Espadas y Dragones

Summary

Aemond odia las celebraciones de cortejo, pero habrá un alfa que lo hará cambiar de opinión. ¿Podrá el Lord de Fuerte Terror conquistar al dragón? ¿Las mentiras y engaños podrán más que el amor verdadero? Quizá la estadía de Ramsay en la capital pueda mostrarle a Aemond que está bien ponerse en primer lugar al menos una vez.

Status
Ongoing
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1
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n/a
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18+

Ojos grises hielo en las venas.

Aemond estaba harto ya, había durado demasiado en aquel lugar, ese tipo de celebraciones no le llamaban ni un poquito la atención, y más cuando de cortejos se trataba. Alfas y betas queriendo obtener su favor enumerando uno a uno los beneficios que traería el pactar un compromiso con alguno de ellos.

Si como no, el sabía bien que los únicos beneficiados serian ellos, una alianza con la corona y más importante aún ser jinetes de dragón. Tendría que aguantar todo eso por quince días, era lo que duraba la temporada de cortejo.


Su madre había insistido en que ya era tiempo de desposar a alguien que eso traería beneficio para la causa de su hermano, causa ¿Cual causa? A Aegon no podría importarle menos la corona el estaba feliz dándose la gran vida en Drifmark junto a Lucerys  y hasta ya esperaban a su primer cachorro. Pero al parecer a su madre eso no podría importarle menos, su ambición y la de su abuelo iban más allá de la lógica, a veces dudaba de que estuvieran realmente cuerdos. ¿Como carajos? pensaban casar a Helaena con Aegon si los dos ya habían formado su propia familia.

Aemond estaba seguro que Helaena era capaz de matar ella misma a su madre y abuelo antes de permitir que destruyeran su familia y Aegon no se quedaría atrás el preferiría morir antes que poner en peligro a su muy embarazado esposo.


Parecía ser que de los tres Aemond era el único que pensaba realmente con la cabeza, ese par de betas que tenía como familia o eran muy estúpidos o eran muy orgullosos para aceptar que habían perdido esta guerra mucho antes de que empezara, la perdieron en el preciso momento en que sus hermanos mayores decidieron enamorarse de los hermanos Velaryon y por lo que veía Daeron iba por el mismo camino, en todo lo que iba de la fiesta este no había dejando de hablar y bailar con el más pequeño de los hermanos. Joffrey Velaryon era unos años menor que Daeron, un Alfa recién presentado, pero se le veía potencial ya tenían la misma altura y eso que era menor.


Aemond prefería mil veces que su hermanito se quedará con el Velaryon a que terminara sirviendo de moneda de cambio de su abuelo y lo terminarán casando con algún viejo alfa, o con algún otro lord que solo lo vería como una yegua de cría, destinado a terminar como la difunta reina Aemma.

El mero pensamiento heló la sangre del príncipe, así que se prometió hacer lo que estuviera en sus manos para hacer posible esa unión, su hermano sería feliz y haría lo que fuera por conseguirlo.


Con ese pensamiento salió del gran salón donde se llevaba a cabo la fiesta, necesitaba respirar y aclarar su mente, así que se encaminó hacia el único lugar que le traía paz, el patio de entrenamiento. Sin darse cuenta que una mirada gris no había dejado de seguirlo durante todo ese tiempo.




El Lord de Fuerte Terror no había apartado su mirada de ese Omega platinado que observaba a todos con ojo crítico.

Este ni siquiera le había dirigido una mirada, saludando a todos por mera cortesía, llamando de inmediato la atención de Ramsay. Cuando lo vio salir del salón no se le ocurrió mejor idea que ir tras el, aprovecharía cada uno de los días de su estancia en King's Landing para conquistarlo, ese Omega sería suyo se juro.


Camino por los pasillos siguiendo el tenue olor que dejaba el omega a su paso, este lo guió directamente al patio de entrenamiento que para su sorpresa estaba vacío, se dirigió hasta donde estaban las armas, fingiendo evaluarlas, tomando una espada moviéndola de un lado a otro midiendo su peso.


—¿Disfruta la vista mi príncipe?. —pregunto sin levantar su vista. —¿Me dará el honor de un duelo?.


Fijo su vista hacia donde el olor era más fuerte y no erró, el Príncipe Aemond Targaryen salió de entre las sombras tan imponente y férreo como lo había visto en la fiesta.


