El hechizo
Hace no mucho tiempo, en una tierra tan lejana que podría ser en cualquier lado, había una princesa en un pequeño reino rodeado por un denso bosque y en el centro de este, había un castillo con hermosos y bien labrados muros que contenían dentro de ellos a una población no muy abundante pero bien establecida que trabajaban dentro y fuera de él para proveer al reino.
La Gobernante de ese castillo era una reina buena y piadosa que siempre trataba de ayudar a su pueblo aunque muchas veces sus consejeros eran quienes tomaban las desiciones. La reina estaba sola ya que el rey había desaparecido misteriosamente mucho tiempo atrás, dejándola con su pequeña hija la princesa Anne a quien nunca le faltaron institutrices que le enseñaron todo sobre el manejo del reino, del castillo y lo que tendría que hacer cuando finalmente se convirtiera en reina.
El tema de la sucesión se encontraba mucho en boca de todo el reino últimamente ya que al cumplir la mayoría de edad, la princesa por derecho legítimo era quien debía gobernar ya que a falta del rey, su madre había tenido que gobernar como regente hasta que ella estuviera preparada.
Los años pasaban y aunque la reina se encontraba ya cansada y agobiada de dedicar todo su tiempo y fuerzas a sacar adelante todo, tampoco se encontraba muy segura de que la princesa Anne tuviera la madurez para afrontar tal responsabilidad.
Anne era una joven muy inteligente y bella, capaz de participar en cualquier conversación, amaba leer y poseía una biblioteca inmensa con libros que le llegaban de todas partes del mundo, alimentando su curiosidad y su necesidad de saber más acerca del mundo.
Su mayor cualidad era su ingenio y ella amaba cuestionar a los sabios del reino y sus maestros y maestras a veces se sentían contrariados pues le decían que una princesa no debía cuestionar las creencias de nadie ya que las cosas eran como eran y nada podría cambiarlas.
Si preguntamos a sus damas de compañía, las más jóvenes dirían que Anne era muy divertida, tenaz y valiente y las más mayores dirían que era irreverente, sarcástica e imprudente. Lo cierto es que la princesa era todo eso y mucho más y muchas veces se sentía sola ya que en la corte había muchas personas que se decían ser sus amigos pero la mayor parte de las veces solo estaban con ella por un tiempo y después al no poder conseguir doblegar el carácter tan impetuoso de la princesa, se aburrían y dejaban de acudir al castillo.
La reina trataba de invitar a quedarse al reino a algunos príncipes y princesas de tierras lejanas con la esperanza de que Anne encontrara en alguno de ellos, la compañía que buscaba o en su caso el amor.
Lo cierto es que la princesa Anne había leído cientos de historias de amor en sus libros y aunque creyó haberse enamorado una y otra vez de algún príncipe, el tiempo y la distancia hacían lo suyo y esas relaciones nunca prosperaban y así pasaban los años en los que la reina veía a Anne más preocupada por las historias de cuentos de hadas que por la sucesión al trono.
Una noche de primavera después de cenar, Anne se encontraba en su habitación sintiéndose bastante abrumada pues su madre había empezado a darle más responsabilidades y a compartirle algunos de los problemas del reino para que ella se hiciera cargo y no le había sentado muy bien y se sentía alterada y harta de todo y de todos.
Después de despedir a su doncella y asegurarle que no necesitaba nada más, se asomó a su balcón que daba hacia el bosque y se quedó mirando algún punto al fondo de este sin prestar mucha atención, su mente estaba completamente en blanco pero sentía el corazón desbordante de emociones y lo peor era que no podía hablar con nadie de ello pues los sentimientos no estaban permitidos para la realeza.
La luna brillaba con todo su esplendor y se reflejaba en el pequeño lago que se situaba al fondo del bosque haciendo ver destellos plateados en el agua. De pronto la princesa sintió la necesidad de salir del castillo y caminar en la orilla para aclarar sus pensamientos.
Usó unos pasadizos para poder salir al jardín y cruzó el laberinto para poder brincar la muralla que daba hacia el bosque y cuando al fin se encontró fuera sintió como si dejaran de oprimirle el pecho, como si el peso del mundo que ella cargaba a cuestas se aligerara y caminó bajo la luz de la luna por largo rato hasta que se detuvo en un antiguo muelle y se recargó en la barandilla.
