Mi destino

Summary

Katsuki Bakugo siempre ha tratado mal a Izuku por temor a todo lo que éste era capaz de hacerle sentir así que lo lastima de la peor manera. Una manera que provoca que se separen por un tiempo. Cuando se vuelven a encontrar todo ha cambiado para los dos, Katsuki se siente arrepentido e Izuku se siente miserable luego de perder a su madre y de salir de una relación tóxica que solo le provocaba más daño. El descubrimiento de un evento inesperado permite que el rubio realice un salto de fe y comience a intentar recuperar lo que había perdido. ¿Lo conseguirá? *** Los personajes de My hero academia no me pertenecen, forman parte del mundo maravilloso creado por Horikoshi-sensei ^^

Genre
Drama/Romance
Author
Himura
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Mi destino

A Izuku lo despertó la desagradable sensación de querer vomitar. Aquello se venía repitiendo durante el último mes. Nunca pensó que estar embarazado se sintiera tan fatal. La próxima vez que viera alguna serie o película donde describieran al embarazo como algo fantástico, escribiría una carta de reclamo por no contar toda la verdad. Se sentía como si fuera un muerto en vida. Estar de rodillas, doblado sobre el retrete mientras tus entrañas están intentando escaparse por la boca, no era su mejor manera de iniciar el día.

De haber tenido fuerzas, se habría estremecido al sentir la mano de su compañero de piso sostener su cabello para evitar que se manchara con su vómito. — K-Kacchan… — Mencionó el peliverde con cansancio y una débil sonrisa al reconocer al rubio. — No tienes por qué hacer esto. Ya te lo he dicho.

— Tsk. — Izuku casi volvió a sonreír ante el bufido del rubio. Casi. — Sólo cállate, nerd. — Al contrario del tono de su voz, la manera tan suave en la que el rubio usaba su mano para despejar su frente y la delicadeza con la que le ayudaba a ponerse de pie con todo el cuidado del mundo, resultaba contrastante. — Lávate los dientes y baja a desayunar. Hay panqueques con mermelada de fresa, justo lo que a ese frijol le gusta por las mañanas.

Izuku se permitió reír con suavidad mientras se apoyaba en los brazos de su compañero y se dejaba envolver por el cálido aroma a canela del rubio. Cuando Katsuki se marchó, Izuku decidió quedarse otro poco en su habitación, permitiéndose perder un poco entre sus pensamientos.



Seis meses antes

¿Cómo era que Kacchan y él habían llegado a esto? No lo sabía. En el pasado Kacchan y él nunca se llevaron bien, incluso estaba seguro de que el rubio lo odiaba. No existía un día en el que no discutieran en todas partes hasta por el más mínimo detalle. Hasta que, en una ocasión, durante el calor de una discusión que ya no recordaba ni porqué se gritaban, Katsuki le había herido demasiado con sus palabras, menospreciando sus logros por considerarlo un simple omega que solo necesitaba abrirse de piernas para poder salir adelante. Izuku recuerda haberle abofeteado y mirarle con absoluta decepción antes de salir corriendo en medio de un llanto desgarrador. A partir de ese momento nunca se volvieron a hablar, ni siquiera en la graduación. Cada uno hizo su vida por su lado y nunca más volvieron a verse.

La manera en la que se reencontraron varios meses después fue demasiado caótica, al menos para Izuku. No tenía trabajo, sus sueños de convertirse en un arquitecto profesional se vinieron abajo cuando su madre murió y todos sus ahorros se fueron para cubrir los gastos del funeral. Se quedó en la calle y en la vulnerabilidad provocada por el duelo, conoció a un alfa quien en un principio era maravilloso con él. Shigaraki lo trataba como una pieza delicada de porcelana. Para alguien en busca de cariño fue como darle de comer a quien no lo ha hecho por días enteros. Cuando comprendió que ese alfa no le permitía mantener contacto con nadie ni siquiera con sus vecinos, que ni siquiera le permitía salir a la tienda de la esquina para comprar alguna golosina, ya era demasiado tarde. Después comenzaron las discusiones y los golpes. Huyó el día en el que tras varios golpes quedó tirado en el suelo inconsciente y aquello había pasado solamente porque se le había pasado un poco de sal a la comida. Izuku recordaba haberle escuchado decir tantas groserías que ni siquiera sabía que existían. Nunca más regresó con él.

Encontró a Bakugo esa misma noche que huyó, mientras corría sin parar por el parque central de Musutafu. Estaba lloviendo, pero a Izuku no podría importarle menos, le dolía el ojo derecho y el tobillo izquierdo. El agua de la lluvia estaba fría, pero ni siquiera era capaz de sentirla. No tenía un lugar donde quedarse y por primera vez en mucho tiempo tocó fondo. Se sentía tan miserable que estaba contemplando arrojarse del primer puente que se encontrara. Y tal vez lo habría conseguido de no haber perdido el conocimiento. Lo único que recuerda de esa noche son unos ojos rojos, la voz de Kacchan llamándole y la calidez de una espalda.

Despertó tres días después en una cálida cama con un paño frío sobre la frente y Katsuki a su lado, velando su sueño. Su ojo ya dolía menos y su tobillo se encontraba vendado.

— Hasta que despiertas. — La voz de quien había sido su compañero de clase le sobresaltó más de lo que había pensado, a pesar de saber de quién se trataba. Quizás lo que Izuku le había pasado con su expareja recientemente, le había provocado que todo su cuerpo reaccionara de manera defensiva. Katsuki lo notó así que no hizo el intento de acercarse.

— ¿Kacchan? — Preguntó el peliverde mientras intentaba levantarse al reconocerle al fin, cayendo una vez más a la cama ante el dolor punzante que había atacado su tobillo.

— Idiota. — Murmuró el rubio con molestia, pero ayudó al peliverde a volver a recostarse correctamente sobre la cama. — ¿Ese brócoli que tienes por cabello no te permite pensar con claridad? Es evidente que no puedes caminar. — Izuku bajó la mirada ante el tono de voz brusco que siempre empleaba el rubio. Como sus emociones estaban a flor de piel luego del maltrato que había sufrido, todo su cuerpo estaba temblando. Tenía miedo, pensaba que había llegado a un lugar peor con la única persona que lo odiaba de verdad. Aquel día se llevó la primera sorpresa por parte del rubio.

Katsuki se tensó ante la situación. El aroma del omega demostraba lo asustado que se encontraba. A pesar de las diferencias que siempre habían tenido nunca había sido su intención el provocar esas emociones en el peliverde. — Mira, es evidente que necesitas guardar reposo para que vuelvas a caminar bien, nerd… después puedes regresar a tu casa.

Para sorpresa de Katsuki, el peliverde comenzó a reír mientras continuaba llorando de forma desconsolada a causa de sus palabras. — ¿C-Casa? ¿Dónde queda eso?