—¿Entonces?. —insistio—. Si no le apetece conozco otras actividades que lo harán sudar igualmente. —sonrio.


—Para ser un bastardo recién legitimado se toma muchas libertades. Mi Lord. —contesto el platinado.


La sonrisa de Ramsay se ensanchó más, no se había equivocado su príncipe tenía carácter, ahora el deseo de poseerlo era mayor.


—Para ser un príncipe de la corona, le hacen falta modales. —refuto—. Pero por si se lo pregunta, la palabra bastarto hace tiempo que carece de importancia para mi. —afirmo sin borrar su sonrisa. —Pero no a contestado a mi pregunta mi príncipe, aceptaría un duelo contra este humilde servidor suyo. —dijo mientras hacía una profunda reverencia.


—Lo tomare en cuenta. —contesto sin más. —Mi lord. —se despidió con un asentimiento, dando media vuelta saliendo a toda prisa.


Ese Omega ya era suyo pensó Ramsay, su alfa se removió inquieto al sentir las feromonas que el príncipe despedía, excitación pura eso fue lo que olió en el platinado, si los Dioses eran buenos regresaría al norte con su heredero creciendo dentro del vientre del fuerte Omega que era su príncipe dragón.




Aemond estaba en la biblioteca como de costumbre intentando leer el mismo libro desde hace un buen tiempo, no podía olvidar el encuentro con ese Lord del norte, ya habían pasado un par de días y no lo había vuelto a ver pero había algo de el que no podía sacar de su mente, su olor... Hierro y humo, una extraña combinación pensó, pero que logró despertar algo en su omega, que no había podido controlar desde ese encuentro, tomo los mismos supresores de siempre pero nada lograba calmar a su bestia interna, perdido como estaba en sus pensamientos no se percató que alguien entro a la biblioteca, no hasta que esté hablo demasiado cerca de él.


—Cien dragones por sus pensamientos mi príncipe. —hablo tan cerca de su oído que Aemond sintió escalofríos.


El alfa estaba recargado con ambas manos en el respaldo del sillón donde Aemond se encontraba.


—Lord Bolton, ¿A que dedo el honor de su visita?. —pregunto, ignorando lo dicho antes por este, sin levantarse de su asiento.


—Si le soy sincero... Ni yo mismo lo sé mi príncipe. —contesto este.

El omega lo miro confundido sin entender que quería decir.

—Me explico, estaba caminando por los pasillos de la fortaleza cuando un olor familiar llegó a mi solo me deje guiar por mi alfa y terminé aquí. Estaba dispuesto a marcharme cuando lo ví y quise acercarme a saludar. —dijo, mientras tomaba asiento en el mismo sillón junto al omega.


Aemond se removió inquieto cuando tuvo al alfa tan cerca, teniéndolo así podía oler perfectamente sus feromonas, sintió sus piernas flaquear cuando este se acercó más hacia el diciéndole algo que ni si quiera logro entender, sentía mucho calor, su cuerpo quemaba y su mente estaba nublada, sintió que se desmayaría en cualquier momento. De pronto todo se oscureció


Cuando recobro el control de su cuerpo la escena que lo recibió lo dejo atónito.

Estaba abierto de piernas sentado sobre el alfa norteño, con este tomándolo por las caderas, besando y mordiendo cuánta piel de su cuello hallará, mientras rozaban sus intimidades en un lento vaivén, aún vestidos pero con sus miembros más que despiertos.


Aemond reaccionó desenfundando su daga y poniéndola en el cuello del alfa, este a su vez también volvió en sí al sentir el filo cortar su garganta, ambos se vieron a los ojos por unos segundos antes de que el alfa lo tomara por las caderas y lo bajará de su regazo, ambos sin decir palabra alguna.


Aemond no cabía de la vergüenza que sentía, ¿Por que había reaccionado así? Su celo todavía estaba lejos de suceder y se supone que el supresor que tomo esa mañana serviría, según su madre, que fue la que se lo dio. Ahora no podía ni mirar a la cara a ese alfa norteño, enfundó su daga y se levantó.





Le tomo unos momentos controlar del todo a su alfa, el olor que despedía ese omega era delicioso, tan puro y fértil un Omega perfecto a los ojos del lord de Fuerte Terror, pero había algo que no dejaba percibir del todo ese aroma a sándalo y rosas, había otro olor combinado con el propio del Omega.