Sus pensamientos se habían calmado pero tenía tantas ganas de huir de ahí… era el momento perfecto, nadie notaba su ausencia y podría caminar lo suficiente para alejarse del reino y que cuando notaran su ausencia ya estuviera tomando un barco que la llevara a un lugar muy muy lejano… pero no podía hacerle eso a su madre, dejarla sola a su edad y qué sería del castillo, quien lo habitaría y los súbditos y los pobladores, quien los gobernaría…
Sus pensamientos iban de un lado al otro cuando escuchó que alguien se acercaba con paso firme hacia ella.
-¿No te han dicho que no es seguro caminar sola a estas horas?
-¿Disculpa? ¿Me hablas a mí?
La princesa no podía creer el descaro de que alguien se dirigiera hacia ella con tan poco decoro pero le pareció una descortesía que agradecía ya que por fin alguien la trataba con normalidad así que siguió la conversación.
-Si, creo que te arriesgas al estar sola en el bosque vagando sin rumbo y además por la cara roja que traes parece que has estado llorando.
Anne se sonrojó pero le pareció penoso que alguien notara sus ojos hinchados y la nariz roja, aún así decidió que eso no la incomodaría.
-Verás, no tengo nada que temer, conozco este bosque muy bien desde niña y además este es un reino muy tranquilo.
-Apuesto a que no sabes que esta es la frontera entre un reino y otro ¿verdad?, mira ves ese camino? Yo vivo cruzándolo y pocas veces paso de este lado pero hoy te vi en el muelle y sentí curiosidad al ver a una dama elegante caminando por ahí, pensé que necesitarías algún tipo de asistencia.
-Pues todo está bien, ¡gracias! Ya puedes continuar con lo que sea que estabas haciendo.
-Estaba huyendo
Anne se sobresaltó y lo miró inquisitoriamente.
-Huyendo… ¿tú?
-Si bueno, soy este… eh… el príncipe Harry del reino vecino, la verdad no me gusta alardear de ello pero acabo de confesarte que estoy huyendo así que qué más da.
-Es curioso, yo me llamo Anne y soy la princesa heredera de este reino y también me encuentro en la misma situación.
Los dos príncipes hablaron y hablaron sobre sus vidas y lo que se esperaba de ellos y cuánto deseaban ser libres de vivir su vida sin que nadie les dijera qué hacer, Anne sintió que por primera vez en su vida, alguien realmente la veía y entendía su sentir y Harry sintió que esa pieza que faltaba en su vida estaba completa, el tiempo se detuvo en ese encuentro tan inesperado y se dió cuenta que cuando miraba los ojos de Anne, se veía reflejado en ellos y quería que siempre lo miraran así, por su lado Anne estaba convencida de que Harry era por mucho el príncipe más apuesto que había conocido y además era tan dulce y gracioso que ella no quería separarse de él nunca más.
Harry le contó que estaba huyendo de un matrimonio arreglado con una duquesa de un poblado vecino que era bastante fea y sin clase a la que le gustaba mucho la bebida y que había logrado convencer a su familia de aquel matrimonio, le pidió a Anne que lo viera a la noche siguiente en el mismo lugar para asegurarle que el compromiso había sido cancelado y a su vez Anne prometió decirle a su madre que quería un compromiso con Harry, todo parecía sacado de uno de esos cuentos de hadas que ella amaba hasta que llegó el momento de decir adiós.
Se miraron largo tiempo a los ojos mientras con una mano Harry acariciaba la mejilla de Anne y poco a poco sus rostros se fueron acercando hasta que inevitablemente unieron sus labios en un apasionado beso.
Un resplandor casi cegó a la princesa cuando de pronto el príncipe Harry empezó a perder su forma humana y se convirtió en un unicornio de pelaje blanco nacarado con un cuerno iridiscente que brillaba de manera casi cegadora.
Anne estaba atónita y no podía creer que el unicornio que tenía frente a ella, segundos antes había sido su bello príncipe.
-Qué ha pasado?? Harry!!!
-Anne!! Mi querida Anne!! Lo siento! Lo siento!!
-¿Puedes hablar?
-¿Puedes entenderme? Santo cielo! Discúlpame… debí saberlo
-¿Saber qué?
-Antes de huir del castillo, hablé con mi ex prometida y le dije que no quería estar con ella y pareció tomarlo muy bien, tanto que me ofreció una copa de vino y cuando la bebí me dijo algo así como que cuando encontrara el amor no podría estar con esa persona hasta que viera lo que soy.
La verdad no sonó grave y pensé que solo estaba molesta por rechazarla pero ahora sé que los rumores eran ciertos y que es una bruja, perdóname princesa Anne… me siento muy mal por no habértelo contado y más aún porque de verdad quería estar contigo.
