Yuuji Itadori
Te mirabas al espejo mientras cepillabas tu cabello y te perfumabas. Habías elegido un atuendo que sabías que sería del gusto del peli rosado. Al terminar el maquillaje sonreías con mariposas en el estómago, pues ibas a verlo en unos pocos minutos.
Había sido un agradable día de verano en Osaka y el celular sonó cuando estabas lista para salir.
—Hola, amiga. —respondiste con amabilidad. Se trataba de Nobara.
—¡Amiga! ¿Ya te vas a reunir con Yuuji? —preguntó ella desde el otro lado, entusiasmada.
—Sí, ya estoy lista. —dijiste, sonriendo ampliamente, ruborizada.
—¿Estás nerviosa?
—Claro que sí. Sabes que me encanta Yuuji y pienso que él se dio cuenta de mi comportamiento estos días.
—Es muy posible, se conocen bien.
—Es que esa chica, ¡Ah! No quiero acordarme, me pone de mal humor… —reclamaste, tomando el bolso para guardar tus cosas.
—Relájate, ahora estarán solos. —dijo Nobara, con un tono pícaro y divertido. Volviste a sonreír.
—Tengo que irme o llegaré tarde.
—Espero tu mensaje en la noche. ¡Que te vaya bien, amiga!
—¡Gracias! —exclamaste agradada y cortaste la llamada guardando tu celular en el bolso.
Yuuji te había invitado ese atardecer de domingo al cine y realmente, no sabías qué esperar. Estuviste todos esos días de trabajo en el bar con muy mal humor, discutiéndole cualquier cosa o evitando tener que tratar con él. La chica nueva que había entrado a trabajar estaba siendo amistosa con Yuuji y eso te había puesto muy celosa. La diferencia era que se había mantenido más bien alejado de ti, pero no te había quitado ni el saludo ni la sonrisa. Suponías que él se percataba de tu molestia por alguna razón, eras su amiga y lo más probable era que tocaría el tema en cuanto tuviera una oportunidad.
Tomaste el autobús afuera de tu casa. Observaste el camino pensando en Yuuji. Hace un año que lo conociste trabajando en el bar y fueron grandes amigos desde el principio. Tú eras mesera y él era barman, se portó muy bien contigo y te enseñó varios datos útiles con respecto al trabajo. Desde ahí, no dejaron de hablarse y menos de andar juntos a casi todos lados.
Sin embargo, últimamente tus sentimientos y pensamientos sobre él habían tomado otro curso. Te percataste del hermoso hombre que era Yuuji, tanto en su físico como en su personalidad y comenzabas a sentir una fuerte atracción.
Tenías claro que ambos estaban solteros, que se llevaban demasiado bien y que tenían mucho en común, por lo que te hallabas deseando ser más que su amiga. Ya varias noches habías imaginado cómo sería ser su novia, pero en ese instante, estabas hecha un montón de confusión. No sabías si era correcto lo que sucedía, tampoco si había una posibilidad de que Yuuji sintiera lo mismo, de manera que la incertidumbre te invadía.
Bajaste del autobús, suspiraste y apresuraste el paso a la entrada del cine, reparando en que Yuuji ya estaba allí. Se veía muy guapo y sonreíste un poco sonrojada y ansiosa, tu corazón se aceleró de manera casi automática. Vestía una remera roja y jeans celestes junto a unos tenis blancos. Su cabello rosa estaba perfectamente despeinado como siempre y no demoró en clavar su cariñosa agradable mirada chocolate. Sonrió ampliamente y se aproximó.
—Hola. —le dijiste y besaste su mejilla a lo que Yuuji se sonrojó.
—Hola, T/N. Te ves muy linda. —dijo y te sonrojaste todavía más.
—Gracias. ¿Y qué película vamos a ver? —preguntaste, dirigiendo la mirada hacia la cartelera.
—Una de terror. —determinó, divertido.
—Me niego, sabes que no veo esas cosas… —reclamaste mirándolo molesta. Se rio un poco, a lo que agregaste—: ¿Puedes hacer un esfuerzo por mí y ver una de acción esta vez?
—Bueno, está bien. —dijo él, te miró y sonrieron juntos.
Hicieron la fila. Compraron los boletos, cabritas y refrescos mientras conversaban. Por un momento, se te hizo raro estar hablando normalmente con el peli rosado luego de que lo detestaste los últimos días en el bar. Más raro aún te parecía que Yuuji no te hubiera preguntado si te ocurría algo, pues él siempre se daba cuenta de ese tipo de cosas. Pasaste todo eso por alto y decidiste aprovechar para estar a su lado.
Un par de horas después, salieron de la sala comentando la película riendo sobre cualquier tontería. Ya era de noche, viste la hora en tu celular y pensaste que debías irte. No obstante, querías estar un momento más con Yuuji y tal pareció que él había leído tu mente.
