I
El viento golpeaba su rostro, no había lluvia pero esta no tardaría mucho en llegar.
Su arribo a Bastión de Tormentas fue tranquilo al principio, cuando la imponente figura de Vhagar se alzó en las afueras del castillo se dio cuenta que no era el único que buscaba la lealtad de Borros Baratheon.
A paso firme entro al salón principal donde el Señor de las tormentas ya lo esperaba, a un lado de él sus hijas y del otro su tío Aemond el que una vez fue el motivo de sus alegrías, hasta que decidió traicionar su lealtad y apoyar la usurpación al trono de su madre.
—Y dime muchacho. ¿Con quién de mis hijas te casaras? —habia preguntado el hombre.
—Lo siento mi Lord. No estoy libre de aceptar algo así, ya estoy comprometido. —su vista se centro únicamente en Borros su tío no se merecía ninguna de sus atenciones, ya no.
—¿Así que esperas que envié a mis hombres a morir por tu madre sin dar nada a cambio? —rio burlon—. Por lo menos el rey Aegon prometió un compromiso entre su hermano y una de mis hijas. —su vista se dirigió de inmediato hasta su tío, decir que estaba decepcionado era poco—. Dile a tu madre que el señor de Bastión de Tormentas no es un perro que puede llamar para que libre sus batallas.
—Le llevaré su mensaje a la Reina.
—sin esperar más dio media vuelta dispuesto a irse.
—Alto ahí mi Lord Strong, tienes una deuda conmigo. —la incredulidad pinto su rostro unos instantes.
—Creo que estamos a mano desde hace mucho tío. —hablo seguro—. ¿O debo recordarte como te haz cobrado todo este tiempo?
—Acompañen al príncipe hasta su dragón. —hablo Borros al observar como Aemond desenvainaba su daga, si sucedía algo no sería bajo su techo de eso estaba seguro.
Arrax estaba algo intranquilo cuando subió en el, lo calmó un poco haciendo que el dragón se tranquilizara antes de emprender el vuelo. No llovía pero el viento que azotaba la fortaleza dificultaba su vuelo, Arrax planeaba despacio por entre las nubes.
Todo parecía en calma en el aire, todo menos el, a su mente venían los recuerdos de todas las veces que yació entre los brazos de su tío, todas las veces que este beso su cuerpo con reverencia prometiéndole que sería así siempre, que el nunca lo traicionaría y que pronto podrían estar juntos. Mentiras eso era lo único que todo eso había sido mentiras que el por amor había creído.
El rugido bajo de su dragón lo saco de sus pensamientos, la acción se repitió pero está vez Arrax rugió con verdadera fuerza, no tardó mucho para que esté fuera contestado pero por uno más potente y ensordecedor, la silueta de Vhagar se cirnio sobre ellos quitando la poca claridad que había. El desconcierto lo invadió de inmediato al imaginar lo que Aemond pretendía, comando a Arrax para que fuera más rápido pero el clima empeoraba cada vez más.
—Taoba. —se escucho que grito el platinado fuerte y claro para que el oyera.
—¡Henujagon issa mērī! —grito intentando hacer que Arrax se alejara más de aquella temible sombra.
—Dejame en paz.
—Ao won dīnagon anyone, ao sagon ñuhon. —negó de inmediato, claro que no era así ya no.
—No te casaras con nadie, tu eres mío.
Arrax giro haciendo que la distancia entre ambos aumentara, por un momento la silueta de Vhagar se perdió entre las nubes, Lucerys se permitió respirar tranquilo por unos momentos.
Todo fue un caos en cuestión de segundos, la dragona de guerra apareció de entre las nubes por debajo de ellos, Arrax intento esquivarla más al tomarlos por sorpresa no le permitió hacerlo, por un momento pensó que ese sería su final, se aferró a la silla no queriendo dejar a su precioso dragón morir solo.
—Gūrogon zirȳ Vhagar. —la voz de Aemond se escuchó lejana, pero clara.
—Tomalos Vhagar.