Katsuki se le quedó viendo al peliverde en silencio intentando descifrar todo lo que ocurría en la mente ajena. Izuku esperaba que su antiguo compañero de escuela comenzara a burlarse de él como en el pasado, incluso esperaba que repitiera aquellas crueles palabras que los habían separado para siempre, pero nada de eso pasó. — Entonces quédate.

— ¿Eh? — Los ojos de Izuku se abrieron de par en par bastante sorprendido y confundido por partes iguales por aquella propuesta. — ¿No me odiabas?

— Puedes usar esta habitación ya que siempre está vacía. La mía queda enfrente. Si así lo quieres no es necesario que nos crucemos más de lo estrictamente necesario. — Se encogió de hombros con suavidad como si estuviera hablando del clima, e ignorando completamente la pregunta del peliverde.

— P-Pero… no tengo nada con qué pagarte. Ni siquiera tengo un empleo. — Y si antes Izuku estaba sorprendido, ahora lo estaba mucho más.

— Pues busca uno, nerd. — Mencionó Katsuki como si fuera algo bastante evidente mientras se levantaba de su asiento. — Eres un buen arquitecto, solo es cuestión de saber buscar. Recupérate de ese tobillo y luego busca un empleo. Mientras tanto, usa esta habitación. Cuando comiences a trabajar luego hablamos del dinero.

Y después simplemente se marchó dejando a Izuku con más dudas que respuestas.

A partir de ese día la convivencia entre ambos se sintió extraña, pero para sorpresa del peliverde resultaba agradable. Por las mañanas era Katsuki quien preparaba el desayuno para ambos, aunque el rubio siempre decía que no calculaba bien y terminaba preparando lo suficiente como para los dos. Después de la primera semana, Izuku no le creía nada en absoluto, pero hacía como si lo hiciera. En consecuencia, el peliverde comenzó a relajarse en compañía del rubio. Las heridas que se infligieron en el pasado poco a poco comenzaban a desvanecerse. Durante el primer mes Izuku se ocupó de los deberes domésticos mientras conseguía trabajo. Katsuki trabajaba como diseñador gráfico en una importante compañía así que siempre era el primero en despertar y llegaba hasta las ocho de la noche. Fue durante la tercera semana que Izuku al fin consiguió empleo y sin detenerse a pensarlo mucho, en cuánto llegó al departamento de Katsuki corrió a su encuentro y le abrazó con fuerza, sorprendiéndole.

— ¡Lo hice, Kacchan! ¡Conseguí trabajo! — Izuku le sonrió radiante provocando que el corazón del rubio se saltara un par de latidos.

— Eso ya lo sabía, nerd. Tu siempre consigues superar todos los obstáculos. — Y también sin detenerse a pensar demasiado, Katsuki acarició la pecosa mejilla con una delicadeza que ni siquiera él mismo sabía que poseía.

Izuku se sonrojó notablemente ante aquel gesto desconocido y sin entender los sentimientos que comenzaban a instalarse en su corazón sin permiso previo, retrocedió un par de pasos mirando al rubio desconcertado y luego simplemente corrió hasta su cuarto sintiendo su pulso retumbar hasta sus oídos. Sin embargo, Katsuki se quedó ahí viéndole partir con la mano aún tirante, sintiendo una desolación que no había sentido desde hacía mucho tiempo.

A partir de ese día Izuku estuvo seguro de que Katsuki lo estaba evitando. Continuaba haciendo el desayuno para dos personas, pero ya nunca lo veía por las mañanas. Dejaba su parte del desayuno de tal manera que pudiera calentarlo en cuanto saliera del cuarto. Por las noches, el rubio llegaba siempre más tarde oliendo a alcohol y a un rastro sutil a omega. El corazón de Izuku se contraía de dolor ante la idea de que Katsuki estuviera con alguien más. Se sentía tonto, ¿por qué había albergado, aunque fuera una pequeña esperanza de que algo pudiera mejorar con el rubio? Se sentía un idiota. Izuku en todo momento ignoró los lamentos de su omega.

Y aun así fue lo suficientemente ingenuo como para prepararle una cena al rubio el día de su cumpleaños. Fue inevitable. Se lo había comentado a Katsuki antes de que las cosas se pusieran raras entre los dos. Izuku quería de alguna manera agradecerle todo lo que el rubio había hecho por él hasta ahora. Katsuki le había observado sorprendido, pero le había respondido que no era necesario que hiciera nada con una ligera sonrisa que intentó ocultar cuando se fue.

Así que ahí estaba Izuku, con la mesa puesta. Con un plato grande de Mapo Tofu que le había costado mucho trabajo cocinar y un pastel de chocolate amargo que esperaba no estuviera tan dulce. El peliverde había adornado el pastel con una simple frase: “¡Feliz cumpleaños, Kacchan!”. Pero pasaron varias horas en las que el rubio no apareció. Cuando el reloj marcó las dos de la mañana, Izuku decidió que ya no era bueno seguir albergando esperanzas, así que sintiendo una gran decepción se dispuso a marcharse a su cuarto cuando la puerta del departamento se abrió dejando entrar a su compañero al fin.

— ¡Kacchan, llegaste!

Izuku sonrió de manera irremediable ante la presencia del alfa, pero la sonrisa se extinguió de inmediato al reconocer que el rubio no venía solo, sino que traía a una mujer despampanante colgada de su cuello. Evidentemente era una omega. El dolor que atravesó a Izuku en el pecho fue tan grande como el lamento de su omega. Reprimió las ganas de llorar porque simplemente se rehusaba a mostrarse tan débil en presencia de aquella chica que le observaba con absoluto desdén.

— ¿Qué haces todavía despierto, nerd?

Izuku no respondió de inmediato pues sabía que de hacerlo su voz se quebraría a la mitad de la frase. No sabía por qué se sentía tan decepcionado si era evidente que Kacchan y él no eran nada.

— Llegas tarde. — Izuku respondió sin expresión aparentemente y por instinto retrocedió un par de pasos. Percibir el aroma a canela mezclado con el de esa omega le estaba provocando nauseas.

— ¿Ah? — Bakugo frunció el ceño, aferrando más el agarre con el que mantenía sujeta a la chica de su cintura. — ¿Y eso a ti que te importa?

Para el colmo de Izuku, la chica rio descarada para después acariciar el rostro del alfa con pretensión. —No me habías dicho que tendríamos público. — La chica se estiró lo suficiente para poder besar con total descaro la comisura de los labios del rubio, quien no hizo nada por detenerla.