—¿Tienes que irte? —te preguntó cuándo guardaste tu celular en tu bolso. Sus miradas se encontraron y sonrieron.
—No, ¿Por qué?
—Porque pensé que podríamos ir a mi apartamento y pedir una pizza. Megumi salió con sus compañeros de la universidad, estaremos solos. —explicó él. Tu corazón dio un brinco. La incertidumbre que sentías se hizo aún más grande, pero te creíste dispuesta a averiguar lo que podía pasar.
—Vamos, entonces —dijiste y notaste un leve color rosa en sus mejillas.
Anduvieron una estación en tren y caminaron por unos momentos más hacia el apartamento que compartían Yuuji y su amigo Megumi.
No era la primera vez que ibas, por lo que al llegar, actuaste como si estuvieras en casa. Te sentaste en el sillón de la sala de estar y encendiste la televisión en busca de algo divertido. Yuuji se sentó a tu lado e hizo el pedido a domicilio.
Una vez llegó la pizza, se quedaron en el sillón, comiendo acompañados de un refresco y de lo que había en la televisión. Suspiraste luego de comer, estabas segura de que no iba a pasar nada inusual, hasta que Yuuji tocó el tema:
—¿Ya no estás enojada conmigo? —preguntó repentinamente, con su voz varonil en un tono cariñoso. Lo miraste, encontrándote con su mirada chocolate y una pequeña sonrisa. Sentiste tus mejillas arder, pasaste saliva. Te invadieron los nervios ante su pregunta.
—No estoy enojada contigo… —respondiste y él hizo un gesto de confusión.
—¿Entonces qué sucede? Estos días en el bar te dedicaste a discutir conmigo y me eludiste varias veces. Te veías muy molesta, por eso preferí hacerme un poco a un lado. Asumí que el problema era conmigo. —explicó y te quedaste callada por un par de segundos, no sabías si era apropiado decir la verdad. Los ojos de Yuuji se llenaron de preocupación y preguntó—: ¿Te pasa alguna otra cosa que no quieres decirme?
Suspiraste hondo y determinaste dar con las palabras para acabar con todo. No ibas a aguantar si continuabas callada, no podías ver a esa chica tan cerca de Yuuji una vez más. Tenías que arriesgarte seriamente si tanto querías intentar ser su novia.
—Discúlpame si arruino todo al decirte esto… —comenzaste a hablar con tus ojos brillando, Yuuji te miraba expectante y agregaste—: Pero es por la mesera nueva que entró a trabajar al bar. Estoy celosa porque has hecho amistad con ella.
Fuiste muy sincera, pero ya no había vuelta atrás. Miraste al suelo avergonzada y más sonrojada que antes. Yuuji permaneció en silencio un momento, pero luego lo escuchaste hablar en voz baja.
—T/N, esa chica y yo solo somos amigos. Ella tiene novio. —dijo él con un tono cariñoso y subiste tu mirada hacia él, sorprendida. El peli rosado estaba tan sonrojado como tú y continuó—: Además, la chica que me gusta está aquí conmigo.
Yuuji sonrió seductor y acarició tu rostro, mientras tú no dabas crédito a lo que habías escuchado. Las mariposas en tu estómago revoloteaban y sonreíste coqueta.
—¿Lo dices de verdad? —preguntaste y él se acercó a ti, tomándote de la cintura con su otra mano. Yuuji sólo asintió y llevaste una mano a su suave cabello. Esperabas que él fuera claro contigo y agregaste—: Tú también me gustas, pero nosotros somos amigos. ¿Esto significa que…?
—Significa que me gustaría que fuéramos mucho más que amigos. —dijo con voz sensual, te estremeciste.
—Créeme que deseo lo mismo. —le dijiste, segura de lo que sentías. Te parecía tanto increíble como hermoso el saber que Yuuji se sentía igual con respecto a ti.
—¿Me dejas besarte y luego hacerte mía? —dijo con voz sensual, aproximando su rostro al tuyo, quedando a un centímetro de tu boca. Sentiste un escalofrío en todo tu cuerpo y un cosquilleo en tu entrepierna.
—Hazme el amor las veces que quieras, Yuuji Itadori. —dijiste de manera sexy y sus sonrisas crecieron, antes de besarse suave y dulcemente.
Hizo que te aproximaras tomándote por la cintura, pusiste tus manos en su rostro. Juntaron sus lenguas de una manera tan sensual, que en cosa de segundos el calor subió en los cuerpos de ambos.
Sus respiraciones se volvieron entrecortadas. Yuuji bajó con besos hacia tu cuello. Sentiste su lengua y cerraste tus ojos, él te mordió y gemiste suave.
—Discúlpame, te mordí fuerte. —dijo, volviendo a aproximarse a tu boca.