Arrax chillo fuerte, el no se quedó atrás observando con horror como las garras de la dragona se cerraban en el cuello y cola de su dragón. Una potente llamarada salió de las fauces de su Arrax tomándolo desprevenido se pegó más a la silla intentando que el fuego no lo alcanzará. Arrax luchaba y se retorcía intentando soltarse de la enorme dragona, era imposible pero su valiente chico daría todo por el hasta el final.
—Tegon Vhagar. —fue lo último que escucho, su cabeza dio de lleno contra la silla haciéndolo perder la conciencia.
—Aterriza Vhagar.
Cuando despertó se asustó de inmediato, sentía algo de frío y no reconocía el lugar donde estaba, se levantó analizando su entorno el desconcierto lo embargo al darse cuenta que seguía en bastión de tormentas, en alguna especie de cueva que era iluminada únicamente por la luz de una fogata que pronto se apagaría. No espero más para ponerse de pie y comenzar a salir de ahí, el viento helado choco contra su rostro se fue alejando poco a poco de la cueva intentando buscar a su dragón, su Arrax había sido capturado por Vhagar quizá estaría herido o peor, corrió un poco intentando encontrarlo pero una voz lo puso en alerta de inmediato.
—¡Lucerys! —no podía ser otro más que su tío, se apresuró a correr intentado alejarse lo más posible de el.
—¡Arrax! ¿Skoriot issi ao? —no obtuvo respuesta alguna.
—¡Arrax! ¿Dónde estás?
No tardó mucho para que Aemond le diera alcance, grito y pataleo al sentir el agarre firme de este sobre su cuerpo.
—!SUELTAME! —grito desesperado, el platinado lo cargo como si nada cual saco de papas sobre su hombro—. ¿Donde esta Arrax? ¿Que le hiciste maldito loco? —Aemond río, esto solo lo hizo enfurecer más comenzando a patalear y lanzar golpes a la espalda de su tío.
—Calmate. —sentencio—. El está bien, Vhagar lo cuida. —un par de lágrimas escaparon de sus ojos al sentir el alivio de saber que su dragón estaba bien.
—Bajame. —pidio, Aemond lo ignoro.
No lo hizo hasta que llegaron a la cueva donde lo llevo hasta donde la fogata ya era solo brazas, sin importarle nada lo lanzó hasta donde había estado hace algunos momentos, las capas de ambos amortiguaron un poco su caída.
—Ire por más leña. Quédate aquí.
—Vete a la mierda. Yo me largo.
—intento levantarse pero Aemond fue más rápido apresándolo contra el suelo rocoso—. ¡SUELTAME! —grito.
—No decías eso cuando gemías mi nombre, cuando te tomaba una y otra vez sin importarnos poco que nos descubrieran. —lo observó por un momento antes de que sus lágrimas por fin encontrarán su camino mojando su sien.
—Imbecil. —hablo apenas—. Te odio...
—claro que no era cierto pero en esos momentos solo quería hacerle sentir lo mismo que el sintió cuando escucho de su compromiso con una de las Baratheon.
—Mientes —contesto con tranquilidad —. Ambos sabemos que no es así.
—solto sus manos dejándolo libre—. Me amas y eso no lo podrás cambiar nunca.
Lucerys se volvió a levantar intentando salir de ahí, no quería escuchar más, sabía que todo aquello era verdad.
Aemond no dejaría que las cosas quedaran así como así.
Durante mucho tiempo busco la aprobación de todos, de su madre pero está estaba más ocupada atendiendo al rey y sacando a Aegon de cada problema, de su padre pero este estaba más preocupado por sus únicas hijas y sus nietos bastardos, de su hermana mayor, aunque a esta podría importarle poco tener alguna relación con alguno de ellos.
Todo cambió hasta que el bastardo menor comenzó a seguirlo cual cachorro queriendo pasar más tiempo con el que con cualquier otra persona, "tío leeme" "tío entrena conmigo" "tío esto, tío lo otro" después de un tiempo no había cosa que no hiciera junto a Lucerys, con este elogiandolo en cada una de sus acciones diciéndole lo bueno que era entrenando, leyendo, hablando Valyrio, escuchando, simplemente existiendo, para Lucerys el era el mejor y se lo hacía saber.
