Querida Alice

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Summary

"Si Dios existe, entonces ha decidido ignorarme." Alice, mi amada, ha desaparecido sin dejar rastro. La policía no mueve un dedo; la burocracia es un laberinto sin salida. Estoy sola, consumida por el miedo y la ira. Y ella, en su búsqueda por lo desconocido se topó con las personas incorrectas y sin saberlo se adentró en lo más horrendo del corazón humano.

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Complete
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2
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n/a
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18+

Capítulo 1

Pienso que si existiera un Dios, habría menos maldad en esta tierra. Creo que si el mal existe aquí abajo, entonces fue deseado así por Dios o está fuera de sus poderes evitarlo. Ahora, no puedo temer a un Dios que es o malicioso o débil. Lo reto sin miedo y me preocupan un comino sus rayos.” 

—Marqués de Sade

“Pinche burocracia de mierda” pensé al escuchar la tajante respuesta del oficial que me atendió en la fiscalía. “¿Qué mamadas son esas de que deben pasar 72 horas antes de empezar un proceso de búsqueda? ¿Y si le pasa algo en ese tiempo? Puta madre, y ni para quejarme, ese es el dichoso protocolo. Me lleva la chingada.”

Los pensamientos que estaba teniendo eran de toda clase, menos agradables. Alice llevaba un día completo sin dar señales, no supe nada de ella desde el mediodía cuando me dijo que saldría de su casa, creo que camino a un evento de cosas paranormales, yo la alcanzaría en el lugar.

Siendo honesta, nunca entendí por completo su fascinación por eso, más allá del entretenimiento, para mí era igual que el gusto de ver películas de terror, pero para Alice era parte de su personalidad. Cuando la vi por primera vez creí que era solo una darketa linda y algo rara, pero conforme nos fuimos conociendo me di cuenta de que en verdad creía en esas cosas, fantasmas, espíritus, dioses antiguos, y cuanta presencia sobrenatural pueda ser nombrada. Y yo, bueno, tiene más o menos una década que no me paro en una iglesia. Después de ganar autonomía frente a mi núcleo familiar, me definí atea y nunca más volví a escuchar un sermón, persignarme o recibir la comunión. Alice era un extremo opuesto a mí, yo no creo en nada y ella decía “creer en todo, por si acaso”. Muy centeniall de su parte, aunque en realidad solo eran cuatro años los que nos separaban, se notaba una diferencia generacional en cuanto a nuestras creencias.

Me dirigía a mi casa pensando en la tarde de mierda que había tenido, un sinfín de papeleo absurdo, y tampoco es que su familia me ayudara mucho. Su madre, más que entender, tuvo como primera reacción culparme por ser mala influencia, por no cuidar a su hija, por existir, básicamente, “Cómo me caga esta señora.” Alicia Santana, mi Alice estaba perdida quien sabe dónde o con quién. No podían ponerme la excusa estúpida de “se peló con el novio” porque teóricamente yo soy “el novio.” Ni cabía en mi mente la posibilidad de un engaño, ella no es esa persona. No, algo malo estaba pasando y nadie estaba dispuesto a hacer algo al respecto.

Lo primero y lo más lógico era publicar en redes sociales, alguien tendría que haberla visto, amigos, compañeros de escuela, familiares, quien sea que pudiera darme alguna señal. Lo segundo, aunque tampoco tenía muchas esperanzas en ello, era acudir a grupos de personas buscadoras. No era raro que alguien desapareciera, en especial siendo mujer.” Maldita sea, esto es desesperante” pensé. Sin mucha esperanza entré en ese grupo de buscadores y escribí sobre Alice y su misteriosa desaparición. No esperaba respuesta, y menos una favorable, ya no me importaba, la publicación estaba hecha, y era todo lo que podía hacer.

Me fui a dormir aún con la impotencia sobre mis hombros “¿Realmente podía hacer algo?” pensé mientras me acostaba con pesar sobre el colchón que ahora se sentía menos que cómodo. Sabía que sería difícil descansar, pero quedarme despierta no resolvería nada. En esa noche donde el cansancio me consumía como fuego, deseaba que la oscuridad se llevara con ella la sensación amarga de la derrota, del hastío. Deseaba con todo mi ser que la ausencia de Alice fuera algo pasajero, que ella apareciera por su casa, o en mi cuarto, diciéndome que volvió, que todo está bien, que solo se perdió leyendo y olvidó revisar su teléfono, quería soñar con esa posibilidad, y más aún, deseaba que eso fuera real.

—Evelyn, aquí estoy

En mis oídos resonó fuerte y clara esa inconfundible voz.