—Mi Lord, yo... —comenzó el príncipe, siendo cortado inmediatamente por el alfa.


—No mi príncipe, esto no fue culpa suya. —afirmo—. En todo caso, sería mía por ceder ante mi alfa. Además su aroma es... Diferente. —aseguro mientras se acercaba al platinado.


—¿A que se refiere con diferente?. —pregunto, levantando la mirada.


—Además de las rosas y el sándalo, hay... Algo más. —dijo mientras se acercaba al príncipe y olfateaba su cuello descaradamente.

El omega se tenso al sentir la cercanía con el alfa, comenzando a sentir una vez más ese calor en su vientre.


—Alfa. —jadeo pegándose al cuello ajeno e inhalando igualmente su aroma.


Ramsay maldijo al escuchar esas palabras salir de la boca del príncipe el cual casi se le fue encima una vez más en busca de contacto, se estaba conteniendo lo más que podía, su alfa aullaba por salir y reclamar al omega ahí mismo, más cuando sintió a este dar una lamida a su glándula.

Como pudo, lo alejó un poco, dándose cuenta que otra vez el omega del príncipe Targaryen era quien lo dominaba, el ojo antes violeta ahora era uno totalmente dorado.

Lo acomodo en el sillón que ocupaban anteriormente, recostándolo, intento zafarse de su agarre pero fue inútil el príncipe era fuerte.


—Alfa, alfa. —seguia repitiendo el platinado, buscando la cercanía del lord de Fuerte Terror.


Ramsay maldecía por tener que contenerse, el príncipe estaba ahí tan dispuesto para el, sería tan fácil solo tomarlo ahí mismo y poner un cachorro en su vientre, así nadie podría separarlo de su lado.

Pero su ego era mayor al deseo que sentía en esos momentos. —No así—. Se dijo a sí mismo.


—El día que te tome será por tu propia voluntad mi dragón. —susurró acariciando el largo cabello del príncipe. Como pudo se soltó del agarre de este alejándose de inmediato.


El omega sollozo por el rechazo del alfa, encogiéndose en su lugar, repitiendo el mismo mantra. —alfa, alfa, alfa—. Gemía sin parar.


El norteño sin más opción quito su capa no sin antes impregnarla con su aroma, envolviendo al príncipe con esta.

El omega se restregó en la misma al sentir el olor del alfa.

La mancha de este ya se hacía presente mojando su ropa y traspasando al sillón, sus feromonas estaban a tope inundando la biblioteca con su delicioso aroma.

{pronto los pasillos}. —penso el alfa.


Decidido salió de ahí para buscar ayuda, no sin antes soltar su propio aroma para intentar cubrir el del omega. Para su sorpresa los pasillos estaban vacíos, ni un maldito guardia o sirviente se veía por el lugar, tendría que alejarse un poco mas para buscar a alguien, lo que significaba alejarse del príncipe, pero no tenía opción, si el celo de este llegaba a su máximo nivel todo el torreón estaría inundado con su feromonas y atraería la atención de otros alfas.

El mero pensamiento de alguien más tocando al omega enfurecio al norteño.


Decidido camino a prisa en busca de alguien, para su suerte se encontró con un sirviente beta en uno de los pasillos, le ordenó llamar al maestre y enviarlo a la biblioteca, sin entrar en detalles solo informándole que el príncipe Aemond se encontraba mal. Así mismo le dijo que avisará a algún miembro de la familia real la situación del príncipe.

El beta asintió saliendo a toda prisa de ahí para cumplir las órdenes.


Ramsay volvió lo más rápido que pudo hasta la biblioteca, entrando en esta y cerrando por dentro, el panorama que lo recibió lo dejo de piedra.


El omega yacía en el suelo desnudo envuelto únicamente en la capa gruesa del alfa, en la cual se restregaba buscando el olor de este sin prestar atención a nada mas, sus largas y blancas piernas sobresalían por la abertura de la misma, su hermoso cabello de luna reposaba esparcido por la piel de lobo de rodeaba el cuello de esta, su parche estaba tirado a un lado junto con su ropa.


El alfa sintió como su miembro se endurecía ante tal vista soltó un gruñido bajo, intentando contenerse de saltar encima del omega abrirle las piernas y perderse entre ellas.