Después de un tiempo se vio buscando nada más que la aprobación de Luke para todo, esta nunca hacia falta, Lucerys le felicitaba por cada uno de sus logros y Aemond no podía ser más feliz con ello.
Todo dio un vuelco cuando paso lo de su ojo, Luke lo acompañó a reclamar a Vhagar, quizá si había actuado mal no esperando que pasará más tiempo de la muerte de su antiguo jinete pero nadie podía entender su sentir al ser el único de su familia sin dragón. Solo Luke el aunque si tuviera uno entendía, llegó a llorar junto con el cuando sucedió lo del terror rosa diciéndole entre hipidos y sollozos que cuando Arrax creciera volarían juntos en el.
Cuando alzó aquella roca contra Jace no tenía pensado usarla solo quería asustarlos para que por fin lo dejarán en paz, pero todo fue tan rápido, las gemelas alzándose contra el, Luke debatiéndose que hacer, sin pensarlo la roca dio de lleno en la cara de Jace partiendole la nariz, este más que rabioso saco su daga para defenderse pero Aemond fue más rápido en desarmarlo que Jace en siquiera usarla, tiró a las gemelas a un lado y volvió a tomar la roca está vez la ira lo dominaba su único pensamiento era terminar con Jace, no previno las acciones de Luke, el filo de la daga atravesó su rostro llevándose su ojo también y dejando una horrible cicatriz. Después de eso ni su hermana ni sus sobrinos volvieron a la fortaleza roja, Luke se había ido, no lo permitiría una segunda vez.
Sin pensarlo mucho tomo con fuerza el brazo de Lucerys haciendo que este cayera encima de él.
—No irás a ningún lado. —advirtio—. Eres mío Lucerys, solo mío.
Apresó al menor nuevamente contra el suelo tomando sus muñecas y deteniendo sus pataleos con sus propias piernas.
—¡Sueltame! —sollozo, las lágrimas ya empapaban su hermoso rostro.
—Luke por favor. —la súplica era evidente—. Sabes que también me amas. —el menor se quedó quieto.
—Tu también lo sabes y aún así me traicionaste y te casaras con otra. —los ojos llorosos se fijaron en el, esa era la única verdad y no podía hacer nada por cambiarla. ¿O si?
—Yo solo te amo a ti. —dejo un corto beso en los labios de Luke.
—Entonces hazme el amor. —pidio tomándolo completamente por sorpresa.
—Lucerys. —dijo suplicante.
—Por favor. —el hilo de voz con el que pidió aquello fue demasiado para Aemond.
Sin pensarlo mucho bajo su mano comenzando a desatar los pantalones del menor, Lucerys lo tomo de la nuca atrayéndolo hasta su boca, con cada beso el calor aumentaba al igual que el deseo, su mano se coló debajo de la fina tela comenzando a acariciar suavemente el miembro del castaño.
—Hazlo ya. —jadeo Lucerys al sentir esos dedos largos delinear su coño.
—No te quiero lastimar. —respondio.
—Estoy listo para ti Mond siempre lo estoy.
Esas palabras terminaron por desestabilizarlo, se irguió y de un rápido movimiento retiró las botas y las demás prendas dejando libre aquel lugar en el cual amaba enterrarse.
—Aemond. —llamo Lucerys necesitado separó aún más sus piernas dejando ver su rosada entrada.
—Dioses. —no espero más para retirar sus propias prendas quedando en las mismas condiciones— ¡Mmh! Eres tan bueno Luke. —mordió su labio con fuerza sintiendo como su miembro se perdía poco a poco en el interior de su sobrino.
—Te extrañe tanto. —Lucerys volvió a atraerlo contra si besándolo nuevamente, sus lenguas se enredaron y sus dientes chocaron más eso no importó ambos se habían extrañado demasiado, había pasado mucho desde la última vez que hicieron el amor.