—No, se siente bien. —le respondiste y te besó de nuevo, poniendo sus manos sobre tus senos y suspirando en tu boca. Tocaste su gran masculinidad con cuidado, se soltaron y se miraron con deseo.
—Me encantas, T/N. —murmuró él, poniendo una de sus manos en tu trasero.
—Y tú me encantas a mí. —dijiste y bajaste tu mirada para desabrochar su jeans y tener acceso a su miembro.
—¿Qué harás? —preguntó Yuuji, con su rostro lleno de malicia y sonreíste.
—Ponte de pie. —ordenaste y él chico del cabello rosa obedeció de inmediato, poniéndose en frente tuyo.
Aún estabas sentada, lo que te permitía tener la entrepierna de Yuuji en tu cara. Le bajaste el jeans y el bóxer para descubrir eso que tanto querías. Estabas decidida a colmarlo de placer y sin pensarlo más, te aventuraste a su palpitante masculinidad.
Pronto los suaves gemidos de Yuuji llegaron a tus oídos, lo que causó que la humedad en tu entrepierna incrementara. Lo miraste desde abajo con aires coquetos y él te devolvió una mirada de lujuria, mientras que acariciaba tu cabello y rostro.
—T/N, me estás volviendo loco. —susurró entre jadeos.
Era primera vez en tu vida que te pasaba algo así, eso de sentirte enormemente atraída a tu amigo y compañero de trabajo y que además, fuera recíproco. Te encontrabas impresionada, pero más que nada, en ese preciso instante, feliz porque estabas por experimentar todas esas cosas ardientes que te habías imaginado con él.
Volvieron a besarse y se quitaron toda la ropa, lo que te dio la tentadora visión del cuerpo atlético y varonil de Yuuji. Entonces, te levantó entre sus fuertes brazos y tú lo rodeaste con tus piernas.
—Te llevaré a mi cama, preciosa. —dijo con voz seductora y mantuvieron la mirada fija el uno en el otro, a la vez que caminaba hacia su habitación.
En cuanto Yuuji te puso con cuidado sobre su cama, ambos se vieron envueltos por una vorágine de lujuria y pasión. Jugaron un momento entre besos, mordidas, caricias y luego se unieron en éxtasis. Él comenzó a moverse sobre ti lentamente, al tiempo que tocaba tus senos y los dos ahogaban sus gemidos en un apasionado beso.
Se soltaron un momento y los ojos color chocolate de Yuuji estaban cargados de placer. Sonrieron juntos y él arremetió más fuerte. Gimieron a la vez que se miraban fijos a los ojos, jamás un chico te había hecho sentir esas cosas al momento de hacer el amor y eso estaba volviéndote loca. Dar el primer paso había sido la mejor idea para llegar a pertenecerle a Yuuji. Ahora tú eras su dueña, tal como habías pensado en tantas ocasiones.
Volvieron a besarse y el peli rosado incrementó la velocidad de su vaivén, llevándote camino a la cima de tu placer.
—Yuuji, cariño. —susurraste entre jadeos, mientras bajaba con su lengua hacia tu cuello, mordiéndolo suave.
—Amor, hermosa. —murmuró él y arqueaste la espalda pues esa sensación te hizo vibrar completamente. Gemiste fuerte y el apuesto chico te dio un beso lleno de amor. Se abrazaron, Yuuji te acarició el cabello y él se quitó de encima.
Le sonreíste ardiente y le diste la espalda en un movimiento coqueto, lo viste de reojo aproximarse con el fin de hacerte sentir su miembro aún erguido en tu trasero. Suspiraste y Yuuji quitó tu cabello del cuello con el fin de besarlo, lamerlo y morderlo desde atrás. Entonces acercó su boca a tu oído, llevó una mano a tus senos y percibiste su respiración entrecortada. Esa noche iba a ser de deseo, lujuria y amor.
Su amistad había sido sincera al principio, claro que sí. No obstante, el destino había determinado otra cosa y entre los dos se había dado una gran atracción. No sabías qué iba a resultar de todo ese placer, pero no querías pensar en eso por el momento. Lo que deseabas era disfrutar y dejarte llevar por el deleite que significaba Yuuji.
Él te empujó desde atrás con cuidado, haciendo que quedaras inclinada, con tus nalgas hacia arriba. Pasó sus dedos mojados por tu entrepierna y luego se encontró nuevamente dentro de ti.
Se movió despacio al principio, jugando con tus senos y gimiendo casi al unísono contigo. Un momento después, tenerte de esa manera pareció que lo estaba enloqueciendo y Yuuji aceleró sus embestidas. Sus caderas chocaron fuerte contra tus nalgas y jadearon con mayor intensidad.
