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La fuerza de un Extraño

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Summary

Una vida sencilla es mejor, que el caos hecho persona o eso imaginé ante un sicario que se convirtió en mi acosador personal, todo lo que conocí, dio un giro completo; llevándome a los lugares más oscuros dentro de un club privado ahí el placer se presenta en copas llenas, a manos de hombres sin escrúpulos, mi mayor problema fue entrar a la tienda equivocada, poner un pie y mi vida se fue al carajo. Soy Jana Montgomery y está, es mi cruel realidad. Una historia atrapante que no dejarás de leer, obra protegida por Safe Creative derechos de autor no se aceptan copias o imitaciones de la misma. Contenido +18.

Status
Complete
Chapters
51
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Uno

Otoño favorito


Jana

Hoy inicia la temporada de noviembre y me siento súper emocionada, además de ser mi estación favorita las calles están abarrotadas de hojas caídas a cada paso que voy; ya que mi vestimenta, es algo cubierta, no deja de ser casual con mi pantalón negro, blusa roja de tiritas junto a una chaqueta de cuero negra, además de mis botas que son todo terreno en estos casos.

Pero el punto de ¿Qué hagó? en un parque a horas de la medianoche es otro asunto, mi amiga Perla me tiene esperándola, porque hoy iremos a un festival, que realizan cada año en este parque, aunque inicia algo tarde. Sin embargo; me siento aburrida, al ver una banca me siento para relajarme, suelo ser floja en algunos casos como perezosa, duermo mucho; algunos dicen que es un feo hábito, pero en mi caso los mando a volar lejos, también soy gruñona cuando me lo propongo tanto que mi amiga me saca de problemas por mi temperamento.

Claro siempre, me salgo con la mía y si me buscan le saco sangre en la nariz a cualquiera que me busque pelea, por algo Perla busca relajar la situación, como amó a esa loca, desde la infancia la hice tener dolores de cabeza, desafiando a todo niño que intentará hacerme ridiculizar, por acciones sosas desde ese tiempo, sonrió de lado recordando esos momentos; ya que con el tiempo hice que me temieran al verme pasar, cosa que no fue la excepción en la secundaria, dónde ahora curso.

Suelto un suspiro leve, dejando una pequeña estela de aire fría, me emociona llegar a esta temporada las hojas se ven tan resaltantes, en cada árbol que posee este parque, lo bueno es que este lugar está lleno de gente joven, como adulta no hay niños al ser tarde, está prohibido para protección del menor, esa ley me agrada, nunca suelo cumplir las normas; pero me encanta la ley y eso que no pensé imaginar ser portavoz de ayuda en mi instituto, haciendo el periódico escolar en cuanto a leyes del lugar o de nuestro país Honduras.

El lugar donde resido, es la capital de Tegucigalpa ¿extraño su nombre? a mi parecer es único, mi país de nacimiento es bajo, siendo Holanda por parte de mi Padre. Por consiguiente; junto a mi madre fui criada, ya que mi progenitor falleció cuando era solo una niña y ella me saco adelante con su trabajo de cocinera en un restaurant familiar, que tiene mucho éxito, tanto que hay tres franquicias más, me siento orgullosa de sus éxitos; todavía recuerdo las veces, que antes de irme a dormir siendo una niña de cinco años; me daba besos y me decía que iba ser valer sus derechos como la cocinera que era, aún sabiendo que sus conocimientos vinieron por mi abuela, que no tuve el placer de conocer solo estando bebé, a través de ella saque ese genio dominante como autoritario.

Niego ante la verdad; pero de algo si estaba segura, que está noche va ser diferente para mi vida; al estar tan ensimismada en mis pensamientos no ví llegar; una mano sobre mi hombro, haciéndome sobresaltar en mi sitio voltee para atrás detallando a mi amiga, una chica más baja que yo, de cabello negro algo corto y ojos azules; con cuerpo esbelto usando su falda roja, blusa de lentejuelas plateadas y tacones del mismo color, claro con este frío tiene puesto una chaqueta de color rojo que la hace lucir a la moda.

Me puse de pie, para verla con mi ceja enarcada.

—¿Y esa cara? — me habla despreocupada, viendo sus uñas pintadas de negro.

—¡Lo tarde que llegas! y me dejas esperándote, como una tonta aquí. — señale mi entorno, sin dejar de estar seria.

—Por favor, Jana déjate de tonterías, vamos a divertirnos está noche es nuestra y necesito sacar este estrés con alcohol. — confesó; usando su carita de niña buena, para que la siga.

