00: Storm
—Es un traidor que intento robarme con descaro después de acogerlo en mi campamento... Sirviente o no de tu corte, el castigo por una traición en mi campamento es la muerte... Creí dejarlo claro desde el inicio...— Le dijo el líder cuando sus guardias pusieron a Jungkook frente al Alfa, cuando su mirada de hielo atravesó a Jungkook con furia ciega que se desbordaba de aquellos ojos.
—No es un sirviente... Es mi hermano— Respondió Jungkook con voz temblorosa y rota, sabiendo que nada en ese mundo podría ayudarlo a parar a aquel Alfa de herir a su hermano.
Se lo habían dicho, de entre todos los Alfas líderes Kim Taehyung era el más salvaje y cruel de todos, enfrentándose al invierno por meses y meses, sobreviviendo. Sin piedad por traidores y débiles. Un Alfa que jamás perdonaba las ofensas y perseguía a los traidores hasta el mismísimo infierno. La pesadilla de cualquiera.
El Kim lo miró un largo rato, con el rostro de piedra pulida y los ojos de hielo ardiente, su lobo reluciendo bajo esa piel curtida por el frío, sus colmillos amenazantes. Era casi el vivo retrato de un lobo salvaje a punto de devorar a una presa. Jungkook se encogió.
—¿Es así? No te atrevas a mentir a su favor— Le advirtió el Kim con la mandíbula tensa. Jungkook sintió su corazón desbocarse en el pecho.
—Es mi hermano... se lo juro por lo más sagrado, solo estaba... solo intentaba... protegerme— La voz se le volvió débil, un mero murmullo que se perdió en el viento. El rostro del otro se cerró de nuevo, la furia ciega muto en sus ojos. —Por favor...— Volvió a suplicar Jungkook sintiendo el ardor de sus brazos ante el agarre tosco de los Alfas a su espalda.
—Suéltenlo...— Ordenó el líder y Jungkook fue liberado del agarre al momento. —Peak, encadena al traidor en tu tienda... Wooshik, lleva al doctor Park ahí... Todos los demás, a sus puestos, no quiero otra persecución está noche— Jungkook sintió más lágrimas derramarse y congelarse al tiempo que el Alfa lo tomó del brazo y lo arrastró a la carpa más grande del campamento. La carpa del líder.
Sus pies helados y cansados trastabillaron un par de veces, pero siguió el ritmo del líder como pudo hasta llegar. El Alfa lo hizo pasar dentro y Jungkook no pudo sostenerse más, cayó hincado en el interior de la tienda que ya tenía fuego preparado y estaba recubierta de pieles cálidas.
El Alfa no lo miró, solo paso de largo, tiró a una cómoda el cinturón con su espada y se sentó en el borde de la cama para empezar a desatar sus botas.
Jungkook no sabía que hacer, desde la boda no había estado nunca a solas con aquel Alfa, ni siquiera recordaba haber puesto un pie dentro de aquella carpa.
Se había casado con aquel Alfa unos quince días antes en su corte y conocía al Kim quizás desde unos tres días antes, sus padres lo habían elegido así por conveniencia y aunque Jungkook se había negado, por su casta Omega no había tenido ni voz ni voto en aquella unión.
Cierto día había compartido un baile con el Alfa en una fiesta al azar, más tarde, el Kim se había presentado en su hogar para encerrarse con su padre en el despacho durante horas y horas. Una mañana lo habían despertado con el ajetreo de los sirvientes haciendo su equipaje, al almuerzo su padre le había hablado del matrimonio inminente con el Alfa.
Todo había sucedido en una espiral nefasta a partir de ahí, el papeleo, la partida simbólica de su hogar y después, Jungkook estaba viajando con el séquito del Alfa durante las primeras nevadas de invierno hacia el norte. A Daegu.
Su hermano, sin embargo, se había infiltrado anónimamente y por su cuenta entre los sirvientes de Jungkook, para mantenerlo a salvó de las garras del Alfa por unas semanas, el tiempo suficiente para armar un plan de escape. Habían fallado. Realmente se sentía como estar dentro de una pesadilla en esos momentos.