Las náuseas de Izuku se incrementaron y tuvo que sostenerse de la mesa para evitar caerse al sentir fallar sus piernas. Quería hasta vomitar. — Si… Si hubieras dicho algo… yo…

— ¿Tú qué? — Espetó Bakugo, mirando al peliverde desafiante mientras arqueaba su ceja. — Esta es mi casa y tengo todo el derecho del mundo de hacer lo que quiera, incluso si eso significa llegar tarde con una chica que está dispuesta a tener tanto sexo como a mí me gusta. No eres nadie para opinar.

Izuku apretó sus labios y sin decir nada más corrió hacia su cuarto, cerró la puerta con seguro una vez que entró y al final se derrumbó como nunca lo había hecho. Se recostó llorando y cubriendo sus oídos con desesperación. Lo último que deseaba era escuchar como el rubio mantenía relaciones con alguien más. A la mañana siguiente, en cuanto la luz del sol comenzó a filtrarse por entre la cortina de su ventana, se levantó para guardar sus cosas en su mochila para poder irse. Ni siquiera había dormido. No se sentía con ánimos de nada y le fue imposible evitar la sensación de déjà vu, solo que ahora no tenía el rostro roto, sino su corazón.

— ¿A dónde vas?

Izuku se sobresaltó al escuchar la voz de Katsuki y aferró su mano con fuerza al picaporte de la entrada.

— Encontraré un departamento, Kacchan. — Comenzó a hablar Izuku, más por no quedarse callado que por otra cosa. — Te depositaré este último mes de renta, no te preocupes.

— Izuku… — El rubio se acercó lentamente hasta donde se encontraba el peliverde. — Por favor…

— Gracias por todo. — Izuku apretó con más fuerza aún el picaporte, sintiendo de nueva cuenta esas enormes ganas de huir de la presencia del rubio. — En verdad no sé qué hubiera pasado conmigo si no me hubieras dado una oportunidad… así que en verdad muchas gracias.

— Izuku… — La voz del rubio se escuchaba ronca, desesperada. — No pasó nada. —Mencionó Katsuki con aún más desesperación al darse cuenta de que Izuku no soltaba el picaporte. — Eché a esa mujer en cuanto entraste a tu cuarto, ni siquiera me acuerdo de su nombre… yo… por favor quédate.

Izuku negó con suavidad, reprimiendo un pequeño sollozo. — No tienes porqué darme explicaciones de nada, Kacchan. Tienes razón, es tu vida y tu casa. Yo soy un simple intruso. Es normal que quieras poder divertirte con más personas. — Susurró con un tono de voz baja. — No soy nadie.

Por toda respuesta el rubio abrazó con fuerza al peliverde por la espalda con el temor latente de que insistiera en querer marcharse. — Lo eres todo. — Susurró al esconder su rostro entre el cabello ajeno. — Soy un imbécil… Por favor, perdóname… Quédate.

Izuku jadeó ante la sorpresa con su corazón latiendo cada vez más acelerado pues estaba seguro de que Katsuki no era del tipo de persona que pedía perdón por nada en el mundo. Pero su respuesta quedó opacada cuando una repentina oscuridad lo envolvió por completo y entonces perdió el conocimiento. En algún punto, a Izuku le pareció escuchar su nombre con la voz desesperada de Katsuki.

Al abrir los ojos lo primero que lo recibió fue el destello de la luz del techo de aquella habitación tan blanca. Le fue imposible evitar que un quejido saliera de su boca cuando intentó moverse para cubrir sus ojos. Obviamente no pudo hacerlo porque una mano le detuvo con gentileza.

— Ey... No te muevas. — Mencionó con sutileza aquella voz que reconoció al instante como la de Kacchan. — Te quitarás el suero si sigues así.

— ¿Kacchan? — Murmuró desorientado el peliverde. — ¿Dónde estamos?

— Te desmayaste, ¿no lo recuerdas? — Preguntó el rubio mientras acariciaba el cabello del chico con suavidad.

— Yo… — El peliverde frunció con ligereza el ceño aun sintiéndose bastante desorientado.

— Buenos días, soy el doctor en turno. — Respondió un hombre regordete al entrar a la habitación en donde se encontraban. — El joven Midoriya presenta presión arterial baja, así como altos niveles de estrés. De momento, le hemos estabilizado, pero le hicimos más pruebas de rutina para poder estar más seguros.

— ¿Izuku estará bien? — Preguntó el rubio al notar que el pecoso continuaba sin ser capaz de razonar de manera coherente.

— En su estado es normal, pero le aconsejo que cuide mejor su alimentación y tome las vitaminas que le vamos a recetar. Deberá asistir a revisión cada mes para asegurarnos que todo se encuentra bien.

— ¿Estado? — Tanto Izuku como Katsuki preguntaron al mismo tiempo confundidos.

— El joven Midoriya tiene casi quince semanas de gestación. — Continuó el doctor. — El embarazo requiere que el joven Midoriya no se estrese, y requiere, además, de las feromonas de su pareja para que no existan complicaciones, así que les recomiendo que tomen las medidas necesarias para que el embarazo pueda continuar de manera óptima.

Izuku palideció ante la revelación que había hecho el doctor, un hecho que Katsuki notó y que, por mero instinto, rodeó con su brazo los hombros del peliverde en un gesto de protección y apoyo. — Yo… Izuku y yo no somos pareja. El sólo vive en mi departamento.

— ¿Durante cuánto tiempo han llevado esa convivencia?

— Casi dos meses. — Respondió de nuevo cuenta el rubio quien estaba cada vez más preocupado por el mutismo del peliverde.

— Si en ese tiempo el joven Midoriya no ha tenido problemas es porque ambos son compatibles. — Explicó el doctor con calma. — Tal vez no se han dado cuenta o lo hayan hecho de forma inconsciente, pero resulta fácil reconocer el aroma de cada uno en el otro.

Katsuki carraspeó con ligereza casi agradeciendo el aturdimiento del peliverde, al sentir las puntas de sus orejas ligeramente calientes. — Ya… veo.

— Los dejaré solos para que lo conversen. — El doctor se levantó dirigiéndoles una última mirada. — Les traeré las recomendaciones que deben seguir tanto si deciden continuar con el embarazo como si no. Si deciden continuar con el embarazo les tengo que hacer la recomendación de seguir con su convivencia como la llevan hasta el día de hoy, o de lo contrario, el embarazo podría convertirse de alto riesgo. Resulta complicado que un omega acepte un alfa nuevo cuando ya ha demostrado compatibilidad con otro.

