, hubiera sido más de lo mismo y ni tú ni April se merecían eso. Son lo más importante de mi vida, lo mínimo que podía hacer era intentar ser un mejor alfa para mi familia, y creo que de a poco lo estoy logrando. Me falta, pero...

—Pero yo quiero estar contigo en el proceso...

—¿De verdad lo quieres? ¿Y si se pone difícil otra vez? No quiero perderte...

—No me has perdido...

Louis ya no podía más. En la posición en la que estaban, tenía la situación en sus manos. Dependía de él acercarse o romper el momento. Y no tenía dudas.

Se acercó peligrosamente, ansioso, nervioso, hasta que pudo sentir el aliento de Harry sobre su boca. Cerrando los ojos, acarició el pelo del alfa y se levantó rápidamente.

—¡Buenas noches! —se despidió huyendo, en medio de una pequeña risa.

Y Harry sonrió grande y más feliz que en mucho tiempo. Pero después, en medio de su soledad, recordó a su mamá y pudo imaginar el calvario que debe haber pasado al lado de Mason, y lo que debió haber sufrido antes de morir. Fue inevitable llorar, como fuera era su madre, la persona que le dio la vida y aunque nunca lo defendió, la amaba y hasta el último pensó que podría dejar a su padre y volver a empezar... Claramente se había equivocado y ya no habría una nueva oportunidad.

Durmió poco y mal, y la mañana llegó demasiado rápido. Se levantó antes de las siete, y fue a la habitación de Louis. Era una imagen más que hermosa, verlo dormir abrazado a April, y le quemó el pecho no estar así con su familia, pero seguiría esforzándose por lograrlo.

—Louis, ya me voy, —habló despacio.

—¿Qué hora es?

—Falta un poco para las siete.

—¿Quieres desayunar?

—No, sigue durmiendo, solo quería preguntarte ¿si quieres que vayamos por un helado los tres en la tarde?

—Solo si vienes a almorzar.

—Está bien, nos vemos más tarde.

Dejó un beso en el pelo de su bebé y otro en la mano de Louis.

Llegó al departamento y se tiró en la cama. Mandó un mensaje a pesar de la hora, para Liam, para que lo ayudara con el duele tan extraño que estaba teniendo con la muerte de su madre. Después se durmió y despertó cerca de mediodía. Se bañó, y se vistió. Salió camino a la florería, y a una pequeña cafetería por un pastel.

Llegó cerca de la una, y Louis lo recibió con una sonrisa hermosa.

—Hola, —saludó Harry. —Toma, —dijo entregándole el ramo de gerberas en tonos rosas.

—Son hermosas, gracias, —contestó mordiendo su labio, muy emocionado. Cada detalle que Harry tenía le parecía el más lindo del mundo. —Pasa, ya estamos listos para almorzar.

—Hola Harry, qué gusto que estés aquí, —saludó Nich, abrazándolo. —Siento mucho lo de Ruby...

—También yo, —confirmó Eve. —Pero espero que sepas que somos tu familia y que puedes contar con nosotros.

—¿A pesar de todo? —preguntó emocionado.

—Somos personas Harry, no robots, y aunque no justifico muchas de tus actitudes, sé que siempre has sido un alfa dulce, solo que tus circunstancias te orillaron a ser quien no eras. Por mí parte, he visto cómo has ido cambiando sobre todo con April, y eso me hace entender que vas por buen camino.

—Gracias por la confianza, —dijo en apenas un susurro.

—Siéntate, —pidió Louis.

—¿Puedo ayudar?

—No, hoy te voy a consentir.

—Estuvo cocinando toda la mañana, —acusó Eve.

—Mamá...

—Es verdad, así es que espero que esté delicioso porque tengo mucha hambre.

Louis sirvió una crema de zapallo en pan casero, ensalada de espárragos, tomates y cebollas asadas, papas fritas y pollo a la plancha con salsa blanca. La mesa estaba puesta de manera deliciosamente sencilla.