Esperaba cualquier cosa dentro de esa tienda, una paliza, una marca forzada, una violación. Las tres juntas.
—Quítate la ropa— Le ordenó el Kim con la misma voz que le había dirigido todo el tiempo. Esa voz ronca, dura y pesada.
Jungkook lloró otro poco en silencio mientras se levantaba, adolorido y frío, empezó a desvestirse porque no le quedaba otra opción, haría lo que fuese con tal de salvarle la vida a su hermano y si entregar su cuerpo o su vida a cambio era un de las condiciones, lo haría.
El Alfa se quitó el pesado abrigo de piel grisácea y lo lanzo a la misma cómoda dónde reposaba su espada, se aflojó el pantalón y cuando lo bajo Jungkook descubrió un camisón de cama debajo de la ropa del mayor, posiblemente había recibido la noticia de la fuga cuando se preparaba para dormir.
El camisón largo le llegaba hasta los tobillos, la tela aunque de una calidad fina, era pesada y gruesa, era extraño que aún al verlo así Jungkook le tuviera el mismo miedo que con toda su indumentaria.
El Alfa le ofreció una bata igual cuando Jungkook tirito frente a él con solo su camisa de seda cubriendo poco más que su ropa interior y una parte de sus muslos.
El Omega se apresuró a tomar la prenda y le dio la espalda al Alfa cuando se quitó la camisa y se metió en el camisón áspero y con el fuerte aroma Alfa adherido a cada fibra de la tela.
Pese a la prenda seca y más abrigada Jungkook no podía dejar de temblar, tanto de miedo como de frío.
—Metete en la cama— Jungkook iba a suplicar, pero el Kim le dio una mirada dura y firme, sus ojos aun reflejando la furia de su lobo interno, Jungkook obedeció. La violación sería entonces.
Se metió bajo las pieles, el frío no lo abandonó y cuando el Alfa se metió en la cama también, Jungkook soltó un pequeño sollozo angustiado pensando en su destino y en qué tal vez hubiese sido mejor morir en la fuga.
Pero no hubo nada, el líder no lo tocó, simplemente le dio la espalda y no le dio más atención.
Jungkook se acurrucó en sí mismo después de un momento reflexivo en el que comprendió que nada pasaría, buscó la calidez de las pieles para su cuerpo helado, no quería cerrar los ojos ni darle la espalda al Alfa, así que se dedicó buena parte de la noche a observar al otro en su paranoia de que en cualquier momento aquel hombre le haría daño.
En algún punto su cuerpo cansado se rindió y aunque Jungkook lucho por mantener los ojos abiertos, se le fueron cerrando poco a poco hasta que se quedó dormido.
Un golpe seco lo despertó, saltó en la cama y se incorporó con el pecho subiendo y bajando rápidamente.
Algunos jóvenes trabajadores, así como sus sirvientes personales estaban ahí dentro de la carpa, acarreaban unas cajas que Jungkook reconoció como su equipaje. Todos lo hacían en un silencio sepulcral, sin embargo, las cajas eran tan pesadas como para evitar el ruido que lo había despertado.
—Vístete rápido, saldremos en cinco minutos— Jungkook sintió su corazón caer a su estómago cuando vio al Kim ya vestido como siempre saliendo del aseó dentro de la misma carpa.
—¿A dónde saldremos? — Preguntó Jungkook de forma temblorosa, el Alfa le dio una sonrisa dura, parecía todo menos una sonrisa.
—A ver a tu hermano— Respondió el Kim cruzando la tienda y saliendo al campamento, Jungkook se levantó apresurado e hizo lo que se le ordenó.
Cuando salió ya todos estaban haciendo su trabajo, acarreaban cosas, encendían fuego y custodiaban sus puestos. El sol era apenas una luz moribunda entre la bruma polar, no había manera de saber que parte del día era, eso había sido una constante en su tiempo en aquel campamento. Era difícil medir el tiempo ahí.