Cerró sus ojos moviendo su cabeza a los lado intentando aclarar sus pensamientos y no cometer una estupidez.


Decidió mantenerse alejando, si el omega lo veía correría a sus brazos y estaba seguro que si llegaba a tocar esa blanca piel no habría vuelta atrás.




Rhaenyra caminaba por los pasillos de la fortaleza en busca de su hijo Joffrey y su hermano Daeron. A los cuales había visto muy juntos desde la fiesta hace unos días, su karma pensaba, sus tres niños habían caído en los encantos de sus tíos... O viceversa, no importaba, ahora sabia como se sentía su padre cuando ella se casó con su tío Daemon, perdida en sus pensamientos casi choca con un sirviente que iba a toda prisa.


—Perdon mi princesa. —dijo este de inmediato, bajando su cabeza y haciendo una reverencia. —Pero que bueno que la encuentro es una emergencia. —anuncio agitado.


—¿Que pasa? ¿Por que la prisa?. —preguntó alarmada.


—Es el príncipe su majestad, el príncipe Aemond se encuentra mal. —informo con pesar. —Ya el maestre se dirige hacia donde está, acabo de avisar a la reina y me dirigía en busca del rey para informarle. —anuncio.


—¿Donde esta? ¿Que le pasó a mi hermano?. —quizo saber la alfa empezando a angustiarse.


—N-no lo sé mi princesa. —titubeo—. Hace un momento me encontré con Lord Bolton y me pidió que enviara a un maestre a la biblioteca y avisará a la familia real que el príncipe se encontraba mal pero no especifico su estado. —informo.


—Avisa también a mi esposo. —ordeno la mujer, antes de dirigirse a la biblioteca apresurada.


Rhaenyra temió lo peor ante tan vaga información que le dio el sirviente. Casi corrió por los pasillos que daban hacía la biblioteca, siguió hasta llegar al que daba directo a esta, al doblar sintió su sangre helarse al divisar un cuerpo tirado en la entrada de la misma. Apresuró el paso para llegar lo más rápido posible no le importaba que hubiera peligro su hermano probablemente estaba herido y necesitaba ayuda.


La escena que recibió a la princesa la desconcertó, tirado en el suelo en un charco de sangre estaba Ormund Hightower el actual Lord de Antigua, mientras al otro lado Jason Lannister estaba pegado a la pared siendo sostenido del cuello por Ramsay Bolton quien tenía su daga casi clavada en el cuello del alfa rubio.


—¿Que significa esto? —quiso saber la princesa—. ¿Donde esta mi hermano?. —pregunto demandante.


—Su alteza. —saludo el norteño—. Disculpe que no la reverencie como corresponde, pero me estoy encargando de las ratas. —solto en tono burlón, apretando más su agarre en el cuello ajeno—. El príncipe Aemond está adentro, pero no le recomiendo que entre, yo sé que usted no le haría daño pero en el estado en que este se encuentra no veo adecuado que un Alfa se le acerque. —solto, esperando que la princesa captará sus palabras.


—Entiendo. —contesto la alfa—. El maestre ya viene en camino.


Y como si de magia se tratara el maestre apareció por el pasillo, junto con el venía el príncipe Daemon con unos capas dorada y la reina junto con su guardia jurado Criston Cole, esta soltó un jadeo al ver a su primo tirado en el suelo y sangrando.


—Maestre entre por favor, mi hermano está ahí necesita ayuda. —ordeno la princesa, abriendo la puerta ella misma.

Al abrirla el olor del Omega lleno el pasillo llenando de comprensión a todos, entendiendo un poco la situación.


—Ustedes. —ordeno Daemon señalando a sus soldados—. Llevense a esos dos a los calabozos y envíen un maestre para que revise a este. —Dijo señalando a Ormund Hightower. Mientras que Jason Lannister seguía siendo sostenido por el alfa norteño, quien al escuchar la orden del príncipe lo lanzó al suelo, cayendo este a los pies de los capas dorada. Quienes lo levantaron dispuestos a cumplir la orden de su ex comandante pero la reina los detuvo.


—Un momento no pueden hacer esto. —dijo esta iracunda—. ¡Son Lores! De las familias más importantes del reino, no pueden ser tratados cual plebeyos. —aseguro indignada, ganándose miradas cada vez más furiosas de parte de los presentes, quienes no podían creer que está todavía no comprendía la situación.