—Eso veo Perla, pero ten en cuenta una cosa, que al decir ¡Nos vamos!, lo vamos hacer te guste o no. — puntualice mi condición y ella rodó lo ojos por mis palabras.

—Está bien. Reina amargada. — sonreí por ese apodo.

—Y ha mucha honra lo soy Perlita.—agregue y ella reírse.

—¡Vámonos! que ya está a punto de iniciar el festival, por el inicio de noviembre. — mencionó y me sentí feliz de seguirla.

Fue así, como emprendimos la marcha al dichoso festival, que muy poco conocía pero que Perla iba cada año, este era mi primera vez gracias al cielo tengo permiso de mi Madre, hoy le tocó trabajar en el restaurante; cuando llegamos a la calle, me subí al carro de mi amiga; siendo un Mercedes, clásico de color Rojo cortesía de su Padre, regalo de cumpleaños del año pasado, ambas tenemos dieciséis años por lo que nos queda dos años de graduarnos y siento, que no puedo ver ese día, porque a pesar de ser gruñona con ella la voy a extrañar un montón cuando nos separemos.

Con mi vista en el camino, veía por momentos las calles; mientras Perla disfrutaba manejar su carrito lo ama con locura, siempre quiso tener uno, esas cosas no son tan importantes para mí, en mi caso la comida es sagrada, si dejan comida en un plato me enojó, primero es un regalo de Dios comer y segundo no aprecias las manos que lo hicieron, a menos que la comida no esté bien cocida, ese es otro cuento.

Poco más de una hora, llegamos al esperado lugar me siento feliz de ver tantas luces y todo bien decorado con colores negro, blanco y rojo por eso está noche, usamos algo de ese último color, es como dijo Perla un requisito para entrar, para mí es algo tonto; pero hay que seguir la corriente pienso bailar hasta que me duelan los pies, no pienso beber mucho, debo estar más sobria, ya que mi amiga beberá para olvidar a su ex; cortaron el día anterior ambos son tan tercos, pero como no es de mí incumbencia, por mi mejor no saber.

—Ya llegamos. — avisa Perla, me bajo al estacionarse con cuidado en una zona casi, apartado del festival.

—Que bueno; porque mi trasero necesita relajarse un poco. — me lo tocó con dramatismo.

—¡Exagerada!. — comentó ella, cruzada de brazos del otro lado del carro.

Me causo risa su cara, pero así suelo ser yo.

—Entonces vamos a la fiesta. — aclaré y ella a caminar, para así seguirla.

Durante la caminata note, que las calles estaban cerradas para estos tipos de eventos, llevo conmigo solo mi teléfono e identificación por alguna novedad, mientras Perla tenía su pequeño bolso cruzado de color negro con lo que seguro debe usar; además de condón, sonreí por ese pensamiento, hasta que logramos llegar a nuestro destino. Un hombre grande algo fornido, nos vio seriamente ambas sacamos la identificación de cada una al verla detenidamente pudimos pasar.

Ahora lo que mis ojos ven es otro nivel, todo está lleno de gente y motos de todos los modelos, junto a sus dueños luciéndolas ante las mujeres, que usan ropa descotada como Perla, vaya ¿no pensé eso?, obvie el asunto para sentir ese ambiente con música elevada y de disfrute, con una pista al fondo para bailar a todo dar, eso me motivo más sonriendo en el proceso.

(…)

Después de unas dos horas de ver motos y conocer a nuevas personas, me encuentro en la pista improvisada bailando sola, junto a un tubulto de gente a mi alrededor, he bebido como cinco vasos de ese cóctel amarillo muy dulce, tanto que me fui a bailar para bajar el calor, estoy con mi chaqueta por el nivel de los codos exhibiendo mi piel de color, soy una negra en potencia, mi cabello alborotado con rulos en todas partes dando ese efecto de globo que me encanta lucir con mis aretes en dorado.

Me siento feliz y lejos de tanto estrés por los nuevos exámenes, que vamos a tener esta semana sobretodo matemáticas, esa es la peor como la odió siempre tengo problemas con ella, pero no voy a seguir pensando en el día lunes, hoy es domingo y no pienso dejar que mis trabajos me agobien.

Todo eso pensaba y la música seguía sonando, las personas a mi alrededor estaban disfrutando de esta fiesta, llena de puro alcohol, deseo e incluso sexo; no podía dejar de sorprenderme está situación, era inevitable que en estás fiestas o festivales hubiera tanto libertinaje de cada uno. Por mi parte, me daba lo mismo me acostumbré a ver tanta realidad, mientras otros buscan ocultar lo que a simple vista hay en el mundo, en ese caso Perla me dice que soy muy madura.

