UNA BRUJA PARA UNA DIABLA: PARTE I
Martes, 2 de Mayo del 2023.
Ram Khamhaeng Adventist Internacional School.
Bangkok, Tailandia.
El sol de la mañana iluminaba levemente sobre la hermosa ciudad cubriéndola de la extensión de esta de punta a punta dando su brillo para guiar a la raza humana en este nuevo día, la brisa corria en su camino alborotando las faldas y vestiduras de las jóvenes que se afanaban por entrar a la hora correcta, nada era tranquilo para estas fechas y dado que todo era mil veces más difícil con el movimiento continuo de las masas. Todos se chocaban con todos, algún grupito por allá riéndose, y más al costado izquierdo estaba la chica que se le habían pegado las sábanas , cosa que cualquiera pudiera deducir debido a su mal puesto uniforme. La pobre hincada de rodillas para tomar todos los papeles que segundos antes había tenido entre sus manos.
Al lado contrario estaba un grupo mixto de chicas y chicos, justo donde comenzó el cuchicheo y los chismes que pronto serían un boom, dentro y fuera de las instalaciones de la secundaria. Todos estaban en lo suyo pero el peso de los acontecimientos que ocurrían justo enfrente de la entrada de la escuela, era algo totalmente a típico. Todo aquí parecería una escena común para cualquiera que lo mirase ,pero no para quienes habían presenciado la lucha a muerte de las dos chicas que ahora estaban bien acarameladas.
De una manera casi caricaturesca, todos llevaban un gran signo de interrogación pintada en la frente.
«¿Que les pasa? »«¿Acaso no se odiaban? »«¿Que es eso?... Eww»
«¿Se volvieron locas? » « Hipócritas, hicieron un teatro » « Asqueroso, ¿Nadie las va a separar? »
« ¿Esto es una broma?» « ¿Porque son así? ¿Están mal de la cabeza o algo así?»
« hilarante, muy hilarante » « wooah... Ellas no, ewww... »
« Oww , que lindas, el amor pudo más »
« las que se aman se odian... ¿O era al revés?» « Tsk, que desastre... Ugh »
« ¿Están enfermas? Empalagosas... Ghk..» « ¿y a estás que mosca les pico?» « Espera que... ¡Miren eso! » « ¿Me estoy volviendo loca o esas dos están....en algo?. »
« Oh, dios mío santo, por favor padre perdonarlas. Que no saben lo que hacen ten piedad por sus almas. ». « ¡no ! ¡Míralas, míralas! ¡Wooah! »
« Se van a comer, Aishh... Me darán una úlcera » « ¿Acaso no me he levantado de la cama? Pellizcame , Ongsa» « ¿que es esto? ¡El infierno se acaba de congelar! »
« ¡Viste , te lo dije! ¡TE LO DIJE! ¡ERA OBVIO! ¡¿VES ?! » « Oh, cállate ¿Quieres? Me das dolor de cabeza? »
Estos eran la mayoría de los susurros que venían de todos lados como olas una encaramandose uno encima del otro arremetiendo contra la orilla mostrando su incertidumbre y curiosidad pura y endeble.
« Ah, que, ellas..... Dios... Tsk, necesito ésto, rápido rápido rápido » susurró la chica ya con los papeles en sus manos y se levantó y se sacudió la tierra de sus rodillas quitando las pocas piedritas que se habían clavado en la parte de sus rodillas protegidas por la tela de su medias altas.
Una de las hojas que tenía en sus manos se removieron cuando un ventarron pasó sobre ella y agitó las maleza de las pocas áreas verdes que tenía el frente del instituto, ella se tapó con viendo como una rama se aproximaba hacia ella. La chica dejó ir una de las hojas con letra de imprenta, y está voló dando vueltas por el aire hasta llegar a posarse sobre la banqueta a escasos centímetros de la pareja, que estaba acurrucada dándose mimos siendo el centro de atención para todos. Sin preocuparse lo que los demás pensando de ellas en este sorpresivo giro de circunstancias.
La chica de los papeles bufó por lo bajo y sacándose las hojas de los árboles que se toparon con su cabello , echó otro largo resoplido hasta que miró hacia dónde las dos chicas estaban y siguió el movimiento de la hoja de papel, amenazando que pronto se iría volando por donde la llevase el viento. Así que la chica con pasos silenciosos fue acercándose a hacia la banqueta y con cuidado se aseguró de no interrumpir el momento de las dos chicas, presionando sus labios entre sí, tomó un largo respiro y se dió confianza a si misma para seguir. Y lo logró dando con la dichosa hoja que necesitaba entregar para su beca y demás papeleo de registros y más.
Pero mientras estaba agachada, con la hoja en mano, no pudo no sentir más curiosidad sobre la interacción y conversación entre las dos chicas.
La pelirosa sonrió en grande fijando sus ojos marrones en el rostro delicado de su novia, esta última la tenía abrazada por la cintura y la miraba con tal devoción sesgada de brillo. Una cáscara, un verdadero ejemplo para lo que era ilegítimo. Un timo.
— ¿Segura que estarás bien allá dentro? ¿Sola? ¿Y sin mí? — habló la chicha del flequillo con un tono realmente dulce y meloso, sus ojos solo la miraban a ella. Cómo si fuese lo único que existiese en el mundo. Y Dios.... Esa sonrisa bobalicona que tenía tatuada en los labios simplemente había todo más surreal — ¿Que pasaría si te extraño? ¿Que haría yo cuando me haces falta?.
La más baja río por lo bajo, haciendo que la tailandesa solo hiciera un puchero en respuesta. Estaba siendo tan linda que Jennie hasta volvía a sentir las estúpidas mariposas que sintió cuando vió por primera vez a esta largirucha y escuálida chica hace un oar de años atrás.
Lisa la apretó mas contra su abdomen no queriendo que ella se despegase de su cuerpo por ningún motivo.
— No me estoy yendo a la guerra y ni mucho menos a un país extraño desprovisto de tecnología o algo así. — expuso la chica de ojos felinos ,levantando la mano para acariciar la mejilla de su novia. Su pulgar acariciando la forma de su labio más gordito y abultado — Lalisa, estaremos a pocos metros.
« ¿Tendrá algún efecto colateral ? Va, que importa... Ahora eres mía , perra » decía la voz interna de Jennie, burlándose en su cabeza de la pobre chica que hoy estaba comiendo de su mano. Gozando lo bien que se sentía tener el poder sobre ella.
— Cariño, estamos literalmente a unos pasos de distancia, sé que podrás sobrevivir a eso, estoy segura. — sus ojos viajaron por si solos a los labios hinchados de su novia, siendo cruelmente tentada a besarla por otro largo rato más. — sabes que estás estás rompiendo con la imagen de... Chica ruda — gruñó eso último para remarcarlo — viéndote a así....
La chica del flequillo negó con la cabeza, tomando de poca importancia lo que su chica había dicho.
— Me importa una mierda, que se joda el mundo... Yo solo quiero tener a mi novia a mi lado siempre ¡¿Es acaso eso mucho pedir?! — se exaltó un poco, algunos cuántos se vieron alzando sus cejas pero se mantuvieron cuchicheando "disimuladamente"— Ni siquiera te has despedido y ya te extraño...
Volví a ser su papel de niña afligida con ese puchero que a Jennie le encantaba tanto que estaba a un paso de inclinarse para chuparlo y darle un mordisco hasta sacarle sangre, sentir el sabor metálico mientras que ella gemía de dolor y deseo contra su boca. Ella se lamió su propio labio inferior conteniendose un poquito más.
— Ay, amor que dulce eres... — tarareó la coreana forzando una pequeña sonrisa en sus labios.
« y agobiante también, carajo » pensó Jennie.
— ¿Y que quieres que haga con eso? — murmuró acercando su rostro hasta el de ella, haciendo que su narices se tocaran y un segundo después se rozaran. — tenemos que entrar dentro de poco, dime antes que no tengamos tiempo.
El aliento de la más baja , hizo temblar a la tailandesa, y se sintió orgullosa por tal efecto que le dió un tierno beso en la punta de su nariz, volviendo a los roces , le gustaba sentir su olor tan cerca.
— Mm, dame un besito, Shi... — hasta ahí se rompió todo un poquito más, las grietas del hechizo quebraban a un más el débil cuerpo de la tailandesa. Ilusa, ella no sabía que lo que se avecinaba.
Pero es como dicen ¿no?.... Caras vemos, intenciones no sabemos. ¿Y corazones? Mucho menos...
La chica que estuvo mirando todo en silencio casi suelta un suspiro que claramente no podía contener sino fuera porque su mano voló a su boca tan rápido como un rayo, hubiera alertado a la pareja de su presencia no invocada y en este momento no estuvieran devorándose los labios la bajita a la Lisa y viceversa. No había línea que trazara un límite entre y otra , hasta sus lenguas se podían apreciar en medio de sus bocas. Rápidamente todo se volvió apresurados besos y chasquidos bochornosos que solo la hicieron e tar en razón y salió de ahí ser atrapada siendo una chismosa.
Tan pronto como había llegado se fue casi que corriendo despavorida.
Los ruiditos húmedos que se salían de los labios de aquellas de dos chicas se esoarcian en tiempo y espacio dejando una escena simplemente gráfica, a todo aquel que ñas mirase, sus bocas estaban feroces por devorarse entre sí. Y los jadeos de gusto tampoco se hicieron esperar cuando se dejaron ir con el roce incesante de sus lenguas, paseando de un extremo a otro como la pelota en un juego de tenis. Una , propiamente dicha, pelea de dominio que al parecer ninguna de las dos quería acabar, aún cuando los demás estaban muy probablemente están atentos a ellas y su nube de azúcar que estaban compartiendo con el mundo entero. Ellas no les preocupó absolutamente nada cuando sus lenguas calientes y ansiosas se retorcían juntas y sin orden alguno. Y las palmas de sus manos también estaban comenzando a picarle, más que todo a la tailandesa pero no se quejó mucho cuando sin pensarlo demasiado llevó sus manos hasta las dos nalgas de su novia, y le dió un ligero apretón casi como un pequeño saludo, yendo a mas un segundo después cuando volvió a estrujar con más fuerza. Descuidada , sus dedos apretaron y sus nudillos quedaron blancos con el arrastre de la tela de su falda.
De vez en cuando Jennie le mordía los labios, y pasaba un poco de lo cuidadoso cuando le encajaba los dientes con más ahínco. A Lisa le encantaba cuando hacía eso, y cada vez que lo hacía recordaba la primera vez que ella la había mordido hasta sacarle sangre, fue excitante. Sexy, jodidamente pecaminoso. Jennie Kim era una tentación por dónde quiera la viese, y sabía que ella quería provocarla en este momento. La risa que soltó contra sus labios fue la respuesta suficiente a ello. La chica del flequillo se hizo con el poder de tenerla más cerca, echarla hacia ella una vez más queriendo fusionar sus cuerpos. Sus terminaciones nerviosas estaban encendiéndose poco a poco como focos, ella la tenía loca. Casi desquiciada, nadie en su corta y desanimada vida le había hecho sentir tal deseo y fervor. Lisa se encontraba siendo esclava de aquella chica bajita y menuda.
Lisa casi que se arrodillaba ante ella cada vez que le pasaba por delante, o incluso a veces se sentia empujada a besar la tierra que tocaba la suela de sus zapatos. A ella le había encantado todas las veces que la hacía elevarse a un nível superior, con un beso, con un roce, con una mirada o unas buenas horas horas de placer. Todo en Jennie le parecía perfecto y si alguna vez había renegado de eso pues hoy era menos que polvo. Ella estaba a la completa disposición de la pelirosa, una decisión no tan beneficiosa para ella, pero la pobre chica tenía ese lindo aire a borrego de ojos ciegos, con aroma a sacrificio. Estaba yendo voluntariamente a lo que sería su perdición.