El silencio que se instaló en la habitación se volvió pesado e incómodo hasta que fue el propio Izuku quien lo rompió a base de un llanto desgarrador que hizo que el corazón de Katsuki se hiciera pedazos. Cuando se encontró a Izuku lastimado de aquella manera en el parque nunca le preguntó qué había pasado, aunque lo había intuido. Le había dado demasiado coraje que alguien pudiera lastimarlo de aquella manera. Él se había arrepentido tanto de la forma en la que lo había tratado en el pasado nada más por su orgullo al no aceptar que sentía algo por él, y el único camino que había encontrado para intentar compensar la situación había sido alejarse, pero nunca hubiera sido capaz de hacerle daño como de seguro le hizo el desgraciado que lo embarazó. Ayudarle después de tanto tiempo era como una especie de redención, pero había cavado su propia tumba porque sus sentimientos solo se habían incrementado. Y en el proceso de querer lo mejor para Izuku le había vuelto a lastimar porque no se sentía el indicado, estaba seguro de que Izuku se merecía alguien mucho mejor que él, pero al ver el dolor que le había ocasionado al llevar a aquella chica se arrepintió al instante. Y eso los había llevado hasta el hospital. ¿Cómo podía ser tan idiota?

— Por favor no llores. — Susurró el rubio al tomar las manos del peliverde que insistían en cubrir su rostro.

— Resulta que al final tenías razón. — Mencionó Izuku en cuanto el rubio pudo conseguir que el chico descubriera su rostro. La sonrisa que el pecoso le dedicó a Katsuki estaba tan rota que el dolor que el rubio sintió en su corazón se incrementó.

— ¿A qué te refieres? — Preguntó confundido el rubio sin soltar las manos ajenas.

— Soy un omega defectuoso que solo sirve para abrir las piernas, y ni eso puedo hacer bien porque el alfa con quien había creído encontrar mi felicidad solo me torturaba. — Izuku comenzó a reír desconsolado, soltándose del agarre del rubio. — Y cuando por fin me decido en escapar resulta que me quedo embarazado de él. Soy patético.

— Izuku… — Katsuki habló con voz desgarradora, nunca había querido que el peliverde se sintiera de esa manera.

— Mi instinto me dice que no lo tenga porque no quiero nada que me relacione con él. — De manera instintiva el peliverde llevó una de sus manos a su vientre aún plano. — Pero sé que no podría, ¿qué culpa tendría el bebé de las malas decisiones que tomé?

— Sería una parte de ti también Izuku, no puede ser malo porque tú eres una de las mejores personas que yo he conocido. — Mencionó Katsuki sin saber cómo ayudar realmente, pero de manera automática y casi natural, cubrió con su mano la del peliverde que se encontraba sobre su vientre.

Izuku le miró ante el contacto con una ligera sonrisa. — Creo que ya es hora de irme de tu departamento, Kacchan.

— ¡¿Qué?! — Katsuki enmarcó con sus manos el rostro de un asombrado peliverde sintiendo renacer su desesperación. — Acabas de escuchar al doctor. Si no estás cerca de mi tu embarazo podría ser de alto riesgo. A no ser que… — Una pizca de molestia se instaló en el interior de su corazón. — ¿Piensas buscar a ese bastardo?

— ¡No! — Izuku negó con suavidad ante la suposición del rubio. — Es solo que ya te he dado muchos problemas y ahora con esto… no podría hacer que cargaras con un cachorro que no es tuyo y estropeemos tu futuro… yo…

Cualquier cosa que Izuku iba a decir murió ante el jadeo de sorpresa que salió de su boca cuando Bakugo le abrazó con fuerza, liberando sus feromonas en un intento de calmar al peliverde y su constante parloteo sin sentido. Lo que menos quería era alejarse de Izuku, ahora menos que nunca.

— Por favor… déjame ser yo quien te ayude… Déjame ser yo quien esté con ustedes y los cuide.



Después de ese evento, todo cambió entre ambos y aunque aún había días en donde Izuku no estaba seguro de si estaba bien aprovecharse de Katsuki, no podía evitar querer ser un poco egoísta y anhelar que toda esa situación se volviera más real, y no de algo nacido nada más por el sentimiento de culpa que sabía el rubio seguía teniendo.

Después de las náuseas matutinas y el vómito, le siguieron los antojos a la cada vez más larga lista de síntomas del embarazo. Muy en contra a lo que había pensado Izuku, Katsuki nunca se había mostrado obligado por estar presente en cada etapa del embarazo.

Cual el rubio descubrió que cada mañana despertaba con un fuerte antojo de comer panqueques bañados en mermelada de fresa, se encargó de prepararlos en cuanto se despertaba, independientemente si se encontraba cansado o no.De igual manera cada mañana procuraba estar presente cuando el peliverde se despertaba y vomitaba. Si bien a sus así ocho meses de embarazo ya casi no eran frecuentes sus nauseas, Katsuki siempre estaba ahí para ayudarle pues con la gran barriga que cargaba ya le resultaba bastante complicado agacharse y ponerse de pie por su propia cuenta. Izuku aún era capaz de recordar con una sonrisa cuando fueron a la primera revisión y les mostraron la primera ecografía.



— Es un frijol. — Dijo Katsuki con el ceño fruncido y sin dejar de ver el monitor en donde se mostraba la ecografía. Apenas si se podía apreciar un pequeño punto negro en medio de un fondo gris. De alguna manera Izuku sintió que era lo más hermoso que había visto. Katsuki simplemente no le encontraba forma.

— ¡Kacchan! — Izuku le miró con un puchero que a criterio del rubio lució adorable, aunque no lo mencionó. El doctor rio apenas conteniendo las ganas al apreciar la forma en la que las mejillas del imponente alfa comenzaban a teñirse ligeramente de un sutil rosado ante el reclamo del omega.

— ¡Bueno, pero es un frijolito lindo! — El rubio tartamudeó lo primero que se le vino a la mente para que Izuku no se molestara más con él por su atrevimiento.

Izuku se cruzó de brazos mientras el doctor reía ya no pudiendo aguantar las ganas. Al final, Katsuki le pidió una copia de la ecografía al doctor que más adelante enmarcó y colgó en su habitación.



Desde entonces aquel apodo se había quedado para referirse al bebé que seguía creciendo en su interior. A Izuku le gustaba, aunque en un principio había reñido con Katsuki por ello, pero era un buen sustituto hasta que pudiera encontrar el nombre adecuado para su bebé. También habían cambiado muchas cosas a las que no podía acostumbrarse aún. Como el hecho de que ahora durmiera en la misma cama del rubio, según para que Izuku tuviera mejor contacto con las feromonas de Katsuki. Si bien nunca había pasado nada entre ambos, pues Katsuki le respetaba demasiado, no podía evitar apenarse por la forma en la que su corazón latía como loco, y aunque su omega se sentía eufórico debido a la cercanía de quien ya consideraba su contraparte, al mismo tiempo podía sentir su frustración al anhelar más contacto. Izuku atribuía sus reacciones al embarazo por obvias razones, pero tampoco podía engañarse a sí mismo y negar que se sentía atraído de cierta manera hacia Katsuki y todos sus cambios. Todo aquello resultaba abrumador y le provocaba demasiado temor, pues si se continuaba encariñándose y al final terminaba por perderlo, sabía que no sería capaz de soportarlo. Pero resultaba imposible que ese sentimiento siguiera creciendo cuando Katsuki pasaba sus tiempos libres reacondicionando el que había sido su cuarto para poder recibir al bebé. Además, nunca más había regresado a casa oliendo a alcohol o a otros omegas, para alivio de su pobre corazón.