—Ahora soy tuyo, T/N. —murmuró al tiempo que suspiraba y cerraste tus ojos. Yuuji gimió más fuerte. Pudiste percibir la gran explosión de placer que sintió. Él te abrazó por la cintura, apoyó su rostro en tu hombro y estuvieron así un instante más. Volteaste con una sonrisa coqueta y las mejillas tan ruborizadas como las del chico de ojos color chocolate. Te sonrió y se dieron un suave y dulce beso.
—¿Me puedo quedar esta noche contigo? —preguntaste, en voz baja.
—Claro que sí, tenemos todo el apartamento para nosotros. Megumi ha dicho que llegará mañana al mediodía. —respondió Yuuji, con aires de conquista y sus sonrisas se acentuaron.
—¿Te quedan malvaviscos de los que me diste la última vez? —dijiste y él rió un poco.
—De esos con relleno de manzana, sí tengo.
—¿Podrías traer mi bolso?
Yuuji te guiñó, se levantó y admiraste su gran físico otra vez. Salió desnudo de la habitación y al cabo de unos minutos, volvió con tu bolso y los malvaviscos rellenos.
Tomaste tu teléfono, lo desbloqueaste para encontrarte con un mensaje de tu hermana mayor.
“¿Ya vienes en camino? Te estoy esperando, ¿aun estas con Yuuji?”
Compartías apartamento con ella y sabía que ibas a ir al cine con tu amigo, pero reíste traviesa, le escribiste:
“Estaré toda la noche con Yuuji. No me esperes, te llamo mañana cuando despierte”.
~~~
El sonido del agua corriendo en la ducha te despertó, junto con la luz del día en la habitación de Yuuji. Viste la hora en tu celular, daban cerca de las 10 de la mañana. Sonreíste ampliamente. Estabas muy feliz, pues habías amanecido con el chico que te quitaba el sueño.
Ya en pie te pusiste la remera roja que Yuuji usó el día anterior para dirigirte al baño y tocar.
—Cariño, adelante. —dijo el peli rosado desde dentro. Tu mirada se volvió juguetona, pues te hacías una idea de lo que estabas por ver y agregó con voz incitadora—: Ven, entra a la ducha conmigo.
Te aproximaste y corriste la cortina de la ducha, descubriendo a Yuuji desnudo y con el agua cayendo sobre su piel. Sonrió, tú te sonrojaste.
—Buenos días, amorcito. —dijiste, ya excitada por verlo así.
—Buenos días. No te quedes ahí.
Te quitaste la remera y entraste a la ducha. Se besaron apasionadamente bajo el agua tibia, entrelazaste tus dedos en su cabello y agarró firme del trasero. Jadeaste suavemente y Yuuji mordió tu labio inferior.
—¿Me haces el favor de jabonarme? —le preguntaste, estabas tan mojada como él.
—¿Estás segura de eso? —preguntó Yuuji y te miró sonriendo de medio lado con malicia.
—Muy segura. —dijiste sensual y tocaste su virilidad, que ya estaba lista para la acción. El atractivo chico gimió excitado y acentuando su sonrisa, siguió tus órdenes.
Pronto pudiste sentir las manos de Yuuji recorriendo toda tu piel suavemente con el jabón. Él te miraba jadear despacio con una leve sonrisa lujuriosa, pues se tomaba su tiempo para jugar con cada uno de los lugares de tu cuerpo que te encendían.
Yuuji te besó con pasión y sin que se dieran cuenta, ya estaban inmersos en un momento de deseo sin frenos. En la ducha se escuchaban los gemidos de ambos en compañía con el sonido del agua cayendo y la entrepierna de Yuuji chocando contra tu trasero. Esta vez, las arremetidas del peli rosado pasaron de intensas a suaves, acorralándote y jalándote el cabello con delicadeza. Luego de un momento así, acercó su boca a tu oído y percibiste su respiración tan agitada como la tuya.
—¿Nena, puedo ser tu novio? —te preguntó con su varonil voz, en un tono bajo que te puso la piel de gallina. Volteaste un poco hacia donde se encontraba con una sonrisa lujuriosa entre jadeos.
—Claro que sí, mi amor. —respondiste y te tomó del rostro cuidadosamente para besarte con pasión.
Se alejó un poco de ti y arqueaste la espalda pues el peli rosado aumentó la fuerza de sus arremetidas. Los gemidos fueron más altos y ambos se dieron cuenta que el clímax estaba por venir. Le miraste de reojo, él te dio una fuerte nalgada y explotaron de placer y deseo.
Volteaste con una sonrisa y Yuuji te envolvió en un abrazo por la cintura, se besaron suavemente y entrelazaste tus dedos en su cabello.
Se soltaron para mirarse de cerca y viste los ojos color chocolate del que ahora era tu novio, llenos de amor y pasión por ti. Ya estaban juntos, sus vidas estaban completas y desde allí, solo quedaba ir hacia adelante.