Hipnotizada por un par de caricias, un buen toque, calor subyacente y sirviente del mismísimo infierno.
Jennie se regocijó tomando con avidez los labios de su chica, no dejándole espacio alguno, no quería despegarse de ella. La condenada la besaba también, con pasión disfrazada de amor, y admiración bordeada de anhelo y mas atrás creciente lujuria que juraba con devorar el mundo en sus llamas y se dejó llevar por las ganas, se dió su propio festín comiendo directamente de su boca, paseando sus labios por todos lados ladeando la cabeza para un mejor acceso, poniendo todo de ella para llevar su lengua hasta su garganta. Rozar con la punta su uvula, pasar por su paladar cuando la retraía y absorber todo su sabor de regreso a ella. Sintió la lengua de la tailandesa abordando su boca, como toda una intrusa, moviéndose como desquiciada. Eso la hizo gemir en su boca, Lalisa siempre se había propuesto hacerla suspirar como una estúpida. Jennie no se sentía avergonzada por eso, al contrario, la provocaba más. Le divertía, y más aún cuando se ponía caliente.
Cielos, esa chica le había dado los mejores orgasmos y con esas manos que seguían apretandola tan deliciosamente. Eran tan grandes que abarcaban todos sus glúteos perfectamente.
La pelirosa se vió mermada ante la necesidad fisiológica de sus pulmones, teniendo que parar sus besos para poder tomar un poco de oxígeno, pero mientras eso sucedía, Lisa se dedicó a darle cortos besos en sus labios, con más pequeños chasquidos y lamidas, como si fuera un dulce. Un almíbar, pecado. Impulsada por unas gigantescas ganas de hacerle añicos cada prenda de ropa que la mantenía alejada de su piel. Lisa estaba enloquecida, y solo con ese beso tuvo para darse un subidón de adrenalina que encendió su cuerpo y la calentó solo con una chispa. Su vientre era azotado por una ráfaga de cosquillas cálidas que bajaban más al sur en su entrepierna. Soltando exhalaciones pesadas y largas se mordió el labio inferior y se dejó abrumar por las formas en que Jennie mecía impudica, contra su pelvis haciendo que el roce ahi abajo fuera una locura. Ella jadeo tan precoz desgarrando su garganta en el proceso. Jennie se divirtió con eso, y lamiendo los labios de su novia, aspiró el aroma peculiar de sus bocas juntas, sintiéndose encendida también, ella filtró la punta de su lengua entre los labios de Lisa para ir a tomar su labio superior y chuparlo con una letal lentitud.
Lisa sin echarse atrás, le dió todo el paso y abrió más la boca para dejarla entrar. Ya se había olvidado hasta de dónde estaba parada, ciertamente nada de esto sería aprobado por algún rector que caminara por ahi ,y, las viera. La castaña solo se dejó hacer por su chica, estaba viendo espejismos con solo sentir sus labios pero sabía que mucho más se desataría de tan solo tener un empujoncito más que la llevara a impulsar esto un poco más allá. Ser de y para ella se había convertido en misión de vida, y no supo que carajos que tuvo que suceder para que sus percepciones se cambiarán tan radicalmente. Jennie la tenía en sus manos , y ella era felíz así.
— Mm, ah.... Jen... — jadeó la castaña al terminar ese último rico y sensual beso. Su novia sabía perfectamente las maneras de como bajar sus defensas y dejarla totalmente vulnerable y sensible en cada oportunidad que tenía — Te juró-... — su pecho subía y bajaba buscando saciar su ingesta basica de oxígeno, sus fosas nasales se ensanchaba cuando sus ojos parecían firmemente cerrados. — Te juró que podría olvidarme de esta mierda y llevarte de nuevo a casa.
Jennie sonrió en grande, echando su rostro al cielo azúl, sus labios se abrieron tanto mostrando sus dos filas de dientes blanquecinos. Amaba cuando ella se ponía en modo salvaje, aunque está fuera solo una pequeña muestra de ello. Ella busco en el aire atrapar algo de valor oara negarse, y hacer que entrase a esa jodida institución.
Bajó la barbilla centró su mirada en ella y con su mano le tomó la mejilla acariciando con su pulgar su pómulo rellenito. Festejó internamente cuando vió aquellas hermosas aleteando para ella, tan largas y preciosas como en ninguno de sus años de vida había visto antes.
— Créeme que estoy queriendo lo mismo, Honey.... Pero lo hicimos está mañana ¿Acaso no te cansas ? — pregunta ella haciendo función de papel de niña dulce e inocente. Algo totalmente trastornado y demasiado lejano a la realidad — Me dejaste molida... — declaró cuando sus dedos dibujaban líneas sobre las cejas de la castaña — eres un encanto... — sus ojos bailaban junto a los de Lisa , al son lento de las escurridizas ideas que se alojaban en su cabeza— ... y me tientas más de la cuenta, mira, toca mas abajo...
La instó Jennie, sabiendo que sus dedos estaban muy cerca de sobre pasará el límite de su falda a cuadros y pasar directo hacia debajo donde su piel ansiaba porque está chica la tocase y acariciase.
Lisa ni lenta ni perezosa, se dejó mandar e hizo círculos con sus dígitos imaginando lo que le haría si en este instante ellas estuvieran en su casa. Ella tocó la tela suave de sus bragas y sin perder más segundos valiosos escondió sus dedos debajo de la tela, pasando entre el relieve entre sus nalgas y viajando por el deseo más ardiente, la tocó directamente en su sexo, sintiéndose fuertemente noqueada por la gran viscosidad que embarraba sus pliegues. Pasó sus dedos, una, dos , tres .... Los músculos abdominales de Jennie se contrajeron contra ella , y lo sintió incluso a través de la camisa ligera de su uniforme. Tocó su clítoris, sintiéndose mil veces más encendida. Y ver la reacción de Jennie justo contra su naríz la había llevado a una galaxia desconocida. Volando en el espacio. Lisa estaba quedando en la nada de todo lo abrumada que se sentía en este momento.
Y estaban en publicó... ¡Por Dios! ¡Mas decencia , señoritas!.
Cómo un aviso , quizás de sus propios instintos, Lisa quitó sus dedos de dónde estaban casi como si algo en Jennie la quemase, con una inhalación profundo se quedó quieta solamente viendo la forma en que ella tenía sus labios formando una pequeña "o" por el inesperado cambio de aires y el golpeteo de la tela contra su sexo una vez que Lisa había estirado su braga para meter su mano. El calor de Jennie había comenzado a ser parte de su más grande tentación. Ella la ponía como quería y la dejaba descolocada convulsionado de sobre estimulación.
— ¿Ves?....— pregunta la pelirosa con especial brillo en sus ojos que no hicieron más que cautivar a la tailandesa. — tengo tantas ganas de joderlo todo como lo quieres tú, pero tenemos obligaciones que cumplir, Lili.
La castaña se quedó mirando el rostro a porcelanado de su chica , con detenimiento en cada detalle de su tersa piel, pasando un segundo por el lunar que tenía debajo de la ceja izquierda, mismo que estaban en via de convertirse en una rara especie de triángulo de las Bermudas porque siempre le robaba las miradas, y se embarcaba en el dejándola perdida fuera cualquier radar.
Paseo de ahí, hasta los cachetes rellenitos de su novia y siguió por la forma intrincada de su naricita linda y suavizada en formas. Casi esculpida, ella tomó un respiro sin darse cuenta que sus pulmones decayeron con un poco cuando la miró directamente a los ojos, y ahí sintió como un candado se cerraba, ella la atrapó. Con todo lo que le provocaba, ella sintió hundirse contra la banqueta, casi como si sus oiea fuesen tragados por la tierra.
Jennie se mordió el labio viendo la afectada que estaba Lisa repentinamente, le encantaba ver cada esfuerzo que ella hacía por mantenerse cuerda.
— Una mierda, Jennie, amor... — bufó siendo acribillada por una ola de calor recorriendo su cuerpo desde las puntas de sus dedos del pie, hasta la última hebra de su cabello.
Se sintió tan invadida que tuvo que soltar a la pelirosa y echarse un par de pasos atrás.
Su espalda casi que chocó con la puerta de su auto.
— ¿Estás haciendo esto a propósito, cierto? — al no obtener más que una sonrisa de la chica supo que era verdad, ella la ponía a prueba, y sus autocontrol estaba gastando sus últimos intentos para mantener todo bajo el umbral de la precaución.
— ¿Que pasaría si es así, Lisa? — Jennie le metió más presión a la herida, como si se esperara que metiendo su dedo pudiera sacarle algún momento un gustoso grito de dolor — ¿Que me pasaría a mi si lo hago? Ah, dime...
Sus pies se movieron hasta llegar de nuevo hasta quedar frente a la castaña, fijándose únicamente en esos ojos avellanados tan preciosos y que ahora mismo se teñian de dorado con los rayos de sol que los atravesaban.
Lisa negó con la cabeza, mirando a un costado al tiempo en que Jennie le tomaba la manos y la llevaba mas cerca de ella.
— ¿Estás tan desesperada por saber, eh?— pregunta jalando a la más pequeña deshaciendo el agarre de Jennie tomó de sus muñecas y con algo de dureza apretó sus palmas contra ellas. La pegó a su pelvis nuevamente , coreográficamente, moviendo su rostro hasta colocar sus labios cerca de su oreja para susurrarle —: Dios...te lo daré.
No dejó ni que pasase un segundo cuando ya la había girado contra la puerta de su auto, en algún momento había estado tan cerca de él que ya un paso mas y estaban de nuevo dentro del vehículo.
— Iagh... — suspiró la pelirosa sorprendida notablemente por el cambio de tornas. El dominio de la situación se volcó sobre su novia.
Sus labios quedaron entre abiertos, la mirada sedienta de Lisa estaba dejándola a ella con muchas ganas de jugar al ratón y al gato sobre su cama y pasar el resto de la eternidad recibiendo este mismo trato hasta que ya no hubiese crepúsculo que se ciñera al firmamento. Está hermoso ejemplar era su más preciada posesión en esta tierra, y por cosas como estas a veces se arrepentían del final que tendría dado el tiempo perfecto para su trampa fuera expuesta.
Justo ahora, ella no sabía por cuánto tiempo tendría para disfrutar de ello, pero todo la valía al cien por cien.
— Cuida muy bien lo que dices, Kim — decía entre dientes como si la odiase, y sus voz rasposa no causara que las bragas de la coreana no se humedecieran más. — Sabes muy bien que tengo mecha corta... — escupió sobre los labios de la pelirosa, tomando sus labios en un pequeño mordisco. — no me costaría nada lanzarte al asiento trasero y manejar como desquiciada hasta algún terreno baldío y hacerte todo lo que tengo en mente...
Le colocó las manos a cada la de su cabeza, y mucho más atrás de ellas, los que aún se quedaron viendo soltaron un jadeo conjunto al verlas.
Lisa estaba en medio de tira y afloja entre lo correcto y sus ganas por hacerla suya. Era como una fierecilla que nacía en el centro de su pecho que simplemente, la llevaba a la incertidumbre, y poner sus opciones en una balanza.
— Mm, suena.... interesante — sedujo la coreana pasando la punta de su lengua por encima de su labio superior. Lisa captando todo el movimiento con sus ojos que se habían mantenido entre cerrados. — ¿Que más ofreces? Puedo darte la oportunidad de hacerme cambiar de opinión.
Soltó una risita que hizo temblar a la tailandesa, y así mismo le respondió ella de vuelta, empujando su muslos entre las piernas de Jennie. Fue testigo de como el pecho de su novia subió almacenando el aire, a la vez que arqueó su espalda contra el vidrio del carro.
— No me lleves ahí, porque te dejaré caminando chueco.... Lo prometo, y sabes que siempre lo cumplió. — sentenció ella, Jennie se dejó tentar, pintandole a Lisa la ilusión de poder. — ¿He sido lo suficientemente clara?.