—¿Alice? — Pregunté incrédula

—Aquí estoy, amor, ven por mi

“Esto es absurdo” pensé, “la oigo, pero no la veo”

—Mi amor, ellos me tienen

—¿Quienes? ¿Dónde estás?

—La caza de brujas…

—¿A qué te refieres? ¿Alice? ¡Responde, por favor! —grité con desesperación

—Secta... inquisidores...— decía mientras su voz se desvanecía en el viento

—¡No te vayas!¡Alice!

Mis gritos se perdieron en el silencio de la madrugada, creí escucharlos, pero en realidad, lo único audible era mi respiración agitada. La pantalla del teléfono me mostraba las 3:23 a.m. y de fondo la selfie que nos tomamos en una de nuestras citas. “Mi amor, dónde estás” me preguntaba sin esperar una respuesta. Consideré que lo que había pasado tenía un poco de sentido, no había parado de pensar en ella durante todo el día y ahora la veía en mis sueños “Solo es el estrés pensé” y traté de volver a dormir.

El sueño fue agotador más que revitalizante, me sentía drenada, y desperté con esa odiosa sensación de pesadez. No pude dormir, ni soñar, ni oír la voz de Alice otra vez. Sin embargo, ese sueño fue tan vívido como para quedarse en mis pensamientos. Un eco ruidoso de sus palabras me acompañó junto a la somnolencia matutina. “Brujas” “inquisidores” “secta” conceptos que no tenían ningún sentido para mí, pero que tal vez dichos por Alice cobrarían una dimensión fascinante.

La inquietud me perseguía, y aun sin intención de jugar al detective, me sentí motivada a indagar. Revisé entre las cosas que había dejado, algunas prendas de ropa, un collar, una pequeña mochila en la cual había monedas, una botella de agua, y una libreta muy peculiar en cuya portada se leía “Non est justitia in malitia Dei.” La curiosidad me hizo buscar una traducción a ese texto que en su significado era “no hay justicia en la maldad de Dios.” Perturbador a primera vista, y muy propio de ella. No me detuve y comencé a hojear los desordenados y confusos apuntes en los cuales apenas identifiqué algunos conceptos.

Había fragmentos inconexos de ideas que no entendía por completo, símbolos extraños, dibujos aterradores de criaturas humanoides y frases en latín. Pasé las páginas sin saber exactamente lo que buscaba, y en el medio dos palabras resaltadas en negritas “Malleus Maleficarum” en seguida Alice había escrito algunas notas. “Caza de brujas” “tortura” “inquisición” y más abajo unas palabras remarcado con fuerza “los pecados de las mujeres son puertas hacia la oscuridad.” Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar que eran las mismas cosas de las que escuché durante el sueño de la noche anterior. “Esto no tiene sentido” pensé mientras tomaba mi teléfono. Al buscar el encabezado de ese apunte, el resultado fue un antiguo libro escrito por inquisidores, y no sólo eso, el contenido parecía ser profundamente misógino.

“¿Por qué Alice tiene páginas dedicadas a algo tan perturbador?” Me pregunté mientras seguía leyendo. Un pensamiento cruzó mi mente, Alice no sentía fascinación, si no terror de que algo como eso haya existido, y no solo eso, lo aterrador es que aún siga existiendo. Seguí revisando la libreta, sintiendo la intranquilidad en cada página. Encontré una lista de nombres de mujeres, cuyos nombres iban acompañados de fechadas en siglos pasados y descripciones como habían sido acusadas de brujería: “conversadora con los muertos”, “rebelde a la autoridad de la Iglesia”, “portadora de conocimiento prohibido”. Cada nombre llevaba consigo una historia de terror.

Comencé a preguntarme si Alice había encontrado algo que no debía, si su curiosidad la había llevado demasiado cerca de gente peligrosa, un grupo que, al igual que los inquisidores de antaño, se creía con el derecho de juzgar y castigar a las mujeres que consideraban una amenaza. Era una coincidencia aterradora, pero comenzaba a hacerme sentido. Pensé en algunas publicaciones que he visto. “Las veces que alguna víctima de desaparición llega a ser encontrada muestra signos de tortura de todo tipo...”

Procesar esta información no era fácil, la rabia y la impotencia me llenaban. Alice en su búsqueda por lo desconocido se topó con las personas incorrectas, sin saberlo se adentró en lo más horrendo del corazón humano. Y ahora me preguntaba ¿Qué clase de sádicos estaban detrás de esta inquisición moderna? Por supuesto después de investigar un poco, difícilmente podía imaginar a alguna mujer involucrada por voluntad propia, ya que en esencia eran el objeto de desprecio y su base ideológica no era más que una justificación absurda para las atrocidades más inhumanas contra ellas.