— ¿Por qué rayos tardas tanto en salir? — Katsuki se encontraba recargado en el marco de la puerta de la habitación, cruzado de brazos y observando al peliverde con curiosidad. Quizás no lo dijera en voz alta pero el retraso del peliverde le había preocupado un poco. — Sabes que si desayunas tarde luego tendrás agruras.

Un ligero sonrojo se apoderó de las mejillas del peliverde ante la aseveración de su compañero, pero aun así sonrió. — Ya voy. — Con cierto trabajo se levantó de la cama, teniendo que sostener su enorme barriga. Cada vez le resultaba más complicado moverse, pero se sentía feliz por primera vez en mucho tiempo y eso era lo que más valoraba. El rubio se acercó para ayudarle, tomando las delgadas manos del peliverde con suavidad. Izuku le sonrió apenado. — Sólo me perdí en mis pensamientos.

— Ya… — Katsuki blanqueó sus ojos con ligereza, pero aun así les dedicó una suave caricia a las manos del chico. — Recuerda que hoy salgo de viaje de negocios. Me gustaría que comieras algo antes de que tenga que irme.

— Cierto. — Izuku mordió un poco su labio inferior de manera inconsciente y una vez que ambos llegaron al comedor se sentó con la ayuda del rubio para comenzar a comer. — ¿Cuántos días serán? — Preguntó intentando ignorar el sentimiento de tristeza que lo embargaba cada vez que recordaba la ausencia que tendría el rubio.

—Tres días. — Respondió Katsuki con una pequeña sonrisa. En realidad, le preocupaba mucho tener que irse tanto tiempo con el embarazo tan avanzado que tenía Izuku. No deseaba dejarlo solo, pero no había podido negarse a ese viaje porque el objetivo de este era presentar la imagen del producto que había diseñado. Con un suspiro sacó la bufanda de color naranja que había estado guardando en el interior de su chamarra y la colocó alrededor del cuello del peliverde con cuidad. El rubio sonrió un poco más al notar el contraste que la bufanda tenía con los ojos del peliverde. Le gustaba. — Ten, para que frijolito no me extrañe.

Las mejillas de Izuku volvieron a sonrojarse ante la acción del rubio. Acciones como esa solo provocaban que su corazón latiera desenfrenado y que sus esperanzas se incrementaran de forma irremediable. — N-No era necesario, Kacchan.

— Lo es. — Mencionó el rubio no resistiendo las ganas de darle un beso al pecoso sobre su frente. — Ahora acaba de desayunar mientras termino de arreglar mis cosas para el viaje.

Izuku esperó hasta que el rubio se marchó a la habitación que ahora compartían para poder cubrir su ardiente rostro con sus manos por un par de minutos, luego cubrió su nariz con la bufanda para poder inhalar con fuerza el aroma a canela proveniente de Katsuki. Una sonrisa boba apareció en su rostro sin su permiso. — Es por el bebé… es por el bebé… es por el bebé… — Izuku se repitió varias veces intentando reprimir las esperanzas que cada vez crecían con más fuerzas. Se concentró en terminar su desayuno deleitándose por el sabor. Katsuki sabía cocinar bastante bien todas las cosas que le gustaban.

Cuando terminó de desayunar, se levantó para poder lavar su plato y vaso con la misma sonrisa que parecía querer negarse a marcharse. Estaba tarareando una suave melodía cuando el timbre de la entrada sonó. Izuku esperó pacientemente a que el rubio saliera a atender pues siempre se empeñaba en abrir ahora que él era más barriga que persona, pero cuando notó que no saldría pronto se dirigió a la puerta para abrir con sus cortos y lentos pasos.

— ¿Sí? — Preguntó el peliverde en cuanto abrió, con curiosidad. Sin embargo, las facciones del peliverde se distorsionaron al reconocer a la persona que se encontraba enfrente de él. Palideció y el instinto de volver a huir nació con fuerza desde el fondo de su corazón. Dejándose llevar por el miedo intentó cerrar la puerta, pero el hombre enfrente de él se lo impidió con la fuerza brutal que tanto le caracterizaba. Izuku palideció. — S-Shigaraki.

Izuku no recordaba cómo fue que se había enamorado de Shigaraki. Quizás habían sido el color rojo de sus ojos que siempre le recordaron a Katsuki o la manera en la que su cabello inusualmente blanco contrastaba con ellos, haciéndole parecer etéreo. O quizás fueron sus palabras bonitas mientras seguía herido por la muerte de su madre. En aquel entonces se había sentido tan vulnerable que unas simples palabras bonitas le habían hecho sentirse amado cuando más lo necesitaba. Pero justo ahora, viendo la maldad pura brillar en los ojos de aquel hombre, lo único que le provocaba era el más puro terror. Todo su cuerpo se había paralizado.

— Al fin te encontré, precioso. — La sonrisa de aquel tipo comenzó a alzarse lentamente, pero sus ojos se mantuvieron fríos mientras recorría el cuerpo del pecoso con la mirada, como si detrás de ellos no existiera nada más que simple oscuridad. De inmediato aferró con su mano la muñeca de Izuku con la fuerza suficiente como para que el chico se quejara del dolor. — Veo que mis suposiciones fueron ciertas… llevas a mi bastardo. — Shigaraki relamió sus labios. — Te lo sacaré a golpes y regresarás conmigo. No he podido olvidar lo bien que se siente follarte, Izuku.

La sensación de querer vomitar todo lo que había comido anteriormente crecieron conforme comenzaba a forcejar para soltarse, mientras llevaba su mano libre a su barriga guiándose por el instinto de proteger a aquel pequeño ser que aún no tenía el placer de tener entre sus brazos. — ¡No! ¡Déjame! — Izuku comenzó a llorar al sentir el arrastre que ejercía su expareja para arrastrarlo hacia fuera del departamento. ¿En qué momento fue que le ocurrió enamorarse de aquella bestia? No tenía idea de cómo Shigaraki había averiguado en donde vivía, pero sabía que si permitía que lo sacara del departamento su bebé moriría y nunca más podría ver a Katsuki. La fuerza que Shigaraki estaba ejerciendo sobre su muñeca resultaba insoportable mientras intentaba aferrarse con todo lo que tenía del marco de la puerta. — ¡No quiero ir contigo!