Tarareó ella haciendo que Jennie asintiera repetidas veces. Lisa sonrió con labios sellados. Las esquinas de su boca curvandose ligeramente.
— S-si... — tartamudeo la pelirosa.
Jennie tragó en seco, por el movimiento del muslo de su novia, el calor se había alojado en esa parte sensible de su cuerpo.
— Repitelo, creo que me estoy quedando sorda — expuso la castaña, dejando más desinhibida a su chica con cada leve movimiento de su pierna. Sus pechos dulces se pegaban a los suyos, y quemaban contra su piel, casi hasta sentía sus sabrosos botoncitos rosas queriendo traspasar la tela.
— ¡Carajo, que sí! ¡Te escuché! — chilló la coreana, dejándose envolver en el fuego. Estaban volviéndose un desastre. Caos.
— Que bueno, ahora... — le dió un besito en su barbilla, luego en la punta de su nariz y terminó con sus labios para luego pasear por su piel hasta llegar a su cuello dónde ansiaba por echarle besos hasta que pidiera que parara o algo más que eso. — Dime cómo apagarme, porque por como me estás poniendo se me hace imposible que pueda prestar atención a lo que sea que digan en clase.
Las manos de Jennie se volvieron puños, que dejaban ver sus nudillos blancos, la tensión entre ellas crecía exponencialmente y hacia que todo desapareciera en llamaradas inextinguibles. Esto se estaba saliendo de todos los parámetros, y ningúna de las dos sería capaz de frenarlo de ninguna forma.
Lisa abrió su boca y la cerró contra la piel de su cuello, abanicando con su lengua la cremosidad que parecía tener esta mezclando las ansías con el anhelo despertado por Jennie.
— No tengo manera de-ughmm... — cortó su oración con un jadeo agudo y prendido de un hilo de aire que raspó su garganta a su paso — manera de hacer eso...yo, Lisa, Mm... — la lengua de ella se movió en su punto sensible, trago saliva deseando que la cordura le permitiera siquiera decir algo coherente — No puedo de-.....
Lisa movió sus caderas hacia ella , y eso la dejo sin aire. Estaban yendo muy, muy, lejos.
— ¡Pueden parar su queer porno! ¡Toda la maldita escuela las están viendo, jodidas desarmadas! ¡Muestren algo más respeto ! ¡Y tú Lisa! — la tercera chica se acercó a la pareja, despotricando su desconcierto. Ella no entendía porque ellas estaban haciendo eso, a la interperie. Y así de la nada, esto era un fallo de la realidad que ella conocía—. ¡¿Que chingados estás haciendo?! ¡Y con esta! ¡¿Que mierdas te pasa?! ¡¿Te has vuelto loca?!.
Lisa arrugó el entrecejo dejándose jalonear por la pelinegra que había interrumpido el momento con su novia. La rapidez con que la separó de la pelirosa fue inesperada, y cuando pudo girar hacia la chica que había empotrado en la puerta de su auto , la vio a ella luciendo igual de molesta. Ofuscada, miró a la culpable y la retó con sus ojos encendidos en una chispa casi asesina.
— ¡¿Que te pasa a ti?! ¡La loca sería otra! — gritó la tailandesa de regreso, la otra alzó sus cejas sin entender, Lisa jamas le había gritado en tantos años de amistad, y si, ella tenía algunas costumbres detestables pero había empezado a quitarle relevancia conforme fueron creciendo juntas.
Ellas se consideraban hermanas, por lo que la chica que tenía enfrente parecía ser una variación de la muchacha que conocía. La chica busco pistas en el comportamiento de su amiga. No le entraba en la cabeza que hacía ella, y porque había estado haciendo un show asqueroso frente a todos. Temía que de verdad algo malo estuviera pasando por su cabeza. Ni un millón de años ella estuviera besando a..... Jennie Kim...
Al menos , la Lalisa que había sido su mejor amiga desde su niñez.
— ¿Que te pasa, Lisa? Tu, nunca me has gritado... ¿Me puedes decir que es esto? — cuestionó mirando con los ojos casi desencajados de sus cuencas, miró hacia Jennie quien tampoco se encontraba contenta con la interrupción. Ella se mordía una de sus uñas bien pintadas y barnizadas recostada aún sobre el auto — ¿ Que hacías tan cerca de... ella?.
La apuntó, sin importarle lo despectivo o malicioso que eso podría verse. Ella necesitaba respuestas, esto no era normal, algo... No supo que, le olía muy mal de ésto.
— ¿Que? ¿Que tiene? Se más clara , Chu— pidió ella moviéndose para ir de nuevo hasta la pelirosa. Pero se detuvo sin siquiera dar un paso, la pelinegra la jaló hacia atrás, tomando fuertemente su muñeca. Las cejas de la castaña se juntaron y se giró hacia su amiga — Suéltame — tiro de su mano hacia su cuerpo, saltándose del agarre de la pelinegra que cedió enseguida.
Jisoo asintió, y miró al suelo, como si de la nada pasaría una brisa que aclarara su mente y le diera la repuestas a todas las preguntas que se confeccionaban en su cabeza. Subió su barbilla dirigiendo su mirada directamente a los ojos divertidos de la pelirosa. Veía como pasaba su lengua sobre sus labios y seguía mordiendo la uña de su pulgar. Su brazo libre envolviendose debajo de sus pechos. Ella brotaba de un aura oscura, siempre la lució así, y eso mayormente hacia que no muchos se le acercasen. Era como si el mundo estuviera huyendo de ella, y la luz se desviará por su figura , sin querer tocarla.
Extraño.
Y enteramente incongruente. Dejó atrás su escaneo hacia ella y volvió su atención a Lisa, la niña idiota que le gustaba jugarse a ser la ruda.
— No hago nada más que lo que se me está permitido, solo quería un momento con mi novia... Carajo — bufó la chica al escuchar como el repiqueteo de la campana que anunciaba la esperada entrada de los estudiantes. Lisa le echó un vistazo a su chica, que optó por quedarse callada.
Además, dejando de lado a Jisoo que tenía una gran impresión expresada libremente en su rostro, miraba de un lado a otro, entre Jennie y Lisa.
— ¿Novia?.
Lisa asintió distraídamente, estirando su brazo para tomar las mochilas de ella y su pelirosa, que habían dejado en el techo del auto. Acomodó las bandas de los dos y se los colgó al hombro. Para luego, hacer que Jennie se pegase a ella por el costado con su mano libre. Ambas miraron a la pelinegra que se encontraba con la quijada rozando la banqueta.
— A ver , a ver... Creo que no estoy entendiendo... — ella balbuceaba moviendo sus manos, agitada e igualmente sorprendida. — ¿dijiste novia? ¿Como novias, de verdad, verdad? ¿Cómo de que es.... oficial?.
Lisa vuelve a asentir, y le echa una mirada la sonrisa encantadora de Jennie, su lengüita saliendo de entre sus dientes.
— A todo si, deja de joderme Jisoo....— Lisa ya no quiso seguir con esta conversación que no estaba llagando a nada. —Mas tarde hablamos vale...
Jisoo abrió y cerró la boca , viendo la escena justo en sus narices, ellas dos se abrazaron más y Lisa le dió un besito en su sien a Jennie, dejándola en blanco. Petrificada. Cuando ya iba a protestar por el abandono de su amiga y al procesar las últimas palabras dichas por la tailandesa, se vio impedida por su ausencia rápidamente, ellas se dispersaron como humo frente a ella.
Jisoo escuchó las risitas de Jennie , mientras ellas se alejaban, y su estado de conmoción no se resolvería en los siguientes minutos cuando ellas pasaban por su lado.
Hace medio mes atrás.
Las risitas de los chicos llenaban el espacio de punta a punta, miraban entre divertidos y lamnetados sintiendo vergüenza ajena por la apenada figura pequeña y frágil, de la chica pelinegra. Ella tenía las piernas. temblorosas y sollozaba cubriendo su rostro con las manos, mientras se quedaba parada sobre la mancha de pintura roja que yacía en el suelo junto a los pedazos rotos de su corazón jóven y roto. Dejando que todos la vieran en su peor momento. A nadie le importaba realmente su estado, porque de ser así ya se hubieran acercado para ayudarla a limpiarse.
— ¿Que es ésto, eh? ¡Oww, la perra está llorando! ¡Oh,mírala como se retuerce!... Uff, chica estás quemada... — se burlaba de ella la chica rubia, un poco más alta que la anterior.
Y miraba entre los rostros de los demás buscando la expresiones de todos, encontrándose con distintos matices y deliberaciones sobre lo que estaba haciendo.
— ¡Que más detestable que una sucia y asquerosa lesbiana ! ¡Ugh, deberían quemarte a ti y a todos los jodidos enfermos que simplemente andan por ahi queriendo contagiar a la gente con sus mañas!. ¡Aléjate, de mí Kim! ¡Mírate!.
Resopló con sorna, su labio inferior tembló con la risa que soltó detrás de despotricar toda su molestia ante toda la supuesta declaración de amor, que la coreana había planeado para ella.
— ¡¿Que es lo que hice mal?! ¡Puedo cambiarlo! — contempló la pelinegra antes de arrepentirse de sus propias palabras, bueno, ahora estaba embarrada de pintura.
No le importo, no sintió asco, no nada .. solo quería saber porque ella no la quería, pensó que le había dado señales claras. Pero ahora estaba viendo que no era así.
— ¡Maldita sea, dimelo! ¡Tu me besaste primero!.
Ella estaba mencionado lo que pasó en una fiesta, hace unos días , cuando ambas se vieron solas en la cocina de la casa de uno de sus compañeros.
A Lisa le había extrañado verla ahí, porque ella solía frecuentar las pocas fiestas que hacían sus compañeros y ninguno de ellos era cercano a la coreana. Ambas se encontraron cuando Jennie habia entrado por esa puerta en el justo momento en que se estaba cuestionando un millón de cosas en su cabeza. Cosas como la universidad, como que carrera estudiar, cosas como que hacer cuando le dijera a sus padres extremadamente conservadores que ella era lesbiana. La reciente duda en introspectiva que había llegado a ella como una revelación transcendental que podía cambiar el curso de su vida por completo, desde tener un techo cada que caía la noche y tener a alguien que pagase sus cuentas de colegios hasta que fuera legalmente una adulta.
Nada ésto lo tenía prometido si les contase a ellos sobre sus dudas, no sabía si era algo temporal que pasase por su mente solo para complicarle la vida, había tenido novios. Jamás se había enamorado propiamente dicho, de alguno de ellos. Y más dudas venían cuando sentía cosas al verse frente a una pareja de chicas, estaba hecha un nudo, y dejo que todo se fuera en el mismo tren de pensamiento durante los últimos meses.
No tenía explicación para nada de lo que comenzaba a notar. No había más, y ella simplemente se escondía con la frase "Ugh, malditas materias, me tienen loca".
Dando un paso atrás teniendo miedo por no estar completamente segura de su orientación.
Habia mucho que ocupaba de su mente y con Jennie ahí junto a ella , simplemente se dejó sacar tema de conversación con aquella chica rara que iba a su escuela, un par de charlas, unos tragos de esos vasitos rojos con sustancias de dudosa procedencia que estaban servidos en la encimera de granito pulido. En algún momento puede que Lisa le haya dicho sus pensamientos, que le hubiera dado la llave a la peor persona que pudo encontrarse, dando su involuntario consentimiento para que que ella hiciera lo que quisiese.
Puede que en algún momento Jennie haya aprovechado la ocasión para robarle un beso como una forma de "experimentar" . Dejando que Lisa descubriera la suavidad de terciopelo en los labios de una chica, la dulzura, el cálido toque y nebuloso. Delirante.