Jungkook tembló como una hoja al viento cuando el líder Kim lo guío a la tienda de uno de sus guardianes de confianza, hubo más de una mirada curiosa, desdeñosa o de pena dirigida a su persona en el camino, para su suerte no hicieron ninguna parada o muestra publica de nuevo, la carpa a la que llegaron no era tan grande como la del líder, pero sí lo suficiente como para marcar un estatus mayor entre los soldados comunes.
—Jesung— Llamó en cuanto encontró a su hermano ahí, atado a uno de los postes que erguía la carpa, tenía una venda gruesa en el estómago, estaba pálido y con los labios amoratados, pero estaba vivo.
—Jungkook— Lo llamó Jesung enderezando su cuerpo lo que las ataduras lo dejaban, Jungkook se arrodilló a su lado para cubrirlo con su propio abrigo. —Lo siento... No pude salvarte ¿Te hizo daño? — Jungkook se tragó sus lágrimas y negó despacio con la cabeza, no logrando encontrar su voz para decir algo.
—Aquí el trato que haremos... En tres días estaremos cerca del paso oeste, hay un pueblo a un par de horas del campamento, iremos ahí y dejaremos a tu hermano para que se haga una vida o regrese a Busan por sus medios, tendrá que jurar no perseguirte después de eso...— Empezó a decir el líder Kim, sentándose en una silla cercana a él, su cuerpo de un guerrero lo hacía ver cómo un rey sobre su trono.
—No dejaré a Jungkook bajo tus garras— Le dijo su hermano al Kim con una furia que Jungkook deseo aplacar, justo esa furia los había puesto en ese lugar.
—La segunda opción— Siguió el Kim sin inmutarse. —Es que permanecerá aquí, encadenado todo el tiempo, solo se le permitirá salir a los recorridos de reconocimiento, sin armas o equipo... Y si vuelve a intentar escapar y lo atrapamos de nuevo, no recibirá un segundo perdón, me pagará con su sangre y su vida, familia o no, no puedo permitir que te ponga de nuevo en ese peligro mortal...— Jungkook tembló entero ante aquello.
—Me quedaré aquí, no dejaré solo a Jungkook— El menor apreciaba la respuesta inmediata de su hermano, sin embargo sabía los peligros constantes a los que su hermano sería expuesto cada día a partir de ahí, si el líder Kim lo enviaba al bosque sin armas o equipo moriría a la primera expedición.
—Jesung...— Empezó a decir Jungkook, ganándose la mirada decidida de su hermano.
—No, Jungkook, no te dejaré aquí solo para que te haga cosas horribles cuando mejor le plazca—
—¿Quién dijo que tú, siendo un traidor que se infiltro en mis líneas e intento llevarse a mi Omega tendrías oportunidad de elegir? Hermano o no de Jungkook, la ofensa está hecha...— Les dijo el líder callando a su hermano en el momento. —La elección se la estoy dando a Jungkook-ssi, él es mí Omega, tendrá la elección porque su ofensa es menor que la tuya... Piensa bien, Jungkook-ssi, tienes tres días— Y dicho aquello el líder se levantó de su lugar y salió de la tienda dejándolos a solas.
Jungkook miro a su hermano, herido, pálido y molesto, lo abrazó y lloró sobre el mayor un poco, sabiendo que cualquier decisión que tomara, le dolería de todas las formas posibles.
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—Me quedaré aquí... Volveremos a intentarlo, nos iremos a casa, tú y yo... Antes de que te marque— Le dijo su hermano esa misma tarde mientras Jungkook le atendía la herida, había requerido puntos, trató de no llorar de nuevo al ver a su hermano encogerse ante el dolor de las curaciones.
—Sabes que no nos dará tregua de aquí en adelante, ya nos descubrió está vez, no va a bajar la guardia ni un momento a partir de aquí...— Jungkook tenían razón, Jesung se la dio cuando se quedó callado, sin poder argumentar algo contra ello.