Seguía bailando, no necesitaba pareja para hacerlo; yo quería continuar hasta que mis pies no pudieran más, por instante me sentí vigilada, detallé todo el lugar, era difícil de ver por tanta gente a mi alrededor eso me tenía inquieta, pero decidí seguir bailando por momentos buscaba a Perla, entre el tubulto de gente no la pude hallar, la última vez que la vi, estaba conmigo en la barra, dónde bebimos muchos cócteles poco tiempo después la perdí, al irse con un chico rubio ojos miel que la saco a bailar, pero ahora ya no la veo lo cual me preocupa.

Enseguida me fui arrimando entre las personas, para salir y lo pude lograr la música estaba fuerte y nada la detenía, eran muy buenas, pero debía buscar a Perla no era bueno, dejarla sola sus Padres se preocuparían si llega tarde, me aleje de la pista con prisa, hasta que me ví en el sitio de exhibición de motos, no estaba solo igual había gente por doquier.

Algo inquieta mire a todos lados, había sudado lo suficiente para sentirme mejor sin tanto alcohol, esta noche me pase un poco; hasta que una cabellera corta me llamó la atención, siendo llevada a un carro negro, no era el rubio que la invitó a bailar era otro. De inmediato, mi instinto me hizo seguirlos, llegando a ese carro deportivo, estando cerca de la ventanilla trasera del carro, mis ojos se ampliaron más evidenciando que mi amiga, estaba en una posición comprometedora a horcajadas sobre el hombre que al verlo, era moreno cabello rapado y de buen cuerpo, era la locura ambos se besaban como sino hubiera un mañana, él hombre le tocaba sus caderas, los senos y terminaba en su trasero casi podía sentir los vidrios empañados por esa escena.

Tragué grueso, en mi lugar pero una parte de mí, la que es valiente y osada decidió actuar; sin importarle las consecuencias que ocurriera después de eso, comencé a tocar duro el vidrio llamando la atención como gritar a la vez; dando la reacción que necesitaba, sacando a Perla de ese trance tan vergonzoso.

Mi amiga me vio y se quedó helada encima del chico, lo miro y decidió salir de ese carro, aún ante sus gritos de queja, por dejarlo allí con ganas de sexo, como pude busque a Perla del otro lado y la tomé de la mano para salir corriendo.

—¿Qué haces Jana?— pregunta y solo niego para seguir corriendo y perder de vista a ese hombre.

—Solo cállate y corre Perla. — simplifico, continuando la marcha.

Me hizo caso, la muy tonta y pudimos seguir corriendo, tanto fue lo que corrimos que jamás pensamos, que al estar cerca de la vía, para pasar la calle al otro lado fuera la misma la calle cerrada del festival en qué estábamos, un auto se interpuso en nuestro camino y no cualquier carro era uno que por más intentará olvidar ese color gris, junto a su placa nunca las dejaría de ver, ese fue mi error. Las luces me detuvieron y más el claxón de dicho auto, mis nervios crecieron Perla en su posición se asustó gritando; mientras que yo, me sentí con temor de cualquier desastre que pudiera acarrear un accidente.

En mi lugar; miré al chófer que no se veía mucho y solté la peor palabra que he dicho en mi vida.

—¡Maldito! Casi nos matas, aprende a conducir. — grite con voz potente, cosa que mi amiga no le gusto que lo hiciera.

—Vámonos Jana, déjalo. — me habló Perla, que no deje de ver ese auto, luego salí después sin mirar atrás.

Estaba agotada, de toda esta situación busqué por todas partes, hasta que logramos llegar por fin, donde dejamos apartado el auto, gracias al cielo estaba en su sitio, sin detalles, me voltie a ver a mi amiga, después de soltar su mano ella se quedó en su lugar con la mirada sobre suelo; dejando un aire alrededor de silencio, no podía entender, me quedé cruzada de brazos sentía que mi cuerpo estaba libre de cualquier toxina de alcohol, pero mi amiga algo le pasaba, porque comenzó a llorar y eso no daba indicios de nada bueno.

—Perla ¿Que sucede? Dime algo. — pedí, cosa que no decía nada.

—Pensé que era… el… rubio. — medio pudo hablar.

Oh rayos; era seguro que por tanto beber, ni siquiera sé dio cuenta, que el rubio la dejó y mandó a otro, hacer el trabajo sucio, es lo que puedo deducir me acerque a ella, para poder tocar su hombro y levantar su mirada.

—Perla lo siento te fallé, te hizo daño él o ese rubio abusaron de ti. — buscaba, que me dijera la verdad mi molestia se incrementaba.