Fue posible que ellas se sintieron impulsadas por una fuerza extraña. Puede que ambas terminaron arriconandose en turnos, contra la isla, un par de veces mientras se besaban, como es posible que Lisa haya tomado a a Jennie por la cintura y subirla a la superficie fría, y le haya apretado el trasero con deseo recién descubierto para ella. Puede que Lisa se haya sentido tan desinhibida para dejarse ir, tocar más más, besar más, estrujarle las boobies, morderle el labio. Y eventualmente, encenderse tanto que ni cuenta se dió que sus caderas se molian contra la entrepierna de Jennie. Ambas jadeando, sudando en placer mutuo. Robándose caricias desordenadas.
Puede que esa noche Lisa tuvo su primer orgasmo solo con roces y la ropa puesta. Puede que esa noche Jennie se declarará dejándola patidifusa. Sin respuestas de nada, puede que siguieron tocandose por entre las prendas, puede que ellas solo se besaron hasta que alguien entró. Y una Lisa desorientada y borracha se viera abrumada cuando se dió cuenta que en efecto, el miedo mas grande de sua padres se había vuelto realidad.
Su vida se volvería una pesadilla si ellos lo supieran.
Ella había besado a una chica, y peor que eso, había sido tocada de una forma que se había venido tan fuerte como ningún chico con los que había estado lo había hecho. Lisa no podía darse el lujo de defraudar a sus padres, tuvo un ataque de pánico ahí mismo, y cuando miró a los lados, se encontró sin compañía en la cocina, ni Waniwa (la chica que entró), ni Jennie estaban con ella.
Su cabeza loca comenzó a crear teorías sobre a dónde habría ido la pelinegra y porque la había dejado sin explicación alguna.
Luego recordó todo lo que hicieron y pues también empezó a creer que nada de eso había sido real, un producto de su imaginación. Solo una puerta que ingresaba acina, la otra sólo era de un pequeño almacén donde ponían los víveres y demás alimentos enlatados. Ella casi hiperventiló sabiendo que estaba en graves problemas. Una nueva situación que solo quería negarse a si misma, y ante todos lo haría. No sabía que iba a hacer ,pero..... ¡Ella se haría heterosexual! ¡Costara lo que costara!...
Nada más estúpido que negarse así y no aceptarse así misma. Tenía terror de ella misma. Ignorando el último comentario de la pelinegra, atacó ella con más furia que antes.
— ¡Haber nacido! ¡Eso es lo que jodidamente hiciste! ¿Que no te da náuseas mirar a otra mujer de esa forma? Ah, tocarle el-... el-...Ugh, ni siquiera puedo decirlo — se tapó la boca e hizo como si tuviera arcadas.
Ella se rió al final de su burda actuación y miró al resto. Algunos sorprendidos por sus comentarios tan crudos e hirientes.
— Y luego vienes con esta mierda... Demonios, Kim no te veía como una cursi, a lo mucho pensaba que le sacabas los dulces a los nenes o algo así. Pero jamás te ví así... Uff nada más patético.
Ella miró a un costado , topándose con las rosas azules que le había traído para declararse una vez más y pedirle a ella que fueran novias. Luego de aquella noche, ambas dándose miradas que le erizaron los cabellos a la tailandesa haciéndola saber que nada de lo que intentara podría funcionar. Que su 'verdadero yo' veian detrás de ella como un lastre al que arrastraría si se renegaba a su realidad. Dejando que la pena cubriera cada aspecto de su vida.
Representaba una bofetatada por cada vez que sus ojos avellanados se conectaban con los ojos marrones de Jennie , sabía que estaría ahí para recordárselo.
La noche que tuvieron, y su verdad.
La había comenzado a odiar por eso, ella había esparció el rumor de que ella era homosexual. Y la gente comenzó a burlar se de ella, de diferentes formas, sin propasarse a lo físico.
Lisa recogió una de las rotas rosas de entre el montón y cogió aire para poder seguir con eso aunque algo en su propio pecho ardía. Tenía miedo, pero más miedo se tenía a sí misma y lo que sentía al verla a ella tan destrozada. Recordaba los rostros de su padre y todo lo que se desataría, pensó en como sería si tan solo pudiera decírselo sin tener pánico. Ella estaba temblorosa por dentro pero por fuera parecía actuar tan convincente que daba la impresión a estar genuinamente molesta por la declaración de amor de Jennie.
Lalisa estaba siendo dominada por el pavor , pero nada la frenaría ahora , ya habia desatado todo esto al dar un espectáculo.
— ¡Oh, si tú.... Tan patética como tú te revuelcas en la posibilidad de no caerle bien a papi! ¡Eres una mierda , una gallina, Manobal! — la retó Jennie con el pecho dolorido, la pintura roja la cubría con gotas que se derramaban en el curso de que sus lágrimas corrían.
Frunció sus labios, y sus fosas nasales se vieron creciendo y achicandose.
Estaba poniéndose furiosa. Humillada, dolorida, y en última instancia, estaba planeando su movimiento ante ésto.
Lisa se levantó de un brinco, y quedó a centímetros de la coreana. Sus rostros en una distancia casi inexistente, ellas no eran conscientes del tenso ambiente que las habia envuelto. Jennie estaba hirviendo en rabia, dejando un poco de lado todo su dolor, sus ojos estaban ardiendo con flamas color cobre, de bordes ocres que solo pedían ver el mundo arder. Quería acabar con esa insulsa tailandesa que se había atrevido a rechazarla.
Y del otro lado , estaba Lisa que no sabía cómo carajos controlarse. Sentía tantas cosas, algunas opuestas y otras homólogas. Nada en su cabeza tenía orden, y nada parecía tenerlo dentro de poco. Las palabras de la pelinegra le habían afectado y tocado una de sus fibras sensibles.
— Vete a la mierda ¡De mi no vas estar hablando! Embarras mi nombre con tu sucia boca... ¡Mírame,Kim! — exigió subiendo su mano hasta la quijada de la coreana y la apretó con firmeza fijándose que no se moviera. Siendo tan precisa como si sostuviera alguna clase de víbora. — ¡No tienes ni una sola idea de lo que puedo llegar a hacer! ¡No sabes una mierda de mi! Y cualquier cosa que creas saber, pues te digo que no hay nada más que ilusiones tuyas.
— Oh, si ....y cuando me pedías ma-.... — A Lisa se le tensó la mandíbula de lo fuerte que estaba chocando los dientes. Esta loca estaba soltando la lengua, lo primero que pudo hacer fue apretar sus dedos contra sua mejillas de tal forma que sus labios se abultaran impidiéndole que dejara algo mas.
— Delirios, tienes unos sueños conmigo demasiado realistas. Revisate, loca....¡Este es el puto mundo real!— gritó la tailandesa, echándola hacia atrás mientras la soltaba.
— ¡Vas arrepentirte de esto, Lisa! ¡Te lo juro, me vas a pagar mucho por esto! — decía mientras se corría la pintura del rostro, hubiera deseado estar alerta para poder ver al estúpido que le vertió la pintura.
Y todo salió de la nada, en un momento estaba diciéndole la dichosa pregunta a la tailandesa y al segundo siguiente ya estaba llena de la sustancia roja.
— Oww, pobrecita... Mira como te tengo miedo — se burló una vez más, algunos se rieron y los demás los siguieron después. Jennie miró a todos, su pecho subía y baja estrepitosamente. Estaba más que furiosa. Jodidamente ardiendo en fuego.
Lisa apretó la rosa que tenía en la mano deshaciendo los pétalos dentro de su puño.
— Eres un chiste, Kim... Mejor, esfumate — le dijo tirando de un manotazo los pétalos azules sobre el rostro de una pelinegra que estuvo casi castañeando sus dientes. Sabía que podía simplemente mover uno de sus dedos y todos estarían muertos en menos de un minuto.
Pero inesperadamente se contuvo, en su cabeza ideó algo más elaborado. Algo que sinceramente disfrutaría más antes de darle fin a su miserable vida. Y la de todos incluídas.
Viéndose como una depravada, sonrió mostrando sus dientes y se rió para la sorpresa de los presentes. Nadie podría entender aquello que se cocinaba en su retorcida cabeza.
— Deberías tenerlo, te arrepentirás.... — tarareó antes de darle la espalda llevó sus dedos a sus labios y le dejó un beso al aire, soplando con su mano abierta mostrando su palma. Los alumnos que circundaban la pelea quedaron desconcertados.
— Jodida loca— susurró la tailandesa, con el ceño fruncido. Viendo todos los desastres que el señor de limpieza tendría que limpiar.
No sabiendo que la pelinegra había cambiado drásticamente de ánimo, con la idea en la mente. Oh, si, la victoria sería de ella y en lo único que se a sí misma era un «vas a caer, Manoban » en un letrero escrito en negritas y mayúsculas. Sus pasos se fueron pasando, lentos y medidos hasta la salida de la institución. Dió gracias a Dios que ese dia sería el comienzo de las vacaciones, y por ello, tendría cancha libre para llevar a cabo su maquivelico plan.
polvo se llenaba la pequeña estancia de amplio ático, el trabajo que necesitaba la habitación para asear la habitación era colosal, habían últimos pocos muebles tapados con lonas y varios cachivaches regados indistintamente por aquí y allá. Todo estuvo descuidado por mucho tiempo quedando en el olvido por muchos años. Días interminables e noos que la suciedad comenzó a acumularse atrayendo al moho que se esparcía entre los escombros y las grietas en las paredes de madera.
El lugar era espacioso, mucho más como para ser un almacén del recuerdo de vidas pasadas. La chica estaba resoplando sonoramente por haber hecho todos los quehaceres ella sola. Su frente sudaba y mientras repasaba la habitación con la mirada, se quejaba por tal esfuerzo que ella catalogaba como "sobre humano".
— Ugh.... ¿Cuánto a pasado desde que me cansé tanto? Maldita sea, espero que me joda bien o la haré tragarse sus dientes. — se quejaba la pelinegra, estaba exhausta, mientras hacía una pausa para respirar. Ya había hecho todo, nada más estaba a un paso de colocar todos los implementos para hacer su pócima.
Ella tenía los elementos listos en un costado cubierto con una lona para que no se dañasen. Sus respiraciones se normalizaron con el pasar de los minutos y ya más calmada dejó caer la escoba que sostenía y guío sus pasos hasta la ventana que estaba al costado. Este era un tipo de ático atípico, parecía más un piso extra que un espació restante de la construcción. Agradecía a quien sea que haya sido el arquitecto de esa casa porque le daba una vista perfecta al cielo , con el tragaluz que tenía en medio de la habitación. Era realmente raro ver algo así y tenerlo aún mas.
La pelinegra estaba centrada en cumplir con éxito su cometido y lograrlo con rapidez, no tenía mucho tiempo para que la luna estuviera en la posición predilecta para que sus intenciones se pudieran llevar a cabo. Y al final disfrutar de una buena y dulce venganza. La que tenía en mente para hacer que esa tailandesa ilusa le pidiera todo de rodillas.
Una risita de diversión llenó la habitación que hasta ese momento se mantuvo en silencio.
— Más te vale que seas un buen polvo, Lalisa.... Demonios, está mierda es tan-... Ugh ... — sus manos abrieron la ventana, separando las aletas que esta tenía hasta que el viento le pegó directo en el rostro, deteniendo así sus palabras y el curso de sus pensamientos. — Hermoso.
Tarareó ella vislumbrando la copa de los árboles que había en el parque que estaban a una cuadra de su casa. Ella tenía una vista privilegiada desde su casa. Había tenido un descubrimiento en es ese instante.
Una sonrisa salió de sus labios, sintiéndose alegre, estaba poniendo en línea y armonía. Le encantaba tener todo a su disposición y tal como ella quería. Los astros o el señor de las tinieblas estaba de su lado y en este momento estaba consagrando su vínculo con ella. Moviendo las tierras y los factores para su beneficio. Quizás el "amigo" que la acompañaba estaba divirtiéndose junto a ella.