—No soporto la idea de saber que te hará daño, ya te clama como si fueras una propiedad...— El Omega suspiro tembloroso, sabiendo que aquello también era cierto. —Si estoy contigo podré cuidarte de él, podría... No lo sé, podría dejarte dormir en mi tienda y velar por ti cada noche— Jungkook pensó en que el Alfa había enviado su equipaje a la carpa principal y habían desmontado la carpa de Jungkook esa misma mañana, supo que era imposible por muchas razones, sin un arma Jesung no sería rival para el líder Kim y dudaba que el Alfa lo dejara solo o sin vigilancia lo que restaba del camino.
Sabía también que si aquel Alfa quisiera tomar su derecho sobre Jungkook como esposo, no habría poder en la tierra capaz de detenerlo. Había un papel con su firma en dónde se especificaba que Jungkook era de aquel Alfa.
—Debes irte... Yo estaré bien, encontré la manera de soportarlo— Jesung lo miró, impotente, Jungkook lo enfrentó, suplicante.
—Déjame protegerte, Kookie— Pidió su hermano desesperado, Jungkook le dio una sonrisa débil y entristecida ante el apodo tan familiar.
—Ya lo hiciste, todo lo que llevo de vida lo hiciste... Es mi turno de protegerte yo a ti... No habrá una segunda oportunidad y tú lo sabes... Te quiero con vida, aunque eso signifique perderte para siempre— Jungkook se levantó de su lugar con el botiquín médico y fue a la puerta, su hermano lo llamo una y otra vez para que volviera y lo hablarán más, pero la decisión estaba tomada.
En esos tres días, tal como Jungkook predijo que sería, una sombra lo seguía a cada lugar donde iba, era lo justo, había intentado escapar, era tan traidor como su hermano así que no dijo nada al respecto, y tampoco es como que el líder le plantara la cara para poder hacerlo.
Jungkook era “escoltado” a la tienda del Alfa todas las noches, se ponía una bata y se metía a la cama esperando siempre lo peor, pero nada pasaba, el Alfa llegaba siempre bien entrada la noche, se desvestía en silencio, se colocaba un camisón y se metía a su lado en el lecho dándole la espalda para dormir.
El Omega imaginó que aquella rutina sería su trato, quizás al líder Kim no le interesaba tener un Omega enlazado, quizás después del intento de escape Jungkook le parecía nada menos que un traidor y por ello no tenía intenciones de reclamarlo, aunque no es como que hubiese hecho algún avance desde la boda.
Aquello era bueno para Jungkook y su causa, un Alfa que no demostraba interés por él, era un alivio aunque eso no explicaba las negociaciones con su padre o su lugar ahí.
Eso no calmó a su hermano lo suficiente para convencerlo de tomar la mejor opción ofrecida por el líder Kim.
—¿Y qué pasará cuando tengas un celo? — Preguntó su hermano, Jungkook no lo había pensado, se detuvo con la cuchara de sopa a medio camino entre el tazón y la boca de su hermano.
—Cuando te llevemos al pueblo, conseguiré supresores... Hay algunos que sirven para evitar los celos, compraré tantos como pueda... Al menos para el viaje...— Volvió a levantar la cuchara con caldo nuevo para su hermano, Jesung no comió.
—¿Qué pasará cuando él tenga un celo? — Jungkook devolvió la cuchara intacta y observó el plato de sopa en su regazo pensando en ello.
—No hablemos más de eso, por favor...— Pidió despacio volviendo tenderle la cuchará al mayor, en esa ocasión Jesung la aceptó. —Ve con papá, dile mi situación... quizás pueda venir a rescatarme— Murmuró con cierto anhelo en la voz que fue difícil de ocultar, Jesung bufó después de tragar.
—Padre te vendió, Jungkook... Te vendió a ese hombre— Sintió sus ojos arder mientras asentía. Lo sabía.
—Lo sé, pero quizás si se entera de como me tratan aquí...— Insistió después de un rato, Jesung no dijo nada.