—Se ve increíble, —dijo Harry, mirando todo con hambre.

—Espero que te guste, que les guste... —se corrigió Louis.

April estaba en una pequeña cuna que habían improvisado, durmiendo tranquilamente.

—Es lo más rico que he probado y desde ahora se ha vuelto mi comida favorita, —aseguró Harry, terminándose todo y dejando el plato limpio.

—Te luciste hijo, —confirmó Nich.

—La crema de zapallo se parecía a la que hacía mi abuela Mary, —dijo Eve suspirando.

—¿Alguien quiere postre o café?

—Yo no, —dijeron a un tiempo los tres.

—Está bien, entonces voy a limpiar para que no se nos haga tarde, —habló Louis mirando a Harry.

—Déjame ayudarte, —pidió Harry poniéndose de pie.

En apenas diez minutos dejaron la cocina impecable, justo cuando April despertaba llorando.

—No te preocupes, —dijo Harry. —Yo la veo.

Caminó rápidamente hasta el living, y la tomó entre sus brazos, hablándole en suaves murmullos, con todo su amor, acariciando sus mejillas y marcándola con su aroma. La bebé lo miró y movió sus manitos, como saludándolo, provocando una ola de sensaciones en Harry, muy bonitas y desconocidas, y que quería seguir sintiéndolas para siempre.

—La voy a cambiar para que nos vayamos, —dijo Louis con lágrimas en los ojos.

—¿Puedo hacerlo? ¿Sí me ayudas?

—¿De verdad quieres hacerlo?

—Sí, me muero de nervios de hacerle daño, pero quiero aprender.

—Vamos.

Louis le enseñó cómo bañarla, cómo poner el pañal, cómo vestirla. Parecían cosas obvias, pero Harry ni siquiera había querido mirar cómo lo hacía Louis, por lo que jamás pudo cubrir ninguna de las necesidades de su pequeña. Y siempre le iba a doler, pero recuperaría el tiempo perdido. De eso estaba seguro.

—La voy a llevar en fular, así es más fácil.

—¿Qué es fular?

Louis sonrió. —Es esto, —dijo mostrándole un extraño trozo de género largo, de color rosa oscuro. —Es un porta bebé pero más amigable con el pequeño cuerpo de los niños. Es un poco enredado al principio, pero luego te acostumbras. Cuando crezca un poco más voy a comprar una mochila.

—¿Me dejas llevarla? Quiero hacer todo lo que me he perdido por bruto.

—Me encanta que lo hagas, pero no te agobies, no puedes querer hacer todo el mismo día.

—¿Por qué no?

—Porque... Mmm, no sé, —dijo riendo. —Puedes hacerlo, si quieres no voy a negarme. Eso sí, te ayudo a colocarlo, pero otro día te enseño a usarlo, si no, no vamos a salir hoy.

—¿Le gusta el helado?

—Harry, es una bebé, no come. Hasta ahora es solo pecho, cuando cumpla algunos hitos puede empezar a comer, no hay apuro.

Harry se sentía tan tonto, que mordió su labio con fuerza. —Lo siento...

—Hey, estás aprendiendo, vamos de a poco. Estas son cosas que yo también he ido entendiendo porque intento leer mucho, y su pediatra es una omega muy actualizada y me ha guiado. Incluso he tenido problemas con mi mamá porque ella quiere hacer las cosas a la antigua, y yo no la dejo. Ten paciencia, ¿sí? De a poco, lo estás haciendo muy bien.

Louis acarició las mejillas de Harry que estaba cabizbajo, pero que finalmente sonrió. Acomodaron a April en el pecho de Harry y por fin salieron. Caminaron por un bonito parque, disfrutaron de un helado, conversaron de todo como en los viejos tiempos.

—El próximo viernes me gustaría invitarte a cenar, pero al departamento. Quiero cocinar algo especial para ti, ¿qué dices?