— Bien... — se giró respectivamente hacia el interior de la habitación, aplaudiendo para quitar las malas energías y llamar las que le beneficiarían en lo que estaba proponiéndose en hacer. — ... comencemos con ésto.
Habló para si misma, a la misma vez que se quitaba el delantal que sé había puesto encima de su vestido púrpura para realizar el ritual previo a la elaboración de su pócima de endulzamiento.
Laboriosa y diligentemente, hizo espacio entre los objetos que contenía el ático y los apiló todos en una esquina para luego, poner velas en todos los lugares posibles, creando un gran circulo entre las paredes de la habitación. Ella colocó una mesa rectangular en mitad del espacio y sobre ella un mantel color marfil, en el centro tenía una hornilla a gas, un implemento primordial para lo que tenía por hacer. Colocó las rosas rojas en costado, seguido de los clavos de canela, el jarrón con la miel, y con pétalos de jazmín desmenuzados en un bowl. Reposó la botella de vino , uniendolo a lo demás. Y del otro lado de mesas tenía un bowl de tamaño mediano con agua de rosas y un tazón más pequeño con cristales de Ágata de fuego.
Paso a paso, llevando un ritmo y compas sereno, puso todo en su sagrado lugar. Dejando que todos sus pensamientos se esfumasen, quedando con la mente en blanco buscando canalizar sus deseos.
Se puso de pie y fue por la caja de cerillos para encender todas las velas que tenía esparcidas, velones rojos aromáticos. Ella caminó de un extremo a otro y cuando terminó tomo un puñado de pétalos de rosa del ramo que tenía en un jarrón y los echó por el suelo alrededor de la mesa central y cerca de las velas y las paredes. No había mucho que hacer para que pudiera comenzar, es más, y mismo podría hacerlo. Ella dejó la caja de cerrillos sobre uno de los cajones y se dirigió hacia la mesa central.
— mm, bien, todo listo... — tarareó la pelinegra y calmó su respiración siendo más como el agua quieta de una laguna. — Oh, casi lo olvido— se quejo de si misma al recordar que le faltaba el libro de encantamientos y hechizos que tenía en su poder.
Se levantó de prisa y fue hasta donde habían estado las cosas para la pócima. Tan pronto vió el encuadernados de pasta dura y desgastada, lo tomó y se fue como un rayo de regreso hasta arrodillarse de nuevo al frente de la mesa.
— Ahora sí, mm... ¿Como va esto? — tarareó poniendo el libro abierto sobre el mantel, le tomó un segundo dar con el hechizo de endulzamiento.
Rozó con las puntas de sus dedos la textura rugosa del papel viejo. Las letras escritas con tinta indeleble al tiempo y el cambio de estaciones.
Todo en el libro daba ese aire pesado y cargado para una colección de maldades que posiblemente estén encriptados en sus páginas.
—...preparar el espacio sa-.... encuentra el lugar.... donde puedas concentrarte.... intenciones, ujm... si .. — comenzaba a tararear una vez más leyendo por encima el procedimiento que ya recordaba ligeramente. —...mm, reunir los.... en una mesa... asegúrate de que estén frescos.... y de buena calidad.
Todo lo iba leyendo pasando el dedo índice contra cada letra que iba pronunciando, arrastrando la manos el papel.
— Oh, me falta lo otro, si ... — recordó el otro encantamiento que iba a hacer. Sus ojos se movieron entre los párrafos y se guío rápidamente para tomar el impulso para tomar los listones rojos especiales para la ocasión y se los ató en las muñecas. Ella quería usar todas las fuerzas para anclar a esa tailandesa a sus más oscuros deseos.
Sonreía con sadismo, pensando en la figura esbelta de la chica. Se dió ánimo para mover los listones rápido y tomar el cristal de Ágata. La alzó hacía el tragaluz sobre su cabeza, dónde daba la luz de la luna por sobre ella y las velas que tenía al rededor. Cerró sus ojos poniéndo todo su esmero en poner en su mente todas las intenciones que tenía para Lisa. Inhaló y exhaló tan despacio que parecía estar medido. Centímetro a centímetro, comenzaba a crear una circunferencia meneando sus manos que sostenían el cristal.
Pensó en la tailandesa, en su sonrisa, sus ojos y labios. El sarcasmo y la sensualidad que brotaba de ella. Aquella mirada profunda y fracciones endiabladas que muchas veces le han hecho lagunas en las pantys. Pensó en la figura y silueta de sus músculos marcandose cada vez que la veia practicar voleibol, justo en esa clase donde tenian permitido usar ropa corta... Sus abdominales....
Ella meneó la cabeza destruyendo esos pensamientos, aclarandose. Se centro en hacer más, y poner sus intenciones claras, como el encantamiento lo pedía. En un momento ella dejó las manos estáticas y al soltar una larga exhalación abrió los ojos, poniéndolos directo sobre la foto que guardaba debajo del todo. La sostuvo con una de sus manos cuando la otra aún sostenía la piedra.
Se lamió los labios y comenzó recitar, algunas palabras.
— Amour... Cœr... Sisu... Mondo... Kærlighed... Zufriedenheit... — con lentitud pasmosa, puso la foto sostenida en una de las velas que había en la mesa. Poniéndo un par de pétalos de rosas a sus costados. Cómo un pequeño altar. — Liebe... Cœr... Kisah... Luz...Tembla... Tempo... Lazos.... Chueng...
Metió la mano en el agua de rosas y salpicó en la foto, transmitiendo su energía a altar. Y lo hizo un para de veces más repitiendo y repitiendo las mismas palabras, las pequeñas llamas de las velas comenzaban a responderle con gusto. Supo que estaba yendo por buen camino.
En algún momento, fue suficiente para ella , con la idea de que había cargado suficiente la piedra.
Secando su mano con el vestido, tomo nuevamente el cristal con sus dos manos alzandola sobre su cabeza.
— Con esta piedra llamo al amor verdadero a mi vida... Con esta piedra imploro que mi alma gemela se encuentre conmigo. Lalisa Manoban. Ven a mí.... Oh, ven a mí, querida. — invocó.
Volviendo a cerrar sus ojos para tener un mensaje más directo y profundo con la meditación, era el siguiente paso. Sus ojos se movieron debajo de su párpados y la calma que yacía en la habitación era la predilecta para esto. Lo único que salía de esto era la incontenible brisa que hacía que las aletas de la ventana chocaran con las paredes. Pero anda importo, el lugar estaba llenándose de energía y Jennie las sentía moviéndose. Escabullendose en medio de la penumbra. Las sintió como escarcha que cebtellaba y dejaba brillo por donde pasase, como un cometa o una estrella fugaz.
El viento rugía contra los árboles afuera, el olor combinado de todo hacia que fuera abrumador, y aunado a todo lo demas , posiblemente nadie lo aguantaría.
— Grácias.... Gracias.... — susurraba la pelinegra trayendo la piedra a su pecho, en el centro. Dónde dió el agradecimiento que la piedra y el universo merecía por ayudarla. Y se tomó un segundo permaneciendo en la misma posición sabiendo que debía darle un cierre, y lo hizo moviendo la piedra a su pequeño y precario altar.
La piedra sonó al chocar con la madera, ella hizo una reverencia hacia el altar juntando sus manos, para después llevar su atención al libro de hechizos. En cuestión de nada, llegó a la misma página de antes. Repaso las instrucciones y se puso manos al obra encendiendo la hornilla moviendo la perilla pasándole una chispa con la punta de su dedo. Tomó la pequeña olla de forma curiosa que tenía a su lado y la puso sobre el fuego, la botella de vino voló rápido aus mano y la volcó sobre la olla echándole una buena cantidad de líquido dentro. El tiempo corrió, y las luces de las velas volvieron a tranquilizarse, la energía dentro de la habitación aún se mantenía.
Cuando el vino fue tomando y tomando temperatura, ella lo fue removiendo con una larga cuchara de plata hasta que estuvo en su punto de hervor, el líquido burbujeaba frente a sus ojos.
En ese momento, comenzó a tomar ingrediente por ingrediente y lo fue tirando a la olla.
— Pétalos de una rosa.... Clavitos de canela... — mencionaba la pelinegra a la vez que agregaba dicho objeto a la mezcla. — Miel... — tomó el jarrón lleno del almíbar dorado, y vertió hasta que lo considero razonable. — Pétalos de jazmín...
Y viendo como todo se mezclaba tarareó para si misma , sonriendo con un brillo especial en sus ojos, todo lo que tenía en mente lo tendría pronto. Muy pronto. Ella estaba gozandose el momento, planeando que tantas cosas podría hacerle. Ella meneó la mezcla con determinación y suavemente la movía visualizando con más intensidad sus intenciones. La cuchara de plata, tocó la madera cuando le dió el visto bueno a la poción y se dió por satisfecha apagando el fuego. Lo dejó reposar, y al rato pudo comenzar a colar el líquido en un tazón mediano. Usó su magia, para no tocar la olla que ciertamente seguía caliente. El objeto faltó sobre su mano con un halo color celeste bordeando su contorno. Una vez que lo tuvo libre de impurezas procedió con la parte más indispensable del proceso.
Consagrar la pócima.
Sonrió de labios sellados, los olores de todo junto acribullaba sus fosas nasales con gusto. Olían a gloria, y más que eso la hacían sentir alegre por lo que se vendría tan pronto como pusiese el líquido en contacto con su amada.
— Mm, concéntrate — se impuso a sí misma, cerrando los ojos al tiempo que unía sus palmas e inclinaba la cabeza hacia delante. — ... Is aoibhinn ...Angra...mar is é an is cœí ata ann...
Comenzó a hablar en una lengua antigua, profundizando en su objetivo, queriendo que todo fuese tan bien cómo lo estaba haciendo.
— Mahal kita sans savoir conas... hicathains... eller hxorfra unhibbuki... — las llamas de las velas comenzaron a moverse a su alrededor, todo estaba conectándose, su pedido estaba siendo observado por el universo. —... Jos en rakastaisi sinua en kaipaisi sinua... Jos en kaipaisi sinua... en itkeä.... Jos en itkeä... en tietäsi... Etta rakastan sinua.
Jennie sentía la energía cubriendo su cuerpo como un manto, sentía el ooder y la atracción tensandose como una cuerda a su alrededor, y la brisa se calmó, sintió un acogedor calor en el medio del pecho. Sus cosas nasales se ensanchaban mientras pasaban los segundos.
— Vær min for evigt... Vær min inatil døen... Va mim i hvert minut ogher hjerteslag... Vær min i aften og alle de...der kommer ...for hele evigheden... — habló en voz alta, su pecho subía y bajaba, sentía que el lazo se había hecho, y se habia hecho bien. Abrió los ojos y poniendo las manos a cada lado del bowl que contenía la poción; con el mismo impulso se inclinó hacia delante para repetir la misma frase pero está vez en su idioma —... Se mía para siempre, se mía hasta morir... Se mía en cada minuto y palpito de tu corazón.... Se mía está noche y todas las que sigan para toda la eternidad... Te quiero a ti, Lalisa Manoban...
Ella miró hacia las velas , buscando una señal que le confirmara lo que en su pecho ya sentía, sonrió en grande, casi mostrando sus encías, cuando vió que las llamas flameaban brincando y parpadeando intermitentemente. Eso lo era todo. Se rió con maldad.
— Ya te tengo, me las pagarás....
Y sin más soltó una carcajada, luego de eso todo pasó en un borrón, vertió el líquido en un frasco de cristal y tapó con un atomizador de estilo antaño que contenía una esfera donde solo presionabas y salía la fragancia propulsada al aire. Ella celebró en su interior guardando lo que ya no necesitaba y se puso en marcha para irse a dormir luego de terminarse de tomar el vino. Dejó ahí el altar y las velas a su alrededor encendidas.