Al medio día los caballos fueron ensillados y un grupo de unos treinta soldados del líder se prepararon para salir, el pueblo estaba a casi tres horas de distancia, el plan era solo dejar a Jesung ahí, conseguir algunos insumos y volver.
Notó más temprano que tarde que él no estaba incluido en ese plan, así que cuando Park Seojun desató a su hermano del poste donde lo habían mantenido atado y lo llevo afuera Jungkook se le pegó de cerca.
—Iré con él todo el camino al pueblo...— Seojun lo miró de reojo y apenas le dio atención mientras ataba las manos de Jesung detrás de la espalda y lo subía a un caballo dónde ya estaba otro soldado anclado en su montura.
—No creo que al líder le guste la idea— Dijo Seojun con voz seca y el rostro carente de alguna expresión, Jungkook sintió su corazón bombear ante la posibilidad de no poder ir con ellos.
—No me negara una última despedida y acompañar a mi hermano hasta el último momento— Aseguró con el tono más firme que pudo reunir, segundos después, Seojun inclinó la cabeza en reconocimiento, Jungkook supo que la presencia a su espalda era el líder.
—¿Qué sucede? ¿Algún retraso? — Preguntó la voz dura y firme a su espalda, Jungkook tragó saliva antes de volverse y enfrentar al Alfa con un arranque de valor.
—Quiero ir con él al pueblo, al menos para saber que no lo arrojaran a una zanja atado como lo llevan— Le dijo al líder con firmeza, el Kim lo observó unos segundos y miró sobre su hombro a sus hombres preparados para salir.
—Sube— Le dijo con una inclinación de barbilla señalando el único caballo libre. Jungkook lo hizo, se subió al caballo negro que tardó en reconocer, fue tan estúpido como para creer que el Alfa pediría otro caballo, por ello se sorprendió cuando el líder montó detrás de él, abarcando todo el espacio disponible.
Jungkook se encogió en reflejo cuando los brazos del Alfa lo rodearon para tomar y dirigir las riendas del caballo, entonces, la pequeña caravana se puso en marcha.
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Había vivido toda su vida en la cuidad, por ello los casi quince días que llevaba en el campamento de Kim Taehyung le habían sabido a meses enteros. Así que, cuando vio el pueblo y los cascos de los caballos resonaron en la calle empedrada un alivio irracional lo invadió. Si tan solo pudiese quedarse ahí para siempre...
Si pudiese volver a su hogar...
Jungkook había preparado una mochila para su hermano, pero en las prisas la había dejado en la tienda donde había estado atado, sin embargo, se sorprendió cuando bajaron a su hermano en algún lugar del pueblo, le cortaron las ataduras y le lanzaron la mochila con las cosas que Jungkook había seleccionado. Ropa, medicinas, comida, agua y un morral con suficientes monedas que su padre le había otorgado como regalo de bodas. No había armas, por supuesto, porque Jungkook no tenía acceso a ellas.
Desmontó de un salto y se aferró a Jesung en un último abrazo, con los guardias del Alfa Kim rodeándolos.
—No dejaré de buscarte, lo prometo— Le susurro al oído, Jungkook lloró un poco y negó despacio.
—No lo hagas... Te matarán, quiero que me prometas que no harás nada que ponga en riesgo tu vida, por favor, solo necesito eso— Pidió con la voz temblorosa, Jesung no dijo nada.
—Es suficiente, tenemos que irnos— Llamó el líder Kim, Jungkook derramó más lágrimas, le dio otro abrazo a su hermano y deseo no tener que soltarlo nunca, pero sabía que impacientar al otro solo haría que se enfureciera.
—Vuelve a casa... Habla con padre— Le dijo Jungkook por último con dolor en el pecho.
“Vuelve tú que puedes hacerlo”
Pensó con amargura, se despegó de su hermano y subió al caballo del Kim demasiado turbado y triste para darse cuenta de nada, su corazón herido y enganchado en ese último adiós.