—Que espero que no me envenenes, —dijo riendo. —Es broma...

—Lo sé, no te preocupes, —contestó contagiado de la risa.

—Pero me encantaría ir a cenar contigo.

Sin quererlo, los dos pensaron en lo que podría pasar después de la cena, y se ruborizaron, tal como si fuera la primera vez que pensaran en sexo. Estaban intentando cambiar el tema, cuando una figura conocida apareció.

—Hola, qué sorpresa, ¿cómo están? —Saludó Zayn, quien iba apurado con el teléfono en la mano.

—¡Hola! —dijo Louis. ¿A dónde vas tan apurado?

—A ver a mi hermana, me está esperando en un café y se me había olvidado, —explicó sonriendo.

—Hola Harry, —saludó ahora otra figura conocida.

—Liam, ¿cómo estás?

—Bien, ¿y ustedes? Los veo muy bien, —dijo muy tranquilo hasta que miró a Zayn y su mundo se cayó a pedazos.

—Liam, mira, él es Louis y esta preciosa es April, él es Zayn.

—Tu hija es hermosa, se parece mucho a los dos. Encantado, —habló tendiendo su mano al atractivo chico de profunda mirada.

—El gusto es mío, —respondió, olvidando hasta su nombre.

Harry y Louis se miraron. Era obvio que se habían encontrado, y los delataban sus aromas.

—Creo que nosotros nos vamos, —dijo Louis. —Tenemos cosas qué hacer.

No tuvieron respuesta, Liam y Zayn ya iban caminando hacia algún lugar.

—Esos dos se flecharon.

—Como nosotros, —susurró Harry.

—Es cierto, nosotros también nos flechamos.

—¿Nos sentamos?

—Sí, hace mucho calor para seguir caminando. Debajo de ese árbol hay sombra y podemos dejar a April sobre el fular, en el pasto.

—¿No le hará mal?

—No, al contrario, tranquilo. Le hace bien para su cuello y su postura, vas a ver.

Pusieron a la bebé boca abajo, y rápidamente levantó su cabeza, esforzándose por levantar sus brazos, murmurando cosas ininteligibles que eran la delicia de sus padres que la miraban completa y absolutamente enamorados.

—Ha sido maravilloso verla crecer... —comentó Harry. —Nunca me voy a perdonar el haberme perdido sus primeros meses.

—No sigas castigándote, no puedes hacer nada por devolver el tiempo y lo importante es que te has involucrado con la crianza de April. Haz hecho mucho en muy poco tiempo, deberías estar feliz y orgulloso.

—Es difícil que no me cuestione, sobre todo porque vivo con miedo. Estos días he pensado mucho en qué pasaría si en algún momento vuelvo a actuar como ese Harry que fui durante toda mi vida y me angustio, porque no quisiera hacerles daño...

—Hay algo que quizás no estás viendo, y podrías hablarlo con Liam. Tú nunca fuiste un alfa machista ni agresivo, es lo que te obligaron a ser, yo siempre supe que eras dulce y preocupado, por eso me enamoré de ti... Pero ni siquiera tus malas actitudes lograron que dejara de amarte... —confesó.

—¿De verdad crees que sí deberíamos intentarlo?

—Sí, estoy seguro.

—También yo...

—¿Y entonces?

—Hablemos el viernes, ¿sí?

—Está bien... ¿Cómo estás con lo de tu mamá? ¿Has sabido algo de Mason?

—Lo de mi mamá ha sido un poco extraño. La amaba, jamás dejé de hacerlo, y al mismo tiempo la odiaba por no defenderme ni defenderse ella. También la puedo entender, y así voy encontrando motivos para quererla y luego no. Liam dice que es cosa de tiempo, que él me ve un poco angustiado, y creo que está bien, ha sido muy reciente. Y Mason, no he sabido nada, pensaba ir en estos días a preguntar cuándo es el juicio, pero no estoy seguro de querer verlo aunque sea detrás de las rejas.