— ¿Estás segura, Pleng? — preguntaba dudosa, la chica de coz chillona. La otra castaña estaba asintiendo reiteradas veces, asumiendo sus palabras. La primera chica simplemente frunció el ceño sin creerle mucho. — Eso mismo lo están repitiendo todos, pero tú en serio lo crees... Esa chica tonta es rata.
La otra chica se encogió de hombros, no sabiendo que sus chismes estaban siendo escuchados. Una pelinegra se escondía detrás del muro podía oirlas perfectamente, tratando de hallar la información que necesitaba, no tenía idea idea de dónde podría encontrar a su amada. Tenía que buscar pistas, y sus poderes no llegaban hasta la adivinación. Ella en este momento era como cualquier otro simple mortal. Tenía que encontrar a alguien que le dijese dónde vivía o que lugares frecuentaba, y esto era algo parecido a lo que le pasó para cuando supo de aquella en la que terminó teniendo el primer acercamiento con Lisa. Uff ... Deseaba algo así de nuevo. Y mientras rápido la encontrara, más fácil sería echarla en su cama.
— Que estoy segura, vale... No me tomes por idiota, que no lo soy, eh .. — se quejó la muchacha, ella llevaba un pantalón suelto y una camisa estilo crop top de modelo delicado en un lindo tono azúl cielo. — Además, todo mundo lo vió, menos nosotras... Me dijieron que la loca se fue riendo como si le hubieran echado chiste... Uy, esa chica me eriza los cabellos.
— ¿Y si está mal de la cabeza? Pobrecita, no deberías hablar de ella — justificó la otra chica, aunque ella no era cercana a la chica que mencionaban sabía que no era tan lindo hablar así de la gente, y mucho menos aun sin conocerle. — ¿Que pasaría si de verdad tiene una discapacidad mental? Ella no es.... ¿Normal? ¿Común?, lo que sea. Pero no deberías.
— Tsk... — chasqueo la lenguaje, arrugandole la cara a su amiga y negó con la cabeza. — no me regañes...Ugh, mejor hablamos de la fiesta de esta noche.
— ¿Fiesta?¿En dónde? — la otra chica hizo la pregunta que la pelinegra que estaba escondida que saber. Ella se había detenido a hacer unas compras, cuando la interacción de esas dos chicas que iban a su escuela. La detuvo y le llamó la atención. Sostuvo sus bolsas contra su pecho y las siguió en silencio. — ¿Vss a ir? .
La chica llamada "Pleng", asintió con entusiasmo.
— Oh, si y tú iras conmigo— la expresión de horror cubrió el rostro de la más alta, ella negó resoplando sonoramente.
— No, no .. estás loca, no. — se negó.
— Claro que sí, irás... Si, si .. — tarea a insistente la chica, jaloneando a la otra como si así haría que aceptase. — Irá Manoban... Dios, sabes que no puedes resistirte a ella.
Las cejas de la pelinegra se alzaron, cuando supo que habia alguien más interesada en 'su mujer '. Técnicamente ella ya era legal en muchos países y una mujer hecha y derecha, hecha por el mismísimo infierno ,y la chica que pronto tendría en sus manos.
« Lo siento, pequeña ingenua, ella ya es mía... Y ese barco ya zarpó » pensó Jennie para sus adentros, festejando que ya tenía la clave para terminar de ejecutar su plan. Fechorías que habitualmente no haría, pero estaba encantada de llevar a cabo. Oh, ya quería ver el resultado.
— Aishh, esta bien llévame, pero no voy a tratar contigo cuando te emborraches — sentenció la otra chica , quien se rió por lo bajo soltando pequeñas carcajadas.
La pelinegra le sonrió a la nada, parando más la oreja cuando la dichosa Pleng le relataba a la otra, la dirección en dónde sería y como se encontrarían y... Blah, blah, blah... Más cosas sin sentido sobre gente estúpida y vidas deplorables.
La distraída chica reposaba en el sofá caía abandonado por todos, sentía que tenía algunas miradas sobre ella, pero no le prestó atención. Su mente estaba empecinada en recordarle el rostro adolorido de la pelinegra que se le había declarado, ella no tenía de porque la pensaba, cuando había pasado una semana de eso. Estaba disfrutando de sus breves vacaciones, en la precaria necesidad de obtener un descanso, tomar una ducha ,y como soñaba, poder dormir hasta tarde. Cómo cualquiera que se sintiera estar en prisión mientras fuera a clases.
Llevaba gran parte de la fiesta en la misma posición, luciendo pensativa, meneando de vez en cuando el contenido de su vaso solo por distracción. No hallaba especialmente divertida la ocasión, estaba acostumbrada a este ambiente, y ella solía ser en gran parte una de las invitadas más frecuentes. Tenía.... ¿Influencia? , bueno quizás un poco a pesar de no estar en la pirámide del séquito social previamente diseñado por los que se creían estar comiéndose el mundo simplemente por ser el mas envidiado por un montón de niños. Y veces como está, la humanidad muestra su lado más descerebrado e inútil. Preceptos e ideales que no deberían formarse desde estos momentos, conductas que se repetirían y repetirían infinitamente. La separación de clases y razas.... Es una mierda.
Pero en fin, la cuestión era que sus pensamientos siempre se dirigían hacia.... la jodida Jennie Kim. Estaba comenzando a molestarse, pensamientos intrusivos. La tenía grabada en la maldita memoria y no podía sacarla ni aunque se fumase un porro de hierba. En ese caso, era un peor e incluso hasta la llamaba susurrando su nombre.
Pensó en ella cuando la besó, cuando le dijo sobre sus sentimientos, cuando la tocó, y dejo chupetones en su cuello que tuvo que tapar con maquillaje, raspandose la piel también oar que aus padres no la descubrieran, según ellos, debía permanecer casta hasta el 'sagrado matrimonio ' . Si supieran ellos que había perdido su pureza hace unos de años ya, con el primer novio que le conocieron.
— Pff, mierda... — frunció el ceño probando el regusto amargo del trago que tenía. Lo miró extrañada y negó llevando su atención hacia cualquier punto en la pared al otro extremo. Resopló.
« Jennie, Jennie, Jennie, Jennie, Jennie..... Ve.... Jennie , Jennie. »
Su mente canturreaba su nombre como si fuera un mantra. Se tomó todo el contenido de su vaso de un solo trago, carraspeando al final para contrarrestar la quemazón que le había quedado.
Todo sin darse cuenta que detrás de ella , se asomaba Jennie por la abertura de una ventana, sonriendo como una loca salida de un centro psiquiatrico. La tenía en la mirá, y su cuerpo se iluminaba con un halo color cian, su cabello ondeaba con el viento llevando su propio espectáculo. Los ojos de la pelinegra se pintaron de rojo soltando más sombras a su alrededor.
Lisa se sintió observada y luego, se removió en su asiento, estaba sola ahora. Completamente. Justo lo que la bruja necesitaba para rociarle la poción de amor.
Ella se teletransportó quedando detrás de ella, sintiendo con sus dedos el cuero del sillón. En ese precioso instante, Lisa se había amoldado al espaldar soltando un resoplido, sus ojos estaban cerrados, el rostro mirando al techo contra el espaldar del mueble. Y si Jennie no supiera que no tenía idea de su presencia, diría que se estaba ofreciendo mansamente a ella. Se lamió los labios y echó un vistazo hacia el patio donde parecía haber más vida que aquí dentro con el calor y el aire acondicionado dañado. Se apresuró a sacar el frasco con la poción de entre sus senos y se hizo con la facilidad de darle un, dos , tres puff... Quizás dos más adicionales.
Su cuerpo se tensó cuándo ella retorció su nariz de lado a lado, captando de inmediato el olor extraño que no había estado antes. Como una respuesta involuntaria Jennie le dió un puff más, está vez haciendo que Lisa estornudara ruidosamente.
— Aishuuuu ... — siseó la rubia, llevando su mano libre hasta debajo de su nariz, rascándose. — ¿Que-...
No pudo decir la oración completa, la bruja se había teletransportado hasta su casa. Antes de que Lisa la viera. La rubia miró hacia todos lados y un segundo después se desmayó sobre el sofá.
El cuerpo sobre la colchón se removió de lado a lado buscando algún acomodo, no se sentía dormir sin aire acondicionado, todo estaba realmente caluroso. Tanto que parecía que las sábanas en vez de sentirse como la seda de que estaban hechas parecían más bien un puñado de alambre de puas. Y si, así de molesto era.
La chica se sacudió sobre el colchón estando frustrada por no poder encontrar alivio. Había pasado.... ¿De las tres de la mañana? Si quizás, ni tenía idea.
Resopló ofuscada, tirando las sábanas que la cubrían de una sola patada, cayó contra el suelo dandole un poco mas de paz. Ella se abrazó a un a la almohada, queriendo tomar algo para concentrarse mientras buscaba otra vez el sueño. Se mantuvo así por los siguientes diez minutos, no había nada que la aliviase. Se sentía frustrada , ella golpeó el colchón con el puño y se quejó una vez. Aniñada, dando un show privado a los ojos que la miraban bajo la sombra de la esquina. La figura que se cernia sobre ella sin remedio a escaparse. La chica murmuraba cosas que sonaban q cosas cómo... " Umm, estu-... Mm, calor, caliente, calor , caliente... Li-...Ugh".
La figura del intruso emergió hacia la luz y sonrió maquivelico, soltando un suave suspiro de sus labios. Tomó impulso,y dió un paso más hacia la cama. La chica sin darse cuenta de nada en su estado adormecido, siguió batallando con... ¿Ella misma? Va , con la incomodidad de estar así de perturbada por la temperatura dentro de aquella vieja casa.
Los ojos acechadores lucieron su brillo foveal, casi como escarcha dorada.
El intruso no aguantó más, llevaba tanto tiempo ahí escondido que tomó todo de su control para mantenerse en silencio sin interrumpir la hermosa escena que tenía enfrente. Sonrió una vez más, y en un parpadeo se abalanzó hasta el cuerpo de la chica, lanzándose como un lince atacando a su presa.
— ¿Eh? — tarareó la bruja, su ceño se había arrugado. La emboscada tendida por aquel cuerpo extraño le hizo entrar un poco en pánico. Abrió los muy a su pesar, encontrándose con unos brazos que le rodeaban la cintura. — Que demo-...
— Mm, Jennie.... — la mencionada se quedó tiesa, anonadada. No podía creer lo que sus oídos habían escuchado... Esa voz, preciosa y dulce como la miel. — Mi amor, mírame.
Una sonrisa sádica salió de los labios de la pelinegra.
— Carajo... — susurró sintiendo como su chica le apretaba queriendo tenerla más cerca. Se regocijó, no sabía que el efecto sería inmediato, esto era un buen servicio. — Mgmh ... — gimió cuándo las caderas de la tailandesa se apretaron contra su trasero. Le pasó una pierna por encima de las suyas también.
Parecía una gata en celo, como.... ¡Literalmente!.
— Se que estás despierta, bebé, se que me quieres... Mm, Jennie... — tarareó Lisa dejándose llevar por el deseo. Tocó las caderas de la pelinegra, y la apretujo contra ella, su pelvis moviéndose sola. Su clítoris estaba palpitante, y sentía que se iba a morir si no encontraba la forma de saciarlo. — Jennie... Jennie....
La bruja se puso rígida, enervada por una corriente electrica cruzando por toda su piel y célula de su cuerpo. Tragó en seco y tomó la iniciativa de girarse hacía ella mirando breve su rostro enrojecido por un micro segundo antes de que ella la besase.
Sus labios devorándose la boca comenzaron a columpiarse de extremo a extremo de la cama. Dándose caricias, y más besos ruidosas que ningúna de las dos quiso parar. Tomando de su calor conjunto haciendo una gran bola al rededor de las dos. Lisa abrazaba a Jennie por la cintura y se burlaba de ella mirdiendole los labios, chupando su lengua y luego perdiéndose de ella para dejarla pidiendo mas cuando se iba a perder en su cremosa piel, en su cuello, la parte mas visible y cercana que aquella bata anticuada que usaba la pelinegra, le dejaba ver.