Aemond lo recordaba claramente. ¿Como no hacerlo? Había tomado a Lucerys toda la noche en todas las posiciones que conocían y en cualquier superficie disponible de la fortaleza roja, tenían que aprovechar solo había sido una visita corta de Rhaenyra a su padre. Ya habían pasado casi dos lunas de aquello, después de eso todo se fue yendo poco a poco a la mierda, comenzando con el dichoso reclamo de Vaemond Velaryon siguiendo con la desastrosa cena donde había dicho palabras que no sentía, pero un momento antes había sido anunciado el compromiso de Rhaena y Luke no pudo quedarse callado, había sido un estúpido al insinuar su bastardía sabiendo perfectamente bien que Luke si era hijo de Laenor, el delicioso coño que el amaba devorar se lo confirmaba pues solo los Velaryon nacían con ese segundo género se había sorprendido mucho cuando Luke se lo contó tan solo unos momentos antes de tomarlo por primera vez en aquella inhóspita isla donde tenían sus encuentros, después de eso Lucerys no quiso hablar con el no contesto su carta y a la mañana siguiente de la cena se fueron, solo unos días después su padre murió Aegon fue coronado y el enviado en busca de aliados a Bastión de Tormentas, cuando Luke reafirmó su compromiso con Rhaena su sangre hirvió por un momento lo único que quería era matarlo, pero no podía Lucerys era su amor, su alma, la única constante en su vida y la única persona que le profesaba su amor sin medida. Estaba dispuesto a todo por el.
Los suaves gemidos que Luke profería solo incrementaban su deseo por tenerlo así siempre.
—Di que eres mío. —demando mordiendo el cuello del menor—. Dime que no te casaras con Rhaena.
—Luke abrió su boca más nada salió su mirada estaba perdida en el placer que su tío le daba.
Aemond embistió con fuerza su interior, las piernas de Lucerys se enredaron en su cintura instandolo a que incrementará el ritmo, no espero más para hacerlo sus gemidos y el sonido de sus pieles chocando era lo único que se escuchaba en aquella cueva olvidada, afuera la tormenta había comenzado azotando Bastión con intensidad.
—Quiero tu semilla en mi. —pidió el castaño entre gemidos—. Si... ¡Ah! Si esta es la última vez, quiero tener este recuerdo conmigo siempre.
—Lucerys. —llamo el, claro que esa no sería la última vez no dejaría que Lucerys se apartará de su lado, así fuera a la fuerza lo llevaría con el hasta Desembarco.
—Gaomagon ziry qybor kostilus. —la súplica en su voz, la necesidad en su tono, su mirada perdida por el placer. ¿Quien era Aemond para negarse?
—Hazlo tío por favor.
Tomo sus labios nuevamente incrementando el ritmo de sus embestidas, Lucerys gemía y se retorcía debajo de el, le recordó mucho a cuando hicieron el amor por primera vez.
Bastante desconfiado había aceptado reunirse con su sobrino en una isla deshabitada entre Desembarco y Dragonstone, cuando vio a Lucerys desenvainar su daga se alertó de inmediato recriminandose el haber sido han tonto de caer en su trampa seguramente querría terminar con el. Su sorpresa fue grande cuando el castaño la giró entre su mano tendiendosela —Cobra tu deuda, un ojo por un ojo. —habia dicho tan seguro que Aemond no dudó en tomarla y atraerlo hacia él dejando el filo de la daga debajo del ojo del castaño. —Maldito bastardo. —lo insulto queriendo reunir el valor para hacerlo, pero esos ojos verdes lo seguían viendo con la misma admiración de tiempos pasados, no pudo, la daga cayó a sus pies más el agarre en Lucerys no vaciló, sin pensarlo mucho bajo hasta su altura tomando su labios salvaje, saboreando esa pequeña boca a su antojo. —¿Es así como quieres cobrar tu deuda? —lo observó por un momento y se encontró asintiendo a lo dicho por su sobrino, este se separó de el llevándolo hasta una pequeña cueva cercana.
—Yo tengo que decirte algo.
—¿Que? ¿No eres virgen? —se había burlado. La frente de Lucerys se arrugó y un puchero adorno sus labios sonrosados.