—Bebí mucho alcohol, tanto que baile tanto con ese chico y jamás pensé verme con otro, casi a punto de tener sexo. — se tapó la cara de vergüenza, atiné fue solo abrazarla.

—Desahógate Perla, eres humana. — fue todo lo que dije, antes de abrazarla y dejar que drene su dolor.

Nos tomo al menos como quince minutos, que dejará de llorar, es mi amiga no quería verla en ese modo, detesto cuando alguien llora, soy fuerte pero muy dentro de mí corazón; soy tan noble, que sí dejó abrir la puerta, eso me hace pensar en la debilidad no pienso mostrarlo con mis amigos, primero batalló hasta el final, pase lo que pase, sé que más adelante podré defenderlos como pueda en dónde sea y cuando sea.

Al separarnos, la miré a los ojos ya la encontraba mucho mejor y más serena.

—Vámonos no podemos seguir aquí. — solo asintió a mis palabras y subimos a su auto decidí manejar yo, por su seguridad.

Durante todo el camino, no hubo nada que decir, sólo el silencio de la noche y nuestras respiraciones por momentos, la veía ida en la ventanilla de su puesto, después volvía la mirada al frente por la carretera, nos tomo como una hora llegar a su casa, como dije antes tenía permiso de mi madre, para venir a este festival, vislumbre la casa de mi amiga; dónde a nuestro alrededor estaba solo, pude estacionar en el garaje, por el control remoto que tenía en el tablero del carro e ingresamos, sin problemas. Luego bajamos y entramos a la casa por la cochera estaba a oscuras, pero supimos escabullirnos a la segunda planta, dónde estaba su cuarto.

Cuando estuvimos en el pasillo, dimos con la habitación entramos sin hacer ruido y nos dispusimos a cambiarnos, fue raro no ver a sus Padres ya mañana lo sabríamos, no quería decirle más nada a Perla, después de esa locura. Como pude, me cambié de ropa ella también lo hizo ambas nos acostamos, ella en su cama y yo en la colchoneta me abrigue bien que no dude en cerrar mis ojos, pronto la mañana nos dirá los problemas que siguen, en cada una de nosotras.

Con el paso de la noche, llegó el día y nos inundó en la cara la luz, opte por taparme el rostro con la misma sábana, mi cuerpo deseaba dormir más; hasta que el sonido de la puerta ser tocada me alarmó, claro a mi parecer.

—Ahsss… que fastidio. — me queje, en mi cama improvisada.

Pero una voz grave y molesta me alertó en mi lugar alzando mi cuerpo y ver la puerta.

¡Bajen ahora jovencitas! O tendrán serios problemas. —

Carajos pensé y voltee a ver a Perla, que seguía dormida como si nada. Sin embargo, la voz de la Madre de mi mejor amiga, me alteraba los nervios.

Voy a entrar, si no salen.

Como pude me puse de pie, casi me caía en el proceso, fui hacía la puerta y sin más preámbulo le quité el seguro, abrí encontrándome con una mirada amenazante de rabia pura e infinita en su rostro de ojos claros, tragué un poco para sonreír de lado y no evidenciar más problemas.

—Señora López, buen día.

—¡Buen día! — lo dijo, con un tono lleno de molestia.

—Disculpe señora; pero ¿no entiendo su molestia? — quise hacerme la desentendida.

—Ya lo verán, así que dile a Perla que salga de la cama y bajen a desayunar porque vamos hablar seriamente. —menciono, con esa mirada de acero de una Madre, casi se parece a la mía.

Solo atiné a obedecer su orden y se retiró por el inmenso pasillo, solté el aire que tenía retenido, cerré la puerta detrás de mí y me aproximé a sacar a Perla de la cama, me tomo como tres segundos en poder hacerlo, bufe por lo bajo; hasta que al fin salió de la dichosa cama nos pusimos hacer lo conveniente cepillarnos los dientes, recoger la habitación y ya después de cinco minutos, salimos con las pijamas puestas para ir al comedor, dónde la comida seguramente estaba servida.

Allí se encontraba los dos adultos en sus puestos, nos miraron a ambas y saludarnos educadamente, para así sentarnos en nuestros lugares no hubo nada que decir solo iniciamos ha degustar el banquete; por así decirlo, a mi parecer olía delicioso no perdí tiempo y comencé a devorar como loca la comida, que era pan tostado, huevos revuelto, tocino súper crujiente y finalizamos con jugo potente de naranja, ¡oh esto es vida!, sonreí degustando la comida, al igual que la familia ya se verá, en que problemas estamos las dos.

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Great Character

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Bienvenida a leer, espero te quedes al final.

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