Ella la mordió, y casi que le succionó la sangre como una vampira. Se gozo los gemidos sutiles de la bruja. La tocó por encima de la tela y rozó sus pezones erguidos. Jennie soltaba palabrotas y Lisa la complacía en todo momento. La tuvo de piernas abiertas y se coló entre ellas, empujando sus caderas en las zonas mas sensibles de ambas. Jennie se arqueó contra el colchón, y Lisa lo disfruto mirándola con adoración pura. Cómo si ella fuera su diosa. Una deidad. La tailandesa tentada por el mismísimo diablo, se empezó a sacar las prendas de ropa y quedó en ropa interior, llevando a la pelinegra a mirarla con una ferocidad voraz. Vivida. Líbido puro. Esa jodida estúpida estaba encendiendola como el fuego. Dios, no....como una desgraciada bomba atómica.
Era radioactivo.
Y las dos irradiaban olas de energía y placer urgido por alcanzarse. Nada podría parecerse a ésto.
Lisa le quitó a Jennie su bata , descubriendo que no tenía nada más debajo de ella. Ambas se miraron con lujuria ardiente. Se sonrieron y volvieron a besarse con vehemencia, con la bruja envolviendo a la tailandesa por los hombros, y sus muslos sobre su cadera. Las prendas restantes de la chica del flequillo, fueron desgarradas. Y durante el resto de la noche esa cama se movió mas que todos los terremotos,que en la historia, sacudieron a Japón.
¿Que era ésto?
Un nudo se hacía en su cabeza, nada más que una red enmarañada. Estaba sentada viendo con los puños cerrados como el chico de la tienda coqueteaba con su chica. Había sentido que su pecho se abría cuando ella le sonrió a él. Su ceja se alzó sin sentido. No daba crédito ni a lo que sentía, ni a lo que pensaba,y muy remotamente, menos aún a lo que deseaba hacer. Quería arrancarle los dientes uno por uno queriendo que pasara por un dolor tan intenso que pidiera clemencia, meterle una pinza debajo de las uñas y sacarselas dejando correr la sangre sin miramientos. Esperando que así jamás en su puta vida se volvería con las ganas de siquiera dirigirle la mirada a Jennie.
Su Jennie.
«¡¿Que mierda pasa conmigo!? » pensó la tailandesa. Reprovhandose a si misma por su propia conducta.
Los recuerdos estaban borrosos en su cabeza, en un momento estaba en la fiesta y de repente se encuentra en la casa de ella. Desolada. Rompiendo la cama con el sexo explosivo que tuvieron, la hizo gemir, ella misma obtuvo los mejores orgasmos de su vida. Le dijo cosas lindas.... ¡Cosas lindas! ¡Le hizo hasta poesías! ¡Hasta que ambas se quedaron dormidas! ¡Acurrucadas! ¡Acurrucadas y jodidamente desnudas! .
« ¿me estoy volviendo loca? Oh, tiene que ser éso... Eso, si ... »se consolaba a si misma . Como si eso quitase el repiqueteo de su corazón contra sus costillas, protestando como convicto detrás de las rejas.
La pelinegra se movió hacia atrás , mirándose divertida por lo que se que el chico de los helados le había dicho. Su mandíbula se tensó y sus puños volvieron blancos a sus nudillos.
« Voy a arrancarle los huevos y se los pondré de corbata.... Ewww.... pero le quedará bien al imbécil » dijo la voz interna de la chica.
« espera.... ¿Que?»
No, no, no ...
— Ugh.... ¿Que es ésto? — las lágrimas se hicieron camino en los ojos de Lisa, su mano subió hasta su rostro y se lo restregó. Sentía tantas cosas confusas. Difusas y difuminadas una de la otra, no hallaba la forma de determinar cuando empezaba una emoción y terminaba la otra.
Mira a la bruja, y está le dió un miradita luciendo tan hermosa que volvía a su estado de aturdimiento. Ella se había hecho las uñas, realmente afiladas como sin quiera usarlas para rasgarle la espada mientras ella le 'hacia el amor'.
¿Hacer el amor?..... ¡Ella no decía tales sandeces! ¡Coger, era simplemente coger! ¡No era-...era-...
— Hicir ul emir... — susurró de sin misma con toda su deliberación, sobre las uñas de su ... ¿Novia?.
«¡Novia!» grito en su cabeza, sus ojos se ensancharan, esto no era normal. Esto tenía que parar.... ¡¿Pero cómo?!....
Se habían acostado, habían hablado por mañana como si nada, ni ella misma se lo creía. Le había preparado el desayuno, y el había salido perfectamente unas tostadas francesas..... ¡Ella era un desastre!. Uno inmenso.
Se podía notar que su cuerpo temblaban. Pensamientos que iban en direcciones contrarias, alarmante. No sabía como hacer , y estaba sintiéndose abrumada. Con Jennie , con lo que pasó desde la noche anterior. Con ella misma, con sus sentimientos y pensamientos inquietantes. La necesidad injustificada de separarla de aquel chico, que parecía no querer soltarla aún después de servirle sus conos. No podía entenderse a si misma. Ni absolutamente nada de su entorno.
Alguien, quien sea. Había encendido la radio poniéndo una emisora que solo ponía música de los 80's y 90's.
Su corazón dentro de su pecho, casi saliéndose. Cuando finalmente, su novia venía hacia ella. Sin darse cuenta, ella soltó un suspiro seguida de una sonrisa abrumadora. Parecía un borrego drogado, embobada por los efectos de la pócima. Parpadeo como tres veces y ya fue mucho para cuando a la cuarta vez, ya tuviera a la pelinegra inclinándose quedando a su nivel.
— Aquí está tu helado de menta , amor... — ella le tendió el helado, uno de color verde agua, el de menta. Con algunas chispas de chocolate, y el de Jennie era el amarillo, sabor mango. Lo dos en conos.
La mirada dulce, más la sonrisa de enamorada que le dió la bruja, la dejó con la boca seca, como... Literalmente, más árida que el desierto del Sáhara. Lisa tragó en seco y la miró con detenidamente, todo en ella se revolucionó por el brillo que expandió por sua iris hermosos color chocolate.
Y casi le da un infarto después, ella le tomó de la mejilla y la acercó a su boca.
— Que linda estás... — susurró sobre sus labios, luego tomó su labio superior y lo chupo tan lentamente que se echó hacia ella buscando más. Era una adicción recién desbloqueada. Su boca era tan deliciosa... Tan condenada. — Mm... Espera...
Detuvo el beso, dejando a Lisa con muchas ganas, la impaciencia de meterle la lengua hasta lo mas profundo de su garganta. Sus labios se abrieron y cerraron sin dejar poder si quiera decir una sola palabra.
— ¡Esa canción, me encanta!.
La chica se adueñó del momento, se puso al lado de la rockola dañada, que simplemente era decorativa y se puso a bailar al son de vibras hipsters que tenía "Fire for you" de Cannons.
Ella tenía puesto una falda a cuadros roja, más un top excesivamente corto, que dejaba ver su sujetador, del mismo color que su falda. Se veía condenadamente sexy. Provocativa. Como una diabla. Una sirena que estaba atrayendola a su muerte inminente.
Del otro lado estaba , Jennie. Regodeandose en el éxito implícito en su encantamiento. Nada era mejor que poder tenerla comiendo de su mano. El efecto había sido tan fuerte que ni pasaron dos horas,para cuando ya estaba azotandole las nalgas pidiéndole a ella que le diera mas fuerte y más rápido. Lamió de su helado, meneando sus caderas al compás de la música. Riéndose porque había convertido a esa tailandesa en una sumisa "muerde almohadas".
Sus miradas se entrelazaron en todo momento en el que Jennie estuvo bailando. Lisa reprochandose por sentir calor en su sexo solo por éso. Estaba realmente hormonal.
La bruja se rió una vez más, mostrando sus encías.
« Esto es apenas el comienzo, serás mi juguete » dijo la voz interna de la pelinegra.
Del otro lado, la rubia se tensó. Su cuerpo entero, su puño se presionó sobre el cono de helado que se había derretido en su mano.
La puerta del fondo se abrió, dejado ver a una pelinegra con el cabello mija y enrollado en una toalla. La chica se llevó una mano a la cabeza para estrujarse el pelo queriendo sacarlo, su pequeño cuerpo estaba envuelta en otra toalla que se ataba en un nudo en su pecho. Una sonrisa de labios sellados se hizo espacio en su boca al mirar la espalda desnuda de su chica. Seguía en la misma en la que la dejó antes irse a dar una ducha.
Con sus pies descalzos, camino hacía la cama parándose hasta llegar a la mesita de noche. Abriendo la primera gaveta, murmuró.
—: ¿Vas a quedarte así lo que resta de la tarde?. — sus ojos escanearon la figura esbelta de Lisa, las sábanas la cubría de la cintura para abajo,y su hermosa piel tostada la invitaba a fantasear solo con verla.
— Mm, sí... ¿Cómo no disfrutar de una día libre? Deberías venir a acompañarme — le habló la tailandesa, entre balbuceos. Con su mano palmeo el espacio a su lado, una sugerencia directa para Jennie.
— Encantadora, mi amor — ella tomó una botella que contenía aceite de sándalo, previamente preparado para enganchar a su novia aún más ella. Lo había estado para un momento como este, y sí, ella no leía mentes pero supo que había dudas reflejándose en los ojos de su novia no oficial. — pero no, tengo algo planeado para ti, Lisa.
El sonido del cristal chocando contra la madera de la mesita, se llevó por un instante la atención de la rubia. Volviendo la vista a la pelinegra, quien se mantuvo serena, casi divertida brotando brillo de sus ojos. Lisa se quedó prendada en esos iris achocolatados, y se encadenó a su misma a mirar hasta el lunar que tenia debajo de la ceja izquierda.
— Oh, sí.... ¿Y que es éso?.
Se removió en el colchón, dejando que la colcha verde agua, revelara los costados de sus senos. Jennie se mordió el labio con la tentativa de tirarse encima de ella. Sus dedos apretaron el frasco que sostenía y tomando aire buscó una braga dentro de la gaveta. Una de encaje negro. Cómo sus intenciones.
— Quiero hacerte un cambio de look... — declaró con orgullo al ver el desconcierto de su novia.
— ¿Cambio de look? — la bruja asintió lentamente, afirmando su pedido. — ¿Y que se supone que quieres hacerme? Me gusta mi pelo rubio ¿Que tiene de malo?.
La coreana arrugó la naríz, en gesto a que a la hechizada Lalisa le pareció demasiado tierno. Incluso soltó una risita encantada por verla siendo tan dulce. Nada más que una máscara en la que Jennie se escondía. Pero claro, la tonta tailandesa no podía ver eso.... Dall.
— Es muy, mm ... Soso, si eso — tarareó la pelinegra. Dejó que la tailandesa se acomodara, y sintió los ojos de ella en cada momento, mientras se ponía sus bragas por debajo de la toalla que la tapaba. — ¿Y sabes que también quiero?.
Lisa no respondió, pero alzó la barbilla hacia ella y la miró con las cejas levantadas.
— Verte castaña.
— Castaña — repitió la chica del flequillo.
— Si, y dejarte tu precioso flequillo, pero castaña de un color caoba.... ¿Que me dices? — cuestionó apoyando su rodilla al borde la cama. Y soltó la toalla de su cabello tirándola al suelo un poco después. Las hebras de sus cabellos largos cayeron sobre sus hombros, encrispados.
Lisa se humedeció los labios y lo deliberó un poco, esa era un color que no había usado, su cabello por naturaleza era negro, pero desde que le habían dado permiso se lo había empezado a teñir de varios colores. La idea le gustaba, un color que su .... novia, le pedía.