Me puse a indagar en internet en busca de algún indicio más esclarecedor, hasta el momento solo estaba suponiendo cosas. Me sentía asustada, y sobre todo enojada. La burocracia y sus protocolos sin sentido se sentían como un enorme lastre, algo que me mantenía atada de manos esperando quieta mientras Alice probablemente estaba sufriendo. Su voz seguía resonando en mis pensamientos mientras buscaba alguna pista de su ubicación. Entré a grupos de ocultismo en redes sociales, encontré uno donde Alice era miembro, y de inmediato pedí acceso, tras unos minutos y contestar un par de preguntas pude ver el contenido.

Una vez dentro, comencé a desplazarme entre publicaciones y comentarios. La mayoría eran lo que esperaba: teorías sobre entidades antiguas, prácticas de adivinación, referencias a símbolos de protección. Era como un foro donde Alice se sentiría en su elemento, llena de personas con la misma curiosidad por lo esotérico. Sin embargo, algo más sombrío captó mi atención, un usuario, bajo el nombre “Profeta Heinrich” se nota que era un miembro activo y publicaba con regularidad, y me detuve a leer sus posts. Casi todas sus publicaciones estaban llenas de referencias medievales, invocaciones, y juicios con reminiscencias a la Inquisición. Las cosas más asquerosamente fascistas disfrazadas de misticismo bíblico. Pureza, rectitud, las mujeres y el mal, eran los topos comunes de todo lo que sus dedos esputaban, y aún con la censura que caracterizaba esa red social, la violencia se sentía en sus palabras

“Ellas son el portal de la corrupción y el pecado, y deben ser redimidas o destruidas. A través del dolor, el cuerpo puede expiar los pecados que el alma soporta. Solo aquellos que atraviesan el tormento podrán ser liberados de la oscuridad que ellas mismas atraen.”

Sentí un profundo asco, esta persona tenía todas las señas de ser un inquisidor moderno, una mente enferma con una obsesión medievalista y un desprecio retorcido hacia las mujeres. Comencé a buscar en sus publicaciones cualquier pista que pudiera indicar una ubicación o detalles de su identidad, alguna conexión con Alice. Pero no encontré nada concreto, solo referencias vagas a lugares de reunión y a “templos escondidos” donde, decía, el “fuego del juicio ardería nuevamente.”

Me detuve en una de las publicaciones de Heinrich que era reciente, hecha unas horas antes “Esta noche, el juicio será ejecutado en honor al fuego purificador. Las puertas de la carne se abrirán y el mal será arrancado de su raíz.” Me sentía tentada a enviarle un mensaje, preguntarle, interrogarlo directamente; pero sabía que cualquier error podría poner en peligro a Alice, si es que realmente estaba con estos fanáticos. “¿Dónde estás, Alice?” murmuraba en un intento desesperado de calmarme. Cada minuto parecía eterno, y la urgencia empezaba a castigarme.

Aún en medio de la ira pude detenerme y buscar sobre el evento al que había asistido Alice. Me enfoqué en buscar alguna publicación al respecto, y lo que encontré fue una reunión de brujas y hechicería, por lo que vi era una especie de bazar y exhibiciones. Entré a la convocatoria del evento y la organización como la asistencia parecía estar conformada casi exclusivamente por mujeres. Por primera vez sentí esperanzas, revisé las personas dentro del grupo que confirmaron asistencia y estaba el nombre de varias chicas ¿por dónde empezar? Revisé la tarjeta de perfil de esa lista y lo que llamó mi atención fue el indicativo “1 amigo en común” el cual remitía al nombre de Alice. Le escribí a las chicas que tenían alguna relación con Alice, y fueron unas 5 o 6, redacté un mensaje general explicando la situación y lo envié a cada una de ellas esperando su respuesta

No esperaba respuestas inmediatas, pero la comunidad demostró ser mucho más activa y dispuesta a ayudar de lo que imaginaba. En cuestión de minutos, algunos mensajes comenzaron a llegar. Algunas dijeron recordar haber visto a Alice en el evento, pero solo eso señales de que fue vista ahí. Entre los mensajes, uno en particular me llamó la atención. Una chica que se hacía llamar Lilith respondió que, aunque no había visto directamente a Alice, tenía información. Me apresuré a responder la conversación mientras sentía la ansiedad retorciendo mi estómago.