Shigaraki se carcajeó con fuerza ignorando si estaba haciendo un escándalo o no. — ¿Qué? ¿Ahora dejas que el dueño de este departamento te folle? ¿Así le pagas tu estancia?

— N-No… Y-Yo…

— ¡Maldito hijo de perra! — Katsuki llegó corriendo, consiguiendo soltar a esa bestia de Izuku y sin pensarlo mucho, le dio un golpe con toda la intención de partirle la cara. — ¡¿Qué se supone que quieres hacerle a mi omega?! — De manera instintiva el rubio se colocó enfrente del peliverde con toda la intención de protegerle, permitiendo que toda la rabia que sentía recorriera su torrente sanguíneo. Definitivamente ver como aquel estúpido trataba a Izuku lo había cegado.

Con arrogancia, Shigaraki se limpió la sangre de sus labios, Katsuki había conseguido reventarle la boca. Sonrió al mirar al rubio, pero sus ojos rojos demostraban toda la ira que estaba reprimiendo. — ¿Ya te lo follaste? Es como un delicioso boca…

— ¡Cierra el pico imbécil! — Katsuki agarró con sus dos manos el cuello de aquel hombre, interrumpiendo cualquier tipo de basura que tuviera por decir. De ser posible podría matarle ahí mismo por insinuar esas sandeces del peliverde. — Vuelve a intentar a dirigirte así a mi omega y te las verás conmigo directamente. — Gruñó.

— Ni siquiera… lo has marcado. — A pesar de la sensación de asfixia que provocaban las manos del rubio que se cerraban con más fuerza contra su cuello, no podía estar más divertido. —El siempre… será mío. Junto a su… bastardo.

El pasillo que daba acceso a su departamento se llenó con el sonido de los golpes sordos de los puños de Katsuki contra el rostro de Shigaraki, que a pesar de todo no paraba de reír. Los vecinos comenzaron a salir alertados por el escándalo, asustándose por la escena. —Izuku es y siempre será mi omega. Mi pareja. Y ese bebé es mi cachorro. Son mi familia y no voy a permitir que cualquier imbécil venga y quiera arrebatármelos.

Al notar la manera en la que el rubio continuaba golpeando a Shigaraki, Izuku, a pesar del peso de su barriga, se aferró con desesperación a la espalda de Katsuki al sostener su playera pues no podía abrazarlo. — ¡Kacchan! —Mencionó el peliverde sin dejar de llorar. — ¡Por favor, Kacchan! ¡Suéltalo!

Katsuki continuó golpeando otro poco a Shigaraki, pero al sentir el agarre del peliverde se detuvo para no lastimarlo. De inmediato Katsuki retrocedió rodeando con sus brazos a Izuku para protegerlo, pero sin dejar de ver el cuerpo tirado del peliblanco que de momento no podía ponerse de pie. — Shhh… tranquilo. — Mencionó dirigiendo brevemente su atención a su vecino más próximo. — ¿Qué espera? ¡Llame a la policía!

Lo que pasó después fue una tormenta que Izuku no pudo y ni habría podido soportar de no ser por la presencia del rubio que se hizo cargo de todo. Apresaron a Shigaraki después de la denuncia que tuvieron que levantar directamente en la comisaría y también se levantó una orden de restricción en su contra donde tenía prohibido acercarse de nuevo al peliverde. Para cuando volvieron al departamento ya era de noche, Katsuki tuvo que llamar a su compañía explicando lo que había pasado y el viaje se pospuso hasta nueva fecha, algo que agradeció pues en esos momentos solo deseaba poder cuidar del peliverde.

— Izuku… debes calmarte por favor. Todo ha terminado, ese desgraciado no volverá a hacerles daño. — Katsuki se arrodilló enfrente del pecoso que se encontraba sentado sobre la cama. Desde que todo había pasado no había sido capaz de dejar de llorar. Katsuki estaba realmente preocupado por su salud y la del cachorro. — Esto no le hará nada bien a frijolito.

— L-Lo siento. — Susurró con suavidad, viendo al rubio con sus ojos cristalinos por las lágrimas que continuaban derramándose por sus mejillas. — No quería que esto pasara. — Lo que menos había deseado era que Katsuki se diera cuenta de ese episodio tan lamentable de su vida y ahora no solo había conocido a su expareja, sino que, además, se habían pelado a golpes por su culpa. De seguro que ahora el rubio se sentía aun mas decepcionado de él. — Tus manos. — Respondió Izuku alarmado, recordando de pronto la fuerza que había empleado Katsuki al golpear a Shigaraki. De inmediato el peliverde tomó con delicadeza las manos del alfa. — Si yo no estuviera aquí no habrías tenido que pasar por todo esto.

— Calla… estoy bien. — Katsuki se soltó con gentileza del agarre de Izuku y le sonrió. En realidad sus manos no le dolían, estaba más preocupado por Izuku que por otra cosa. Eso y que decidiera irse después de todo el conflicto que había ocasionado con su arranque de furia. Tenía que ser claro para no dejar posibilidades que alteraran más al peliverde. Con cuidado tomó la mano del chico que aquel desgraciado se había atrevido atacar y besó con delicadeza donde aún eran visibles las marcas de sujeción. — Estoy preocupado por ti.

Izuku se sonrojó furiosamente con su corazón traicionándole al latir tan acelerado contra su pecho que estaba seguro de que el rubio podía escucharlo. — K-Kacchan… — Susurró con suavidad mordiendo con ligereza su labio inferior.

— Todo lo que dije no fue solo porque estaba cegado por la furia, Izuku. — Katsuki mantuvo sujeta la mano del pecoso, pero su mano libre la colocó sobre el abultado vientre del chico con extremo cuidado. — Te quiero a ti y a frijolito en mi vida. A frijolito ya lo considero como mi propio cachorro y me encantaría que te convirtieras en mi omega, si me aceptas.

Con su mano libre, Izuku cubrió su boca para reprimir un jadeo ante lo que significaba la petición del rubio. No pudo hablar debido al cúmulo de sensaciones que lo envolvían, pero nuevas lagrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.

— Fui bastante cruel contigo en el pasado y me arrepentí casi al instante en el que salieron esas palabras que arruinaron todo entre nosotros. Fui un orgulloso que no quiso admitir que estaba enamorado de una persona maravillosa. Tenía envidia de que pudieras hacer todo lo que a mi se dificultaba bien y ese día dije cosas que realmente no sentía. —Se levantó lentamente para poder sentarse al lado del peliverde y así abrazarle con suavidad. Desde esa nueva posición podía también acariciar su vientre mientras lo envolvía con sus feromonas. Le gustaba la forma en que sus esencias se mezclaban a la perfección. — Pero tienes que creerme, te amo. Intenté cambiar lentamente para que te sintieras cómodo conmigo y no te abrumaras si aceleraba las cosas. Quise matar a ese desgraciado desde que te vi tan herido en el parque y si me controlé hace poco fue porque no quería que te pasara nada malo. Te quiero, Izuku… permíteme ser tu alfa, permíteme poder protegerlos. Permite que me convierta en tu familia.