—Lo entiendo... ¿Qué sientes por él?

—Podría decir muchas cosas, rabia, coraje, frustración... Pero es mucho más profundo que eso, es algo que me quema, una furia... No lo sé, es algo que también me confunde pero que no quiero sentir. Liam dice que va a ser lo más difícil de sanar.

—Creo lo mismo, es que no es fácil...

No pudo seguir hablando porque en ese momento se dieron cuenta de que April se había metido a la boca un poco de tierra y pasto.

—¡Hay que correr al hospital! —gritó Harry, angustiado.

—Calma, está bien.

—¿Cómo va a estar bien? ¡Vamos!

Se puso de pie y tomó a su bebé. Prácticamente salió corriendo con Louis detrás riendo tiernamente.

—Harry, espérame. Mira, hagamos algo, déjame marcarle a la pediatra y preguntémosle, ¿sí?

—Pero rápido...

La pediatra logró tranquilizarlo, sólo recomendó lavarle bien las manitos y la boca, y estar atentos a cualquier síntoma extraño.

—¿Ves? Hay cosas que parecen graves pero no lo son, vamos a ir aprendiendo juntos...

Y el corazón de Harry se llenó de calor.

Esa semana pasó muy lenta para Louis y muy rápida para Harry. El alfa había estado con muchas pesadillas y estaba teniendo terapia con Liam casi todos los días porque necesitaba contención. En sus sueños, le gritaba y le pegaba a Louis y a su hija, para luego desvanecerse todo y el que aparecía era siempre su padre golpeándolo a él. Seguía teniendo miedo, por lo que decidió ir a averiguar por la situación de Mason y cerrar de alguna manera esa etapa tan dolorosa que duró, casi toda su vida. Era claro que el daño era profundo y difícil de sanar, pero tenía a los mejores alicientes para salir adelante.

Esa noche de viernes, Harry se había esmerado. Le costó mucho decidir qué hacer porque la mayoría de las recetas que revisó, se acompañaban de vino y Louis no podía beber alcohol por estar amamantando a April. Como hacía calor, se decidió por una ensalada fresca de pasta fría con queso, pollo, nueces, manzana, choclo, tomate y palta. Preparó un sencillo aderezo de yogurt con pepinos y una bebida de mango con champagne sin alcohol.

El departamento estaba impecable, había hecho algunos arreglos como tener una linda y gran foto de April en el living; también compró una cama más grande, por si algún día Louis quería quedarse a dormir con la bebé. Esperaba nervioso esta cita, lo había anhelado hace mucho y Liam pensaba que estaba preparado para volver a intentarlo, sin dejar de lado la terapia y profundizando en la confianza con Louis.

Cuando llegó el omega, viéndose todo hermoso, pensó que no merecía a ese hombre en su puerta, porque Louis era la perfección.

—Hola, te ves increíble, —saludó Harry.

—Tú también, —sonrió. —¿Puedo pasar?

—Sí, claro, perdón, —dijo riéndose. —Es que me pusiste nervioso. Pasa y siéntate, ¿quieres cenar ya?

—Sí, tengo mucha hambre. Se me pasó la hora entre jugar con April y después conversando con Zayn porque tenemos mucho trabajo estos días... —Casi al instante sintió el aroma a clavo de olor de Harry, gritando de celos.

—¿En serio fue por trabajo?

—Sí, aunque también por chisme. ¿Puedes creer que ya es novio de Zayn? Se conocieron hace una semana y ya hablaron de vivir juntos, ¿no te parece escandaloso? —Preguntó divertido, al ver la cara de Harry desplomarse de vergüenza por su posesividad.

—Lo siento, —dijo riéndose de él mismo. —Me parece maravilloso que estén tan seguros de lo que son y de lo que sienten para atreverse a estar juntos.

—Eso es verdad. Una semana y no la han tenido fácil. Por lo menos de parte de la familia de Liam... Lo han ofendido y desterrado por hacer todo de manera apresurada.