El grupo deambuló por las calles, eso fue lo más doloroso, alejarse de su hermano y perderse entre las calles desconocidas en los brazos de un Alfa cruel y desconocido sabiendo que su hermano estaba ahí, en algún lado y que no tendría permitido seguirlo. No, Jungkook sería llevado de vuelta al campamento en cualquier momento, solo y desamparado.
En algún momento en que tuvo que elevar la mirada a su alrededor, vio pasar al caballo de Wooshik con algunos sacos cargados en el lomo detrás de él, fue que recordó.
—Necesito ir a una boticaria...— Mencionó Jungkook tan fuerte como se atrevió, el Alfa soltó solo un gruñido.
—¿Con qué propósito? — Le preguntó con sospecha, Jungkook se removió un poco, no había pensado en ello, si le decía al Alfa su plan de no tener un celo en su presencia seguramente se negaría a llevarlo a comprar los tónicos.
—Con la herida de Jesung use algunos de los medicamentos... Tenemos que reabastecerlos...— Murmuró con debilidad.
—El doctor Sikhyung se encarga de eso— El Alfa le contesto, Jungkook se mordió el labio.
—No quisiera molestarlo... Por error deje que uno de los frascos se derramará, dijo que era importante tener sus medicinas en orden...— Intentó de nuevo, el Alfa no le contesto, pero para alivio de Jungkook dio indicaciones a sus guardias para que se adelantarán, acto seguido serpenteo entre las calles para llegar a la boticaria más cercana.
Jungkook desmontó de inmediato y se adentró con el corazón latiendo rápido, solo que no pudo más que llegar al mostrador cuando la sombra pesada del Alfa llegó detrás de él.
—¿En qué puedo ayudarles? — Preguntó una voz alegre que pertenecía a una beta con un mandil, seguramente la dependiente del lugar, Jungkook observó las etiquetas y trató de recordar el nombre del tónico que necesitaba.
—Quisiera encargar raíz de cereza blanca y aceite de romero... También esto...— Jungkook tomó una libreta y el carboncillo que estaban sobre el escritorio, anotó el nombre con rapidez y se lo tendió a la chica con tanta discreción como pudo.
Ella lo miró con ojos grandes llenos de sorpresa, dudo un momento, Jungkook le dio su mejor mirada de súplica.
—¿Qué cantidades requiere? — Preguntó ella con incomodidad, mirando de reojo al Alfa y después volviendo al Omega en un análisis de la situación que resultó obvio.
—Tres botellas de los primeros y seis de la última— Ella amagó decir algo pero al final asintió y se predio en la trastienda, regreso con una caja de madera llena de los frascos que Jungkook había solicitado, los puso en el mostrador y el Alfa alcanzó aquel que Jungkook había pedido de más.
—¿Para qué sirve este? — Preguntó a la boticaria, Jungkook supo que estaba perdido, su respiración se detuvo.
—Es una medicina que tomó desde pequeño, me ayuda a mantener mi cuerpo fuerte por riesgos de alergias o resfriados...— Le dijo Jungkook en lo primero que se le ocurrió, ya había tomado suplementos antes por lo que mentir sobre ello le supo fácil, la beta lo miró nerviosa y el Kim no apartó su mirada de la chica.
—¿Y bien? — Preguntó de nuevo el Alfa agitando la botella frente a ella, la chica, dejando en claro que la respuesta de Jungkook no significaba nada para él, ella tragó saliva y asintió apenas con el atisbo de una sonrisa tensa.
—Sí es... Lo que él caballero dijo— Susurró tan insegura que casi fue obvia la mentira. —Es mucha dosis, se debe tomar cada mes así que...— Jungkook asintió de inmediato, el alivio inundando su cuerpo gracias a la pequeña ayuda que había recibido.