— K-Kacchan. — Susurró con voz entrecortada, pero aun así la sonrisa que le dedicó al rubio fue de plena felicidad y le dio la respuesta que tanto había esperado desde que se volvieron a encontrar.

Sin dejar la mano que mantenía Katsuki sobre el vientre del omega, se inclinó sobre el cuerpo del peliverde para poder posar sus labios sobre los ajenos. La gente dice que el primer beso que comparte una pareja que está destinada está rodeado por una serie de fuegos artificiales y un puñado de mariposas revoloteando furiosas dentro del estómago. Para Izuku fue como una onda expansiva de una gran explosión que arrasa con todo a su paso sin distinción alguna. Su corazón se derritió y su cerebro hizo corto circuito ante aquel suave contacto. Nunca se había sentido tan amado con un simple gesto, definitivamente lo de Shigaraki no había sido nada en comparación con todo lo que Katsuki le estaba ofreciendo con un simple beso. No solo lo estaba aceptándolo a él con todos sus aciertos y errores, sino que estaba aceptando a su cachorro como propio. La delicadeza de las caricias que dejaba sobre su mejilla le hacía temblar de pies a cabeza, y Katsuki lo había notado pues lo había acercado más contra si mientras profundizaba el beso con toda la intención de nunca dejarle marchar. Después del desastre que había provocado la presencia de su expareja, ese beso se había convertido en una cálida calma. Le fue imposible para Izuku no sonreír contra los labios del rubio, quien no parecía querer separarse de él ahora que tenía el permiso para besarle. Al menos hasta que un movimiento los alertó a ambos y se separaron sorprendidos, dirigiendo toda su atención al vientre del peliverde.

— ¿Eso fue una patada? — Preguntó el rubio, quien había quitado su mano ante la sorpresa de aquel movimiento que nunca había sentido antes pues le había parecido incorrecto tomarse tantas libertades con el peliverde.

— Sí… — Izuku sonrió con ternura mientras tomaba la mano del rubio para colocarla de nuevo sobre su vientre. Cuando sintió una nueva patada en esa zona, río con suavidad. — Creo que reconoce a su papá.

La calidez que se extendió por todo el cuerpo del rubio ante aquellas palabras lo tomó con la guardia baja, pero eso no evito que se sintiera eufórico. Sonrió amplio inclinando su rostro para poder depositar un suave beso sobre sobre la superficie de la barriga del omega. — Mi frijolito adorado, creo que serás un gran futbolista.

Izuku rio ante las atenciones del alfa. — ¿Pero, y si es una niña?

— Entonces será una hermosa bailarina de ballet. — Katsuki dejo sus manos sobre el vientre del omega para volver estirarse en busca de los labios ajenos.

Izuku volvió a reír con suavidad, correspondiendo el beso del alfa intentando trasmitir todos los sentimientos que tenia por el rubio y que siempre había escondido por temor al rechazo.



Tres años después

— ¡Papá! — En medio de risas infantiles, un pequeño de tres años corría completamente desnudo por el departamento para poder abrazar las piernas de su rubio padre. El niño evidentemente había salido del baño pues aún se encontraba mojado y desnudo. Aún así Katsuki alzó al pequeño entre sus brazos y llenó de besos su pequeño rostro, contento de ver a su hijo. En el dedo índice de su mano izquierda resplandecía un anillo plateado de bodas.

— ¡Frijolito! ¿Qué haces corriendo sin ropa y todo mojado? — Katsuki sonrió entretenido mientras escuchaba los pasos apresurados de su pareja.

— ¡Atsuki Bakugo! ¡Espera que aún no te he secado! ¡Te he dicho que no corras mojado y descalzo, te puedes caer! — Cuando el peliverde llegó hasta donde se encontraba su familia lo hizo un poco agitado pues había perseguido al niño por todo el departamento. — ¡Kacchan! — Sonrío al reconocer a su pareja quien al verle llegar y sin soltar al niño se inclinó para besar la frente del peliverde. De manera instintiva, Izuku llevó su mano izquierda a la mejilla del alfa para poder acariciarla con suavidad. En su dedo anular también relucía un anillo plateado, complemento del que el rubio traía. Una marca de dientes se extendía también por su nuca claro símbolo de su lazo con el rubio. — Bienvenido a casa.

—Regresé. — Respondió el rubio sonriendo más amplio pues era notorio que Atsuki le había provocado problemas a su ahora esposo en el baño, pues también tenía sus cabellos verdes húmedos al igual que sus pantalones. — ¿Todo bien, nerd?

Izuku se sonrojó con ligereza ante la pregunta, tomando a su hijo entre sus brazos ahora que el rubio lo había atrapado. — Claro que sí. — Le sacó la lengua en un gesto demasiado infantil a su pareja y después besó la frente de su hijo con cariño. — ¿Por qué no vas a ponerte algo cómodo mientras yo termino de arreglar a este mini huracán? La cena ya debería estar casi lista.

— ¡Sí, capitán! — El rubio hizo un saludo marcial, provocando la risa de su hijo que intentaba imitarlo mientras Izuku volvía al baño sin soltar al pequeño.

Katsuki se le quedó viendo al peliverde hasta que se perdió en el interior de la habitación del niño una vez más y aun así podía escuchar a su familia en medio de risas y discusiones que bien sabía eran simple juegos. Aquello se sentía tan bien, ser recibido por su cachorro y omega después de una larga jornada de trabajo. En el pasado no sabía que había anhelado algo así hasta que estuvo a punto de perder por completo al peliverde. Desde que lo volvió a encontrar todo había cambiado en su vida, pero habían sido cambios buenos. Ahora tenía una familia por la que entregaría su vida misma con tal de protegerla y sin siquiera dudarlo. Izuku había superado todos sus traumas y ahora era el omega feliz que siempre estuvo destinado a ser. Katsuki no podía sentirse más agradecido por todo lo bueno que había recibido.