“Hace unos meses, intentaron secuestrarme después de un evento parecido. Me contactaron personas con ideas muy oscuras, gente que desprecia a las mujeres como nosotras. Si quieres saber más, te dejo mi número. No me siento cómoda hablando de esto aquí.” Sin dudarlo acepté. En menos de una hora ya estábamos hablando por teléfono, y lo que Lilith me contó terminó de confirmar mis peores temores.

Sentía su miedo aún a través del auricular, contó cómo, había comenzado a recibir mensajes de personas que se interesaban en sus prácticas y conocimientos. Al principio, pensó que eran otros entusiastas de lo esotérico, pero pronto notó algo perturbador en sus palabras y en la obsesión que mostraban por la “pureza” y el “fuego del juicio”.

—Me escribía alguien que se hacía llamar Profeta Heinrich —dijo Lilith, y sentí escalofríos— Al principio parecía interesado en el misticismo, en los rituales antiguos. Pero luego empezó a hablar de cosas extrañas como el “control de la carne”, la “expiación a través del dolor” y otras cosas muy oscuras. La última vez que lo vi fue en uno de estos eventos, cuando trató de persuadirme de ir con él a lo que llamaba su “templo”.

Lilith me contó de cómo la situación se tornó peligrosa cuando algunos hombres intentaron forzarla a entrar en una camioneta después de otro evento similar. Ella logró escapar por lo que describió como una mezcla de astucia y suerte, pero desde entonces era cautelosa y evitaba los eventos públicos. Aun así, siguió investigando sobre el grupo de Heinrich, convencida de que se trataba de algo mucho más siniestro.

—Ellos operan en grupos pequeños y organizados. — Continuó — Heinrich es solo uno de varios “profetas” que se dedican a sustraer mujeres, especialmente a aquellas que se interesan por todo lo “pagano”. Están obsesionados con la idea de la pureza, pero también con el castigo y la tortura. Creen que las mujeres que practican estos conocimientos tienen “demonios” dentro de ellas y que debe ser purificadas o destruidas.

Para este momento su voz se escuchaba rota y al borde del llanto, supuse que no era fácil decirlo en voz alta, y de algún modo me contagié de su miedo y su rabia, emociones que ardían en mi estómago al pensar a Alice en ese contexto.

—He conocido a varias que lograron escapar de esta secta, como yo. —Dijo tratando de recomponerse — Algunas han investigado lo suficiente para saber cómo operan y dónde suelen reunirse. Si tú estás dispuesta a enfrentar esto, puedo ponerte en contacto con ellas.

—Si, por favor —dije con la urgencia golpeando mi pecho — Si estas mujeres tenían la valentía y la experiencia para enfrentar al culto, definitivamente necesitaba de su apoyo. No iba a poder hacerlo sola. Era una esperanza a la me iba a aferrar sin dudarlo.

Lilith me agregó a un chat grupal privado con tres mujeres más, todas ellas sobrevivientes de estos encuentros y con la voluntad de ayudarme a traer a Alice de regreso. Una de ellas, que se hacía llamar Circe, parecía ser la más directa y experimentada. Ella había investigado varias ubicaciones donde operaba el culto y había identificado patrones en los días y horas de sus rituales. Sus conocimientos me dieron un mapa básico de cómo operaban y cuáles eran los lugares clave.

Durante las horas siguientes, el grupo, compuesto ahora por cinco mujeres, se organizó en torno a una estrategia. Decidimos que la mejor opción era infiltrarnos en una de las reuniones que, según Circe, tendría lugar en una de las casas abandonadas del Barrio Viejo. Era arriesgado, pero sabíamos que esta sería nuestra oportunidad de obtener información y, con suerte, localizar a Alice.

Hablamos sobre lo que había pasado cada una, sobre el miedo y el deseo de venganza que ardía en cada una de nosotras, y, sobre todo, comenzamos a idear una incursión en su “templo” hasta llegar al punto de establecer una hora de reunión, qué haría cada quien, y después de leer nuestra conversación, Lilith por fin envió un mensaje tan contundente como inesperado “Las acompaño”. Su respuesta me pareció sorprendente, y creo que las demás pensaron lo mismo, pero Lilith lo explicó de forma simple “Estoy asustada, pero, sobre todo, les tengo odio y asco, y si puedo devolverles un poco del infierno que me hicieron pasar valdrá la pena”. Adaptamos nuestro plan para integrar a Lilith en él, no teníamos certeza de que algo como eso pudiera funcionar, éramos solo nosotras, nuestra determinación y la rabia que viene con el deseo de venganza.