—Por supuesto, pero estaré viajando un tiempo en el invierno, no sé cuándo podré volver a pasar por otro pueblo como este, me estoy surtiendo por adelantado— Explicó Jungkook de forma más natural, el Kim por fin dejo la botella en la caja y sacó tres monedas de oro para pagar, Jungkook quiso objetar algo porque él tenía su propio dinero, pero el Alfa tomó la compra, a Jungkook del brazo y lo arrastró afuera para volver al caballo.
—Sube, es hora de irnos, no más retrasos— Jungkook no opuso resistencia, se subió al caballo, recibió la caja con las medicinas y se preparó para el largo y desgarrador camino de vuelta al campamento, en esa ocasión estaría tan solo como nunca lo había estado, mínimo llevaba una forma de defenderse entre sus manos.
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Los dos días siguientes no tuvo ánimo para nada, permanecía en su caballo, y sentado frente a las fogatas cuando podía, solo se sentaba ahí a mirar a la nada mientras que el día se convertía en noche.
Por mayor seguridad el líder Kim había ordenado mover el campamento de nuevo, quizás con la firme intención de evitar que Jesung los encontrará.
Contando los días que les llevo llegar a donde había dejado atrás a su hermano, estaban en el quinto día de viaje y Jungkook no sabía cuántos días más tendrían que viajar, su cadera y piernas dolían después de pasar todas las tardes anclado en un caballo, solo paraban en las noches porque el bosque resultaba un lugar demasiado hostil en la oscuridad y porque la gente estaba cansada del movimiento constante también. Aquel ritmo era de verdaderos bárbaros.
El fuego les daba mayores posibilidades de sobrevivir a las bajas temperaturas pero el hecho de no poder armar las carpas más sólidas y cálidas hacía que las enfermedades pulmonares o de huesos fueran un riesgo comunitario. Aquel clima era de locos, Jungkook no sabía cómo podría sobrevivir más adelante sabiendo que en un mes llegarían al pico más alto en pleno invierno. Y que todavía le esperaban largos meses de viaje entre las montañas al norte.
Quizás la primera nevada en la que había intentado el escape había sido un aviso de que era mejor morir que enfrentarse a algo así día a día, su corazón volvió a doler con la añoranza de su tierra natal.
—Debería comer algo, Luna— Le dijo una voz suave a su lado, Jungkook salió de su estupor ante el apelativo y enfocó la vista en la muchacha que se le había acercado con un plato de carne picada, pan y queso añejo. No sabía quién era ella pero Jungkook imaginó que alguna sirvienta de las cocinas.
De solo mirar la comida en el plato Jungkook sintió su estómago cerrarse en respuesta.
—No, gracias... Solo tomaré el vino— Respondió recibiendo el tarro que la chica llevaba consigo. Era vino caliente, especiado y mezclado con jugo de naranja, tenía el grado suficiente de alcohol para adormecer su estómago vacío y poner su cabeza en una bruma ligera que lo ayudaba a soportar el dolor y la angustia constante.
—Luna... Podría ser dañino para usted no ingerir más que eso, lleva dos días enteros sin probar bocado— Jungkook sintió sus ojos cristalizarse y se encogió más en sí mismo.
—Estoy bien... déjame solo— Pidió con la voz firme, la beta dudo otro minuto más pero al final se retiró con la charola intacta, Jungkook dio un sorbo a su bebida y siguió con la vista fija al frente, viendo nada en particular.
A la mañana siguiente el líder Kim lo agitó para despertarlo, Jungkook se incorporó apenas con un mareo intenso.
—Vamos... Tenemos que seguir más al norte— Aquella había sido la rutina, levantarse apenas salía el sol y cabalgar hasta que se pusiera.
Jungkook luchó contra un dolor de cabeza, la falta de sueño, el cansancio de los largos días y su nula alimentación al fin estaba venciendo su cuerpo, se subió aun así al caballo que le habían asignado, espero a que Wooshik lo enganchará con el suyo, porque claro, no lo dejarían montar un caballo individual de otra forma que no fuera esa, y siguieron hasta el mediodía, pronto se detendrían por lo menos una hora para descansar y comer algo antes de seguir con el viaje.