—Qué triste, nadie debería tener que dar explicaciones por sus elecciones, más cuando son cosas que ni siquiera puedes evitar.

No tuvo contestación, porque Louis estaba comiendo, y parecía un hermoso hámster con sus mejillas repletas de comida. Miró a Harry y llevó sus manos a su boca, intentando no sonrojarse.

Unos segundos después, puedo hablar.

—Lo siento, pero esta ensalada está maravillosa... Y el aderezo, delicioso... —dijo bebiendo el champagne de mango. —Dios, y esto, te pasaste; ahora dime cómo pasaste de quemar un pan a esto.

—Tuve que quemar muchos panes, aprender a usar la sal, para qué te digo algo más elaborado. Sigo aprendiendo, me gusta mucho cocinar y no lo sabía.

—Lo haces muy bien, ¿tienes una especialidad?

—No, me encantaría aprender a preparar cosas como paellas o risottos, pero aún no me atrevo. Es mucho trabajo y no quisiera perderlo.

—Sé hacer risotto, puedo enseñarte cuando quieras, —dijo coquetamente, cambiando de inmediato el ambiente.

—Me encantaría que lo hicieras, quiero aprender a hacer muchas contigo...

Louis tragó con dificultad. Le estaba costando mucho no acercarse a Harry.

—Harry, yo...

—No, no digas nada, —pidió levantándose y recogiendo los platos muy nervioso. —¿Quieres café?

—No... Gracias...

Harry supo que había reaccionado mal, y dejó todo lo que estaba haciendo. Tomó de la mano a Louis y lo llevó hasta el sofá, desde donde se podía apreciar la hermosa foto de April sonriendo y con sus ojitos cerrados.

—No había visto esa foto... —dijo Louis conmovido.

—La tomé hace unos días, es demasiado linda.

—Sí, lo es.

—Louis, yo... Estoy nervioso, nunca pensé estar en esta situación, pero quiero que sepas que...

Y no pudo continuar, porque el omega se había lanzado a su boca, devorándola por completo. De inmediato reaccionó tomándolo por la cintura e impulsándolo hasta sentarlo en sus piernas. El beso parecía no terminar, solo empezaba una y otra vez, sin fin ni descanso, sin más intensión que volver a sentir al otro, de recuperar el sabor perdido de sus labios, la calidez de sus lenguas tocándose, la fuerza de sus dientes al morderse. Eran una pareja de besos, de muchos besos, de esas que odiaban los besos cortos, los besos sin caricias, los besos que se volvían fríos y vacíos con el tiempo. En su tiempo juntos, siempre pusieron su vida en esas demostraciones de su amor.

Cuando pudieron separarse, Louis se refugió en el cuello de Harry, donde su olor a té chai explotaba con las notas de canela y cardamomo, haciendo el momento mucho más erótico.

—Lo siento, no podía soportar más sin ti, —dijo el omega.

—No te disculpes, —pidió Harry, enloqueciendo con el aroma de almendras tostadas con ligero chocolate, tan propio de la excitación de Louis. —Soy yo quien debe disculparse, por haber puesto en riesgo lo nuestro, por haberte tratado mal, por no haber sido un buen padre para April, por actuar como un estúpido, por no valorarlos... Te voy a pedir perdón cada día de mi vida, porque mi actuar no tiene justificación. Y por eso estoy nervioso, porque no sé si puedes olvidar todo lo que hice, y darme una oportunidad para demostrarles que puedo hacerlo mejor, que estoy poniendo todo de mí para estar a la altura de su amor. Pero Louis, por favor hazlo, prometo no defraudarte...

—Te daría una y mil oportunidades... Pero eso no significa que vaya a olvidar lo que pasó, porque ha sido muy doloroso... —Pasó su nariz en el cuello del alfa, con más intensidad. —Vamos a empezar de nuevo porque merecemos ser felices juntos, porque nos amamos y porque tenemos una pequeña familia hermosa.