—Claro que lo soy. —le contesto jugando con su manos— es importante.
—Me lo dirás después de que te folle. —rio al observar el rostro de su sobrino contraerse enojado.
Quito ambas capas y las colocó en el suelo recostado al menor sin miramientos, cobraría su deuda y después se olvidaría de el. Decir que se sorprendió fue poco, cuando tocó la húmeda entrada de su sobrino se desconectó, Lucerys le explicó rápidamente y no pudo hacer otra cosa que separarse de el de inmediato. —Puedes irte. —le había dicho pero Lucerys se negó, diciendo que quería pagar su deuda, fue cuidadoso lo preparo lo más que pudo, los ojos de sus sobrinos perdidos de placer le hicieron saber que había hecho un buen trabajo, la resistencia fue mínima y pronto lo único que se escuchaba era los gemidos de ambos. La capa azul Velaryon de su sobrino había quedado manchada por su propia sangre, disfruto enormemente el sonrojo en el rostro de el al darse cuenta, fue inevitable no tomarlo otra vez ahí mismo más salvaje con más fuerza, en ese momento supo que esa no podía ser la última vez. Siguió pasando muchas veces, al principio era brusco, marcaba su cuerpo todo lo que podía, Lucerys apenas se quejaba, basto con que su sobrino no llegará una vez a su encuentro para volverlo loco la necesidad por tenerlo crecía cada dia, la siguiente vez que lo cito si llego esa fue diferente, lo beso, reverencio su cuerpo y lo probó de todas las maneras posibles, por primera vez hicieron el amor entregándose ambos al placer, dejándose llevar por el sentimiento que llevaban guardado desde hace mucho, desde ahí no hubo vuelta atrás los encuentros siguieron cada vez mezclando más sentimientos de por medio hasta que un día le dijo a Lucerys que lo amaba, el le correspondió y se dieron el lujo de planear un futuro juntos.
El se encargaría que esas promesas del pasado se cumplieran, embistió una y otra vez hasta que sintió como ese delicioso coño apretaba su verga con fuerza, Lucerys sollozaba y gemía.
—Di que eres mío. —volvio a pedir.
—S-soy tuyo... Solo tuyo. —sus manos se aferraron a la espalda de Aemond gimiendo en su oído—. De nadie más qybor. —susurro apenas.
—Te amo Lucerys. Mi Lucerys.
—escondio su rostro en el cuello del menor sintiendose tan cerca, basto un par de movimientos más para que su semilla comenzará a llenar el interior de su sobrino, Lucerys lo apretaba queriendo exprimir hasta la última gota, mordió su hombro con fuerza terminándose de liberar, definitivamente había extrañado a su dulce chico.
—Duerme. —dijo acomodándose a espaldas del menor—. Partiremos mañana. —Lucerys no contesto, su rostro se enterró en el cuello de este mientras lo abrazaba por la cintura.
Lucerys era suyo y haría lo que fuera por el.
El rugido de Vhagar lo despertó de inmediato, busco a Lucerys a su lado más este ya no estaba, se levanto apresurado buscando sus pantalones cuando los tomo algo cayó de ellos. Un pedazo de pergamino suelto, lo tomo entre sus manos leyéndolo de inmediato.
"Tu lealtad está por encima de nuestro amor. Lo entiendo por qué la mía también. Siempre seré tuyo qybor.
En otra vida tal vez. . .
Las letras eran apenas legibles escritas a prisa con un carbón restante de la fogata.
Se apresuró a vestirse y corrió pidiendo a los Dioses que no fuera demasiado tarde. Vhagar veía al cielo rugiendo sin parar, siguió su vista observando la pequeña mancha blanca que poco a poco se hacia menos visible, subió con rapidez y alzó el vuelo, maldecía el buen clima Arrax era por mucho más veloz que su Vhagar, comando para que volará más rápido pero todo fue en vano el dragón de Luke se perdió entre las nubes, su dragona rugió fuerte sintiendo sus propios sentimientos.
Lo había perdido, había perdido a su Lucerys.
Mi primer hostoria aquí jajaja veremos que tal.