—No te creí tan estúpida Alicent.

—solto el príncipe canalla, sin importarle que los demás escucharán—. Un Omega en celo dos alfas idiotas, en serio no te dan las neuronas para ver lo que está pasando. —pronuncio cada vez más exaltado.

—¡Estos imbéciles estuvieron a punto de abusar de tu hijo!. —aseguro—. ¿O me equivoco Lord Bolton?. —pregunto mirando al mencionado.


—Claro que no mi príncipe, está en lo correcto. —contesto este devolviéndole la mirada—. Afortunadamente yo ya había regresado de pedir ayudar cuando ellos intentaron forzar la puerta. —relato brevemente—. Como comprenderán tuve que actuar, no iba a dejar que le hicieran algo al príncipe Aemond. —contesto seguro.


—E hizo bien mi Lord. —añadio Rhaenyra—. Así que cumplan la orden que se les dio. —ordeno a los capas dorada que de inmediato se llevaron a los alfas de ahí.


La reina no menciono palabra alguna ante las palabras del príncipe. Dedicándose a rasgar la cutícula de sus uñas nerviosa, mientras observaba la puerta de la biblioteca.


Unos momentos después el maestre salió informándoles a todos que el príncipe se encontraba estable, le había administrado unos ungüentos para bajar el calor y dado de beber un poco de leche de amapola para que descansará y pudieran trasladarlo hasta sus aposentos.


—Llamare a un guardia para que lo lleve. —informo la princesa.


—No es necesario. —refuto la reina—. Ser Criston saque a mi hijo de ahí y llévelo a sus aposentos. —ordeno.


—No creo... —se quedo a medias Rhaenyra siendo interrumpida por la reina.


—Es mi hijo Rhaenyra, yo veré qué es lo mejor para el. —aseguro, dándole una mirada de superioridad a la princesa.


—Yo lo haré. —intervino el príncipe—. El olor de algún alfa lo podría alterar otra vez, yo soy Omega así que no hay problema. —aseguro entrando a la biblioteca, sin esperar réplica de nadie.


No paso mucho tiempo para que el príncipe saliera de la biblioteca con una mueca de enojo en su rostro y sin el príncipe Aemond.


—Usted. —señalo al maestre—. No dijo que estaba estable, casi me rebana el cuello con su daga cuando intenté acercarme. —conto.


—Lo siento mi príncipe, n-no se qué pasó. —aseguro el beta—. La dosis de leche que le di debió dormirlo ya, si le doy otra dosis podría hacerle daño en su estado. —agrego preocupado.


Ramsay escuchaba atento la conversación.


—Entonces que haremos. —cuestiono la princesa—. No podemos dejarlo ahí y si lo sacamos algún alfa podría perder el control y atacarnos en el trayecto hacia sus aposentos. —afirmo empezando a angustiarse por la situación de su hermano.


—Princesa. —llamo el norteño—.  Disculpen la interrupción. —dijo acercándose un poco a ellos—. No sé si lo habrán notado pero el aroma del príncipe no es normal. —aseguro—. No es sólo rosas y sándalo. —afirmo, mientras los alfas y el omega presente olfateaba el ambiente con el olor del platinado que ya empezaba a traspasar los muros de la biblioteca.

La reina estaba expectante ya que ella era una beta y cualquier aroma le resultaba nulo a sus sentidos.


—Es verdad. —concordo la alfa—. Es más frutal. —afirmó, arrugando la nariz al darse cuenta que si, ese aroma no era normal en su hermano, y menos estando en celo.


—Me resulta familiar. —afirmo Daemon.


—Miel de Lys. —dijeron el príncipe y el norteño al unísono.


—Por los Dioses. —solto el maestre entendiendo, poniéndose en acción de inmediato y rebuscando en el bolso de cuero que llevaba consigo.


La furia empezó a emanar en los aromas de la princesa y su esposo al entender que habían tratado de hacer con Aemond.


—¿Que significa eso?. —pregunto la reina luciendo confundida—. ¿Que le pasa a mi hijo?. —inquirio, sin obtener respuesta alguna.


—Es un afrodisíaco su majestad. —informo Lord Bolton, viéndola con esos ojos grises fríos, tan fríos como el norte mismo. Esta solo se llevó la mano a la boca desconcertada.