Volvieron a besarse, pero ahora se sentía diferente porque sabían que habían vuelto a estar juntos, porque estaban dando nuevos pasos, porque ahora eran los mismos pero diferentes al mismo tiempo. Las manos de Louis pasaban desde el pelo de Harry hasta su pecho, en un lento vaivén que desentonaba con la intensidad de sus bocas hambrientas. Las manos de Harry recorriendo la cintura y las caderas de Louis, apretando y marcando desde el primer segundo su territorio.

—Mío, —dijo Harry, levantándose y llevándose consigo a Louis hacia la habitación.

—Mío, —respondió Louis, envolviéndolo con sus piernas.

La cama los recibió ansiosa.

Se echaban de menos, mucho, con cada poro de su piel, con cada fibra de sus cuerpos urgidos de volver a sentirse. Pero sin decirlo, los dos buscaban lo mismo, querían reencontrarse pero dejando de lado un poco su lado más salvaje, necesitaban calor, ternura, suavidad, cobijo y contención.

Los besos jamás se detuvieron, por el contrario, solo aumentaban y con ellos la prisa por desnudarse, por volver a enfrentarse cuerpo a cuerpo, por volver a amalgamarse y fundirse en el otro. Harry palpaba todo el cuerpo del omega con profundo cariño, reconociendo cada lugar y también cada gemido que salía de la boca de Louis, en medio de sus besos. Y Louis no se quedaba atrás cuando de tocar a Harry se trataba, provocándole un inmenso placer al sentirse tan deseado.

—Estoy listo... —murmuró Louis, con sus piernas empapadas en aromático y resbaloso lubricante.

—Lo sé amor... Pero quiero disfrutarte un poco más...

—No me hagas esto, ¿por favor? —susurró, levantando sus caderas para tener más contacto.

Su respuesta llegó en forma de un lento y agónico movimiento, uno exacto y preciso que lo hizo gemir al sentirse lleno por completo.

—¿Mejor? —Preguntó Harry con toda delicadeza, comenzando a moverse.

—Mmmm...

Louis solo podía doblar su espalda al sentir tanto placer, provocando sin quererlo, más roce y un toque extra de rudeza en sus labios.

—Quiero que me marques...

—¿De... verdad...?

—S... sí... por... favor...

Mientras más rápido entraba Harry, más apretaba sus piernas Louis alrededor de su cintura, más y más besos aparecieron y sus aromas completamente fusionados, emborrachándolos de satisfacción.

Los movimientos erráticos, las respiraciones agitadas y el leve sudor en sus frentes les avisó que el final estaba cerca. Hicieron más intensos sus besos, más fuertes sus caricias y más altos sus gemidos, llevándolos a un maravilloso clímax, que se vio acentuado cuando el nudo apareció grueso, hinchado y palpitante.

Louis con un poco de dificultad mordió el cuello de Harry, hasta que logró enterrar sus pequeños dientes en la pálida piel y lograr sentir el delicioso sabor de la sangre de su alfa. Una nueva descarga de semen cubrió el interior de Louis, quemándolo y haciéndolo sentir maravillosamente bien.

—Márcame alfa... márcame...

Y Harry no podía más de felicidad. Había esperado tanto por ese momento, tanto que le dolía el pecho. Y entendió que los tiempos son precisos y exactos, porque era el momento correcto para hacerlo, que no existiría jamás una oportunidad tan maravillosa como la que se presentaba frente a él.

Se lanzó y devoró el cuello de Louis, haciéndolo gritar de dolor y placer al mismo tiempo. Pasó su lengua con todo su amor para curar la herida y de pronto, él y Louis solo estaban en silencio, abrazados, unidos aún, mientras cristalinas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

Eran de felicidad, pura y real.

Era la confirmación de una nueva vida juntos, en el mejor momento de sus vidas.


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