Anne dudó unos momentos y con lágrimas en los ojos, se colgó del cuello de Henry y le dijo:
-Mi hermoso Henry, encontrarte ha sido una serendipia en mi vida que creí que nunca sucedería, apareciste en mi vida llenándola de luz como un sol… tú eres mi sol y no te voy a abandonar en este momento, no sé cómo lo haremos pero te prometo que no me apartaré de tu lado y veré si puedo ayudarte a ser humano de nuevo.
-Gracias por tu apoyo Anne, nunca imaginé que algo así pasaría pero te admiro pues nunca nadie me había tratado con tal gentileza.
Estaba amaneciendo y pronto el pueblo comenzaría su vida normal así que emprendieron el camino de regreso al castillo de Anne, exhaustos y tristes por el radical cambio de planes, tomaron el camino más corto y justo cuando acababa de amanecer se cruzaron con un joven pastor que llevaba a sus ovejas a unos prados vecinos y los saludó sonriendo:
-Señorita qué bonito está su caballo!! ¿Lo lleva al castillo?
-Pero qué atrevimiento, no es un caballo cualquiera, es un unicornio
Henry susurró por lo bajo
-shhh!
-Perdón my lady! Su caballo es precioso pero es un caballo solamente, los unicornios no existen más que en las historias que cuentan las nanas.
Anne ofendida se le quedó viendo al pastorcillo con una mirada fulminante y siguió su camino susurrándole a Henry en voz baja:
-¿Será que solo yo te veo como un unicornio?
-Así parece…
-Vaya es una suerte
-Pasé de ser príncipe a unicornio y ahora a caballo, ¿qué sigue?
Cuando llegaron a palacio, la reina se sorprendió mucho al ver llegar a Anne tan desarreglada y con un gran animal pero se sintió feliz de ver que su hija se encargó desde el primer momento en cuidar a tan hermoso ejemplar.
A partir de ese día, la princesa pasaba casi todos sus días fuera del castillo, acompañada de su caballo, unas veces galopando, otras solo sentada junto al lado y otras veces meciéndose en un columpio mientras leía libros de encantamientos y maldiciones.
En uno de ellos encontró información para romper un hechizo que decía:
“Para romper un hechizo en el ser amado, es necesario dar la mitad de su alma sin derramar una lágrima”
-¿Cómo puedo partir mi alma a la mitad si ni siquiera sé si eso existe?
-No lo sé, quizás debamos dejar las cosas así, yo me siento muy satisfecho con estar todo el tiempo contigo y creo que todo está bien.
-Harry no hablas en serio ¿verdad?
-No, claro que no.
Respondió Harry zanjando la conversación.
Durante ese tiempo los príncipes pudieron conocerse mejor, Anne admiraba mucho a Harry y creía que era el ser más noble que existía, se veía a sí misma en esos profundos ojos cafés que bajo el sol eran como un chocolate infinito y se sentía amada. Pasó poco tiempo para que Anne empezara a sentir algo realmente fuerte por Harry, sentía el deber de cuidarlo y lo hacía con gusto, y a él le gustaba dejarse querer, siendo él un ser mítico le era complicado demostrar sus sentimientos así que solo se limitaba a dejarse consentir y decirle a Anne cada que ella lo preguntaba, cuánto la amaba.
-¿Harry me amas?
-Siempre Anne
Era la respuesta.
Pasaron 10 meses y Anne sentía que cada día de su vida era perfecto siempre que podía estar con Harry y cuando tenía que estar lejos, se sentía ansiosa y le daba miedo no volver a verlo, por su lado Harry siempre estaba ahí para ella y aunque la amaba profundamente, le costaba demostrar sus sentimientos equinos.
Un día como cualquier otro, Anne sintió un vacío en su corazón, Harry la amaba eso era cierto pero no podían estar juntos, no como ellos querían así que llegó al establo desbordándose en sentimientos y justo cuando una brillante lágrima rodó por su mejilla, Harry se acercó a ella y a falta de poder darle un beso, lamió su mejilla y con ella la lágrima amarga de Anne y algo mágico sucedió cuando un resplandor transformó de vuelta a Harry en el príncipe que una vez fué.
Anne no podía estar más feliz pues por fin tenía a su príncipe con ella y en el fondo ella sabía que ahora él llevaba una parte de su alma y también una lágrima.
El príncipe Harry volvió a su reino y regresó al anochecer a presentarse con la madre de Anne y pedir su mano para entonces poder ser felices juntos por siempre.
-¿Sabes algo Harry?
-Dime Anne
-Tu siempre serás un unicornio para mí
-¿Si crees?
-¡Claro! Eres único,especial y mágico.
-Si tú lo dices.