—Le administrare este brebaje, es para que el afrodisíaco se disuelva de su organismo y recupere el sentido. Pero tardará unas horas en hacer efecto, necesitamos trasladarlo a sus aposentos majestades. —informo el maestre entrando una vez más a la biblioteca.


Todos asintieron a la expectativa.


Ramsay no despego su vista de la Reina consorte, guardando cada acción y gesto que está tenía, más que preocupada la reina lucia nerviosa, bastante nerviosa pensó el norteño, rasgando sus cutículas hasta sangrar un par de dedos y pasando su mirada de él a la princesa Rhaenyra. Se prometió averiguar que traía entre manos la mujer.


Unos momentos después el maestre salió.


—Le e administrado el brebaje y está más calmado ahora. —dijo tranquilo—. Pero necesitamos llevarlo a sus aposentos, aunque no será un celo completo el afrodisíaco logro entrar en su sistema y le causará algunos malestares. —aclaro—. Note que el príncipe no se altera con el olor de la capa en la que está envuelto, sugiero que el dueño sea quien lo lleve hasta su habitación. —sugirio calmado, esperando saber quién era el dueño de esta.


—Capa?. —inquirio la princesa.


—Si mi amor, Aemond está envuelto solamente en una gruesa capa, que sospecho es suya Lord Bolton. ¿No es así?. —dijo el omega.


—Asi es mi príncipe. —contesto seguro—. Se la coloque al príncipe para tranquilizarlo, pero cuando volví de pedir ayuda lo encontre tan cual usted lo vio. —aseguro sin entrar en detalles.


—Bueno.  —dijo Rhaenyra—. Lord Bolton si no es mucha molestia podría llevar a mi hermano hasta su habitación por favor. —pidio.


—Claro que no lo es mi princesa. —contesto avanzando hacia la biblioteca. —siendo detenido por el príncipe Daemon.


—Espere. —ordeno.


El príncipe canalla se acercó hasta el guardia jurado de la reina y le arrancó la capa de un solo movimiento, dejándolo desconcertado. Mentiría si diría que no disfruto hacerlo.


—Tome esto, impregnelo con su aroma y terminé de cubrir a mi sobrino, no queremos accidentes. —ordeno tajante.


El norteño asintió a las órdenes dadas por el príncipe, se adentro a la biblioteca y unos momentos después salía con el Omega en brazos, este estaba bien sujeto de sus hombros con su cara enterrada en el cuello del alfa, envuelto solamente en ambas capas.


Los sirvientes se hacían a un lado ante el grupo que caminaba por los pasillos de la fortaleza, adelante la princesa heredera y su esposo el príncipe Daemon, atrás el maestre Orwyle junto con la Reina y su guardia jurado Criston Cole, lo que desconcertada a todos era a quienes custodiaban, en medio del pequeño grupo iba el Lord de Fuerte Terror Ramsay Bolton quien llevaba en brazos nada más que al príncipe Aemond Targaryen. Todos bajaban sus cabezas cuando el grupo pasaba frente suyo.


Todos se preguntaban que había pasado. Pronto lo averiguaría.


Llegaron a los aposentos de Aemond, Ramsay intento colocarlo en la cama más este no aflojaba su agarre del cuello del alfa, este se sentó con el príncipe todavía a cuestas soltó más feromonas impregnando al omega con su olor susurrando palabras que nadie más en la habitación logró escuchar, acarició sus cabellos por unos momentos, hasta que Aemond se tranquilizó, cayendo dormido, sin decir más lo cómodo en la cama cubriéndolo mejor con la sábana, poniéndose de pie volvió su mirada a los presentes, Rhaenyra lo veía agradecida, Daemon lo veía curioso y suspicaz, con una tenue sonrisa cruzando sus labios.


La reina por otra parte parecía que se había chupado un limón a percepción de Ramsay su cara era un poema.


Algo que desconcertó al Bolton fue ver la misma expresión furica en el guardia jurado de esta, ese tal Criston.


No le gusto para nada, como veía a su príncipe dragón.


Ramsay averiguaría que tipo de ratas había en esa ciudad que olía a mierda.



















Esta pareja me la saqué de quién sabe dónde. Pero me gustó escribir de ellos, ya tengo varios capítulos así que los estaré subiendo de una vez.


Si alguien le da una oportunidad de antemano muchas gracias, nos leemos pronto bye bye 💖.