Y si, si quiera pensarlo se le hacía raro, pero en su mente solo había espacio para Jennie, nadie más. Ella se había adueñado de su ser. Le extrañó que ella no sintiera rencor por lo que le hizo al terminar el curso pasado. Pensó en lo mal que la trató y sus lágrimas, ella misma ahora estaba clavándose tubos ardientes en el pecho que representaba la culpa que sentía al recordarlo. Y en este tiempo, no tuvo tiempo ni de pensar en los constantes reclamos de sus padres por llegar tarde a casa. O en sí, pensar en ellos , como antes si lo hacía.
Algo la había poseído.
La presión sobre su espalda baja, hizo estrellar su tren de pensamiento. Lisa frunció el ceño, y giró su cabeza para ver que Jennie estaba sentada encima de ella.
— ¿Que planeas hacerme , Kim? — escuchó su melodiosa risa. Sintió cosquillas en el estómago solo con eso.
— Voy darte para relajarte , bebé... Mm, estás muy tensa — canturreaba pasando sus suaves palmas por la forma de sus omóplatos. Dibujando con la punta de sus dedos figuras imaginarias. — Un comodín, aprovecha, que no lo haré todo el tiempo.
Las bruja movió sus manos en direcciónes contrarias, por ambos costados, tocando sin pudor alguno, los pequeños pechos de la tailandesa. Lisa jadeó con goce. Sus labios se separaron y su mejilla tocó la almohada debajo de su cabeza. La pelinegra le retorció los pezones, sintiendo el vibrato salido de la boca de su novia, más la sacudida casi imperceptible que tuvo ella contra sus manos.
— Rico... Adelante — Lisa se sirvió como banquete a Jennie, no sabiendo que estaba cayendo mucho más profundo en su trampa.
— Te daré lo mejor que tengo, amor. — sedujo la bruja, estiró su mano derecha para tomar la botella con el aceite y sacándole el corcho vertió una buena cantidad sobre la espalda de la tailandesa.
Ella desplegó sus tácticas, hizo que Lisa se volviera masa debajo de sus manos, la tocó por todos lados, le hizo saber que lo disfrutaba ella también. Lisa balbuceó gemidos de gusto, y frases lindas y tan endulzadas que Jennie alguna que otra vez rodó los ojos. La bruja estaba felíz por tenerla así de mansa, tenía una fiesta en su interior cada vez que Lisa la hacía llegar al éxtasis, besarla era jodidamente adictivo y verla formar corazones con sus ojos , activaba mas su posesividad. Al punto de olvidarse que debía darle almas perdidas al demonio que cuidaba su maldición. Lalisa Manoban, la havia perder el juicio, y por muy minúsculos momentos sentía que podía ser apreciada.
Pero luego entraba en razón, no debería permitirse sentir. No cuando ya su vida y alma estaban condenadas. Está era la última vida que tendría. La única que se le había concedido a cambio de sacrificios. Ella pensó que podía distraerse con ella todo lo que quisiera, y después dejarla al tiempo, no podía permitirse tampoco flaquear por ella. Su plan era simplemente vengarse, y seguir con su vida dejándola a ella desgarrada con un corazón zanjado a la mitad y ensangrentado pidiendo por algo que ella ya no estaría dispuesta a darle.
Su destino era tácito, lineal, y sin vida ni piedad. Debía dar sacrificios en nombre de su demonio. Y ella solo estaba haciendo una pequeña pausa de eso.
— Como no dejes de hacer eso-mm-... — se quejó la tailandesa, girando su cabeza por sobre su hombro. Jennie enfocó la vista hacia ella. Ni cuenta se había dado que tenía una mano en su pecho y la otra estaba presionada entre la cama y los músculos tensos del abdomen de Lisa. — Al demonio...
En un arrebato, Lisa hizo que la bruja se bajara de ella y en un cambio brusco de circunstancias, la atrapó bajo su cuerpo sacándole el nudo de la toalla dejándola desnuda de la cintura para arriba, por unos segundos se quedó viendo sus senos rellenitos y perfectamente tentadores, sus areolas rosadas como los labios de su boca. La salivación se activó, casi soltando babas por su mentón. Y luego bajó la mirada hasta su panty de encaje.
— No se para que te pusiste eso, si iba a quitartela en algún momento — soltó la chica del flequillo, con voz rasposa. Sus ojos titilaban con deseo, y pensamientos impuros pasando por ellos como flashazos.
— ¿Ah sí? — Jennie pasó sus dos manos por debajo de la cabeza, arqueandose hacia Lisa. Exhibiéndose, mostrando sus sublimes atributos para ella.
— Abre esas malditas piernas — gruñó con rudeza, para este punto Lisa estaba desesperada. Sus manos se movieron endemoniadas, hasta los muslos de miel de Jennie. La abrió para ella, y clavó sus rodillas sobre la cama para quitarle la braga.
— Ay, que exigente mi novia — se burló la coreana, dejando que Lisa pasará una pierna y después la otra. La prenda dejó su cuerpo y la tira de tela fue a dar al suelo junto a las toallas.
— Ya verás, Kim — habló la tailandesa con un jadeo. Se cernió sobre el cuerpo de la bruja. Gateó hasta quedar cara a cara a ella. Ambos pares de ojos soltaban chispas, cargándose de energía los átomos que circundaban en el aire denso de la habitación.
— Oh, si. Házme tuya , bebé — tarareó la coreana, mordiéndose el labio, la palma de la mano de Lisa se movía por el hueso de su cadera. Gimió cuándo le apretó, de la nada — Se ruda conmigo, que lo quieras sea haga, vamos, mi am-ahgm...
Gimió casi temblando cuando su novia la tocó justo donde quería.
— Ahora mando yo, Jennie — y ram pronto como dijo, le introdujo tres dedos en su sexo, sus paredes húmedas atraparon sus dedos con una presión deliciosa. — ¿Entendido?.
Ella curvó sus dedos dentro de Jennie, y comenzó a bombear dentro y fuera de ella. Dándole sacudidas desde el interior, pasando su pulgar por su clítoris, dando mucha mas estimulación. Y Jennie se lo felicitó arqueandose para ella. Las pequeñas manos de la bruja tocando sus propias senos.
— Mgmh... Lo que digas, cariño. Metemelos más du-....
— ¡Silencio! — ella la dejó vacía, siendo despiadada sacando sus dedos por completo para luego embestirla tan fuertemente que hizo temblar su diafragma con una aguda y alta exhalación de un gemido que le desgarró la garganta. — Daré lo que yo quiera, en el tiempo que yo quiera.
La bruja la miró con furia, pero de su boca no salió nada. En cambio, soltó sus senos y enjaulo a Lisa con sus manos tomándola por la nuca y la atrajo a un beso feroz hambriento.
Tskah, tskah, tskah...
Los besos resonaban en los confines de la habitación. Una somnolienta rubia yacía en la cama, siendo abrazada por la maldad pura, misma que se representaba en aquella pelinegra, la que estaba dejándole besos a la mas alta por la curva acentuada de su hombro.
Lisa estaba adormilada en la sensación de plenitud luego de unas buenas horas de placer mutuo. Su pecho se revolcaba en la calidez que residía en él. Rodo había sido realmente satisfactorio, y lo fue más cuando Jennie tomó el mando... Uff , de solo pensarlo se le erizaban los vellos de su cuerpo. Y su respiración se contuvo cuando sintió que ella presionaba sus pechos en su espalda, su vulva volvía a palpitarle con flujos renovándose entre sus pliegues.... ¡Esto era una locura.
— Mm, Jennie.... — Jadeó.
La mencionada soltó una risita por lo bajo, entreabrió sus labios para recorrer con la lengua, el camino hasta el cuello de la tailandesa, en una lamida, larga y continua hasta llegar a comerse su lóbulo. Lo chupó, sabiendo que eso volvería loca a su tailandesa.
— Pensé que tendría que despertarte, me alegra que estés despiertas, bebé — la apretó desde la cintura pegando sus pieles que aún estaban transpiradas. — ¿Quieres hacerlo ,hoy? .
— Aah... — Jadeó la tailandesa, moviendo su trasero contra la entrepierna caliente de la bruja. — Mm, no tuviste suficiente. Acabamos de-...
La carcajada de la pelinegra interrumpió sus palabras, Jennie estaba realmente divertida con la chica. Este era un nível más alto de adiestramiento. Negó con la cabeza.
— No, idiota... Me refiero al cambio de look, me distrajiste por mucho tiempo ¿No crees?— expuso al tiempo que su mano se escabullia por su abdomen, rodeando su ombligo.
— ah, sí, eso... — tartamudeo la rubia con torpeza, Jennie estaba llevando su mano más al sur, justo donde los rizos de su sexo comenzaban a tapar su piel, resguardando su feminidad. —... Jen...— gimió.
Ella le había cubierto su sexo, con toda su mano, y le apretó, seguido movió la punta de su dedo índice entre sus labios vaginales.
— Estás muy sensible todavía, amor... ¿Debería darte un descanso? — canturreaba la coreana altiva por verla tan trastornada con sus toques. Lisa asintió, la bruja se rió de ella cuando la vió tragar grueso. Quitó su mano, no sin antes llenarse los dedos con su viscosidad. — delicioso.
Tarareó la bruja, probando la dulzura de la tailandesa. Lisa se sintió achicharrado del anhelo y placer. Está jodida coreana estaba llevándola por cominos tenebrosos. Sin consciente o no.
— No juegues, conmigo... — le pidió, sus párpados fuertemente, tratando de regular el movimiento agitado de su pecho. — amor... .
— Ok, ok, lo dejo — cedió llevando la misma mano que la estuvo tocando ahí abajo, hasta su barbilla y la giró hacia ella. — demonos una dicha juntas, ah, si es que no quieres ir con tus papitos.
El entrecejo de la tailandesa se frunció y no contesto de inmediato porque la coreana sorbio su labio inferior, seguido del otro, luego le repartió más besitos cortos y sonoros por el rostro de porcelana que tenía su novia.
— Mm... — se rió soltando aire por su fosas nasales, era estúpido eso último — Nah, casi vivo contigo aquí. Me gusta eso. Es más , creo que debería quedarme contigo está noche.
Los ojos de la bruja se abrieron, tomando espacio de Lisa quien comenzaba a batir sus pestañas hacia ella. Solidificó su felicidad, la condenada pócima era mas fuerte de lo que pensaba y cada vez la sorprendía mas de su efecto.
Sonrió con sadismo ante los ojos de cierva que la miraban con devoción y amor inusitado. Demasiado brillante como para ser parte de los amarres que le había hecho. Algo dentro de ella tembló pero no supo si de temblor o gusto.
— Me parece excelente, cielo — tarareó la coreana, algo desconcertada, pero rápidamente dejó sus pensamientos atrás.
Lisa sonrió casi brillando como el sol, a la bruja le encantó eso.
— Solo con una condición, Nini — exigió, dejando a la bruja con la boca abierta, era la primera vez que ella la llamaba de esa forma. Ella asintió.
— ¿Cuál?.
— Que me dejes escoger un estilo de corte para ti, y el color que te vas a teñir. — sus ojitos avellanados brotaron inocencia. Una brisa extraña las cubrió a ambas con eso . Ambas estaban conectándose en un estado más alto. Astral.
Ambos pares de ojos bailaron en su propio ritmo, en un vals. Yendo intermitentemente de lado a lado. Se sonrieron ,casi coreográficamente, al mismo tiempo.
— Hecho — le concedió la bruja, y Lisa se movió entre sus brazos para darle un beso y finalmente tumbarla sobre la cama.
Las dos se fueron sin sentido y de ahí, se dieron un par de besos más hasta que una de ellas empujó a la otra hacia el baño donde tomarían un baño en la tina.