Tener un hijo que hablaba hasta por los codos, herencia evidentemente del peliverde, resultaba entretenido. Para Katsuki todas las cenas eran una montaña rusa de eventos pues su hijo se aseguraba de contarle con lujo de detalle todo lo que había hecho en su ausencia. Izuku solía ayudarle cuando el pequeño batallaba al decir algunas palabras que aún le parecían problemáticas mientras le limpiaba el rostro de los restos de comida. Katsuki simplemente se deleitaba con la calidez del ambiente familiar que lo rodeaba, en verdad los amaba con todo su corazón. La mejor parte de esa dinámica era cuando terminaban de cenar y Atsuki comenzaba a dormitar sentado en su sillita especial. Entonces Katsuki sabía que era la hora de llevarlo a su habitación para que descansara. Eran esos dulces momentos que tanto disfrutaba donde se perdía entre las diferentes historias infantiles que se inventaba para complacer a su cachorro mientras terminaba de dormirse. Verle tan relajado al dormir le llenaba el alma. Tal vez no compartía sangre con el pequeño, pero el vínculo que habían formado desde antes de que naciera era inconfundible. Con cuidado acarició sus cabellos verdes idénticos a los de Izuku y sonrió con suavidad.

— ¿Ya se durmió? — Mencionó Izuku en un susurro al ingresar a la habitación de su cachorro con una pequeña sonrisa ante la demostración de afecto que el rubio tenía para con su bebé.

— Sí. — Katsuki suspiró con suavidad para después sonreírle a su pareja cuando volteó a verle. — A veces no se donde puede almacenar tanta energía.

Izuku rio ligeramente comprendiendo lo que su pareja quería decir a la perfección. Después le extendió la mano a su pareja. — Vamos, tengo una sorpresa para ti.

— ¿Para mí? — Katsuki frunció el ceño con ligereza un poco confundido. — ¿Estamos celebrando algo especial que haya olvidado? — Preguntó sintiéndose ligeramente alarmado, esa semana en concreto había tenido demasiado trabajo y a veces le resultaba fácil olvidarse hasta de su propio nombre.

—¡Nop! No te preocupes. — Izuku volvió a reír ahora con más libertad al estar fuera de la habitación de su cachorro. Con pasos calmados guio al rubio hasta la habitación que compartían. — Pero debes de cerrar los ojos.

— ¿Me harás un baile sensual sorpresa, Zuzu? — Bromeó, aunque se acercó al peliverde para poder morder con ligereza el oído de su pareja.

— ¡Kacchan! — Katsuki rio entretenido ante la reprimenda, pero seguía disfrutando de poder provocar esas reacciones en el peliverde. Izuku le observó con un enorme puchero al mismo tiempo que le daba una ligera palmada sobre su pecho.

— Ya. Ya… me portaré bien y cerraré los ojos. — Y antes de recibir otro reclamo cerró los ojos poniendo una expresión de un hombre que siempre se porta bien y que no es capaz de quebrar ningún plato.

— Bien. — Izuku aún le observó con cierta desconfianza, pero al comprobar que continuaba con los ojos cerrados, le ayudó a entrar a la habitación dejándole justo en el centro de esta. — No vayas a abrirlos hasta que te diga, ¿está bien? Y extiende tus manos… ¡No vayas a hacer trampa!

— No haré trampa, mi amor. Lo prometo.

Las palabras del rubio provocaron un nuevo sonrojo en su pareja, pero éste solamente sonrió mientras iba por la sorpresa de su pareja. Cuando lo obtuvo, se acercó una vez más al rubio y colocó una pequeña bolsa de papel sobre sus manos extendidas. Finalmente se alejó un par de pasos, sintiéndose repentinamente nervioso. — Y-Ya puedes abrirlos ojos.

— ¿Por qué esto te pone tan ansioso? — Preguntó curioso al sentir las emociones tan contradictorias que estaba manifestando el peliverde a través de su lazo.

Izuku se encogió de hombros con suavidad, sonriendo aún así radiante. — Quizás no te guste la sorpresa. — Respondió finalmente mientras jugaba con sus dedos de manera distraída.

— Tonto… no existe nada en este mundo que me des y no me guste. — Katsuki blanqueó los ojos mientras habría la bolsa que el peliverde le había dado con extrema curiosidad. Tampoco era su cumpleaños, así que recibir un regalo sin un motivo aparente lo tenía intrigado.

Izuku ya no respondió, pero cuando el rubio sacó el contenido de la bolsa éste se quedó congelado, sus neuronas dejaron de funcionar y estaba seguro de que no recordaba cuál era la manera correcta de respirar. Con manos temblorosas extendió ante su rostro aquella suave prenda de tonos pasteles. Después dirigió su mirada hacia el peliverde que seguía retorciendo sus manos mientras un hermoso carmín comenzaba a adueñarse de sus mejillas, exigiendo con su mirada la confirmación de lo que significaba aquel regalo.

— Sé que no hemos hablado últimamente del tema… sé que no te opones a la idea, pero también sé que últimamente estás en una muy buena racha en tu trabajo y que has estado bastante ocupado… no quisiera agobiarte con más cosas. — Como era costumbre, Izuku comenzó a murmurar cosas sin sentido, sintiendo los nervios aumentar, ¿y si al final en serio la sorpresa no le gustaba a su pareja?

— Nerd. —Susurró el rubio dejando la bolsa y la prenda sobre la cama que compartían. Después se acercó lentamente hacia el peliverde con una pequeña sonrisa.

— T-También se que eso incluye pensar en una casa más grande y que serán muchos gastos, pero me puse tan contento cuando me enteré y quería decírtelo antes de que fuera tarde y no pudiera ocultarlo, porque tal vez no lo quieras y eso arruine nuestros planes. Pero… — Izuku detuvo su balbuceo cuando sintió las manos de su esposo enmarcar con delicadeza su rostro.

— Izuku. Te amo. — El alfa se inclinó sobre el rostro de su pareja para besar sus mejillas, frente y nariz. Al terminar, recargó su propia frente sobre la del peliverde con suavidad. — ¿Es verdad?

Los ojos de Izuku se cristalizaron cuando sonrió y asintió lentamente. — Estoy embarazado. Tengo apenas doce semanas. — Susurró bajito no sabiendo si reír o llorar, decidiendo hacer ambas cosas cuando sintió el fuerte abrazo de su alfa.

— ¡Maldita sea Izuku! ¿Tienes idea de lo jodidamente feliz que me haces? — Katsuki rio y sin poder evitarlo alzó a su pareja para poder girar con ella en medio de risas por parte de ambos. Después simplemente le besó con todo el amor que sentía en esos momentos. Amaba con toda su alma a Atsuki y ahora que tendrían otro cachorro su felicidad se había duplicado.

Cuando conoció a Izuku tuvo miedo de todo lo que le hacía sentir con una simple sonrisa. Había reaccionado de manera arisca pues nunca se había sentido así con nadie y casi lo pierde para siempre por su culpa. Se había negado a creer en el destino, pero ahora, con Izuku entre sus brazos y esperando a su segundo hijo, no podía pedir nada más al universo. Izuku siempre sería su verdadero amor en esta vida y en todas las que pudieran existir, porque el lazo que los unía iba más allá del tiempo y la distancia.